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#mitologia — Public Fediverse posts

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  1. «La Luna cambia, mengua, crece, sale y se oculta. Es como una mujer, un caos inconstante.»
    —Constantino · Roma 🌙

    Así nacieron los lunes.

    Nuevo Microrrelato:
    La Luna perdió su trono.
    👇

    eitanelmago.gal/2026/09/la-lun

    #Luna #Historia #Roma #Mitología #Lunes #Literatura #Microrrelato #relatoCorto

  2. «La Luna cambia, mengua, crece, sale y se oculta. Es como una mujer, un caos inconstante.»
    —Constantino · Roma 🌙

    Así nacieron los lunes.

    Nuevo Microrrelato:
    La Luna perdió su trono.
    👇

    eitanelmago.gal/2026/09/la-lun

    #Luna #Historia #Roma #Mitología #Lunes #Literatura #Microrrelato #relatoCorto

  3. «La Luna cambia, mengua, crece, sale y se oculta. Es como una mujer, un caos inconstante.»
    —Constantino · Roma 🌙

    Así nacieron los lunes.

    Nuevo Microrrelato:
    La Luna perdió su trono.
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    #Luna #Historia #Roma #Mitología #Lunes #Literatura #Microrrelato #relatoCorto

  4. «La Luna cambia, mengua, crece, sale y se oculta. Es como una mujer, un caos inconstante.»
    —Constantino · Roma 🌙

    Así nacieron los lunes.

    Nuevo Microrrelato:
    La Luna perdió su trono.
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    eitanelmago.gal/2026/09/la-lun

    #Luna #Historia #Roma #Mitología #Lunes #Literatura #Microrrelato #relatoCorto

  5. «La Luna cambia, mengua, crece, sale y se oculta. Es como una mujer, un caos inconstante.»
    —Constantino · Roma 🌙

    Así nacieron los lunes.

    Nuevo Microrrelato:
    La Luna perdió su trono.
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    eitanelmago.gal/2026/09/la-lun

    #Luna #Historia #Roma #Mitología #Lunes #Literatura #Microrrelato #relatoCorto

  6. #reflexion

    El cine de terror como megáfono de la propaganda abrahámica

    Si nos sentamos a ver películas de terror un fin de semana, es muy fácil dejarse llevar por los sustos, la música tensa y los efectos especiales. Sin embargo, detrás de los monstruos y las caras lavadas con maquillaje se esconde un patrón muy viejo que casi nadie nota a simple vista, pero que está bien metido en el ADN de las historias en Occidente. Hablo de cómo Hollywood y la industria del entretenimiento en general funcionan como una especie de máquina publicitaria que premia la fe monoteísta y castiga de forma sistemática a cualquier otra creencia, retratando las antiguas costumbres precristianas o paganas como el origen de toda la maldad en el mundo.

    Esta fórmula no es nueva, sino que copia al pie de la letra las viejas crónicas que los sacerdotes escribían en la Edad Media para justificar el exterminio de los pueblos de la tierra. Si revisamos los clásicos más grandes del género, como la película El exorcista estrenada en el año 1973, vemos este truco de manera muy evidente. Para armar al demonio que se mete en el cuerpo de la niña, los creadores no inventaron nada, sino que fueron a escarbar en el pasado y se robaron la figura de Pazuzu, el antiguo dios del viento en Mesopotamia que las mujeres embarazadas usaban en amuletos para proteger a sus bebés del peligro. El cine tomó a esta deidad de una cultura milenaria, la pintó como la maldad pura sacada del infierno bíblico y le vendió al espectador la idea de que la ciencia, la medicina y la psicología no sirven para nada, dejando como única salida milagrosa que un sacerdote católico llegue con la cruz, las oraciones en latín y el agua bendita a salvar el día.

