#hilosdejanadelbosco — Public Fediverse posts
Live and recent posts from across the Fediverse tagged #hilosdejanadelbosco, aggregated by home.social.
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Es fundamental y urgente acabar con el edadismo (aquí pienso específicamente en el que ejercen adultos y mayores contra adolescentes y jóvenes) en los espacios de lucha, porque el edadismo es uno de los principales mecanismos de reproducción del statu quo.
El edadismo es el que permite que una mujer descargue sus traumas y ansiedades causadas por el sistema patriarcal (muchas veces infligidos por su marido u otras figuras masculinas cercanas) contra sus hijos. Los hijos no se solidarizan con la madre ni la perciben como víctima, sino como verdugo, así que no se ponen de su parte, no identifican al verdadero enemigo (quizá, su padre) y, o reproducen esa violencia, o priorizan huir del hogar, aunque eso los introduzca en nuevas formas de precariedad y violencia.
El edadismo es el que hace que los adolescentes y jóvenes perciban a los “boomers“ jubilados no como potenciales camaradas de clase, sino como enemigos y competidores. Han pasado demasiado tiempo escuchando de los adultos que ellos son unos vagos, frágiles y privilegiados, han sido ninguneados demasiadas veces como para que les nazca una simpatía espontánea. (Por supuesto, la maquinaria de propaganda capitalista también está haciendo lo suyo, pero se apoya en el edadismo para lograrlo).
El edadismo es el que rompe la continuidad de los espacios de lucha: los miembros y líderes envejecen y, llegado cierto punto, no hay relevo generacional que sostenga el espacio como antes. No puedes pedir a los jóvenes y nuevos integrantes que simplemente se adapten al espacio, sino que el espacio tiene que estar vivo y dejarse transformar por ellos.
El edadismo aliena, segrega y segmenta, además de ser sencillamente injusto y autoritario y es la fuente de innumerables abusos contra la infancia y la adolescencia, también en entornos supuestamente progresistas o de izquierdas.
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Este vídeo de Religion for Breakfast es muy interesante porque desmiente muchos prejuicios arraigados en la concepción occidental de la naturaleza desde hace siglos.
1) El prejuicio de la separación entre naturaleza y cultura y, de la mano, la asunción de que existe un conflicto inherente entre el ser humano y la naturaleza, de tal modo que el bienestar del ser humano supondría un perjuicio para la naturaleza y viceversa. Esta es la base de ciertas posturas “ecologistas” misántropas, que piensan que solo la extinción del ser humano puede acabar con el destrozo medioambiental. Menos extremo, es también la base del ecologismo conservacionista, que ve como única opción crear entornos naturales completamente separados de la sociedad y de la actividad humana (solo así, se sobreentiende, pueden las especies no humanas tener calidad de vida y preservar su diversidad). En realidad, no solo la biodiversidad es compatible con la presencia humana, sino que los seres humanos, como un agente ecosistémico más, sí podemos tener un impacto beneficioso en la biodiversidad. Esto conecta con el siguiente punto.
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No sé si a alguien le interesará esta historia “motivacional”, pero estoy muy contenta de un logro que he conseguido durante este último cuatrimestre del año.
Este pasado verano, me propuse que durante este curso mi actividad de ejercicio físico fuera la natación.
De niña he ido a natación, teníamos una piscina en mi colegio en la que hacíamos 1 sesión en la asignatura de Educación Física cada semana. Nos cogieron el primer día, nos hicieron una prueba, nos clasificaron por niveles (0: no sabe nadar; 1: nada pero aguanta poco; 2: nada mejor) y no nos movieron de ahí ya no te digo en todo el curso, sino incluso a lo largo de cursos. De por sí yo era esa niña que en EF se quedaba de las últimas cuando se hacían selecciones de equipo, así que ya me tenía por chica torpe y poco atlética, por lo que estar en el grupo 1 durante años y no salir de ahí no pudo sino hacerme interiorizar que nadar (igual que el deporte en general) no era lo mío. Recuerdo decirles a mis padres: ”¡es que siento que me asfixio y me ahogo y me cuesta mucho!”, y esa ha sido siempre mi sensación al nadar. Durante años en esa piscina no aprendí NADA.
Por suerte, estos últimos años he ido descubriendo que muchas cosas que había interiorizado de forma esencialista sobre mí, durante la infancia y la adolescencia, no son verdad, o puedo actuar para que dejen de serlo. Y la verdad es que siempre me ha gustado estar “a remojo”, la sensación de estar en el agua siempre me ha resultado divertida y tranquilizadora, de niña y de adolescente. Genuinamente a mí siempre me habría gustado “saber” nadar. Como en febrero me corté el pelo corto-corto, este curso parecía el mejor momento para probar.
