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  1. 🧿 𝑱𝒖𝒅𝒚 𝑭𝒂𝒖𝒍𝒌𝒏𝒆𝒓 "𝑬𝒑𝒊𝒄 𝑺𝒚𝒔𝒕𝒆𝒎𝒔" 🧿

    Vale unos 7.800 millones de dólares.
    Nunca ha cobrado una sola acción para sí misma.
    Y ha prometido donar el 99 % de su fortuna.

    Se llama Judy Faulkner.
    Pero su historia no trata realmente de dinero.

    Hace años les preguntó a sus hijos qué era lo que más necesitaban de ella.
    Ellos respondieron lo que cualquiera diría: comida, dinero, seguridad.
    Ella negó con la cabeza.

    “No”, les dijo. “Necesitáis raíces y alas”.

    Raíces para mantener los pies en la tierra.
    Alas para poder volar por vuestra cuenta.

    Aquella idea, sencilla y casi doméstica, terminó definiendo su manera de vivir… y también de hacer empresa.

    Porque Judy Faulkner no empezó con miles de millones.
    Empezó en un sótano en Madison, Wisconsin, a finales de los años setenta.
    En 1979 reunió unos 70.000 dólares prestados por amigos y familiares, contrató a dos empleados a tiempo parcial y comenzó a programar en un ordenador que ella misma utilizaba para desarrollar el software.

    De aquel pequeño proyecto nació Epic Systems.

    Su idea era simple, pero en aquel momento parecía casi utópica: la información médica debía seguir al paciente.
    Hoy lo vemos normal, pero durante décadas los historiales estaban repartidos entre carpetas, archivadores y sistemas que no se hablaban entre sí.
    Cuando alguien cambiaba de hospital o de ciudad, muchas veces su historial se quedaba atrás.

    Los médicos tenían que tratar a los pacientes sin ver el cuadro completo.

    Hubo un caso que convirtió esa idea en algo personal.
    El marido de Judy era pediatra y había atendido durante años a una niña.
    Cuando la familia se mudó a otra ciudad, su historial médico no viajó con ella.
    Poco después enfermó gravemente.
    Los nuevos médicos no tenían la información necesaria.
    Cuando lograron reconstruir parte de su historial… ya era demasiado tarde.

    La niña murió.

    Al día siguiente Judy volvió al sótano y siguió trabajando.
    Si dependía de ella, aquello no volvería a pasar.

    Con el tiempo aquella pequeña empresa empezó a crecer.
    Y siguió creciendo.
    Hoy los sistemas de Epic gestionan historiales médicos de más de 325 millones de pacientes y más de la mitad de las camas hospitalarias de atención aguda en Estados Unidos dependen de su tecnología.

    Pero Judy tomó una decisión poco habitual en el mundo tecnológico: nunca vendió la empresa.
    Nunca la sacó a bolsa.
    Nunca aceptó capital de riesgo.

    Quería que Epic pudiera tomar decisiones pensando en médicos y pacientes, no en accionistas ni en resultados trimestrales.
    Una vez lo explicó con una pregunta bastante directa: “¿Por qué dejar que te posean personas cuyo principal interés es la rentabilidad financiera?”

    Mientras otros fundadores tecnológicos perseguían ventas multimillonarias, titulares o nuevas startups, ella siguió centrada en construir sistemas que duraran décadas.

    Hoy, con más de ochenta años, sigue yendo a trabajar cada día al enorme campus de Epic en Wisconsin, un lugar curioso lleno de edificios inspirados en cuentos, fantasía e imaginación.
    Un ejecutivo dijo una vez que trabajar con ella era como ver una mezcla entre Bill Gates y Willy Wonka.

    Pero la parte más llamativa de su historia llegó cuando el dinero ya estaba ahí.

    Judy firmó el compromiso filantrópico conocido como The Giving Pledge, impulsado por Bill Gates y Warren Buffett, mediante el cual algunos de los multimillonarios del mundo prometen donar la mayor parte de su fortuna.

