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🧿 𝑪𝒉𝒓𝒊𝒔𝒕𝒐𝒑𝒉𝒆𝒓 𝑳𝒆𝒆, 𝒎𝒂́𝒔 𝒂𝒍𝒍𝒂́ 𝒅𝒆 𝒍𝒂 𝒍𝒆𝒚𝒆𝒏𝒅𝒂 🧿
Christopher Lee no necesitó interpretar personajes legendarios.
Su propia vida ya parecía una mezcla de novela histórica, película de guerra, relato de espionaje y cuento fantástico.Nació en Londres en 1922 como Christopher Frank Carandini Lee.
Su padre era militar y su madre pertenecía a los Carandini, una antigua familia aristocrática italiana cuyos orígenes se remontaban varios siglos atrás.
En su árbol genealógico había nobles, artistas, militares, diplomáticos y cantantes de ópera.
Desde pequeño creció rodeado de historias familiares tan extravagantes que parecían sacadas de otro tiempo.Su infancia tampoco fue sencilla.
Sus padres se separaron cuando era muy pequeño y pasó temporadas en Suiza, donde comenzó a desarrollar una facilidad extraordinaria para los idiomas.
Años después llegaría a hablar con fluidez inglés, francés, italiano, alemán y español, además de defenderse en sueco, ruso y griego.
Esa habilidad acabaría siendo mucho más útil de lo que imaginaba.Uno de los encuentros más sorprendentes de su juventud fue conocer al príncipe Félix Yusúpov, uno de los hombres implicados en el asesinato de Rasputín.
Décadas después, el destino le gastaría una curiosa broma cuando terminó interpretando al propio Rasputín en el cine.En 1939, con apenas 17 años, fue testigo de la última ejecución pública mediante guillotina en Francia.
El condenado era Eugen Weidmann.
Aquella escena impresionó profundamente al joven Lee.
La multitud se agolpaba para contemplar la muerte como si asistiera a un espectáculo.
Era el final de una época y él estaba allí para verlo.Ese mismo año intentó unirse a Finlandia durante la Guerra de Invierno contra la Unión Soviética.
No llegó a combatir, pero aquel impulso ya mostraba una de las características que lo acompañarían toda la vida: una extraña tendencia a encontrarse cerca de los grandes acontecimientos históricos.Cuando comenzó la Segunda Guerra Mundial ingresó en la Royal Air Force.
Y aquí empieza la parte más misteriosa de su biografía.Sabemos que sirvió como oficial de inteligencia.
Sabemos que estuvo destinado en el norte de África, Sicilia e Italia.
Sabemos que sufrió malaria varias veces y que estuvo a punto de morir en más de una ocasión.
Sabemos también que participó en tareas de planificación militar y enlace durante algunas de las campañas más importantes de la guerra. Incluso subió al Vesubio pocos días antes de una de sus erupciones.Lo que no sabemos del todo es qué más hizo.
Durante décadas circularon rumores sobre trabajos junto a unidades especiales y operaciones secretas.
Lee nunca confirmó gran parte de esas historias, pero tampoco las desmintió claramente.
Cuando los periodistas insistían demasiado, simplemente sonreía y cambiaba de tema.
Había firmado la Ley de Secretos Oficiales y era evidente que algunas experiencias se las llevaría a la tumba.Al final de la guerra fue destinado al Central Registry of War Criminals and Security Suspects, una organización encargada de localizar y entregar a las autoridades a sospechosos de crímenes de guerra nazis.
Mientras millones de personas celebraban el final del conflicto, él participaba en la búsqueda de quienes intentaban desaparecer entre las ruinas de Europa.Y entonces ocurrió algo inesperado.
Decidió hacerse actor.
Al principio nadie parecía saber muy bien qué hacer con él.
Medía casi dos metros, tenía una voz profunda e imponente y un aspecto tan singular que resultaba difícil encasillarlo.