Pues bien, yendo tan solo 1 día en semana (ocasionalmente, 2) he pasado de nadar 200m en verano y no poder más a nadar UN KILÓMETRO en mi última sesión (anteayer). En el siguiente toot os cuento qué he estado haciendo y qué he aprendido :D
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Mi take sobre el tema adolescentes y redes sociales, al hilo de las recientes prohibiciones/propuestas de prohibición:
¿Creo que las redes sociales entrañan riesgos para la salud mental y el adecuado desarrollo cognitivo de los adolescentes? Sí, pero también para los adultos.
¿Creo que las redes sociales entrañan riesgos para la privacidad, así como facilitan la acción de depredadores de menores? Sí.
¿Creo que no se puede tener una actitud de “laissez faire” en lo que se refiere al uso por parte de menores de las redes sociales? También.
Ahora bien. Además de todo esto, creo que las redes sociales (igual que los videojuegos) se están utilizando como chivo expiatorio. En resumidas cuentas, creo que se trata de un discurso populista: los adultos detectan que hay un “problema” entre los adolescentes y, entre los padres, cunde la sensación de estar desbordados, de no tener del todo el control sobre sus hijos y de no saber qué hacer. Los móviles y las consolas han sido desde hace años el blanco de la exasperación de los adultos, por lo que para un político es muy fácil decirles: efectivamente, teníais razón todo este tiempo, el problema son los móviles y las “maquinitas”.
La realidad siempre es mucho más compleja. Los menores son víctimas de la economía de la atención, pero no solo por culpa de TikTok o Instagram. Y también son víctimas de más cosas: de la privatización y creciente hostilidad del espacio público, de los recortes en educación, de la precariedad de sus padres, del clima cultural de pesimismo, de la amenaza del calentamiento global, de la inestabilidad que impide imaginarse un proyecto de futuro (¿qué vivienda?, ¿qué pensión?), de un sistema educativo que les exige más y a la vez no les da ninguna garantía de inserción laboral, de una reacción conservadora con nuevos discursos reforzadores de los roles de género...
Obviamente, sobre todas esas cosas, pocas cosas pretende hacer cualquier gobierno, por “progresista” que sea.
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En estos meses como profesora de filosofía en instituto me he preguntado mucho cómo se puede enseñar, como tal, la ortografía.
Recuerdo las clases de Lengua y Literatura en primaria y en la ESO, en las que memorizábamos los famosos “recuadros amarillos” del libro de texto, con reglas tales como “se escriben con g todos los verbos acabados en -ger y -gir, excepto tejer y crujir”. A menudo para eso teníamos que copiarlos en el cuaderno y a continuación hacer unos ejercicios.
En mi departamento, penalizamos en bachillerato las faltas de ortografía siguiendo los criterios que se aplican en la PAU. Esto lleva a tener que hacer el tedioso trabajo de contabilizar una a una las faltas de cada alumno en cada trabajo y hacer una aritmética del error ortográfico.
Para mí no es muy gratificante el mero hecho de penalizar. Me gustaría ayudarles a mejorar, pero tampoco soy profesora de Lengua ni forma parte de los contenidos de mi materia, así que no tiene sentido para mí dedicar tiempo a una enseñanza directa sobre ortografía en mis clases. En cambio, para quien le pudiera interesar, he creado en mi aula virtual una lista de errores frecuentes (basada en lo que me encuentro en sus exámenes y trabajos) con links a webs de la RAE y de la Fundéu donde se explican las normas pertinentes.
La cuestión es que me pregunto hasta qué punto esto es útil. Es casi un lugar común lo de que hace falta leer para aprender a escribir. Y creo que es cierto, por la siguiente razón: la ortografía es fundamentalmente una cuestión estética.
Me explico.
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Hoy me he visto ‘Mentes peligrosas’ (1995) con mi madre.
Tengo varios problemas con el género de películas profe-se-hace-con-clase-problemática, aparte de lo cansino por repetitivo que se me hace el tópico.
El principal es que su mensaje es profundamente individualista. Se da por hecho que el sistema (las instituciones educativas) va mal, y se ve con ojos negativos, pero la solución no es colectiva, sino individual: el/la profe-coraje es quien lo va a conseguir gracias a... su vocación.
El concepto de vocación tiene un origen religioso. Max Weber, en ‘Ética protestante y espíritu del capitalismo’, explica cómo este concepto se volcó en una ética del trabajo. Dicho simple: se nos dice que nos autorrealizaremos como seres humanos subordinando toda nuestra vida a nuestra “misión” laboral.
Y así ocurre en estas películas: profesores sin vida personal fuera del trabajo, que hasta ponen de su propio dinero —¡y esto se representa como una virtud!— para compensar la falta de recursos en las escuelas. Sacrificando todo por “vocación” se hacen dignos de la admiración del espectador y, supuestamente, de los alumnos, que por primera vez se sienten tenidos en cuenta.
