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  1. EL PENSADOR: La omisión que mata oportunidades

    Por Antonio Pippo

    Si hay algo que no falta en Uruguay son problemas.

    Como hablar de todos me parece imposible en una reflexión sintetizada como ésta, me centraré en una cuestión que me mantiene confundido.

    Si en medio de una crisis económica que no ha cesado uno descubre que el sector que está trabajando a pleno empleo y con fuertes inversiones locales y del exterior es la industria de la construcción, mientras con fuerte sonoridad resuenan protestas por la necesidad de viviendas de interés social para beneficio de los sectores más castigados, es como tropezar con una contradicción.

    Sin embargo, luego de analizar con detenimiento el proceso que vivimos, todo responde a una lógica, aunque ésta implique, al menos, omisiones injustas.

    ¿Qué es lo que mantiene a esta industria empujada por esas inversiones?

    Enorme cantidad de altos edificios en distintos barrios distinguidos, así como casas en parques privados. Toda una propuesta variada, básicamente destinada por los precios a la clase alta de Montevideo y del exterior. Como la oferta supera la demanda, está ocurriendo otro fenómeno que da para reflexionar: sobre todo en las modernas e imponentes torres habitacionales gran cantidad de apartamentos vacíos. Ocurre que se han vendido pero no se han ocupado; esa es una inquietud menor de los inversores –en particular argentinos y brasileños, aunque ahora se han sumado chilenos y paraguayos- cuyo objetivo central es dejar aquí sus dólares por los beneficios que nuestra estabilidad implica con respecto a la economía de sus países. ¡Lo de los argentinos es impresionante!

    Ahora bien, mientras este proceso se mantenga dentro de la legislación y normas que están establecidas, nada debe objetarse. Salvo, claro, pedir que no se distraigan quienes son los responsables de investigar maniobras de lavado de dinero.

    Mientras tanto, el reclamo de una vivienda simplemente digna al alcance de la clase media baja, de los pobres, de los marginales hacinados en barrios invivibles y los ya resignados pobladores de asentamientos que se prometió eliminar, sigue sonando como una clarinada de protesta. Y lo que aparecen son enunciados, alusiones a las dificultades del Estado de invertir en ello y, al fin, el incumplimiento.

    Mi sorpresa de estos meses, alimentada día tras día, es la constatación de que hace no menos de veinte años que los gobiernos han dejado de mirar hacia el cooperativismo, que décadas atrás produjo una revolución, sacando de la indignidad a miles de familias con las cooperativas de vivienda, sea por ahorro previo o por ayuda mutua, éste un mecanismo muy conveniente para los más desfavorecidos porque abarata el sistema al sustituir las entregas iniciales y luego mensuales, por trabajo en las obras de integrantes de las familias interesadas en vivir en esos complejos.

    Por cierto que conozco los problemas que, sobre todo en la dictadura e inmediatamente luego de ella, se produjeron, sobre todo, por el peso del aumento, ya concluidas las obras, de las cuotas de los préstamos concedidos por el Banco Hipotecario.

    Pero también sé que ningún gobierno -¡ninguno, más allá del palabrerío y del invento hasta ahora insuficiente y deprimente del Ministerio de Vivienda!- ha prestado atención al sistema cooperativo para resolver un problema que a todos ellos, durante cada gestión, ha generado una intensa picazón en la conciencia y, está claro, el descenso de las posibilidades de vivir mejor de cada vez más cantidad de familias, la mayoría del país, castigadas por los precios de venta y los alquileres.

    Por supuesto que ningún sistema es perfecto y esto vale para el cooperativismo. Sin embargo, siento la necesidad –porque sé de qué estoy escribiendo ya que estuve años en ese escenario- de afirmar que, gratuitamente, cada gobierno de los últimos cincuenta años ha temido que las cooperativas, en especial de personas habitualmente marginadas, se convirtiesen en un comité de base de la izquierda. Que nadie lo niegue porque va a sufrir un topetazo. Y lo que también puedo decir, porque es verdad, es que en las federaciones esa izquierda ha trabajado mucho, pero las cooperativas siguen siendo eso, cooperativas, con una ejemplar convivencia entre quienes tiene ideas de un tipo u otro.

    Los asentamientos, con cooperativas por ayuda mutua, una inversión accesible del Estado y usando predios de propiedad estatal o municipal, podrían ser borrados en un par de años de planificada actividad. Lo aseguro sólo como ejemplo. Para otras situaciones, como quienes elijan el sistema de ahorro previo, sólo bastaría que el Hipotecario –acerca del cual he oído que se lo quiere aniquilar- o el rancho pobre del Ministerio de Viviendas ofrecieran préstamos de arranque accesibles y, particularmente, cuotas de pago mensual que contemplen la real situación de los deudores. No es tan complejo. No es imposible.

    Qué sé yo. No creo en milagros, así que bastaría para alentar algún optimismo que ese “no ver a las cooperativas” se disolviera y se iniciara un estudio apropiado hasta ver adónde llegamos.

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  2. EL PENSADOR: leer, comprender, decidir

    Por Antonio Pippo

    Cuando uno piensa en la educación, siempre es conveniente iniciar las reflexiones por el principio, o sea la escuela.

    Ahora, en circunstancias tan comprometidas para la reanudación de las clases y con un tiempo por delante relativamente escaso hasta fines del ciclo 2020, parece sensato asentar las bases de lo que podría ser la enseñanza en el futuro cercano, digamos el año próximo, con optimismo, siempre que ella sea posible en unas condiciones de menor inestabilidad y riesgo.

    No soy un experto en la materia, pero he tenido hijos, he contribuido a su instrucción y me considero, por mis actividades profesionales desarrolladas durante largo tiempo, una persona al menos capaz de dibujar cierta idea muy sencilla –en realidad, sencilla de ser expresada y compleja de ser conducida a actos concretos y eficientes- acerca de aquello que presumo esencial.

    La enseñanza escolar, desde su más temprana etapa, debe dar prioridad en primer lugar a la lectura.

    A partir de aprender a leer y, más importante aún, a entender lo que se lee, se activan el pensamiento y la imaginación y, desde esa meseta, es posible que el niño escriba y exprese oralmente mejor lo que ha ido creando en su mente.

    Claro, esto, en apariencia tan simple, no lo es desde la base misma: exige un programa muy atinado y docentes preparados para entenderlo. No se trata de leer cualquier cosa, sino de acercar los libros adecuados según la edad de los estudiantes, libros que deberán estar relacionados de un modo tal que los dirijan a ir caminando –como diría Huxley- hacia la comprensión de quiénes somos, cómo deberíamos vincularnos, cómo exaltar nuestras potencialidades latentes, qué es la naturaleza, cuál nuestra vinculación con ella, etcétera.

    Y además, todo en un ambiente distendido que permita la libre expresión de los niños, sin deberes pero con el estímulo de traer al otro día, todos los días, sus proyectos o ideas para exponerlos.

    En el otro sector pedagógico que tiene imagen de imprescindible cual cimiento, deben estas las matemáticas.

    A partir de ellas se abrirá a los niños el día a día más complejo y sin embargo apasionante mundo de la innovación tecnológica, hoy sobre todo en el campo de la informática y la robótica, con sus múltiples opciones. El método de enseñanza debe ser el mismo: participación colectiva, entretenimiento, libertad para la creatividad del niño y fomento de la interacción, dejándole el espacio necesario, monitoreado, sí, para que sienta su propio protagonismo. Y ¡por favor! lejos de la filosofía escolástica, que implica que cada quien teja en su cerebro sus telas argumentales sin prestar atención alguna a lo que sucede alrededor.

    Dicho de otra forma, la enseñanza escolar, desde el inicio de su ciclo, tiene que ser entretenida, debe mantener interesados a los niños para que se sientan partícipes de lo que está ocurriendo.

