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EL PENSADOR: La teoría de Abraham
Por Antonio Pippo
Es cosa sabida que los filósofos, como los sicólogos, los sacerdotes y los políticos, siempre rodeados de filas de poetas y locos que los acarician casi con lascivia, inventan palabras.
¿Los políticos? No. Ellos se ocupan de la manipulación de relatos, de la conveniente deformación de la realidad y de llevar al terreno resbaladizo, inseguro de lo emotivo a los ciudadanos, retaceándoles la posibilidad de pensar.
Tomás Abraham, un filósofo contemporáneo, ciertamente provocador, está convencido de que la palabra “contraopinión” existe y que no quiere decir opinar en contra, sino describe un proceso de “ventilación” indispensable para que todo ser humano normal pueda formar su propio juicio acerca de lo que ocurre y de cuál es la responsabilidad de las personas públicas, y no sólo de recibir y dar por bueno lo que le transmiten por ejemplo los candidatos y, muchas veces –es triste pero realista reconocerlo-, los medios de comunicación.
Si siguiésemos esa sentencia de Abraham, tener una idea propia, o sea pensar por sí mismo, sería una disciplina aeróbica. Llevan bastante humor los ejemplos que el filósofo usa para fundar su teoría: habría que ser muy sociable, habría que hacer largas caminatas, hasta recorridas por lugares escarpados, para ventilar el cerebro y limpiarlo que toda aquella maleza que estorba. En otras palabras, cuanto más oxígeno ingrese al organismo más libertad de pensamiento crítico habría, extremo que, ha escrito este buen hombre, cualquier neurólogo de nota podría aceptar.
Esta oxigenación serviría para destruir a una sociedad malsana donde sobreabunda de modo obsceno la información no contrastada, no investigada, no pensada con la razón propia y el uso del análisis lógico cuando no del simple sentido común.
Pasado el tiempo de las internas, puestas en duda la mayoría de las intenciones de los políticos sobre concertaciones benéficas para toda la sociedad, con las presidenciales definitivas y un probable balotaje casi encima, parece tarea harto complicada ventilar las cabecitas –primero, obvio, de los candidatos y paralelamente de cada uno de nosotros si es que se quiere construir este “círculo virtuoso”- y permitir que haya, para un lado y para otro, puesto que no se trata de unanimidades, acciones que surjan de la reflexión y no de la ignorancia o el fanatismo.
Opinar luego de haber abierto la mente al aire limpio del pensamiento libre, dejando a un lado a las creencias arraigadas.
Según Abraham, hemos pasado demasiado tiempo en manos de un poder político cuyo interés es, básicamente, no perder el control de lo que se dice y se muestra.
Estoy de acuerdo. Pero también tiemblo al pensar en todo lo que deberíamos cambiar para defender mejor nuestra libertad. La verdadera, la interior.
Finalmente, antes de aconsejarle, lector, que salga a caminar por la rambla, a correr por los vericuetos del Prado, a utilizar aparatos, ¡no químicos, por favor!, energéticos o a subir a la fortaleza del Cerro, le pediría que piense que esta teoría filosófica, al menos entre los uruguayos, ya agujereó una de sus medias.
Nadie podría decir que Bergarita, intendente de Montevideo, no ha intentado la oxigenación de la “contraopinión”, siendo que se la pasa caminando por Montevideo.
Y, por desgracia, es de una claridad meridiana que su ejemplo le pega un mazazo a la cabeza del pobre Abraham y su teoría.
Escrito lo cual comunico que pasaré una semana en retiro espiritual a ver si el espíritu de Maquiavelo me hace ver la luz.
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LA AVENTURA DEL TANGO: Los dos espejos
ANTONIO PIPPO PEDRAGOSA. Periodista, editorialista. Dir. Gral de Cultura Tanguera. COLUMNISTACuando los negros ya se habían zambullido alegremente en sus músicas, que perduran, olvidados de ese tango primitivo que difundieron en sus búsquedas de alegría y que les fue hurtado por los inmigrantes europeos y algunos nativos, no nació —cual fenómeno espontáneo de los nuevos creadores— la trascendente Guardia Vieja, primera y esencial etapa hacia la evolución de la música popular ciudadana.
—Tome, le doy lo más preciao…
—La amaremos juntos, amigazo…Hay una metáfora, audaz como la mayoría acuñadas por historiadores, que tiene cierto atractivo. Pertenece a Andrés Carretero: ya sin los negros, se da el acercamiento entre el gaucho, expulsado del campo por la pobreza, el alambrado y el ferrocarril, y el compadrito, tipo humano que “se gesta a la sombra de las grandes concentraciones urbanas, marginado en las zonas de exclusión, suburbanas, prostibularias”.
El gaucho, en la cruz de ambos caminos, le entrega la guitarra al compadrito, quien pasa a ser el personaje central del tango de la época. Tras ese encuentro metafórico se produce una amalgama donde el campo y el suburbio poblado por inmigrantes se integran y crean el “nuevo” tango y el lunfardo, su primera forma
poética.Son las primeras décadas del siglo XIX. Carretero destaca, además, que a la sombra de esa amalgama crecen el
guapo, el patotero, el cuentero y otros prototipos despreciados por las clases media y alta, los que hallan en el tango su rebelión, a la que, aún influidos por los negros, mantuvieron humorístico, sarcástico, obsceno.En esta etapa el tango se enriquece con dos instrumentos vitales para su evolución: el piano, que ya existía pero llega también a las “zonas prohibidas”, y el bandoneón, creado por el alemán Heinrich Band en 1835 como un órgano portátil para celebraciones religiosas pueblerinas, y que cayó de un barco en Buenos Aires unos 20 años después. Se dice que el primer bandoneonista fue el negro Santa Cruz, padre de Domingo, autor de “Unión Cívica”, quien alegraba el campamento de soldados de Bartolomé Mitre durante la Guerra de la Triple Alianza, en 1864.
https://youtu.be/KCGv5pVIwBE?list=RDKCGv5pVIwBE
Entonces el tango era sobre todo baile, producto de su herencia africana. Y cuando se bailaba, enroscada la pareja —que al principio integraron dos hombres— con cortes y quebradas “a los saltitos”, nadie quería canto:
—No me rompá’ la’ bola’… ’jame escuchá’ la música que ’tamo’ ’pretando…Igualmente, los letristas de la época, hijos del cuplé español, del caló gitano y del lunfardo creciente, hallaron su nicho: los circos y teatros de mala muerte donde no se bailaba: “Una costumbre asquerosa:/ que no se lava la cosa/ por no gastar en jabón./ Andate a pastorear,/ piantá de acá/ que no te doy tecor./ Y si querés volver a
figurar/ lávate bien pa’ no pasar calor”.Antes de la Guardia Vieja el proceso creativo de la danza primitiva, según José Gobello, había culminado: “el tango era una encumbrada habilidad de bailarines y los estribillos iban rumbo al cajón”, conminados a un silencio que luego se diluiría, al aparecer, con otra calidad, el tango canción.
Pese al rechazo de ricos, burgueses e intelectuales, el tango inició su viaje a la ciudad, dejando atrás —aunque nunca del todo— prostíbulos, casitas de madamas y boliches orilleros. Se conocen anécdotas jugosas: “hombres bien”, cautivados por el tango y su ambiente, casa adentro lo execraban; a la noche le decían a la
esposa: “No me esperes despierta, querida. Voy a jugar póquer con los muchachos”, e iban a “Lo de Laura”, a “Lo de la Vasca” o al mítico “Hansen”.Todo fue cambiando y, con nuevos instrumentos, sobre todo el bandoneón, a los orejeros de antaño se sumó una camada de músicos estudiosos, y de su esfuerzo surgió una combinación de ritmo, melodía
y armonía más elaborada.De ese tiempo, rozando el inicio de la Guardia Vieja, que también integraron, son Carlos Posadas (“Cordón de oro”), Alfredo Gobbi padre, sanducero (“El tigre”), Ernesto Ponzio (“Don Juan”), otro uruguayo, Manuel Aróztegui (“El apache argentino”) y Alfredo Antonio Bevilacqua (“Emancipación”).
Sobre Bevilacqua hay una anécdota impagable: el único autor de tangos que nació en un tren en marcha. La madre, luego de un recodo que sacudió su vagón, advirtió el advenimiento y pidió ayuda. Llegó el guarda y cuando vio la cabecita de Bevilacqua se desmayó; hubo que atenderlo también a él, pero Alfredo saltó como un chijete y ¡menos mal!, fue abarajado por una comedida.
¡Como para que su mejor tango no se llamara “Emancipación”!