En estas películas, los profesores protagonistas no se sindican, su “lucha” se limita a sacar adelante a *su* grupo de alumnos. Aparentemente, todos los demás profesores son incompetentes, autoritarios o apáticos. No parece que existan asociaciones de profesores que se forman y se organizan colectivamente para construir estrategias juntos.
Este es el modelo ideal de profesor: el que se deja la piel y es más admirable cuanto más ascético sea —no se queja de sus condiciones laborales o su salario, sacrifica su vida y recursos personales en pos de su trabajo—.
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Desde muy pequeñita, he sido una enamorada del amor y ese ha sido para mí un tema fundamental de reflexión (¡y no por nada mi primer y único fanzine lo he dedicado a este asunto!). A pesar de ello (o, quizá más bien, a causa de ello), también he sentido desde muy pequeña rechazo hacia el subgénero romántico, en libros y cine.
Uno de los muchos motivos de ese rechazo es su hiper-fijación con el fenómeno del enamoramiento, dejando de lado lo que tiene que ver con la construcción de una relación amorosa buena y estable a largo plazo (ahí siempre nos dejan con los puntos suspensivos, el: "... y fueron felices".
Por eso, para mí ha solido ser muy importante la distinción entre enamoramiento y amor: una cosa es ese apasionamiento inicial, la vorágine eufórica, y otra cosa es sostener un sentimiento en el tiempo, con el día a día y a través de las adversidades. Lo segundo requiere un esfuerzo activo, es incluso un "arte", que diría Erich Fromm. En este sentido, para mí fue un "lema" fundamental (en mi fanzine creo que aparece) este: "la intensidad de una emoción no es medida de la profundidad del sentimiento". En otras palabras, lo que cuenta no es lo eufórica que te sientes como enamorada, sino lo que construyes con ello.
No me retracto de esa postura, pero en los últimos años he experimentado y comprendido algo, un ingrediente más para la cuestión: más importante que quererse es *gustarse*.
"Me gustas" es una expresión que siempre he sentido asociada a la experiencia preadolescente. Es como me declaré a la persona de la que estaba enamorada con 14 años (con un prudente "Creo que me gustas"). Pero es algo que después no se dice, ¿no? Te declaras con un "Me gustas", pero el momento realmente importante es cuando dices "Te quiero", y ya ni digamos cuando te atreves a decir "Te amo". En resumen, los novios se dicen "Te quiero" y cuando el amor es verdadero y profundo, se dicen "Te amo". Esto pensaba y he aplicado yo hasta hace no tanto.
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Os cuento las decisiones que he tomado desde el 1 de agosto para reducir mi uso del móvil. La mayoría de ellas tienen que ver con hacer menos seductora la pantalla, es decir, que en vez de atraer mi atención, ponérmelo todo muy fácil para usarlo compulsivamente y retenerme, sea yo quien me dirija a usarlo conscientemente, sin perder tanto la noción del tiempo y complicándome los "tics" de uso adquiridos.
Primero, algunas medidas sencillas, como poner la pantalla en blanco y negro (por sugerencia de @Humocefalo). Otra opción, si el móvil la da, es reducir la saturación de los colores. Parece que no, pero somos animales visuales y los colorinchis nos atraen y enganchan una barbaridad; el blanco y negro hace que te centres más en la información estrictamente necesaria y te aleja del consumo de medios (audio)visuales. Si vuestro móvil ofrece configuración de modos o rutinas, una opción (esto he hecho yo) es crear una que devuelva el color a la pantalla con determinadas aplicaciones (en mi caso: mapa, calendario, galería y las apps de observación de pájaros).
La siguiente (este es un clásico) es utilizar un launcher minimalista. Hay muchos para elegir, la mayoría se basan en el mismo principio: reducir al máximo las apps en acceso directo y eliminar los iconos visuales. Esto hace que te tengas que tomar más molestias para ir de una app a otra. Yo estoy usando OLauncher en su versión gratuita, también he probado Before Launcher y está bien (al final son todas muy parecidas).
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Me empecé el otro día El nombre del viento por recomendación de un amigo, me lo acabaré seguramente hoy. A un 10% de terminar, mucho tienen que cambiar las cosas para que no me resulte una novela un poco decepcionante :( Me la recomendaron encarecidamente varias personas a lo largo de toda mi adolescencia, la tenía un poco olvidada, pero me la volvieron a recomendar y pensé en darle una oportunidad (al fin y al cabo Los juegos del hambre me volvieron a gustar re-viendo las pelis y leyendo las precuelas ya de adulta). Pero, puf, será que simplemente a estas alturas de mi vida me cuesta mucho, mucho digerir novelas dirigidas a público general (young adult en este caso, me figuro) y sin embargo escritas descaradamente con un lector masculino en mente.