    Es como si los docentes estuviesen, cada día, tendiendo puentes para que ninguno de los que participan en cada clase quede aislado.

    Ahora bien, no puedo olvidar que varios especialistas en docencia y algunos intelectuales de respeto han tenido una coincidencia inquietante: siendo tan indispensables las palabras para la comunicación en el aula –sea por lectura o por matemáticas- tenemos un vocabulario que califican de “absolutamente desastroso en los libros de texto”; en otros términos habrá mucho para corregir y reconstruir en la correspondiente selección del material de uso común.

    Para terminar, otro pensamiento de Huxley, que lo toma de una frase de Shakespeare: “El pensamiento es esclavo de la vida, no sólo de las letras, y no podemos pensar de modo abstracto sin estar involucrados como seres fisiológicos, como miembros de nuestra comunidad”.

    #ANTONIOPIPPOPEDRAGOSA #COLUMNA #COMPRENDER #DECIDIR #ELPENSADORTHETHINKER #LEER #losmasvistos #MUNDO #POLITICA #URUGUAY
  3. RELATOS REALES: El Maestro y los otros dos

    TRUE STORIES: The Master and the Other Two

    Por Antonio Pippo

    La vida es compleja. Por ejemplo, establece relaciones reales e importantes en algún sentido -la cultura, por ejemplo-, construyendo una suerte de cosmos proyector que, desde su nacimiento sin fecha, se seguirá expandiendo entre nosotros sin tiempo.

    Life is complex. For example, it establishes real and important relationships in some sense—culture, for example—building a kind of projecting cosmos that, from its dateless birth, will continue to expand among us timelessly.

    Este relato es subjetivo, pero me consta que no se le puede quitar verosimilitud. He elegido aquel que reúne a tres intelectuales que no fueron amigos, que en un par de casos aislados permitió intercambios personales aislados, y que construyó aquel cosmos proyector aludido antes: Jorge Luis Borges, Evaristo Carriego y Homero Manzi.

    This account is subjective, but I know it cannot be dismissed as plausible. I have chosen the one that brings together three intellectuals who were not friends, who only occasionally engaged in isolated personal exchanges, and who constructed that aforementioned projective cosmos: Jorge Luis Borges, Evaristo Carriego, and Homero Manzi.

    ¿Puede alguien imaginar una relación estética entre Borges, el paradigma del intelectual que escribió, entre cuentos y ensayos, una amplia obra poética, y Manzi, el emotivo, sentimental autor de las letras de tango y que nunca escribió un libro de poesías?

    Can anyone imagine an aesthetic relationship between Borges, the paradigm of the intellectual who wrote, among short stories and essays, a vast body of poetry, and Manzi, the emotive, sentimental author of tango lyrics who never wrote a book of poetry?

    Borges solía evocar, con cierta envidia contenida, a los compadritos, al malevaje, y al arrabal salvaje: –El tango nos da a todos un pasado imaginario/ y todos sentimos que, de un modo mágico,/ que hemos muerto peleando/ en una esquina del suburbio.

    Borges often evoked, with a certain restrained envy, the compadritos, the underworld, and the wild slums: «Tango gives us all an imaginary past / and we all feel, in a magical way, / that we have died fighting / on a street corner in the suburbs.»

    Fue con los tangos viejos que el autor de El Aleph inventó un mundo y lo recreó, aunque después se fuera a otros universos con su erudición y esplendorosa ironía.

    It was with the old tangos that the author of «The Aleph» invented a world and recreated it, even though he later ventured into other universes with his erudition and splendid irony.

    Manzi, según Horacio Salas, “fue el primero en convertir las palabras de los tangos en poesía”, esculpiendo para siempre la nostalgia de lo que hubo, de lo que se fue, de la pérdida: –Así va a chocar esta canción con su ausencia./ Y habrá de resbalar, pobre gotita de agua,/ como resbala el grito grotesco de los perros/ sobre la luna, fría como un trozo de lata”.

    According to Horacio Salas, Manzi “was the first to transform the words of tangos into poetry,” forever sculpting the nostalgia for what once was, for what is gone, for loss: “Thus this song will clash with her absence./ And it will slip away, poor little drop of water,/ as the grotesque cry of dogs slips/ upon the moon, cold as a piece of tin.”

    Su espíritu quedó en ese barrio ideal de la niñez, en la esquina más querida, con la memoria de la novia ausente, sentimental hasta su misma muerte joven.

    His spirit remained in that ideal neighborhood of his childhood, on his most beloved corner, with the memory of his absent sweetheart, sentimental until his own early death.

    Y, sin embargo, hubo un tiempo en que ambos estuvieron más cercanos de lo que muchos han creído. Fue cuando descubrieron, casi al unísono, al otro, a Evaristo Carriego, con un idéntico deslumbramiento.

    And yet, there was a time when they were closer than many have believed. It was when they discovered each other, almost simultaneously, Evaristo Carriego, with identical wonder.

    Borges había sido lector precoz de Whitman, Yeats, Virgilio; Manzi lo fue de Ruben Darío, Amado Nervo y García Lorca. Pero igual que Borges, y aún sin conocerse, se sorprendieron con Misas herejes y La canción del barrio, los libros esenciales de Carriego, un poeta popular que descubrió al barrio como tema poético.

    Borges had been an early reader of Whitman, Yeats, and Virgil; Manzi was a reader of Rubén Darío, Amado Nervo, and García Lorca. But like Borges, and without even knowing each other, they were both captivated by Misas herejes and La canción del barrio, the essential books of Carriego, a popular poet who discovered the neighborhood as a poetic theme.

    En cuanta conferencia dio por el mundo acerca del tango Borges siempre mencionó a Carriego con admiración. Su primer ensayo académico fue sobre él y su obra. Y lo citó reiteradamente, por ejemplo para dar pruebas del origen oscuro, a su juicio obsceno del tango: –En la calle la buena gente derrocha/ sus guarangos decires más lisonjeros,/ porque al compás de “La Morocha”/ lucen ágiles cortes orilleros.

    In every lecture he gave around the world about tango, Borges always mentioned Carriego with admiration. His first academic essay was about him and his work. And he quoted it repeatedly, for example to give evidence of the dark, in his opinion obscene, origin of the tango: -In the street the good people lavish/ their most flattering vulgar sayings,/ because to the rhythm of “La Morocha/ they show off agile, streetwise cuts.

    En Manzi, Carriego fue una marca a fuego y su influencia se advierte ya en el vals ¿Por qué no me besas?, de 1921, su primera y olvidada obra, en su reconocido tango inicial Viejo ciego, estrenado en 1926, y en la creación de una milonga más elaborada que la campera, que llamó “suburbana”: Milonga triste.

    In Manzi, Carriego left an indelible mark, and his influence is already evident in the waltz «¿Por qué no me besas?» (Why Don’t You Kiss Me?), from 1921, his first and now forgotten work, in his renowned early tango «Viejo ciego» (Old Blind Man), premiered in 1926, and in the creation of a more elaborate milonga than the rural one, which he called «suburban»: «Milonga triste» (Sad Milonga).

    No hay que olvidar que Borges fue longevo, Manzi murió a los 44 años y Carriego a los 29. Tal vez por eso convenga cerrar la relación el año de la partida de Manzi, 1951, pues ya había muerto Carriego y Borges tomó, claramente, otros caminos. Voló hacia otros cielos literarios y se convirtió en el mejor escritor en lengua castellana después, quizás, de Cervantes. No obstante, esa suerte de “tiempo compartido” dejó en el ciego inmortal más vínculos de los que se sospecha.

    It’s important to remember that Borges lived a long life; Manzi died at 44 and Carriego at 29. Perhaps that’s why it’s best to end this account in the year of Manzi’s death, 1951, since Carriego had already passed away and Borges had clearly taken other paths. He soared to other literary skies and became the greatest writer in the Spanish language after, perhaps, Cervantes. Nevertheless, this sort of «shared time» left the immortal blind man with more connections than one might suspect.