    El problema es que esta narrativa se sigue repitiendo hasta el cansancio en las producciones modernas, como las sagas de El Conjuro o las historias del subgénero conocido como Folk Horror, donde tenemos ejemplos claros como The Blood on Satan's Claw del año 1971 o la más cercana El ritual del año 2017. La estructura de estos relatos siempre te lleva al mismo callejón sin salida: te ponen a comunidades que adoran a la naturaleza, que hacen ritos en los bosques o que guardan tótems de origen pagano, y te las pintan de inmediato como sectas de locos y asesinos obsesionados con sacrificar inocentes para invocar seres oscuros. Al final de la función, el mensaje que se le queda grabado al público en la mente es el mismo que se usaba en las épocas de las persecuciones, una idea que te dice que cualquier tradición ajena a la biblia es un imán para el diablo y que la única forma de estar a salvo del peligro es refugiarse bajo el ala de la religión oficial, como seguidor y heredero de las tradiciones paganas esta postura me parece de lo más ofensiva.

    — A. Eldritch, Periodista, Locutor, podcaster y bloger del fediverso

    Alt text via @altbot y @TeLoDescribot

    #PensamientoCritico #CineDeTerror #Propaganda #HistoriaDelCine #Mitología

  7. #reflexion

    El cine de terror como megáfono de la propaganda abrahámica

    Si nos sentamos a ver películas de terror un fin de semana, es muy fácil dejarse llevar por los sustos, la música tensa y los efectos especiales. Sin embargo, detrás de los monstruos y las caras lavadas con maquillaje se esconde un patrón muy viejo que casi nadie nota a simple vista, pero que está bien metido en el ADN de las historias en Occidente. Hablo de cómo Hollywood y la industria del entretenimiento en general funcionan como una especie de máquina publicitaria que premia la fe monoteísta y castiga de forma sistemática a cualquier otra creencia, retratando las antiguas costumbres precristianas o paganas como el origen de toda la maldad en el mundo.

    Esta fórmula no es nueva, sino que copia al pie de la letra las viejas crónicas que los sacerdotes escribían en la Edad Media para justificar el exterminio de los pueblos de la tierra. Si revisamos los clásicos más grandes del género, como la película El exorcista estrenada en el año 1973, vemos este truco de manera muy evidente. Para armar al demonio que se mete en el cuerpo de la niña, los creadores no inventaron nada, sino que fueron a escarbar en el pasado y se robaron la figura de Pazuzu, el antiguo dios del viento en Mesopotamia que las mujeres embarazadas usaban en amuletos para proteger a sus bebés del peligro. El cine tomó a esta deidad de una cultura milenaria, la pintó como la maldad pura sacada del infierno bíblico y le vendió al espectador la idea de que la ciencia, la medicina y la psicología no sirven para nada, dejando como única salida milagrosa que un sacerdote católico llegue con la cruz, las oraciones en latín y el agua bendita a salvar el día.

    El problema es que esta narrativa se sigue repitiendo hasta el cansancio en las producciones modernas, como las sagas de El Conjuro o las historias del subgénero conocido como Folk Horror, donde tenemos ejemplos claros como The Blood on Satan's Claw del año 1971 o la más cercana El ritual del año 2017. La estructura de estos relatos siempre te lleva al mismo callejón sin salida: te ponen a comunidades que adoran a la naturaleza, que hacen ritos en los bosques o que guardan tótems de origen pagano, y te las pintan de inmediato como sectas de locos y asesinos obsesionados con sacrificar inocentes para invocar seres oscuros. Al final de la función, el mensaje que se le queda grabado al público en la mente es el mismo que se usaba en las épocas de las persecuciones, una idea que te dice que cualquier tradición ajena a la biblia es un imán para el diablo y que la única forma de estar a salvo del peligro es refugiarse bajo el ala de la religión oficial, como seguidor y heredero de las tradiciones paganas esta postura me parece de lo más ofensiva.

    — A. Eldritch, Periodista, Locutor, podcaster y bloger del fediverso

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    #PensamientoCritico #CineDeTerror #Propaganda #HistoriaDelCine #Mitología

  8. #reflexion

    El cine de terror como megáfono de la propaganda abrahámica

    Si nos sentamos a ver películas de terror un fin de semana, es muy fácil dejarse llevar por los sustos, la música tensa y los efectos especiales. Sin embargo, detrás de los monstruos y las caras lavadas con maquillaje se esconde un patrón muy viejo que casi nadie nota a simple vista, pero que está bien metido en el ADN de las historias en Occidente. Hablo de cómo Hollywood y la industria del entretenimiento en general funcionan como una especie de máquina publicitaria que premia la fe monoteísta y castiga de forma sistemática a cualquier otra creencia, retratando las antiguas costumbres precristianas o paganas como el origen de toda la maldad en el mundo.

