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#mitologia — Public Fediverse posts

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  1. «La Luna cambia, mengua, crece, sale y se oculta. Es como una mujer, un caos inconstante.»
    —Constantino · Roma 🌙

    Así nacieron los lunes.

    Nuevo Microrrelato:
    La Luna perdió su trono.
    👇

    eitanelmago.gal/2026/09/la-lun

    #Luna #Historia #Roma #Mitología #Lunes #Literatura #Microrrelato #relatoCorto

  2. «La Luna cambia, mengua, crece, sale y se oculta. Es como una mujer, un caos inconstante.»
    —Constantino · Roma 🌙

    Así nacieron los lunes.

    Nuevo Microrrelato:
    La Luna perdió su trono.
    👇

    eitanelmago.gal/2026/09/la-lun

    #Luna #Historia #Roma #Mitología #Lunes #Literatura #Microrrelato #relatoCorto

  3. «La Luna cambia, mengua, crece, sale y se oculta. Es como una mujer, un caos inconstante.»
    —Constantino · Roma 🌙

    Así nacieron los lunes.

    Nuevo Microrrelato:
    La Luna perdió su trono.
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    #Luna #Historia #Roma #Mitología #Lunes #Literatura #Microrrelato #relatoCorto

  4. «La Luna cambia, mengua, crece, sale y se oculta. Es como una mujer, un caos inconstante.»
    —Constantino · Roma 🌙

    Así nacieron los lunes.

    Nuevo Microrrelato:
    La Luna perdió su trono.
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    eitanelmago.gal/2026/09/la-lun

    #Luna #Historia #Roma #Mitología #Lunes #Literatura #Microrrelato #relatoCorto

  5. «La Luna cambia, mengua, crece, sale y se oculta. Es como una mujer, un caos inconstante.»
    —Constantino · Roma 🌙

    Así nacieron los lunes.

    Nuevo Microrrelato:
    La Luna perdió su trono.
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    eitanelmago.gal/2026/09/la-lun

    #Luna #Historia #Roma #Mitología #Lunes #Literatura #Microrrelato #relatoCorto

  6. #reflexion

    El cine de terror como megáfono de la propaganda abrahámica

    Si nos sentamos a ver películas de terror un fin de semana, es muy fácil dejarse llevar por los sustos, la música tensa y los efectos especiales. Sin embargo, detrás de los monstruos y las caras lavadas con maquillaje se esconde un patrón muy viejo que casi nadie nota a simple vista, pero que está bien metido en el ADN de las historias en Occidente. Hablo de cómo Hollywood y la industria del entretenimiento en general funcionan como una especie de máquina publicitaria que premia la fe monoteísta y castiga de forma sistemática a cualquier otra creencia, retratando las antiguas costumbres precristianas o paganas como el origen de toda la maldad en el mundo.

    Esta fórmula no es nueva, sino que copia al pie de la letra las viejas crónicas que los sacerdotes escribían en la Edad Media para justificar el exterminio de los pueblos de la tierra. Si revisamos los clásicos más grandes del género, como la película El exorcista estrenada en el año 1973, vemos este truco de manera muy evidente. Para armar al demonio que se mete en el cuerpo de la niña, los creadores no inventaron nada, sino que fueron a escarbar en el pasado y se robaron la figura de Pazuzu, el antiguo dios del viento en Mesopotamia que las mujeres embarazadas usaban en amuletos para proteger a sus bebés del peligro. El cine tomó a esta deidad de una cultura milenaria, la pintó como la maldad pura sacada del infierno bíblico y le vendió al espectador la idea de que la ciencia, la medicina y la psicología no sirven para nada, dejando como única salida milagrosa que un sacerdote católico llegue con la cruz, las oraciones en latín y el agua bendita a salvar el día.

