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  1. Simetrik Agent usa IA para detectar errores financieros en millones de operaciones y automatizar controles

    Simetrik Agent combina inteligencia artificial y controles determinísticos para detectar patrones en millones de operaciones financieras, proponer reglas de conciliación y mantener supervisión humana sobre decisiones críticas.

    Por Deyanira Vázquez | Reportera                                        

    Detectar una diferencia entre millones de operaciones financieras dejó de ser suficiente para las grandes empresas. El reto consiste ahora en determinar si un error es aislado, identificar patrones repetitivos y decidir cuándo automatizar una corrección sin perder control sobre el proceso.

    En México, el Sistema de Pagos Electrónicos Interbancarios (SPEI) procesó durante 2025 más de 7,300 millones de transferencias por un monto cercano a 600 billones de pesos, equivalente a unas 16.8 veces el Producto Interno Bruto (PIB), de acuerdo con datos del Banco de México (Banxico).

    En este escenario, Simetrik, fintech especializada en control de operaciones financieras, desarrolló Simetrik Agent, una herramienta de inteligencia artificial que analiza discrepancias, identifica relaciones entre operaciones y puede proponer nuevas reglas de control antes de incorporarlas a los procesos productivos.

    IA para encontrar patrones entre millones de operaciones

    La compañía sostiene que, antes de automatizar los controles, los errores de conciliación pueden representar pérdidas de hasta 15 puntos básicos sobre el volumen procesado. A ello se agregan los contracargos, que según la información proporcionada por Simetrik representan entre 1% y 2% de las operaciones y pueden generar pérdidas adicionales cuando no se gestionan oportunamente.

    Simetrik Agent busca atender este problema mediante un esquema que combina dos capacidades: inteligencia artificial para analizar el contexto y encontrar relaciones complejas, y un núcleo determinístico con más de 110 funciones de control financiero para producir resultados exactos, verificables y auditables.

    Cuando una diferencia aparece de manera recurrente, el agente puede identificar el patrón y proponer una regla para atender ese tipo de casos. Antes de llevarla a operación, revisa las fuentes involucradas, analiza las dependencias y permite evaluar el impacto del cambio.

    La compañía señala que su plataforma procesa actualmente más de 2,500 millones de registros financieros al día y trabaja con más de 180 organizaciones en más de 50 países.

    El control humano permanece en las decisiones críticas

    Uno de los elementos centrales del sistema es la posibilidad de definir distintos niveles de autonomía. Una empresa puede permitir que el agente ejecute determinadas tareas por sí mismo o exigir autorización humana antes de realizar acciones que tengan consecuencias operativas.

    El sistema también mantiene un registro de las acciones realizadas, los datos utilizados y la lógica aplicada durante el proceso. Simetrik denomina a este modelo “caja abierta” u open box, debido a que los equipos pueden revisar cómo se llegó a cada resultado.

    Después de ejecutar los controles, el agente puede analizar excepciones, agrupar errores y buscar posibles causas, con el propósito de facilitar la investigación de las diferencias detectadas.

    La plataforma también incorpora compatibilidad con el Model Context Protocol (MCP), mecanismo que permite conectar agentes de inteligencia artificial con las capacidades y conocimientos financieros de Simetrik sin tener que reconstruir desde cero las lógicas de conciliación.

    Simetrik amplía su operación con empresas financieras y comerciales

    La empresa reporta presencia en más de 50 países y señala entre sus clientes en México a BBVA, Santander, Femsa, Palacio de Hierro, Soriana, Getnet México, Spin by OXXO, Stori, Bimbo Corporativo y OXXO México.

    La escala de procesamiento también aparece como uno de los principales elementos de la plataforma. Simetrik informa que sus sistemas procesan 2,500 millones de registros diarios y que más de 180 organizaciones utilizan sus servicios.

    El desarrollo de Simetrik Agent forma parte de una estrategia más amplia de la compañía para llevar capacidades de inteligencia artificial a los controles financieros. En agosto de 2026, Simetrik anunció el lanzamiento del agente autónomo con un núcleo determinístico orientado a mantener resultados exactos y auditables.

    Además, el 3 de septiembre de 2026, Mastercard informó que Simetrik fue seleccionada para participar en la primera edición de su programa Start Path enfocada en comercio y servicios agénticos, iniciativa que reúne a empresas que desarrollan infraestructura para operaciones impulsadas por inteligencia artificial. –sn–

    Billetes mexicanos | @SociedadN_

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  2. 🧿 𝑷𝒆𝒑𝒔𝒊, ¿𝑫𝒐́𝒏𝒅𝒆 𝒆𝒔𝒕𝒂́ 𝒎𝒊 𝒂𝒗𝒊𝒐́𝒏? 🧿

    Lo de Pepsi y el avión militar no fue solo una anécdota absurda de los años 90.
    Fue uno de esos momentos en los que una gran multinacional descubrió, demasiado tarde, que un chiste publicitario podía acabar convertido en una batalla legal muy seria.

    Todo empezó en 1996, en plena guerra comercial entre Pepsi y Coca-Cola.
    Pepsi llevaba décadas intentando construir una imagen más joven, más rebelde y más moderna que su rival.
    La marca quería que sus anuncios parecieran videoclips, películas o pequeños espectáculos de cultura pop.
    Y dentro de esa estrategia nació la campaña “Pepsi Stuff”.

    La idea era sencilla: comprabas productos Pepsi, acumulabas puntos y luego podías canjearlos por premios.
    Había camisetas, gafas de sol, chaquetas… merchandising típico de los 90.
    El problema llegó con un anuncio de televisión que decidió exagerar la broma demasiado.

    En el spot aparecía un adolescente llegando al instituto con distintos accesorios de Pepsi.
    Primero una camiseta.
    Luego unas gafas.
    Después una chaqueta de cuero.
    Y finalmente, en el remate humorístico del anuncio, el chico aterrizaba frente al colegio pilotando un avión de combate AV-8 Harrier II.

    Debajo aparecía el texto:
    “Harrier Fighter — 7.000.000 Pepsi Points”.

    Pepsi pensó que era tan ridículo que nadie lo tomaría en serio.
    Pero ahí apareció John Leonard.

    Leonard tenía solo 20 años, pero entendió algo que a la empresa se le había escapado: las bases legales de la promoción permitían comprar puntos adicionales por 10 centavos cada uno.
    Y en ningún sitio se decía expresamente que el avión fuese una broma.

    Así que hizo cuentas.

    Comprar 7 millones de puntos costaba unos 700.000 dólares.

    El problema era conseguir semejante cantidad.
    Pero Leonard no era un adolescente improvisando en un garaje.
    Convenció a varios inversores, entre ellos un empresario llamado Michael Hoffman, que quedó fascinado por el vacío legal.

    El plan era brillante por lo simple que resultaba.

    Leonard reunió 15 puntos reales de Pepsi —porque las normas exigían al menos algunos originales— y envió junto a ellos un cheque por 700.008,50 dólares para comprar el resto.

    Legalmente estaba intentando aceptar una oferta comercial exactamente como aparecía en la promoción.

    Y entonces Pepsi entró en pánico.

    La empresa respondió devolviendo el cheque y afirmando que el anuncio era “obviamente humorístico”.
    Pero Leonard no se echó atrás.
    Demandó a Pepsi por incumplimiento de contrato.

    Aquello convirtió una campaña publicitaria en un caso jurídico histórico.

    El juicio, Leonard v. Pepsico, terminó llegando a un tribunal federal de Nueva York en 1999.
    Y lo fascinante es que durante el proceso no se discutía si Pepsi tenía un avión o no.
    La cuestión real era otra:

    ¿Puede un anuncio televisivo considerarse una oferta contractual válida?

    La jueza Kimba Wood concluyó que no.
    Dictaminó que ninguna persona razonable podría creer seriamente que una empresa de refrescos estaba ofreciendo un avión militar valorado en decenas de millones de dólares.

    Y ahí Pepsi ganó.

    Pero aunque vencieran en los tribunales, la compañía quedó bastante avergonzada.
    Porque el caso había demostrado que su promoción estaba redactada de forma descuidada.

    Después del juicio modificaron el anuncio.
    Cambiaron la cifra del Harrier a 700 millones de puntos y añadieron algo que antes no existía:
    “Just kidding”.
    “Es una broma”.

    Básicamente tuvieron que explicar oficialmente el chiste porque un estudiante universitario estuvo peligrosamente cerca de convertirlo en un problema real.

    Lo más curioso es que, aunque todo parezca una locura, el avión jamás habría terminado en manos de Leonard incluso si hubiese ganado.

    El Harrier no es un coche deportivo ni una avioneta privada.
    Es un avión de ataque militar con sistemas de combate, radar y tecnología restringida.
    El gobierno estadounidense jamás habría permitido entregar un aparato operativo a un civil.

    Además, el anuncio mostraba al joven aterrizando verticalmente en el patio del instituto, algo que en la vida real habría sido un desastre absoluto.
    Los motores de un Harrier generan una potencia brutal.
    El calor y la presión habrían destrozado el suelo y reventado ventanas alrededor.

    Pero el caso se hizo tan famoso porque tocaba algo muy humano:
    la sensación de que una gran empresa había prometido algo y luego intentaba escabullirse diciendo que era “solo humor”.