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Es posible criticar el modo en que la ciencia y sus instituciones operan como un dispositivo de control y de dominación sin por ello ser un “magufo”, ser “anticientífico” o, incluso, caer en la pseudociencia.
Empecemos por decir que es que tampoco las pseudociencias con sus instituciones se libran de ser dispositivos de control y de dominación, por más que operen desde los márgenes. De hecho, es la paradoja en la que recaen los que se llaman a sí mismos “escépticos” que cuestionan una institución dominante solo para convertirse en acérrimos defensores de otra institución que aspira también a dominar pero que no le da para eso y se queda en un nicho. Por eso tanto espacio magufo se solapa con las dinámicas de grupo coercitivo (secta). Pero eso es otra historia en la que no me voy a meter ahora.
El problema de la “ciencia” es que hablamos de ella como un concepto abstracto, una Idea, pero en lo concreto las ciencias son una serie de prácticas llevadas a cabo por una serie de personas en una serie de instituciones, con una determinada cosmovisión y produciendo unos determinados efectos. Lo que quiero decir con esto es que criticar instituciones, prácticas, visiones e intervenciones científicas no significa ser “anticiencia” y plin.
¿La ciencia progresa y aprende de sus errores? Bueno, a grandes rasgos sí. Pero muchas veces no ha bastado con hacer un pequeño ajuste teórico a una disciplina, sino que ha habido que demolerla y reconstruirla con fundamentos nuevos (y nuevas prácticas, métodos...).
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Se ha quedado un buen sábado para hablar de la evolución de la cultura en el ser humano. Vamos, que resumo este paper para quien le interese: https://mas.to/@MU_Peter/114636898747822966
Primero, el contexto teórico:
El concepto de cultura que se maneja en antropología biológica, primatología y disciplinas afines se refiere a patrones de comportamiento que comparte un grupo de individuos y que se transmite socialmente, no genéticamente. Así definida, la cultura no es un rasgo exclusivo de los seres humanos, sino que aparece también en otros taxones animales (primates, cetáceos, aves cantoras, peces e incluso insectos). Estos taxones no están particularmente emparentados entre sí, por lo que la emergencia de la cultura y del aprendizaje social no radicaría tanto en bases filogenéticas (es decir, no sería el rasgo característico de un único linaje animal) cuanto sería contingente y contextual.
Sin embargo, la cultura acumulativa, entendida como el proceso por el cual las innovaciones se incorporan progresivamente en el bagaje de habilidades de una población generando repertorios cada vez más complejos, sí sería un rasgo específicamente humano.
Desde hace décadas, en antropología biológica/paleoantropología se habla de interacción biocultural, coevolución genético-cultural o similares para hacer referencia al modo en que las distintas especies del linaje hominino no son el mero producto pasivo de factores ambientales (ambiente -> gen -> cultura), sino que cambios culturales han producido efectos genéticos a largo plazo (por poner un ejemplo, uno de los más recientes ha sido el desarrollo de la tolerancia a la lactosa durante la edad adulta).
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El otro día, escuchaba desde mi habitación la película de acción que estaba viendo mi padre en el salón, y se me pasó por la cabeza una idea: no es que el contenido romántico esté dirigido a mujeres y a los hombres no les interese el romance; más bien, el romance se escribe de otra forma para el público masculino y en el contexto de una trama heroica de acción.
En las películas de acción dirigidas a público masculino no solo hay “tías buenas” sexualizadas, objeto de deseo puramente sexual. Hay un tema muy recurrente de la “familia”, a la que al protagonista masculino de mediana edad le corresponde proteger, defender, etc., y de la mujer amada que motiva la acción. A veces es un hombre divorciado que aún lidia con el sentimiento de pérdida que no asume, en otras ocasiones es viudo y la esposa perdida es el trauma alrededor del cual se construye la identidad del protagonista. Otras veces la esposa (o la hija) es la damisela en apuros que debe ser rescatada, o la compañera de misión se convierte en el interés romántico (y es atractiva no solo por sexy, sino por carismática, inteligente, independiente... aquí se bebe a veces del estereotipo de la femme fatale).
Pero el romance no puede ser el objetivo principal del protagonista. Es algo así como una especie de misión paralela. De hecho, es habitual el tropo del conflicto trabajo/familia (y aquí la esposa es la que verbaliza todo el tiempo ese conflicto, en forma de demanda). El caso es que el romance también se da con el aspecto de trama de acción: el gancho no son tanto los sentimientos amorosos en sí (de los que se habla poco) cuanto algún elemento de riesgo que demanda la acción épicamente heroica del protagonista.
