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🧿 𝑳𝒂 𝑴𝒂𝒖𝒑𝒊𝒏, 𝒍𝒂 𝒎𝒖𝒋𝒆𝒓 𝒒𝒖𝒆 𝒆𝒔𝒄𝒂𝒏𝒅𝒂𝒍𝒊𝒛𝒐́ 𝒂 𝒕𝒐𝒅𝒂 𝑭𝒓𝒂𝒏𝒄𝒊𝒂 🧿
Si alguien hubiera contado la vida de Julie d'Aubigny en una taberna del París de finales del siglo XVII, probablemente nadie la habría creído.
Sin embargo, buena parte de las historias que han llegado hasta nosotros están documentadas y las que no lo están fueron repetidas tantas veces por sus contemporáneos que acabaron convirtiéndose en parte inseparable de su leyenda.Fue cantante de ópera, espadachina, duelista, aventurera, fugitiva, amante de hombres y mujeres, provocadora profesional y una de las personas más difíciles de encasillar de toda la historia de Francia.
Nació hacia 1670 o 1673 en París, durante el reinado de Luis XIV.
Su padre, Gaston d'Aubigny, trabajaba para el poderoso conde de Armagnac y era responsable de entrenar a los jóvenes pajes de la corte.Aquello significó que Julie creció en un entorno muy diferente al habitual para una niña de su época.
Mientras otras aprendían costura, religión y protocolo, ella pasaba los días viendo entrenamientos de esgrima, aprendiendo a montar a caballo y observando a los jóvenes nobles practicar con la espada.
Su padre detectó enseguida que tenía talento.
Y decidió enseñarle.
No de forma simbólica.
No para entretenerla.
La entrenó prácticamente igual que a un muchacho.
Aprendió esgrima, equitación, tiro y defensa personal.
Años después muchos hombres lamentarían aquella decisión.
Las crónicas coinciden en algo: Julie era excepcional con la espada.
Además era inteligente, impulsiva, atractiva y tenía un carácter volcánico.
La combinación era explosiva.
Con apenas catorce años fue casada con un funcionario llamado Sieur de Maupin.
Era un matrimonio concertado, como tantos otros.
Pero apenas comenzó la vida matrimonial, su marido fue destinado lejos de París.
Y Julie descubrió que la vida de esposa obediente la aburría profundamente.
Fue entonces cuando conoció a un maestro de esgrima llamado Séranne.
Abandonó prácticamente su vida anterior y comenzó a recorrer Francia con él.
Para sobrevivir actuaban en ferias y espectáculos ambulantes.
Él enseñaba esgrima.
Ella cantaba.
Y cuando hacía falta, también luchaba.
Pronto empezó a vestir ropa masculina de forma habitual.
No porque quisiera hacerse pasar permanentemente por hombre, sino porque era más práctica para viajar, montar a caballo y combatir.
Aquello provocó innumerables rumores.
Pero Julie parecía disfrutar escandalizando a la gente.
Durante estos años comenzó a participar en duelos.
Muchos duelos.
En la Francia de Luis XIV los duelos estaban prohibidos oficialmente, pero seguían practicándose constantemente.
Y Julie no tenía ningún problema en aceptar desafíos.
Las fuentes hablan de una larga lista de enfrentamientos.
Algunos rivales quedaron heridos.
Otros humillados.
Y unos cuantos aprendieron demasiado tarde que aquella mujer manejaba la espada mejor que ellos.
Pero el episodio que la convirtió en leyenda ocurrió en Aviñón.
Julie se enamoró de una joven perteneciente a una familia acomodada.
La familia descubrió la relación y decidió poner fin al asunto enviando a la muchacha a un convento.
La solución parecía definitiva.
No lo era.
Julie decidió seguirla.
Y aquí la historia se vuelve tan extraña que parece inventada.
Según los relatos más repetidos, consiguió ingresar en el convento haciéndose pasar por novicia.
Una vez dentro reanudó su relación con la joven.
Entonces ocurrió un fallecimiento.
Una monja anciana murió por causas naturales.
Julie aprovechó la oportunidad.
Robó el cadáver.
Lo trasladó hasta la habitación de su amante.
Colocó el cuerpo en la cama.
Y después prendió fuego a la estancia.
La idea era simple y macabra.
Las autoridades creerían que la joven había muerto en el incendio.
Mientras tanto ambas escaparían.
