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#onomacrito — Public Fediverse posts

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  1. #datocurioso

    ¿Sabían que las campañas de desinformación política no son algo nuevo y que en la Antigua Grecia existió un hombre que modificaba profecías sagradas para engañar a reyes y tiranos?

    Su nombre fue Onomácrito y vivió en Atenas durante el siglo VI antes de Cristo. Él no era militar ni gobernante, sino un compilador de textos religiosos que trabajaba en la corte del tirano Pisístrato y después con su hijo Hiparco. Su labor era ordenar las profecías atribuidas a Museo, un personaje místico muy respetado en la época. Como la sociedad de ese tiempo era sumamente religiosa, los gobernantes consultaban estos escritos antes de tomar decisiones políticas o militares importantes. Onomácrito se dio cuenta de este poder y empezó a meter versos falsos y a cambiar pasajes para que los mensajes divinos coincidieran exactamente con lo que a los tiranos les convenía escuchar.

    La trampa se descubrió cuando el poeta Laso de Hermíone lo atrapó con las manos en la masa. Lo acusó formalmente de inventar un verso que decía que unas islas cercanas a Lemnos se hundirían en el mar, lo que provocó que Hiparco lo corriera de Atenas. Sin embargo, este destierro no frenó su carrera. Onomácrito viajó hacia el este hasta llegar a Susa, la corte del rey persa Jerjes I. En ese momento, los antiguos gobernantes atenienses que también habían sido expulsados querían convencer al rey persa de invadir Grecia. El historiador Heródoto cuenta que Onomácrito se ganó la confianza del rey leyéndole las viejas profecías, pero seleccionando con mucho cuidado solo aquellas que anunciaban una victoria para los persas y ocultando las que hablaban de derrotas.

    Poco después, Jerjes I inició su famosa expedición militar con un ejército gigantesco. Aunque no podemos comprobar qué tanto influyeron sus lecturas en la decisión final del rey, el caso de Onomácrito nos demuestra cómo una mentira bien colocada puede cambiar el rumbo de la historia. Algunos autores antiguos también dicen que él ayudó a escribir o modificar el mito órfico donde los Titanes despedazan al dios Dioniso, una historia que los griegos usaban para explicar el lado violento y el lado espiritual de los seres humanos. Este personaje nos enseña que mucho antes de que existieran los medios modernos o el internet, ya había personas capaces de cambiar un par de palabras en una historia vieja para hacerle creer a los demás que la mentira siempre estuvo ahí.

    — A. Eldritch, Periodista, Locutor, podcaster y bloger del fediverso

    Alt text via @altbot y @TeLoDescribot

    #GreciaAntiga #Historia #Mitos #Profecías #Onomácrito

  2. 🧿 𝑶𝒏𝒐𝒎𝒂́𝒄𝒓𝒊𝒕𝒐: 𝒆𝒍 𝒇𝒂𝒍𝒔𝒊𝒇𝒊𝒄𝒂𝒅𝒐𝒓 𝒅𝒆 𝒐𝒓𝒂́𝒄𝒖𝒍𝒐𝒔 𝒒𝒖𝒆 𝒎𝒂𝒏𝒊𝒑𝒖𝒍𝒐́ 𝒎𝒊𝒕𝒐𝒔, 𝒕𝒊𝒓𝒂𝒏𝒐𝒔 𝒚 𝒆𝒎𝒑𝒆𝒓𝒂𝒅𝒐𝒓𝒆𝒔 🧿

    En la Atenas del siglo VI a. C., una ciudad que comenzaba a convertirse en uno de los grandes centros de pensamiento, religión y poder político del mundo griego, vivió un personaje tan influyente como polémico: Onomácrito.

    No fue un filósofo, ni un general, ni un gobernante.
    Su poder estaba en algo mucho más sutil: las palabras.

    Onomácrito trabajó en la corte del tirano Pisístrato y, posteriormente, bajo el gobierno de su hijo Hiparco.
    Su cometido estaba relacionado con la recopilación de antiguos oráculos atribuidos a Museo, un personaje mítico vinculado a las tradiciones religiosas órficas y a los misterios de Eleusis.

    Aquellos textos no eran simples relatos religiosos.
    Los oráculos podían interpretarse como advertencias, profecías o señales divinas y, en una sociedad profundamente religiosa, podían influir en decisiones políticas y militares.

