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#privacidad — Public Fediverse posts

Live and recent posts from across the Fediverse tagged #privacidad, aggregated by home.social.

  1. Colombia's third data bill would fine firms up to 5% of revenue: Geolocation and neurodata join the sensitive list, and foreign ad tech tracking Colombians needs a local representative. Two prior attempts died in committee. ppc.land/colombias-third-data- #Colombia #LeyDeDatos #Privacidad #Tecnología #PublicidadDigital

  2. Colombia's third data bill would fine firms up to 5% of revenue: Geolocation and neurodata join the sensitive list, and foreign ad tech tracking Colombians needs a local representative. Two prior attempts died in committee. ppc.land/colombias-third-data- #Colombia #LeyDeDatos #Privacidad #Tecnología #PublicidadDigital

  3. Colombia's third data bill would fine firms up to 5% of revenue: Geolocation and neurodata join the sensitive list, and foreign ad tech tracking Colombians needs a local representative. Two prior attempts died in committee. ppc.land/colombias-third-data- #Colombia #LeyDeDatos #Privacidad #Tecnología #PublicidadDigital

  4. Google abre Home MCP (acceso anticipado): agentes de IA de terceros podrán analizar y controlar Google Home y dispositivos Matter. Con límites, pero advierte riesgos. Por ahora solo para Home Premium Advanced en EE. UU. aidoo.news/noticia/r1vOyy

    #SmartHome #Matter #Domotica #Privacidad #Tecnologia

  5. UE alerta: Tinder y otras apps de citas se usan para reclutar, robar datos y hacer propaganda. En la OTAN ya hubo casos con suplantación y chantaje ligados a inteligencia rusa. aidoo.news/noticia/rE3OzL

    #OTAN #Inteligencia #Rusia #Privacidad #Desinformacion

  6. En una prueba, Gemini accedió sin permiso a sistemas de 3 empresas al confundirse en internet y usar credenciales expuestas. Google dice que lo frenó y avisó. aidoo.news/noticia/rggkBw

    #Noticias #Google #Privacidad #SeguridadInformatica

  7. El manifiesto de la cuenta innecesaria

    Hay una pregunta que me parece más útil que cualquier discusión sobre tecnología, innovación o redes sociales:

    ¿Cuántas plataformas puedo eliminar sin que mi vida cambie en absoluto?

    Durante años nos enseñaron que registrarse era progreso.

    Abrir una cuenta.

    Crear un perfil.

    Aceptar términos que nadie lee.

    Entregar datos a empresas que jamás conoceremos.

    Seguir marcas, políticos, celebridades y multimillonarios como si nuestra atención fuera un aplauso gratuito.

    Y acumulamos cuentas como quien acumula objetos en un cuarto de San Alejo digital.

    Yo también lo hice.

    Tuve Facebook.

    Tuve Twitter.

    Tuve TikTok.

    Tuve Threads.

    Tuve LinkedIn.

    Tuve Flickr.

    Tuve Discord.

    Cada una prometía algo distinto.

    Más conexiones.

    Más oportunidades.

    Más visibilidad.

    Más comunidad.

    Más futuro.

    Con el tiempo descubrí algo incómodo:

    La mayoría no me aportaba nada que justificara seguir allí.

    No mejoraban mi trabajo.

    No mejoraban mis relaciones.

    No mejoraban mi vida.

    Simplemente seguían existiendo porque un día abrí una cuenta y nunca me tomé el trabajo de cerrarla.

    Por eso empecé a hacer limpieza.

    Facebook afuera.

    Twitter afuera.

    TikTok afuera.

    Threads afuera.

    LinkedIn afuera.

    Flickr afuera.

    Discord afuera.

    Y ocurrió algo sorprendente.

    Nada.

    No perdí clientes.

    No perdí amigos.

    No desaparecieron oportunidades.

    No colapsó mi carrera.

    No cambió absolutamente nada.

    Al final quedaron dos supervivientes:

    Instagram y WhatsApp.

    Instagram porque todavía funciona como vitrina, portafolio y punto de contacto.