    El problema es que esta narrativa se sigue repitiendo hasta el cansancio en las producciones modernas, como las sagas de El Conjuro o las historias del subgénero conocido como Folk Horror, donde tenemos ejemplos claros como The Blood on Satan's Claw del año 1971 o la más cercana El ritual del año 2017. La estructura de estos relatos siempre te lleva al mismo callejón sin salida: te ponen a comunidades que adoran a la naturaleza, que hacen ritos en los bosques o que guardan tótems de origen pagano, y te las pintan de inmediato como sectas de locos y asesinos obsesionados con sacrificar inocentes para invocar seres oscuros. Al final de la función, el mensaje que se le queda grabado al público en la mente es el mismo que se usaba en las épocas de las persecuciones, una idea que te dice que cualquier tradición ajena a la biblia es un imán para el diablo y que la única forma de estar a salvo del peligro es refugiarse bajo el ala de la religión oficial, como seguidor y heredero de las tradiciones paganas esta postura me parece de lo más ofensiva.

    — A. Eldritch, Periodista, Locutor, podcaster y bloger del fediverso

    Alt text via @altbot y @TeLoDescribot

    #PensamientoCritico #CineDeTerror #Propaganda #HistoriaDelCine #Mitología

  7. #reflexion

    El cine de terror como megáfono de la propaganda abrahámica

    Si nos sentamos a ver películas de terror un fin de semana, es muy fácil dejarse llevar por los sustos, la música tensa y los efectos especiales. Sin embargo, detrás de los monstruos y las caras lavadas con maquillaje se esconde un patrón muy viejo que casi nadie nota a simple vista, pero que está bien metido en el ADN de las historias en Occidente. Hablo de cómo Hollywood y la industria del entretenimiento en general funcionan como una especie de máquina publicitaria que premia la fe monoteísta y castiga de forma sistemática a cualquier otra creencia, retratando las antiguas costumbres precristianas o paganas como el origen de toda la maldad en el mundo.

    Esta fórmula no es nueva, sino que copia al pie de la letra las viejas crónicas que los sacerdotes escribían en la Edad Media para justificar el exterminio de los pueblos de la tierra. Si revisamos los clásicos más grandes del género, como la película El exorcista estrenada en el año 1973, vemos este truco de manera muy evidente. Para armar al demonio que se mete en el cuerpo de la niña, los creadores no inventaron nada, sino que fueron a escarbar en el pasado y se robaron la figura de Pazuzu, el antiguo dios del viento en Mesopotamia que las mujeres embarazadas usaban en amuletos para proteger a sus bebés del peligro. El cine tomó a esta deidad de una cultura milenaria, la pintó como la maldad pura sacada del infierno bíblico y le vendió al espectador la idea de que la ciencia, la medicina y la psicología no sirven para nada, dejando como única salida milagrosa que un sacerdote católico llegue con la cruz, las oraciones en latín y el agua bendita a salvar el día.

    El problema es que esta narrativa se sigue repitiendo hasta el cansancio en las producciones modernas, como las sagas de El Conjuro o las historias del subgénero conocido como Folk Horror, donde tenemos ejemplos claros como The Blood on Satan's Claw del año 1971 o la más cercana El ritual del año 2017. La estructura de estos relatos siempre te lleva al mismo callejón sin salida: te ponen a comunidades que adoran a la naturaleza, que hacen ritos en los bosques o que guardan tótems de origen pagano, y te las pintan de inmediato como sectas de locos y asesinos obsesionados con sacrificar inocentes para invocar seres oscuros. Al final de la función, el mensaje que se le queda grabado al público en la mente es el mismo que se usaba en las épocas de las persecuciones, una idea que te dice que cualquier tradición ajena a la biblia es un imán para el diablo y que la única forma de estar a salvo del peligro es refugiarse bajo el ala de la religión oficial, como seguidor y heredero de las tradiciones paganas esta postura me parece de lo más ofensiva.