    Y ahí estaba el problema.

    Según las fuentes antiguas, Onomácrito no se limitó a recopilar y ordenar los textos que tenía a su disposición.
    También introdujo versos y modificó determinados pasajes para hacer que las profecías coincidieran con los intereses de quienes gobernaban.

    La manipulación terminó saliendo a la luz.

    El poeta y músico Laso de Hermíone lo acusó de haber falsificado un oráculo.
    En concreto, habría presentado como antiguo un verso que anunciaba que unas islas próximas a Lemnos acabarían desapareciendo bajo el mar.

    El descubrimiento tuvo consecuencias políticas.
    Hiparco terminó expulsando a Onomácrito de Atenas.

    Pero el destierro no significó el final de su carrera.

    Onomácrito acabó marchándose hacia el este y llegó a la corte del rey persa Jerjes I, en Susa.
    Allí volvió a ocupar un lugar cerca del poder, esta vez en un escenario mucho más peligroso.

    Los Pisístrátidas, que habían sido expulsados de Atenas, tenían interés en convencer a los persas de intervenir contra Grecia.
    Según cuenta Heródoto, Onomácrito fue presentado ante Jerjes y comenzó a interpretar para él antiguos oráculos.

    El rey persa estaba considerando la posibilidad de emprender una gran expedición contra Grecia.
    Onomácrito, según Heródoto, seleccionaba aquellos oráculos que parecían anunciar la victoria persa y evitaba mencionar los que podían resultar desfavorables.

    No sabemos hasta qué punto sus palabras influyeron realmente en la decisión de Jerjes, pero el episodio muestra hasta qué punto la interpretación de una profecía podía adquirir importancia cuando quien la escuchaba era un rey con un enorme ejército a su disposición.

    Y aquí conviene hacer una distinción.

    Llamar a Onomácrito «propagandista» ayuda a entender su comportamiento desde una perspectiva moderna, pero no debemos imaginarlo exactamente como un manipulador político contemporáneo.
    En el mundo antiguo, la religión, la tradición y el poder estaban mucho más entrelazados.
    Modificar un texto considerado sagrado no era simplemente alterar información: significaba intervenir en la manera en que los hombres interpretaban la voluntad de los dioses.

    Además de los oráculos, la tradición posterior relacionó a Onomácrito con la transmisión y posible modificación de textos y mitos órficos.

    Algunos autores antiguos y estudios posteriores lo vinculan con la difusión de determinadas tradiciones órficas, entre ellas el mito en el que los Titanes despedazan al joven Dioniso.

    En la tradición órfica, este relato explicaba de una manera simbólica la naturaleza contradictoria del ser humano: los hombres procedían de una mezcla de elementos divinos asociados a Dioniso y de la naturaleza violenta de los Titanes.

    Sin embargo, aquí hay que andar con cuidado.

    La atribución directa de determinados textos o modificaciones a Onomácrito no puede demostrarse con seguridad.
    Gran parte de lo que sabemos procede de testimonios antiguos y de tradiciones posteriores, y no conservamos los textos originales que él supuestamente manipuló.

    Tampoco sabemos prácticamente nada de su vida privada.
    No conocemos con certeza su infancia, su familia ni muchos detalles sobre su origen.
    Los cronistas antiguos estaban mucho más interesados en registrar sus actuaciones públicas que en contarnos quién era el hombre que había detrás de ellas.

    Y quizá sea precisamente eso lo que hace tan interesante su historia.

    Onomácrito vivió en una época en la que Atenas todavía estaba lejos de convertirse en la ciudad asociada para siempre con la filosofía, la democracia y el pensamiento racional.

    Los mitos seguían teniendo autoridad.
    Los oráculos podían influir en los gobernantes.
    Y un texto atribuido a una figura sagrada podía convertirse en una herramienta política.

    Onomácrito entendió ese poder.

    No necesitaba un ejército para influir sobre quienes gobernaban.
    Le bastaban unos versos, una antigua autoridad religiosa y la capacidad de interpretarlos de la manera conveniente.

    Y quizá ahí esté la parte más moderna de su historia.

    Porque mucho antes de que existieran periódicos, propaganda política, redes sociales o campañas de desinformación, ya existía algo mucho más sencillo: alguien capaz de modificar una historia, atribuírsela a una autoridad y conseguir que otros creyeran que aquellas palabras habían sido pronunciadas mucho antes.