    Décadas después, Netflix convirtió toda la historia en el documental “Pepsi, ¿dónde está mi avión?”, y ahí mucha gente descubrió que John Leonard nunca fue un oportunista caricaturesco.

    De hecho, hoy trabaja como guardabosques en Alaska, en el Parque Nacional Denali, viviendo una vida bastante tranquila y alejada del mundo corporativo.
    Y lo más llamativo es que tanto él como antiguos ejecutivos de Pepsi hablan ahora del asunto con bastante sentido del humor.

    Pero el caso del Harrier solo fue una pieza más dentro de la guerra salvaje entre Pepsi y Coca-Cola.

    Porque durante décadas ambas compañías protagonizaron probablemente la rivalidad comercial más agresiva del planeta.

    Uno de los movimientos más importantes fue el famoso “Pepsi Challenge” de 1975.

    Pepsi instalaba puestos en centros comerciales y hacía pruebas a ciegas.
    La gente probaba dos vasos sin saber cuál era cuál.
    Y muchísimos elegían Pepsi.

    ¿Por qué?

    Porque Pepsi es ligeramente más dulce que Coca-Cola.
    En un simple sorbo rápido, el cerebro suele reaccionar mejor al sabor más dulce.

    Aquello fue un golpe psicológico enorme para Coca-Cola.

    Tanto que en 1985 la empresa cometió uno de los mayores errores de marketing de todos los tiempos: lanzó la “New Coke”, una fórmula más dulce diseñada para competir directamente con Pepsi.

    El público la odió.

    Y no porque supiera mal necesariamente, sino porque Coca-Cola había tocado algo emocional.
    La marca estaba ligada a recuerdos, costumbres y nostalgia.
    La gente sintió que les habían cambiado parte de su identidad cultural.

    La reacción fue tan brutal que Coca-Cola tuvo que recuperar la fórmula clásica solo tres meses después.

    Y ahí se entendió algo importantísimo:
    la gente no compra solo sabor.
    Compra recuerdos, símbolos y emociones.

    Pepsi, mientras tanto, apostó por otro camino: las celebridades.

    Y ahí fue donde empezó a gastar cifras completamente desorbitadas.

    En 1984 firmaron con Michael Jackson el contrato publicitario más caro jamás visto hasta entonces: 5 millones de dólares.

    Pero el rodaje terminó mal.

    Durante una grabación, los fuegos artificiales explotaron antes de tiempo y el pelo de Michael se incendió delante de las cámaras.
    Sufrió quemaduras importantes en el cuero cabelludo.

    Pepsi acabó pagándole una indemnización de 1,5 millones de dólares, que él donó a un centro médico especializado en quemaduras.

    Años después llegó Madonna.

    Le pagaron otros 5 millones para usar “Like a Prayer” en un anuncio elegante y aparentemente inocente.
    Pero cuando salió el videoclip oficial, lleno de cruces ardiendo y referencias religiosas, estalló el escándalo.

    El Vaticano pidió boicots.

    Pepsi retiró la campaña inmediatamente.

    Madonna se quedó el dinero.

    Y probablemente aprendieron que contratar estrellas gigantes también significa heredar sus polémicas.

    Luego llegaron Britney Spears, Beyoncé, Pink, Cindy Crawford, David Beckham, Shaquille O’Neal…

    Pepsi quería parecer moderna constantemente.
    Coca-Cola buscaba parecer eterna.

    Esa diferencia explica casi toda su rivalidad.

    Y luego está una de las historias más surrealistas de todas:
    el momento en que Pepsi tuvo una flota militar soviética.

    Sí, ocurrió de verdad.

    Durante la Guerra Fría, Pepsi logró entrar en la URSS, convirtiéndose en uno de los primeros productos estadounidenses vendidos allí.
    El problema era que el rublo soviético no podía intercambiarse libremente por dólares.

    Así que hicieron trueques.

    Al principio, Pepsi recibía vodka Stolichnaya como pago.

    Pero el negocio creció tanto que el vodka ya no bastaba para compensar la deuda.
    Entonces la Unión Soviética ofreció algo completamente absurdo:
    submarinos, destructores y barcos militares antiguos.

    Durante unos días, Pepsi técnicamente tuvo una de las mayores flotas navales del mundo.

    Por supuesto, no iban a bombardear a Coca-Cola con submarinos soviéticos.
    Los barcos fueron vendidos rápidamente como chatarra a una empresa noruega para reciclar el metal.

    Pero la imagen quedó para la historia:
    una marca de refrescos “desarmando” indirectamente a la URSS.

    Y quizá lo más increíble de toda esta historia es que muchas de las campañas de Pepsi funcionaban precisamente porque parecían excesivas, ridículas y gigantescas.

    Hasta que un día alguien decidió leer la letra pequeña.

    ▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣

    youtube.com/watch?v=iTkmrAHbwKA

    #pepsi #cocacola #historia #marketing #publicidad #años90 #netflix #michaeljackson #madonna #kendalljenner #guerrafría #curiosidades #documental #empresas #historiacuriosa #cultura_pop #pepsistuff #johnleonard #economia #viral

  3. 🧿 𝑷𝒆𝒑𝒔𝒊, ¿𝑫𝒐́𝒏𝒅𝒆 𝒆𝒔𝒕𝒂́ 𝒎𝒊 𝒂𝒗𝒊𝒐́𝒏? 🧿

    Lo de Pepsi y el avión militar no fue solo una anécdota absurda de los años 90.
    Fue uno de esos momentos en los que una gran multinacional descubrió, demasiado tarde, que un chiste publicitario podía acabar convertido en una batalla legal muy seria.

    Todo empezó en 1996, en plena guerra comercial entre Pepsi y Coca-Cola.
    Pepsi llevaba décadas intentando construir una imagen más joven, más rebelde y más moderna que su rival.
    La marca quería que sus anuncios parecieran videoclips, películas o pequeños espectáculos de cultura pop.
    Y dentro de esa estrategia nació la campaña “Pepsi Stuff”.

    La idea era sencilla: comprabas productos Pepsi, acumulabas puntos y luego podías canjearlos por premios.
    Había camisetas, gafas de sol, chaquetas… merchandising típico de los 90.
    El problema llegó con un anuncio de televisión que decidió exagerar la broma demasiado.

    En el spot aparecía un adolescente llegando al instituto con distintos accesorios de Pepsi.
    Primero una camiseta.
    Luego unas gafas.
    Después una chaqueta de cuero.
    Y finalmente, en el remate humorístico del anuncio, el chico aterrizaba frente al colegio pilotando un avión de combate AV-8 Harrier II.

    Debajo aparecía el texto:
    “Harrier Fighter — 7.000.000 Pepsi Points”.

    Pepsi pensó que era tan ridículo que nadie lo tomaría en serio.
    Pero ahí apareció John Leonard.

    Leonard tenía solo 20 años, pero entendió algo que a la empresa se le había escapado: las bases legales de la promoción permitían comprar puntos adicionales por 10 centavos cada uno.
    Y en ningún sitio se decía expresamente que el avión fuese una broma.

    Así que hizo cuentas.

    Comprar 7 millones de puntos costaba unos 700.000 dólares.

    El problema era conseguir semejante cantidad.
    Pero Leonard no era un adolescente improvisando en un garaje.
    Convenció a varios inversores, entre ellos un empresario llamado Michael Hoffman, que quedó fascinado por el vacío legal.

    El plan era brillante por lo simple que resultaba.

    Leonard reunió 15 puntos reales de Pepsi —porque las normas exigían al menos algunos originales— y envió junto a ellos un cheque por 700.008,50 dólares para comprar el resto.

    Legalmente estaba intentando aceptar una oferta comercial exactamente como aparecía en la promoción.

    Y entonces Pepsi entró en pánico.

    La empresa respondió devolviendo el cheque y afirmando que el anuncio era “obviamente humorístico”.
    Pero Leonard no se echó atrás.
    Demandó a Pepsi por incumplimiento de contrato.

    Aquello convirtió una campaña publicitaria en un caso jurídico histórico.

    El juicio, Leonard v. Pepsico, terminó llegando a un tribunal federal de Nueva York en 1999.
    Y lo fascinante es que durante el proceso no se discutía si Pepsi tenía un avión o no.
    La cuestión real era otra:

    ¿Puede un anuncio televisivo considerarse una oferta contractual válida?

    La jueza Kimba Wood concluyó que no.
    Dictaminó que ninguna persona razonable podría creer seriamente que una empresa de refrescos estaba ofreciendo un avión militar valorado en decenas de millones de dólares.

    Y ahí Pepsi ganó.

    Pero aunque vencieran en los tribunales, la compañía quedó bastante avergonzada.
    Porque el caso había demostrado que su promoción estaba redactada de forma descuidada.

    Después del juicio modificaron el anuncio.
    Cambiaron la cifra del Harrier a 700 millones de puntos y añadieron algo que antes no existía:
    “Just kidding”.
    “Es una broma”.

    Básicamente tuvieron que explicar oficialmente el chiste porque un estudiante universitario estuvo peligrosamente cerca de convertirlo en un problema real.

    Lo más curioso es que, aunque todo parezca una locura, el avión jamás habría terminado en manos de Leonard incluso si hubiese ganado.

