#mitologia — Public Fediverse posts
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«La Luna cambia, mengua, crece, sale y se oculta. Es como una mujer, un caos inconstante.»
—Constantino · Roma 🌙Así nacieron los lunes.
Nuevo Microrrelato:
La Luna perdió su trono.
👇https://www.eitanelmago.gal/2026/09/la-luna-perdio-su-trono.html?m=1
#Luna #Historia #Roma #Mitología #Lunes #Literatura #Microrrelato #relatoCorto
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«La Luna cambia, mengua, crece, sale y se oculta. Es como una mujer, un caos inconstante.»
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«La Luna cambia, mengua, crece, sale y se oculta. Es como una mujer, un caos inconstante.»
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El cine de terror como megáfono de la propaganda abrahámica
Si nos sentamos a ver películas de terror un fin de semana, es muy fácil dejarse llevar por los sustos, la música tensa y los efectos especiales. Sin embargo, detrás de los monstruos y las caras lavadas con maquillaje se esconde un patrón muy viejo que casi nadie nota a simple vista, pero que está bien metido en el ADN de las historias en Occidente. Hablo de cómo Hollywood y la industria del entretenimiento en general funcionan como una especie de máquina publicitaria que premia la fe monoteísta y castiga de forma sistemática a cualquier otra creencia, retratando las antiguas costumbres precristianas o paganas como el origen de toda la maldad en el mundo.
Esta fórmula no es nueva, sino que copia al pie de la letra las viejas crónicas que los sacerdotes escribían en la Edad Media para justificar el exterminio de los pueblos de la tierra. Si revisamos los clásicos más grandes del género, como la película El exorcista estrenada en el año 1973, vemos este truco de manera muy evidente. Para armar al demonio que se mete en el cuerpo de la niña, los creadores no inventaron nada, sino que fueron a escarbar en el pasado y se robaron la figura de Pazuzu, el antiguo dios del viento en Mesopotamia que las mujeres embarazadas usaban en amuletos para proteger a sus bebés del peligro. El cine tomó a esta deidad de una cultura milenaria, la pintó como la maldad pura sacada del infierno bíblico y le vendió al espectador la idea de que la ciencia, la medicina y la psicología no sirven para nada, dejando como única salida milagrosa que un sacerdote católico llegue con la cruz, las oraciones en latín y el agua bendita a salvar el día.
El problema es que esta narrativa se sigue repitiendo hasta el cansancio en las producciones modernas, como las sagas de El Conjuro o las historias del subgénero conocido como Folk Horror, donde tenemos ejemplos claros como The Blood on Satan's Claw del año 1971 o la más cercana El ritual del año 2017. La estructura de estos relatos siempre te lleva al mismo callejón sin salida: te ponen a comunidades que adoran a la naturaleza, que hacen ritos en los bosques o que guardan tótems de origen pagano, y te las pintan de inmediato como sectas de locos y asesinos obsesionados con sacrificar inocentes para invocar seres oscuros. Al final de la función, el mensaje que se le queda grabado al público en la mente es el mismo que se usaba en las épocas de las persecuciones, una idea que te dice que cualquier tradición ajena a la biblia es un imán para el diablo y que la única forma de estar a salvo del peligro es refugiarse bajo el ala de la religión oficial, como seguidor y heredero de las tradiciones paganas esta postura me parece de lo más ofensiva.
— A. Eldritch, Periodista, Locutor, podcaster y bloger del fediverso
Alt text via @altbot y @TeLoDescribot
#PensamientoCritico #CineDeTerror #Propaganda #HistoriaDelCine #Mitología
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El cine de terror como megáfono de la propaganda abrahámica
Si nos sentamos a ver películas de terror un fin de semana, es muy fácil dejarse llevar por los sustos, la música tensa y los efectos especiales. Sin embargo, detrás de los monstruos y las caras lavadas con maquillaje se esconde un patrón muy viejo que casi nadie nota a simple vista, pero que está bien metido en el ADN de las historias en Occidente. Hablo de cómo Hollywood y la industria del entretenimiento en general funcionan como una especie de máquina publicitaria que premia la fe monoteísta y castiga de forma sistemática a cualquier otra creencia, retratando las antiguas costumbres precristianas o paganas como el origen de toda la maldad en el mundo.