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EL PENSADOR: Atención queridos docentes
Por Antonio Pippo
Esta columna está destinada a los docentes. A todos, desde el ministro de Educación y Cultura hasta quienes están en la base de la pirámide.
No tengo certeza alguna de lo que he escrito aquí les interese. Tengo, eso sí, una prudente esperanza de que así sea.
Me surgió la idea, como tantas otras, en medio de la cuarentena que, ya lo confesé, cumplo respetando las indicaciones sanitarias. Y se me ocurrió que tantas personas con responsabilidades de formación de los demás, sometidas igualmente a una suerte de “tiempo muerto” variable a diario, podrían tomar lo que sigue como un constructivo insumo para una reflexión no acerca de epidemias, sino sobre cómo podrían ayudar a que nuestros futuros ciudadanos adultos sean mejores.
Porque si algo nos mostró la post pandemia es cuánta gente –demasiada- no está formada como personas responsables y respetuosas de lo que se decide como bien social, en este caso por encima del derecho individual. O sea priorizan su interés.
Y, quién sabe…
Repetiré, por enésima vez, una frase de Huxley: “Si nos convertimos en esclavos de nuestros hábitos y rutinas, nuestras reacciones ante los hechos del presente no serán espontáneas. Tendemos a reaccionar en función de algo que aprendimos en el pasado, en vez de reaccionar ante los hechos como son, aquí y ahora. Sería muy conveniente enseñar a los niños a comprender la importancia de lo que es el hábito y de lo que no lo es. Y admito que no resulta sencillo”.
Y es ahí, suerte de cruz de los caminos, donde debería comenzar la reflexión a la que, modestamente, estoy llamando a los docentes.
Hay fuentes a las cuales recurrir, como si esto fuese un rompecabezas, que, a decir verdad, lo es.
Un ejemplo surge de la más antigua cultura china, que luego tomó la Terapia Gestalt: enseñar a tener conciencia de los acontecimientos externos, sin lastres del pasado ni miedos al futuro. Algo así como ejercicios que nos acostumbren a pensar en el aquí y el ahora. “Aquí y ahora percibo…”; así recomendaban iniciar las frases como ejercicio de formación. Ha escrito Huxley: “Esos ejercicios, que pueden parecer pueriles, nos sirven para arrancarnos de la ciénaga de lo no real y traernos al presente y a la posibilidad de reaccionar de manera realista a lo que está pasando”.
A inicios del siglo XX alcanzó fama un psicoterapeuta suizo, Roger Vittoz, que fue muy afortunado en el tratamiento de las neurosis: enseñaba precisamente a tomar conciencia de los actos en apariencia más triviales –hasta dónde cualquier acto puede considerarse trivial- y usar la voluntad con conciencia plena de cualquier cosa que se hiciese. Es triste, pero sus métodos se abandonaron luego de su muerte.
También recordaré al psiquiatra ruso Alexander, cuyas teorías interesaron mucho al especialista John Dewey, que las siguió largo tiempo en sus ensayos. Alexander propuso y desarrolló programas para educar la mente y el cuerpo a la vez; sostuvo que la correcta posición del cuerpo, según las circunstancias, cuando se está en actitud de aprender, favorece la velocidad y la claridad con que la mente incorpora los nuevos conocimientos.
Finalmente –no quiero cansarlo, lector- es bueno recordar que Hebert Read, en su famoso ensayo “Educación por el arte” sugirió que a través de estas formas diversas pero que pueden ser complementarias, podría lograrse que los niños, que nacen con un intenso poder de visualizar e imaginar, no pierdan a partir de la pubertad, como sucede aún hoy, sino por el contrario la desarrollen, lo que denominó “imaginería eidética” que los infantes genéticamente sanos traen consigo. Si hay algo que los adultos hacen mal al educarlos –sentenció Read- es perturbarlos de tal forma que ese valor natural, al paso de los años, se diluya, cuando nada impediría que fuese conservado y se convirtiera a lo largo del desarrollo en una fuente de raciocinio, goce y beneficio intelectual.
¡Pavada de trabajo de reflexión acabo de tirarles encima a los docentes, si quieren aceptar el reto!
#ANTONIOPIPPOPEDRAGOSA2024 #ATENCIONQUERIDOSDOCENTES #COLUMNA #EDITORIAL #ELPENSADORTHETHINKER #losmasvistos #MUNDO #POLITICA #URUGUAY -
RELATOS REALES: El cantor que dió el mal paso
TRUE STORIES: The singer who took the wrong step
Por Antonio Pippo
Una charla de café, con un amigo añoso como yo. Se habla de política, de economía, se intercambian chismes y bromas y se pasa el rato, entretenido.
A coffee shop chat with an older friend, like myself. We talk about politics, economics, exchange gossip and jokes, and pass the time pleasantly.
Sólo que esta vez mi amigo me sorprendió con una pregunta:
Only this time my friend surprised me with a question:
-¿Te acordás del caso del edificio Liberaj…?
«Do you remember the Liberaj building case…?»
-Uy… años que la memoria no me lo acerca… Pero ahora que lo nombraste… ¡no sé cómo no lo tenía más presente…¡
«Oh… years have passed since my memory took me back… But now that you’ve mentioned it… I don’t know how I’d forgotten about it…!»
-Te voy a ganar la pulseada, investigadorcito… Anduve revolviendo papeles viejos, me fui a la computadora a ver si sigue presente… y descubrí que ya pasaron cincuenta y pocos años. Pero en los medios no ha habido reflejos, por ejemplo cuando se cumplió la cincuentena, y me extraña…
«I’m going to beat you at this, little researcher… I’ve been rummaging through old papers, I went to the computer to see if it’s still around… and I discovered that it’s been over fifty years. But there hasn’t been any reaction in the media, for example, when the fiftieth anniversary arrived, and that surprises me…»
El “caso Liberaj” fue una tragedia. Varios de los integrantes de una banda de argentinos, entre ellos los tres “socios” principales, huyeron a Montevideo y se refugiaron en el tercer piso de ese edificio. Las circunstancias no le fueron favorables. El robo de una camioneta de caudales del Banco de San Fernando, en la provincia de Buenos Aires, que creyeron perfecto, se les desarmó al momento de ocurrir. Se habló de traiciones, de policías que tenían vínculos con los delincuentes y, al primer apriete, terminaron confesando y muchas versiones más. Alrededor de las cuatro de la tarde del 27 de setiembre de 1965, varios miembros de la banda ametrallaron el vehículo donde iba el dinero ; sólo se salvó un bancario quien no fue, precisamente, el tesorero Alberto Martínez Tobar, que viajaba apretando los bolsos que contenían más de siete millones de pesos; pero en la balacera murió también un parroquiano que tomaba un café en un bar cercano. La policía apareció antes de lo esperado y en la huida los ladrones escaparon en distintas direcciones. Varios fueron detenidos horas o días después y llevados a la cárcel de Caseros; los tres principales lograron pasar a Montevideo, pero la policía uruguaya los ubicó en el nombrado edificio céntrico de Montevideo y se produjo un cruento enfrentamiento, que duró largas horas y durante el cual murió el comisario que comandaba a los uniformados y los tres ladrones, que, antes de caer para siempre, quemaron todo el dinero. Este espantoso raid tuvo dos miradas que se hicieron muy populares: bajo el mismo título, “Plata quemada”, un extenso e intenso libro de Ricardo Piglia y una película protagonizada por Leonardo Sbaraglia. La banda estuvo Malito, autodesignado “jefe del grupo”.
The “Liberaj case” was a tragedy. Several members of an Argentine gang, including the three main “partners,” fled to Montevideo and took refuge on the third floor of that building. Circumstances were not in their favor. The robbery of an armored truck from the Bank of San Fernando, in the province of Buenos Aires, which they thought would be perfect, fell apart as soon as it happened. There were rumors of betrayals, of police officers with ties to the criminals, and of confessions at the first sign of pressure, among many other versions. Around four in the afternoon on September 27, 1965, several members of the gang riddled the vehicle carrying the money with bullets; only one bank employee survived, and it wasn’t the treasurer, Alberto Martínez Tobar, who was clutching the bags containing more than seven million pesos; but a patron having coffee at a nearby bar was also killed in the shootout. The police arrived sooner than expected, and the thieves fled in different directions. Several were arrested hours or days later and taken to Caseros prison; the three main suspects managed to cross into Montevideo, but the Uruguayan police located them in the aforementioned downtown building, leading to a bloody confrontation that lasted for hours. During the shootout, the police commissioner in charge and the three thieves were killed. Before their final capture, the thieves burned all the stolen money. This horrific heist inspired two popular accounts: a lengthy and intense book by Ricardo Piglia, also titled «Burnt Money,» and a film starring Leonardo Sbaraglia. The gang included Malito, who appointed himself «leader.»