    Luego decidió ir aún más lejos.

    Se comprometió a donar el 99 % de todo lo que posee durante su vida.

    En 2019 ella y su esposo crearon la Roots & Wings Foundation, llamada así precisamente por aquella conversación con sus hijos.

    La idea sigue siendo la misma.

    Raíces: comida, vivienda, educación, atención médica.
    Alas: oportunidades reales para que las personas puedan salir adelante.

    Desde entonces la fundación ha donado decenas de millones de dólares cada año a organizaciones sociales, y el objetivo es alcanzar 100 millones anuales.
    Para hacerlo, Judy está vendiendo acciones de Epic… de vuelta a su propia empresa, y ese dinero se destina directamente a proyectos sociales.

    Nunca lo ha retirado para beneficio personal.

    En una época en la que la riqueza suele exhibirse, Judy Faulkner eligió otra cosa.
    Construyó una empresa que mejora la atención médica de cientos de millones de personas.
    La mantuvo independiente para proteger su propósito.
    Y cuando llegó la fortuna, decidió usarla como una responsabilidad.

    Hace años dijo que sus hijos necesitaban raíces y alas.

    Ahora intenta que millones de personas más puedan tener ambas cosas.

    No porque esté obligada.

    Simplemente porque cree que la riqueza, bien utilizada, puede convertirse en algo bastante poco común: una forma de cuidar a otros.

    ▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣

    #historia #historiasreales #judyfaulkner #epicsystems #filantropia #tecnologia #curiosidadeshistoricas #liderazgo #historiasqueinspiran #ecosdelpasado

  2. 🧿 𝑱𝒖𝒅𝒚 𝑭𝒂𝒖𝒍𝒌𝒏𝒆𝒓 "𝑬𝒑𝒊𝒄 𝑺𝒚𝒔𝒕𝒆𝒎𝒔" 🧿

    Vale unos 7.800 millones de dólares.
    Nunca ha cobrado una sola acción para sí misma.
    Y ha prometido donar el 99 % de su fortuna.

    Se llama Judy Faulkner.
    Pero su historia no trata realmente de dinero.

    Hace años les preguntó a sus hijos qué era lo que más necesitaban de ella.
    Ellos respondieron lo que cualquiera diría: comida, dinero, seguridad.
    Ella negó con la cabeza.

    “No”, les dijo. “Necesitáis raíces y alas”.

    Raíces para mantener los pies en la tierra.
    Alas para poder volar por vuestra cuenta.

    Aquella idea, sencilla y casi doméstica, terminó definiendo su manera de vivir… y también de hacer empresa.

    Porque Judy Faulkner no empezó con miles de millones.
    Empezó en un sótano en Madison, Wisconsin, a finales de los años setenta.
    En 1979 reunió unos 70.000 dólares prestados por amigos y familiares, contrató a dos empleados a tiempo parcial y comenzó a programar en un ordenador que ella misma utilizaba para desarrollar el software.

    De aquel pequeño proyecto nació Epic Systems.

    Su idea era simple, pero en aquel momento parecía casi utópica: la información médica debía seguir al paciente.
    Hoy lo vemos normal, pero durante décadas los historiales estaban repartidos entre carpetas, archivadores y sistemas que no se hablaban entre sí.
    Cuando alguien cambiaba de hospital o de ciudad, muchas veces su historial se quedaba atrás.

    Los médicos tenían que tratar a los pacientes sin ver el cuadro completo.

    Hubo un caso que convirtió esa idea en algo personal.
    El marido de Judy era pediatra y había atendido durante años a una niña.
    Cuando la familia se mudó a otra ciudad, su historial médico no viajó con ella.
    Poco después enfermó gravemente.
    Los nuevos médicos no tenían la información necesaria.
    Cuando lograron reconstruir parte de su historial… ya era demasiado tarde.