Esta fórmula no es nueva, sino que copia al pie de la letra las viejas crónicas que los sacerdotes escribían en la Edad Media para justificar el exterminio de los pueblos de la tierra. Si revisamos los clásicos más grandes del género, como la película El exorcista estrenada en el año 1973, vemos este truco de manera muy evidente. Para armar al demonio que se mete en el cuerpo de la niña, los creadores no inventaron nada, sino que fueron a escarbar en el pasado y se robaron la figura de Pazuzu, el antiguo dios del viento en Mesopotamia que las mujeres embarazadas usaban en amuletos para proteger a sus bebés del peligro. El cine tomó a esta deidad de una cultura milenaria, la pintó como la maldad pura sacada del infierno bíblico y le vendió al espectador la idea de que la ciencia, la medicina y la psicología no sirven para nada, dejando como única salida milagrosa que un sacerdote católico llegue con la cruz, las oraciones en latín y el agua bendita a salvar el día.
El problema es que esta narrativa se sigue repitiendo hasta el cansancio en las producciones modernas, como las sagas de El Conjuro o las historias del subgénero conocido como Folk Horror, donde tenemos ejemplos claros como The Blood on Satan's Claw del año 1971 o la más cercana El ritual del año 2017. La estructura de estos relatos siempre te lleva al mismo callejón sin salida: te ponen a comunidades que adoran a la naturaleza, que hacen ritos en los bosques o que guardan tótems de origen pagano, y te las pintan de inmediato como sectas de locos y asesinos obsesionados con sacrificar inocentes para invocar seres oscuros. Al final de la función, el mensaje que se le queda grabado al público en la mente es el mismo que se usaba en las épocas de las persecuciones, una idea que te dice que cualquier tradición ajena a la biblia es un imán para el diablo y que la única forma de estar a salvo del peligro es refugiarse bajo el ala de la religión oficial, como seguidor y heredero de las tradiciones paganas esta postura me parece de lo más ofensiva.
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El cine de terror como megáfono de la propaganda abrahámica
Si nos sentamos a ver películas de terror un fin de semana, es muy fácil dejarse llevar por los sustos, la música tensa y los efectos especiales. Sin embargo, detrás de los monstruos y las caras lavadas con maquillaje se esconde un patrón muy viejo que casi nadie nota a simple vista, pero que está bien metido en el ADN de las historias en Occidente. Hablo de cómo Hollywood y la industria del entretenimiento en general funcionan como una especie de máquina publicitaria que premia la fe monoteísta y castiga de forma sistemática a cualquier otra creencia, retratando las antiguas costumbres precristianas o paganas como el origen de toda la maldad en el mundo.
Esta fórmula no es nueva, sino que copia al pie de la letra las viejas crónicas que los sacerdotes escribían en la Edad Media para justificar el exterminio de los pueblos de la tierra. Si revisamos los clásicos más grandes del género, como la película El exorcista estrenada en el año 1973, vemos este truco de manera muy evidente. Para armar al demonio que se mete en el cuerpo de la niña, los creadores no inventaron nada, sino que fueron a escarbar en el pasado y se robaron la figura de Pazuzu, el antiguo dios del viento en Mesopotamia que las mujeres embarazadas usaban en amuletos para proteger a sus bebés del peligro. El cine tomó a esta deidad de una cultura milenaria, la pintó como la maldad pura sacada del infierno bíblico y le vendió al espectador la idea de que la ciencia, la medicina y la psicología no sirven para nada, dejando como única salida milagrosa que un sacerdote católico llegue con la cruz, las oraciones en latín y el agua bendita a salvar el día.