Durante años encadenó pequeños papeles hasta que encontró el género que cambiaría su vida: el terror.Fue Drácula.
Y no un Drácula cualquiera.
Para millones de espectadores, Christopher Lee terminó convirtiéndose en el rostro definitivo del vampiro creado por Bram Stoker.Después llegaron Frankenstein, la Momia, Fu Manchú y decenas de personajes oscuros que lo transformaron en una leyenda del cine fantástico.
Sin embargo, fuera de la pantalla era todo lo contrario a sus personajes.Era culto hasta extremos casi absurdos.
Leía constantemente.
Era un apasionado de la historia militar.
Disfrutaba hablando de literatura.
Practicaba esgrima.
Grabó audiolibros.
Dobló personajes en varios idiomas.
Y poseía una memoria extraordinaria que sorprendía incluso a sus compañeros de profesión.Su vida sentimental tampoco se parecía a la de una estrella de Hollywood.
En 1961 se casó con la modelo y pintora danesa Birgit Krøncke.
Permanecieron juntos durante más de medio siglo, hasta la muerte del actor en 2015.
Tuvieron una hija, Christina, y quienes los conocieron solían describirlos como una pareja sorprendentemente estable para el mundo del espectáculo.
No hubo grandes escándalos, divorcios millonarios ni titulares explosivos.
Quizá porque Christopher Lee siempre protegió ferozmente su intimidad.A finales de los años noventa, cuando muchos actores de su generación ya estaban retirados, llegó una segunda juventud profesional.
Fue entonces cuando apareció en dos de las sagas más importantes de la historia del cine.
Interpretó a Saruman en "The Lord of the Rings" y al Conde Dooku en "Star Wars: Episode II – Attack of the Clones" y sus secuelas.
Su relación con la obra de Tolkien era especial.
Había conocido personalmente a J. R. R. Tolkien y fue el único miembro principal del reparto de "El Señor de los Anillos" que podía decirlo.
Además, releía las novelas prácticamente cada año.Y cuando parecía que ya había hecho de todo, decidió sorprender al mundo una vez más.
Con más de ochenta años comenzó a grabar discos de metal sinfónico inspirados en la figura de Carlomagno.
Sí, metal.
Mientras otros actores de su edad disfrutaban de una jubilación tranquila, él grababa álbumes, participaba en festivales y colaboraba con bandas del género.
A los 91 años incluso consiguió entrar en listas musicales con una canción navideña metalera.En 2009 fue nombrado caballero por la reina Elizabeth II por sus servicios al cine y al teatro.
Para entonces ya había vivido más aventuras de las que la mayoría de las personas podrían acumular en varias vidas.Murió en 2015, a los 93 años.
Y quizá lo más curioso de todo es que, cuanto más se investiga sobre él, más difícil resulta separar la realidad de la leyenda.
Fue testigo de la última guillotina pública de Francia.
Conoció a uno de los asesinos de Rasputín.
Sirvió durante la Segunda Guerra Mundial.
Participó en la búsqueda de criminales nazis.
Conoció a Tolkien.
Era familiar lejano de Ian Fleming.
Hablaba varios idiomas.
Grabó discos de metal.
Fue Drácula, Saruman y Dooku.
Y siguió trabajando hasta una edad en la que la mayoría de la gente lleva décadas retirada.Hay personas interesantes.
Hay personas extraordinarias.
Y luego está Christopher Lee, un hombre cuya biografía parece empeñada en demostrar que la realidad, de vez en cuando, puede ser mucho más increíble que la ficción.
▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣
https://www.youtube.com/watch?v=4wcBSFnwAhs
#christopherlee #historia #biografías #cine #drácula #saruman #condedooku #starwars #elseñordelosanillos #tolkien #segundaguerramundial #personajeshistóricos #curiosidadeshistóricas #heavymetal #rasputín #ianfleming #ecosdelpasado #historiasreales #leyendasdelcine
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🧿 𝑪𝒉𝒓𝒊𝒔𝒕𝒐𝒑𝒉𝒆𝒓 𝑳𝒆𝒆, 𝒎𝒂́𝒔 𝒂𝒍𝒍𝒂́ 𝒅𝒆 𝒍𝒂 𝒍𝒆𝒚𝒆𝒏𝒅𝒂 🧿
Christopher Lee no necesitó interpretar personajes legendarios.