    El Harrier no es un coche deportivo ni una avioneta privada.
    Es un avión de ataque militar con sistemas de combate, radar y tecnología restringida.
    El gobierno estadounidense jamás habría permitido entregar un aparato operativo a un civil.

    Además, el anuncio mostraba al joven aterrizando verticalmente en el patio del instituto, algo que en la vida real habría sido un desastre absoluto.
    Los motores de un Harrier generan una potencia brutal.
    El calor y la presión habrían destrozado el suelo y reventado ventanas alrededor.

    Pero el caso se hizo tan famoso porque tocaba algo muy humano:
    la sensación de que una gran empresa había prometido algo y luego intentaba escabullirse diciendo que era “solo humor”.

    Décadas después, Netflix convirtió toda la historia en el documental “Pepsi, ¿dónde está mi avión?”, y ahí mucha gente descubrió que John Leonard nunca fue un oportunista caricaturesco.

    De hecho, hoy trabaja como guardabosques en Alaska, en el Parque Nacional Denali, viviendo una vida bastante tranquila y alejada del mundo corporativo.
    Y lo más llamativo es que tanto él como antiguos ejecutivos de Pepsi hablan ahora del asunto con bastante sentido del humor.

    Pero el caso del Harrier solo fue una pieza más dentro de la guerra salvaje entre Pepsi y Coca-Cola.

    Porque durante décadas ambas compañías protagonizaron probablemente la rivalidad comercial más agresiva del planeta.

    Uno de los movimientos más importantes fue el famoso “Pepsi Challenge” de 1975.

    Pepsi instalaba puestos en centros comerciales y hacía pruebas a ciegas.
    La gente probaba dos vasos sin saber cuál era cuál.
    Y muchísimos elegían Pepsi.

    ¿Por qué?

    Porque Pepsi es ligeramente más dulce que Coca-Cola.
    En un simple sorbo rápido, el cerebro suele reaccionar mejor al sabor más dulce.

    Aquello fue un golpe psicológico enorme para Coca-Cola.

    Tanto que en 1985 la empresa cometió uno de los mayores errores de marketing de todos los tiempos: lanzó la “New Coke”, una fórmula más dulce diseñada para competir directamente con Pepsi.

    El público la odió.

    Y no porque supiera mal necesariamente, sino porque Coca-Cola había tocado algo emocional.
    La marca estaba ligada a recuerdos, costumbres y nostalgia.
    La gente sintió que les habían cambiado parte de su identidad cultural.

    La reacción fue tan brutal que Coca-Cola tuvo que recuperar la fórmula clásica solo tres meses después.

    Y ahí se entendió algo importantísimo:
    la gente no compra solo sabor.
    Compra recuerdos, símbolos y emociones.

    Pepsi, mientras tanto, apostó por otro camino: las celebridades.

    Y ahí fue donde empezó a gastar cifras completamente desorbitadas.

    En 1984 firmaron con Michael Jackson el contrato publicitario más caro jamás visto hasta entonces: 5 millones de dólares.

    Pero el rodaje terminó mal.

    Durante una grabación, los fuegos artificiales explotaron antes de tiempo y el pelo de Michael se incendió delante de las cámaras.
    Sufrió quemaduras importantes en el cuero cabelludo.

    Pepsi acabó pagándole una indemnización de 1,5 millones de dólares, que él donó a un centro médico especializado en quemaduras.

    Años después llegó Madonna.

    Le pagaron otros 5 millones para usar “Like a Prayer” en un anuncio elegante y aparentemente inocente.
    Pero cuando salió el videoclip oficial, lleno de cruces ardiendo y referencias religiosas, estalló el escándalo.

    El Vaticano pidió boicots.

    Pepsi retiró la campaña inmediatamente.

    Madonna se quedó el dinero.

    Y probablemente aprendieron que contratar estrellas gigantes también significa heredar sus polémicas.

    Luego llegaron Britney Spears, Beyoncé, Pink, Cindy Crawford, David Beckham, Shaquille O’Neal…

    Pepsi quería parecer moderna constantemente.
    Coca-Cola buscaba parecer eterna.

    Esa diferencia explica casi toda su rivalidad.

    Y luego está una de las historias más surrealistas de todas:
    el momento en que Pepsi tuvo una flota militar soviética.

    Sí, ocurrió de verdad.

    Durante la Guerra Fría, Pepsi logró entrar en la URSS, convirtiéndose en uno de los primeros productos estadounidenses vendidos allí.
    El problema era que el rublo soviético no podía intercambiarse libremente por dólares.

    Así que hicieron trueques.

    Al principio, Pepsi recibía vodka Stolichnaya como pago.

    Pero el negocio creció tanto que el vodka ya no bastaba para compensar la deuda.
    Entonces la Unión Soviética ofreció algo completamente absurdo:
    submarinos, destructores y barcos militares antiguos.

    Durante unos días, Pepsi técnicamente tuvo una de las mayores flotas navales del mundo.

    Por supuesto, no iban a bombardear a Coca-Cola con submarinos soviéticos.
    Los barcos fueron vendidos rápidamente como chatarra a una empresa noruega para reciclar el metal.

    Pero la imagen quedó para la historia:
    una marca de refrescos “desarmando” indirectamente a la URSS.

    Y quizá lo más increíble de toda esta historia es que muchas de las campañas de Pepsi funcionaban precisamente porque parecían excesivas, ridículas y gigantescas.

    Hasta que un día alguien decidió leer la letra pequeña.

    ▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣

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    #pepsi #cocacola #historia #marketing #publicidad #años90 #netflix #michaeljackson #madonna #kendalljenner #guerrafría #curiosidades #documental #empresas #historiacuriosa #cultura_pop #pepsistuff #johnleonard #economia #viral

  4. 🧿 𝑷𝒆𝒑𝒔𝒊, ¿𝑫𝒐́𝒏𝒅𝒆 𝒆𝒔𝒕𝒂́ 𝒎𝒊 𝒂𝒗𝒊𝒐́𝒏? 🧿

    Lo de Pepsi y el avión militar no fue solo una anécdota absurda de los años 90.
    Fue uno de esos momentos en los que una gran multinacional descubrió, demasiado tarde, que un chiste publicitario podía acabar convertido en una batalla legal muy seria.

    Todo empezó en 1996, en plena guerra comercial entre Pepsi y Coca-Cola.
    Pepsi llevaba décadas intentando construir una imagen más joven, más rebelde y más moderna que su rival.
    La marca quería que sus anuncios parecieran videoclips, películas o pequeños espectáculos de cultura pop.
    Y dentro de esa estrategia nació la campaña “Pepsi Stuff”.

    La idea era sencilla: comprabas productos Pepsi, acumulabas puntos y luego podías canjearlos por premios.
    Había camisetas, gafas de sol, chaquetas… merchandising típico de los 90.
    El problema llegó con un anuncio de televisión que decidió exagerar la broma demasiado.

    En el spot aparecía un adolescente llegando al instituto con distintos accesorios de Pepsi.
    Primero una camiseta.
    Luego unas gafas.
    Después una chaqueta de cuero.
    Y finalmente, en el remate humorístico del anuncio, el chico aterrizaba frente al colegio pilotando un avión de combate AV-8 Harrier II.

    Debajo aparecía el texto:
    “Harrier Fighter — 7.000.000 Pepsi Points”.

    Pepsi pensó que era tan ridículo que nadie lo tomaría en serio.
    Pero ahí apareció John Leonard.

    Leonard tenía solo 20 años, pero entendió algo que a la empresa se le había escapado: las bases legales de la promoción permitían comprar puntos adicionales por 10 centavos cada uno.
    Y en ningún sitio se decía expresamente que el avión fuese una broma.

    Así que hizo cuentas.

    Comprar 7 millones de puntos costaba unos 700.000 dólares.

    El problema era conseguir semejante cantidad.
    Pero Leonard no era un adolescente improvisando en un garaje.
    Convenció a varios inversores, entre ellos un empresario llamado Michael Hoffman, que quedó fascinado por el vacío legal.

    El plan era brillante por lo simple que resultaba.

    Leonard reunió 15 puntos reales de Pepsi —porque las normas exigían al menos algunos originales— y envió junto a ellos un cheque por 700.008,50 dólares para comprar el resto.

    Legalmente estaba intentando aceptar una oferta comercial exactamente como aparecía en la promoción.

    Y entonces Pepsi entró en pánico.

    La empresa respondió devolviendo el cheque y afirmando que el anuncio era “obviamente humorístico”.
    Pero Leonard no se echó atrás.
    Demandó a Pepsi por incumplimiento de contrato.

    Aquello convirtió una campaña publicitaria en un caso jurídico histórico.

    El juicio, Leonard v. Pepsico, terminó llegando a un tribunal federal de Nueva York en 1999.
    Y lo fascinante es que durante el proceso no se discutía si Pepsi tenía un avión o no.
    La cuestión real era otra:

    ¿Puede un anuncio televisivo considerarse una oferta contractual válida?

    La jueza Kimba Wood concluyó que no.
    Dictaminó que ninguna persona razonable podría creer seriamente que una empresa de refrescos estaba ofreciendo un avión militar valorado en decenas de millones de dólares.

    Y ahí Pepsi ganó.

