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  1. Vitaminas, de Raymond Carver: la noche en que todo se tuerce

    Cambio de libro. Después de ir desgranando ¿Quieres hacer el favor de callarte, por favor?, quiero abrir otro hilo con Catedral, la colección que para muchos es la obra más madura de Raymond Carver. Empiezo por «Vitaminas», el sexto relato del libro, porque es de los que mejor resume, en pocas páginas, lo que Carver sabe hacer.

    Foto: Unsplash

    Un matrimonio que se apaga sin ruido

    El narrador limpia un hospital por las noches, un trabajo que él mismo llama “de nada”. Su mujer, Patti, vende vitaminas a domicilio, y con el tiempo ha llegado a montar su propia oficina y llevar un pequeño equipo de vendedoras. No hay gritos ni portazos entre ellos. Hay algo peor: una vida que sigue funcionando por pura inercia, mientras por dentro ya no queda gran cosa.

    Entre las vendedoras de Patti está Donna. El narrador empieza a fijarse en ella después de un momento cómplice en una fiesta de Navidad, y esa atracción, tan poco dicha como todo en Carver, va a acabar llevándolos a los dos a un sitio del que no van a salir igual.

    La noche en el Off-Broadway

    Foto: Unsplash

    El narrador ve el coche de Donna aparcado junto a un bar de mala muerte, el Off-Broadway, y entra. Una copa lleva a otra, y unos conocidos les presentan a Nelson, un veterano que acaba de volver de Vietnam. Lo que empieza como una charla de bar se vuelve, poco a poco, amenazante.

    Nelson lleva encima una oreja humana reseca, un trofeo de guerra que enseña sin que nadie se lo pida. Cuando Donna lo rechaza, él responde con una propuesta explícita y sórdida, delante de todos. Solo la intervención del dueño del bar corta la escena antes de que vaya a más.

    Lo que queda después

    De camino a casa, ya en el coche, Donna confiesa que necesitaba el dinero que Nelson le ofrecía, y habla de irse a Portland, como quien busca una salida de toda esta vida. El narrador la deja y vuelve a la suya, donde encuentra a Patti sonámbula, a oscuras, buscando una aspirina que no aparece.

    Carver no explica qué siente el narrador con todo lo que ha pasado esa noche. Simplemente lo deja ahí, despierto, con su mujer perdida en su propio sueño y él cargando con algo que no va a poder contarle a nadie. Ese silencio final, otra vez, dice más que cualquier confesión.

    ¿Alguna vez habéis notado que una relación se apagaba antes de que pasara nada “grave” de verdad? Contádmelo, tengo curiosidad.

    Seguiré con este hilo de Catedral más adelante. Si os apetece que analice otro relato del libro, decídmelo.

    Sigue leyendo en Rincones de papel:

    #booklovers #bookreview #bookstodon #Catedral #cuento #lectura #leer #libros #Literatura #LiteraturaNorteamericana #RaymondCarver #RealismoSucio #relatos
  2. Vitaminas, de Raymond Carver: la noche en que todo se tuerce

    Cambio de libro. Después de ir desgranando ¿Quieres hacer el favor de callarte, por favor?, quiero abrir otro hilo con Catedral, la colección que para muchos es la obra más madura de Raymond Carver. Empiezo por «Vitaminas», el sexto relato del libro, porque es de los que mejor resume, en pocas páginas, lo que Carver sabe hacer.

    Foto: Unsplash

    Un matrimonio que se apaga sin ruido

    El narrador limpia un hospital por las noches, un trabajo que él mismo llama “de nada”. Su mujer, Patti, vende vitaminas a domicilio, y con el tiempo ha llegado a montar su propia oficina y llevar un pequeño equipo de vendedoras. No hay gritos ni portazos entre ellos. Hay algo peor: una vida que sigue funcionando por pura inercia, mientras por dentro ya no queda gran cosa.