    — A. Eldritch, Periodista, Locutor, podcaster y bloger del fediverso

    Alt text via @altbot y @TeLoDescribot

    #PensamientoCritico #CineDeTerror #Propaganda #HistoriaDelCine #Mitología

  8. #reflexion

    El cine de terror como megáfono de la propaganda abrahámica

    Si nos sentamos a ver películas de terror un fin de semana, es muy fácil dejarse llevar por los sustos, la música tensa y los efectos especiales. Sin embargo, detrás de los monstruos y las caras lavadas con maquillaje se esconde un patrón muy viejo que casi nadie nota a simple vista, pero que está bien metido en el ADN de las historias en Occidente. Hablo de cómo Hollywood y la industria del entretenimiento en general funcionan como una especie de máquina publicitaria que premia la fe monoteísta y castiga de forma sistemática a cualquier otra creencia, retratando las antiguas costumbres precristianas o paganas como el origen de toda la maldad en el mundo.

    Esta fórmula no es nueva, sino que copia al pie de la letra las viejas crónicas que los sacerdotes escribían en la Edad Media para justificar el exterminio de los pueblos de la tierra. Si revisamos los clásicos más grandes del género, como la película El exorcista estrenada en el año 1973, vemos este truco de manera muy evidente. Para armar al demonio que se mete en el cuerpo de la niña, los creadores no inventaron nada, sino que fueron a escarbar en el pasado y se robaron la figura de Pazuzu, el antiguo dios del viento en Mesopotamia que las mujeres embarazadas usaban en amuletos para proteger a sus bebés del peligro. El cine tomó a esta deidad de una cultura milenaria, la pintó como la maldad pura sacada del infierno bíblico y le vendió al espectador la idea de que la ciencia, la medicina y la psicología no sirven para nada, dejando como única salida milagrosa que un sacerdote católico llegue con la cruz, las oraciones en latín y el agua bendita a salvar el día.

    El problema es que esta narrativa se sigue repitiendo hasta el cansancio en las producciones modernas, como las sagas de El Conjuro o las historias del subgénero conocido como Folk Horror, donde tenemos ejemplos claros como The Blood on Satan's Claw del año 1971 o la más cercana El ritual del año 2017. La estructura de estos relatos siempre te lleva al mismo callejón sin salida: te ponen a comunidades que adoran a la naturaleza, que hacen ritos en los bosques o que guardan tótems de origen pagano, y te las pintan de inmediato como sectas de locos y asesinos obsesionados con sacrificar inocentes para invocar seres oscuros. Al final de la función, el mensaje que se le queda grabado al público en la mente es el mismo que se usaba en las épocas de las persecuciones, una idea que te dice que cualquier tradición ajena a la biblia es un imán para el diablo y que la única forma de estar a salvo del peligro es refugiarse bajo el ala de la religión oficial, como seguidor y heredero de las tradiciones paganas esta postura me parece de lo más ofensiva.

    — A. Eldritch, Periodista, Locutor, podcaster y bloger del fediverso

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    #PensamientoCritico #CineDeTerror #Propaganda #HistoriaDelCine #Mitología

  9. #reflexion

    El cine de terror como megáfono de la propaganda abrahámica

    Si nos sentamos a ver películas de terror un fin de semana, es muy fácil dejarse llevar por los sustos, la música tensa y los efectos especiales. Sin embargo, detrás de los monstruos y las caras lavadas con maquillaje se esconde un patrón muy viejo que casi nadie nota a simple vista, pero que está bien metido en el ADN de las historias en Occidente. Hablo de cómo Hollywood y la industria del entretenimiento en general funcionan como una especie de máquina publicitaria que premia la fe monoteísta y castiga de forma sistemática a cualquier otra creencia, retratando las antiguas costumbres precristianas o paganas como el origen de toda la maldad en el mundo.