    Esta fórmula no es nueva, sino que copia al pie de la letra las viejas crónicas que los sacerdotes escribían en la Edad Media para justificar el exterminio de los pueblos de la tierra. Si revisamos los clásicos más grandes del género, como la película El exorcista estrenada en el año 1973, vemos este truco de manera muy evidente. Para armar al demonio que se mete en el cuerpo de la niña, los creadores no inventaron nada, sino que fueron a escarbar en el pasado y se robaron la figura de Pazuzu, el antiguo dios del viento en Mesopotamia que las mujeres embarazadas usaban en amuletos para proteger a sus bebés del peligro. El cine tomó a esta deidad de una cultura milenaria, la pintó como la maldad pura sacada del infierno bíblico y le vendió al espectador la idea de que la ciencia, la medicina y la psicología no sirven para nada, dejando como única salida milagrosa que un sacerdote católico llegue con la cruz, las oraciones en latín y el agua bendita a salvar el día.

    El problema es que esta narrativa se sigue repitiendo hasta el cansancio en las producciones modernas, como las sagas de El Conjuro o las historias del subgénero conocido como Folk Horror, donde tenemos ejemplos claros como The Blood on Satan's Claw del año 1971 o la más cercana El ritual del año 2017. La estructura de estos relatos siempre te lleva al mismo callejón sin salida: te ponen a comunidades que adoran a la naturaleza, que hacen ritos en los bosques o que guardan tótems de origen pagano, y te las pintan de inmediato como sectas de locos y asesinos obsesionados con sacrificar inocentes para invocar seres oscuros. Al final de la función, el mensaje que se le queda grabado al público en la mente es el mismo que se usaba en las épocas de las persecuciones, una idea que te dice que cualquier tradición ajena a la biblia es un imán para el diablo y que la única forma de estar a salvo del peligro es refugiarse bajo el ala de la religión oficial, como seguidor y heredero de las tradiciones paganas esta postura me parece de lo más ofensiva.

    — A. Eldritch, Periodista, Locutor, podcaster y bloger del fediverso

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    #PensamientoCritico #CineDeTerror #Propaganda #HistoriaDelCine #Mitología

  9. #reflexion

    El cine de terror como megáfono de la propaganda abrahámica

    Si nos sentamos a ver películas de terror un fin de semana, es muy fácil dejarse llevar por los sustos, la música tensa y los efectos especiales. Sin embargo, detrás de los monstruos y las caras lavadas con maquillaje se esconde un patrón muy viejo que casi nadie nota a simple vista, pero que está bien metido en el ADN de las historias en Occidente. Hablo de cómo Hollywood y la industria del entretenimiento en general funcionan como una especie de máquina publicitaria que premia la fe monoteísta y castiga de forma sistemática a cualquier otra creencia, retratando las antiguas costumbres precristianas o paganas como el origen de toda la maldad en el mundo.

    Esta fórmula no es nueva, sino que copia al pie de la letra las viejas crónicas que los sacerdotes escribían en la Edad Media para justificar el exterminio de los pueblos de la tierra. Si revisamos los clásicos más grandes del género, como la película El exorcista estrenada en el año 1973, vemos este truco de manera muy evidente. Para armar al demonio que se mete en el cuerpo de la niña, los creadores no inventaron nada, sino que fueron a escarbar en el pasado y se robaron la figura de Pazuzu, el antiguo dios del viento en Mesopotamia que las mujeres embarazadas usaban en amuletos para proteger a sus bebés del peligro. El cine tomó a esta deidad de una cultura milenaria, la pintó como la maldad pura sacada del infierno bíblico y le vendió al espectador la idea de que la ciencia, la medicina y la psicología no sirven para nada, dejando como única salida milagrosa que un sacerdote católico llegue con la cruz, las oraciones en latín y el agua bendita a salvar el día.