    Pero aunque vencieran en los tribunales, la compañía quedó bastante avergonzada.
    Porque el caso había demostrado que su promoción estaba redactada de forma descuidada.

    Después del juicio modificaron el anuncio.
    Cambiaron la cifra del Harrier a 700 millones de puntos y añadieron algo que antes no existía:
    “Just kidding”.
    “Es una broma”.

    Básicamente tuvieron que explicar oficialmente el chiste porque un estudiante universitario estuvo peligrosamente cerca de convertirlo en un problema real.

    Lo más curioso es que, aunque todo parezca una locura, el avión jamás habría terminado en manos de Leonard incluso si hubiese ganado.

    El Harrier no es un coche deportivo ni una avioneta privada.
    Es un avión de ataque militar con sistemas de combate, radar y tecnología restringida.
    El gobierno estadounidense jamás habría permitido entregar un aparato operativo a un civil.

    Además, el anuncio mostraba al joven aterrizando verticalmente en el patio del instituto, algo que en la vida real habría sido un desastre absoluto.
    Los motores de un Harrier generan una potencia brutal.
    El calor y la presión habrían destrozado el suelo y reventado ventanas alrededor.

    Pero el caso se hizo tan famoso porque tocaba algo muy humano:
    la sensación de que una gran empresa había prometido algo y luego intentaba escabullirse diciendo que era “solo humor”.

    Décadas después, Netflix convirtió toda la historia en el documental “Pepsi, ¿dónde está mi avión?”, y ahí mucha gente descubrió que John Leonard nunca fue un oportunista caricaturesco.

    De hecho, hoy trabaja como guardabosques en Alaska, en el Parque Nacional Denali, viviendo una vida bastante tranquila y alejada del mundo corporativo.
    Y lo más llamativo es que tanto él como antiguos ejecutivos de Pepsi hablan ahora del asunto con bastante sentido del humor.

    Pero el caso del Harrier solo fue una pieza más dentro de la guerra salvaje entre Pepsi y Coca-Cola.

    Porque durante décadas ambas compañías protagonizaron probablemente la rivalidad comercial más agresiva del planeta.

    Uno de los movimientos más importantes fue el famoso “Pepsi Challenge” de 1975.

    Pepsi instalaba puestos en centros comerciales y hacía pruebas a ciegas.
    La gente probaba dos vasos sin saber cuál era cuál.
    Y muchísimos elegían Pepsi.

    ¿Por qué?

    Porque Pepsi es ligeramente más dulce que Coca-Cola.
    En un simple sorbo rápido, el cerebro suele reaccionar mejor al sabor más dulce.

    Aquello fue un golpe psicológico enorme para Coca-Cola.

    Tanto que en 1985 la empresa cometió uno de los mayores errores de marketing de todos los tiempos: lanzó la “New Coke”, una fórmula más dulce diseñada para competir directamente con Pepsi.

    El público la odió.

    Y no porque supiera mal necesariamente, sino porque Coca-Cola había tocado algo emocional.
    La marca estaba ligada a recuerdos, costumbres y nostalgia.
    La gente sintió que les habían cambiado parte de su identidad cultural.

    La reacción fue tan brutal que Coca-Cola tuvo que recuperar la fórmula clásica solo tres meses después.

    Y ahí se entendió algo importantísimo:
    la gente no compra solo sabor.
    Compra recuerdos, símbolos y emociones.

    Pepsi, mientras tanto, apostó por otro camino: las celebridades.

    Y ahí fue donde empezó a gastar cifras completamente desorbitadas.

    En 1984 firmaron con Michael Jackson el contrato publicitario más caro jamás visto hasta entonces: 5 millones de dólares.

    Pero el rodaje terminó mal.

    Durante una grabación, los fuegos artificiales explotaron antes de tiempo y el pelo de Michael se incendió delante de las cámaras.
    Sufrió quemaduras importantes en el cuero cabelludo.

    Pepsi acabó pagándole una indemnización de 1,5 millones de dólares, que él donó a un centro médico especializado en quemaduras.

    Años después llegó Madonna.

    Le pagaron otros 5 millones para usar “Like a Prayer” en un anuncio elegante y aparentemente inocente.
    Pero cuando salió el videoclip oficial, lleno de cruces ardiendo y referencias religiosas, estalló el escándalo.

    El Vaticano pidió boicots.

    Pepsi retiró la campaña inmediatamente.

    Madonna se quedó el dinero.

    Y probablemente aprendieron que contratar estrellas gigantes también significa heredar sus polémicas.

    Luego llegaron Britney Spears, Beyoncé, Pink, Cindy Crawford, David Beckham, Shaquille O’Neal…

    Pepsi quería parecer moderna constantemente.
    Coca-Cola buscaba parecer eterna.

    Esa diferencia explica casi toda su rivalidad.

    Y luego está una de las historias más surrealistas de todas:
    el momento en que Pepsi tuvo una flota militar soviética.

    Sí, ocurrió de verdad.

    Durante la Guerra Fría, Pepsi logró entrar en la URSS, convirtiéndose en uno de los primeros productos estadounidenses vendidos allí.
    El problema era que el rublo soviético no podía intercambiarse libremente por dólares.

    Así que hicieron trueques.

    Al principio, Pepsi recibía vodka Stolichnaya como pago.

    Pero el negocio creció tanto que el vodka ya no bastaba para compensar la deuda.
    Entonces la Unión Soviética ofreció algo completamente absurdo:
    submarinos, destructores y barcos militares antiguos.

    Durante unos días, Pepsi técnicamente tuvo una de las mayores flotas navales del mundo.

    Por supuesto, no iban a bombardear a Coca-Cola con submarinos soviéticos.
    Los barcos fueron vendidos rápidamente como chatarra a una empresa noruega para reciclar el metal.

    Pero la imagen quedó para la historia:
    una marca de refrescos “desarmando” indirectamente a la URSS.

    Y quizá lo más increíble de toda esta historia es que muchas de las campañas de Pepsi funcionaban precisamente porque parecían excesivas, ridículas y gigantescas.

    Hasta que un día alguien decidió leer la letra pequeña.

    ▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣

    youtube.com/watch?v=iTkmrAHbwKA

    #pepsi #cocacola #historia #marketing #publicidad #años90 #netflix #michaeljackson #madonna #kendalljenner #guerrafría #curiosidades #documental #empresas #historiacuriosa #cultura_pop #pepsistuff #johnleonard #economia #viral

  5. 🧿 𝑳𝒂 𝒈𝒖𝒆𝒓𝒓𝒂 𝒅𝒆 𝒍𝒂𝒔 𝒉𝒂𝒎𝒃𝒖𝒓𝒈𝒖𝒆𝒔𝒂𝒔 🧿

    Mucho antes de que las redes sociales existieran, McDonald's y Burger King ya llevaban décadas lanzándose ataques, copiándose ideas y peleando por algo aparentemente simple: vender hamburguesas más rápido que nadie.

    Pero la historia empieza antes de los anuncios agresivos y las patatas gigantes.
    Empieza en carreteras polvorientas de Estados Unidos, cuando comer fuera aún era casi un lujo familiar y nadie imaginaba que una hamburguesa terminaría convirtiéndose en un símbolo global.

    McDonald’s fue el primero.

    Todo comenzó en 1940, cuando los hermanos Richard McDonald y Maurice McDonald abrieron un pequeño restaurante en San Bernardino, California.
    Al principio no tenía nada revolucionario: era un autocine típico americano, con camareras llevando comida a los coches.

    Pero los hermanos se dieron cuenta de algo importante.
    Lo que más vendían no eran platos elaborados.
    Eran hamburguesas, patatas y refrescos.
    Así que hicieron algo radical para la época: simplificaron todo el menú y rediseñaron la cocina casi como una cadena de montaje industrial.

    El sistema se llamó “Speedee Service System”.
    Básicamente aplicaron lógica de fábrica a la comida.
    Cada trabajador hacía una tarea concreta, todo estaba medido al segundo y las hamburguesas salían rapidísimo y baratas.
    Aquello cambió para siempre la restauración moderna.

    El problema es que los hermanos McDonald no eran grandes empresarios expansivos.
    Ahí entra uno de los personajes más importantes y controvertidos de esta historia: Ray Kroc.

    Kroc era vendedor de máquinas de batidos cuando vio el restaurante y entendió inmediatamente el potencial.
    Donde los hermanos veían un restaurante exitoso, él veía miles.
    En 1955 abrió la primera franquicia moderna de McDonald’s en Illinois y comenzó una expansión salvaje.

    Con el tiempo, Kroc terminó quedándose con el control total de la empresa.
    La relación con los hermanos acabó bastante mal.
    Según muchas versiones, sintieron que les habían arrebatado su propia creación. Ray Kroc construyó el imperio, sí, pero la idea original no había sido suya.

    Mientras McDonald’s empezaba a extenderse por Estados Unidos, Burger King aparecía unos años después, en 1953, en Jacksonville, Florida.
    Originalmente ni siquiera se llamaba Burger King, sino Insta-Burger King.
    Sus fundadores fueron Keith J. Kramer y Matthew Burns, inspirados precisamente por el éxito inicial de McDonald’s.