Y funcionó.
Durante un tiempo.
Las dos huyeron juntas y permanecieron desaparecidas durante varios meses.
Pero finalmente la relación terminó.
La joven regresó con su familia.
Julie siguió su camino.
Las autoridades, sin embargo, no olvidaron el asunto.
El Parlamento de Provenza la declaró culpable de secuestro, profanación de tumbas e incendio provocado.
La condena fue la pena de muerte.
En ausencia.
Si la hubieran capturado en aquel momento, probablemente habría terminado ejecutada.
Pero era extraordinariamente buena escapando de los problemas.
O entrando en otros nuevos.
A finales de la década de 1690 llegó a París.
Allí ocurrió algo inesperado.
Descubrieron que además de ser una magnífica espadachina poseía una voz extraordinaria.
Ingresó en la prestigiosa Académie Royale de Musique.
Y triunfó.
Su presencia escénica era magnética.
Los espectadores acudían por la cantante.
Y terminaban hablando también de la duelista.
La fama creció rápidamente.
Y con ella los escándalos.
Uno de los más famosos tuvo lugar durante un baile de máscaras organizado por Felipe I de Orleans.
Julie acudió vestida de hombre.
Aquello ya era una provocación.
Pero decidió ir más lejos.
Durante la fiesta comenzó a cortejar a una joven aristócrata muy deseada por numerosos caballeros.
Y delante de todos la besó en los labios.
Los pretendientes quedaron furiosos.
Tres nobles la retaron inmediatamente a duelo.
Los cuatro abandonaron el salón.
Se dirigieron a un jardín cercano.
Y allí se enfrentaron.
Las versiones difieren en los detalles.
Algunas afirman que los hirió.
Otras que atravesó a los tres con la espada.
Lo que parece seguro es que los derrotó.
Y después regresó tranquilamente a la fiesta.
Cuando el asunto llegó a conocimiento de Luis XIV, el rey optó por no destruir la carrera de una de sus artistas favoritas.
La Maupin volvió a salir airosa.
Su vida en la Ópera tampoco era precisamente tranquila.
Uno de los incidentes más célebres involucró al tenor Louis Gaulard Dumesny.
Dumesny tenía fama de acosar a mujeres del teatro.
Julie lo desafió a batirse en duelo.
El tenor se negó.
Aquello la enfureció.
Así que decidió darle una lección.
Lo golpeó con un bastón.
Le propinó una paliza considerable.
Y para rematar la humillación le robó el reloj de bolsillo.
Al día siguiente Dumesny apareció contando que unos ladrones lo habían atacado.
Julie irrumpió delante de todos.
Lo llamó cobarde.
Le devolvió el reloj.
Y explicó exactamente lo que había ocurrido.
La carcajada general debió de escucharse en medio París.
Tampoco se llevaba bien con todos los artistas.
Durante una discusión especialmente violenta con la célebre soprano Marie Le Rochois llegó a amenazar con cortarle una oreja.
Era una mujer de emociones intensas.
Amaba con intensidad.
Odiaba con intensidad.
Y reaccionaba con intensidad.
Su vida sentimental era igual de caótica.
Mantuvo relaciones con hombres y mujeres durante toda su vida.
Lo extraordinario no era tanto eso como el hecho de que apenas se molestara en ocultarlo.
En una sociedad obsesionada con las apariencias, Julie parecía incapaz de fingir.
Por eso fascinaba y escandalizaba a partes iguales.
Muchos contemporáneos la adoraban.
Otros la consideraban una amenaza para el orden social.
La mayoría simplemente no sabía qué hacer con ella.
Los años fueron pasando.
Los duelos continuaron.
Las aventuras también.
Pero finalmente apareció alguien que cambió su vida.
La marquesa de Florensac.
Las fuentes hablan de una relación especialmente profunda.
Quizá la más importante de toda su existencia.
Y entonces llegó la tragedia.
La marquesa murió.
No sabemos todos los detalles.
Pero sabemos que la pérdida destrozó a Julie.
La mujer que había sobrevivido a condenas de muerte, escándalos, huidas, peleas y persecuciones quedó emocionalmente destruida.
Abandonó la ópera.
Desapareció de la vida pública.
Renunció a los escenarios.
Y buscó refugio en un convento.
El giro resulta casi increíble.
La misma mujer que había robado un cadáver para escapar de un convento acabó refugiándose en uno.