    Hay que leer El Sur, segundo poema de su primer libro, Fervor de Buenos Aires, -así como El tango– para hallar puntos de contacto estrecho en lo estético, aunque ambas obras están separadas de Carriego y Manzi por 25 años. Y, para cerrar este breve relato tal vez audaz para algunos, en ese segundo poema mencionado, escrito en 1964, Borges dice: –En los acordes hay antiguas cosas:/ el otro patio y la entrevista parra./ Detrás de las paredes recelosas/ el Sur guarda un puñal y una guitarra.

    One must read «El Sur,» the second poem in his first book, *Fervor de Buenos Aires*—as well as «El tango»—to find close points of aesthetic contact, even though both works are separated by 25 years from Carriego and Manzi. And, to close this brief account, perhaps audacious for some, in that second poem mentioned, written in 1964, Borges says: «In the chords there are ancient things:/ the other patio and the interviewed vine./ Behind the wary walls/ the South keeps a dagger and a guitar.»

    #ANTONIOPIPPOPEDRAGOSA #COLUMNA #ELMAESTROYLOSOTROSDOS #losmasvistos #MUNDO #RELATOSREALES #URUGUAY
  4. LA AVENTURA DEL TANGO: Una voz como un abrazo

    Su voz –fijada en el disco- es una caricia delicadamente detenida en la emoción de las gentes.

    Su vida fue ejemplo de dignidad y de respeto y afecto regalado a los demás sin tasa ni medida.

    Qué destino: no pudo ignorar al tango porque lo percibió desde el vientre materno. Sus padres, Roberto y María Antonia, eran bailarines de revistas en El Maipo y El Nacional y ella llegó a danzar embarazada. Cuando nació Oscar, su único hijo, la pareja, que no tenía dónde dejarlo, lo llevaba a sus actuaciones y confiaba en que alguna vestuarista amiga lo atendería en el camarín.

    Quizás por tan inusuales peripecias, Oscar Rodríguez de Mendoza, conocido luego por el seudónimo de Oscar Ferrari –nacido en Buenos Aires el 9 de agosto de 1924, en la calle Deán Funes de Balvanera, donde chirriaban los tranvías y se escuchaba la música del local de “María, la Vasca” – debutó en un escenario con apenas cuatro años, sin saber que aquella precocidad sería interrumpida por un viaje a Montevideo: Roberto y María Antonia cruzaron el río para actuar aquí y radicarse, impulsados por el extenso contrato que les fue ofrecido.

    Pero enseguida apareció la tragedia y cambió las cartas. El padre de Oscar, con apenas veintiocho años, murió inesperadamente. La madre decidió quedarse en Uruguay, donde su hijo dejó de cantar y cursó la mayor parte del ciclo primario. Sin embargo, en1936, acuciada por problemas económicos, volvió a Buenos Aires y se instaló en Barracas.

    Rebrotó entonces Oscar, el postergado chiquilín.

    De él escribió Julián Centeya, años después: –Se le advierte que es una sensación con enormes ansias de hacer. Su actitud es hermosa por lo romántica; le permite ser él, como no dejará de ser. Hacer cosas, aunque no rindan balance gordo… En esto se parece a mí. Los dos vamos en las “perdidas”, pero alegres, las “no ganadas” nos hacen felices.

    De baja estatura, simpático y con un espléndido registro de tenor, Ferrari debutó a fines de 1939 en la orquesta de Atilio Felice, punto inicial de una extensa y brillante carrera: siguió con la Típica Gómez y luego con Juan Caló, Alfredo Gobbi –oportunidad en que conoció a su único maestro de canto, Hugo Gutiérrez, el autor de la música de Después, con letra de Homero Manzi-, Edgardo Donato –con quien estrenó su primer gran éxito, Galleguita-, tuvo un fugaz pasaje con Piazzolla y recién llegó al disco con Jorge Basso, quizás en su mejor momento, reemplazando a Ricardo Ruiz y recreando Venganza, viejo y malquerido tango que alcanzó a grabar ocho veces:

    https://youtu.be/PkPeJGioxFc?list=RDPkPeJGioxFc

    -No sé. Ruiz lo hacía muy melódico. Yo, pese a mi registro agudo, le puse un poquito más de arrabal, más de barro. Otra interpretación, no mejor pero distinta. ¡Y se vendieron cuatro millones de placas! Qué locura. La gente se prendió a una frase casi insufrible: Esta es mi venganza, gritó como fiera,/ morí como un perro, como lo que sos… Raro ¿no? A mí me gustaba más cantar La maleva o Mi vieja viola…   

    Después vino el encuentro con Julio Sosa, del que fue muy amigo, compartiendo cartel durante cuatro años en la orquesta de Armando Pontier:

    -Era un botija pobre que no tuvo una infancia feliz y buscó en el cielo la dicha negada. Lo quise mucho. Su canto fue un grito de amargura; su triunfo, el elixir de la revancha; su muerte, el camino a la paz que tanto merecía. 

    Ya solista –aunque volvió a cantar con Pontier años más tarde, con Leo Lipesker y con Beba Pugliese-, Ferrari recorrió su país, regresó repetidamente a Montevideo y viajó por América y Europa. Multifacético, escribió tres libros –Historias de cabaré, Versos de amor y barricada y A mis colegas-, filmó películas en Argentina y Francia, recibió numerosos premios a su trayectoria, creó una escuela de canto y grabó en el Colón su participación en Café de los Maestros cuando ya llevaba con el tango más de sesenta y tres años:

    -Más que una reivindicación, lo viví como la culminación de toda una vida con la música popular.

    Oscar Ferrari murió a los ochenta y cuatro años, el 21 de agosto de 2008, luego de una grave enfermedad. Cantó hasta dos años antes e hizo sus últimas grabaciones con la orquesta juvenil Fervor de Buenos Aires.

    –Yo pido a todos que respeten las músicas, las letras. Que se metan en ellas para comprender su esencia. No hay que deformar nada buscando la originalidad. Hoy escucho a jóvenes, que son el futuro y me digo: No muchachos, así no; creen ustedes, pero si el tango ya está hecho, pónganle su estilo pero sepan que es como es.  

    #ANTONIOPIPPOPEDRAGOSA #Argentina #COLUMNA #CULTURATANGUERA #LAAVENTURADELTANGO #losmasvistos #MUNDO #UNAVOZCOMOUNABRAZO #URUGUAY
  5. EL PENSADOR

    ENTREVERADA, LA CUESTIÓN…

    Por Antonio Pippo

    Buscaba yo anoche, en un raro rapto de optimismo o por haber visto un episodio repetido de “Games of Trhones”, algo positivo en la pulseada política, gobierno y oposición, que padecemos.

    Creí hallarlo: la abundancia. Y me alegré.

    Hay abundancia de partidos, de candidatos ya establecidos e internas y promesas para acercar a otros para el futuro no tan lejano.

    Pocos segundos después aquella alegría se desvaneció. Reparé en otra abundancia y bastó.

    También hay abundancia de diagnósticos.

    Desde un punto de vista esquemático del idioma, la diagnosis se aplica en medicina para alcanzar el conocimiento diferencial de los signos de las enfermedades. Si uno dice “yo diagnostico”, se supone que llegó a conocer la naturaleza de una enfermedad por la observación de sus síntomas y signos. En la vida social la acepción se extiende a la determinación de patologías de la economía, la educación, la seguridad, la previsión social, la cultura -entendida como “información y gusto por las artes”-, la propia política, el fútbol y, claro, la salud.

    ¡Qué angustia cuando abordé un repaso de tantos diagnósticos que están sobrevolando alrededor cual molestos mosquitos!

