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#espiritismo — Public Fediverse posts

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  1. El último gran escape de las mentiras del más allá

    La intensa batalla de Harry Houdini para proteger al público del engaño de las sesiones espiritistas

    Durante los años posteriores a la Primera Guerra Mundial, una enorme ola de tristeza invadió a miles de hogares en todo el mundo debido a las pérdidas humanas, lo que provocó que el movimiento del espiritismo cobrara una fuerza nunca antes vista. En medio de este escenario, una gran cantidad de personas comenzó a acudir a supuestos médiums y psíquicos que aseguraban tener la capacidad de hablar con los muertos a cambio de dinero. Sin embargo, en la década de 1920, el hombre más famoso en el arte de escaparse de cadenas y candados decidió que su última gran misión no sería un truco de magia, sino una cruzada periodística y de investigación para desenmascarar a todos los charlatanes que lucraban de forma deshonesta con el luto de la gente.

    Harry Houdini conocía a la perfección el funcionamiento de la ilusión, los juegos de luces y los cables ocultos, ya que él mismo había usado esas herramientas en sus espectáculos para entretener al público de forma honesta. Al asistir a las famosas sesiones de espiritismo, Houdini descubrió de inmediato que los supuestos milagros del más allá —como mesas que flotaban, ruidos extraños o escrituras fantasmales en pizarras— no eran más que trucos baratos de feria. Decidido a frenar este abuso, empezó a viajar por diferentes ciudades utilizando disfraces ingeniosos, barbas postizas y nombres falsos para entrar a los salones sin ser reconocido; en el momento exacto en que el médium realizaba su engaño, Houdini encendía una linterna, se quitaba el disfraz y exclamaba ante los presentes que todo era un completo fraude.

    Uno de los episodios más recordados de esta etapa ocurrió en 1924, cuando la revista Scientific American ofreció un premio en efectivo de 5,000 dólares a cualquier persona que pudiera demostrar un poder sobrenatural real ante un comité de científicos y expertos. La médium más famosa de la época, una mujer llamada Mina Crandon a quien todos conocían en los periódicos como Margery, estuvo a punto de ganar el concurso engañando a los investigadores con vestuarios llamativos y artilugios ocultos en la habitación. Houdini se unió al jurado, asistió a las sesiones en Boston y descubrió de forma innegable que la mujer utilizaba los pies descalzos para hacer sonar campanas y mover objetos en la oscuridad, tirando por la borda la reputación de la supuesta psíquica y salvando la integridad de la investigación científica.

    El compromiso del ilusionista con la verdad lo llevó a publicar en 1924 su libro Un mago entre los espíritus, donde desmenuzó paso a paso los métodos de manipulación psicológica que usaban estos personajes. Su labor llegó a su punto más alto en mayo de 1926, apenas unos meses antes de su muerte, cuando se presentó ante el Congreso de los Estados Unidos para testificar a favor de una ley que buscaba multar y encarcelar a los adivinadores y falsos profetas en la capital del país. Aunque los espiritistas se defendieron alegando motivos religiosos, la intervención del artista logró sembrar una enorme duda en la sociedad de la época, no cabe duda que, el pensamiento crítico y la búsqueda de pruebas reales son las mejores herramientas para defendernos de quienes intentan comerciar con las emociones, inquietudes y temores de la sociedad.

    — A. Eldritch, Periodista, Locutor, podcaster y blogger del fediverso

    Alt text via @altbot y @TeLoDescribot

    #Historia #HarryHoudini #Espiritismo #Ilusionismo #PensamientoCrítico #FraudesHistóricos #paranormal

  2. El último gran escape de las mentiras del más allá

    La intensa batalla de Harry Houdini para proteger al público del engaño de las sesiones espiritistas

    Durante los años posteriores a la Primera Guerra Mundial, una enorme ola de tristeza invadió a miles de hogares en todo el mundo debido a las pérdidas humanas, lo que provocó que el movimiento del espiritismo cobrara una fuerza nunca antes vista. En medio de este escenario, una gran cantidad de personas comenzó a acudir a supuestos médiums y psíquicos que aseguraban tener la capacidad de hablar con los muertos a cambio de dinero. Sin embargo, en la década de 1920, el hombre más famoso en el arte de escaparse de cadenas y candados decidió que su última gran misión no sería un truco de magia, sino una cruzada periodística y de investigación para desenmascarar a todos los charlatanes que lucraban de forma deshonesta con el luto de la gente.