    La niña murió.

    Al día siguiente Judy volvió al sótano y siguió trabajando.
    Si dependía de ella, aquello no volvería a pasar.

    Con el tiempo aquella pequeña empresa empezó a crecer.
    Y siguió creciendo.
    Hoy los sistemas de Epic gestionan historiales médicos de más de 325 millones de pacientes y más de la mitad de las camas hospitalarias de atención aguda en Estados Unidos dependen de su tecnología.

    Pero Judy tomó una decisión poco habitual en el mundo tecnológico: nunca vendió la empresa.
    Nunca la sacó a bolsa.
    Nunca aceptó capital de riesgo.

    Quería que Epic pudiera tomar decisiones pensando en médicos y pacientes, no en accionistas ni en resultados trimestrales.
    Una vez lo explicó con una pregunta bastante directa: “¿Por qué dejar que te posean personas cuyo principal interés es la rentabilidad financiera?”

    Mientras otros fundadores tecnológicos perseguían ventas multimillonarias, titulares o nuevas startups, ella siguió centrada en construir sistemas que duraran décadas.

    Hoy, con más de ochenta años, sigue yendo a trabajar cada día al enorme campus de Epic en Wisconsin, un lugar curioso lleno de edificios inspirados en cuentos, fantasía e imaginación.
    Un ejecutivo dijo una vez que trabajar con ella era como ver una mezcla entre Bill Gates y Willy Wonka.

    Pero la parte más llamativa de su historia llegó cuando el dinero ya estaba ahí.

    Judy firmó el compromiso filantrópico conocido como The Giving Pledge, impulsado por Bill Gates y Warren Buffett, mediante el cual algunos de los multimillonarios del mundo prometen donar la mayor parte de su fortuna.

    Luego decidió ir aún más lejos.

    Se comprometió a donar el 99 % de todo lo que posee durante su vida.

    En 2019 ella y su esposo crearon la Roots & Wings Foundation, llamada así precisamente por aquella conversación con sus hijos.

    La idea sigue siendo la misma.

    Raíces: comida, vivienda, educación, atención médica.
    Alas: oportunidades reales para que las personas puedan salir adelante.

    Desde entonces la fundación ha donado decenas de millones de dólares cada año a organizaciones sociales, y el objetivo es alcanzar 100 millones anuales.
    Para hacerlo, Judy está vendiendo acciones de Epic… de vuelta a su propia empresa, y ese dinero se destina directamente a proyectos sociales.

    Nunca lo ha retirado para beneficio personal.

    En una época en la que la riqueza suele exhibirse, Judy Faulkner eligió otra cosa.
    Construyó una empresa que mejora la atención médica de cientos de millones de personas.
    La mantuvo independiente para proteger su propósito.
    Y cuando llegó la fortuna, decidió usarla como una responsabilidad.

    Hace años dijo que sus hijos necesitaban raíces y alas.

    Ahora intenta que millones de personas más puedan tener ambas cosas.

    No porque esté obligada.

    Simplemente porque cree que la riqueza, bien utilizada, puede convertirse en algo bastante poco común: una forma de cuidar a otros.

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    #historia #historiasreales #judyfaulkner #epicsystems #filantropia #tecnologia #curiosidadeshistoricas #liderazgo #historiasqueinspiran #ecosdelpasado

  3. 🧿 𝑱𝒖𝒅𝒚 𝑭𝒂𝒖𝒍𝒌𝒏𝒆𝒓 "𝑬𝒑𝒊𝒄 𝑺𝒚𝒔𝒕𝒆𝒎𝒔" 🧿

    Vale unos 7.800 millones de dólares.
    Nunca ha cobrado una sola acción para sí misma.
    Y ha prometido donar el 99 % de su fortuna.

    Se llama Judy Faulkner.
    Pero su historia no trata realmente de dinero.