    Entre las vendedoras de Patti está Donna. El narrador empieza a fijarse en ella después de un momento cómplice en una fiesta de Navidad, y esa atracción, tan poco dicha como todo en Carver, va a acabar llevándolos a los dos a un sitio del que no van a salir igual.

    La noche en el Off-Broadway

    Foto: Unsplash

    El narrador ve el coche de Donna aparcado junto a un bar de mala muerte, el Off-Broadway, y entra. Una copa lleva a otra, y unos conocidos les presentan a Nelson, un veterano que acaba de volver de Vietnam. Lo que empieza como una charla de bar se vuelve, poco a poco, amenazante.

    Nelson lleva encima una oreja humana reseca, un trofeo de guerra que enseña sin que nadie se lo pida. Cuando Donna lo rechaza, él responde con una propuesta explícita y sórdida, delante de todos. Solo la intervención del dueño del bar corta la escena antes de que vaya a más.

    Lo que queda después

    De camino a casa, ya en el coche, Donna confiesa que necesitaba el dinero que Nelson le ofrecía, y habla de irse a Portland, como quien busca una salida de toda esta vida. El narrador la deja y vuelve a la suya, donde encuentra a Patti sonámbula, a oscuras, buscando una aspirina que no aparece.

    Carver no explica qué siente el narrador con todo lo que ha pasado esa noche. Simplemente lo deja ahí, despierto, con su mujer perdida en su propio sueño y él cargando con algo que no va a poder contarle a nadie. Ese silencio final, otra vez, dice más que cualquier confesión.

    ¿Alguna vez habéis notado que una relación se apagaba antes de que pasara nada “grave” de verdad? Contádmelo, tengo curiosidad.

    Seguiré con este hilo de Catedral más adelante. Si os apetece que analice otro relato del libro, decídmelo.

    Sigue leyendo en Rincones de papel:

    #booklovers #bookreview #bookstodon #Catedral #cuento #lectura #leer #libros #Literatura #LiteraturaNorteamericana #RaymondCarver #RealismoSucio #relatos
  3. A Little Something to Fill the Gap
    bookjotter.com/2026/08/01/a-li
    A short week for me means a brief message rather than my usual weekly wind up. You will, however, still see announcements for both Tove Jansson & Moomin Month and Women in Translation Month 2026. #Booklovers
    #AmReading #Books #BookReview #Reading #bookbloggers #ToveJanssonMonth #MoominMonth
    #ToveTrove #WITMonth26 #NationalPlannerDay #WorldWideWebDay

  4. A Little Something to Fill the Gap
    bookjotter.com/2026/08/01/a-li
    A short week for me means a brief message rather than my usual weekly wind up. You will, however, still see announcements for both Tove Jansson & Moomin Month and Women in Translation Month 2026. #Booklovers #AmReading #Books #BookReview #Reading #bookbloggers #ToveJanssonMonth #MoominMonth #ToveTrove #WITMonth26 #NationalPlannerDay #WorldWideWebDay

  5. Tony Takitani, de Murakami: la soledad que hereda hasta la ropa

    Sigo con la serie que empecé hace unos días: ir leyendo despacio Sauce ciego, mujer dormida, de Haruki Murakami, y contar aquí uno de sus relatos de vez en cuando. Después del hombre que desapareció en una escalera, toca uno de los más conocidos del libro: «Tony Takitani».

    Foto: Unsplash

    Un hombre nacido para estar solo

    Tony Takitani se llama Tony por casualidad. Su padre, un trombonista japonés que pasó la guerra encarcelado en China, le puso el nombre de un oficial americano al que había tratado, sin pensar demasiado en lo raro que sonaría para un niño creciendo en Japón. Ese nombre extraño marca a Tony desde el principio: un chico solitario, ilustrador de precisión, que nunca ha necesitado a nadie de verdad. Se le da bien dibujar máquinas exactas y vivir sin ruido.