    El problema es que esta narrativa se sigue repitiendo hasta el cansancio en las producciones modernas, como las sagas de El Conjuro o las historias del subgénero conocido como Folk Horror, donde tenemos ejemplos claros como The Blood on Satan's Claw del año 1971 o la más cercana El ritual del año 2017. La estructura de estos relatos siempre te lleva al mismo callejón sin salida: te ponen a comunidades que adoran a la naturaleza, que hacen ritos en los bosques o que guardan tótems de origen pagano, y te las pintan de inmediato como sectas de locos y asesinos obsesionados con sacrificar inocentes para invocar seres oscuros. Al final de la función, el mensaje que se le queda grabado al público en la mente es el mismo que se usaba en las épocas de las persecuciones, una idea que te dice que cualquier tradición ajena a la biblia es un imán para el diablo y que la única forma de estar a salvo del peligro es refugiarse bajo el ala de la religión oficial, como seguidor y heredero de las tradiciones paganas esta postura me parece de lo más ofensiva.

    — A. Eldritch, Periodista, Locutor, podcaster y bloger del fediverso

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    #PensamientoCritico #CineDeTerror #Propaganda #HistoriaDelCine #Mitología

  10. #reflexion

    El cine de terror como megáfono de la propaganda abrahámica

    Si nos sentamos a ver películas de terror un fin de semana, es muy fácil dejarse llevar por los sustos, la música tensa y los efectos especiales. Sin embargo, detrás de los monstruos y las caras lavadas con maquillaje se esconde un patrón muy viejo que casi nadie nota a simple vista, pero que está bien metido en el ADN de las historias en Occidente. Hablo de cómo Hollywood y la industria del entretenimiento en general funcionan como una especie de máquina publicitaria que premia la fe monoteísta y castiga de forma sistemática a cualquier otra creencia, retratando las antiguas costumbres precristianas o paganas como el origen de toda la maldad en el mundo.

    Esta fórmula no es nueva, sino que copia al pie de la letra las viejas crónicas que los sacerdotes escribían en la Edad Media para justificar el exterminio de los pueblos de la tierra. Si revisamos los clásicos más grandes del género, como la película El exorcista estrenada en el año 1973, vemos este truco de manera muy evidente. Para armar al demonio que se mete en el cuerpo de la niña, los creadores no inventaron nada, sino que fueron a escarbar en el pasado y se robaron la figura de Pazuzu, el antiguo dios del viento en Mesopotamia que las mujeres embarazadas usaban en amuletos para proteger a sus bebés del peligro. El cine tomó a esta deidad de una cultura milenaria, la pintó como la maldad pura sacada del infierno bíblico y le vendió al espectador la idea de que la ciencia, la medicina y la psicología no sirven para nada, dejando como única salida milagrosa que un sacerdote católico llegue con la cruz, las oraciones en latín y el agua bendita a salvar el día.

    El problema es que esta narrativa se sigue repitiendo hasta el cansancio en las producciones modernas, como las sagas de El Conjuro o las historias del subgénero conocido como Folk Horror, donde tenemos ejemplos claros como The Blood on Satan's Claw del año 1971 o la más cercana El ritual del año 2017. La estructura de estos relatos siempre te lleva al mismo callejón sin salida: te ponen a comunidades que adoran a la naturaleza, que hacen ritos en los bosques o que guardan tótems de origen pagano, y te las pintan de inmediato como sectas de locos y asesinos obsesionados con sacrificar inocentes para invocar seres oscuros. Al final de la función, el mensaje que se le queda grabado al público en la mente es el mismo que se usaba en las épocas de las persecuciones, una idea que te dice que cualquier tradición ajena a la biblia es un imán para el diablo y que la única forma de estar a salvo del peligro es refugiarse bajo el ala de la religión oficial, como seguidor y heredero de las tradiciones paganas esta postura me parece de lo más ofensiva.