    Hace años les preguntó a sus hijos qué era lo que más necesitaban de ella.
    Ellos respondieron lo que cualquiera diría: comida, dinero, seguridad.
    Ella negó con la cabeza.

    “No”, les dijo. “Necesitáis raíces y alas”.

    Raíces para mantener los pies en la tierra.
    Alas para poder volar por vuestra cuenta.

    Aquella idea, sencilla y casi doméstica, terminó definiendo su manera de vivir… y también de hacer empresa.

    Porque Judy Faulkner no empezó con miles de millones.
    Empezó en un sótano en Madison, Wisconsin, a finales de los años setenta.
    En 1979 reunió unos 70.000 dólares prestados por amigos y familiares, contrató a dos empleados a tiempo parcial y comenzó a programar en un ordenador que ella misma utilizaba para desarrollar el software.

    De aquel pequeño proyecto nació Epic Systems.

    Su idea era simple, pero en aquel momento parecía casi utópica: la información médica debía seguir al paciente.
    Hoy lo vemos normal, pero durante décadas los historiales estaban repartidos entre carpetas, archivadores y sistemas que no se hablaban entre sí.
    Cuando alguien cambiaba de hospital o de ciudad, muchas veces su historial se quedaba atrás.

    Los médicos tenían que tratar a los pacientes sin ver el cuadro completo.

    Hubo un caso que convirtió esa idea en algo personal.
    El marido de Judy era pediatra y había atendido durante años a una niña.
    Cuando la familia se mudó a otra ciudad, su historial médico no viajó con ella.
    Poco después enfermó gravemente.
    Los nuevos médicos no tenían la información necesaria.
    Cuando lograron reconstruir parte de su historial… ya era demasiado tarde.

    La niña murió.

    Al día siguiente Judy volvió al sótano y siguió trabajando.
    Si dependía de ella, aquello no volvería a pasar.

    Con el tiempo aquella pequeña empresa empezó a crecer.
    Y siguió creciendo.
    Hoy los sistemas de Epic gestionan historiales médicos de más de 325 millones de pacientes y más de la mitad de las camas hospitalarias de atención aguda en Estados Unidos dependen de su tecnología.

    Pero Judy tomó una decisión poco habitual en el mundo tecnológico: nunca vendió la empresa.
    Nunca la sacó a bolsa.
    Nunca aceptó capital de riesgo.

    Quería que Epic pudiera tomar decisiones pensando en médicos y pacientes, no en accionistas ni en resultados trimestrales.
    Una vez lo explicó con una pregunta bastante directa: “¿Por qué dejar que te posean personas cuyo principal interés es la rentabilidad financiera?”

    Mientras otros fundadores tecnológicos perseguían ventas multimillonarias, titulares o nuevas startups, ella siguió centrada en construir sistemas que duraran décadas.

    Hoy, con más de ochenta años, sigue yendo a trabajar cada día al enorme campus de Epic en Wisconsin, un lugar curioso lleno de edificios inspirados en cuentos, fantasía e imaginación.
    Un ejecutivo dijo una vez que trabajar con ella era como ver una mezcla entre Bill Gates y Willy Wonka.

    Pero la parte más llamativa de su historia llegó cuando el dinero ya estaba ahí.

    Judy firmó el compromiso filantrópico conocido como The Giving Pledge, impulsado por Bill Gates y Warren Buffett, mediante el cual algunos de los multimillonarios del mundo prometen donar la mayor parte de su fortuna.

    Luego decidió ir aún más lejos.

    Se comprometió a donar el 99 % de todo lo que posee durante su vida.

    En 2019 ella y su esposo crearon la Roots & Wings Foundation, llamada así precisamente por aquella conversación con sus hijos.

    La idea sigue siendo la misma.

    Raíces: comida, vivienda, educación, atención médica.
    Alas: oportunidades reales para que las personas puedan salir adelante.