    Hasta que conoce a Eiko. Lo que le atrapa de ella no es solo la persona, es la manera en que lleva la ropa, una elegancia que parece casi imposible. Con el tiempo descubre que esa elegancia esconde algo más inquietante: Eiko compra ropa de forma compulsiva, como quien no puede dejar de respirar. Se casan, y la casa empieza a llenarse de armarios que ya no caben.

    Lo que queda cuando se van las personas

    Eiko muere de golpe, en un accidente de coche, un día que iba a devolver un abrigo. Tony se queda solo en una casa que ya no puede ni mirar, llena de la ropa de su mujer. Contrata a una chica con su misma talla para que se la vaya poniendo, casi como si eso pudiera sustituirla. La candidata se prueba un abrigo y rompe a llorar: dice que sentir tantas ganas de esa ropa le da miedo de sí misma. Tony no puede seguir con la idea. Vende toda la ropa. Años después, cuando muere su padre, hace lo mismo con su inmensa colección de discos de jazz. Al final no le queda nada que le recuerde a nadie. Y esa es, quizás, la única forma de paz que Tony conoce.

    Foto: Unsplash

    Murakami y Carver: la misma economía, soledades distintas

    No es casualidad que este relato me recuerde tanto a Raymond Carver. Murakami lo tradujo al japonés a finales de los años ochenta, y tras su muerte le dedicó un ensayo, «Comrades literarios», donde lo llama su maestro más valioso como escritor. Se nota en cada frase de «Tony Takitani»: la misma economía, la misma desconfianza hacia la palabra que explica de más, la misma costumbre de dejar que un objeto concreto, un abrigo, un disco, cargue con el peso de lo que el personaje siente y nunca dice.

    Pero la soledad de cada uno nace en un sitio distinto. En Carver, como vimos en «Vecinos» o en «Gordo», el vacío se abre entre dos personas: en una conversación que no llega a ninguna parte, en un matrimonio que funciona hasta que deja de funcionar. Es una soledad de andar por casa, la de no terminar de conocer del todo a quien tienes al lado. En Tony Takitani, la soledad no la provoca ningún desencuentro. Tony ya nació para estar solo, casi por el propio nombre que le pusieron, y los dos intentos que hace por dejar de estarlo, una mujer, una casa llena de cosas, acaban los dos igual: vaciándose. Los objetos ocupan ahí el lugar que deberían ocupar las personas, y cuando desaparecen, no queda ni siquiera el rastro de haber estado acompañado.

    ¿Y a vosotros, qué os parece más de temer: la soledad de no llegar a conocer del todo a quien tenéis cerca, o la de haber nacido, como Tony, ya preparados para estar solos? Contádmelo en los comentarios, tengo curiosidad por leeros.

    Seguiré con la serie de Sauce ciego, mujer dormida poco a poco. Si hay algún relato del libro que os apetece que comente, decídmelo.

    Sigue leyendo en Rincones de papel:

    #booklovers #bookreview #bookstodon #cuento #lectura #leer #libros #Literatura #literaturaJaponesa #Murakami #RaymondCarver #relatos #SauceCiegoMujerDormida #TonyTakitani
  6. Tony Takitani, de Murakami: la soledad que hereda hasta la ropa

    Sigo con la serie que empecé hace unos días: ir leyendo despacio Sauce ciego, mujer dormida, de Haruki Murakami, y contar aquí uno de sus relatos de vez en cuando. Después del hombre que desapareció en una escalera, toca uno de los más conocidos del libro: «Tony Takitani».

    Foto: Unsplash

    Un hombre nacido para estar solo

    Tony Takitani se llama Tony por casualidad. Su padre, un trombonista japonés que pasó la guerra encarcelado en China, le puso el nombre de un oficial americano al que había tratado, sin pensar demasiado en lo raro que sonaría para un niño creciendo en Japón. Ese nombre extraño marca a Tony desde el principio: un chico solitario, ilustrador de precisión, que nunca ha necesitado a nadie de verdad. Se le da bien dibujar máquinas exactas y vivir sin ruido.