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Sobre lo de la migración masiva de Twitter, en relación con las personas y organizaciones militantes de izquierdas:
No me preocupa que las empresas no consideren el Fediverso como lugar en el que establecerse: eso habla muy positivamente del Fediverso y no tengo ningún interés en que esto se llene de marcas.
Tampoco me preocupa que "el público general" no considere el Fediverso como lugar al que migrar. Muchas personas no estaban en Twitter porque desearan crear y mantener comunidades virtuales, sino para estar un poco al tanto en un sentido genérico de "lo que se cuece", y para eso hay que estar donde parezca que está todo el mundo.
Lo que me preocupa es que las personas y organizaciones de izquierda no institucional se rijan por esta misma lógica. Pero no es nada nuevo. Hay una tendencia supuestamente maximalista muy arraigada en proyectos de izquierdas a pretender llegar a a) muchas personas y b) en muy poco tiempo. Esto crea la ilusión de que plataformas tipo Twitter pueden ser una herramienta, hasta el punto de que estamos viendo argumentos sobre dar la "batalla cultural" en un tablero de juego cuyas reglas y monetización pone un milmillonario fascistoide.
El problema va más allá de esto de Twitter. En los últimos 10-15 años he visto al menos dos movimientos tochos de izquierdas (lo surgido a partir del 15-M y, más tarde, el estallido ecologista alrededor de 2019) inflarse muy rápidamente y después pinchar, más o menos repentinamente, dejando una estela de activistas y militantes quemados, decepcionados con la militancia y, en el peor de los casos, despolitizados y resentidos. Y sus conquistas ni siquiera lograron ser tan rompedoras en sus picos de máxima popularidad.
No han logrado crear estructuras estables de apoyo mutuo sobre las que se pueda sostener una resistencia a largo plazo, y eso conlleva que las personas que estén dentro estén a gusto.
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Unos apuntes sobre la idea de «amar a alguien con sus defectos»:
Es importante definir a qué nos referimos con “defectos”, porque se pueden colar muchas cosas que conviertan a esta frase en una llamada a la resignación frente al malestar o incluso a la violencia. No se trata de que debas amar a alguien cuyo supuesto “defecto” es una actitud moralmente reprochable.
Una idea que se me ocurre es hablar de “dificultades”, más que de defectos. Creo que es interesante por dos razones:
1. La noción de “defecto” tiene unas connotaciones fatalistas, como si habláramos de un “error de fábrica” congénito sobre el que no se puede hacer nada más que aguantarlo. En cambio, la idea de “dificultad” nos invita a pensarlo como problema ante el cual se pueden (¡y deben!) tomar unas medidas (digo medidas y no soluciones, ya que no toda dificultad es suprimible).
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Hace un par de meses, escuché a una persona decir que ya no hay una conciencia de clase como la que había “antes”, ya que la irrupción en los movimientos de izquierda de discursos feministas, LGBT, etc., habían supuesto una fragmentación que dificultaba esa identificación como clase obrera. Me surgió inmediatamente la pregunta: ¿antes había más conciencia de clase o más bien un cierto “obrerismo identitario”? En apariencia pueden parecer lo mismo, pero no lo son.
El obrerismo como “orgullo obrero” se moviliza, nada más y nada menos, que desde una identidad –la obrera–, entendida de una cierta manera y como reivindicación en sí misma. Se articula en torno a una estética, unas narrativas y unos tópicos que no tienen por qué estar orientados a una emancipación universal y que pueden ser (y de hecho han sido y ahora mismo son) fácilmente cooptados por el reformismo o el reaccionarismo de diferente signo.
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En Italia están planteando no comenzar el curso escolar hasta octubre, dadas las altas temperaturas y la falta de acondicionamiento de las escuelas. Las familias se quejan porque el periodo vacacional es demasiado largo y genera una desigualdad entre las familias que pueden permitirse enviar a sus hijos a campamentos y cursos y las que no.
Varias cosas que considerar aquí:
1) Las escuelas no deberían considerarse los “aparcaderos” de niños para que las personas adultas puedan seguir trabajando y produciendo. El problema aquí no es de las familias, sino de la política laboral. Si tenemos que cuestionar algo, que no sea el derecho al descanso de los peques y adolescentes, sino las pocas vacaciones y condiciones para la conciliación que se les conceden a los trabajadores adultos.
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Retomo el tema sobre el que escribí el otro día, a propósito de la problemática del acceso de los menores a la pornografía (aquí: https://elk.zone/masto.es/@JanaDelBosco).
