🧿 𝑺𝒊𝒓 𝑮𝒆𝒐𝒓𝒈𝒆 𝑬𝒗𝒆𝒓𝒆𝒔𝒕 🧿
Cuando pensamos en el Everest, lo primero que nos viene a la cabeza son las expediciones, los escaladores y aquellas cumbres cubiertas de nieve.
Pero el hombre que le dio nombre tiene una historia bastante distinta.
Sir George Everest fue un militar, ingeniero y geógrafo británico que dedicó buena parte de su vida a medir y dibujar sobre los mapas el territorio de la India.
Nació el 4 de julio de 1790.
Sobre el lugar exacto de su nacimiento hay cierta discrepancia en las fuentes: algunas lo sitúan en Greenwich, cerca de Londres, y otras en Gwernvale, en Gales.
Era hijo de Tristram Everest, un abogado, y de Lucetta Mary Smith.
Fue el mayor de los hijos varones de una familia de seis hermanos.
Desde joven destacó en matemáticas y recibió formación en centros militares.
Estudió en el Royal Military College de Marlow y en la academia militar de Woolwich.
En 1806, con apenas 16 años, se incorporó como cadete a la Compañía Británica de las Indias Orientales y viajó a la India como segundo teniente de artillería.
Allí comenzó una carrera que acabaría llevándole a recorrer y medir enormes extensiones de territorio.
Entre 1814 y 1816 trabajó en la medición de la isla de Java, por encargo de Stamford Raffles, entonces gobernador británico.
También participó en obras para mejorar la navegación de los ríos que comunicaban el Ganges con el Hooghly.
En 1818 se incorporó al Gran Levantamiento Trigonométrico de la India, un proyecto científico de dimensiones enormes que había comenzado William Lambton.
La idea era medir el territorio con la mayor precisión posible y construir una red de puntos de referencia que permitiera elaborar mapas fiables.
No era precisamente un trabajo cómodo: había que recorrer largas distancias, instalar instrumentos de medición, hacer cálculos y repetir observaciones para reducir los errores.
Everest se tomó aquello muy en serio.
Mejoró instrumentos, métodos de trabajo y cálculos.
En 1823 sustituyó a Lambton al frente del proyecto y, en 1830, fue nombrado topógrafo general de la India.
Desde ese puesto dirigió buena parte de las mediciones que permitieron trazar un gran arco geográfico desde el extremo sur del subcontinente hasta las regiones del norte, cerca del Himalaya.
Su trabajo fue tan importante que terminó convirtiéndose en una figura respetada entre los científicos de su época.
En 1827 ingresó en la Royal Society, una de las instituciones científicas más prestigiosas del Reino Unido.
**¿𝒀 𝒒𝒖𝒆́ 𝒕𝒊𝒆𝒏𝒆 𝒒𝒖𝒆 𝒗𝒆𝒓 𝒕𝒐𝒅𝒐 𝒆𝒔𝒕𝒐 𝒄𝒐𝒏 𝒍𝒂 𝒎𝒐𝒏𝒕𝒂𝒏̃𝒂?**
Aquí viene lo curioso.
George Everest se retiró en 1843 y regresó a Inglaterra.
En aquel momento, las expediciones británicas todavía no habían podido acceder a Nepal para medir directamente las grandes montañas del Himalaya.
El país mantenía sus fronteras cerradas a los equipos británicos, así que las mediciones se hacían desde puntos muy alejados, en territorio de la India.
Años después, bajo la dirección de Andrew Scott Waugh, sucesor de Everest, el Gran Levantamiento Trigonométrico identificó una montaña que pasó a conocerse como Pico XV.
Las observaciones se realizaron desde distintos puntos y los cálculos permitieron establecer que probablemente era la cumbre más alta del mundo.
En ese trabajo también tuvo un papel fundamental el matemático indio Radhanath Sikdar, responsable de realizar los cálculos que determinaron su altura.
En 1856, Waugh propuso que aquella montaña llevara el apellido de su antiguo jefe.
Quería reconocer así la enorme contribución de Everest a la cartografía y a la medición geográfica.
La Royal Geographical Society aceptó finalmente el nombre en 1865.
Pero George Everest no recibió la noticia con demasiado entusiasmo.
De hecho, se opuso a que utilizaran su apellido.
Consideraba que las montañas debían conservar sus nombres locales y también señaló que su apellido sería difícil de pronunciar para la población de la India.
Y había otro detalle: la montaña no estaba realmente sin nombre.
En el Tíbet era conocida como Chomolungma, y en Nepal se utilizaba el nombre Sagarmatha.
Los británicos no conocían bien esos nombres o no los tuvieron en cuenta cuando propusieron el nuevo.
Así que el hombre cuyo apellido acabaría siendo conocido en todos los rincones del planeta nunca escaló aquella montaña, no participó en su medición definitiva y ni siquiera quiso que llevara su nombre.
Tampoco hay pruebas firmes de que llegara a contemplar su cumbre.
De vuelta en Inglaterra, Everest siguió vinculado a las sociedades científicas y publicó trabajos sobre sus mediciones.
En 1846, cuando tenía 56 años, se casó con Emma Wing, de 23.
Tuvieron seis hijos, aunque dos murieron cuando todavía eran pequeños.
En 1861 recibió el título de caballero, pasando a ser Sir George Everest.
Continuó participando en actividades científicas y llegó a ocupar cargos importantes en instituciones geográficas británicas.
Murió en Londres el 1 de diciembre de 1866, a los 76 años.
Fue enterrado en la iglesia de St Andrew, en Hove, cerca de Brighton, y comparte sepultura con sus dos hijos fallecidos en la infancia.
La montaña que lleva su apellido mide hoy 8.848,86 metros según la medición oficial anunciada por Nepal y China en 2020.
Y aunque su nombre se ha convertido en sinónimo de desafío y aventura, detrás de él hay un hombre que pasó la vida entre instrumentos, mapas y cálculos, y que probablemente jamás imaginó hasta dónde llegaría su apellido.
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