    WhatsApp porque, nos guste o no, se convirtió en infraestructura básica de la vida moderna.

    Todo lo demás era equipaje.

    La madurez digital no consiste en estar en todas partes.

    Consiste en identificar qué sobra.

    Cada cuenta eliminada es una contraseña menos.

    Una notificación menos.

    Una base de datos menos con mis datos.

    Un algoritmo menos peleando por mi atención.

    Una empresa menos vigilando mis hábitos.

    Nos enseñaron que la libertad digital consistía en conectarnos a todo.

    Empiezo a sospechar que la libertad digital consiste en poder irse.

    Cerrar la cuenta.

    Borrar la aplicación.

    Y descubrir que el mundo sigue girando exactamente igual.

    Tal vez la pregunta más inteligente de la era digital no sea:

    ¿En cuántas plataformas estoy?

    Sino:

    ¿Cuántas puedo eliminar hoy sin que mi vida cambie en absoluto?

    Y ni les cuento de eliminar aplicaciones de domicilios, tan útiles como cagar en agua potable. Ahí también descubrí algo perturbador: cocinar sigue funcionando, la tienda de la esquina sigue existiendo y el mundo tampoco se acaba.

    Quizá llevamos años confundiendo comodidad con necesidad.

    @elmandelacamara

    Operario de cámara obsoleto, cansado y consciente de la desinstalación digital.

    #algoritmos #Atención #culturaDigital #desinstalaciónDigital #Discord #elmandelacamara #Ensayo #Facebook #fatigaDigital #Flickr #huellaDigital #instagram #Internet #LinkedIn #minimalismoDigital #Opinión #privacidad #privacidadDigital #redesSociales #Reflexión #Tecnología #Threads #TikTok #twitter #vidaDigital #WhatsApp
  8. El manifiesto de la cuenta innecesaria

    Hay una pregunta que me parece más útil que cualquier discusión sobre tecnología, innovación o redes sociales:

    ¿Cuántas plataformas puedo eliminar sin que mi vida cambie en absoluto?

    Durante años nos enseñaron que registrarse era progreso.

    Abrir una cuenta.

    Crear un perfil.

    Aceptar términos que nadie lee.

    Entregar datos a empresas que jamás conoceremos.

    Seguir marcas, políticos, celebridades y multimillonarios como si nuestra atención fuera un aplauso gratuito.

    Y acumulamos cuentas como quien acumula objetos en un cuarto de San Alejo digital.

    Yo también lo hice.

    Tuve Facebook.

    Tuve Twitter.

    Tuve TikTok.

    Tuve Threads.

    Tuve LinkedIn.

    Tuve Flickr.

    Tuve Discord.

    Cada una prometía algo distinto.

    Más conexiones.

    Más oportunidades.

    Más visibilidad.

    Más comunidad.

    Más futuro.

    Con el tiempo descubrí algo incómodo:

    La mayoría no me aportaba nada que justificara seguir allí.

    No mejoraban mi trabajo.

    No mejoraban mis relaciones.

    No mejoraban mi vida.

    Simplemente seguían existiendo porque un día abrí una cuenta y nunca me tomé el trabajo de cerrarla.

    Por eso empecé a hacer limpieza.

    Facebook afuera.

    Twitter afuera.

    TikTok afuera.

    Threads afuera.

    LinkedIn afuera.

    Flickr afuera.

    Discord afuera.

    Y ocurrió algo sorprendente.

    Nada.

    No perdí clientes.

    No perdí amigos.

    No desaparecieron oportunidades.

    No colapsó mi carrera.

    No cambió absolutamente nada.

    Al final quedaron dos supervivientes:

    Instagram y WhatsApp.

    Instagram porque todavía funciona como vitrina, portafolio y punto de contacto.

    WhatsApp porque, nos guste o no, se convirtió en infraestructura básica de la vida moderna.

    Todo lo demás era equipaje.

    La madurez digital no consiste en estar en todas partes.

    Consiste en identificar qué sobra.