    Los políticos han creado un embarazo de diagnósticos que, si bien en ciertos casos coinciden, en su mayoría tienen decenas de matices al fin de cuya lectura, para quien logre abarcarla, se siente igual a cuando salíamos a la luz tras un viajecito por el desaparecido “tren fantasma” del Parque Rodó.

    Pero la desconfianza por lo que viene no culmina con esta reflexión. Al contexto descrito hay que agregar una epidemia -que en realidad viene de lejos pero jamás había alcanzado este tamaño- de corrupción que abarca muy estrechamente a la política, algunos casos excepcionales de la justicia y se fortalece con el pasaje de grado de la delincuencia barrial y narcomenudeo, a la aparición  de organizaciones delictivas con proyección fuera de fronteras, incorporando gruesamente el negocio de las drogas a nivel internacional, la trata de personas, las estafas a través de la tecnología informática y la despreciable pornografía infantil y adolescente.

    Entonces traté de serenarme y pensar.

    ¿En qué?

    En las soluciones a los problemas detectados.

    Si usted pretende decir “acá”, marcando tal vez un documento, o “aquel”, identificando el discurso de un político, vaya perdiendo las esperanzas. Salvo que pertenezca a la tribu de los fanáticos, de los feligreses fieles a un pastor cuasi carnavalesco, o de los imbéciles. Los delincuentes y los aspirantes, mientras tanto, siguen pujando por gangrenar cual acuerdo o simple consenso de la ciudadanía honrada pero mal representada.

    Comprendo que dude sobre este planteamiento, lector; admito que mi enfoque crítico viene discurriendo impulsado en tiempos recientes por el escepticismo, la desconfianza y el sarcasmo. (Culpa de tantos nenes tontos o vivillos que babean por quedarse con el trompo).

    En todos los discursos –sea en barrios de la capital, en Cerro Chato, Punta del Diablo, Sarandí del Yí, Río Branco, Carreta Quemada o donde quiera-, ¡preste atención!, hay, en distintos tonos vocales y gesticulaciones y con la escenificación que se le pase por el magín, diagnósticos al por mayor… y promesas. Ajá, muchas promesas que parecen palomitas blancas sacadas de sombreros negros de magos improvisados pero para nada tontuelos.

    Quien se conforme con eso, bueno, que le siente.

    Frente a un país con el nivel de pobreza de éste, su desempleo, su inflación por encima de todos los cálculos oficiales previos, el dólar que parece estar torturado por una picana eléctrica, salarios que no alcanzan, un déficit fiscal creciente, la salud, la educación y la seguridad en crisis, la cultura degradada y el futuro del sistema jubilatorio como bola de ruleta, yo quiero –mejor dicho, exijo- ver en detalle todos los programas de los aspirantes donde figuren las terapias que, para cada caso, aplicarán a las enfermedades diagnosticadas.

    No me sirve que digan “está en nuestro programa, léanlo”. Quiero saber dónde; luego no acepto síntesis tan apretadas como pareja en baile de campaña en un local con piso de hormigón y techo de zinc, sino una redacción clara y amplia como para que la comprenda cualquier ciudadano normal; finalmente, quiero que me persuada cada uno de los candidatos que nada de eso que me vende como perfume francés, devenga modesta colonia, tipo “patchuli”, porque para sumar votos habrá que manotear acuerdos y, en el trasiego…, ¿no se desdibujará todo?

    Ah, sí, pero… no lo pueden hacer por la sencilla razón de que siempre los bueyes van delante de la carreta. Haya o no programas ahora –con promesas y frases a la corrida que pululan y no me distraen-, no son definitivos por la perogrullesca razón de que, en la corrida final todos, absolutamente todos los que peleen en apariencia inevitable, habrán de hacer concesiones.

    Creo saber la razón por la que siento haber escrito todo esto al santísimo cohete. No tiene por qué compartirlo. Pero piénselo. Usted, lector esclarecido, con seguridad estaba reflexionando al respecto antes de que yo perdiera mi tiempo.

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  6. RELATOS IMAGINADOS: El poeta de los Barrios

    Por Antonio Pippo Pedragosa

     Anoche hablé con Evaristo Carriego. O, tal vez, fue un sueño. No importa, porque, en todo caso, ahora, ya difusas las imágenes y la charla que se van alejando, me siento bendecido por un privilegio y un sano ardor de buenas intenciones me abraza y no me suelta. Sus ojos casi circulares, miopes, hondos, me miraron desde una profunda melancolía y me aceptaron. Un soñador, pensé. No hubo necesidad de gestos corteses.

    Last night I spoke with Evaristo Carriego. Or perhaps it was a dream. It doesn’t matter, because, in any case, now, with the images fading and the conversation receding, I feel blessed by a privilege, and a healthy fervor of good intentions embraces me and won’t let go. His almost circular, myopic, deep-set eyes gazed at me from a profound melancholy and accepted me. A dreamer, I thought. There was no need for polite gestures.

    —Creí que lo iba a encontrar en el Café de los Inmortales… Pasé por allí y me dijeron que probablemente estuviese aquí, en el bar Luzio…

    “I thought I’d find him at the Café of the Immortals… I went there and they told me he was probably here, at Luzio’s bar…”

    Movió las manos como si dudara y dijo: —Sí, bueno, también frecuento el sótano del Royal Seller… No sé. Supongo que voy donde hallo franqueza, respeto, cariño… Ignoro cómo me ven los demás, pero siempre me he sentido modesto, hasta ingenuo a veces, y esos ambientes…

    He waved his hands as if he were hesitating and said, “Yes, well, I also frequent the basement of the Royal Seller… I don’t know. I suppose I go where I find openness, respect, affection… I don’t know how others see me, but I’ve always felt modest, even naive at times, and those kinds of places…”

    -Que al comienzo no sintió suyos… —le interrumpí con torpeza. —

    “That at first he didn’t feel they were his…” I interrupted awkwardly.

    -No. Es verdad. Pero yo era entonces poco más que un chiquilín romántico que prefería las redacciones de diarios y revistas, y hasta los cenáculos masones. ¿Sabe? Yo también amé a Baudelaire, el simbolismo desmelenado, tanto como el verbo enérgico, como un rayo de mi poeta de la adolescencia, Almafuerte.

    “No. That’s true. But back then I was little more than a romantic kid who preferred the offices of newspapers and magazines, and even Masonic lodges. You know? I, too, loved Baudelaire, his unbridled symbolism, as much as the energetic prose, like a flash of lightning from my adolescent poet, Almafuerte.”

    Hizo una pausa, respiró con cierta dificultad y tras un vago ademán que no pude interpretar, añadió con voz queda:

    She paused, breathed with some difficulty, and after a vague gesture I couldn’t interpret, added in a quiet voice:

    —Como otros, quizás como todos… tropecé pronto con la vida real, con los desheredados, con la tristeza de tantos… Me influyó mucho un compatriota suyo, Florencio Sánchez.

    «Like others, perhaps like everyone… I stumbled early on upon real life, upon the dispossessed, upon the sadness of so many… I was greatly influenced by one of your compatriots, Florencio Sánchez.»

    —Me sorprende, aunque no sé por qué…

    «It surprises me, though I don’t know why…»

    —Es que ahora me basta, para escribir lo que vale la pena sentir y describir, con el corazón de una muchacha que sufre… Con un suburbio oscurecido y cálido, mi suburbio, mío y de los demás, los que quiero… Con el dolor de los que padecen en silencio, con la aspereza del amor sin sentido…

    —Now, to write what is worth feeling and describing, I need the heart of a suffering girl… With a darkened and warm suburb, my suburb, mine and that of others, those I love… With the pain of those who suffer in silence, with the harshness of meaningless love…

    -Me han contado… —comencé a decir y recuerdo que balbuceé una disculpa— que usted tuvo un gran amor…

    “I’ve heard…” I began, and I remember stammering an apology, “that you had a great love…”

    Levantó la mirada hacia mí, sin verme: —Sí, mi único amor. Un amor frustrado, ella murió… También he escrito un solo libro, Misas herejes… Demasiado poco…

    He looked up at me, without really seeing me: “Yes, my only love. A love that ended in heartbreak; she died… I’ve also written only one book, Heretical Masses… Too little…”

    Me quedé en silencio y, de pronto, él dijo: —No sé si usted me comprenderá, pero pienso mucho en la muerte…

    I remained silent, and suddenly he said: “I don’t know if you’ll understand, but I think about death a lot…”

    —¡Pero si tiene veintinueve años!

