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  1. Las Penas Son de Nosotros, Las Redes Son Ajenas I

    Están estos dos peces jóvenes nadando y se encuentran por casualidad con un pez mayor nadando en dirección contraria, que les saluda con la cabeza y les dice “Buenos días, chicos. ¿Cómo está el agua?” Y los dos peces jóvenes siguen nadando durante un rato, y finalmente uno de ellos mira al otro y dice “¿Qué demonios es el agua?”.

    Esto es agua

    ¿Las redes somos todos?

    Y eso que no son peces mayores los que se preguntan ¿qué es el agua?

    Siguiendo con el debate sobre si irse de «X»/Twitter y si Las Redes Somos Todos como afirma Gustavo Noriega desde la Revista Seúl y Adriana Amado con Osvaldo Bazán desde Youtube:

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    –En varias oportunidades se refirió a las plataformas como “gatekeepers del espacio público”, en referencia a la función editorial que desarrollan. ¿Podría desarrollar la noción de “censura”, tanto algorítmica como por moderación de contenidos, a la que aludió en otras oportunidades? 

    –Hoy, el acceso a noticias y entretenimientos por parte de las y los argentinos está absolutamente intermediado por dispositivos y plataformas digitales, cuyos sistemas operativos y aplicaciones de entretenimiento les pertenecen, además. Históricamente, los análisis  más benévolos con el accionar de las plataformas las definían como “intermediarias”. Las plataformas ya no pueden ser denominadas como meramente intermediarias, cumplen una función editorial al priorizar determinados contenidos o cuentas por sobre otros, al elaborar perfiles personalizados de los usuarios a los que les ofrecen un determinado feed de noticias y entretenimientos y, como consecuencia, reducen la visibilidad y exhibición de otros contenidos. Son muy opacas en su procedimiento, además: tienen listas negras y listas blancas, algo reconocido por el propio Mark Zuckerberg, dueño de Meta. Esta función editorial disciplina a los que producen contenido de manera industrial.

    –¿Qué forma toma ese disciplinamiento?

    –Me refiero a los medios de comunicación y a las organizaciones políticas (no hago una distinción actores políticos y mediáticos en este punto, dado que ambos son actores sociales, usinas industriales de contenidos informativos y de opinión). La programación algorítmica edita, pondera, prioriza algunos contenidos y formatos o reduce el alcance de la exhibición de otros; eso influye en las decisiones editoriales de las organizaciones productoras de contenido que están presentes en las plataformas, porque la única manera de que esas organizaciones encuentren a su público es habitando las plataformas y sometiéndose a sus cambiantes y opacas reglas de juego.

    –Además de los criterios algorítmicos de selección y visibilización de contenidos, las plataformas han etiquetado cuentas y contenidos en varias ocasiones sin criterios del todo claros. 

    –Ese etiquetado se ha prestado a notables abusos, confundiendo a personas con organizaciones mediáticas, censurando a algunos actores y premiando a otros. La historia de los años recientes está repleta de ese tipo de discrecionalidades. Por eso creo que la Ley de Servicios Digitales europea (DSA) es un avance, porque por primera vez se reconoce e institucionaliza el derecho de apelación de los usuarios. Contiene avances tímidos, pero avances al fin en materia de derechos: por ejemplo, impedir que las plataformas realicen perfiles para vender los datos personales de usuarios menores de edad.  Tienden a atenuar la discrecionalidad y el poder de las plataformas.

    –Hablando de derechos, ¿con qué paradojas se topa el concepto de “libertad de expresión” en un entorno comunicacional tan cambiante como el actual? 

    –Hay que marcar una diferencia entre libertad de prensa, referida a quienes tienen recursos para opinar, y libertad de expresión. En el actual escenario comunicacional, es muy común escuchar que no es necesario preocuparse por estas cuestiones porque cualquiera puede abrir una cuenta en alguna de las redes sociodigitales y opinar libremente. Pero la regulación y amplificación de esas opiniones depende de actores privados, corporativos. Con la revolución digital, esta situación demanda una reflexión. La función de gatekeepers de las plataformas encuentra ejemplos elocuentes en las rebeliones y protestas ciudadanas que hubo en países latinoamericanos recientemente, como es el caso de Colombia o de Chile, donde los hashtags de quienes protestaban fueron directamente censurados por las plataformas. Eso reduce el acceso a la información de carácter público y en consecuencia lesiona el derecho a la libertad de expresión. »

    Martín Becerra:Las big tech socializan riesgos y capturan beneficios

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    En octubre de 2022 Elon Musk compró la red, en la que publicaba una media de 12 mensajes al día, por 44.000 millones de dólares. Dos años después, Twitter ya ni siquiera se llama Twitter, sino X (un nombre que Musk ya utilizó en el pasado para una plataforma de pagos). Los algoritmos dificultan los fenómenos de viralidad espontánea que hicieron popular la plataforma, se prioriza la difusión de las cuentas que pagan por ello y se ha creado un sistema específico para difundir al máximo los mensajes del propietario (unos 68 al día, gran parte de contenido ultraderechista y apoyo a Donald Trump). La red restringe las cuentas que utilizan la palabra “cisgénero” (Musk tiene una hija trans que no le habla) y ha estado prohibida en Brasil durante tres semanas por un enfrentamiento con las autoridades que su dueño también ha llevado a lo personal. Este conflicto se inició cuando la red social se negó a cumplir la orden del juez del Supremo Tribunal brasileño Alexandre de Moraes, que exigía la suspensión de varias cuentas vinculadas con el asalto bolsonarista a Brasilia. Musk ha tuiteado, entre otras cosas, que el juez Moraes es un “dictador” y el presidente Lula “su perrito faldero”, aunque finalmente ha cedido a las exigencias de la justicia brasileña. Si hoy en día su red social recuerda a alguna plaza es a la plaza de los Cubos en el Madrid de los noventa, como dijo el usuario de Mastodon Elías Fraguas.

    “Si dedicamos muchos años a construir nuestras redes, nuestra presencia online, en una plataforma sobre la que no tenemos ningún tipo de control, podemos llevarnos sorpresas desagradables. Está pasando en X y en todas”. dice Marta G. Franco, autora de Las redes son nuestras (Consonni, 2024), en conversación con CTXT por videollamada.»

    «“Lo que ha pasado en Internet en las últimas décadas es que no se ha construido espacio público”, continúa Franco. “Es como si estuviéramos viviendo todas nuestras vidas en centros comerciales, como si nuestros ayuntamientos no hubieran hecho calles, parques, bibliotecas… No se trata de sustituir todos los centros comerciales por asociaciones vecinales, pero necesitamos un ecosistema que permita espacios más plurales, que no esté todo concentrado en manos de cuatro o cinco magnates que nos pueden salir muy mal, como Elon Musk o bastante mal, como Mark Zuckerberg. Esto es un problema para la opinión pública, para nuestra capacidad de tener debates, para la cultura o para la diversidad”, argumenta.»

    Otras formas de estar en Internet

    Mastodon: guía de soberanía digital para charlar con tus vecinas

    Sobre Irse de «X»/Twitter

    https://blognooficial.wordpress.com/2024/09/25/las-penas-son-de-nosotros-las-redes-son-ajenas-ii/

    #irseDeTwitter #irseDeX #martínBecerra #twitter