¿Sabían que el círculo de velas encendidas que tanto se ve en los rituales paganos tiene un sentido lógico y una explicación científica?
Si nos ponemos a ver cómo funciona el fuego, el uso de las velas en círculo va mucho más allá de las creencias sobre las malas vibras o los espíritus. Al encender un grupo de velas rodeando un espacio, las llamas calientan el aire de golpe y lo hacen subir con fuerza, lo que genera una corriente invisible que jala el aire frío del suelo hacia el centro. Este movimiento constante forma una especie de cortina térmica que le complica muchísimo el paso a cualquier insecto volador o espora o bacteria que ande flotando en el ambiente.
Además, hay que tomar en cuenta la química de las llamas, que consumen el oxígeno de los alrededores para mantenerse vivas y lo transforman en dióxido de carbono. Esto cambia el aire del perímetro, creando un ambiente muy pesado para los organismos pequeños. Por si fuera poco, la cera que se va derritiendo y corre por el suelo une los puntos del círculo, formando una barrera pegajosa y ardiente que frena en seco a los bichos rastreros que intentan meterse al lugar.
La gente en la antigüedad no sabía de corrientes de convección ni de gases, pero observaba la naturaleza con un cuidado impresionante. Ellos veían que el fuego secaba la humedad de los cuartos donde crece el moho, limpiaba el aire y ahuyentaba a los mosquitos molestos mientras ellos hacían sus reuniones. Con los años, esa necesidad tan práctica de purificar, calentar y asegurar un pedazo de suelo para estar cómodos y a salvo se fue transformando en el mito del círculo de fuego como un escudo protector.
— A. Eldritch, Periodista, Locutor, podcaster y blogger del fediverso
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