    “But you’re only twenty-nine!”

    Encogió levemente los hombros, tomó un sorbo de café y suspiró, casi vencido: —Bueno, sí… Pero tal vez soy, como me dibujó alguien, «uno de esos que lloran su noche entristecida sin creer en la aurora del mañana».

    He shrugged slightly, took a sip of coffee, and sighed, almost defeated: “Well, yes… But perhaps I am, as someone once described me, ‘one of those who weep through their sorrowful night without believing in the dawn of tomorrow.’”

    He alcanzado a recordar que oscurecía alrededor y eso me empujó a un loco apuro: —Por favor, antes de separarnos, ¿podría recitarme uno de sus poemas? Elija el que quiera…

    I managed to recall that it was getting dark around me, and that spurred me into a mad rush: “Please, before we part ways, could you recite one of your poems for me? Choose whichever one you like…”

    Su voz ya era apenas audible y se iba apagando. Pero, qué raro, yo no lo veía, no lo veía… y supuse que se habría levantado y caminaba cansinamente… ¿hacia dónde?

    His voice was barely audible and fading away. But, strangely, I couldn’t see him, I couldn’t see him… and I assumed he had gotten up and was walking wearily… where to?

    -No, me dijo… Busque usted -son tan pocas páginas- y léalo solo, sorbiendo la emoción si la encuentra. Yo leo en soledad, siempre.

    «No,» he told me… «Look for it yourself—it’s only a few pages—and read it alone, savoring the emotion if you find it. I always read alone.»

    No fue la despedida que esperaba, pero comprendí. Poco después el mundo se enteraría de que Carriego había muerto ese mismo año. La azarosa muerte se lo llevó en su plenitud. Obras escritas fueron publicadas póstumamente, siempre con aquella frase conmovedora que resonaba en mi memoria –“me basta con el corazón de una muchacha que sufre”- como síntesis de su sensibilidad.

    It wasn’t the farewell I had hoped for, but I understood. Shortly afterward, the world would learn that Carriego had died that same year. His untimely death took him in his prime. His written works were published posthumously, always with that poignant phrase that resonated in my memory—»the heart of a suffering girl is enough for me»—as a summary of his sensitivity.

    No sabrá que una calle de su querido Palermo lleva su nombre. No sabrá que Astor Piazzolla le dedicó una milonga, ni que Eduardo Rovira creó A Evaristo Carriego, un monumento del mejor tango. No sabrá que el primer ensayo del genial Borges fue sobre su vida y su obra, sus barrios pobres, sus sufrientes hermanos y su muerte joven. Y no sabrá que, después del vuelo al infinito indescifrable, rescatando papeles desordenados y cuadernos, le publicaron La canción del barrio y El alma del suburbio. Pero… ¿y si todo —por un milagro celeste— le hubiese llegado a su alma vagante, entre sus vuelos melancólicos que nos siguen, vigilando nuestros destinos?

    He will never know that a street in his beloved Palermo bears his name. He will never know that Astor Piazzolla dedicated a milonga to him, nor that Eduardo Rovira created «A Evaristo Carriego,» a monument to the finest tango. He will never know that the brilliant Borges’s first essay was about his life and work, his poor neighborhoods, his suffering siblings, and his early death. And he will never know that, after his flight to the unfathomable infinity, his scattered papers and notebooks were rescued, and his works «La canción del barrio» and «El alma del suburbio» were published. But… what if everything—by a celestial miracle—had reached his wandering soul, amidst his melancholy flights that follow us, watching over our destinies?

    De sus ojos miopes escaparía una serena alegría.

    From her nearsighted eyes would escape a serene joy.

    Y su alma sublime vagaría otra vez por los suburbios queridos, mientras, alada, para entre sus pobres y desheredados, lo que mi mente soñó pedirle:

    And her sublime soul would wander once more through the beloved suburbs, while, winged, she would stop among the poor and dispossessed to ask what my mind dreamed of asking of her:

    “¡De todo te olvidas! Anoche dejaste/ aquí sobre el piano que ya jamás tocas/, un poco de tu alma de muchacha enferma:/ un libro vedado de tiernas memorias./ Intimas memorias. Yo lo abrí, al descuido,/ y supe, sonriendo, tu pena más honda,/ el dulce secreto que no diré a nadie: a nadie interesa saber que me nombras./ Ven, llévate el libro, distraída llena/ de luz y de ensueño…/ ¡Romántica loca!… Dejar tus amores ahí sobre el piano… ¡De todo te olvidas, cabeza de novia…¡

    “You forget everything! Last night you left/ here on the piano you never play anymore,/ a piece of your sickly girl’s soul:/ a forbidden book of tender memories./ Intimate memories. I opened it, carelessly,/ and knew, smiling, your deepest sorrow,/ the sweet secret I will tell no one: no one cares to know you mention my name./ Come, take the book, distracted, full/ of light and dreams…/ Crazy romantic!… Leaving your loves there on the piano… You forget everything, you foolish bride…!”

    (Tu secreto, Evaristo Carriego)

    (Your Secret, Evaristo Carriego)

    #ANTONIOPIPPOCOLUMNISTA #ANTONIOPIPPOPEDRAGOSA #COLUMNA #ELPOETADELOSBARRIOS #LITERATURA #losmasvistos #RELATOSIMAGINADOS #URUGUAY
  7. LA AVENTURA DEL TANGO: ¿Te acuerdas del Lecherito?

    ANTONIO PIPPO PEDRAGOSA. Periodista, editorialista. Dir. Gral de Cultura Tanguera. COLUMNISTA

    Llega a ser conmovedor cuánto uno puede averiguar, enriqueciendo sus conocimientos, a partir de un tango. Se me ocurre un ejemplo muy disfrutable, Lecherito del Abasto, de 1944, cuya música compuso Emilio Balcarce con letra de Luis Caruso.

    –Hay que apurar el reparto,/ si no se enoja el patrón./ Lecherito del Abasto,/ trabajador, Picaflor…/ En cada balcón un canto/ y en cada esquina un amor…

    https://youtu.be/CvG-mrx-evI

    Es un homenaje, si se quiere tardío, a una antiquísima actividad desempeñada sobre todo, aunque no únicamente, por adolescentes y jóvenes: recoger leche en los tambos y repartirla entre las familias de los centros poblados, utilizando desde carros tirados por bueyes, caballos e incluso perros, hasta solamente  burros con tarros cargados a los costados de sus lomos o simples carretillas a “tracción a sangre”. Hay que recordar que estos trabajadores, obviamente mejor equipados, aún se veían en Uruguay y Argentina ya avanzado el siglo pasado.

    El reparto de leche más o menos organizado y sistemático se remonta, posiblemente, a la Europa del siglo XV, extendido luego de la colonización a nuestras tierras del Sur. Sin embargo, la ingesta de leche animal tiene una historia de milenios. De acuerdo a la mitología griega, la Vía Láctea se creó cuando la diosa Hera, derramó leche al retirarle el pecho a Hércules, hijo bastardo de Zeus con Alcmena.

    Es curioso que un trabajo tan popular y tan antiguo registre en el tango –como siempre digo, imagen de su tiempo- muy escasas referencias, al punto de que, tan específico y conocido, yo sólo recuerde a Lecherito del Abasto, aunque puedo pecar de memoria distraída, estrenado y grabado por la orquesta de uno de sus autores, Balcarce, con la voz de Alberto Castillo, el 1º de agosto de 1944.