    La empresa tuvo problemas económicos casi desde el principio, y acabó siendo comprada por dos franquiciados: James McLamore y David Edgerton.
    Ellos sí fueron quienes transformaron Burger King en una verdadera rival nacional.

    Y aquí aparece la primera gran diferencia entre ambas cadenas.

    McDonald’s apostaba por uniformidad extrema.
    Todo debía saber igual en cualquier lugar del mundo.
    Burger King, en cambio, empezó a vender una imagen algo más “rebelde”, centrada en hamburguesas más grandes y hechas a la parrilla.
    En 1957 lanzaron la Whopper, que se convirtió en su respuesta directa a la hamburguesa estándar de McDonald’s.

    Desde entonces empezó una guerra comercial que lleva más de medio siglo.

    Durante décadas se copiaron mutuamente:

    🍔menús infantiles,
    🍔desayunos,
    🍔tamaños gigantes,
    🍔promociones,
    🍔juguetes,
    🍔mascotas,
    🍔e incluso colores y estilos de locales.

    Pero lo más divertido fueron los ataques publicitarios.

    Burger King se hizo famosa por provocar constantemente a McDonald’s en anuncios.
    Hubo campañas donde regalaban hamburguesas si alguien iba primero a un McDonald’s, otras donde la “sombra” de los arcos dorados aparecía persiguiendo clientes, y anuncios insinuando que las hamburguesas de Burger King eran más grandes o menos artificiales.

    McDonald’s casi siempre respondió de manera mucho más fría y corporativa, porque durante la mayor parte del tiempo fue la empresa dominante.
    Cuando eres el gigante, normalmente evitas parecer desesperado.

    Aun así, la rivalidad llegó a niveles absurdos.

    En algunos países las cadenas terminaron prácticamente puerta con puerta, observándose como enemigos históricos.
    Y en internet la pelea siguió con memes, campañas virales y bromas públicas constantes.

    Curiosamente, hubo un momento donde Burger King intentó una tregua.

    En 2015 propusieron crear una hamburguesa conjunta llamada “McWhopper” para celebrar el Día de la Paz.
    McDonald’s rechazó la idea públicamente.
    La campaña dio muchísima publicidad a Burger King, que quedó como la marca “divertida” frente al gigante serio.

    Mientras tanto, las dos empresas fueron cambiando de manos.

    Hoy McDonald’s pertenece a McDonald's Corporation, una gigantesca multinacional cotizada en bolsa con miles de franquicias por todo el planeta.
    Ya no existe un “dueño único” como en tiempos de Ray Kroc, aunque grandes fondos de inversión poseen partes importantes de la compañía.

    Burger King actualmente forma parte de Restaurant Brands International, el grupo que también controla cadenas como Tim Hortons o Popeyes.
    Detrás hay fondos financieros enormes y accionistas internacionales.

    Y aquí viene algo curioso: aunque venden hamburguesas, en realidad hoy ambas compañías ganan muchísimo dinero gracias al negocio inmobiliario.

    McDonald’s especialmente perfeccionó un modelo donde compra terrenos y luego alquila los locales a sus propios franquiciados.
    Mucha gente cree que es solo una empresa de comida rápida, pero durante décadas algunos analistas la describieron como una empresa inmobiliaria disfrazada de hamburguesería.

    La rivalidad continúa, aunque el panorama ha cambiado mucho.
    Hoy compiten también contra cadenas más modernas, comida saludable, aplicaciones de reparto y consumidores que miran más ingredientes y precios.

    Pero aun así, pocas guerras comerciales han durado tanto ni han sido tan reconocibles.

    Porque al final, detrás de cada hamburguesa barata, hay una historia enorme de ambición, marketing, dinero y egos empresariales.

    Y todo empezó con dos hermanos intentando servir comida más rápido en una carretera de California.

    ▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣

    𝑇𝘩𝑒 𝐹𝑜𝑢𝑛𝑑𝑒𝑟.
    𝐿𝑎 𝑝𝑒𝑙𝑖́𝑐𝑢𝑙𝑎 𝑒𝑠𝑡𝑎́ 𝑝𝑟𝑜𝑡𝑎𝑔𝑜𝑛𝑖𝑧𝑎𝑑𝑎 𝑝𝑜𝑟 𝑀𝑖𝑐𝘩𝑎𝑒𝑙 𝐾𝑒𝑎𝑡𝑜𝑛 𝑦 𝑐𝑢𝑒𝑛𝑡𝑎 𝑐𝑜́𝑚𝑜 𝑅𝑎𝑦 𝐾𝑟𝑜𝑐 𝑑𝑒𝑠𝑐𝑢𝑏𝑟𝑒 𝑒𝑙 𝑝𝑒𝑞𝑢𝑒𝑛̃𝑜 𝑟𝑒𝑠𝑡𝑎𝑢𝑟𝑎𝑛𝑡𝑒 𝑑𝑒 𝑙𝑜𝑠 𝘩𝑒𝑟𝑚𝑎𝑛𝑜𝑠 𝑀𝑐𝐷𝑜𝑛𝑎𝑙𝑑 𝑒𝑛 𝐶𝑎𝑙𝑖𝑓𝑜𝑟𝑛𝑖𝑎 𝑦 𝑒𝑛𝑡𝑖𝑒𝑛𝑑𝑒 𝑞𝑢𝑒 𝑎𝑞𝑢𝑒𝑙𝑙𝑜 𝑝𝑜𝑑𝑖́𝑎 𝑐𝑜𝑛𝑣𝑒𝑟𝑡𝑖𝑟𝑠𝑒 𝑒𝑛 𝑢𝑛 𝑖𝑚𝑝𝑒𝑟𝑖𝑜.

    youtube.com/watch?v=Jn0wDroANyY

    #historia #mcdonalds #burgerking #comidarapida #raykroc #hamburguesas #empresas #curiosidades #historiasreales #marketing #fastfood #historiadelaalimentacion #culturapopular #negocios #marcas #historiadelcomercio

  6. 🧿 𝑳𝒂 𝒈𝒖𝒆𝒓𝒓𝒂 𝒅𝒆 𝒍𝒂𝒔 𝒉𝒂𝒎𝒃𝒖𝒓𝒈𝒖𝒆𝒔𝒂𝒔 🧿

    Mucho antes de que las redes sociales existieran, McDonald's y Burger King ya llevaban décadas lanzándose ataques, copiándose ideas y peleando por algo aparentemente simple: vender hamburguesas más rápido que nadie.

    Pero la historia empieza antes de los anuncios agresivos y las patatas gigantes.
    Empieza en carreteras polvorientas de Estados Unidos, cuando comer fuera aún era casi un lujo familiar y nadie imaginaba que una hamburguesa terminaría convirtiéndose en un símbolo global.

    McDonald’s fue el primero.

    Todo comenzó en 1940, cuando los hermanos Richard McDonald y Maurice McDonald abrieron un pequeño restaurante en San Bernardino, California.
    Al principio no tenía nada revolucionario: era un autocine típico americano, con camareras llevando comida a los coches.

    Pero los hermanos se dieron cuenta de algo importante.
    Lo que más vendían no eran platos elaborados.
    Eran hamburguesas, patatas y refrescos.
    Así que hicieron algo radical para la época: simplificaron todo el menú y rediseñaron la cocina casi como una cadena de montaje industrial.

    El sistema se llamó “Speedee Service System”.
    Básicamente aplicaron lógica de fábrica a la comida.
    Cada trabajador hacía una tarea concreta, todo estaba medido al segundo y las hamburguesas salían rapidísimo y baratas.
    Aquello cambió para siempre la restauración moderna.

    El problema es que los hermanos McDonald no eran grandes empresarios expansivos.
    Ahí entra uno de los personajes más importantes y controvertidos de esta historia: Ray Kroc.

    Kroc era vendedor de máquinas de batidos cuando vio el restaurante y entendió inmediatamente el potencial.
    Donde los hermanos veían un restaurante exitoso, él veía miles.
    En 1955 abrió la primera franquicia moderna de McDonald’s en Illinois y comenzó una expansión salvaje.

    Con el tiempo, Kroc terminó quedándose con el control total de la empresa.
    La relación con los hermanos acabó bastante mal.
    Según muchas versiones, sintieron que les habían arrebatado su propia creación. Ray Kroc construyó el imperio, sí, pero la idea original no había sido suya.

    Mientras McDonald’s empezaba a extenderse por Estados Unidos, Burger King aparecía unos años después, en 1953, en Jacksonville, Florida.
    Originalmente ni siquiera se llamaba Burger King, sino Insta-Burger King.
    Sus fundadores fueron Keith J. Kramer y Matthew Burns, inspirados precisamente por el éxito inicial de McDonald’s.

    La empresa tuvo problemas económicos casi desde el principio, y acabó siendo comprada por dos franquiciados: James McLamore y David Edgerton.
    Ellos sí fueron quienes transformaron Burger King en una verdadera rival nacional.

    Y aquí aparece la primera gran diferencia entre ambas cadenas.

    McDonald’s apostaba por uniformidad extrema.
    Todo debía saber igual en cualquier lugar del mundo.
    Burger King, en cambio, empezó a vender una imagen algo más “rebelde”, centrada en hamburguesas más grandes y hechas a la parrilla.
    En 1957 lanzaron la Whopper, que se convirtió en su respuesta directa a la hamburguesa estándar de McDonald’s.