-Si, si, hermano… ahora me acuerdo de aquellos momentos…
-Yes, yes, brother… now I remember those moments…
-Ajá. Pero te dije que te voy a sorprender. ¿Sabés quién fue el entregador del robo, que consiguió el plano de la ruta que iba a seguir el vehículo del banco…?
-Uh-huh. But I told you I was going to surprise you. Do you know who the inside man was, who got the map of the route the bank’s vehicle was going to take…?
-Pah…, la verdad, no me acuerdo.
-Pah…, to be honest, I don’t remember.
-¡Jorge Fontán Reyes!
-Jorge Fontán Reyes!
-¡¿Quién?! ¿El cantor de tangos?
-Who?! The tango singer?
-El mismo…
-Himself…
“La plata de aquel robo yo no la vi ni quemada”… fue uno de las poco comentarios que, luego de estar encarcelado, Fontán Reyes hizo a un periodista que quiso renovar la historia. En su casa de Talar de Pacheco, al noroeste del Gran Buenos Aires, con su segunda mujer, María Ofelia Reyes -divorciado y alejados de sus dos hijos-, también marcó, casi a los ochenta años, que vinculaciones que obtuvo en su época de cantor, lograron reducir su pena inicial de doce años a solo tres. “Si el afano no lo hacían los muchachos, lo hacía yo”, fue la otra confesión que recibió el joven periodista entrevistador. Pero no volvió a cantar jamás. Se inició tardíamente, a los treinta y dos años, luego de trabajar en diversos oficios, cantar en boliches de poca monta y quedarse rápidamente sin dinero. Lo contrató Héctor Varela, con quien solo estuvo cuatro meses, pues empezó a tener problemas con la voz. No obstante, cantó con Juan Canaro, con Edgardo Donato y con el pianista Osvaldo Manzi, con el que sus únicos éxitos populares: Febril y Dolor milonguero. Ya en el ocaso, con la voz cada vez más disminuida, fue el cantor de Emilio Orlando, Juan Sánchez Gorio y Celso Amato. Puso punto final y con unos ahorros compró un bar en una zona de mala fama. Ahí se mezcló con gente de avería y conoció a Brignone, Malito Y Dorda: el inicio del triste final.
“I never even saw the money from that robbery,” was one of the few comments Fontán Reyes made to a journalist who wanted to revisit the story after his imprisonment. At his home in Talar de Pacheco, northwest of Greater Buenos Aires, with his second wife, María Ofelia Reyes—divorced and estranged from his two children—he also remarked, at almost eighty years old, that connections he had made during his singing career had reduced his initial twelve-year sentence to just three. “If the guys hadn’t done the robbery, I would have,” was another confession the young interviewer received. But he never sang again. He started relatively late, at thirty-two, after working various jobs, singing in seedy bars, and quickly running out of money. He was hired by Héctor Varela, but only stayed for four months, as he began to have problems with his voice. However, he sang with Juan Canaro, Edgardo Donato, and pianist Osvaldo Manzi, with whom he had his only popular hits: «Febril» and «Dolor milonguero.» In his later years, with his voice increasingly weak, he sang for Emilio Orlando, Juan Sánchez Gorio, and Celso Amato. He called it quits and, with his savings, bought a bar in a seedy area. There he mingled with shady characters and met Brignone, Malito, and Dorda: the beginning of his sad end.
–Yo canté toda la vida, pero la garganta me traicionó… Y después, la ambición por levantar la cabeza y las juntas que me agencié… No le echo la culpa a nadie. Ya estoy en la parrilla.
«I sang all my life, but my throat betrayed me… And then, the ambition to get ahead and the meetings I arranged… I don’t blame anyone. I’m already on the chopping block.»
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LA AVENTURA DEL TANGO: Una historia para un libro
ANTONIO PIPPO PEDRAGOSA. Periodista, editorialista. Dir. Gral de Cultura Tanguera. COLUMNISTAA fines de 1943, junto a otros músicos de tango que se quedaron en Francia durante la ocupación alemana en la Segunda Guerra Mundial, partió, dejando a su familia y casi sin dinero, en su última gira.
Volvió enfermo y arruinado en enero de 1944: apenas podía tenerse en pie. Le diagnosticaron neumonía y el día 24 de ese mes murió en el Hospital Broussairs de París. Sus restos fueron inhumados en el cementerio de Thiais. Antes, vivió más de veinte años de éxitos, impulsó el tango en Europa y, hasta entones músico de oído, fue en Francia donde aprendió conocimientos musicales básicos.
Genaro Espósito, apodado “El Tano”, bandoneonista, guitarrista, pianista, compositor y director de orquesta, fundamental en el origen del tango clásico, admirado por los más grandes, había llegado a Europa en 1920 junto a su amigo Manuel Pizarro, otro pionero, para actuar en el Tabarís de la rue de la Canebiére, en Marsella.
No volvió al Río de la Plata. Murió el París.
La vida de “El Tano” fue una novela lamentablemente no escrita. Nació en San Telmo, Buenos Aires, el 17 de febrero de 1886, hijo de inmigrantes italianos salidos de los suburbios de Nápoles. De niño trabajó en el almacén de su padre, pero ya estaba enamorado de aquel tango que creó la Guardia Vieja. Aprendió a tocar de oído –con otro “orejero”, Solari, uno de los primeros “fueyeros” del Río de la Plata- los tres instrumentos que usó en su trayectoria artística.
Su primer grupo lo formó en 1908, con el violinista Lafémina y el guitarrista Torres; y aunque suene a leyenda, aun tocando de oído era tan bueno que fue maestro de Anselmo Aieta y Ricardo Brignolo. El historiador Oscar Zucchi, en su libro El bandoneón y sus intérpretes, lo ubica junto a “El alemán” Bernstein como los que “despertaron la zurda en la primera época, para alcanzar un toque insuperable con ambas manos”. No hay que olvidar que al comienzo, los bandoneonistas, la mayoría sin estudios, abusaban del uso de la diestra.
Espósito tuvo varias agrupaciones y orquestas, tocó con Agustín Bardi, Juan Carlos Cobián, Tito Rocattagliatta, Roberto Firpo y Guillermo Saborido y grabó para los sellos Columbia y Víctor; su primer disco incluyó el tango Ya vengo, de Robledo, y el vals Las violetas, cantado por Corsini. Entre su obra autoral hay que destacar los tangos La percanta, Receta médica, La montura, El crack Larrea, Pare la música, El goruta, La cubanita, El manantial, Conflicto y La pelada y los valses Pienso en ti sin cesar, Amor desesperado y la Flor del pago.
https://youtu.be/zdSZTCcOaYw?list=RDzdSZTCcOaYw
https://youtu.be/Fhbzbq7y_HI?list=RDFhbzbq7y_HI
O sea que cuando decide lanzarse a la aventura europea, en 1920, ya era, en el Río de la Plata, un triunfador.
Pero su prestigio sonó fuerte también en Francia, pese a su trágico final. Aunque en 1922 disolvió su orquesta con Pizarro, dado que éste decidió volver a la Argentina, él continuó actuando con éxito en locales de fama internacional como El Garrón, Le Perroquete, Princesse, el Casino de París y Pavillon Dauphine, en el Bois de Boulogne; otra vez, algo ya dicho: eran los años locos, la “belle epoque”, el frenesí por placeres entre los que estaba el tango.
En 1934 “El Tano” se presentó como número fijo en La Coupole y grabó para las discográficas Columbia, Gramófono, Fotosonor y Decca. Por esa época –Espósito se había divorciado de su primera mujer y solo su único hijo, Teodoro, lo acompañó en el viaje final- se enamoró de una joven francesa, Jeanne Vent, con la que tuvo un hijo; podría decirse que a partir de ese acto de amor su vida cambió para mal: a los treinta y seis años, inesperadamente, Jeanne murió antes de que el niño cumpliera el año de vida;
“El Tano” se hizo cargo de él pero debió contratar una institutriz y, a raíz de la situación creada por el avance del nazismo, comenzó a escasear el trabajo. En 1938, cuando Francia se movilizó y fue vencida y ocupada, el gran bandoneonista argentino –que debió vender todos sus bienes para subsistir con sus dos hijos- sólo tocaba, a cambio de propinas o comida, en los “Bateaux mouches”, embarcaciones que navegan el Sena para los turistas, aunque entonces los llenaban soldados alemanes. Increíblemente, se negó a volver a su país y el fin de la historia ya se conoce.