    A veces el poder no necesita inventar una mentira completa.

    Solo necesita cambiar unas pocas palabras y convencer a los demás de que siempre estuvieron ahí.

    ▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣

    #historia #greciaantigua #atenas #onomacrito #herodoto #orfismo #mitologia #oraculos #guerraspersicas #historiadelareligion

  3. 🧿 𝑶𝒏𝒐𝒎𝒂́𝒄𝒓𝒊𝒕𝒐: 𝒆𝒍 𝒇𝒂𝒍𝒔𝒊𝒇𝒊𝒄𝒂𝒅𝒐𝒓 𝒅𝒆 𝒐𝒓𝒂́𝒄𝒖𝒍𝒐𝒔 𝒒𝒖𝒆 𝒎𝒂𝒏𝒊𝒑𝒖𝒍𝒐́ 𝒎𝒊𝒕𝒐𝒔, 𝒕𝒊𝒓𝒂𝒏𝒐𝒔 𝒚 𝒆𝒎𝒑𝒆𝒓𝒂𝒅𝒐𝒓𝒆𝒔 🧿

    En la Atenas del siglo VI a. C., una ciudad que comenzaba a convertirse en uno de los grandes centros de pensamiento, religión y poder político del mundo griego, vivió un personaje tan influyente como polémico: Onomácrito.

    No fue un filósofo, ni un general, ni un gobernante.
    Su poder estaba en algo mucho más sutil: las palabras.

    Onomácrito trabajó en la corte del tirano Pisístrato y, posteriormente, bajo el gobierno de su hijo Hiparco.
    Su cometido estaba relacionado con la recopilación de antiguos oráculos atribuidos a Museo, un personaje mítico vinculado a las tradiciones religiosas órficas y a los misterios de Eleusis.

    Aquellos textos no eran simples relatos religiosos.
    Los oráculos podían interpretarse como advertencias, profecías o señales divinas y, en una sociedad profundamente religiosa, podían influir en decisiones políticas y militares.

    Y ahí estaba el problema.

    Según las fuentes antiguas, Onomácrito no se limitó a recopilar y ordenar los textos que tenía a su disposición.
    También introdujo versos y modificó determinados pasajes para hacer que las profecías coincidieran con los intereses de quienes gobernaban.

    La manipulación terminó saliendo a la luz.

    El poeta y músico Laso de Hermíone lo acusó de haber falsificado un oráculo.
    En concreto, habría presentado como antiguo un verso que anunciaba que unas islas próximas a Lemnos acabarían desapareciendo bajo el mar.

    El descubrimiento tuvo consecuencias políticas.
    Hiparco terminó expulsando a Onomácrito de Atenas.

    Pero el destierro no significó el final de su carrera.

    Onomácrito acabó marchándose hacia el este y llegó a la corte del rey persa Jerjes I, en Susa.
    Allí volvió a ocupar un lugar cerca del poder, esta vez en un escenario mucho más peligroso.

    Los Pisístrátidas, que habían sido expulsados de Atenas, tenían interés en convencer a los persas de intervenir contra Grecia.
    Según cuenta Heródoto, Onomácrito fue presentado ante Jerjes y comenzó a interpretar para él antiguos oráculos.

    El rey persa estaba considerando la posibilidad de emprender una gran expedición contra Grecia.
    Onomácrito, según Heródoto, seleccionaba aquellos oráculos que parecían anunciar la victoria persa y evitaba mencionar los que podían resultar desfavorables.

    No sabemos hasta qué punto sus palabras influyeron realmente en la decisión de Jerjes, pero el episodio muestra hasta qué punto la interpretación de una profecía podía adquirir importancia cuando quien la escuchaba era un rey con un enorme ejército a su disposición.

    Y aquí conviene hacer una distinción.

    Llamar a Onomácrito «propagandista» ayuda a entender su comportamiento desde una perspectiva moderna, pero no debemos imaginarlo exactamente como un manipulador político contemporáneo.
    En el mundo antiguo, la religión, la tradición y el poder estaban mucho más entrelazados.
    Modificar un texto considerado sagrado no era simplemente alterar información: significaba intervenir en la manera en que los hombres interpretaban la voluntad de los dioses.

    Además de los oráculos, la tradición posterior relacionó a Onomácrito con la transmisión y posible modificación de textos y mitos órficos.