    Desde entonces empezó una guerra comercial que lleva más de medio siglo.

    Durante décadas se copiaron mutuamente:

    🍔menús infantiles,
    🍔desayunos,
    🍔tamaños gigantes,
    🍔promociones,
    🍔juguetes,
    🍔mascotas,
    🍔e incluso colores y estilos de locales.

    Pero lo más divertido fueron los ataques publicitarios.

    Burger King se hizo famosa por provocar constantemente a McDonald’s en anuncios.
    Hubo campañas donde regalaban hamburguesas si alguien iba primero a un McDonald’s, otras donde la “sombra” de los arcos dorados aparecía persiguiendo clientes, y anuncios insinuando que las hamburguesas de Burger King eran más grandes o menos artificiales.

    McDonald’s casi siempre respondió de manera mucho más fría y corporativa, porque durante la mayor parte del tiempo fue la empresa dominante.
    Cuando eres el gigante, normalmente evitas parecer desesperado.

    Aun así, la rivalidad llegó a niveles absurdos.

    En algunos países las cadenas terminaron prácticamente puerta con puerta, observándose como enemigos históricos.
    Y en internet la pelea siguió con memes, campañas virales y bromas públicas constantes.

    Curiosamente, hubo un momento donde Burger King intentó una tregua.

    En 2015 propusieron crear una hamburguesa conjunta llamada “McWhopper” para celebrar el Día de la Paz.
    McDonald’s rechazó la idea públicamente.
    La campaña dio muchísima publicidad a Burger King, que quedó como la marca “divertida” frente al gigante serio.

    Mientras tanto, las dos empresas fueron cambiando de manos.

    Hoy McDonald’s pertenece a McDonald's Corporation, una gigantesca multinacional cotizada en bolsa con miles de franquicias por todo el planeta.
    Ya no existe un “dueño único” como en tiempos de Ray Kroc, aunque grandes fondos de inversión poseen partes importantes de la compañía.

    Burger King actualmente forma parte de Restaurant Brands International, el grupo que también controla cadenas como Tim Hortons o Popeyes.
    Detrás hay fondos financieros enormes y accionistas internacionales.

    Y aquí viene algo curioso: aunque venden hamburguesas, en realidad hoy ambas compañías ganan muchísimo dinero gracias al negocio inmobiliario.

    McDonald’s especialmente perfeccionó un modelo donde compra terrenos y luego alquila los locales a sus propios franquiciados.
    Mucha gente cree que es solo una empresa de comida rápida, pero durante décadas algunos analistas la describieron como una empresa inmobiliaria disfrazada de hamburguesería.

    La rivalidad continúa, aunque el panorama ha cambiado mucho.
    Hoy compiten también contra cadenas más modernas, comida saludable, aplicaciones de reparto y consumidores que miran más ingredientes y precios.

    Pero aun así, pocas guerras comerciales han durado tanto ni han sido tan reconocibles.

    Porque al final, detrás de cada hamburguesa barata, hay una historia enorme de ambición, marketing, dinero y egos empresariales.

    Y todo empezó con dos hermanos intentando servir comida más rápido en una carretera de California.

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    𝑇𝘩𝑒 𝐹𝑜𝑢𝑛𝑑𝑒𝑟.
    𝐿𝑎 𝑝𝑒𝑙𝑖́𝑐𝑢𝑙𝑎 𝑒𝑠𝑡𝑎́ 𝑝𝑟𝑜𝑡𝑎𝑔𝑜𝑛𝑖𝑧𝑎𝑑𝑎 𝑝𝑜𝑟 𝑀𝑖𝑐𝘩𝑎𝑒𝑙 𝐾𝑒𝑎𝑡𝑜𝑛 𝑦 𝑐𝑢𝑒𝑛𝑡𝑎 𝑐𝑜́𝑚𝑜 𝑅𝑎𝑦 𝐾𝑟𝑜𝑐 𝑑𝑒𝑠𝑐𝑢𝑏𝑟𝑒 𝑒𝑙 𝑝𝑒𝑞𝑢𝑒𝑛̃𝑜 𝑟𝑒𝑠𝑡𝑎𝑢𝑟𝑎𝑛𝑡𝑒 𝑑𝑒 𝑙𝑜𝑠 𝘩𝑒𝑟𝑚𝑎𝑛𝑜𝑠 𝑀𝑐𝐷𝑜𝑛𝑎𝑙𝑑 𝑒𝑛 𝐶𝑎𝑙𝑖𝑓𝑜𝑟𝑛𝑖𝑎 𝑦 𝑒𝑛𝑡𝑖𝑒𝑛𝑑𝑒 𝑞𝑢𝑒 𝑎𝑞𝑢𝑒𝑙𝑙𝑜 𝑝𝑜𝑑𝑖́𝑎 𝑐𝑜𝑛𝑣𝑒𝑟𝑡𝑖𝑟𝑠𝑒 𝑒𝑛 𝑢𝑛 𝑖𝑚𝑝𝑒𝑟𝑖𝑜.

    youtube.com/watch?v=Jn0wDroANyY

    #historia #mcdonalds #burgerking #comidarapida #raykroc #hamburguesas #empresas #curiosidades #historiasreales #marketing #fastfood #historiadelaalimentacion #culturapopular #negocios #marcas #historiadelcomercio

  7. 🧿 𝑳𝒂 𝒈𝒖𝒆𝒓𝒓𝒂 𝒅𝒆 𝒍𝒂𝒔 𝒉𝒂𝒎𝒃𝒖𝒓𝒈𝒖𝒆𝒔𝒂𝒔 🧿

    Mucho antes de que las redes sociales existieran, McDonald's y Burger King ya llevaban décadas lanzándose ataques, copiándose ideas y peleando por algo aparentemente simple: vender hamburguesas más rápido que nadie.

    Pero la historia empieza antes de los anuncios agresivos y las patatas gigantes.
    Empieza en carreteras polvorientas de Estados Unidos, cuando comer fuera aún era casi un lujo familiar y nadie imaginaba que una hamburguesa terminaría convirtiéndose en un símbolo global.

    McDonald’s fue el primero.

    Todo comenzó en 1940, cuando los hermanos Richard McDonald y Maurice McDonald abrieron un pequeño restaurante en San Bernardino, California.
    Al principio no tenía nada revolucionario: era un autocine típico americano, con camareras llevando comida a los coches.

    Pero los hermanos se dieron cuenta de algo importante.
    Lo que más vendían no eran platos elaborados.
    Eran hamburguesas, patatas y refrescos.
    Así que hicieron algo radical para la época: simplificaron todo el menú y rediseñaron la cocina casi como una cadena de montaje industrial.

    El sistema se llamó “Speedee Service System”.
    Básicamente aplicaron lógica de fábrica a la comida.
    Cada trabajador hacía una tarea concreta, todo estaba medido al segundo y las hamburguesas salían rapidísimo y baratas.
    Aquello cambió para siempre la restauración moderna.

    El problema es que los hermanos McDonald no eran grandes empresarios expansivos.
    Ahí entra uno de los personajes más importantes y controvertidos de esta historia: Ray Kroc.

    Kroc era vendedor de máquinas de batidos cuando vio el restaurante y entendió inmediatamente el potencial.
    Donde los hermanos veían un restaurante exitoso, él veía miles.
    En 1955 abrió la primera franquicia moderna de McDonald’s en Illinois y comenzó una expansión salvaje.

    Con el tiempo, Kroc terminó quedándose con el control total de la empresa.
    La relación con los hermanos acabó bastante mal.
    Según muchas versiones, sintieron que les habían arrebatado su propia creación. Ray Kroc construyó el imperio, sí, pero la idea original no había sido suya.

    Mientras McDonald’s empezaba a extenderse por Estados Unidos, Burger King aparecía unos años después, en 1953, en Jacksonville, Florida.
    Originalmente ni siquiera se llamaba Burger King, sino Insta-Burger King.
    Sus fundadores fueron Keith J. Kramer y Matthew Burns, inspirados precisamente por el éxito inicial de McDonald’s.

    La empresa tuvo problemas económicos casi desde el principio, y acabó siendo comprada por dos franquiciados: James McLamore y David Edgerton.
    Ellos sí fueron quienes transformaron Burger King en una verdadera rival nacional.

    Y aquí aparece la primera gran diferencia entre ambas cadenas.

    McDonald’s apostaba por uniformidad extrema.
    Todo debía saber igual en cualquier lugar del mundo.
    Burger King, en cambio, empezó a vender una imagen algo más “rebelde”, centrada en hamburguesas más grandes y hechas a la parrilla.
    En 1957 lanzaron la Whopper, que se convirtió en su respuesta directa a la hamburguesa estándar de McDonald’s.

    Desde entonces empezó una guerra comercial que lleva más de medio siglo.

    Durante décadas se copiaron mutuamente:

    🍔menús infantiles,
    🍔desayunos,
    🍔tamaños gigantes,
    🍔promociones,
    🍔juguetes,
    🍔mascotas,
    🍔e incluso colores y estilos de locales.

    Pero lo más divertido fueron los ataques publicitarios.