A los uruguayos, recordando a Espósito, nos queda una satisfacción: su despedida del Sur, sin regreso, en 1920, no fue en su país sino en Uruguay: compartió los solos de bandoneón con la orquesta de Arolas, donde también tocaba Julio De Caro, en el Festival de Tango de Montevideo.
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EL PENSADOR: Ah.. nosotros los periodistas
Por Antonio Pippo
El contexto es claro.
Uruguay es un país con graves problemas a resolver, al borde de una crisis –mal que pese al encaprichamiento de algunos de negarlo-, a poco tiempo de instalar un nuevo gobierno.
No me internaré ahora, lector, no tema, en predicciones ni especulaciones de tipo partidario ni individual. No obstante, algo es transparente: el gobierno no podrá escapar a los consensos y acuerdos con la oposición; de otro modo, los años por venir serán agónicos.
Claro, por ese lado está la pista muy barrosa.
La impresión que uno tiene es que los políticos apelan a lo que un antiguo pensador llamó “los saberes separados”, filosofía a la que ya me he referido aquí.
Vendría a ser la metáfora de su incapacidad para decir toda la verdad.
Obviamente, pregonan que tienen las fórmulas requeridas. Pero si dicen “hay que abatir el déficit fiscal”, cada quien expone una receta de enunciados pero nunca la relacionan, por ejemplo, con qué pasará con el gasto del Estado, con la política impositiva o con las necesidades de inversión. O si se apuesta a un “dólar equilibrado”, a la búsqueda de mejorar la competitividad de las exportaciones, no explican si han tenido en cuenta la vinculación con los probables sismos de la región o mundiales, con el vaivén de los precios que fijan los eventuales compradores, con la inflación, el valor de los salarios o las hipótesis –en ese escenario- para mejorar el empleo.
Quiero, mi amigo, que al menos entienda mi inquietud aunque no la comparta. Por eso voy a usar una anécdota que puede parecerle pueril y que, sin embargo, demuestra el perfil de políticos al que me refiero y cómo pueden sucumbir ante la realidad si no miran la totalidad del panorama.
Aldous Huxley escribió: “Renán, el gran erudito francés del siglo XIX que se complacía en hablar de estética, peroraba a sus anchas sobre la belleza cuando Edmond Goncourt le interrumpió súbitamente para preguntarle: ‘¿De qué color es el empapelado de su comedor?’. Renán no tenía la más remota idea. Es obvio que carecía de una base fáctica para hablar de belleza y su argumentación se basaba en un sistema de palabras y no en experiencia sobre lo inmediato”.
Y añadió Huxley: “Tendemos a reaccionar dividiendo las cosas y en función de lo que aprendimos en el pasado, en vez de reaccionar uniendo las partes; es decir los hechos, tal como son aquí y ahora”.
Descreo que, a esta altura de los acontecimientos los políticos cambien. Por tanto, al ciudadano común le quedará como ayuda una rigurosa actividad periodística. O sea que, pese a que muchos, tal vez demasiados, no lo hayan advertido, los periodistas tienen una responsabilidad enorme: deshacer “los saberes separados”, tratar de llevar a los escurridizos entrevistados a la unión de las partes, a propuestas sobre su solución no descuartizada e insistir, con respeto pero también con rigor, en el contraste de las distintas versiones.
O de las distintas ignorancias que tienen sentadas enfrente.
No haré “periodismo de periodistas”, pero confesaré mi escepticismo.
El asunto es rechazar el “no sigas preguntando porque mamá está ocupada y se enfadará”; también el “somos engreídos y nos conformamos con lo que nos dicen” o el “somos indiferentes, nos tiemblan las piernitas y nos conformamos con lo que no hemos logrado saber”.
El papel histórico que hoy debe cumplir el periodismo profesional es no bajar la guardia y seguir preguntando y, si es necesario, dejar desnudo al escapista de turno.
Sócrates decía: “Atenas es como un caballo indolente y yo soy el tábano que con su aguijón intenta que todos digan la verdad o acepten que no la conocen”.
Jodida responsabilidad tenemos entre manos. Digo, porque yo todavía estoy aquí, entre esos periodistas.
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RELATOS IMAGINADOS: Los misterios Interiores
IMAGINED STORIES: The Inner Mysteries
Por Antonio Pippo
La tarde cae, gris. Es un baño de plomo que va oscureciéndose con rapidez de ladrón, devora al día que agoniza y así, en ese tiempo indefinible durante el cual todas las cosas parecen tiznadas de melancolía, le abre camino a la noche, que aparece como una traición.
The afternoon falls, gray. It’s a leaden bath that darkens with the swiftness of a thief, devouring the dying day, and thus, in that indefinable time when all things seem tinged with melancholy, it paves the way for night, which arrives like a betrayal.
Desde este sitio al que he llegado, un largo y angosto, de una sola y alta ventana y luz escasa y amarilla, puedo ver cómo llueve allá afuera. Es una lluvia despaciosa pero persistente, que se precipita como una desgracia o, quién sabe, como una bendición; siempre al menos dos formas de mirar una misma cosa y la distancia que va de una a otra suele ser la que va de la resignación a la esperanza. O al revés. ¡Si lo sabré yo! Mirar esa única ventana debería ser como mirar a la calle; es decir, estar ahí, en la propia calle, observándola, como si una parte de tantas que integran esa calle cobrase vida y pudiese a su vez observar, desde su condición de parte, la totalidad. Pero no. Su vidrio sucio, estriado por el agua que golpea y resbala, lo difuma todo y especialmente distorsiona las siluetas que cruzan.
From this place I’ve arrived at, a long, narrow room with a single, high window and scant, yellow light, I can see the rain outside. It’s a slow but persistent rain, falling like a misfortune or, who knows, like a blessing; always at least two ways of looking at the same thing, and the distance between them is often the distance between resignation and hope. Or vice versa. I should know! Looking at that single window should be like looking at the street; that is, being there, in the street itself, observing it, as if one part of the many that make up that street came to life and could, in turn, observe, from its position as a part, the whole. But no. Its dirty glass, streaked by the water that hits and runs down it, blurs everything and especially distorts the silhouettes that pass by.
Eso sí: me doy cuenta de que todo ahí afuera andan apurados, quieren llegar pronto a alguna parte, escapar de la lluvia, del frío, tal vez del absurdo de estar pisando charcos, tropezando con otros, descubriendo ahora, en medio de un atardecer gris y húmedo, que vivir no es fácil, que tiene su precio. Ah, pero esos deben ser, me imagino, los conocen una sola forma de mirar -y de sufrir- aquello que les cae y los empapa y los hace temblar; para ellos, pobres seres cuya única pretensión es huir, no hay dos formas de apreciar la lluvia; se advierte en sus cuerpos encogidos, en sus pasos torpes y ansiosos, en sus rostros arrugados y en sus bocas que mascullan insultos inútiles y luego aprietan los dientes. Ellos solo piensan en un escape, en alcanzar rápido un sitio al que puedan imaginar propio, acogedor, seguro.
That said, I realize that everyone out there is in a hurry, wanting to get somewhere quickly, to escape the rain, the cold, perhaps the absurdity of stepping in puddles, tripping over others, discovering now, in the middle of a gray and damp sunset, that life isn’t easy, that it has its price. Ah, but those must be the ones, I imagine, they only know one way of seeing—and suffering—what falls on them and soaks them and makes them shiver; for them, poor beings whose only aim is to flee, there are no two ways of appreciating the rain; it’s evident in their hunched bodies, their clumsy and anxious steps, their wrinkled faces, and their mouths that mutter useless insults and then clench their teeth. They only think of an escape, of quickly reaching a place they can imagine as their own, welcoming, safe.
¿Engañosamente seguro? ¿Hay, acaso, un lugar definitivamente propio? Se me hace que son individuos que sólo ven no sólo una parte de la realidad, sino una parte de sí mismos. Es una huida.
Deceptively safe? Is there, perhaps, a place that is truly one’s own? It seems to me that they are individuals who see not only a part of reality, but a part of themselves. It’s an escape.
Pero… ¿y yo no he estado pensando también en un escape? ¿Qué tengo de diferente entonces? Bueno, ellos no están en situación de aquietarse y filosofar, mucho menos de elegir; no pueden pensar en otra cosa y por eso mismo creo que justifica mi compasión, que me entristezca con su destino, aunque sea el destino tan breve de estos instantes en que mi mirada se detiene en ellos y creo comprender qué les pasa. Es que si llueve y oscurece y ellos andan a la intemperie, tan solo por eso, creo (se me ha ocurrido de pronto, en realidad no lo sé) que son incapaces ahora de conmoverse con una idea, quizás con una música o hasta con la contemplación de la belleza de una adolescente que también corre, pero riendo, con la ropa mojada tersando su piel joven.