Una de las cosas que mencionaba, ya en las respuestas y en interlocución con otros usuarios, es que se está tendiendo a enmarcar la cuestión como un problema relacionado con el acceso de /los menores/ en específico. Desde esta postura, la pornografía no sería inherentemente problemática, sino solo su acceso por debajo de una cierta edad. Si a quien sostiene esta postura le preguntas por qué, en muchas ocasiones su respuesta será: "porque en esas edades aún no son capaces de distinguir del todo la ficción de la realidad" (en consecuencia, consideran que es fundamental que la "educación sexual" se oriente a instruir/informar sobre los aspectos reales y ficticios de la sexualidad).
De una afirmación así se desprende la siguiente: que las personas adultas sí somos capaces de distinguir entre ficción y realidad.
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#hilosdejanadelbosco -
Con lo del porno como lo del alcohol: mucha charla sobre lo dañino que es para los menores y mucho debate sobre cómo restringir su acceso para los menores, poca charla y poco debate sobre cómo es dañino también para los adultos y cómo, de hecho, no se puede pretender impedir su consumo entre los menores en una sociedad adultocéntrica en la que los adultos consumen de forma ya no solo normalizada, sino glorificada y glamorizada.
El problema es estructural y generalizado, es importante tomar medidas de protección específica hacia los menores, pero sin perder de vista que es poner un cubo en el suelo bajo una gotera que no para de chorrear.
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Lo último que me he leído ha sido muy interesante (para quien le interese la antropología social y cultural y/o los estudios de género): 'La invención de las mujeres', escrito por la socióloga nigeriana/yorùbá Oyèrónkẹ Oyěwùmí. Básicamente describe cómo en la lengua yorùbá no hay marcadores de género, lo cual tiene que ver con que previamente a la colonización el pueblo yorùbá no se organizaba con base en el género, sino en la senioridad (en las diferencias de edad) y en los linajes, de tal modo que la diferenciación de las mujeres en cuanto "mujeres" como grupo específico sería resultado de la colonización, suponiendo la imposición de una organización social patriarcal/sexista donde previamente no la había. Resulta desafiante hacia los prejuicios o presuposiciones que las feministas podemos hacer desde la concepción del mundo de nuestras culturas de origen. Para mí es un enésimo caso de ¡ojalá hubiera dado esto en la carrera!
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La sinceridad y la consideración no son valores opuestos, sino complementarios, se necesitan recíprocamente para expresar lo mejor de sí. La consideración no es paternalismo ni falsedad si se practica bien. Por consideración aquí entiendo que se produzca una adecuación, un encaje entre lo que es demandado y lo que se ofrece en respuesta. Voy a poner un ejemplo.
Una amiga recientemente, por las razones que sean, ha perdido peso de forma notoria y se siente incómoda e insegura sobre su cuerpo. Se pone una prenda de ropa y te pregunta, nerviosa: “Me he quedado sin pecho, ¿a que sí? Esta prenda ya no me queda nada bien. ¿Qué piensas?”.
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A propósito de la prevención de conductas de riesgo en #adolescentes
Tendemos a pensar en las conductas de riesgo de los adolescentes y jóvenes desde la punta del iceberg. Nos preocupan sus adicciones (químicas –drogas– y conductuales –ludopatía, compulsividad sexual, adicción a la pornografía–) y las conductas de riesgo como “novatadas” (y “retos” de diverso tipo), exposición a ITS, embarazos, etc., pero en vez de entender estos riesgos a partir de la continuidad con la infancia y la niñez, intervenimos de repente en su adolescencia con mensajes que tienden a enfocarse en lo prohibitivo/punitivo: “No hagas esto”, “Es malo para ti”.
Desde ese enfoque, lanzamos campañas (en institutos) y nos dirigimos a los adolescentes (en la familia) desde un enfoque meramente informativo. Es decir, pensamos que se trata de volcar en ellos toda la información disponible sobre peligros y riesgos, en una retórica que, queriendo o no, es de “meter miedo”. 1/8
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Rescato un hilo que publiqué hace alguna semana en Twitter sobre #AACC / #ACI / #altascapacidades
Tener el rasgo “alto sentido de la justicia” que forma parte de los rasgos que se sintetizan bajo la etiqueta “ser de AACC” no significa “ser justo/a” o “actuar siempre bien moralmente”. Significa que los niños/as con dicho rasgo reaccionan de forma particularmente intensa a las transgresiones frente a SU concepto de justicia (o de verdad).
Esto de adulto puede ser un motor para asumir posturas ideológicas emancipadoras,
pero no necesariamente: puedes estar hiper convencido/a de un concepto meritocrático, conservador, reaccionario... de justicia. Se trata simplemente de una cuestión de fervor, de convicción, de reactividad, y que obviamente no es exclusivo de AACC.1/4 Sigue 👇
#hilosdejanadelbosco #educación #claustrovirtual #NEAE #NEE #neurodivergencia
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Rescato un hilo que publiqué hace alguna semana en Twitter sobre #AACC / #ACI / #altascapacidades
Tener el rasgo “alto sentido de la justicia” que forma parte de los rasgos que se sintetizan bajo la etiqueta “ser de AACC” no significa “ser justo/a” o “actuar siempre bien moralmente”. Significa que los niños/as con dicho rasgo reaccionan de forma particularmente intensa a las transgresiones frente a SU concepto de justicia (o de verdad).