Su propia vida ya parecía una mezcla de novela histórica, película de guerra, relato de espionaje y cuento fantástico.Nació en Londres en 1922 como Christopher Frank Carandini Lee.
Su padre era militar y su madre pertenecía a los Carandini, una antigua familia aristocrática italiana cuyos orígenes se remontaban varios siglos atrás.
En su árbol genealógico había nobles, artistas, militares, diplomáticos y cantantes de ópera.
Desde pequeño creció rodeado de historias familiares tan extravagantes que parecían sacadas de otro tiempo.Su infancia tampoco fue sencilla.
Sus padres se separaron cuando era muy pequeño y pasó temporadas en Suiza, donde comenzó a desarrollar una facilidad extraordinaria para los idiomas.
Años después llegaría a hablar con fluidez inglés, francés, italiano, alemán y español, además de defenderse en sueco, ruso y griego.
Esa habilidad acabaría siendo mucho más útil de lo que imaginaba.Uno de los encuentros más sorprendentes de su juventud fue conocer al príncipe Félix Yusúpov, uno de los hombres implicados en el asesinato de Rasputín.
Décadas después, el destino le gastaría una curiosa broma cuando terminó interpretando al propio Rasputín en el cine.En 1939, con apenas 17 años, fue testigo de la última ejecución pública mediante guillotina en Francia.
El condenado era Eugen Weidmann.
Aquella escena impresionó profundamente al joven Lee.
La multitud se agolpaba para contemplar la muerte como si asistiera a un espectáculo.
Era el final de una época y él estaba allí para verlo.Ese mismo año intentó unirse a Finlandia durante la Guerra de Invierno contra la Unión Soviética.
No llegó a combatir, pero aquel impulso ya mostraba una de las características que lo acompañarían toda la vida: una extraña tendencia a encontrarse cerca de los grandes acontecimientos históricos.Cuando comenzó la Segunda Guerra Mundial ingresó en la Royal Air Force.
Y aquí empieza la parte más misteriosa de su biografía.Sabemos que sirvió como oficial de inteligencia.
Sabemos que estuvo destinado en el norte de África, Sicilia e Italia.
Sabemos que sufrió malaria varias veces y que estuvo a punto de morir en más de una ocasión.
Sabemos también que participó en tareas de planificación militar y enlace durante algunas de las campañas más importantes de la guerra. Incluso subió al Vesubio pocos días antes de una de sus erupciones.Lo que no sabemos del todo es qué más hizo.
Durante décadas circularon rumores sobre trabajos junto a unidades especiales y operaciones secretas.
Lee nunca confirmó gran parte de esas historias, pero tampoco las desmintió claramente.
Cuando los periodistas insistían demasiado, simplemente sonreía y cambiaba de tema.
Había firmado la Ley de Secretos Oficiales y era evidente que algunas experiencias se las llevaría a la tumba.Al final de la guerra fue destinado al Central Registry of War Criminals and Security Suspects, una organización encargada de localizar y entregar a las autoridades a sospechosos de crímenes de guerra nazis.
Mientras millones de personas celebraban el final del conflicto, él participaba en la búsqueda de quienes intentaban desaparecer entre las ruinas de Europa.Y entonces ocurrió algo inesperado.
Decidió hacerse actor.
Al principio nadie parecía saber muy bien qué hacer con él.
Medía casi dos metros, tenía una voz profunda e imponente y un aspecto tan singular que resultaba difícil encasillarlo.
Durante años encadenó pequeños papeles hasta que encontró el género que cambiaría su vida: el terror.Fue Drácula.