But… haven’t I also been thinking about an escape? What makes me different, then? Well, they are not in a position to quiet themselves and philosophize, much less to choose; they can’t think of anything else, and for that very reason, I believe it justifies my compassion, my sadness at their fate, even if it is the fleeting fate of these moments when my gaze lingers on them and I think I understand what they are going through. Because if it rains and grows dark and they are out in the open, for that reason alone, I think (it occurred to me suddenly, I don’t really know) that they are now incapable of being moved by an idea, perhaps by music, or even by the contemplation of the beauty of a young girl who is also running, but laughing, her wet clothes smoothing her youthful skin.
Mirando a tantos que escapan de una tarde tan triste -caramba, insisto: ¿yo mismo no lo haría, acaso no lo hice cuando busqué este bar ignoto?-, es posible comprender que nuestra relación con el planeta que habitamos sea desprolija, contradictoria; y pienso que este adjetivo, que acaba de venir a mi mente vaya a saber por qué impulso, se parece a una manera de ejercer la piedad. Claro, ahí afuera, sobre todo ahí afuera, empapados hasta el alma y asfixiados de gris, quién puede detenerse a pensar qué diablos pasa con el mundo, con la naturaleza y con nosotros, ni por qué.
Looking at so many people escaping such a dreary afternoon—goodness, I insist: wouldn’t I do the same, didn’t I when I sought out this obscure bar?—it’s possible to understand that our relationship with the planet we inhabit is messy, contradictory; and I think that this adjective, which just came to me for some unknown reason, resembles a way of expressing pity. Of course, out there, especially out there, soaked to the bone and suffocated by gray, who can stop to think about what the hell is happening to the world, to nature, and to us, or why?
Es muy fácil para uno, ya amparado por la calidez de un lugar ocasional que lo aleja del frío y la lluvia, y puesto en observador de los demás, hablar de ideas, de emociones y sentimientos, en fin, de todo aquello que aunque pasen años y años, ya con poco por vivir, no alcanzamos a discernir: no “qué somos” sino “quiénes somos”. Si, está la memoria, para jugarnos picardías reapareciendo el recuerdo de tantos recuerdos que van quedando cada día más lejos; sin embargo, ¿cuál es la explicación de todo lo que ocurre y de nuestras reacciones? ¿Cuáles son, si los hay, los por qué? Por ejemplo, dónde nace esta angustia que no puedo ni describir y que quiero borrar con la realidad que me rodea ahora?
It’s easy for someone, sheltered by the warmth of a temporary refuge from the cold and rain, and positioned as an observer of others, to talk about ideas, emotions, and feelings—in short, about everything that, even after years and years, with little left to live, we can’t quite grasp: not «what we are,» but «who we are.» Yes, memory is there, playing tricks on us by bringing back memories that fade further each day; however, what explains everything that happens and our reactions? What are the «whys,» if any? For example, where does this indescribable anguish come from, this anguish I want to erase with the reality that surrounds me now?
Quizás hay preguntas que no deben hacerse.
Perhaps there are questions that shouldn’t be asked.
Quizás hay respuestas que es mejor no conocer.
Perhaps there are answers that are better left unknown.
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LA AVENTURA DEL TANGO: El violin me eligió a mi
ANTONIO PIPPO PEDRAGOSA. Periodista, editorialista. Dir. Gral de Cultura Tanguera. COLUMNISTALo último que hizo fue viajar a Riga, capital de Letonia, para grabar tres obras, en formato clásico pero con base de tango, para dos violines -el suyo y el de su hijo Pablo- y una orquesta integrada por sesenta músicos locales: -¡Bendito sea Dios, que me dio esto en el ocaso de mi vida! Las melodías me aparecieron de golpe. Cuando pude escucharlas armonizadas en un procesador no lo podía creer…
Poco antes de partir tuvo una premonición.
-Tengo miedo de morir.
-No diga eso, maestro.
-Es que me están pasando cosas maravillosas, increíbles. Cosas que no entiendo, como que Zubin Metha me quiera conocer o los maestros Isaac Stern y Simón Blech me elogien tanto. Que se queden sorprendidos con el sonido y los yeites tangueros de mi violín…
Fue el canto del cisne.
El disco salió y llegó a Argentina, pero al regreso, ese mismo año, 1998, el 17 de octubre, Antonio Pablo Agri, uno de los más grades violinistas del tango y el preferido de Piazzolla, dio su último suspiro poniendo fin a una cruel enfermedad que muy rápidamente lo dejó sin chance de pelear.
Agri había nacido el 5 de mayo de 1932 en Rosario, donde aprendió música clásica y popular con el maestro Derminio Guastavino y desde chiquilín, debutó en 1947, se destacó en varias orquestas -Fresedo, De Angelis, Basso, Troilo, Salgán, Federico- y acompañando a artistas consagrados: usó siempre un violín sin marca, que describía cariñosamente como “berreta y leal, igual a un viejo Chevrolet”.
Pero Antonio Agri es inseparable de la mejor historia de Piazzolla.
Corría 1962 cuando Astor soñaba formar su “Quinteto Nuevo Tango”, aunque sentía que le faltaba algo muy preciso. Fue entonces que Nito Farece, violinista de Pichuco, le recomendó a aquel rosarino de treinta años. No era sencillo convencer a Piazzolla: exigente, obsesivo y de carácter espinoso, más de una vez había pegado un portazo y dejado a un aspirante en la calle. Cuando llegó Agri y vio su violín puso mala cara, le dijo, seco, que tocara algo y le dio la espalda; raro en él, quedó callado. Al terminar la prueba una sonrisa se dibujó en su cara y enseguida gritó: -¡Al fin conseguí a uno que es Vardarito, Francini y Bajour al mismo tiempo!
Estuvieron juntos doce años. Agri no aprendió a mejorar su toque con Piazzolla, pero el estímulo recibido le permitió potenciar sus propias facultades. Es a Astor a quien pertenece el concepto de roña para describir el modo de templar el instrumento: es un sinónimo de yeite o, dicho más castizamente, de la cadencia; una manera de colocar y acariciar el arco, una forma íntima de arrancar sonidos viejos y nuevos sin la que, lisa y llanamente, no hay tango. Trucos, improvisaciones de las que tanto sabía el autor de Lo que vendrá.
Dijo Osvaldo Requena: -¿Sabés? No sé si los estudios de Agri fueron de más de dos días. Por ahí exagero, pero no mucho. Fue un intuitivo notable. Sin apartarse de lo escrito creaba sus cosas y… ¡fijate si lo haría bien que Piazzolla, que por supuesto lo advertía, se quedaba calladito! Es que era un aporte impresionante…
Antonio Agri fue el violín solista de María de Buenos Aires, actuó en el Colón, en el Olympia de París, grabó con la Royal Philarmonic de Londres, lo convocó el cellista Yo Yo Ma para hacer Soul of tango y acompañó a Paco de Lucía, Plácido Domingo y Mercedes Sosa. A mediados de la década de 1970 formó su propio conjunto de cuerdas y aceptó un contrato con la Orquesta Estable del Colón.
-Astor me dijo de todo. Que lo dejaba a él por “un oscuro atril con el que buscaba una jubilación”. Y hoy que lo pienso otra vez… tenía razón. Yo jamás trascendí tocando Mozart o Vivaldi. Toda mi repercusión se debe al tango y a mi viejo violín.
Manuel Adet lo definió como nadie: -Todas sus ideas giraban en torno al violín. El de la “chicharra” para la rítmica de Piazzolla; la cuerda de sol para las notas graves vibrantes; la cuerda de mi para los dulcísimos agudos y las de re y la para las envolventes, en el registro medio.
Recién en la madurez Agri alcanzó también éxito como compositor en exquisitas obras complejas pero pegadizas: Sin pretensiones de nada (I y II), Agri por 2, Carambón y Kokoró – Kará.
Se le recordará, además y especialmente, claro, por sus ejecuciones de todo Piazzolla y de Los mareados, Nostalgias o Retrato, de Alfredo Gobbi. Y por su tierna, conmovedora humildad:
–El violín me eligió a mí. Por eso soy músico. Como dijo Yupanki: “Hay quien deslumbra y quien alumbra”. Yo jamás pretendí deslumbrar…
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EL PENSADOR: ¿Y los viejos sabios?
Por Antonio Pippo
Hay una acepción de la palabra educación que es sinónimo de cortesía, urbanidad.