    No es la única curiosidad.

    El letrista, Luis Caruso, apodado Carusito, también bandoneonista, si bien nació en Buenos Aires en 1916, desde los veinte años se radicó y desarrolló su arte en Montevideo, adonde murió el 10 de febrero de 1981. Sobrino del famoso José Servidio, aquí integró el Cuarteto Típico Pirincho, dirigido por Juan Esteban Martínez, maragato como Canaro, luego acompañó a la cantante Marujita Falero junto al pianista Juan Cao y el violinista Mario Orrico, pasó brevemente por la orquesta de Carlos Warren y terminó formando su propia agrupación, en la cual el pianista fue el excepcional Jaurés Lamarque Pons, actuando en las radios Carve y Nacional, en el café Ateneo y en el cabaré Marabú.

    Pero quizás su recuerdo sea más vívido entre los montevideanos por haber acompañado, con Hugo Di Carlo, al inolvidable Julio Sosa, tanto en su presentación victoriosa en un concurso radial que lo lanzó a la fama, como en las únicas cinco grabaciones del cantor de Las Piedras hechas aquí, antes de radicarse definitivamente en Argentina: Una y mil noches, San Domingo –un candombe de Monzeglio y Scaglia-, el mítico Sur, La última copa y Mascarita, todas llevadas al disco en 1948.

    https://youtu.be/xIcMEJvcLrI?list=RDxIcMEJvcLrI

    https://youtu.be/XSW_npUrle0?list=RDXSW_npUrle0

    https://youtu.be/pDmt-6c0gN0?list=RDpDmt-6c0gN0

    No fue, de todos modos, lo último que regaló Carusito a los uruguayos: además acompañó con gran éxito a Chola Luna y Alberto Reynal y compuso más de doscientos temas, con fuerte repercusión en la vecina orilla, entre los que vale la pena recordar los tangos Sierra y Miguelete, Rey de triunfo –también conocido como As de bastos en la grabación de Juan D’Arienzo-, No puede perder, Con la otra, Aquel muchacho de la orquesta, Bomboncito, Lecherito del Abasto, Lilián, Se va una tarde igual y Este carnaval, del que hay otra versión estupenda de D’Arienzo con Alberto Echagüe, el candombe Cambio de mano y las milongas La fulana, con música de Alberto Mastra, y Para negros solamente.

    Regresando a los repartidores de leche, al revolver el baúl de los recuerdos, brotan, para placer del lector, otras rarezas.

    Trabajaron como tales en su adolescencia y parte de su primera juventud, en otros paisajes lejanos, el músico norteamericano Louis Armstrong, el actor escocés Sean Connery y el escritor inglés Edward Wallace.

    En el universo tanguero más lejano, también desempeñó esa tarea Casimiro Aín, el primer bailarín en alcanzar fama fuera de las fronteras de Argentina y Uruguay. Por algo el apodo con el que se le conoció hasta su fallecimiento, fue Lecherito.

    –Al terminar el reparto,/ camino del corralón,/ sin querer se alegra un tanto/ tu mirada, Picaflor,/ soñando con el encanto/ de ver un nuevo amor.

    #1944 #ANTONIOPIPPOPEDRAGOSA #Argentina #COLUMNA #CULTURATANGUERA #EMILIOBALCARCE #LAAVENTURADELTANGO #LECHERITODELABASTO #losmasvistos #LUISCARUSO #MUNDO #TEACUERDASDELLECHERITO #URUGUAY
  8. RELATOS IMAGINADOS: Después de todo

    IMAGINED STORIES: After all

    Por Antonio Pippo

    Había un silencio espeso. Trató de no quebrarlo. Lo primero que vio al entrar, en la media luz que apenas iluminaba la casa al atardecer, fue el rectángulo blanco de la carta.  Encendió una lámpara, se colocó los lentes y comenzó a leer: -“Fue lindo, después de todo…”. La casa iba oscureciéndose, como si a luz escasa fuera desperezándose para emprender la marcha final.

    There was a thick silence. He tried not to break it. The first thing he saw upon entering, in the dim light that barely illuminated the house at dusk, was the white rectangle of the letter. He turned on a lamp, put on his glasses, and began to read: “It was nice, after all…” The house was growing darker, as if in the fading light it were stretching itself to begin its final journey.

    Y la carta seguía: -“¿Cómo olvidar el primer encuentro, allá donde la calle Gaona terminaba en un baldío, casi al costado de la estación del ferrocarril? ¡Oh, los enamorados de la calle Gaona! No fuimos los primeros ni los últimos. En la penumbra de las tardecitas había como un aire encantador, perfumado de madreselvas y romeros. Un lugar de sueño, rodeado de cosas vulgares. La primera cita fue una pura casualidad que supimos repetir tantas veces, mientras íbamos construyendo una idea de a dos. Hoy parece todo tan lejano, difuso. Pero nos conmovía sólo mirarnos, felices de creer que los sueños pueden hacerse realidad y al final dijimos ‘desde ahora y para siempre’. La vida parecía fácil en aquella época; todo parecía simple en esos tiempos: juntos, nada era imposible, casa, hijos, felicidad. No hubo motivos ni tiempo para quejarse en un pueblo chico, portón, zaguán, después living pero vigilado por una futura suegra al principio desconfiada. Los besos de apuro, las caricias sofocadas. Y los bailes en el Club Los Ceibos, al final de la calle, donde al cabo, le encontramos la vuelta para regresar solos y, mientras tanto se iniciaron los primeros encuentros carnales: parados, temblando de frío o sofocados por el calor. Así llegó el embarazo que no esperábamos. ¡Los líos familiares, los amagues de separación, al final las reconciliaciones razonables: ‘La nena quiere tenerlo y él es un muchacho de bien…’. Un casamiento rápido, sin iglesia, sin vestido de novia. Aquella fiesta linda, modesta pero emocionante. Y una alegría enorme que echamos, como un manto, que echamos encima de todo lo demás”.

    And the letter continued: “How could I forget our first meeting, there where Gaona Street ended in a vacant lot, almost beside the train station? Oh, the lovers of Gaona Street! We weren’t the first nor the last. In the twilight of those late afternoons, there was an enchanting air, perfumed with honeysuckle and rosemary. A dreamlike place, surrounded by ordinary things. Our first date was pure chance, which we repeated so many times, as we built our future together. Today it all seems so distant, so hazy. But we were moved just by looking at each other, happy to believe that dreams can come true, and in the end we said, ‘from now on and forever.’ Life seemed easy back then; everything seemed simple in those days: together, nothing was impossible, a house, children, happiness. There was no reason or time to complain in a small town, gate, entryway, then living room, but watched over by a future mother-in-law, initially distrustful. Hurried kisses, stifled caresses.” And the dances at the Los Ceibos Club, at the end of the street, where we finally figured out how to get back alone, and meanwhile, our first carnal encounters began: standing, shivering with cold or suffocating from the heat. That’s how the unexpected pregnancy came about. The family squabbles, the threats of separation, and finally, the reasonable reconciliations: «The girl wants to have the baby, and he’s a good boy…» A quick wedding, no church, no wedding dress. That lovely party, modest but moving. And an enormous joy that we cast, like a cloak, over everything else.

    Se sentó en un sillón, cerca de la lámpara. Recién entonces sintió cansancio. Fuero apenas unos segundos, mientras imaginaba a sus dos viejos ya acostados, durmiendo temprano. Movió la cabeza de un lado a otro y siguió leyendo aquella carta que le sonaba a despedida y no lo comprendía.

    She sat down in an armchair near the lamp. Only then did she feel tired. It lasted just a few seconds, as she imagined her two parents already in bed, sleeping early. She shook her head from side to side and continued reading the letter, which sounded like a farewell, though she didn’t understand its meaning.