    Desde entonces la fundación ha donado decenas de millones de dólares cada año a organizaciones sociales, y el objetivo es alcanzar 100 millones anuales.
    Para hacerlo, Judy está vendiendo acciones de Epic… de vuelta a su propia empresa, y ese dinero se destina directamente a proyectos sociales.

    Nunca lo ha retirado para beneficio personal.

    En una época en la que la riqueza suele exhibirse, Judy Faulkner eligió otra cosa.
    Construyó una empresa que mejora la atención médica de cientos de millones de personas.
    La mantuvo independiente para proteger su propósito.
    Y cuando llegó la fortuna, decidió usarla como una responsabilidad.

    Hace años dijo que sus hijos necesitaban raíces y alas.

    Ahora intenta que millones de personas más puedan tener ambas cosas.

    No porque esté obligada.

    Simplemente porque cree que la riqueza, bien utilizada, puede convertirse en algo bastante poco común: una forma de cuidar a otros.

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    #historia #historiasreales #judyfaulkner #epicsystems #filantropia #tecnologia #curiosidadeshistoricas #liderazgo #historiasqueinspiran #ecosdelpasado

  4. 🧿 𝑱𝒖𝒅𝒚 𝑭𝒂𝒖𝒍𝒌𝒏𝒆𝒓 "𝑬𝒑𝒊𝒄 𝑺𝒚𝒔𝒕𝒆𝒎𝒔" 🧿

    Vale unos 7.800 millones de dólares.
    Nunca ha cobrado una sola acción para sí misma.
    Y ha prometido donar el 99 % de su fortuna.

    Se llama Judy Faulkner.
    Pero su historia no trata realmente de dinero.

    Hace años les preguntó a sus hijos qué era lo que más necesitaban de ella.
    Ellos respondieron lo que cualquiera diría: comida, dinero, seguridad.
    Ella negó con la cabeza.

    “No”, les dijo. “Necesitáis raíces y alas”.

    Raíces para mantener los pies en la tierra.
    Alas para poder volar por vuestra cuenta.

    Aquella idea, sencilla y casi doméstica, terminó definiendo su manera de vivir… y también de hacer empresa.

    Porque Judy Faulkner no empezó con miles de millones.
    Empezó en un sótano en Madison, Wisconsin, a finales de los años setenta.
    En 1979 reunió unos 70.000 dólares prestados por amigos y familiares, contrató a dos empleados a tiempo parcial y comenzó a programar en un ordenador que ella misma utilizaba para desarrollar el software.

    De aquel pequeño proyecto nació Epic Systems.

    Su idea era simple, pero en aquel momento parecía casi utópica: la información médica debía seguir al paciente.
    Hoy lo vemos normal, pero durante décadas los historiales estaban repartidos entre carpetas, archivadores y sistemas que no se hablaban entre sí.
    Cuando alguien cambiaba de hospital o de ciudad, muchas veces su historial se quedaba atrás.

    Los médicos tenían que tratar a los pacientes sin ver el cuadro completo.

    Hubo un caso que convirtió esa idea en algo personal.
    El marido de Judy era pediatra y había atendido durante años a una niña.
    Cuando la familia se mudó a otra ciudad, su historial médico no viajó con ella.
    Poco después enfermó gravemente.
    Los nuevos médicos no tenían la información necesaria.
    Cuando lograron reconstruir parte de su historial… ya era demasiado tarde.

    La niña murió.

    Al día siguiente Judy volvió al sótano y siguió trabajando.
    Si dependía de ella, aquello no volvería a pasar.

    Con el tiempo aquella pequeña empresa empezó a crecer.
    Y siguió creciendo.
    Hoy los sistemas de Epic gestionan historiales médicos de más de 325 millones de pacientes y más de la mitad de las camas hospitalarias de atención aguda en Estados Unidos dependen de su tecnología.

