Por qué quien realiza los "amarres" no es considerado un brujo o un mago de verdad
Obligar a alguien a quererte va en contra de las viejas tradiciones.
En las comunidades paganas y en la brujería tradicional hay una línea muy clara: el amor se da en libertad o no es amor. Querer obligar a alguien a estar contigo a la fuerza con un amarre no es magia, es un acto de egoísmo o desesperación. Por eso, en el gremio de los magos y las brujas que sí respetamos la tradición, a la gente que hace estas cosas no se le considera parte de nosotros. No puedes llamarte bruja o mago si te dedicas a dañar, robar o aplastar la voluntad de los demás.
El autor Gerard Gardner explicaba que la regla principal de la vieja tradición es muy sencilla: haz lo que quieras, pero sin hacer daño a nadie. Cuando una persona intenta amarrar a otra, está rompiendo esa regla por completo porque quiere quitarle su derecho a decidir. Eso no tiene nada que ver con la espiritualidad ni con el respeto a la naturaleza; es sólo egoísmo puro y ganas de controlar a alguien que no quiere estar ahí.
Quien usa estas prácticas se sale del camino del aprendizaje, se aparta de El viaje del mago o la senda de la bruja para meterse de lleno en el egoísmo y en la manipulación. La brujería tradicional sirve para que tú crezcas, para que sanes tus emociones y para que encuentres tu propio poder, para beneficio y ayuda tanto de ti mismo como de los tuyos y tu comunidad, no para que pongas cadenas a los demás. Quien necesita amarrar para retener, simplemente no sabe lo que es la verdadera magia.
— Amber Luna, Bruja y Antropóloga
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