    Esta fórmula no es nueva, sino que copia al pie de la letra las viejas crónicas que los sacerdotes escribían en la Edad Media para justificar el exterminio de los pueblos de la tierra. Si revisamos los clásicos más grandes del género, como la película El exorcista estrenada en el año 1973, vemos este truco de manera muy evidente. Para armar al demonio que se mete en el cuerpo de la niña, los creadores no inventaron nada, sino que fueron a escarbar en el pasado y se robaron la figura de Pazuzu, el antiguo dios del viento en Mesopotamia que las mujeres embarazadas usaban en amuletos para proteger a sus bebés del peligro. El cine tomó a esta deidad de una cultura milenaria, la pintó como la maldad pura sacada del infierno bíblico y le vendió al espectador la idea de que la ciencia, la medicina y la psicología no sirven para nada, dejando como única salida milagrosa que un sacerdote católico llegue con la cruz, las oraciones en latín y el agua bendita a salvar el día.

    El problema es que esta narrativa se sigue repitiendo hasta el cansancio en las producciones modernas, como las sagas de El Conjuro o las historias del subgénero conocido como Folk Horror, donde tenemos ejemplos claros como The Blood on Satan's Claw del año 1971 o la más cercana El ritual del año 2017. La estructura de estos relatos siempre te lleva al mismo callejón sin salida: te ponen a comunidades que adoran a la naturaleza, que hacen ritos en los bosques o que guardan tótems de origen pagano, y te las pintan de inmediato como sectas de locos y asesinos obsesionados con sacrificar inocentes para invocar seres oscuros. Al final de la función, el mensaje que se le queda grabado al público en la mente es el mismo que se usaba en las épocas de las persecuciones, una idea que te dice que cualquier tradición ajena a la biblia es un imán para el diablo y que la única forma de estar a salvo del peligro es refugiarse bajo el ala de la religión oficial, como seguidor y heredero de las tradiciones paganas esta postura me parece de lo más ofensiva.

    — A. Eldritch, Periodista, Locutor, podcaster y bloger del fediverso

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    #PensamientoCritico #CineDeTerror #Propaganda #HistoriaDelCine #Mitología

  10. #reflexion

    El cine de terror como megáfono de la propaganda abrahámica

    Si nos sentamos a ver películas de terror un fin de semana, es muy fácil dejarse llevar por los sustos, la música tensa y los efectos especiales. Sin embargo, detrás de los monstruos y las caras lavadas con maquillaje se esconde un patrón muy viejo que casi nadie nota a simple vista, pero que está bien metido en el ADN de las historias en Occidente. Hablo de cómo Hollywood y la industria del entretenimiento en general funcionan como una especie de máquina publicitaria que premia la fe monoteísta y castiga de forma sistemática a cualquier otra creencia, retratando las antiguas costumbres precristianas o paganas como el origen de toda la maldad en el mundo.

    Esta fórmula no es nueva, sino que copia al pie de la letra las viejas crónicas que los sacerdotes escribían en la Edad Media para justificar el exterminio de los pueblos de la tierra. Si revisamos los clásicos más grandes del género, como la película El exorcista estrenada en el año 1973, vemos este truco de manera muy evidente. Para armar al demonio que se mete en el cuerpo de la niña, los creadores no inventaron nada, sino que fueron a escarbar en el pasado y se robaron la figura de Pazuzu, el antiguo dios del viento en Mesopotamia que las mujeres embarazadas usaban en amuletos para proteger a sus bebés del peligro. El cine tomó a esta deidad de una cultura milenaria, la pintó como la maldad pura sacada del infierno bíblico y le vendió al espectador la idea de que la ciencia, la medicina y la psicología no sirven para nada, dejando como única salida milagrosa que un sacerdote católico llegue con la cruz, las oraciones en latín y el agua bendita a salvar el día.

    El problema es que esta narrativa se sigue repitiendo hasta el cansancio en las producciones modernas, como las sagas de El Conjuro o las historias del subgénero conocido como Folk Horror, donde tenemos ejemplos claros como The Blood on Satan's Claw del año 1971 o la más cercana El ritual del año 2017. La estructura de estos relatos siempre te lleva al mismo callejón sin salida: te ponen a comunidades que adoran a la naturaleza, que hacen ritos en los bosques o que guardan tótems de origen pagano, y te las pintan de inmediato como sectas de locos y asesinos obsesionados con sacrificar inocentes para invocar seres oscuros. Al final de la función, el mensaje que se le queda grabado al público en la mente es el mismo que se usaba en las épocas de las persecuciones, una idea que te dice que cualquier tradición ajena a la biblia es un imán para el diablo y que la única forma de estar a salvo del peligro es refugiarse bajo el ala de la religión oficial, como seguidor y heredero de las tradiciones paganas esta postura me parece de lo más ofensiva.