    — A. Eldritch, Periodista, Locutor, podcaster y bloger del fediverso

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    #PensamientoCritico #CineDeTerror #Propaganda #HistoriaDelCine #Mitología

  11. #datocurioso

    ¿Sabían que el mago Merlín nunca existió bajo ese nombre en las leyendas originales y que su figura actual es un rompecabezas literario creado a partir de la unión de dos personas completamente distintas?

    El personaje que hoy reconocemos con túnica y sombrero nació en las crónicas del siglo XII gracias a un clérigo galés llamado Geoffrey de Monmouth, quien recopiló antiguas tradiciones celtas para escribir su famosa Historia de los Reyes de Bretaña en 1136. En los manuscritos galeses más antiguos, el sabio original se llamaba Myrddin Wyllt, un bardo y poeta del siglo VI que, tras perder a su rey en la sangrienta batalla de Arfderydd en el año 573, enloqueció de dolor y huyó a vivir como un ermitaño salvaje en los bosques escoceses, adquiriendo supuestos dones proféticos. Al trasladar el relato al latín, el escritor notó que traducir el nombre directamente como Merdinus sonaba exactamente igual a una palabra sumamente vulgar en el francés de la época (Merde, mierda), por lo que alteró el sonido original para bautizarlo formalmente como Merlinus, origen directo del término actual.

    El segundo componente de este ensamble histórico proviene de Ambrosius Aurelianus, un líder militar romano-británico real del siglo V que luchó con éxito contra las invasiones de los sajones. Geoffrey de Monmouth tomó una crónica previa del monje Nennio que narraba las hazañas de un niño profeta sin padre llamado Ambrosio ante el rey Vortigern, y decidió fusionar su biografía con las leyendas del bardo loco del bosque. El autor unió ambas líneas de tiempo, retrasó los hechos varias décadas y creó al híbrido definitivo que llamó Merlinus Ambrosius. Toda la narrativa posterior de Camelot, su papel como consejero de Uther Pendragon y el truco para colocar al rey Arturo en el trono son adiciones literarias medievales que sepultaron la verdadera identidad de un guerrero romano y un bardo proscrito bajo el manto de la hechicería.

    — A. Eldritch, Periodista, Locutor, podcaster y bloger del fediverso

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    #Merlín #Historia #Mitología #EdadMedia #Literatura #Folclore

  12. #datocurioso

    ¿Sabían que el mago Merlín nunca existió bajo ese nombre en las leyendas originales y que su figura actual es un rompecabezas literario creado a partir de la unión de dos personas completamente distintas?

    El personaje que hoy reconocemos con túnica y sombrero nació en las crónicas del siglo XII gracias a un clérigo galés llamado Geoffrey de Monmouth, quien recopiló antiguas tradiciones celtas para escribir su famosa Historia de los Reyes de Bretaña en 1136. En los manuscritos galeses más antiguos, el sabio original se llamaba Myrddin Wyllt, un bardo y poeta del siglo VI que, tras perder a su rey en la sangrienta batalla de Arfderydd en el año 573, enloqueció de dolor y huyó a vivir como un ermitaño salvaje en los bosques escoceses, adquiriendo supuestos dones proféticos. Al trasladar el relato al latín, el escritor notó que traducir el nombre directamente como Merdinus sonaba exactamente igual a una palabra sumamente vulgar en el francés de la época (Merde, mierda), por lo que alteró el sonido original para bautizarlo formalmente como Merlinus, origen directo del término actual.

    El segundo componente de este ensamble histórico proviene de Ambrosius Aurelianus, un líder militar romano-británico real del siglo V que luchó con éxito contra las invasiones de los sajones. Geoffrey de Monmouth tomó una crónica previa del monje Nennio que narraba las hazañas de un niño profeta sin padre llamado Ambrosio ante el rey Vortigern, y decidió fusionar su biografía con las leyendas del bardo loco del bosque. El autor unió ambas líneas de tiempo, retrasó los hechos varias décadas y creó al híbrido definitivo que llamó Merlinus Ambrosius. Toda la narrativa posterior de Camelot, su papel como consejero de Uther Pendragon y el truco para colocar al rey Arturo en el trono son adiciones literarias medievales que sepultaron la verdadera identidad de un guerrero romano y un bardo proscrito bajo el manto de la hechicería.