Es sencillo apreciar cuando una comunidad, en su devenir cotidiano, es educada o lo contrario. Sobre todo, característica original de nuestro comportamiento social, se advierte durante un clásico de fútbol o en las etapas más ardientes de una campaña electoral.
Ahora mismo estamos siendo muy poco urbanos, corteses o educados. Y quienes se han puesto al frente de tamaña corriente son los políticos, aunque es probable que se sugiera esto como una generalización exagerada.
Puede ser. Pero imputando a tres o cuatro figura que llevan esa oscura, sucia y rota bandera, alcanza y sobra.
Asistimos a un debate (¿) ordinario, mal hablado, insultante, agresivo y mentiroso que flaco favor hace a los ciudadanos, desesperados por saltar esa valla. Es una muestra penosa, deplorable, del descaecimiento moral que predomina
Hay un aspecto que me interesa resaltar y remite al pasado remoto.
En pueblos que la presuntuosidad occidental llamó “primitivos”, y que prefiero denominar, siguiendo el buen hábito de algunos antropólogos, “de tradición”, los consejos de ancianos se reunían para afrontar circunstancias importantes y la palabra de sus miembros constituía ley no escrita. Los viejos, entonces, eran los conductores, aquellos que resolvían entuertos complejos y que, imperturbables, sostenían el respeto de su pueblo sólo con serenidad y sabiduría. Y qué decir de su cortesía, de su urbanidad, de su educación.
Lo curioso es que han pasado milenios pero hasta no hace tanto a los ancianos se les prestaba una atención similar. Es verdad: aunque yo he vivido épocas donde eso aún pasaba en los últimos años, pero, al decir del bolichero Varela, de Mal Abrigo, “se fue dando vuelta la taba”.
“¡Viejo de mierda!”, “¡internalo en un geriátrico!”, “!mandale la jubilación con un delivery!”, son ciertas exquisitas expresiones que los príncipes harapientos de la tribu, los jóvenes de hoy, agracian a sabios desmonetizados.
Ser viejo paga poco estos días.
Sin embargo, porque somos un país de contradicciones y el envejecimiento de nuestra sociedad es inexorable, en las cúpulas políticas esos ancianos, en otros escenarios reverenciados, no son escuchados como representantes de Mahoma que bajaron de la montaña.
Imposible mejor contexto para que aquellos cargados de años y de experiencia derramen un mensaje constructivo, tolerante, respetuoso y, en particular, inteligente. Si así fuere, todo lo demás seguiría siendo verdad pero a nosotros, los nabos de siempre, los contribuyentes, nos abrigarían los consensos, los acuerdos, las políticas de Estado.
Ajá. Espere sentado, amigo.
Yo creo que en la política cambiaron las fichas: ¿dónde están los viejos sabios? No, no los queremos. Hay que renovar. Además ¿quién queda respirando? ¿Sanguinetti? ¿Lacalle padre? Necesitaríamos más que dos representantes de la ancianidad sabia.
Ay, ay… Me parece que nos vamos a quedar por un tiempo con la energía de Bordaberry, el trabalenguas de Orsi, la engañosa locuacidad de Cosse, murmullo con los cambios de motor fallado de Manini y los gritos desaforados de Salle
Feo el tablado.
Con un par de ancianos no salvamos ni el carnaval.
Y con los que están parloteando estamos al horno.
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RELATOS REALES: Hasta pronto, Luis
TRUE STORIES: See you soon, Luis
Por Antonio Pippo
Es dura la muerte y nos alcanzará a todos.
Death is harsh, and it will come to us all.
Pero no toda muerte es igual: sube a una dolorosa tragedia si se trata de un hijo, de una madre, de un amigo de siempre, casi un hermano; o pasa como un dato, una información y se abraza a la indiferencia, cuando ni idea tenemos de quien se trata; y hay veces en que conmueve profundamente, como si recorriera nuestra energía interna dejándonos un mensaje, aunque se trate de aquellos a quienes nunca conocimos ni tratamos pero a lo largo de décadas han encendido las luces de nuestra admiración, respeto y agradecimiento.
But not all death is the same: it becomes a painful tragedy if it is the loss of a child, a mother, a lifelong friend, almost a sibling; or it passes by as a mere fact, a piece of information, met with indifference, when we have no idea who it is; and sometimes it moves us deeply, as if it courses through our inner energy, leaving us with a message, even if it is the loss of those we never met or interacted with, but who, over decades, have ignited the flames of our admiration, respect, and gratitude.
Hoy quiero envolver una última muerte generosa al artista: un escritor, un músico, un escultor, un pintor, en fin.
Today I want to acknowledge one last generous death for the artist: a writer, a musician, a sculptor, a painter, and so on.
Acaba de morir, a horas de haber estado en un escenario, a sus ochenta y seis años, Adalberto Luis Brandoni, nacido en Dock Sur, Buenos Aires, el 18 de abril de 1940. Fue un actor -de los más grandes en todo el mundo de habla hispana- que se destacó en el teatro, su verdadera casa, el cine, la radio y la televisión.
Adalberto Luis Brandoni, born in Dock Sur, Buenos Aires, on April 18, 1940, has just died hours after being on stage. He was an actor—one of the greatest in the entire Spanish-speaking world—who excelled in theater, his true home, as well as in film, radio, and television.
A quien lea esto puede parecerle curioso, o exagerado, que yo diga que, al conocer la noticia, me paralizó un sentimiento de congoja y descreimiento que, al pasar los minutos, se hizo llanto breve y cierta confusión. No conocí a Brandoni; nunca lo vi personalmente sino a través de imágenes y sonidos provenientes de sus actuaciones y de sus reportajes, a lo largo de décadas. Y al rato comprendí que había cumplido con el sagrado misterio del arte verdadero: penetrar en nuestra emoción, obligándonos a pensar, llevándonos a no dejar de intentar el descubrimiento -por la tristeza o por la alegría sanadoras- de nuestra propia identidad.
To anyone reading this, it may seem curious, or even exaggerated, that I say that upon hearing the news, I was paralyzed by a feeling of anguish and disbelief that, as the minutes passed, gave way to brief tears and a certain confusion. I didn’t know Brandoni; I never saw him in person, only through images and sounds from his performances and interviews, over decades. And after a while, I understood that he had fulfilled the sacred mystery of true art: to penetrate our emotions, forcing us to think, leading us to never cease trying to discover—through healing sadness or joy—our own identity.
Porque la pregunta esencial de la vida que pasa y hasta el final no es “qué somos” sino “quiénes somos”. De otro modo, como dijo Pavese alguna vez: “Mudos, descenderemos al abismo”.
Because the essential question of life, which unfolds until its end, is not «what are we» but «who are we?» Otherwise, as Pavese once said: «Mute, we will descend into the abyss.»
Esto no es una biografía. No es mi tarea, creo, la de repetir lo que por estas horas abunda en todas partes: las grandes actuaciones de Luis en los múltiples escenarios que transitó, con sus ojos claros de mirar bondadoso, que sabía llevarlos a la ironía, al humor, al drama y a la incomprensión por la complejidad de la vida, siempre dándole a sus personajes -fueran los que fuesen- una credibilidad asombrosa que sacudía los sentimientos de los espectadores con esa voz quebrada y fina, defecto que transformó en virtud para un grato reconocimiento y hasta placer de su público.
This is not a biography. It is not my task, I believe, to repeat what is already abundantly known: Luis’s great performances on the many stages he graced, with his clear, kind eyes that he knew how to use to convey irony, humor, drama, and a sense of incomprehension at the complexities of life. He always gave his characters—whoever they might be—an astonishing credibility that stirred the emotions of the audience with that soft, delicate voice, a flaw he transformed into a virtue, earning the appreciation and even pleasure of his public.
Es verdad. Fue un extraordinario actor y también un hombre que anduvo por la política, tuvo conflictos que no eludió y contradicciones que le costó aceptar y corregir y, fuera de los escenarios solía parecer hosco hasta la intimidación, pero, si advertía respeto e inteligencia en el interlocutor, enseguida sacaba a luz su gracia, su vigor intelectual y su amplia cultura, convirtiendo la charla casual en una celebración.
It’s true. He was an extraordinary actor and also a man who dabbled in politics, had conflicts he didn’t shy away from, and contradictions he struggled to accept and correct. Offstage, he often seemed gruff, even intimidating, but if he sensed respect and intelligence in his interlocutor, he would immediately reveal his charm, his intellectual vigor, and his broad culture, transforming a casual conversation into a celebration.