    — A. Eldritch, Periodista, Locutor, podcaster y bloger del fediverso

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    #PensamientoCritico #CineDeTerror #Propaganda #HistoriaDelCine #Mitología

  11. #datocurioso

    ¿Sabían que el mago Merlín nunca existió bajo ese nombre en las leyendas originales y que su figura actual es un rompecabezas literario creado a partir de la unión de dos personas completamente distintas?

    El personaje que hoy reconocemos con túnica y sombrero nació en las crónicas del siglo XII gracias a un clérigo galés llamado Geoffrey de Monmouth, quien recopiló antiguas tradiciones celtas para escribir su famosa Historia de los Reyes de Bretaña en 1136. En los manuscritos galeses más antiguos, el sabio original se llamaba Myrddin Wyllt, un bardo y poeta del siglo VI que, tras perder a su rey en la sangrienta batalla de Arfderydd en el año 573, enloqueció de dolor y huyó a vivir como un ermitaño salvaje en los bosques escoceses, adquiriendo supuestos dones proféticos. Al trasladar el relato al latín, el escritor notó que traducir el nombre directamente como Merdinus sonaba exactamente igual a una palabra sumamente vulgar en el francés de la época (Merde, mierda), por lo que alteró el sonido original para bautizarlo formalmente como Merlinus, origen directo del término actual.

    El segundo componente de este ensamble histórico proviene de Ambrosius Aurelianus, un líder militar romano-británico real del siglo V que luchó con éxito contra las invasiones de los sajones. Geoffrey de Monmouth tomó una crónica previa del monje Nennio que narraba las hazañas de un niño profeta sin padre llamado Ambrosio ante el rey Vortigern, y decidió fusionar su biografía con las leyendas del bardo loco del bosque. El autor unió ambas líneas de tiempo, retrasó los hechos varias décadas y creó al híbrido definitivo que llamó Merlinus Ambrosius. Toda la narrativa posterior de Camelot, su papel como consejero de Uther Pendragon y el truco para colocar al rey Arturo en el trono son adiciones literarias medievales que sepultaron la verdadera identidad de un guerrero romano y un bardo proscrito bajo el manto de la hechicería.

    — A. Eldritch, Periodista, Locutor, podcaster y bloger del fediverso

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    #Merlín #Historia #Mitología #EdadMedia #Literatura #Folclore

  12. #datocurioso

    ¿Sabían que el mago Merlín nunca existió bajo ese nombre en las leyendas originales y que su figura actual es un rompecabezas literario creado a partir de la unión de dos personas completamente distintas?

    El personaje que hoy reconocemos con túnica y sombrero nació en las crónicas del siglo XII gracias a un clérigo galés llamado Geoffrey de Monmouth, quien recopiló antiguas tradiciones celtas para escribir su famosa Historia de los Reyes de Bretaña en 1136. En los manuscritos galeses más antiguos, el sabio original se llamaba Myrddin Wyllt, un bardo y poeta del siglo VI que, tras perder a su rey en la sangrienta batalla de Arfderydd en el año 573, enloqueció de dolor y huyó a vivir como un ermitaño salvaje en los bosques escoceses, adquiriendo supuestos dones proféticos. Al trasladar el relato al latín, el escritor notó que traducir el nombre directamente como Merdinus sonaba exactamente igual a una palabra sumamente vulgar en el francés de la época (Merde, mierda), por lo que alteró el sonido original para bautizarlo formalmente como Merlinus, origen directo del término actual.