    Hasta que conoce a Eiko. Lo que le atrapa de ella no es solo la persona, es la manera en que lleva la ropa, una elegancia que parece casi imposible. Con el tiempo descubre que esa elegancia esconde algo más inquietante: Eiko compra ropa de forma compulsiva, como quien no puede dejar de respirar. Se casan, y la casa empieza a llenarse de armarios que ya no caben.

    Lo que queda cuando se van las personas

    Eiko muere de golpe, en un accidente de coche, un día que iba a devolver un abrigo. Tony se queda solo en una casa que ya no puede ni mirar, llena de la ropa de su mujer. Contrata a una chica con su misma talla para que se la vaya poniendo, casi como si eso pudiera sustituirla. La candidata se prueba un abrigo y rompe a llorar: dice que sentir tantas ganas de esa ropa le da miedo de sí misma. Tony no puede seguir con la idea. Vende toda la ropa. Años después, cuando muere su padre, hace lo mismo con su inmensa colección de discos de jazz. Al final no le queda nada que le recuerde a nadie. Y esa es, quizás, la única forma de paz que Tony conoce.

    Foto: Unsplash

    Murakami y Carver: la misma economía, soledades distintas

    No es casualidad que este relato me recuerde tanto a Raymond Carver. Murakami lo tradujo al japonés a finales de los años ochenta, y tras su muerte le dedicó un ensayo, «Comrades literarios», donde lo llama su maestro más valioso como escritor. Se nota en cada frase de «Tony Takitani»: la misma economía, la misma desconfianza hacia la palabra que explica de más, la misma costumbre de dejar que un objeto concreto, un abrigo, un disco, cargue con el peso de lo que el personaje siente y nunca dice.

    Pero la soledad de cada uno nace en un sitio distinto. En Carver, como vimos en «Vecinos» o en «Gordo», el vacío se abre entre dos personas: en una conversación que no llega a ninguna parte, en un matrimonio que funciona hasta que deja de funcionar. Es una soledad de andar por casa, la de no terminar de conocer del todo a quien tienes al lado. En Tony Takitani, la soledad no la provoca ningún desencuentro. Tony ya nació para estar solo, casi por el propio nombre que le pusieron, y los dos intentos que hace por dejar de estarlo, una mujer, una casa llena de cosas, acaban los dos igual: vaciándose. Los objetos ocupan ahí el lugar que deberían ocupar las personas, y cuando desaparecen, no queda ni siquiera el rastro de haber estado acompañado.

    ¿Y a vosotros, qué os parece más de temer: la soledad de no llegar a conocer del todo a quien tenéis cerca, o la de haber nacido, como Tony, ya preparados para estar solos? Contádmelo en los comentarios, tengo curiosidad por leeros.

    Seguiré con la serie de Sauce ciego, mujer dormida poco a poco. Si hay algún relato del libro que os apetece que comente, decídmelo.

    Sigue leyendo en Rincones de papel:

    #booklovers #bookreview #bookstodon #cuento #lectura #leer #libros #Literatura #literaturaJaponesa #Murakami #RaymondCarver #relatos #SauceCiegoMujerDormida #TonyTakitani
  7. The Soviets killed a million Afghans and still lost. America studied none of their mistakes. Then made most of them anyway. History teaches. Few listen. This is Tomsen's bitter lesson.
    #MilitaryHistory #WarStrategy #BookLovers #books #bookreviews
    thisgrandpablogs.com/wars-of-a

  8. The Soviets killed a million Afghans and still lost. America studied none of their mistakes. Then made most of them anyway. History teaches. Few listen. This is Tomsen's bitter lesson.
    #MilitaryHistory #WarStrategy #BookLovers #books #bookreviews
    thisgrandpablogs.com/wars-of-a