El problema es que esta narrativa se sigue repitiendo hasta el cansancio en las producciones modernas, como las sagas de El Conjuro o las historias del subgénero conocido como Folk Horror, donde tenemos ejemplos claros como The Blood on Satan's Claw del año 1971 o la más cercana El ritual del año 2017. La estructura de estos relatos siempre te lleva al mismo callejón sin salida: te ponen a comunidades que adoran a la naturaleza, que hacen ritos en los bosques o que guardan tótems de origen pagano, y te las pintan de inmediato como sectas de locos y asesinos obsesionados con sacrificar inocentes para invocar seres oscuros. Al final de la función, el mensaje que se le queda grabado al público en la mente es el mismo que se usaba en las épocas de las persecuciones, una idea que te dice que cualquier tradición ajena a la biblia es un imán para el diablo y que la única forma de estar a salvo del peligro es refugiarse bajo el ala de la religión oficial, como seguidor y heredero de las tradiciones paganas esta postura me parece de lo más ofensiva.
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Esta fórmula no es nueva, sino que copia al pie de la letra las viejas crónicas que los sacerdotes escribían en la Edad Media para justificar el exterminio de los pueblos de la tierra. Si revisamos los clásicos más grandes del género, como la película El exorcista estrenada en el año 1973, vemos este truco de manera muy evidente. Para armar al demonio que se mete en el cuerpo de la niña, los creadores no inventaron nada, sino que fueron a escarbar en el pasado y se robaron la figura de Pazuzu, el antiguo dios del viento en Mesopotamia que las mujeres embarazadas usaban en amuletos para proteger a sus bebés del peligro. El cine tomó a esta deidad de una cultura milenaria, la pintó como la maldad pura sacada del infierno bíblico y le vendió al espectador la idea de que la ciencia, la medicina y la psicología no sirven para nada, dejando como única salida milagrosa que un sacerdote católico llegue con la cruz, las oraciones en latín y el agua bendita a salvar el día.
El problema es que esta narrativa se sigue repitiendo hasta el cansancio en las producciones modernas, como las sagas de El Conjuro o las historias del subgénero conocido como Folk Horror, donde tenemos ejemplos claros como The Blood on Satan's Claw del año 1971 o la más cercana El ritual del año 2017. La estructura de estos relatos siempre te lleva al mismo callejón sin salida: te ponen a comunidades que adoran a la naturaleza, que hacen ritos en los bosques o que guardan tótems de origen pagano, y te las pintan de inmediato como sectas de locos y asesinos obsesionados con sacrificar inocentes para invocar seres oscuros. Al final de la función, el mensaje que se le queda grabado al público en la mente es el mismo que se usaba en las épocas de las persecuciones, una idea que te dice que cualquier tradición ajena a la biblia es un imán para el diablo y que la única forma de estar a salvo del peligro es refugiarse bajo el ala de la religión oficial, como seguidor y heredero de las tradiciones paganas esta postura me parece de lo más ofensiva.
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El cine de terror como megáfono de la propaganda abrahámica
Si nos sentamos a ver películas de terror un fin de semana, es muy fácil dejarse llevar por los sustos, la música tensa y los efectos especiales. Sin embargo, detrás de los monstruos y las caras lavadas con maquillaje se esconde un patrón muy viejo que casi nadie nota a simple vista, pero que está bien metido en el ADN de las historias en Occidente. Hablo de cómo Hollywood y la industria del entretenimiento en general funcionan como una especie de máquina publicitaria que premia la fe monoteísta y castiga de forma sistemática a cualquier otra creencia, retratando las antiguas costumbres precristianas o paganas como el origen de toda la maldad en el mundo.
Esta fórmula no es nueva, sino que copia al pie de la letra las viejas crónicas que los sacerdotes escribían en la Edad Media para justificar el exterminio de los pueblos de la tierra. Si revisamos los clásicos más grandes del género, como la película El exorcista estrenada en el año 1973, vemos este truco de manera muy evidente. Para armar al demonio que se mete en el cuerpo de la niña, los creadores no inventaron nada, sino que fueron a escarbar en el pasado y se robaron la figura de Pazuzu, el antiguo dios del viento en Mesopotamia que las mujeres embarazadas usaban en amuletos para proteger a sus bebés del peligro. El cine tomó a esta deidad de una cultura milenaria, la pintó como la maldad pura sacada del infierno bíblico y le vendió al espectador la idea de que la ciencia, la medicina y la psicología no sirven para nada, dejando como única salida milagrosa que un sacerdote católico llegue con la cruz, las oraciones en latín y el agua bendita a salvar el día.