    Pero Judy tomó una decisión poco habitual en el mundo tecnológico: nunca vendió la empresa.
    Nunca la sacó a bolsa.
    Nunca aceptó capital de riesgo.

    Quería que Epic pudiera tomar decisiones pensando en médicos y pacientes, no en accionistas ni en resultados trimestrales.
    Una vez lo explicó con una pregunta bastante directa: “¿Por qué dejar que te posean personas cuyo principal interés es la rentabilidad financiera?”

    Mientras otros fundadores tecnológicos perseguían ventas multimillonarias, titulares o nuevas startups, ella siguió centrada en construir sistemas que duraran décadas.

    Hoy, con más de ochenta años, sigue yendo a trabajar cada día al enorme campus de Epic en Wisconsin, un lugar curioso lleno de edificios inspirados en cuentos, fantasía e imaginación.
    Un ejecutivo dijo una vez que trabajar con ella era como ver una mezcla entre Bill Gates y Willy Wonka.

    Pero la parte más llamativa de su historia llegó cuando el dinero ya estaba ahí.

    Judy firmó el compromiso filantrópico conocido como The Giving Pledge, impulsado por Bill Gates y Warren Buffett, mediante el cual algunos de los multimillonarios del mundo prometen donar la mayor parte de su fortuna.

    Luego decidió ir aún más lejos.

    Se comprometió a donar el 99 % de todo lo que posee durante su vida.

    En 2019 ella y su esposo crearon la Roots & Wings Foundation, llamada así precisamente por aquella conversación con sus hijos.

    La idea sigue siendo la misma.

    Raíces: comida, vivienda, educación, atención médica.
    Alas: oportunidades reales para que las personas puedan salir adelante.

    Desde entonces la fundación ha donado decenas de millones de dólares cada año a organizaciones sociales, y el objetivo es alcanzar 100 millones anuales.
    Para hacerlo, Judy está vendiendo acciones de Epic… de vuelta a su propia empresa, y ese dinero se destina directamente a proyectos sociales.

    Nunca lo ha retirado para beneficio personal.

    En una época en la que la riqueza suele exhibirse, Judy Faulkner eligió otra cosa.
    Construyó una empresa que mejora la atención médica de cientos de millones de personas.
    La mantuvo independiente para proteger su propósito.
    Y cuando llegó la fortuna, decidió usarla como una responsabilidad.

    Hace años dijo que sus hijos necesitaban raíces y alas.

    Ahora intenta que millones de personas más puedan tener ambas cosas.

    No porque esté obligada.

    Simplemente porque cree que la riqueza, bien utilizada, puede convertirse en algo bastante poco común: una forma de cuidar a otros.

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    #historia #historiasreales #judyfaulkner #epicsystems #filantropia #tecnologia #curiosidadeshistoricas #liderazgo #historiasqueinspiran #ecosdelpasado

  5. 🧿 𝑱𝒖𝒅𝒚 𝑭𝒂𝒖𝒍𝒌𝒏𝒆𝒓 "𝑬𝒑𝒊𝒄 𝑺𝒚𝒔𝒕𝒆𝒎𝒔" 🧿

    Vale unos 7.800 millones de dólares.
    Nunca ha cobrado una sola acción para sí misma.
    Y ha prometido donar el 99 % de su fortuna.

    Se llama Judy Faulkner.
    Pero su historia no trata realmente de dinero.

    Hace años les preguntó a sus hijos qué era lo que más necesitaban de ella.
    Ellos respondieron lo que cualquiera diría: comida, dinero, seguridad.
    Ella negó con la cabeza.

    “No”, les dijo. “Necesitáis raíces y alas”.

    Raíces para mantener los pies en la tierra.
    Alas para poder volar por vuestra cuenta.

    Aquella idea, sencilla y casi doméstica, terminó definiendo su manera de vivir… y también de hacer empresa.