    Algunos autores antiguos y estudios posteriores lo vinculan con la difusión de determinadas tradiciones órficas, entre ellas el mito en el que los Titanes despedazan al joven Dioniso.

    En la tradición órfica, este relato explicaba de una manera simbólica la naturaleza contradictoria del ser humano: los hombres procedían de una mezcla de elementos divinos asociados a Dioniso y de la naturaleza violenta de los Titanes.

    Sin embargo, aquí hay que andar con cuidado.

    La atribución directa de determinados textos o modificaciones a Onomácrito no puede demostrarse con seguridad.
    Gran parte de lo que sabemos procede de testimonios antiguos y de tradiciones posteriores, y no conservamos los textos originales que él supuestamente manipuló.

    Tampoco sabemos prácticamente nada de su vida privada.
    No conocemos con certeza su infancia, su familia ni muchos detalles sobre su origen.
    Los cronistas antiguos estaban mucho más interesados en registrar sus actuaciones públicas que en contarnos quién era el hombre que había detrás de ellas.

    Y quizá sea precisamente eso lo que hace tan interesante su historia.

    Onomácrito vivió en una época en la que Atenas todavía estaba lejos de convertirse en la ciudad asociada para siempre con la filosofía, la democracia y el pensamiento racional.

    Los mitos seguían teniendo autoridad.
    Los oráculos podían influir en los gobernantes.
    Y un texto atribuido a una figura sagrada podía convertirse en una herramienta política.

    Onomácrito entendió ese poder.

    No necesitaba un ejército para influir sobre quienes gobernaban.
    Le bastaban unos versos, una antigua autoridad religiosa y la capacidad de interpretarlos de la manera conveniente.

    Y quizá ahí esté la parte más moderna de su historia.

    Porque mucho antes de que existieran periódicos, propaganda política, redes sociales o campañas de desinformación, ya existía algo mucho más sencillo: alguien capaz de modificar una historia, atribuírsela a una autoridad y conseguir que otros creyeran que aquellas palabras habían sido pronunciadas mucho antes.

    A veces el poder no necesita inventar una mentira completa.

    Solo necesita cambiar unas pocas palabras y convencer a los demás de que siempre estuvieron ahí.

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    #historia #greciaantigua #atenas #onomacrito #herodoto #orfismo #mitologia #oraculos #guerraspersicas #historiadelareligion

  4. 🧿 𝑶𝒏𝒐𝒎𝒂́𝒄𝒓𝒊𝒕𝒐: 𝒆𝒍 𝒇𝒂𝒍𝒔𝒊𝒇𝒊𝒄𝒂𝒅𝒐𝒓 𝒅𝒆 𝒐𝒓𝒂́𝒄𝒖𝒍𝒐𝒔 𝒒𝒖𝒆 𝒎𝒂𝒏𝒊𝒑𝒖𝒍𝒐́ 𝒎𝒊𝒕𝒐𝒔, 𝒕𝒊𝒓𝒂𝒏𝒐𝒔 𝒚 𝒆𝒎𝒑𝒆𝒓𝒂𝒅𝒐𝒓𝒆𝒔 🧿

    En la Atenas del siglo VI a. C., una ciudad que comenzaba a convertirse en uno de los grandes centros de pensamiento, religión y poder político del mundo griego, vivió un personaje tan influyente como polémico: Onomácrito.

    No fue un filósofo, ni un general, ni un gobernante.
    Su poder estaba en algo mucho más sutil: las palabras.

    Onomácrito trabajó en la corte del tirano Pisístrato y, posteriormente, bajo el gobierno de su hijo Hiparco.
    Su cometido estaba relacionado con la recopilación de antiguos oráculos atribuidos a Museo, un personaje mítico vinculado a las tradiciones religiosas órficas y a los misterios de Eleusis.

    Aquellos textos no eran simples relatos religiosos.
    Los oráculos podían interpretarse como advertencias, profecías o señales divinas y, en una sociedad profundamente religiosa, podían influir en decisiones políticas y militares.

    Y ahí estaba el problema.

    Según las fuentes antiguas, Onomácrito no se limitó a recopilar y ordenar los textos que tenía a su disposición.
    También introdujo versos y modificó determinados pasajes para hacer que las profecías coincidieran con los intereses de quienes gobernaban.

    La manipulación terminó saliendo a la luz.