El problema es que esta narrativa se sigue repitiendo hasta el cansancio en las producciones modernas, como las sagas de El Conjuro o las historias del subgénero conocido como Folk Horror, donde tenemos ejemplos claros como The Blood on Satan's Claw del año 1971 o la más cercana El ritual del año 2017. La estructura de estos relatos siempre te lleva al mismo callejón sin salida: te ponen a comunidades que adoran a la naturaleza, que hacen ritos en los bosques o que guardan tótems de origen pagano, y te las pintan de inmediato como sectas de locos y asesinos obsesionados con sacrificar inocentes para invocar seres oscuros. Al final de la función, el mensaje que se le queda grabado al público en la mente es el mismo que se usaba en las épocas de las persecuciones, una idea que te dice que cualquier tradición ajena a la biblia es un imán para el diablo y que la única forma de estar a salvo del peligro es refugiarse bajo el ala de la religión oficial, como seguidor y heredero de las tradiciones paganas esta postura me parece de lo más ofensiva.
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¿Sabían que el mago Merlín nunca existió bajo ese nombre en las leyendas originales y que su figura actual es un rompecabezas literario creado a partir de la unión de dos personas completamente distintas?
El personaje que hoy reconocemos con túnica y sombrero nació en las crónicas del siglo XII gracias a un clérigo galés llamado Geoffrey de Monmouth, quien recopiló antiguas tradiciones celtas para escribir su famosa Historia de los Reyes de Bretaña en 1136. En los manuscritos galeses más antiguos, el sabio original se llamaba Myrddin Wyllt, un bardo y poeta del siglo VI que, tras perder a su rey en la sangrienta batalla de Arfderydd en el año 573, enloqueció de dolor y huyó a vivir como un ermitaño salvaje en los bosques escoceses, adquiriendo supuestos dones proféticos. Al trasladar el relato al latín, el escritor notó que traducir el nombre directamente como Merdinus sonaba exactamente igual a una palabra sumamente vulgar en el francés de la época (Merde, mierda), por lo que alteró el sonido original para bautizarlo formalmente como Merlinus, origen directo del término actual.
El segundo componente de este ensamble histórico proviene de Ambrosius Aurelianus, un líder militar romano-británico real del siglo V que luchó con éxito contra las invasiones de los sajones. Geoffrey de Monmouth tomó una crónica previa del monje Nennio que narraba las hazañas de un niño profeta sin padre llamado Ambrosio ante el rey Vortigern, y decidió fusionar su biografía con las leyendas del bardo loco del bosque. El autor unió ambas líneas de tiempo, retrasó los hechos varias décadas y creó al híbrido definitivo que llamó Merlinus Ambrosius. Toda la narrativa posterior de Camelot, su papel como consejero de Uther Pendragon y el truco para colocar al rey Arturo en el trono son adiciones literarias medievales que sepultaron la verdadera identidad de un guerrero romano y un bardo proscrito bajo el manto de la hechicería.
— A. Eldritch, Periodista, Locutor, podcaster y bloger del fediverso
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#Merlín #Historia #Mitología #EdadMedia #Literatura #Folclore
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¿Sabían que el mago Merlín nunca existió bajo ese nombre en las leyendas originales y que su figura actual es un rompecabezas literario creado a partir de la unión de dos personas completamente distintas?
El personaje que hoy reconocemos con túnica y sombrero nació en las crónicas del siglo XII gracias a un clérigo galés llamado Geoffrey de Monmouth, quien recopiló antiguas tradiciones celtas para escribir su famosa Historia de los Reyes de Bretaña en 1136. En los manuscritos galeses más antiguos, el sabio original se llamaba Myrddin Wyllt, un bardo y poeta del siglo VI que, tras perder a su rey en la sangrienta batalla de Arfderydd en el año 573, enloqueció de dolor y huyó a vivir como un ermitaño salvaje en los bosques escoceses, adquiriendo supuestos dones proféticos. Al trasladar el relato al latín, el escritor notó que traducir el nombre directamente como Merdinus sonaba exactamente igual a una palabra sumamente vulgar en el francés de la época (Merde, mierda), por lo que alteró el sonido original para bautizarlo formalmente como Merlinus, origen directo del término actual.