Y no un Drácula cualquiera.
Para millones de espectadores, Christopher Lee terminó convirtiéndose en el rostro definitivo del vampiro creado por Bram Stoker.Después llegaron Frankenstein, la Momia, Fu Manchú y decenas de personajes oscuros que lo transformaron en una leyenda del cine fantástico.
Sin embargo, fuera de la pantalla era todo lo contrario a sus personajes.Era culto hasta extremos casi absurdos.
Leía constantemente.
Era un apasionado de la historia militar.
Disfrutaba hablando de literatura.
Practicaba esgrima.
Grabó audiolibros.
Dobló personajes en varios idiomas.
Y poseía una memoria extraordinaria que sorprendía incluso a sus compañeros de profesión.Su vida sentimental tampoco se parecía a la de una estrella de Hollywood.
En 1961 se casó con la modelo y pintora danesa Birgit Krøncke.
Permanecieron juntos durante más de medio siglo, hasta la muerte del actor en 2015.
Tuvieron una hija, Christina, y quienes los conocieron solían describirlos como una pareja sorprendentemente estable para el mundo del espectáculo.
No hubo grandes escándalos, divorcios millonarios ni titulares explosivos.
Quizá porque Christopher Lee siempre protegió ferozmente su intimidad.A finales de los años noventa, cuando muchos actores de su generación ya estaban retirados, llegó una segunda juventud profesional.
Fue entonces cuando apareció en dos de las sagas más importantes de la historia del cine.
Interpretó a Saruman en "The Lord of the Rings" y al Conde Dooku en "Star Wars: Episode II – Attack of the Clones" y sus secuelas.
Su relación con la obra de Tolkien era especial.
Había conocido personalmente a J. R. R. Tolkien y fue el único miembro principal del reparto de "El Señor de los Anillos" que podía decirlo.
Además, releía las novelas prácticamente cada año.Y cuando parecía que ya había hecho de todo, decidió sorprender al mundo una vez más.
Con más de ochenta años comenzó a grabar discos de metal sinfónico inspirados en la figura de Carlomagno.
Sí, metal.
Mientras otros actores de su edad disfrutaban de una jubilación tranquila, él grababa álbumes, participaba en festivales y colaboraba con bandas del género.
A los 91 años incluso consiguió entrar en listas musicales con una canción navideña metalera.En 2009 fue nombrado caballero por la reina Elizabeth II por sus servicios al cine y al teatro.
Para entonces ya había vivido más aventuras de las que la mayoría de las personas podrían acumular en varias vidas.Murió en 2015, a los 93 años.
Y quizá lo más curioso de todo es que, cuanto más se investiga sobre él, más difícil resulta separar la realidad de la leyenda.
Fue testigo de la última guillotina pública de Francia.
Conoció a uno de los asesinos de Rasputín.
Sirvió durante la Segunda Guerra Mundial.
Participó en la búsqueda de criminales nazis.
Conoció a Tolkien.
Era familiar lejano de Ian Fleming.
Hablaba varios idiomas.
Grabó discos de metal.
Fue Drácula, Saruman y Dooku.
Y siguió trabajando hasta una edad en la que la mayoría de la gente lleva décadas retirada.Hay personas interesantes.
Hay personas extraordinarias.
Y luego está Christopher Lee, un hombre cuya biografía parece empeñada en demostrar que la realidad, de vez en cuando, puede ser mucho más increíble que la ficción.
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https://www.youtube.com/watch?v=4wcBSFnwAhs
#christopherlee #historia #biografías #cine #drácula #saruman #condedooku #starwars #elseñordelosanillos #tolkien #segundaguerramundial #personajeshistóricos #curiosidadeshistóricas #heavymetal #rasputín #ianfleming #ecosdelpasado #historiasreales #leyendasdelcine
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🧿 𝑪𝒉𝒓𝒊𝒔𝒕𝒐𝒑𝒉𝒆𝒓 𝑳𝒆𝒆, 𝒎𝒂́𝒔 𝒂𝒍𝒍𝒂́ 𝒅𝒆 𝒍𝒂 𝒍𝒆𝒚𝒆𝒏𝒅𝒂 🧿
Christopher Lee no necesitó interpretar personajes legendarios.