  9. Three intelligence agencies used Storm simultaneously: CIA, MI5, MI6. He played them all for money. They played him for information. In spy games, everyone uses everyone.
    #EspionageHistory #TrueThriller #BookLovers #books #bookreviews
    thisgrandpablogs.com/agent-sto

  10. Three intelligence agencies used Storm simultaneously: CIA, MI5, MI6. He played them all for money. They played him for information. In spy games, everyone uses everyone.
    #EspionageHistory #TrueThriller #BookLovers #books #bookreviews
    thisgrandpablogs.com/agent-sto

  11. The book shows how Israel turned enemies into assets. Their Arab neighbors became their best spies. Mossad didn't just collect secrets. They collected people.
    #EspionageHistory #SpyCraft #BookLovers #books #bookreviews
    thisgrandpablogs.com/spymaster

  12. The book shows how Israel turned enemies into assets. Their Arab neighbors became their best spies. Mossad didn't just collect secrets. They collected people.
    #EspionageHistory #SpyCraft #BookLovers #books #bookreviews
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  13. They burned through $30 billion in today's money. Churchill gave Stephenson complete control. One man with unlimited resources against fascism. Worth every penny.
    #WinstonChurchill #WW2History #BookLovers #books #bookreviews
    thisgrandpablogs.com/man-calle

  14. They burned through $30 billion in today's money. Churchill gave Stephenson complete control. One man with unlimited resources against fascism. Worth every penny.
    #WinstonChurchill #WW2History #BookLovers #books #bookreviews
    thisgrandpablogs.com/man-calle

  15. Gordo, de Raymond Carver: cuando un desconocido te cambia por dentro

    Foto: Unsplash

    Hay gente que se cruza un momento en tu vida y la cambia sin querer. No hacen nada especial. Están ahí, siendo como son, y tú sales del encuentro un poco distinto. «Gordo», el cuento que abre ¿Quieres hacer el favor de callarte, por favor?, va justo de eso.

    Sigo comentando la colección poco a poco, como dije. Después de «Vecinos» quería volver al primer relato del libro, el que Carver eligió para abrir. Y eligió bien: en cuatro páginas ya se ve cómo escribía.

    Una camarera, un cliente enorme

    La narradora es una camarera. Una noche le toca atender a un hombre enorme, gordísimo, de esos de los que en la cocina se ríen. Ella no. El hombre es educado, casi solemne, y habla de sí mismo en plural, como si nunca fuera solo: «creemos que vamos a tomar otro postre». Pide plato tras plato, y en cada uno hay algo de disculpa y algo de dignidad.

    No pasa nada más. Ella lo sirve, les corta las bromas a los compañeros, se queda mirándolo. Luego se lo cuenta a su amiga Rita, que no termina de pillar por qué le da tantas vueltas a una cena.

    Mirar a otro y verte a ti misma

    Ahí está lo bueno de Carver. El cuento no trata del hombre gordo. Trata de lo que le pasa a ella mientras lo mira. A ese hombre que los demás reducen a un cuerpo, la camarera lo mira con una ternura que no sabe de dónde le sale. Y detrás de la ternura aparece algo más incómodo: se ve su propia vida, pequeña y gris, al lado de un novio al que no quiere.

    Esa noche, en la cama, cuando el novio se le echa encima, ella se siente enorme, como si fuera el hombre gordo. Y le dice a Rita que es agosto, que su vida va a cambiar, que lo nota. Carver no cuenta hacia dónde. Tampoco falta.

    Foto: Unsplash

    Por qué quiero que descubras a Carver

    Si no has leído a Carver, «Gordo» es un buen sitio para empezar. Se lee en diez minutos. Una cena, una camarera, un cliente, y ya está. Pero luego le sigues dando vueltas.