    “Después llegó la madurez, que se impone generalmente con tropiezos e inconvenientes y el amor se reparte porque se desviven porque al hijo que crece no le falte nada. Nos dimos de cruces varias veces contra los contratiempos, la plata que no alcanza, la necesidad de una casita más amplia, los costos de todo lo necesario. Vivir no es fácil. Cosa curiosa, aquellos primeros años fueron conmovedores. Son esos años en que comprende, poco a poco, que la felicidad no es algo que vamos a encontrar esperándonos, con certificación de escribano, sino algo que incorpora a nuestras espaldas mucho, mucho esfuerzo. Pero nuestra pareja, nuestro hijo, fueron hallando oportunidades: él pudo estudiar en la Escuela Industrial, mecánico; y le fue bien. Ahí anda y anda, empujando, consiguiendo mejoras, ya buscando una noviecita fija. Y nosotros trabajando los dos: mi mujer consiguió un puesto en un supermercado, del que ya no le falta tanto para jubilarse, como hice yo, a partir de años que gasté en AFE, adonde fui a parar, y en un buen cargo, gracias a las gestiones de un político amigo. Cosas de pueblo… Y, claro, la emoción estremecedora se va calmando, se mezclan las alegrías con las tragedias y hay que aprender a vivir unidos aceptando eso.

    “Then came maturity, which usually arrives with stumbles and setbacks, and love is divided because parents go out of their way to ensure their growing child lacks nothing. We faced numerous setbacks: money not stretching far enough, the need for a bigger house, the cost of everything necessary. Life isn’t easy. Curiously, those early years were moving. They are the years when one understands, little by little, that happiness isn’t something we’ll find waiting for us, with a notary’s certificate, but something that requires a great deal of effort. But our partner, our son, found opportunities: he was able to study at the Industrial School, becoming a mechanic; and he did well. He’s still going strong, pushing forward, getting better jobs, and already looking for a steady girlfriend. And we’re both working: my wife got a job at a supermarket, from which she’s not far from retiring, unlike me, after years of service at AFE (the state railway company), where I ended up, and in a good position, thanks to that.” Thanks to the efforts of a friendly politician. Small-town stuff… And, of course, the overwhelming emotion gradually subsides, joys mingle with tragedies, and we have to learn to live together, accepting that.

    Y la vejez que avanza con sus inevitables consecuencias: la cantidad de familiares y amigos del alma que se van convirtiendo en agujeros negros que solo quedan en el recuerdo; es decir, en el recuerdo del recuerdo de aquel día, con la memoria inmanejable que con el tiempo no cambio lo ocurrido pero lo maquilla, quizás para ayudar a las mochilas que se van cargando en nuestra espalda pesen menos, aunque siempre quedarán. ¡Qué distinta se ve la vida cuando se va yendo y nosotros queremos más de ella! Siempre recordamos al cura Gutiérrez… ‘Saber reconocer lo que el destino ha hecho por nosotros’… Si fuese tan fácil… Porque cuando a los años se suman los padecimientos físicos no te acomoda el ánimo la idea de ningún cielo que te espera. Sabes que va a ocurrir y, aunque estás convencido de que valió la pena, sí, valió la pena, vez a tu mujer cribada por la artritis y a mí con un diagnóstico de Alzheimer avanzado que recién se lo he mostrado hoy… Nos abrazamos y lloramos, juntos, como al principio y dijimos al unísono ‘después de todo, valió la pena’… Ahora un beso enorme al hijo querido y un último gesto esperando comprensión…Papá y  Mamá”.

    And old age advances with its inevitable consequences: the number of family members and dearest friends who become black holes, remaining only in memory; that is, in the memory of the memory of that day, with the unmanageable memory that time doesn’t change what happened but embellishes it, perhaps to help lighten the burdens we carry on our backs, though they will always remain. How different life looks as it slips away and we want more of it! We always remember Father Gutiérrez… ‘To know how to recognize what destiny has done for us’… If only it were so easy… Because when physical suffering is added to the years, the idea of ​​any heaven awaiting you doesn’t comfort your spirit. You know it’s going to happen, and although you’re convinced it was worth it—yes, it was worth it—you see your wife being tested for arthritis and me with a diagnosis of advanced Alzheimer’s that I only showed her today… We hugged and cried, together, like in the beginning, and we said in unison, ‘After all, it was worth it’… Now a huge kiss to our beloved son and one last gesture hoping for understanding… Dad and Mom.”

    Acuciado de pronto por una idea estremecedora que se transformó en impulso, el hijo dejó la carta a un lado y corrió a la pieza de sus padres; encendió la luz, que le veló la mirara unos segundos y los vio juntos, en la cama, boca arriba, como siempre. Muy serenos.

    Suddenly seized by a chilling thought that transformed into an impulse, the son set the letter aside and ran to his parents’ room. He turned on the light, which dimmed for a few seconds, and saw them together in bed, lying on their backs, as always. Completely serene.

    Hasta que se acercó y se dio cuenta de que cada uno tenía un agujero en la frente.

    Until he approached and noticed that each of them had a hole in their forehead.

    #ANTONIOPIPPOPEDRAGOSA #COLUMNA #DESPUESDETODO #LITERATURA #losmasvistos #MUNDO #RELATOSIMAGINADOS #URUGUAY
  9. RELATOS REALES: de la Vida al miedo final

    TRUE STORIES: From Life to Final Fear

    Por Antonio Pippo

    – Gracias por venir… si, ya sé, yo mismo no quería que me vieran así, en esta vieja cama de hospital, flaco, ojeroso… Pero eso fue…  ¡iba a salir enseguida…! En fin, ahora es distinto… Ahora no sé si voy a salir…

    «Thanks for coming… yeah, I know, I didn’t want you to see me like this, in this old hospital bed, thin, with dark circles under my eyes… But that was it… I was going to be discharged soon…! Anyway, now it’s different… Now I don’t know if I’m going to make it…»

    -¡Pará, loco! No es para tanto…

    «Hold on, man! It’s not that bad…»

    -Je…, el optimista… Estoy hecho una bolsa de basura y me está matando la soledad… Bueno, es un decir… ¡Mirá todos esos rostros compungidos! Son mis compañeros de dolor… ¡o querés que diga “ruta”! Pero vení, sentate en la cama. ¡Qué bueno que viniste! Al menos podemos conversar un rato, ponerme al día…

    «Ha… the optimist… I’m a wreck and the loneliness is killing me… Well, that’s an understatement… Look at all those mournful faces! They’re my fellow sufferers… or do you want me to say ‘fellow travelers’? But come on, sit on the bed. It’s so good you came! At least we can talk for a while, catch up…»

    -El que anda mal es el Chueco… Ya venía de suplente y el otro día llegó borracho al entrenamiento. Suspendido sin fecha de reintegrarlo.

    «The one who’s doing badly is Chueco… He was already on the bench and the other day he showed up drunk to practice. Suspended indefinitely.»

