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  1. El viaje del alma en el México prehispánico vs. el Hades griego

    Una comparación sobre la geografía del inframundo y el destino final de las almas según la causa de muerte

    La forma en que las culturas antiguas entendían el camino después de la muerte nos revela mucho sobre sus valores cotidianos y su visión del universo. En el mundo del México prehispánico, específicamente dentro de la cultura mexica, no existía un solo inframundo a donde iban a parar todos los muertos por igual. El destino de cada alma estaba determinado por la forma y la causa exacta del fallecimiento, y no por el comportamiento moral o las acciones buenas y malas que la persona hubiera tenido en vida. Esta es la diferencia más grande con el Hades griego, que funcionaba como un enorme reino subterráneo unificado bajo el mando del dios Hades, donde todas las almas entraban por la misma puerta y luego eran juzgadas por sus actos para decidir si merecían ir al sufrimiento del Tártaro o al paraíso de los Campos Elíseos.

    Para los mexicas, el universo de los muertos estaba dividido en varias regiones totalmente independientes, cada una gobernada por una deidad diferente que recibía a las almas según su tipo de muerte. Por ejemplo, las personas que morían ahogadas, por el impacto de un rayo o por enfermedades relacionadas con el agua no iban al Mictlán, sino al Tlalocan, un paraíso lleno de vegetación eterna, árboles frutales y ríos sagrados que estaba gobernado por el dios de la lluvia, Tlaloc. Por otro lado, las mujeres que fallecían durante el parto y los guerreros que daban su vida en el campo de batalla tenían como destino el Tonatiuhichan, el camino del sol, un lugar de honor donde acompañaban al astro rey en su viaje diario por el cielo.

    El famoso Mictlán era en realidad el destino exclusivo para todas aquellas personas que morían de forma natural, ya fuera por enfermedades comunes o por el simple paso de la vejez. Este lugar era una región oscura, fría y profunda gobernada por el dios Mictlantecuhtli y la diosa Mictecacíhuatl. Llegar hasta ahí no era nada fácil, pues el alma debía realizar un viaje hipercomplejo que duraba 4 años a través de 9 niveles llenos de retos peligrosos, como cruzar ríos caudalosos con la ayuda de un perro xoloitzcuintle, esquivar montañas que chocaban entre sí y soportar vientos helados que cortaban como navajas de obsidiana, demostrando que para el pensamiento prehispánico la muerte natural era el inicio de una última gran caminata de resistencia.

    — A. Eldritch, Periodista, Locutor, podcaster y bloger del fediverso

    Alt text via @altbot y @TeLoDescribot

    #Historia #Mitologia #Mictlan #Hades #Prehispanico #GreciaAntigua #Cultura #mexica #mexico #azteca

  2. El viaje del alma en el México prehispánico vs. el Hades griego

    Una comparación sobre la geografía del inframundo y el destino final de las almas según la causa de muerte

    La forma en que las culturas antiguas entendían el camino después de la muerte nos revela mucho sobre sus valores cotidianos y su visión del universo. En el mundo del México prehispánico, específicamente dentro de la cultura mexica, no existía un solo inframundo a donde iban a parar todos los muertos por igual. El destino de cada alma estaba determinado por la forma y la causa exacta del fallecimiento, y no por el comportamiento moral o las acciones buenas y malas que la persona hubiera tenido en vida. Esta es la diferencia más grande con el Hades griego, que funcionaba como un enorme reino subterráneo unificado bajo el mando del dios Hades, donde todas las almas entraban por la misma puerta y luego eran juzgadas por sus actos para decidir si merecían ir al sufrimiento del Tártaro o al paraíso de los Campos Elíseos.

    Para los mexicas, el universo de los muertos estaba dividido en varias regiones totalmente independientes, cada una gobernada por una deidad diferente que recibía a las almas según su tipo de muerte. Por ejemplo, las personas que morían ahogadas, por el impacto de un rayo o por enfermedades relacionadas con el agua no iban al Mictlán, sino al Tlalocan, un paraíso lleno de vegetación eterna, árboles frutales y ríos sagrados que estaba gobernado por el dios de la lluvia, Tlaloc. Por otro lado, las mujeres que fallecían durante el parto y los guerreros que daban su vida en el campo de batalla tenían como destino el Tonatiuhichan, el camino del sol, un lugar de honor donde acompañaban al astro rey en su viaje diario por el cielo.

    El famoso Mictlán era en realidad el destino exclusivo para todas aquellas personas que morían de forma natural, ya fuera por enfermedades comunes o por el simple paso de la vejez. Este lugar era una región oscura, fría y profunda gobernada por el dios Mictlantecuhtli y la diosa Mictecacíhuatl. Llegar hasta ahí no era nada fácil, pues el alma debía realizar un viaje hipercomplejo que duraba 4 años a través de 9 niveles llenos de retos peligrosos, como cruzar ríos caudalosos con la ayuda de un perro xoloitzcuintle, esquivar montañas que chocaban entre sí y soportar vientos helados que cortaban como navajas de obsidiana, demostrando que para el pensamiento prehispánico la muerte natural era el inicio de una última gran caminata de resistencia.

    — A. Eldritch, Periodista, Locutor, podcaster y bloger del fediverso

    Alt text via @altbot y @TeLoDescribot

    #Historia #Mitologia #Mictlan #Hades #Prehispanico #GreciaAntigua #Cultura #mexica #mexico #azteca

  3. #datocurioso

    ¿Sabían que en la cosmovisión mexica el destino de los muertos no dependía de su conducta moral en vida, sino exclusivamente de la forma en que ocurría el deceso, existiendo cuatro recintos principales más allá del Mictlán?

    El Mictlán era el destino de quienes morían de forma natural o por enfermedades comunes, un viaje de cuatro años a través de nueve niveles de pruebas; sin embargo, no era el único inframundo. El Tlalocan, presidido por el dios Tláloc, era un paraíso de abundancia destinado a quienes morían por causas relacionadas con el agua, como ahogados, alcanzados por rayos o por enfermedades como la hidropesía. Por otro lado, el Tonatiuhichan o la Casa del Sol, recibía a los guerreros caídos en batalla y a las mujeres que morían durante su primer parto, las Cihuateteo, quienes eran consideradas guerreras que habían capturado un alma. Finalmente, el Chichihuacuauhco era un espacio dedicado a los niños que morían a temprana edad, donde se encontraba un árbol nodriza que los alimentaba con gotas de leche de sus ramas hasta que se les permitía volver a nacer tras la destrucción del mundo actual. Esta estructura del inframundo refleja una organización social donde el sacrificio y la relación con las fuerzas naturales determinaban el paradero eterno de la esencia vital.

    #Mictlán #Historia #México #Mitología #CulturaMexica #Arqueología #inframundo #Curiosidades