    Cada cuenta eliminada es una contraseña menos.

    Una notificación menos.

    Una base de datos menos con mis datos.

    Un algoritmo menos peleando por mi atención.

    Una empresa menos vigilando mis hábitos.

    Nos enseñaron que la libertad digital consistía en conectarnos a todo.

    Empiezo a sospechar que la libertad digital consiste en poder irse.

    Cerrar la cuenta.

    Borrar la aplicación.

    Y descubrir que el mundo sigue girando exactamente igual.

    Tal vez la pregunta más inteligente de la era digital no sea:

    ¿En cuántas plataformas estoy?

    Sino:

    ¿Cuántas puedo eliminar hoy sin que mi vida cambie en absoluto?

    Y ni les cuento de eliminar aplicaciones de domicilios, tan útiles como cagar en agua potable. Ahí también descubrí algo perturbador: cocinar sigue funcionando, la tienda de la esquina sigue existiendo y el mundo tampoco se acaba.

    Quizá llevamos años confundiendo comodidad con necesidad.

    @elmandelacamara

    Operario de cámara obsoleto, cansado y consciente de la desinstalación digital.

    #algoritmos #Atención #culturaDigital #desinstalaciónDigital #Discord #elmandelacamara #Ensayo #Facebook #fatigaDigital #Flickr #huellaDigital #instagram #Internet #LinkedIn #minimalismoDigital #Opinión #privacidad #privacidadDigital #redesSociales #Reflexión #Tecnología #Threads #TikTok #twitter #vidaDigital #WhatsApp
  9. El manifiesto de la cuenta innecesaria

    Hay una pregunta que me parece más útil que cualquier discusión sobre tecnología, innovación o redes sociales:

    ¿Cuántas plataformas puedo eliminar sin que mi vida cambie en absoluto?

    Durante años nos enseñaron que registrarse era progreso.

    Abrir una cuenta.

    Crear un perfil.

    Aceptar términos que nadie lee.

    Entregar datos a empresas que jamás conoceremos.

    Seguir marcas, políticos, celebridades y multimillonarios como si nuestra atención fuera un aplauso gratuito.

    Y acumulamos cuentas como quien acumula objetos en un cuarto de San Alejo digital.

    Yo también lo hice.

    Tuve Facebook.

    Tuve Twitter.

    Tuve TikTok.

    Tuve Threads.

    Tuve LinkedIn.

    Tuve Flickr.

    Tuve Discord.

    Cada una prometía algo distinto.

    Más conexiones.

    Más oportunidades.

    Más visibilidad.

    Más comunidad.

    Más futuro.

    Con el tiempo descubrí algo incómodo:

    La mayoría no me aportaba nada que justificara seguir allí.

    No mejoraban mi trabajo.

    No mejoraban mis relaciones.

    No mejoraban mi vida.

    Simplemente seguían existiendo porque un día abrí una cuenta y nunca me tomé el trabajo de cerrarla.

    Por eso empecé a hacer limpieza.

    Facebook afuera.

    Twitter afuera.

    TikTok afuera.

    Threads afuera.

    LinkedIn afuera.

    Flickr afuera.

    Discord afuera.

    Y ocurrió algo sorprendente.

    Nada.

    No perdí clientes.

    No perdí amigos.

    No desaparecieron oportunidades.

    No colapsó mi carrera.

    No cambió absolutamente nada.

    Al final quedaron dos supervivientes:

    Instagram y WhatsApp.

    Instagram porque todavía funciona como vitrina, portafolio y punto de contacto.

    WhatsApp porque, nos guste o no, se convirtió en infraestructura básica de la vida moderna.

    Todo lo demás era equipaje.

    La madurez digital no consiste en estar en todas partes.

    Consiste en identificar qué sobra.

    Cada cuenta eliminada es una contraseña menos.

    Una notificación menos.

    Una base de datos menos con mis datos.

    Un algoritmo menos peleando por mi atención.

    Una empresa menos vigilando mis hábitos.

    Nos enseñaron que la libertad digital consistía en conectarnos a todo.