Su propia vida ya parecía una mezcla de novela histórica, película de guerra, relato de espionaje y cuento fantástico.Nació en Londres en 1922 como Christopher Frank Carandini Lee.
Su padre era militar y su madre pertenecía a los Carandini, una antigua familia aristocrática italiana cuyos orígenes se remontaban varios siglos atrás.
En su árbol genealógico había nobles, artistas, militares, diplomáticos y cantantes de ópera.
Desde pequeño creció rodeado de historias familiares tan extravagantes que parecían sacadas de otro tiempo.Su infancia tampoco fue sencilla.
Sus padres se separaron cuando era muy pequeño y pasó temporadas en Suiza, donde comenzó a desarrollar una facilidad extraordinaria para los idiomas.
Años después llegaría a hablar con fluidez inglés, francés, italiano, alemán y español, además de defenderse en sueco, ruso y griego.
Esa habilidad acabaría siendo mucho más útil de lo que imaginaba.Uno de los encuentros más sorprendentes de su juventud fue conocer al príncipe Félix Yusúpov, uno de los hombres implicados en el asesinato de Rasputín.
Décadas después, el destino le gastaría una curiosa broma cuando terminó interpretando al propio Rasputín en el cine.En 1939, con apenas 17 años, fue testigo de la última ejecución pública mediante guillotina en Francia.
El condenado era Eugen Weidmann.
Aquella escena impresionó profundamente al joven Lee.
La multitud se agolpaba para contemplar la muerte como si asistiera a un espectáculo.
Era el final de una época y él estaba allí para verlo.Ese mismo año intentó unirse a Finlandia durante la Guerra de Invierno contra la Unión Soviética.
No llegó a combatir, pero aquel impulso ya mostraba una de las características que lo acompañarían toda la vida: una extraña tendencia a encontrarse cerca de los grandes acontecimientos históricos.Cuando comenzó la Segunda Guerra Mundial ingresó en la Royal Air Force.
Y aquí empieza la parte más misteriosa de su biografía.Sabemos que sirvió como oficial de inteligencia.
Sabemos que estuvo destinado en el norte de África, Sicilia e Italia.
Sabemos que sufrió malaria varias veces y que estuvo a punto de morir en más de una ocasión.
Sabemos también que participó en tareas de planificación militar y enlace durante algunas de las campañas más importantes de la guerra. Incluso subió al Vesubio pocos días antes de una de sus erupciones.Lo que no sabemos del todo es qué más hizo.
Durante décadas circularon rumores sobre trabajos junto a unidades especiales y operaciones secretas.
Lee nunca confirmó gran parte de esas historias, pero tampoco las desmintió claramente.
Cuando los periodistas insistían demasiado, simplemente sonreía y cambiaba de tema.
Había firmado la Ley de Secretos Oficiales y era evidente que algunas experiencias se las llevaría a la tumba.Al final de la guerra fue destinado al Central Registry of War Criminals and Security Suspects, una organización encargada de localizar y entregar a las autoridades a sospechosos de crímenes de guerra nazis.
Mientras millones de personas celebraban el final del conflicto, él participaba en la búsqueda de quienes intentaban desaparecer entre las ruinas de Europa.Y entonces ocurrió algo inesperado.
Decidió hacerse actor.
Al principio nadie parecía saber muy bien qué hacer con él.
Medía casi dos metros, tenía una voz profunda e imponente y un aspecto tan singular que resultaba difícil encasillarlo.
Durante años encadenó pequeños papeles hasta que encontró el género que cambiaría su vida: el terror.Fue Drácula.
Y no un Drácula cualquiera.