El segundo componente de este ensamble histórico proviene de Ambrosius Aurelianus, un líder militar romano-británico real del siglo V que luchó con éxito contra las invasiones de los sajones. Geoffrey de Monmouth tomó una crónica previa del monje Nennio que narraba las hazañas de un niño profeta sin padre llamado Ambrosio ante el rey Vortigern, y decidió fusionar su biografía con las leyendas del bardo loco del bosque. El autor unió ambas líneas de tiempo, retrasó los hechos varias décadas y creó al híbrido definitivo que llamó Merlinus Ambrosius. Toda la narrativa posterior de Camelot, su papel como consejero de Uther Pendragon y el truco para colocar al rey Arturo en el trono son adiciones literarias medievales que sepultaron la verdadera identidad de un guerrero romano y un bardo proscrito bajo el manto de la hechicería.
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¿Sabían que el mago Merlín nunca existió bajo ese nombre en las leyendas originales y que su figura actual es un rompecabezas literario creado a partir de la unión de dos personas completamente distintas?
El personaje que hoy reconocemos con túnica y sombrero nació en las crónicas del siglo XII gracias a un clérigo galés llamado Geoffrey de Monmouth, quien recopiló antiguas tradiciones celtas para escribir su famosa Historia de los Reyes de Bretaña en 1136. En los manuscritos galeses más antiguos, el sabio original se llamaba Myrddin Wyllt, un bardo y poeta del siglo VI que, tras perder a su rey en la sangrienta batalla de Arfderydd en el año 573, enloqueció de dolor y huyó a vivir como un ermitaño salvaje en los bosques escoceses, adquiriendo supuestos dones proféticos. Al trasladar el relato al latín, el escritor notó que traducir el nombre directamente como Merdinus sonaba exactamente igual a una palabra sumamente vulgar en el francés de la época (Merde, mierda), por lo que alteró el sonido original para bautizarlo formalmente como Merlinus, origen directo del término actual.
El segundo componente de este ensamble histórico proviene de Ambrosius Aurelianus, un líder militar romano-británico real del siglo V que luchó con éxito contra las invasiones de los sajones. Geoffrey de Monmouth tomó una crónica previa del monje Nennio que narraba las hazañas de un niño profeta sin padre llamado Ambrosio ante el rey Vortigern, y decidió fusionar su biografía con las leyendas del bardo loco del bosque. El autor unió ambas líneas de tiempo, retrasó los hechos varias décadas y creó al híbrido definitivo que llamó Merlinus Ambrosius. Toda la narrativa posterior de Camelot, su papel como consejero de Uther Pendragon y el truco para colocar al rey Arturo en el trono son adiciones literarias medievales que sepultaron la verdadera identidad de un guerrero romano y un bardo proscrito bajo el manto de la hechicería.
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¿Sabían que el mago Merlín nunca existió bajo ese nombre en las leyendas originales y que su figura actual es un rompecabezas literario creado a partir de la unión de dos personas completamente distintas?
El personaje que hoy reconocemos con túnica y sombrero nació en las crónicas del siglo XII gracias a un clérigo galés llamado Geoffrey de Monmouth, quien recopiló antiguas tradiciones celtas para escribir su famosa Historia de los Reyes de Bretaña en 1136. En los manuscritos galeses más antiguos, el sabio original se llamaba Myrddin Wyllt, un bardo y poeta del siglo VI que, tras perder a su rey en la sangrienta batalla de Arfderydd en el año 573, enloqueció de dolor y huyó a vivir como un ermitaño salvaje en los bosques escoceses, adquiriendo supuestos dones proféticos. Al trasladar el relato al latín, el escritor notó que traducir el nombre directamente como Merdinus sonaba exactamente igual a una palabra sumamente vulgar en el francés de la época (Merde, mierda), por lo que alteró el sonido original para bautizarlo formalmente como Merlinus, origen directo del término actual.