Esto de adulto puede ser un motor para asumir posturas ideológicas emancipadoras,
pero no necesariamente: puedes estar hiper convencido/a de un concepto meritocrático, conservador, reaccionario... de justicia. Se trata simplemente de una cuestión de fervor, de convicción, de reactividad, y que obviamente no es exclusivo de AACC.1/4 Sigue 👇
#hilosdejanadelbosco #educación #claustrovirtual #NEAE #NEE #neurodivergencia
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Rescato un hilo que publiqué hace alguna semana en Twitter sobre #AACC / #ACI / #altascapacidades
Tener el rasgo “alto sentido de la justicia” que forma parte de los rasgos que se sintetizan bajo la etiqueta “ser de AACC” no significa “ser justo/a” o “actuar siempre bien moralmente”. Significa que los niños/as con dicho rasgo reaccionan de forma particularmente intensa a las transgresiones frente a SU concepto de justicia (o de verdad).
Esto de adulto puede ser un motor para asumir posturas ideológicas emancipadoras,
pero no necesariamente: puedes estar hiper convencido/a de un concepto meritocrático, conservador, reaccionario... de justicia. Se trata simplemente de una cuestión de fervor, de convicción, de reactividad, y que obviamente no es exclusivo de AACC.1/4 Sigue 👇
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Rescato un hilo que publiqué hace alguna semana en Twitter sobre #AACC / #ACI / #altascapacidades
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Esto de adulto puede ser un motor para asumir posturas ideológicas emancipadoras,
pero no necesariamente: puedes estar hiper convencido/a de un concepto meritocrático, conservador, reaccionario... de justicia. Se trata simplemente de una cuestión de fervor, de convicción, de reactividad, y que obviamente no es exclusivo de AACC.1/4 Sigue 👇
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Rescato un hilo que publiqué hace alguna semana en Twitter sobre #AACC / #ACI / #altascapacidades
Tener el rasgo “alto sentido de la justicia” que forma parte de los rasgos que se sintetizan bajo la etiqueta “ser de AACC” no significa “ser justo/a” o “actuar siempre bien moralmente”. Significa que los niños/as con dicho rasgo reaccionan de forma particularmente intensa a las transgresiones frente a SU concepto de justicia (o de verdad).
Esto de adulto puede ser un motor para asumir posturas ideológicas emancipadoras,
pero no necesariamente: puedes estar hiper convencido/a de un concepto meritocrático, conservador, reaccionario... de justicia. Se trata simplemente de una cuestión de fervor, de convicción, de reactividad, y que obviamente no es exclusivo de AACC.1/4 Sigue 👇
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Soy una aficionada al teatro del Siglo de Oro y todos los años voy a al menos una de las representaciones de la Compañía Nacional de Teatro Clásico (CNTC) en Madrid, en el Teatro de la Comedia.
La semana pasada fui con @Humocefalo a ver 'El castillo de Lindabridis', de Calderón de la Barca y desde entonces ando dándole vueltas a una cosa.
En muchas de estas obras (y, en realidad, también en la ficción contemporánea) la tensión de la trama se sustenta sobre un conflicto que pone en jaque alguna norma social: mujeres que tienen que recuperar su honra tras haber sido engañadas por sus amantes, hombres que tienen que vengar una falta, nobles desclasados... A la vez que hay un tipo de figura relativamente constante (en particular en las comedias), que es la del criado-gracioso: el personaje de clase baja que está ahí para hacer de ayudante al protagonista y hacer reír al público con su ignorancia o torpeza.
Sigo.
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Se da una curiosa “paradoja” en el trato habitual de los adultos hacia los adolescentes: los infantilizan sistemáticamente (negándoles el derecho a hacer valer sus necesidades, a desarrollar y expresar opiniones propias, etc., “qué sabrás tú si solo tienes x años”), pero, a la vez, esperan y demandan de ellos –les reprochan que no se comporten como si tuvieran– un nivel de regulación y madurez emocional que no es del todo posible por razones incluso neurobiológicas y que ni siquiera, en muchas ocasiones, los propios adultos que se quejan de los adolescentes tienen.