Algunas fuentes describen sus últimos meses como un período de profunda depresión, oración y aislamiento.
Murió alrededor de 1707.
Tenía apenas treinta y tres años.
Una edad ridículamente corta para alguien que había vivido tantas vidas en una sola.
Hoy sigue siendo difícil separar completamente la realidad de la leyenda.
Algunas historias fueron exageradas.
Otras adornadas.
Pero incluso eliminando los elementos más dudosos queda una figura extraordinaria: una cantante famosa, una espadachina temida, una fugitiva condenada a muerte, una amante apasionada y una mujer que se negó a vivir según las reglas de su tiempo.
Y quizá por eso sigue fascinando tres siglos después.
Porque mientras la mayoría de las personas intentan adaptarse a su época, Julie d'Aubigny pasó su vida entera luchando contra ella.
/No existen fotografías reales de Julie d'Aubigny porque la fotografía se inventó más de un siglo después de su muerte, ocurrida en 1707.
No obstante, sí se conserva una imagen histórica auténtica de su propia época: un grabado oficial impreso en París alrededor del año 1700./▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣
𝐽𝑢𝑙𝑖𝑒, 𝑐𝘩𝑒𝑣𝑎𝑙𝑖𝑒𝑟 𝑑𝑒 𝑀𝑎𝑢𝑝𝑖𝑛 (𝟸𝟶𝟶𝟺), 𝑑𝑖𝑟𝑖𝑔𝑖𝑑𝑎 𝑝𝑜𝑟 𝐶𝘩𝑎𝑟𝑙𝑜𝑡𝑡𝑒 𝐵𝑟𝑎𝑛𝑑𝑠𝑡𝑟ö𝑚, 𝑒𝑠 𝑢𝑛𝑎 𝑚𝑖𝑛𝑖𝑠𝑒𝑟𝑖𝑒 𝘩𝑖𝑠𝑡𝑜́𝑟𝑖𝑐𝑎 𝑞𝑢𝑒 𝑛𝑎𝑟𝑟𝑎 𝑙𝑎 𝑣𝑖𝑑𝑎 𝑑𝑒 𝑙𝑎 𝑖𝑐𝑜́𝑛𝑖𝑐𝑎 𝑒𝑠𝑝𝑎𝑑𝑎𝑐𝘩𝑖𝑛𝑎 𝐽𝑢𝑙𝑖𝑒 𝑑'𝐴𝑢𝑏𝑖𝑔𝑛𝑦 𝑒𝑛 𝑙𝑎 𝐹𝑟𝑎𝑛𝑐𝑖𝑎 𝑑𝑒𝑙 𝑠𝑖𝑔𝑙𝑜 𝑋𝑉𝐼𝐼.
𝐿𝑎 𝑡𝑟𝑎𝑚𝑎 𝑠𝑖𝑔𝑢𝑒 𝑎 𝐽𝑢𝑙𝑖𝑒 𝑚𝑖𝑒𝑛𝑡𝑟𝑎𝑠 𝑒𝑠𝑐𝑎𝑝𝑎 𝑑𝑒 𝑢𝑛 𝑚𝑎𝑡𝑟𝑖𝑚𝑜𝑛𝑖𝑜 𝑐𝑜𝑛𝑐𝑒𝑟𝑡𝑎𝑑𝑜 𝑦 𝑑𝑒𝑠𝑎𝑓𝑖́𝑎 𝑙𝑎𝑠 𝑛𝑜𝑟𝑚𝑎𝑠 𝑑𝑒 𝑔𝑒́𝑛𝑒𝑟𝑜 𝑑𝑒 𝑙𝑎 𝑒́𝑝𝑜𝑐𝑎, 𝑐𝑜𝑛𝑣𝑖𝑟𝑡𝑖𝑒́𝑛𝑑𝑜𝑠𝑒 𝑒𝑛 𝑢𝑛𝑎 𝑙𝑒𝑡𝑎𝑙 𝑑𝑢𝑒𝑙𝑖𝑠𝑡𝑎 𝑦 𝑎𝑐𝑙𝑎𝑚𝑎𝑑𝑎 𝑐𝑎𝑛𝑡𝑎𝑛𝑡𝑒 𝑑𝑒 𝑜́𝑝𝑒𝑟𝑎.https://www.youtube.com/watch?v=VLB_5VmV6nk
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