El segundo componente de este ensamble histórico proviene de Ambrosius Aurelianus, un líder militar romano-británico real del siglo V que luchó con éxito contra las invasiones de los sajones. Geoffrey de Monmouth tomó una crónica previa del monje Nennio que narraba las hazañas de un niño profeta sin padre llamado Ambrosio ante el rey Vortigern, y decidió fusionar su biografía con las leyendas del bardo loco del bosque. El autor unió ambas líneas de tiempo, retrasó los hechos varias décadas y creó al híbrido definitivo que llamó Merlinus Ambrosius. Toda la narrativa posterior de Camelot, su papel como consejero de Uther Pendragon y el truco para colocar al rey Arturo en el trono son adiciones literarias medievales que sepultaron la verdadera identidad de un guerrero romano y un bardo proscrito bajo el manto de la hechicería.
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El personaje que hoy reconocemos con túnica y sombrero nació en las crónicas del siglo XII gracias a un clérigo galés llamado Geoffrey de Monmouth, quien recopiló antiguas tradiciones celtas para escribir su famosa Historia de los Reyes de Bretaña en 1136. En los manuscritos galeses más antiguos, el sabio original se llamaba Myrddin Wyllt, un bardo y poeta del siglo VI que, tras perder a su rey en la sangrienta batalla de Arfderydd en el año 573, enloqueció de dolor y huyó a vivir como un ermitaño salvaje en los bosques escoceses, adquiriendo supuestos dones proféticos. Al trasladar el relato al latín, el escritor notó que traducir el nombre directamente como Merdinus sonaba exactamente igual a una palabra sumamente vulgar en el francés de la época (Merde, mierda), por lo que alteró el sonido original para bautizarlo formalmente como Merlinus, origen directo del término actual.
El segundo componente de este ensamble histórico proviene de Ambrosius Aurelianus, un líder militar romano-británico real del siglo V que luchó con éxito contra las invasiones de los sajones. Geoffrey de Monmouth tomó una crónica previa del monje Nennio que narraba las hazañas de un niño profeta sin padre llamado Ambrosio ante el rey Vortigern, y decidió fusionar su biografía con las leyendas del bardo loco del bosque. El autor unió ambas líneas de tiempo, retrasó los hechos varias décadas y creó al híbrido definitivo que llamó Merlinus Ambrosius. Toda la narrativa posterior de Camelot, su papel como consejero de Uther Pendragon y el truco para colocar al rey Arturo en el trono son adiciones literarias medievales que sepultaron la verdadera identidad de un guerrero romano y un bardo proscrito bajo el manto de la hechicería.
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Le creature mostruose del folklore dell'antica Roma
#Roma #folklore #mitologia @cultura
Il mondo romano non era popolato soltanto da dei, imperatori e legioni. Ai margini della geografia conosciuta viveva un'altra umanità, fatta di creature ibride, animali...
https://www.tizianocaviglia.name/2026/09/07/le-creature-mostruose-del-folklore-dell-antica-roma/13496/ -
Poema de Gilgamesh, Anónimo
Si tienen ganas de leer la aventura más antigua de la humanidad, este relato épico escrito en tablillas de arcilla hace más de 4000 años en Mesopotamia es una parada obligatoria. La historia nos cuenta la vida de Gilgamesh, el poderoso pero arrogante rey de la ciudad de Uruk, quien se creía invencible hasta que los dioses deciden crear a Enkidu, un hombre salvaje que vive en los bosques con los animales, para que sea su rival y le ponga un freno a su orgullo. Con un estilo de narración directo y muy ameno que se siente como una plática entre conocidos, el texto nos lleva por el viaje de estos dos personajes que pasan de ser enemigos a convertirse en los mejores amigos, enfrentándose juntos a monstruos gigantescos y a los caprichos de las deidades.
El verdadero corazón de este relato llega con la pérdida, cuando Enkidu enferma y muere por un castigo divino, dejando a Gilgamesh completamente destrozado y con un miedo terrible a seguir el mismo camino. A partir de ese momento, la historia deja a un lado las batallas de héroes para convertirse en una búsqueda desesperada por los confines de la Tierra, donde el rey busca el secreto de la inmortalidad para escapar de la muerte. Es una lectura sumamente indispensable porque retrata de forma genial las mismas preocupaciones, dolores y dudas sobre el destino humano que seguimos teniendo hoy en día, viendo que abajo de las capas de polvo de la historia, las personas de hace milenios sentían y sufrían exactamente igual que nosotros.
