Mi take sobre el tema adolescentes y redes sociales, al hilo de las recientes prohibiciones/propuestas de prohibición:
¿Creo que las redes sociales entrañan riesgos para la salud mental y el adecuado desarrollo cognitivo de los adolescentes? Sí, pero también para los adultos.
¿Creo que las redes sociales entrañan riesgos para la privacidad, así como facilitan la acción de depredadores de menores? Sí.
¿Creo que no se puede tener una actitud de “laissez faire” en lo que se refiere al uso por parte de menores de las redes sociales? También.
Ahora bien. Además de todo esto, creo que las redes sociales (igual que los videojuegos) se están utilizando como chivo expiatorio. En resumidas cuentas, creo que se trata de un discurso populista: los adultos detectan que hay un “problema” entre los adolescentes y, entre los padres, cunde la sensación de estar desbordados, de no tener del todo el control sobre sus hijos y de no saber qué hacer. Los móviles y las consolas han sido desde hace años el blanco de la exasperación de los adultos, por lo que para un político es muy fácil decirles: efectivamente, teníais razón todo este tiempo, el problema son los móviles y las “maquinitas”.
La realidad siempre es mucho más compleja. Los menores son víctimas de la economía de la atención, pero no solo por culpa de TikTok o Instagram. Y también son víctimas de más cosas: de la privatización y creciente hostilidad del espacio público, de los recortes en educación, de la precariedad de sus padres, del clima cultural de pesimismo, de la amenaza del calentamiento global, de la inestabilidad que impide imaginarse un proyecto de futuro (¿qué vivienda?, ¿qué pensión?), de un sistema educativo que les exige más y a la vez no les da ninguna garantía de inserción laboral, de una reacción conservadora con nuevos discursos reforzadores de los roles de género...
Obviamente, sobre todas esas cosas, pocas cosas pretende hacer cualquier gobierno, por “progresista” que sea.
1/x #hilosdejanadelbosco