    El segundo componente de este ensamble histórico proviene de Ambrosius Aurelianus, un líder militar romano-británico real del siglo V que luchó con éxito contra las invasiones de los sajones. Geoffrey de Monmouth tomó una crónica previa del monje Nennio que narraba las hazañas de un niño profeta sin padre llamado Ambrosio ante el rey Vortigern, y decidió fusionar su biografía con las leyendas del bardo loco del bosque. El autor unió ambas líneas de tiempo, retrasó los hechos varias décadas y creó al híbrido definitivo que llamó Merlinus Ambrosius. Toda la narrativa posterior de Camelot, su papel como consejero de Uther Pendragon y el truco para colocar al rey Arturo en el trono son adiciones literarias medievales que sepultaron la verdadera identidad de un guerrero romano y un bardo proscrito bajo el manto de la hechicería.

    — A. Eldritch, Periodista, Locutor, podcaster y bloger del fediverso

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    #Merlín #Historia #Mitología #EdadMedia #Literatura #Folclore

  13. #datocurioso

    ¿Sabían que el mago Merlín nunca existió bajo ese nombre en las leyendas originales y que su figura actual es un rompecabezas literario creado a partir de la unión de dos personas completamente distintas?

    El personaje que hoy reconocemos con túnica y sombrero nació en las crónicas del siglo XII gracias a un clérigo galés llamado Geoffrey de Monmouth, quien recopiló antiguas tradiciones celtas para escribir su famosa Historia de los Reyes de Bretaña en 1136. En los manuscritos galeses más antiguos, el sabio original se llamaba Myrddin Wyllt, un bardo y poeta del siglo VI que, tras perder a su rey en la sangrienta batalla de Arfderydd en el año 573, enloqueció de dolor y huyó a vivir como un ermitaño salvaje en los bosques escoceses, adquiriendo supuestos dones proféticos. Al trasladar el relato al latín, el escritor notó que traducir el nombre directamente como Merdinus sonaba exactamente igual a una palabra sumamente vulgar en el francés de la época (Merde, mierda), por lo que alteró el sonido original para bautizarlo formalmente como Merlinus, origen directo del término actual.

    El segundo componente de este ensamble histórico proviene de Ambrosius Aurelianus, un líder militar romano-británico real del siglo V que luchó con éxito contra las invasiones de los sajones. Geoffrey de Monmouth tomó una crónica previa del monje Nennio que narraba las hazañas de un niño profeta sin padre llamado Ambrosio ante el rey Vortigern, y decidió fusionar su biografía con las leyendas del bardo loco del bosque. El autor unió ambas líneas de tiempo, retrasó los hechos varias décadas y creó al híbrido definitivo que llamó Merlinus Ambrosius. Toda la narrativa posterior de Camelot, su papel como consejero de Uther Pendragon y el truco para colocar al rey Arturo en el trono son adiciones literarias medievales que sepultaron la verdadera identidad de un guerrero romano y un bardo proscrito bajo el manto de la hechicería.

    — A. Eldritch, Periodista, Locutor, podcaster y bloger del fediverso

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    #Merlín #Historia #Mitología #EdadMedia #Literatura #Folclore

  14. #datocurioso

    ¿Sabían que el mago Merlín nunca existió bajo ese nombre en las leyendas originales y que su figura actual es un rompecabezas literario creado a partir de la unión de dos personas completamente distintas?

    El personaje que hoy reconocemos con túnica y sombrero nació en las crónicas del siglo XII gracias a un clérigo galés llamado Geoffrey de Monmouth, quien recopiló antiguas tradiciones celtas para escribir su famosa Historia de los Reyes de Bretaña en 1136. En los manuscritos galeses más antiguos, el sabio original se llamaba Myrddin Wyllt, un bardo y poeta del siglo VI que, tras perder a su rey en la sangrienta batalla de Arfderydd en el año 573, enloqueció de dolor y huyó a vivir como un ermitaño salvaje en los bosques escoceses, adquiriendo supuestos dones proféticos. Al trasladar el relato al latín, el escritor notó que traducir el nombre directamente como Merdinus sonaba exactamente igual a una palabra sumamente vulgar en el francés de la época (Merde, mierda), por lo que alteró el sonido original para bautizarlo formalmente como Merlinus, origen directo del término actual.