    – Chupa mucho, el Chueco… Y no se da cuenta que los años pasan y te cobran precio. ¡Mirá yo, si no…! A mí se me hizo tarde definitivamente… No, no… nada de tristeza. Ya me acostumbré. Flaco y… ¿querés tomar algo? Tengo un jugo de frutas que no sabés… je, je… ¿Te reís? Mirá, el otro día me dejaron levantar y caminar un poco. Anduve por la sala, pero me canso mucho. Entonces ni yo mismo me entusiasmo si estoy de pie… Me acerqué a aquel ventanal grande y me quedé un rato mirando el patio… Me hizo mal… ¡Qué tristeza, hermano! Todo gris, lluvioso, frío…

    «He drinks a lot, Chueco… And he doesn’t realize that the years pass and take their toll. Look at me, if I don’t…! I’m definitely past my prime… No, no… no sadness. I’m used to it. Hey, skinny… want something to drink? I have a fruit juice that you wouldn’t believe… ha, ha… Are you laughing? Look, the other day they let me get up and walk around a bit. I walked around the living room, but I get tired really easily. So even I don’t get excited if I’m standing… I went over to that big window and stood there for a while looking at the patio… It made me feel bad… How sad, brother! Everything gray, rainy, cold…

    -Bueno, bueno, pará con la melancolía… ¿No querés saber de los otros amigos…? El Chiquito Otegui, por ejemplo…

    «Okay, okay, hold on to the melancholy… Don’t you want to hear about the other friends…? Chiquito Otegui, for example…»

    -¡El Chiquito, otro exquisito bebedor! Decime… ¿terminó la casita para no vivir más en el fondo el boliche ruinoso que tenía, con el excusado al lado…? Dijo que con la jubilación y un préstamo le daba…

    «Chiquito, another exquisite drinker!» Tell me… did he finish building the little house so he wouldn’t have to live in that dilapidated shack he had in the back anymore, with the outhouse next door…? He said he’d get his pension and a loan…

    -No, todavía anda en vueltas. Pero ya le aprobaron un préstamo. Ahora está viviendo el último tiempo, espero, en el basurero donde quiere levantar la casita, en una carpa…

    -No, he’s still working on it. But they already approved a loan for him. He’s spending the rest of his time, I hope, in a tent at the garbage dump where he wants to build his little house…

    -¡Y yo quejándome…! Che, supiste algo de la Mariela… no ha venido ni un día a verme… Pará, pará… mejor no me digas nada. En una de esas es peor. Total… Sí, tenés razón me estoy poniendo otra vez tristón y no es bueno. Además, ¡qué va a venir, con lo mal que la traté en el último tiempo…! Siempre por el alcohol y esa idea de creerte inmortal, el último de los mohicanos, ese que cree que hay una vida especial sólo para él… Y eso de andar con ella y, cuando se descuidaba ponerme a quilombear. Hoy me veo tan idiota, tan cretino… Seguro se cansó…

    «And here I was complaining…! Hey, have you heard anything about Mariela? She hasn’t come to see me once… Wait, wait… better not say anything. It might make things worse. Anyway… Yeah, you’re right, I’m getting sad again and it’s not good. Besides, what’s she going to come, with how badly I treated her lately…! Always because of the alcohol and that idea of ​​being immortal, the last of the Mohicans, the one who thinks there’s a special life just for him… And that business of hanging around with her and, when she wasn’t looking, starting a fight. Today I look so stupid, such a fool… She must have gotten tired of it…»

    -¿Querés que prenda la radio y nos entretenemos un rato…?

    «Do you want me to turn on the radio and we can have some fun?»

    -Si, si… tenés razón… buscá alguna cumbia o algo de música brasilera o del Caribe… ¿Y por qué ponés esa cara? Todas las mañanas sintonizo “Clarín” y me suicido -figurativamente, eh?-  con Gardel y con Pugliese… Ayer me pasó… me agarró una emoción inmensa y ocurrió una cosa rara… disfrutaba de esos genios, pero no paraba de llorar…

    «Yes, yes… you’re right… find some cumbia or some Brazilian or Caribbean music… And why are you making that face?» Every morning I tune in to «Clarín» and I figuratively commit suicide—by listening to Gardel and Pugliese… It happened to me yesterday… I was overcome with emotion and something strange happened… I was enjoying those geniuses, but I couldn’t stop crying…

    -Es que eso suele pasar, loco… es como si te presentaran cartas que definen quién sos, pero entreveradas… Vos estás en esa etapa, cuando ya no importa un carajo qué somos, sino quién somos… Porque llegás a una edad, y en medio de circunstancias que no ayudan, y te acosa la memoria con el pasado, que es tu único presente, y no poder definirte, ah… Esa es brava… Uy… Perdoname, vine a darte ánimo y me traicionan mis propios fantasmas… Disculpá…

    «That’s what often happens, man… it’s like being presented with cards that define who you are, but all mixed up… You’re at that stage, when it doesn’t matter what we are anymore, but who we are… Because you reach a certain age, and in the midst of circumstances that don’t help, and your memory haunts you with the past, which is your only present, and not being able to define yourself, ah… That’s tough… Oh… Forgive me, I came to cheer you up and my own ghosts betray me… Excuse me…»

    -No, está bien… Con otras palabras, pero coincido con tu idea. Es como una bola de casín que rebota y rebota en las bandas, yendo de aquí para allá… Hoy la memoria cargada de los recuerdos del recuerdo que te destruyó una vez… Mañana, esa misma memoria cargándote con el maquillaje del recuerdo, del recuerdo, de aquello que te saca una sonrisa y te envuelve el cuerpo en una serenidad maravillosa…

    «No, it’s fine… In other words, but I agree with your idea. It’s like a volleyball bouncing and bouncing on the rails, going back and forth… Today, memory is laden with the memories of the memory that once destroyed you… Tomorrow, that same memory will fill you with the makeup of memory, of that memory that brings a smile to your face and envelops your body in a wonderful serenity…»

    -Eso te quería decir…

    «That’s what I wanted to say…»

    -Claro, pero es muy rápido todo, se va veloz, y a veces tarda en volver. La memoria, demás -lo escuché de un médico de acá- tiene una parte neuronal que no manejás vos… Te trae cosas y todo trabaja, para bien o para mal, en la emoción, en los sentimientos… Creo que lo entendí bien… Paciencia y pan criollo, decía mi viejo… ¿Vez? Apareció mi viejo y lo relaciono con lo que dijo el médico… ¡Mi viejo! ¿Sabés cuándo hace que no lo recordaba? Otro hijo de puta, en realidad, aunque me crió porque mi vieja nos abandonó muy temprano. Se me fue tan pronto, que casi no me di cuenta… Pero lo sufrí después, incluso ahora, mucho, mucho. ¿Y si que lo esté recordando ahora y me duela es un síntoma? Algo que me acerca más al final, como llamándome… Ahora te quedaste callado… Sabés que tengo razón, se te nota en los ojos. Tenés una mirada delatora, limpia, clarita, reveladora. Y ahora veo compasión… Dejame aprovechar estos raros momentos en que voy y vengo por mi vida que fue y cuánto tienen que ver algunas cosas como las pienso y hago…

    «Of course, but it all happens so fast, it goes by so quickly, and sometimes it takes a while to come back. Memory, moreover—I heard this from a doctor here—has a neural component that you don’t control… It brings things back, and everything works, for better or for worse, on emotion, on feelings… I think I understood it well… Patience and hard work, my old man used to say… You see? My old man appeared, and I connect it to what the doctor said… My old man! Do you know how long it’s been since I thought of him?» Another son of a bitch, really, even though he raised me because my mother abandoned us very early. He left so soon, I hardly noticed… But I suffered afterward, even now, a lot, a lot. What if remembering him now and feeling the pain is a symptom? Something that brings me closer to the end, like he’s calling me… Now you’re silent… You know I’m right, it shows in your eyes. You have a telltale gaze, clear, bright, revealing. And now I see compassion… Let me take advantage of these rare moments when I go back and forth through my life that was and how much some things are connected to how I think and do them…

    -¿Querés que apague la radio?

    «Do you want me to turn off the radio?»

    -Sí… y… no lo tomes a mal… pero ándate… Quisiera pensar un rato solo y después dormir, si puedo. ¿El fin de semana que viene? Me hizo mucho bien que hayas venido… Igual, ¡no me hagas preguntas boludas! ¿La semana que viene? Y… ¡yo qué sé! Andá a saber, Zaratustra!

    «Yes… and… don’t take it the wrong way… but go away… I’d like to think for a while alone and then sleep, if I can. Next weekend? It did me a world of good that you came… Anyway, don’t ask me stupid questions! Next week? Well… how should I know! Who knows, Zarathustra!»

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