    Burger King se hizo famosa por provocar constantemente a McDonald’s en anuncios.
    Hubo campañas donde regalaban hamburguesas si alguien iba primero a un McDonald’s, otras donde la “sombra” de los arcos dorados aparecía persiguiendo clientes, y anuncios insinuando que las hamburguesas de Burger King eran más grandes o menos artificiales.

    McDonald’s casi siempre respondió de manera mucho más fría y corporativa, porque durante la mayor parte del tiempo fue la empresa dominante.
    Cuando eres el gigante, normalmente evitas parecer desesperado.

    Aun así, la rivalidad llegó a niveles absurdos.

    En algunos países las cadenas terminaron prácticamente puerta con puerta, observándose como enemigos históricos.
    Y en internet la pelea siguió con memes, campañas virales y bromas públicas constantes.

    Curiosamente, hubo un momento donde Burger King intentó una tregua.

    En 2015 propusieron crear una hamburguesa conjunta llamada “McWhopper” para celebrar el Día de la Paz.
    McDonald’s rechazó la idea públicamente.
    La campaña dio muchísima publicidad a Burger King, que quedó como la marca “divertida” frente al gigante serio.

    Mientras tanto, las dos empresas fueron cambiando de manos.

    Hoy McDonald’s pertenece a McDonald's Corporation, una gigantesca multinacional cotizada en bolsa con miles de franquicias por todo el planeta.
    Ya no existe un “dueño único” como en tiempos de Ray Kroc, aunque grandes fondos de inversión poseen partes importantes de la compañía.

    Burger King actualmente forma parte de Restaurant Brands International, el grupo que también controla cadenas como Tim Hortons o Popeyes.
    Detrás hay fondos financieros enormes y accionistas internacionales.

    Y aquí viene algo curioso: aunque venden hamburguesas, en realidad hoy ambas compañías ganan muchísimo dinero gracias al negocio inmobiliario.

    McDonald’s especialmente perfeccionó un modelo donde compra terrenos y luego alquila los locales a sus propios franquiciados.
    Mucha gente cree que es solo una empresa de comida rápida, pero durante décadas algunos analistas la describieron como una empresa inmobiliaria disfrazada de hamburguesería.

    La rivalidad continúa, aunque el panorama ha cambiado mucho.
    Hoy compiten también contra cadenas más modernas, comida saludable, aplicaciones de reparto y consumidores que miran más ingredientes y precios.

    Pero aun así, pocas guerras comerciales han durado tanto ni han sido tan reconocibles.

    Porque al final, detrás de cada hamburguesa barata, hay una historia enorme de ambición, marketing, dinero y egos empresariales.

    Y todo empezó con dos hermanos intentando servir comida más rápido en una carretera de California.

    ▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣

    𝑇𝘩𝑒 𝐹𝑜𝑢𝑛𝑑𝑒𝑟.
    𝐿𝑎 𝑝𝑒𝑙𝑖́𝑐𝑢𝑙𝑎 𝑒𝑠𝑡𝑎́ 𝑝𝑟𝑜𝑡𝑎𝑔𝑜𝑛𝑖𝑧𝑎𝑑𝑎 𝑝𝑜𝑟 𝑀𝑖𝑐𝘩𝑎𝑒𝑙 𝐾𝑒𝑎𝑡𝑜𝑛 𝑦 𝑐𝑢𝑒𝑛𝑡𝑎 𝑐𝑜́𝑚𝑜 𝑅𝑎𝑦 𝐾𝑟𝑜𝑐 𝑑𝑒𝑠𝑐𝑢𝑏𝑟𝑒 𝑒𝑙 𝑝𝑒𝑞𝑢𝑒𝑛̃𝑜 𝑟𝑒𝑠𝑡𝑎𝑢𝑟𝑎𝑛𝑡𝑒 𝑑𝑒 𝑙𝑜𝑠 𝘩𝑒𝑟𝑚𝑎𝑛𝑜𝑠 𝑀𝑐𝐷𝑜𝑛𝑎𝑙𝑑 𝑒𝑛 𝐶𝑎𝑙𝑖𝑓𝑜𝑟𝑛𝑖𝑎 𝑦 𝑒𝑛𝑡𝑖𝑒𝑛𝑑𝑒 𝑞𝑢𝑒 𝑎𝑞𝑢𝑒𝑙𝑙𝑜 𝑝𝑜𝑑𝑖́𝑎 𝑐𝑜𝑛𝑣𝑒𝑟𝑡𝑖𝑟𝑠𝑒 𝑒𝑛 𝑢𝑛 𝑖𝑚𝑝𝑒𝑟𝑖𝑜.

    youtube.com/watch?v=Jn0wDroANyY

    #historia #mcdonalds #burgerking #comidarapida #raykroc #hamburguesas #empresas #curiosidades #historiasreales #marketing #fastfood #historiadelaalimentacion #culturapopular #negocios #marcas #historiadelcomercio

  8. 🧿 𝑳𝒂 𝒈𝒖𝒆𝒓𝒓𝒂 𝒅𝒆 𝒍𝒂𝒔 𝒉𝒂𝒎𝒃𝒖𝒓𝒈𝒖𝒆𝒔𝒂𝒔 🧿

    Mucho antes de que las redes sociales existieran, McDonald's y Burger King ya llevaban décadas lanzándose ataques, copiándose ideas y peleando por algo aparentemente simple: vender hamburguesas más rápido que nadie.

    Pero la historia empieza antes de los anuncios agresivos y las patatas gigantes.
    Empieza en carreteras polvorientas de Estados Unidos, cuando comer fuera aún era casi un lujo familiar y nadie imaginaba que una hamburguesa terminaría convirtiéndose en un símbolo global.

    McDonald’s fue el primero.

    Todo comenzó en 1940, cuando los hermanos Richard McDonald y Maurice McDonald abrieron un pequeño restaurante en San Bernardino, California.
    Al principio no tenía nada revolucionario: era un autocine típico americano, con camareras llevando comida a los coches.

    Pero los hermanos se dieron cuenta de algo importante.
    Lo que más vendían no eran platos elaborados.
    Eran hamburguesas, patatas y refrescos.
    Así que hicieron algo radical para la época: simplificaron todo el menú y rediseñaron la cocina casi como una cadena de montaje industrial.

    El sistema se llamó “Speedee Service System”.
    Básicamente aplicaron lógica de fábrica a la comida.
    Cada trabajador hacía una tarea concreta, todo estaba medido al segundo y las hamburguesas salían rapidísimo y baratas.
    Aquello cambió para siempre la restauración moderna.

    El problema es que los hermanos McDonald no eran grandes empresarios expansivos.
    Ahí entra uno de los personajes más importantes y controvertidos de esta historia: Ray Kroc.

    Kroc era vendedor de máquinas de batidos cuando vio el restaurante y entendió inmediatamente el potencial.
    Donde los hermanos veían un restaurante exitoso, él veía miles.
    En 1955 abrió la primera franquicia moderna de McDonald’s en Illinois y comenzó una expansión salvaje.

    Con el tiempo, Kroc terminó quedándose con el control total de la empresa.
    La relación con los hermanos acabó bastante mal.
    Según muchas versiones, sintieron que les habían arrebatado su propia creación. Ray Kroc construyó el imperio, sí, pero la idea original no había sido suya.

    Mientras McDonald’s empezaba a extenderse por Estados Unidos, Burger King aparecía unos años después, en 1953, en Jacksonville, Florida.
    Originalmente ni siquiera se llamaba Burger King, sino Insta-Burger King.
    Sus fundadores fueron Keith J. Kramer y Matthew Burns, inspirados precisamente por el éxito inicial de McDonald’s.

    La empresa tuvo problemas económicos casi desde el principio, y acabó siendo comprada por dos franquiciados: James McLamore y David Edgerton.
    Ellos sí fueron quienes transformaron Burger King en una verdadera rival nacional.

    Y aquí aparece la primera gran diferencia entre ambas cadenas.

    McDonald’s apostaba por uniformidad extrema.
    Todo debía saber igual en cualquier lugar del mundo.
    Burger King, en cambio, empezó a vender una imagen algo más “rebelde”, centrada en hamburguesas más grandes y hechas a la parrilla.
    En 1957 lanzaron la Whopper, que se convirtió en su respuesta directa a la hamburguesa estándar de McDonald’s.

    Desde entonces empezó una guerra comercial que lleva más de medio siglo.

    Durante décadas se copiaron mutuamente:

    🍔menús infantiles,
    🍔desayunos,
    🍔tamaños gigantes,
    🍔promociones,
    🍔juguetes,
    🍔mascotas,
    🍔e incluso colores y estilos de locales.

    Pero lo más divertido fueron los ataques publicitarios.

    Burger King se hizo famosa por provocar constantemente a McDonald’s en anuncios.
    Hubo campañas donde regalaban hamburguesas si alguien iba primero a un McDonald’s, otras donde la “sombra” de los arcos dorados aparecía persiguiendo clientes, y anuncios insinuando que las hamburguesas de Burger King eran más grandes o menos artificiales.

    McDonald’s casi siempre respondió de manera mucho más fría y corporativa, porque durante la mayor parte del tiempo fue la empresa dominante.
    Cuando eres el gigante, normalmente evitas parecer desesperado.

    Aun así, la rivalidad llegó a niveles absurdos.