    Empiezo a sospechar que la libertad digital consiste en poder irse.

    Cerrar la cuenta.

    Borrar la aplicación.

    Y descubrir que el mundo sigue girando exactamente igual.

    Tal vez la pregunta más inteligente de la era digital no sea:

    ¿En cuántas plataformas estoy?

    Sino:

    ¿Cuántas puedo eliminar hoy sin que mi vida cambie en absoluto?

    Y ni les cuento de eliminar aplicaciones de domicilios, tan útiles como cagar en agua potable. Ahí también descubrí algo perturbador: cocinar sigue funcionando, la tienda de la esquina sigue existiendo y el mundo tampoco se acaba.

    Quizá llevamos años confundiendo comodidad con necesidad.

    @elmandelacamara

    Operario de cámara obsoleto, cansado y consciente de la desinstalación digital.

    #algoritmos #Atención #culturaDigital #desinstalaciónDigital #Discord #elmandelacamara #Ensayo #Facebook #fatigaDigital #Flickr #huellaDigital #instagram #Internet #LinkedIn #minimalismoDigital #Opinión #privacidad #privacidadDigital #redesSociales #Reflexión #Tecnología #Threads #TikTok #twitter #vidaDigital #WhatsApp
  10. El manifiesto de la cuenta innecesaria

    Hay una pregunta que me parece más útil que cualquier discusión sobre tecnología, innovación o redes sociales:

    ¿Cuántas plataformas puedo eliminar sin que mi vida cambie en absoluto?

    Durante años nos enseñaron que registrarse era progreso.

    Abrir una cuenta.

    Crear un perfil.

    Aceptar términos que nadie lee.

    Entregar datos a empresas que jamás conoceremos.

    Seguir marcas, políticos, celebridades y multimillonarios como si nuestra atención fuera un aplauso gratuito.

    Y acumulamos cuentas como quien acumula objetos en un cuarto de San Alejo digital.

    Yo también lo hice.

    Tuve Facebook.

    Tuve Twitter.

    Tuve TikTok.

    Tuve Threads.

    Tuve LinkedIn.

    Tuve Flickr.

    Tuve Discord.

    Cada una prometía algo distinto.

    Más conexiones.

    Más oportunidades.

    Más visibilidad.

    Más comunidad.

    Más futuro.

    Con el tiempo descubrí algo incómodo:

    La mayoría no me aportaba nada que justificara seguir allí.

    No mejoraban mi trabajo.

    No mejoraban mis relaciones.

    No mejoraban mi vida.

    Simplemente seguían existiendo porque un día abrí una cuenta y nunca me tomé el trabajo de cerrarla.

    Por eso empecé a hacer limpieza.

    Facebook afuera.

    Twitter afuera.

    TikTok afuera.

    Threads afuera.

    LinkedIn afuera.

    Flickr afuera.

    Discord afuera.

    Y ocurrió algo sorprendente.

    Nada.

    No perdí clientes.

    No perdí amigos.

    No desaparecieron oportunidades.

    No colapsó mi carrera.

    No cambió absolutamente nada.

    Al final quedaron dos supervivientes:

    Instagram y WhatsApp.

    Instagram porque todavía funciona como vitrina, portafolio y punto de contacto.

    WhatsApp porque, nos guste o no, se convirtió en infraestructura básica de la vida moderna.

    Todo lo demás era equipaje.

    La madurez digital no consiste en estar en todas partes.

    Consiste en identificar qué sobra.

    Cada cuenta eliminada es una contraseña menos.

    Una notificación menos.

    Una base de datos menos con mis datos.

    Un algoritmo menos peleando por mi atención.

    Una empresa menos vigilando mis hábitos.

    Nos enseñaron que la libertad digital consistía en conectarnos a todo.

    Empiezo a sospechar que la libertad digital consiste en poder irse.

    Cerrar la cuenta.

    Borrar la aplicación.

    Y descubrir que el mundo sigue girando exactamente igual.

    Tal vez la pregunta más inteligente de la era digital no sea:

    ¿En cuántas plataformas estoy?