    Porque Judy Faulkner no empezó con miles de millones.
    Empezó en un sótano en Madison, Wisconsin, a finales de los años setenta.
    En 1979 reunió unos 70.000 dólares prestados por amigos y familiares, contrató a dos empleados a tiempo parcial y comenzó a programar en un ordenador que ella misma utilizaba para desarrollar el software.

    De aquel pequeño proyecto nació Epic Systems.

    Su idea era simple, pero en aquel momento parecía casi utópica: la información médica debía seguir al paciente.
    Hoy lo vemos normal, pero durante décadas los historiales estaban repartidos entre carpetas, archivadores y sistemas que no se hablaban entre sí.
    Cuando alguien cambiaba de hospital o de ciudad, muchas veces su historial se quedaba atrás.

    Los médicos tenían que tratar a los pacientes sin ver el cuadro completo.

    Hubo un caso que convirtió esa idea en algo personal.
    El marido de Judy era pediatra y había atendido durante años a una niña.
    Cuando la familia se mudó a otra ciudad, su historial médico no viajó con ella.
    Poco después enfermó gravemente.
    Los nuevos médicos no tenían la información necesaria.
    Cuando lograron reconstruir parte de su historial… ya era demasiado tarde.

    La niña murió.

    Al día siguiente Judy volvió al sótano y siguió trabajando.
    Si dependía de ella, aquello no volvería a pasar.

    Con el tiempo aquella pequeña empresa empezó a crecer.
    Y siguió creciendo.
    Hoy los sistemas de Epic gestionan historiales médicos de más de 325 millones de pacientes y más de la mitad de las camas hospitalarias de atención aguda en Estados Unidos dependen de su tecnología.

    Pero Judy tomó una decisión poco habitual en el mundo tecnológico: nunca vendió la empresa.
    Nunca la sacó a bolsa.
    Nunca aceptó capital de riesgo.

    Quería que Epic pudiera tomar decisiones pensando en médicos y pacientes, no en accionistas ni en resultados trimestrales.
    Una vez lo explicó con una pregunta bastante directa: “¿Por qué dejar que te posean personas cuyo principal interés es la rentabilidad financiera?”

    Mientras otros fundadores tecnológicos perseguían ventas multimillonarias, titulares o nuevas startups, ella siguió centrada en construir sistemas que duraran décadas.

    Hoy, con más de ochenta años, sigue yendo a trabajar cada día al enorme campus de Epic en Wisconsin, un lugar curioso lleno de edificios inspirados en cuentos, fantasía e imaginación.
    Un ejecutivo dijo una vez que trabajar con ella era como ver una mezcla entre Bill Gates y Willy Wonka.

    Pero la parte más llamativa de su historia llegó cuando el dinero ya estaba ahí.

    Judy firmó el compromiso filantrópico conocido como The Giving Pledge, impulsado por Bill Gates y Warren Buffett, mediante el cual algunos de los multimillonarios del mundo prometen donar la mayor parte de su fortuna.

    Luego decidió ir aún más lejos.

    Se comprometió a donar el 99 % de todo lo que posee durante su vida.

    En 2019 ella y su esposo crearon la Roots & Wings Foundation, llamada así precisamente por aquella conversación con sus hijos.

    La idea sigue siendo la misma.

    Raíces: comida, vivienda, educación, atención médica.
    Alas: oportunidades reales para que las personas puedan salir adelante.

    Desde entonces la fundación ha donado decenas de millones de dólares cada año a organizaciones sociales, y el objetivo es alcanzar 100 millones anuales.
    Para hacerlo, Judy está vendiendo acciones de Epic… de vuelta a su propia empresa, y ese dinero se destina directamente a proyectos sociales.

    Nunca lo ha retirado para beneficio personal.

    En una época en la que la riqueza suele exhibirse, Judy Faulkner eligió otra cosa.
    Construyó una empresa que mejora la atención médica de cientos de millones de personas.
    La mantuvo independiente para proteger su propósito.
    Y cuando llegó la fortuna, decidió usarla como una responsabilidad.