    A mí me gusta esta literatura de lo cotidiano, la que sacude sin pegar gritos. Carver escribía sobre gente sin dinero y sin grandes palabras: camareras, vendedores, matrimonios cansados. Y en una cafetería de carretera encontraba lo que otros buscan en aventuras enormes. Por eso insisto: leedlo. Hay mucha gente que todavía no sabe que este señor escribió, en voz baja, sobre cómo somos de verdad.

    ¿A vosotros no os ha cambiado alguna vez un desconocido con el que apenas hablasteis? Contádmelo en los comentarios.

    P.D.: Seguiré comentando poco a poco los relatos de ¿Quieres hacer el favor de callarte, por favor?. Si hay alguno que os apetece que analice, decídmelo y lo subo a la lista.

    Sigue leyendo en Rincones de papel:

    #booklovers #bookreview #bookstodon #Cuentos #Gordo #lectura #leer #libros #Literatura #LiteraturaNorteamericana #RaymondCarver #reading #RealismoSucio #writing
  16. Gordo, de Raymond Carver: cuando un desconocido te cambia por dentro

    Foto: Unsplash

    Hay gente que se cruza un momento en tu vida y la cambia sin querer. No hacen nada especial. Están ahí, siendo como son, y tú sales del encuentro un poco distinto. «Gordo», el cuento que abre ¿Quieres hacer el favor de callarte, por favor?, va justo de eso.

    Sigo comentando la colección poco a poco, como dije. Después de «Vecinos» quería volver al primer relato del libro, el que Carver eligió para abrir. Y eligió bien: en cuatro páginas ya se ve cómo escribía.

    Una camarera, un cliente enorme

    La narradora es una camarera. Una noche le toca atender a un hombre enorme, gordísimo, de esos de los que en la cocina se ríen. Ella no. El hombre es educado, casi solemne, y habla de sí mismo en plural, como si nunca fuera solo: «creemos que vamos a tomar otro postre». Pide plato tras plato, y en cada uno hay algo de disculpa y algo de dignidad.

    No pasa nada más. Ella lo sirve, les corta las bromas a los compañeros, se queda mirándolo. Luego se lo cuenta a su amiga Rita, que no termina de pillar por qué le da tantas vueltas a una cena.

    Mirar a otro y verte a ti misma

    Ahí está lo bueno de Carver. El cuento no trata del hombre gordo. Trata de lo que le pasa a ella mientras lo mira. A ese hombre que los demás reducen a un cuerpo, la camarera lo mira con una ternura que no sabe de dónde le sale. Y detrás de la ternura aparece algo más incómodo: se ve su propia vida, pequeña y gris, al lado de un novio al que no quiere.

    Esa noche, en la cama, cuando el novio se le echa encima, ella se siente enorme, como si fuera el hombre gordo. Y le dice a Rita que es agosto, que su vida va a cambiar, que lo nota. Carver no cuenta hacia dónde. Tampoco falta.

    Foto: Unsplash

    Por qué quiero que descubras a Carver

    Si no has leído a Carver, «Gordo» es un buen sitio para empezar. Se lee en diez minutos. Una cena, una camarera, un cliente, y ya está. Pero luego le sigues dando vueltas.

    A mí me gusta esta literatura de lo cotidiano, la que sacude sin pegar gritos. Carver escribía sobre gente sin dinero y sin grandes palabras: camareras, vendedores, matrimonios cansados. Y en una cafetería de carretera encontraba lo que otros buscan en aventuras enormes. Por eso insisto: leedlo. Hay mucha gente que todavía no sabe que este señor escribió, en voz baja, sobre cómo somos de verdad.

    ¿A vosotros no os ha cambiado alguna vez un desconocido con el que apenas hablasteis? Contádmelo en los comentarios.

    P.D.: Seguiré comentando poco a poco los relatos de ¿Quieres hacer el favor de callarte, por favor?. Si hay alguno que os apetece que analice, decídmelo y lo subo a la lista.

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