    Sino:

    ¿Cuántas puedo eliminar hoy sin que mi vida cambie en absoluto?

    Y ni les cuento de eliminar aplicaciones de domicilios, tan útiles como cagar en agua potable. Ahí también descubrí algo perturbador: cocinar sigue funcionando, la tienda de la esquina sigue existiendo y el mundo tampoco se acaba.

    Quizá llevamos años confundiendo comodidad con necesidad.

    @elmandelacamara

    Operario de cámara obsoleto, cansado y consciente de la desinstalación digital.

    #algoritmos #Atención #culturaDigital #desinstalaciónDigital #Discord #elmandelacamara #Ensayo #Facebook #fatigaDigital #Flickr #huellaDigital #instagram #Internet #LinkedIn #minimalismoDigital #Opinión #privacidad #privacidadDigital #redesSociales #Reflexión #Tecnología #Threads #TikTok #twitter #vidaDigital #WhatsApp
  11. El manifiesto de la cuenta innecesaria

    Hay una pregunta que me parece más útil que cualquier discusión sobre tecnología, innovación o redes sociales:

    ¿Cuántas plataformas puedo eliminar sin que mi vida cambie en absoluto?

    Durante años nos enseñaron que registrarse era progreso.

    Abrir una cuenta.

    Crear un perfil.

    Aceptar términos que nadie lee.

    Entregar datos a empresas que jamás conoceremos.

    Seguir marcas, políticos, celebridades y multimillonarios como si nuestra atención fuera un aplauso gratuito.

    Y acumulamos cuentas como quien acumula objetos en un cuarto de San Alejo digital.

    Yo también lo hice.

    Tuve Facebook.

    Tuve Twitter.

    Tuve TikTok.

    Tuve Threads.

    Tuve LinkedIn.

    Tuve Flickr.

    Tuve Discord.

    Cada una prometía algo distinto.

    Más conexiones.

    Más oportunidades.

    Más visibilidad.

    Más comunidad.

    Más futuro.

    Con el tiempo descubrí algo incómodo:

    La mayoría no me aportaba nada que justificara seguir allí.

    No mejoraban mi trabajo.

    No mejoraban mis relaciones.

    No mejoraban mi vida.

    Simplemente seguían existiendo porque un día abrí una cuenta y nunca me tomé el trabajo de cerrarla.

    Por eso empecé a hacer limpieza.

    Facebook afuera.

    Twitter afuera.

    TikTok afuera.

    Threads afuera.

    LinkedIn afuera.

    Flickr afuera.

    Discord afuera.

    Y ocurrió algo sorprendente.

    Nada.

    No perdí clientes.

    No perdí amigos.

    No desaparecieron oportunidades.

    No colapsó mi carrera.

    No cambió absolutamente nada.

    Al final quedaron dos supervivientes:

    Instagram y WhatsApp.

    Instagram porque todavía funciona como vitrina, portafolio y punto de contacto.

    WhatsApp porque, nos guste o no, se convirtió en infraestructura básica de la vida moderna.

    Todo lo demás era equipaje.

    La madurez digital no consiste en estar en todas partes.

    Consiste en identificar qué sobra.

    Cada cuenta eliminada es una contraseña menos.

    Una notificación menos.

    Una base de datos menos con mis datos.

    Un algoritmo menos peleando por mi atención.

    Una empresa menos vigilando mis hábitos.

    Nos enseñaron que la libertad digital consistía en conectarnos a todo.

    Empiezo a sospechar que la libertad digital consiste en poder irse.

    Cerrar la cuenta.

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    Y descubrir que el mundo sigue girando exactamente igual.

    Tal vez la pregunta más inteligente de la era digital no sea:

    ¿En cuántas plataformas estoy?

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    ¿Cuántas puedo eliminar hoy sin que mi vida cambie en absoluto?

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  12. Opciones con herramientas avanzadas e identidades desechables 🛡️✉️

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  13. Opciones con herramientas avanzadas e identidades desechables 🛡️✉️

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