Su primera esposa, habiéndola conocido en la adolescencia, fue la también actriz Martha Bianchi, con quien convivió treinta años y le dio dos hijas. Dicho por él, pese a la separación, “jamás se borró esa hermosa huella”. Tras el alejamiento, apareció Mónica López, con la que tuvo un matrimonio ya en la madurez, más corto y sacudido por una pasión comprometida por distintas formas de vivir el amor y el carácter en la cotidianeidad. En los últimos años, Brandoni sorprendió con su relación con Saula Benavente, treinta años menor que él.
It’s true. He was an extraordinary actor and also a man who dabbled in politics, had conflicts he didn’t shy away from, and contradictions he struggled to accept and correct. Offstage, he often seemed gruff, even intimidating, but if he sensed respect and intelligence in his interlocutor, he would immediately reveal his charm, his intellectual vigor, and his broad culture, transforming a casual conversation into a celebration.
En la juventud coqueteó con la izquierda, acercándose al Partido Comunista, hasta que conoció a Alfonsín, quien ejerció sobre él tal influencia que Luis adhirió con mucha convicción al Radicalismo, hasta el final, no eludiendo debates ni conflictos, sosteniendo siempre una sólida integridad moral e intelectual más allá de los cambios de ideas.
In his youth, he flirted with the left, becoming close to the Communist Party, until he met Alfonsín, who exerted such an influence on him that Luis wholeheartedly embraced Radicalism until the end, never shying away from debates or conflicts, always maintaining a solid moral and intellectual integrity despite changes in his ideologies.
Secretario General de la Asociación Argentina de Actores, fue uno de los creadores de la Casa del Teatro y llegó a la diputación nacional, lo que acentuó -fuera de los escenarios- sus fuertes discusiones, su renuncia al gremio y cierta fama de “intratable”. En realidad, lo que surgía siempre era la energía de defender su pensamiento y el desprecio por los dogmas y fanatismos.
As Secretary General of the Argentine Actors Association, he was one of the founders of the Casa del Teatro (House of Theater) and served as a national deputy, which accentuated—offstage—his heated arguments, his resignation from the union, and a certain reputation for being “unmanageable.” In reality, what always emerged was his energy in defending his beliefs and his disdain for dogma and fanaticism.
¿Premios en vida? Los que quiera imaginar, amable lector.
Awards during his lifetime? As many as you can imagine, kind reader.
Y ahora parto. Voy hacia mi interior, para disfrutar de lo que la memoria me traiga sobre este hombre que conmovió tanto mis sentimientos y me ayudó – vuelvo a decirlo, desde el placer a la tragedia- a indagar en mi mismidad y a que no cesen los recuerdos de los recuerdos de su recuerdo que caigan sobre mi alma.
And now I depart. I journey inward, to savor whatever memory brings me about this man who so deeply stirred my feelings and helped me—I repeat, from pleasure to tragedy—to delve into my very being, and to ensure that the memories of his memory never cease to fall upon my soul.
–Extraviado lucero/ en la luz de la aurora,/ sonido de la brisa,/ respiración, tibieza-/ la noche ha terminado./ Eres luz y mañana. (Cesare Pavese).
-Lost star/ in the light of dawn,/ sound of the breeze,/ breath, warmth-/ the night has ended./ You are light and tomorrow. (Cesare Pavese)
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EL PENSADOR: Gonzáles y Maquiavelo
Por Antonio Pippo
Hay un buen cuento. Es viejo, pero hoy sirve.
Dos borrachos en el mostrador. Uno, apoyando la cabeza sobre los brazos, dice:
-No puede ser que le hagan esto a González… ¡Un hombre de bien! Pregunta y le dicen cualquier boludez… ¡A González, te das cuenta!
Levanta la cabeza y mira al compañero: -¿Qué pensará el pobre González?
El otro balbucea:
-Pero… ¡Si González sos vos!
El que había discurseado lo mira y le espeta:
-¡Es que hablás tanto que me confundís…!
Yo, y supongo que otros ciudadanos, estamos como González, pero frescos. Nos hablan tanto los políticos que la confusión es catedralicia.
Y todo porque queremos saber cuáles son, en detalle, los programas de gobierno de los partidos que aspiran a gobernar.
¿Qué los han editado en prolijas ediciones? Verdad. Aunque hay dos problemas.
Primero, no están a la mano ni en cualquier parte. Conseguirlos exige una operación de inteligencia. ¿Por qué no los hacen más accesibles a cualquier mortal?
Segundo, son puros enunciados; la expresión simple y muy sencilla de una idea. Tan breve y sencilla que podríamos llamarlos telegramas.
¿Ejemplos, lector?
“Vamos a abatir el déficit fiscal”. ¿Cómo? “Primero, achicando el tamaño del Estado”. ¿De qué forma? “Hay posibilidades de ahorro en la gestión pública”. ¿Cuáles?
Si usted, amigo, encuentra respuestas que pueda entender hasta Piñón Fijo, le juro que le pago un asado.
Hay más: “El país necesita aumentar sus ingresos, pero nos comprometemos a no subir los impuestos”. ¿Quiénes son, Mandrake? “Es posible que haya que hacer algún ajuste por la situación general”. Caramba…, si no aumenta la carga tributaria, se exonera de todo lo imaginable a la más grande inversión extranjera y encima el país pone miles de millones de dólares –que salen de nosotros, los nabos de siempre -para que venga, ¿cuál será el acto de magia que no aumente lo que pagamos mes a mes, ahuyente la idea de shock o política gradual de ajuste y no pida préstamos internacionales que serían iguales a un pisotón sobre una uña encarnada?
No lo sabe ni el gaucho payador, que tiene a mano miles de frases de ocasión, sacadas de libritos de auto ayuda.
Hay decenas de ejemplos y la cuestión, al cierre de la lectura de propuestas partidarias, es siempre la misma; sobre inflación, dólar a futuro, desempleo, educación, seguridad, salud, jubilaciones y cuanto se nos ocurra, si apartamos dogmas militantes, fanatismo e ignorancia por un momento –igual de complejo a probar la existencia de Dios-, al cerrar los programas la respuesta seguirá siendo enunciados y más enunciados.
La forma en que pasarán a hechos –adivinó, lector- no se sabe.
Se les puede creer aunque sean mentiras, o cambien de dirección tras el acceso al poder, o se puede dudar de ellos pese a que quizás contengan verdades.
No fue un filósofo, sino un etólogo, Franz de Wall, quien dijo que Maquiavelo describió las manipulaciones de príncipes y papas, lo esencial del poder en ese tiempo, y cayó injustamente acusado de justificar todas esas prácticas, cuando su pecado fue creer que algunas podían ser necesarias.
Estamos rodeados de Maquiavelitos, aunque algunos no lo sepan o, tal vez, en sólo se le parezcan y en su interior no quieran serlo.
No bastan la radio, la televisión ni las páginas partidarias para exponer lo que dicen que harán. Por un lado está lo escueto de esa comunicación y por otro, la incomprensión ciudadana.
Quiero decir, además, a nombre de los ciudadanos con capacidad de libre pensamiento crítico, que cada semana queda la impresión de que somos menos.
Ah, sí, lo olvidé. Seguimos en campaña política.
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RELATOS REALES: de la Vida al miedo final
TRUE STORIES: From Life to Final Fear
Por Antonio Pippo
– Gracias por venir… si, ya sé, yo mismo no quería que me vieran así, en esta vieja cama de hospital, flaco, ojeroso… Pero eso fue… ¡iba a salir enseguida…! En fin, ahora es distinto… Ahora no sé si voy a salir…
«Thanks for coming… yeah, I know, I didn’t want you to see me like this, in this old hospital bed, thin, with dark circles under my eyes… But that was it… I was going to be discharged soon…! Anyway, now it’s different… Now I don’t know if I’m going to make it…»
-¡Pará, loco! No es para tanto…
«Hold on, man! It’s not that bad…»
-Je…, el optimista… Estoy hecho una bolsa de basura y me está matando la soledad… Bueno, es un decir… ¡Mirá todos esos rostros compungidos! Son mis compañeros de dolor… ¡o querés que diga “ruta”! Pero vení, sentate en la cama. ¡Qué bueno que viniste! Al menos podemos conversar un rato, ponerme al día…
«Ha… the optimist… I’m a wreck and the loneliness is killing me… Well, that’s an understatement… Look at all those mournful faces! They’re my fellow sufferers… or do you want me to say ‘fellow travelers’? But come on, sit on the bed. It’s so good you came! At least we can talk for a while, catch up…»
-El que anda mal es el Chueco… Ya venía de suplente y el otro día llegó borracho al entrenamiento. Suspendido sin fecha de reintegrarlo.
«The one who’s doing badly is Chueco… He was already on the bench and the other day he showed up drunk to practice. Suspended indefinitely.»