Para millones de espectadores, Christopher Lee terminó convirtiéndose en el rostro definitivo del vampiro creado por Bram Stoker.Después llegaron Frankenstein, la Momia, Fu Manchú y decenas de personajes oscuros que lo transformaron en una leyenda del cine fantástico.
Sin embargo, fuera de la pantalla era todo lo contrario a sus personajes.Era culto hasta extremos casi absurdos.
Leía constantemente.
Era un apasionado de la historia militar.
Disfrutaba hablando de literatura.
Practicaba esgrima.
Grabó audiolibros.
Dobló personajes en varios idiomas.
Y poseía una memoria extraordinaria que sorprendía incluso a sus compañeros de profesión.Su vida sentimental tampoco se parecía a la de una estrella de Hollywood.
En 1961 se casó con la modelo y pintora danesa Birgit Krøncke.
Permanecieron juntos durante más de medio siglo, hasta la muerte del actor en 2015.
Tuvieron una hija, Christina, y quienes los conocieron solían describirlos como una pareja sorprendentemente estable para el mundo del espectáculo.
No hubo grandes escándalos, divorcios millonarios ni titulares explosivos.
Quizá porque Christopher Lee siempre protegió ferozmente su intimidad.A finales de los años noventa, cuando muchos actores de su generación ya estaban retirados, llegó una segunda juventud profesional.
Fue entonces cuando apareció en dos de las sagas más importantes de la historia del cine.
Interpretó a Saruman en "The Lord of the Rings" y al Conde Dooku en "Star Wars: Episode II – Attack of the Clones" y sus secuelas.
Su relación con la obra de Tolkien era especial.
Había conocido personalmente a J. R. R. Tolkien y fue el único miembro principal del reparto de "El Señor de los Anillos" que podía decirlo.
Además, releía las novelas prácticamente cada año.Y cuando parecía que ya había hecho de todo, decidió sorprender al mundo una vez más.
Con más de ochenta años comenzó a grabar discos de metal sinfónico inspirados en la figura de Carlomagno.
Sí, metal.
Mientras otros actores de su edad disfrutaban de una jubilación tranquila, él grababa álbumes, participaba en festivales y colaboraba con bandas del género.
A los 91 años incluso consiguió entrar en listas musicales con una canción navideña metalera.En 2009 fue nombrado caballero por la reina Elizabeth II por sus servicios al cine y al teatro.
Para entonces ya había vivido más aventuras de las que la mayoría de las personas podrían acumular en varias vidas.Murió en 2015, a los 93 años.
Y quizá lo más curioso de todo es que, cuanto más se investiga sobre él, más difícil resulta separar la realidad de la leyenda.
Fue testigo de la última guillotina pública de Francia.
Conoció a uno de los asesinos de Rasputín.
Sirvió durante la Segunda Guerra Mundial.
Participó en la búsqueda de criminales nazis.
Conoció a Tolkien.
Era familiar lejano de Ian Fleming.
Hablaba varios idiomas.
Grabó discos de metal.
Fue Drácula, Saruman y Dooku.
Y siguió trabajando hasta una edad en la que la mayoría de la gente lleva décadas retirada.Hay personas interesantes.
Hay personas extraordinarias.
Y luego está Christopher Lee, un hombre cuya biografía parece empeñada en demostrar que la realidad, de vez en cuando, puede ser mucho más increíble que la ficción.
▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣
https://www.youtube.com/watch?v=4wcBSFnwAhs
#christopherlee #historia #biografías #cine #drácula #saruman #condedooku #starwars #elseñordelosanillos #tolkien #segundaguerramundial #personajeshistóricos #curiosidadeshistóricas #heavymetal #rasputín #ianfleming #ecosdelpasado #historiasreales #leyendasdelcine
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This evening the last movie of the Lord of the Ring is broadcasted on the French TV, the occasion to do a Throwback Tuesday with The Other Fellowship of the Ring ! In memory of Ian Holms who played Bilbo
This piece has been done as a commission
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