    — A. Eldritch, Periodista, Locutor, podcaster y bloger del fediverso

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    #Merlín #Historia #Mitología #EdadMedia #Literatura #Folclore

  13. #datocurioso

    ¿Sabían que el mago Merlín nunca existió bajo ese nombre en las leyendas originales y que su figura actual es un rompecabezas literario creado a partir de la unión de dos personas completamente distintas?

    El personaje que hoy reconocemos con túnica y sombrero nació en las crónicas del siglo XII gracias a un clérigo galés llamado Geoffrey de Monmouth, quien recopiló antiguas tradiciones celtas para escribir su famosa Historia de los Reyes de Bretaña en 1136. En los manuscritos galeses más antiguos, el sabio original se llamaba Myrddin Wyllt, un bardo y poeta del siglo VI que, tras perder a su rey en la sangrienta batalla de Arfderydd en el año 573, enloqueció de dolor y huyó a vivir como un ermitaño salvaje en los bosques escoceses, adquiriendo supuestos dones proféticos. Al trasladar el relato al latín, el escritor notó que traducir el nombre directamente como Merdinus sonaba exactamente igual a una palabra sumamente vulgar en el francés de la época (Merde, mierda), por lo que alteró el sonido original para bautizarlo formalmente como Merlinus, origen directo del término actual.

    El segundo componente de este ensamble histórico proviene de Ambrosius Aurelianus, un líder militar romano-británico real del siglo V que luchó con éxito contra las invasiones de los sajones. Geoffrey de Monmouth tomó una crónica previa del monje Nennio que narraba las hazañas de un niño profeta sin padre llamado Ambrosio ante el rey Vortigern, y decidió fusionar su biografía con las leyendas del bardo loco del bosque. El autor unió ambas líneas de tiempo, retrasó los hechos varias décadas y creó al híbrido definitivo que llamó Merlinus Ambrosius. Toda la narrativa posterior de Camelot, su papel como consejero de Uther Pendragon y el truco para colocar al rey Arturo en el trono son adiciones literarias medievales que sepultaron la verdadera identidad de un guerrero romano y un bardo proscrito bajo el manto de la hechicería.

    — A. Eldritch, Periodista, Locutor, podcaster y bloger del fediverso

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    #Merlín #Historia #Mitología #EdadMedia #Literatura #Folclore

  14. #datocurioso

    ¿Sabían que el mago Merlín nunca existió bajo ese nombre en las leyendas originales y que su figura actual es un rompecabezas literario creado a partir de la unión de dos personas completamente distintas?

    El personaje que hoy reconocemos con túnica y sombrero nació en las crónicas del siglo XII gracias a un clérigo galés llamado Geoffrey de Monmouth, quien recopiló antiguas tradiciones celtas para escribir su famosa Historia de los Reyes de Bretaña en 1136. En los manuscritos galeses más antiguos, el sabio original se llamaba Myrddin Wyllt, un bardo y poeta del siglo VI que, tras perder a su rey en la sangrienta batalla de Arfderydd en el año 573, enloqueció de dolor y huyó a vivir como un ermitaño salvaje en los bosques escoceses, adquiriendo supuestos dones proféticos. Al trasladar el relato al latín, el escritor notó que traducir el nombre directamente como Merdinus sonaba exactamente igual a una palabra sumamente vulgar en el francés de la época (Merde, mierda), por lo que alteró el sonido original para bautizarlo formalmente como Merlinus, origen directo del término actual.

    El segundo componente de este ensamble histórico proviene de Ambrosius Aurelianus, un líder militar romano-británico real del siglo V que luchó con éxito contra las invasiones de los sajones. Geoffrey de Monmouth tomó una crónica previa del monje Nennio que narraba las hazañas de un niño profeta sin padre llamado Ambrosio ante el rey Vortigern, y decidió fusionar su biografía con las leyendas del bardo loco del bosque. El autor unió ambas líneas de tiempo, retrasó los hechos varias décadas y creó al híbrido definitivo que llamó Merlinus Ambrosius. Toda la narrativa posterior de Camelot, su papel como consejero de Uther Pendragon y el truco para colocar al rey Arturo en el trono son adiciones literarias medievales que sepultaron la verdadera identidad de un guerrero romano y un bardo proscrito bajo el manto de la hechicería.