    El poeta y músico Laso de Hermíone lo acusó de haber falsificado un oráculo.
    En concreto, habría presentado como antiguo un verso que anunciaba que unas islas próximas a Lemnos acabarían desapareciendo bajo el mar.

    El descubrimiento tuvo consecuencias políticas.
    Hiparco terminó expulsando a Onomácrito de Atenas.

    Pero el destierro no significó el final de su carrera.

    Onomácrito acabó marchándose hacia el este y llegó a la corte del rey persa Jerjes I, en Susa.
    Allí volvió a ocupar un lugar cerca del poder, esta vez en un escenario mucho más peligroso.

    Los Pisístrátidas, que habían sido expulsados de Atenas, tenían interés en convencer a los persas de intervenir contra Grecia.
    Según cuenta Heródoto, Onomácrito fue presentado ante Jerjes y comenzó a interpretar para él antiguos oráculos.

    El rey persa estaba considerando la posibilidad de emprender una gran expedición contra Grecia.
    Onomácrito, según Heródoto, seleccionaba aquellos oráculos que parecían anunciar la victoria persa y evitaba mencionar los que podían resultar desfavorables.

    No sabemos hasta qué punto sus palabras influyeron realmente en la decisión de Jerjes, pero el episodio muestra hasta qué punto la interpretación de una profecía podía adquirir importancia cuando quien la escuchaba era un rey con un enorme ejército a su disposición.

    Y aquí conviene hacer una distinción.

    Llamar a Onomácrito «propagandista» ayuda a entender su comportamiento desde una perspectiva moderna, pero no debemos imaginarlo exactamente como un manipulador político contemporáneo.
    En el mundo antiguo, la religión, la tradición y el poder estaban mucho más entrelazados.
    Modificar un texto considerado sagrado no era simplemente alterar información: significaba intervenir en la manera en que los hombres interpretaban la voluntad de los dioses.

    Además de los oráculos, la tradición posterior relacionó a Onomácrito con la transmisión y posible modificación de textos y mitos órficos.

    Algunos autores antiguos y estudios posteriores lo vinculan con la difusión de determinadas tradiciones órficas, entre ellas el mito en el que los Titanes despedazan al joven Dioniso.

    En la tradición órfica, este relato explicaba de una manera simbólica la naturaleza contradictoria del ser humano: los hombres procedían de una mezcla de elementos divinos asociados a Dioniso y de la naturaleza violenta de los Titanes.

    Sin embargo, aquí hay que andar con cuidado.

    La atribución directa de determinados textos o modificaciones a Onomácrito no puede demostrarse con seguridad.
    Gran parte de lo que sabemos procede de testimonios antiguos y de tradiciones posteriores, y no conservamos los textos originales que él supuestamente manipuló.

    Tampoco sabemos prácticamente nada de su vida privada.
    No conocemos con certeza su infancia, su familia ni muchos detalles sobre su origen.
    Los cronistas antiguos estaban mucho más interesados en registrar sus actuaciones públicas que en contarnos quién era el hombre que había detrás de ellas.

    Y quizá sea precisamente eso lo que hace tan interesante su historia.

    Onomácrito vivió en una época en la que Atenas todavía estaba lejos de convertirse en la ciudad asociada para siempre con la filosofía, la democracia y el pensamiento racional.

    Los mitos seguían teniendo autoridad.
    Los oráculos podían influir en los gobernantes.
    Y un texto atribuido a una figura sagrada podía convertirse en una herramienta política.

    Onomácrito entendió ese poder.

    No necesitaba un ejército para influir sobre quienes gobernaban.
    Le bastaban unos versos, una antigua autoridad religiosa y la capacidad de interpretarlos de la manera conveniente.

    Y quizá ahí esté la parte más moderna de su historia.

    Porque mucho antes de que existieran periódicos, propaganda política, redes sociales o campañas de desinformación, ya existía algo mucho más sencillo: alguien capaz de modificar una historia, atribuírsela a una autoridad y conseguir que otros creyeran que aquellas palabras habían sido pronunciadas mucho antes.

    A veces el poder no necesita inventar una mentira completa.

    Solo necesita cambiar unas pocas palabras y convencer a los demás de que siempre estuvieron ahí.

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    #historia #greciaantigua #atenas #onomacrito #herodoto #orfismo #mitologia #oraculos #guerraspersicas #historiadelareligion