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POSTHUMANISMO FILOSÓFICO
Me acabo de terminar este libro, que ha sido muy esclarecedor. Con capítulos y secciones ordenados por preguntas y con una exposición clara, toca un montón de temas para dibujar un mapa de este movimiento filosófico emergente y bastante interesante (a distinguir del quizá más conocido transhumanismo): sus referentes filosóficos, sus contrastes con otras corrientes (como el antihumanismo y el transhumanismo), sus áreas de investigación, sus principales exponentes, propuestas afines...
Para quien no lo conozca y le pueda interesar, aquí debajo hilaré el resumen del concepto de posthumanismo filosófico que me he redactado a partir del libro.
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Con 16 años tomé la decisión de dejar de depilarme. Aprendí muchas cosas que damos por sentado:
– La depilación en nuestras sociedades NO es una elección para las mujeres. Cuando yo leía a las feministas en Internet afirmar esto, siempre había algún iluminado que decía “¡Nadie os pone una pistola en la cabeza!” o incluso “¡Nadie os dice que lo hagáis!”. No hace falta que te pongan una pistola en la cabeza para que algo sea imperativo. Especialmente en el contexto familiar, he sufrido críticas, burlas, presiones, señalamientos en público y chantajes. Fuera de mi familia... a saber lo que se habrá dicho de mí a las espaldas.
– El nivel de interiorización del imperativo de depilación es tal, que me he enfrentado a comentarios como: “¿Y vas a ir al médico así?”. Al MÉDICO, señores. ¿Tengo que ser sexualmente apetecible para el personal de salud o qué?
(Sigo).
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Este fin de semana he visto 'El Prodigio' (The Wonder, 2023) y no quiero incurrir en spoiler, pero creo que su desarrollo y desenlace son una bella muestra de la antropología de la salud aplicada.
La antropología de la salud es una rama de la antropología social y cultural que se ocupa de estudiar la diversidad cultural existente en torno al modo de entender la salud y la enfermedad así como en torno a las prácticas de atención y asistencia relacionadas con ellas.
Una de sus aportaciones ha sido el cuestionamiento de la pretendida universalidad del modelo biomédico occidental (basado en los ideales modernos de la ciencia y de la razón, que en realidad son un producto de la historia de nuestras sociedades), que reduce la atención a la enfermedad a una cuestión técnica: como si el cuerpo enfermo fuese una máquina averiada y el médico un mecánico que utilizará sus conocimientos y aparatos para “curarlo”.
(Sigo en toot más abajo).
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Pensando en cómo hay cierta similitud entre el discurso de formación de una nueva familia(*) y el de ascenso social.
Provienes de clase humilde, trabajadora, y todo el mundo a tu alrededor permanece más o menos en ese contexto. Pero te venden que gracias a la meritocracia, *tú* puedes prosperar, porque eres especial, no eres como los demás, si los demás “fracasaron” es por mediocridad o mala suerte, porque ellos no estaban destinados como tú.
Con la familia, similar. La mayoría de gente que conozco sufre o ha sufrido por sus contextos familiares, en el “mejor de los casos” han tenido padres que expresaban una fuerte resignación, sin amistades de calidad, sin aficiones, con matrimonios quemados sustentados en la costumbre más que en un amor cultivado y sostenido...
(Sigo).
(*) Entendida en su forma “tradicional” o hegemónica: pareja casada, que convive, tiene hijos y su vida gira alrededor de la vida matrimonial/familiar y la crianza.
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El problema no es la censura o el control de la información, sino quién censura y controla la información, cómo y bajo qué criterios.
Con el advenimiento de Internet y, más aún, con las redes sociales, todos nos hemos vuelto productores y transmisores de información, democratizando el acceso, la producción y la distribución de la información.
Sin embargo, no se han generado mecanismos democráticos de control de dicha información, no hay procesos democráticos de toma de decisiones sobre qué información puede ser compartida y cómo. Esto nos lleva a sufrir varios problemas:
(Sigo). #hilosdejanadelbosco
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El elitismo intelectualista (la reclusión y superioridad de los teóricos en su "torre de marfil") y el anti-intelectualismo (el desprecio por la teoría y la actividad de teorización) beben de una misma noción problemática: la separación entre teoría y praxis, considerados como dos momentos, o incluso dos funciones, diferentes.
En la tradición occidental de pensamiento, se ha concebido la teoría como contemplación (esto es lo que el término "teoría" significa en griego, donde "theoros" es "espectador). Es decir, que pensamos el teorizar como un mirar la cosa, desde fuera de la cosa misma. También la entendemos como un "representar", un tomar la realidad mirada y *transcribirla* en un lenguaje verbal.
Sin embargo, la actividad teórica, en realidad, *interviene* sobre la realidad, la modifica y crea nuevas realidades, que no son solo realidades teóricas que habitan un mundo de las ideas reservado a los eruditos que lo contemplan.
(Sigo) #hilosdejanadelbosco