– Chupa mucho, el Chueco… Y no se da cuenta que los años pasan y te cobran precio. ¡Mirá yo, si no…! A mí se me hizo tarde definitivamente… No, no… nada de tristeza. Ya me acostumbré. Flaco y… ¿querés tomar algo? Tengo un jugo de frutas que no sabés… je, je… ¿Te reís? Mirá, el otro día me dejaron levantar y caminar un poco. Anduve por la sala, pero me canso mucho. Entonces ni yo mismo me entusiasmo si estoy de pie… Me acerqué a aquel ventanal grande y me quedé un rato mirando el patio… Me hizo mal… ¡Qué tristeza, hermano! Todo gris, lluvioso, frío…
«He drinks a lot, Chueco… And he doesn’t realize that the years pass and take their toll. Look at me, if I don’t…! I’m definitely past my prime… No, no… no sadness. I’m used to it. Hey, skinny… want something to drink? I have a fruit juice that you wouldn’t believe… ha, ha… Are you laughing? Look, the other day they let me get up and walk around a bit. I walked around the living room, but I get tired really easily. So even I don’t get excited if I’m standing… I went over to that big window and stood there for a while looking at the patio… It made me feel bad… How sad, brother! Everything gray, rainy, cold…
-Bueno, bueno, pará con la melancolía… ¿No querés saber de los otros amigos…? El Chiquito Otegui, por ejemplo…
«Okay, okay, hold on to the melancholy… Don’t you want to hear about the other friends…? Chiquito Otegui, for example…»
-¡El Chiquito, otro exquisito bebedor! Decime… ¿terminó la casita para no vivir más en el fondo el boliche ruinoso que tenía, con el excusado al lado…? Dijo que con la jubilación y un préstamo le daba…
«Chiquito, another exquisite drinker!» Tell me… did he finish building the little house so he wouldn’t have to live in that dilapidated shack he had in the back anymore, with the outhouse next door…? He said he’d get his pension and a loan…
-No, todavía anda en vueltas. Pero ya le aprobaron un préstamo. Ahora está viviendo el último tiempo, espero, en el basurero donde quiere levantar la casita, en una carpa…
-No, he’s still working on it. But they already approved a loan for him. He’s spending the rest of his time, I hope, in a tent at the garbage dump where he wants to build his little house…
-¡Y yo quejándome…! Che, supiste algo de la Mariela… no ha venido ni un día a verme… Pará, pará… mejor no me digas nada. En una de esas es peor. Total… Sí, tenés razón me estoy poniendo otra vez tristón y no es bueno. Además, ¡qué va a venir, con lo mal que la traté en el último tiempo…! Siempre por el alcohol y esa idea de creerte inmortal, el último de los mohicanos, ese que cree que hay una vida especial sólo para él… Y eso de andar con ella y, cuando se descuidaba ponerme a quilombear. Hoy me veo tan idiota, tan cretino… Seguro se cansó…
«And here I was complaining…! Hey, have you heard anything about Mariela? She hasn’t come to see me once… Wait, wait… better not say anything. It might make things worse. Anyway… Yeah, you’re right, I’m getting sad again and it’s not good. Besides, what’s she going to come, with how badly I treated her lately…! Always because of the alcohol and that idea of being immortal, the last of the Mohicans, the one who thinks there’s a special life just for him… And that business of hanging around with her and, when she wasn’t looking, starting a fight. Today I look so stupid, such a fool… She must have gotten tired of it…»
-¿Querés que prenda la radio y nos entretenemos un rato…?
«Do you want me to turn on the radio and we can have some fun?»
-Si, si… tenés razón… buscá alguna cumbia o algo de música brasilera o del Caribe… ¿Y por qué ponés esa cara? Todas las mañanas sintonizo “Clarín” y me suicido -figurativamente, eh?- con Gardel y con Pugliese… Ayer me pasó… me agarró una emoción inmensa y ocurrió una cosa rara… disfrutaba de esos genios, pero no paraba de llorar…
«Yes, yes… you’re right… find some cumbia or some Brazilian or Caribbean music… And why are you making that face?» Every morning I tune in to «Clarín» and I figuratively commit suicide—by listening to Gardel and Pugliese… It happened to me yesterday… I was overcome with emotion and something strange happened… I was enjoying those geniuses, but I couldn’t stop crying…
-Es que eso suele pasar, loco… es como si te presentaran cartas que definen quién sos, pero entreveradas… Vos estás en esa etapa, cuando ya no importa un carajo qué somos, sino quién somos… Porque llegás a una edad, y en medio de circunstancias que no ayudan, y te acosa la memoria con el pasado, que es tu único presente, y no poder definirte, ah… Esa es brava… Uy… Perdoname, vine a darte ánimo y me traicionan mis propios fantasmas… Disculpá…
«That’s what often happens, man… it’s like being presented with cards that define who you are, but all mixed up… You’re at that stage, when it doesn’t matter what we are anymore, but who we are… Because you reach a certain age, and in the midst of circumstances that don’t help, and your memory haunts you with the past, which is your only present, and not being able to define yourself, ah… That’s tough… Oh… Forgive me, I came to cheer you up and my own ghosts betray me… Excuse me…»
-No, está bien… Con otras palabras, pero coincido con tu idea. Es como una bola de casín que rebota y rebota en las bandas, yendo de aquí para allá… Hoy la memoria cargada de los recuerdos del recuerdo que te destruyó una vez… Mañana, esa misma memoria cargándote con el maquillaje del recuerdo, del recuerdo, de aquello que te saca una sonrisa y te envuelve el cuerpo en una serenidad maravillosa…
«No, it’s fine… In other words, but I agree with your idea. It’s like a volleyball bouncing and bouncing on the rails, going back and forth… Today, memory is laden with the memories of the memory that once destroyed you… Tomorrow, that same memory will fill you with the makeup of memory, of that memory that brings a smile to your face and envelops your body in a wonderful serenity…»
-Eso te quería decir…
«That’s what I wanted to say…»
-Claro, pero es muy rápido todo, se va veloz, y a veces tarda en volver. La memoria, demás -lo escuché de un médico de acá- tiene una parte neuronal que no manejás vos… Te trae cosas y todo trabaja, para bien o para mal, en la emoción, en los sentimientos… Creo que lo entendí bien… Paciencia y pan criollo, decía mi viejo… ¿Vez? Apareció mi viejo y lo relaciono con lo que dijo el médico… ¡Mi viejo! ¿Sabés cuándo hace que no lo recordaba? Otro hijo de puta, en realidad, aunque me crió porque mi vieja nos abandonó muy temprano. Se me fue tan pronto, que casi no me di cuenta… Pero lo sufrí después, incluso ahora, mucho, mucho. ¿Y si que lo esté recordando ahora y me duela es un síntoma? Algo que me acerca más al final, como llamándome… Ahora te quedaste callado… Sabés que tengo razón, se te nota en los ojos. Tenés una mirada delatora, limpia, clarita, reveladora. Y ahora veo compasión… Dejame aprovechar estos raros momentos en que voy y vengo por mi vida que fue y cuánto tienen que ver algunas cosas como las pienso y hago…
«Of course, but it all happens so fast, it goes by so quickly, and sometimes it takes a while to come back. Memory, moreover—I heard this from a doctor here—has a neural component that you don’t control… It brings things back, and everything works, for better or for worse, on emotion, on feelings… I think I understood it well… Patience and hard work, my old man used to say… You see? My old man appeared, and I connect it to what the doctor said… My old man! Do you know how long it’s been since I thought of him?» Another son of a bitch, really, even though he raised me because my mother abandoned us very early. He left so soon, I hardly noticed… But I suffered afterward, even now, a lot, a lot. What if remembering him now and feeling the pain is a symptom? Something that brings me closer to the end, like he’s calling me… Now you’re silent… You know I’m right, it shows in your eyes. You have a telltale gaze, clear, bright, revealing. And now I see compassion… Let me take advantage of these rare moments when I go back and forth through my life that was and how much some things are connected to how I think and do them…
-¿Querés que apague la radio?
«Do you want me to turn off the radio?»
-Sí… y… no lo tomes a mal… pero ándate… Quisiera pensar un rato solo y después dormir, si puedo. ¿El fin de semana que viene? Me hizo mucho bien que hayas venido… Igual, ¡no me hagas preguntas boludas! ¿La semana que viene? Y… ¡yo qué sé! Andá a saber, Zaratustra!
«Yes… and… don’t take it the wrong way… but go away… I’d like to think for a while alone and then sleep, if I can. Next weekend? It did me a world of good that you came… Anyway, don’t ask me stupid questions! Next week? Well… how should I know! Who knows, Zarathustra!»
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