    Harry Houdini conocía a la perfección el funcionamiento de la ilusión, los juegos de luces y los cables ocultos, ya que él mismo había usado esas herramientas en sus espectáculos para entretener al público de forma honesta. Al asistir a las famosas sesiones de espiritismo, Houdini descubrió de inmediato que los supuestos milagros del más allá —como mesas que flotaban, ruidos extraños o escrituras fantasmales en pizarras— no eran más que trucos baratos de feria. Decidido a frenar este abuso, empezó a viajar por diferentes ciudades utilizando disfraces ingeniosos, barbas postizas y nombres falsos para entrar a los salones sin ser reconocido; en el momento exacto en que el médium realizaba su engaño, Houdini encendía una linterna, se quitaba el disfraz y exclamaba ante los presentes que todo era un completo fraude.

    Uno de los episodios más recordados de esta etapa ocurrió en 1924, cuando la revista Scientific American ofreció un premio en efectivo de 5,000 dólares a cualquier persona que pudiera demostrar un poder sobrenatural real ante un comité de científicos y expertos. La médium más famosa de la época, una mujer llamada Mina Crandon a quien todos conocían en los periódicos como Margery, estuvo a punto de ganar el concurso engañando a los investigadores con vestuarios llamativos y artilugios ocultos en la habitación. Houdini se unió al jurado, asistió a las sesiones en Boston y descubrió de forma innegable que la mujer utilizaba los pies descalzos para hacer sonar campanas y mover objetos en la oscuridad, tirando por la borda la reputación de la supuesta psíquica y salvando la integridad de la investigación científica.

    El compromiso del ilusionista con la verdad lo llevó a publicar en 1924 su libro Un mago entre los espíritus, donde desmenuzó paso a paso los métodos de manipulación psicológica que usaban estos personajes. Su labor llegó a su punto más alto en mayo de 1926, apenas unos meses antes de su muerte, cuando se presentó ante el Congreso de los Estados Unidos para testificar a favor de una ley que buscaba multar y encarcelar a los adivinadores y falsos profetas en la capital del país. Aunque los espiritistas se defendieron alegando motivos religiosos, la intervención del artista logró sembrar una enorme duda en la sociedad de la época, no cabe duda que, el pensamiento crítico y la búsqueda de pruebas reales son las mejores herramientas para defendernos de quienes intentan comerciar con las emociones, inquietudes y temores de la sociedad.

    — A. Eldritch, Periodista, Locutor, podcaster y blogger del fediverso

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    #Historia #HarryHoudini #Espiritismo #Ilusionismo #PensamientoCrítico #FraudesHistóricos #paranormal

  3. El último gran escape de las mentiras del más allá

    La intensa batalla de Harry Houdini para proteger al público del engaño de las sesiones espiritistas

    Durante los años posteriores a la Primera Guerra Mundial, una enorme ola de tristeza invadió a miles de hogares en todo el mundo debido a las pérdidas humanas, lo que provocó que el movimiento del espiritismo cobrara una fuerza nunca antes vista. En medio de este escenario, una gran cantidad de personas comenzó a acudir a supuestos médiums y psíquicos que aseguraban tener la capacidad de hablar con los muertos a cambio de dinero. Sin embargo, en la década de 1920, el hombre más famoso en el arte de escaparse de cadenas y candados decidió que su última gran misión no sería un truco de magia, sino una cruzada periodística y de investigación para desenmascarar a todos los charlatanes que lucraban de forma deshonesta con el luto de la gente.

    Harry Houdini conocía a la perfección el funcionamiento de la ilusión, los juegos de luces y los cables ocultos, ya que él mismo había usado esas herramientas en sus espectáculos para entretener al público de forma honesta. Al asistir a las famosas sesiones de espiritismo, Houdini descubrió de inmediato que los supuestos milagros del más allá —como mesas que flotaban, ruidos extraños o escrituras fantasmales en pizarras— no eran más que trucos baratos de feria. Decidido a frenar este abuso, empezó a viajar por diferentes ciudades utilizando disfraces ingeniosos, barbas postizas y nombres falsos para entrar a los salones sin ser reconocido; en el momento exacto en que el médium realizaba su engaño, Houdini encendía una linterna, se quitaba el disfraz y exclamaba ante los presentes que todo era un completo fraude.