    Hace años dijo que sus hijos necesitaban raíces y alas.

    Ahora intenta que millones de personas más puedan tener ambas cosas.

    No porque esté obligada.

    Simplemente porque cree que la riqueza, bien utilizada, puede convertirse en algo bastante poco común: una forma de cuidar a otros.

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    #historia #historiasreales #judyfaulkner #epicsystems #filantropia #tecnologia #curiosidadeshistoricas #liderazgo #historiasqueinspiran #ecosdelpasado

  6. El capital social

    Por: Thelma Morales García

    Desde mis días como estudiante universitaria, estudiábamos al politólogo japonés Francis Fukuyama quien decía que “No sólo es importante qué conoces, si no a quién”, ello lo relacioné cuando asistí a una conferencia donde se hablaba del Capital Social, de momento uno supone que tiene que ver con un término de los economistas, conforme empecé a indagar sobre el tema, me encontré con que efectivamente el término proviene de una analogía con el del capital económico, sin embargo durante mucho tiempo casi no se utilizó en la literatura social y económica.

    Fue a principios del siglo XX en el ámbito de la pedagogía donde se comenzó a usar y hasta la década de los sesenta en las teorías de desarrollo económico. Según los estudiosos en los modelos económicos tradicionales, el concepto es ignorado por completo, pero a partir de 1980 se retomó el término y la importancia de su definición, al grado que fue usado por muchos autores en la sociología y en modelos de economía alternativos.

    Francis Fukuyama lo define como la norma que hace que exista cooperación entre dos partes. Aunque podemos pensar que es muy factible, también puede generar discriminación entre individuos y grupos, sobre todo en la actualidad entre las redes sociales.

    Para otros estudiosos el capital social, es el conjunto de recursos intangibles que cada uno de nosotros posee y que hacemos uso para conseguir nuestros objetivos, por ejemplo dos personas que egresan de la misma facultad con el mismo promedio y buscan trabajo podrían encontrarlo una más rápido que otra, en función de su capital social y de las relaciones que tienen y de la gente que se rodean. Esto que parece obvio, pero habrá que sistematizarlo y ver como influye en el desarrollo de las políticas públicas.

    En el caso de algunos grupos que tienen capacidad organizacional, existe un factor fundamental y es el que la gente se organiza de diferente forma y que los liderazgos que algunas personas tienen aunado a su capital social, determina los apoyos o incentivos que pueda conseguir para su propia organización.

    Todo ello me hizo pensar que si esto se aplica a muchas organizaciones en el mundo, la gran cantidad de desempleados, no sólo tiene que ver con un problema de crisis mundial, sino que hay mucha gente con extraordinaria preparación, pero tal vez no cuidó la parte de su capital social, esto es, rodearse de la gente que le pueda ayudar para obtener un buen puesto laboral.

    Recuerdo que cuando inicié mis estudios universitarios, había un profesor que nos hizo una recomendación a los de nuevo ingreso, “es muy importante empezar a trabajar”, para que cuando terminamos la carrera, tuviéramos mayores oportunidades de tener un empleo estable. Algunos le hicimos caso y tuvimos la oportunidad de conocer a personas que influyeron para obtener un empleo una vez concluidos nuestros estudios. Considero que es importante para aquellos jóvenes que aún están estudiando, tengan muy en cuenta lo que significa hacerse del Capital Social.

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  7. Ben Barker, Adventurer, Hospitality and Tourism Strategist, Head of Destinations at The Warrior Group
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  8. Niels Berben, manager and independent consultant in leisure and tourism projects
    From managing a fire to global destinations: lessons from a career built on adaptation and strategic vision.

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  9. "Y es que todos nos cansamos, y ya no queremos servir por muchas razones.
    Así fue que entendí que hasta el más grande líder se cansa de servir y también necesita que le sirvan (vejez)."
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