    El segundo componente de este ensamble histórico proviene de Ambrosius Aurelianus, un líder militar romano-británico real del siglo V que luchó con éxito contra las invasiones de los sajones. Geoffrey de Monmouth tomó una crónica previa del monje Nennio que narraba las hazañas de un niño profeta sin padre llamado Ambrosio ante el rey Vortigern, y decidió fusionar su biografía con las leyendas del bardo loco del bosque. El autor unió ambas líneas de tiempo, retrasó los hechos varias décadas y creó al híbrido definitivo que llamó Merlinus Ambrosius. Toda la narrativa posterior de Camelot, su papel como consejero de Uther Pendragon y el truco para colocar al rey Arturo en el trono son adiciones literarias medievales que sepultaron la verdadera identidad de un guerrero romano y un bardo proscrito bajo el manto de la hechicería.

    — A. Eldritch, Periodista, Locutor, podcaster y bloger del fediverso

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    #Merlín #Historia #Mitología #EdadMedia #Literatura #Folclore

  15. #datocurioso

    ¿Sabían que el mago Merlín nunca existió bajo ese nombre en las leyendas originales y que su figura actual es un rompecabezas literario creado a partir de la unión de dos personas completamente distintas?

    El personaje que hoy reconocemos con túnica y sombrero nació en las crónicas del siglo XII gracias a un clérigo galés llamado Geoffrey de Monmouth, quien recopiló antiguas tradiciones celtas para escribir su famosa Historia de los Reyes de Bretaña en 1136. En los manuscritos galeses más antiguos, el sabio original se llamaba Myrddin Wyllt, un bardo y poeta del siglo VI que, tras perder a su rey en la sangrienta batalla de Arfderydd en el año 573, enloqueció de dolor y huyó a vivir como un ermitaño salvaje en los bosques escoceses, adquiriendo supuestos dones proféticos. Al trasladar el relato al latín, el escritor notó que traducir el nombre directamente como Merdinus sonaba exactamente igual a una palabra sumamente vulgar en el francés de la época (Merde, mierda), por lo que alteró el sonido original para bautizarlo formalmente como Merlinus, origen directo del término actual.

    El segundo componente de este ensamble histórico proviene de Ambrosius Aurelianus, un líder militar romano-británico real del siglo V que luchó con éxito contra las invasiones de los sajones. Geoffrey de Monmouth tomó una crónica previa del monje Nennio que narraba las hazañas de un niño profeta sin padre llamado Ambrosio ante el rey Vortigern, y decidió fusionar su biografía con las leyendas del bardo loco del bosque. El autor unió ambas líneas de tiempo, retrasó los hechos varias décadas y creó al híbrido definitivo que llamó Merlinus Ambrosius. Toda la narrativa posterior de Camelot, su papel como consejero de Uther Pendragon y el truco para colocar al rey Arturo en el trono son adiciones literarias medievales que sepultaron la verdadera identidad de un guerrero romano y un bardo proscrito bajo el manto de la hechicería.

    — A. Eldritch, Periodista, Locutor, podcaster y bloger del fediverso

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    #Merlín #Historia #Mitología #EdadMedia #Literatura #Folclore

  16. Como la gente está haciendo presentaciones, allévoy:

    Soy #escritora de #fantasia mayormente, a veces meto la patita en la ciencia ficción.

    Soy aro-ace y siempre me alegra conectar con otros escritores del espectro

    Me interesa la #mitologia (así que no os sorprenderá que me flipe la obra de #MadelineMiller )

    Veo demasiadas series, pero mi gran obsesión actual es Our Flag Means Death (y Entrevista con el vampiro en menor medida)

    Otras obsesiones: #DragonAge y #MassEffect