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#RecomendaciónLiteraria #Historia #Mitología #Mesopotamia #Libros
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L’incompiuta opera del grattacielo in bilico tra il mondo contadino e l’oriunda genesi della mitologia cinese
https://www.jacoporanieri.com/blog/?p=44706#costruzioni #edifici #palazzi #strano #cina #Guangxi #mitologia #folklore #personaggi #architettura #contadini #identità #divertimento #puntidiriferimento #turismo #viaggi #eclettismo #sincretismo #torri #grattacieli
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Il segreto giapponese degli specchi da preghiera usati per sviare l’avversione del governo shogunale
https://www.jacoporanieri.com/blog/?p=44588#tecnica #tecnologia #specchi #segreti #religione #giappone #asia #società #sistemi #torture #persecuzioni #cristianesimo #conversione #samurai #asia #riflessi #luce #bronzo #mitologia #leggende #antichità #modernità #misteri #invenzioni #cina #figure #immagini #edo #tokugawa
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Lo strano caso della razza onniveggente nel mosaico dell’entroterra tunisino
https://www.jacoporanieri.com/blog/?p=44403#arte #mosaici #pesci #razze #torpedini #mediterraneo #tunisia #haidra #antichità #società #mitologia #credenze #filosofia #creature #africa #cultura #popoli #mare #isole #immagini #acqua #profondità #iconografia #simboli
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Huohu, i fulgidi carboni nella gabbia per gli araldi della fabbrica del fuoco umano
https://www.jacoporanieri.com/blog/?p=44092#cina #esibizioni #pratiche #rituali #tradizioni #spettacoli #feste #fuoco #fiamme #pericolo #divertimento #gabbie #bastoni #carbone #scintille #mitologia #strano #internet #viral #social #società #asia
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Per me si va nell’aspro monte, per me si ascende al falso tempio. Della Necropoli di Myra, in Asia Minore…
https://www.jacoporanieri.com/blog/?p=43726#luoghi #tombe #necropoli #strutture #antichità #civiltà #società #turchia #licia #popoli #credenze #mitologia #religione #defunti #città #costruzioni #architettura #sepolcri #leggende #città #porti #greci #iliade #letteratura #conflitti #guerre #zeus
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Il mistero in bilico tra guerra e religione del castello sull’alta scogliera irlandese
https://www.jacoporanieri.com/blog/?p=43622#luoghi #siti #castelli #fortezze #Irlanda #popoli #società #misteri #scogliere #strapiombi #vertigini #mare #oceano #atlantico #paesaggio #isole #arcipelaghi #storia #antichità #etàdelbronzo #preistoria #sovrani #leggende #mitologia #divinità #rituali
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Dalla canfora silente, il pesce ligneo del tamburo che mangia il tempo
https://www.jacoporanieri.com/blog/?p=43245#venerazione #oggetti #preghiera #religione #buddhismo #india #cina #corea #giappone #monaci #templi #suoni #musica #strumentimusicali #leggende #mitologia #racconti #pratiche #società #usanze #ritmo #tamburi #pesci #zen
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Le ruote del destino nel colossale veicolo trasformato in tempio del Sole a Konark
https://www.jacoporanieri.com/blog/?p=42896#strutture #templi #antichità #costruzioni #architettura #religione #storia #india #subcontinente #siti #archeologia #conservazione #beni #cultura #società #dinasti #regnanti #induismo #sole #astronomia #meridiane #carri #ruote #leggende #mitologia
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Un guizzo di segmenti e antenne rapide sul chiaroscuro. Benvenuti a cena, nell’Ade https://www.jacoporanieri.com/blog/?p=42640
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Un varano va veloce se vuol essere vorace predatore dei deserti australiani
https://www.jacoporanieri.com/blog/?p=41943
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CW: contato visual, hashtags
algumas hashtags pra me conhecer:
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CW: Hashtags para me conhecer, selfie
(atualizando)
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Se qualcuno è a #Torino nei giorni giusti
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