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    #Merlín #Historia #Mitología #EdadMedia #Literatura #Folclore

  15. #datocurioso

    ¿Sabían que el mago Merlín nunca existió bajo ese nombre en las leyendas originales y que su figura actual es un rompecabezas literario creado a partir de la unión de dos personas completamente distintas?

    El personaje que hoy reconocemos con túnica y sombrero nació en las crónicas del siglo XII gracias a un clérigo galés llamado Geoffrey de Monmouth, quien recopiló antiguas tradiciones celtas para escribir su famosa Historia de los Reyes de Bretaña en 1136. En los manuscritos galeses más antiguos, el sabio original se llamaba Myrddin Wyllt, un bardo y poeta del siglo VI que, tras perder a su rey en la sangrienta batalla de Arfderydd en el año 573, enloqueció de dolor y huyó a vivir como un ermitaño salvaje en los bosques escoceses, adquiriendo supuestos dones proféticos. Al trasladar el relato al latín, el escritor notó que traducir el nombre directamente como Merdinus sonaba exactamente igual a una palabra sumamente vulgar en el francés de la época (Merde, mierda), por lo que alteró el sonido original para bautizarlo formalmente como Merlinus, origen directo del término actual.

    El segundo componente de este ensamble histórico proviene de Ambrosius Aurelianus, un líder militar romano-británico real del siglo V que luchó con éxito contra las invasiones de los sajones. Geoffrey de Monmouth tomó una crónica previa del monje Nennio que narraba las hazañas de un niño profeta sin padre llamado Ambrosio ante el rey Vortigern, y decidió fusionar su biografía con las leyendas del bardo loco del bosque. El autor unió ambas líneas de tiempo, retrasó los hechos varias décadas y creó al híbrido definitivo que llamó Merlinus Ambrosius. Toda la narrativa posterior de Camelot, su papel como consejero de Uther Pendragon y el truco para colocar al rey Arturo en el trono son adiciones literarias medievales que sepultaron la verdadera identidad de un guerrero romano y un bardo proscrito bajo el manto de la hechicería.

    — A. Eldritch, Periodista, Locutor, podcaster y bloger del fediverso

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    #Merlín #Historia #Mitología #EdadMedia #Literatura #Folclore

  16. Le creature mostruose del folklore dell'antica Roma
    #Roma #folklore #mitologia @cultura
    Il mondo romano non era popolato soltanto da dei, imperatori e legioni. Ai margini della geografia conosciuta viveva un'altra umanità, fatta di creature ibride, animali...
    tizianocaviglia.name/2026/09/0

  17. Los dioses tienen personalidad, el destino no
    Los dioses:
    Aman
    Se enojan
    Castigan
    Protegen
    Intervienen
    Puedes rezarles.
    Puedes negociar con ellos.
    Puedes hacer sacrificios.
    En cambio:
    Las Moiras
    Las Parcas
    Las Nornas
    No negocian.
    No se conmueven.
    No se convencen.
    Ellas simplemente son el mecanismo del universo.
    Es difícil adorar algo que no puede ser persuadido.
    #destino #mitologia #reflexion

  18. :stargif: 𝑬𝒍 𝒂́𝒏𝒈𝒆𝒍 𝒒𝒖𝒆 𝒆𝒍𝒊𝒈𝒊𝒐́ 𝒄𝒂𝒆𝒓: 𝑳𝒖𝒄𝒊𝒇𝒆𝒓, 𝒐𝒓𝒈𝒖𝒍𝒍𝒐, 𝒓𝒆𝒃𝒆𝒍𝒊𝒐́𝒏 𝒚 𝒍𝒂 𝒏𝒆𝒄𝒆𝒔𝒊𝒅𝒂𝒅 𝒅𝒆𝒍 𝒎𝒂𝒍 :stargif:

    🔥 Antes de convertirse en el enemigo eterno, Lucifer fue la joya más brillante del cielo.
    Su nombre lo dice todo: portador de luz.
    Fue creado como el más hermoso de los ángeles, perfecto en forma, sabiduría y esplendor.
    Pero esa misma perfección fue su condena.
    El orgullo lo cegó… y lo llevó a desafiar al mismísimo Creador.