    En algunos países las cadenas terminaron prácticamente puerta con puerta, observándose como enemigos históricos.
    Y en internet la pelea siguió con memes, campañas virales y bromas públicas constantes.

    Curiosamente, hubo un momento donde Burger King intentó una tregua.

    En 2015 propusieron crear una hamburguesa conjunta llamada “McWhopper” para celebrar el Día de la Paz.
    McDonald’s rechazó la idea públicamente.
    La campaña dio muchísima publicidad a Burger King, que quedó como la marca “divertida” frente al gigante serio.

    Mientras tanto, las dos empresas fueron cambiando de manos.

    Hoy McDonald’s pertenece a McDonald's Corporation, una gigantesca multinacional cotizada en bolsa con miles de franquicias por todo el planeta.
    Ya no existe un “dueño único” como en tiempos de Ray Kroc, aunque grandes fondos de inversión poseen partes importantes de la compañía.

    Burger King actualmente forma parte de Restaurant Brands International, el grupo que también controla cadenas como Tim Hortons o Popeyes.
    Detrás hay fondos financieros enormes y accionistas internacionales.

    Y aquí viene algo curioso: aunque venden hamburguesas, en realidad hoy ambas compañías ganan muchísimo dinero gracias al negocio inmobiliario.

    McDonald’s especialmente perfeccionó un modelo donde compra terrenos y luego alquila los locales a sus propios franquiciados.
    Mucha gente cree que es solo una empresa de comida rápida, pero durante décadas algunos analistas la describieron como una empresa inmobiliaria disfrazada de hamburguesería.

    La rivalidad continúa, aunque el panorama ha cambiado mucho.
    Hoy compiten también contra cadenas más modernas, comida saludable, aplicaciones de reparto y consumidores que miran más ingredientes y precios.

    Pero aun así, pocas guerras comerciales han durado tanto ni han sido tan reconocibles.

    Porque al final, detrás de cada hamburguesa barata, hay una historia enorme de ambición, marketing, dinero y egos empresariales.

    Y todo empezó con dos hermanos intentando servir comida más rápido en una carretera de California.

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    𝑇𝘩𝑒 𝐹𝑜𝑢𝑛𝑑𝑒𝑟.
    𝐿𝑎 𝑝𝑒𝑙𝑖́𝑐𝑢𝑙𝑎 𝑒𝑠𝑡𝑎́ 𝑝𝑟𝑜𝑡𝑎𝑔𝑜𝑛𝑖𝑧𝑎𝑑𝑎 𝑝𝑜𝑟 𝑀𝑖𝑐𝘩𝑎𝑒𝑙 𝐾𝑒𝑎𝑡𝑜𝑛 𝑦 𝑐𝑢𝑒𝑛𝑡𝑎 𝑐𝑜́𝑚𝑜 𝑅𝑎𝑦 𝐾𝑟𝑜𝑐 𝑑𝑒𝑠𝑐𝑢𝑏𝑟𝑒 𝑒𝑙 𝑝𝑒𝑞𝑢𝑒𝑛̃𝑜 𝑟𝑒𝑠𝑡𝑎𝑢𝑟𝑎𝑛𝑡𝑒 𝑑𝑒 𝑙𝑜𝑠 𝘩𝑒𝑟𝑚𝑎𝑛𝑜𝑠 𝑀𝑐𝐷𝑜𝑛𝑎𝑙𝑑 𝑒𝑛 𝐶𝑎𝑙𝑖𝑓𝑜𝑟𝑛𝑖𝑎 𝑦 𝑒𝑛𝑡𝑖𝑒𝑛𝑑𝑒 𝑞𝑢𝑒 𝑎𝑞𝑢𝑒𝑙𝑙𝑜 𝑝𝑜𝑑𝑖́𝑎 𝑐𝑜𝑛𝑣𝑒𝑟𝑡𝑖𝑟𝑠𝑒 𝑒𝑛 𝑢𝑛 𝑖𝑚𝑝𝑒𝑟𝑖𝑜.

    youtube.com/watch?v=Jn0wDroANyY

    #historia #mcdonalds #burgerking #comidarapida #raykroc #hamburguesas #empresas #curiosidades #historiasreales #marketing #fastfood #historiadelaalimentacion #culturapopular #negocios #marcas #historiadelcomercio

  9. ¡Prepara tu marca para un lanzamiento verdaderamente memorable! 🚀✨💎
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    Una estrategia de Go-To-Market bien diseñada es la hoja de ruta maestra que transforma una gran solución en un éxito comercial sólido y brillante. 🗺️🏆

    Explora los pasos esenciales para que tu propuesta de valor llegue a las manos correctas en el momento ideal, potenciando tu crecimiento desde el primer segundo. 🤝😊

    #GoToMarket #Empresas #Estrategia #Liderazgo #Marketing #Negocios #Business #Mercado

  10. ¿Sabías que un pequeño descuido en tu registro laboral puede costar miles de euros? 💸

    Las inspecciones de trabajo son ahora más frecuentes y digitales. No te la juegues: descubre los errores más comunes y protege tu empresa de sanciones evitables. 🛡️

    Lee el artículo completo aquí: adlanter.com/blog/errores-insp

    #InspeccionDeTrabajo #Empresas #RRHH #SeguridadSocial #Legal #Autónomos

  11. 🌡️ Los culpables tienen cara: las 180 #empresas más emisoras de #CO2 agravaron la virulencia de las #olasdecalor. En esta lista estarían las compañías #petroleras #Gazprom #ExxonMobil #Chevron #BP #Aramco #Shell o la española #Repsol (en el puesto 50), según un equipo de investigadores que ha hecho el ejercicio de cuantificar el impacto de estos actores en la crisis climática y que, según los expertos, abre una vía para reclamar en los tribunales
    en.eldiario.es/fDRVZW

  12. 👉 A Artijoc comparteixen jocs, idees i també vehicles!

    🚗 Amb #SomMobilitat han trobat una manera de moure’s que encaixa amb els valors de la cooperativa; mobilitat sostenible, compartida i compromesa amb el planeta.

    🗣 Coneix l'experiència d'Artijoc i uneix-te a la mobilitat compartida!

    📎 sommobilitat.coop/lloguer-per-

    #Sostenibilitat #Intercooperació #Sostenibilidad #Intercooperación
    #Empreses #Empresa #Empresas #Experiències3Som

  13. 👉 A Artijoc comparteixen jocs, idees i també vehicles!

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  14. Empresa de encuestas en línea elige a Costa Rica como primera sede para América Latina

    SurveyMonkey, plataforma de encuestas y formularios en línea, anunció hoy la apertura de su primera oficina en América Latina que estará ubicada en Costa Rica. La compañía señaló que el capital humano calificado del país y su ubicación estratégica para los clientes localizados tanto en América del Norte, del Sur y Centroam [...]

    #Economía #Empresa #Empresarial #Empresas #SurveyMonkey

    crhoy.com/economia/empresa-de-

  15. La Asociación Musical Banda de Vallecas solicita a la Junta Municipal una serie de medidas para garantizar su continuidad 🎼🎶🎷🥁🪈

    La Asociación Musical Banda de Vallecas ha presentado en el pleno de la Junta Municipal del distrito de Puente de Vallecas una proposición con el objetivo de mejorar su situación actual y garantizar su permanencia.

    Tras que en el 2004, la Junta Municipal les obligase a constituirse como asociación independiente, se ha producido un distanciamiento con la institución que ha supuesto una pérdida de una serie de beneficios (financiación del vestuario de la banda, patrocinio de los eventos o presencia institucional en todos los conciertos), y ahora el caché depende de las empresas promotoras que gestionan los eventos.

    Además, la sala de ensayo que se les ha facilitado en el Centro Cultural El Pozo del Tío Raimundo, tiene una serie de deficiencias: lejanía y limitaciones en el transporte público, poco espacio para todos los miembros y sus instrumentos, problemas con la climatización…

    Para conocer todos los detalles de su misiva a la Junta Municipal de Puente de Vallecas, podéis leer la noticia completa pulsando en el siguiente enlace:

    portalvallecas.es/la-asociacio

    #Música #Conciertos #Asociación #BandaMusical #BandadeVallecas #Ensayos #Instrumentos #Instalaciones #Acuerdos #Pliegos #Contratos #Presupuestos #Empresas #JuntaMunicipal #PuentedeVallecas #Vallecas #Vallekas

  16. Un gobierno que niega el #SobrecalentamientoGlobal, destruye la #ObraPública necesaria, aumenta las #tarifas de las #empresas privatizadas que no prestan los servicios contratados, incrementa el costo de vida mientras hunde #salarios y #jubilaciones, miente que #NoHayPlata para que los pibes coman mientras destina plata a movilizar al #AparatoRepresor en un circo pro #narcos y en el #nepotismo clásico de #LaCasta... Es un gobierno inadmisible, que no se puede tolerar.
    #FueraMilei #Argentina #24M

  17. O deputado @FGuerreiroMEP destaca esta semana a aprovação do orçamento para 2023 e explica o contributo neste documento em diversas áreas como a protecção de #ecossistemas, os #transportes, as #empresas, #energia, #imigração e até o programa #Erasmus.

    #PEPlenária #eurodeputados

    🐦🔗: nitter.eu/Europarl_PT/status/1