    Según la tradición, Lucifer no era un ángel cualquiera.
    Era el Querubín Protector, adornado con piedras preciosas, encargado de custodiar el trono divino.
    No conocía la oscuridad, solo la luz.
    Hasta que empezó a mirarse a sí mismo demasiado.
    Al contemplar su propia grandeza, nació la idea impensable: ¿por qué servir, si podía reinar?

    Ahí surge el origen de la soberbia.
    Su pecado no vino de fuera, sino del interior.
    No quiso destruir el cielo, quiso ocuparlo.
    A la rebelión se le atribuye una frase que resume su esencia: Non serviam, “no serviré”.
    Con ese grito arrastró a una parte de las huestes celestiales a una guerra imposible de ganar.

    La caída no fue solo espiritual, también fue física.
    El cielo ardió, los coros callaron y la luz se volvió fuego.
    En el arte, como en el famoso cuadro de Alexandre Cabanel, Lucifer no aparece como un monstruo, sino como una belleza rota.
    Alas oscuras, mirada herida, rabia y dolor mezclados.
    No es el mal por fealdad, sino por voluntad.

    Con el tiempo, la teología y la literatura, especialmente "El Paraíso Perdido" de John Milton, lo consolidaron como el Príncipe del Orgullo.
    No como un simple villano, sino como el espejo oscuro que permite definir la luz por contraste.
    Porque sin caída, no hay redención.

    Aquí entra la confusión habitual: Lucifer, Satanás y Belcebú no son exactamente lo mismo.
    Lucifer es quien fue: la belleza original, el ángel antes de caer.
    Satanás es lo que hace: el adversario, el acusador.
    En hebreo, Ha-Satán no era un nombre propio, sino un cargo.
    En el Libro de Job actúa casi como un fiscal celestial, encargado de poner a prueba la fe humana.
    Belcebú, en cambio, representa la degradación: un antiguo dios pagano ridiculizado y transformado en símbolo de corrupción e impureza.

    Y entonces aparece una de las ideas más incómodas y fascinantes de la filosofía religiosa: ¿y si Dios no solo permitió al Diablo, sino que lo necesitó?
    Esta teoría, conocida como el dilema de la necesidad del mal, plantea que sin oscuridad no hay luz que valorar.
    San Agustín defendía que el bien solo puede comprenderse frente a su opuesto.
    Sin miedo al castigo, la salvación perdería fuerza.

    El libre albedrío es la clave.
    Si no existiera una opción mala, la obediencia sería automática, sin mérito alguno.
    Elegir a Dios solo tiene sentido si también se puede elegir lo contrario.
    Desde esta perspectiva, Lucifer no sería un error, sino una condición necesaria.

    Incluso hay textos antiguos donde Satanás no actúa como un rebelde independiente, sino como una pieza incómoda dentro del orden divino.
    Tienta, acusa, prueba.
    Separa a los fieles reales de los que solo aparentan serlo.
    Y desde un punto de vista más terrenal, su figura ha sido una herramienta de control social poderosa: el miedo al infierno ha llenado templos durante siglos.

    En el fondo, la pregunta sigue abierta. ¿Lucifer es el gran villano… o el engranaje oscuro que hace funcionar el sistema?
    Quizá por eso su historia sigue fascinando.
    Porque no habla solo del mal, sino del orgullo, de la libertad y del precio de elegir caer. 🖤

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  19. EL MISTERIO DE SÍSIFO | ZZ Podcast 05x43

    El misterio de Sísifo, aunque muchos lo consideren algo antiguo y propio de la mitología griega, en realidad está más presente que nunca en nuestras vidas. El mito de Sísifo desarrolla ideas asociadas con el concepto de lo absurdo...

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