    Uno de los episodios más recordados de esta etapa ocurrió en 1924, cuando la revista Scientific American ofreció un premio en efectivo de 5,000 dólares a cualquier persona que pudiera demostrar un poder sobrenatural real ante un comité de científicos y expertos. La médium más famosa de la época, una mujer llamada Mina Crandon a quien todos conocían en los periódicos como Margery, estuvo a punto de ganar el concurso engañando a los investigadores con vestuarios llamativos y artilugios ocultos en la habitación. Houdini se unió al jurado, asistió a las sesiones en Boston y descubrió de forma innegable que la mujer utilizaba los pies descalzos para hacer sonar campanas y mover objetos en la oscuridad, tirando por la borda la reputación de la supuesta psíquica y salvando la integridad de la investigación científica.

    El compromiso del ilusionista con la verdad lo llevó a publicar en 1924 su libro Un mago entre los espíritus, donde desmenuzó paso a paso los métodos de manipulación psicológica que usaban estos personajes. Su labor llegó a su punto más alto en mayo de 1926, apenas unos meses antes de su muerte, cuando se presentó ante el Congreso de los Estados Unidos para testificar a favor de una ley que buscaba multar y encarcelar a los adivinadores y falsos profetas en la capital del país. Aunque los espiritistas se defendieron alegando motivos religiosos, la intervención del artista logró sembrar una enorme duda en la sociedad de la época, no cabe duda que, el pensamiento crítico y la búsqueda de pruebas reales son las mejores herramientas para defendernos de quienes intentan comerciar con las emociones, inquietudes y temores de la sociedad.

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  4. El último gran escape de las mentiras del más allá

    La intensa batalla de Harry Houdini para proteger al público del engaño de las sesiones espiritistas

    Durante los años posteriores a la Primera Guerra Mundial, una enorme ola de tristeza invadió a miles de hogares en todo el mundo debido a las pérdidas humanas, lo que provocó que el movimiento del espiritismo cobrara una fuerza nunca antes vista. En medio de este escenario, una gran cantidad de personas comenzó a acudir a supuestos médiums y psíquicos que aseguraban tener la capacidad de hablar con los muertos a cambio de dinero. Sin embargo, en la década de 1920, el hombre más famoso en el arte de escaparse de cadenas y candados decidió que su última gran misión no sería un truco de magia, sino una cruzada periodística y de investigación para desenmascarar a todos los charlatanes que lucraban de forma deshonesta con el luto de la gente.

    Harry Houdini conocía a la perfección el funcionamiento de la ilusión, los juegos de luces y los cables ocultos, ya que él mismo había usado esas herramientas en sus espectáculos para entretener al público de forma honesta. Al asistir a las famosas sesiones de espiritismo, Houdini descubrió de inmediato que los supuestos milagros del más allá —como mesas que flotaban, ruidos extraños o escrituras fantasmales en pizarras— no eran más que trucos baratos de feria. Decidido a frenar este abuso, empezó a viajar por diferentes ciudades utilizando disfraces ingeniosos, barbas postizas y nombres falsos para entrar a los salones sin ser reconocido; en el momento exacto en que el médium realizaba su engaño, Houdini encendía una linterna, se quitaba el disfraz y exclamaba ante los presentes que todo era un completo fraude.

    Uno de los episodios más recordados de esta etapa ocurrió en 1924, cuando la revista Scientific American ofreció un premio en efectivo de 5,000 dólares a cualquier persona que pudiera demostrar un poder sobrenatural real ante un comité de científicos y expertos. La médium más famosa de la época, una mujer llamada Mina Crandon a quien todos conocían en los periódicos como Margery, estuvo a punto de ganar el concurso engañando a los investigadores con vestuarios llamativos y artilugios ocultos en la habitación. Houdini se unió al jurado, asistió a las sesiones en Boston y descubrió de forma innegable que la mujer utilizaba los pies descalzos para hacer sonar campanas y mover objetos en la oscuridad, tirando por la borda la reputación de la supuesta psíquica y salvando la integridad de la investigación científica.

    El compromiso del ilusionista con la verdad lo llevó a publicar en 1924 su libro Un mago entre los espíritus, donde desmenuzó paso a paso los métodos de manipulación psicológica que usaban estos personajes. Su labor llegó a su punto más alto en mayo de 1926, apenas unos meses antes de su muerte, cuando se presentó ante el Congreso de los Estados Unidos para testificar a favor de una ley que buscaba multar y encarcelar a los adivinadores y falsos profetas en la capital del país. Aunque los espiritistas se defendieron alegando motivos religiosos, la intervención del artista logró sembrar una enorme duda en la sociedad de la época, no cabe duda que, el pensamiento crítico y la búsqueda de pruebas reales son las mejores herramientas para defendernos de quienes intentan comerciar con las emociones, inquietudes y temores de la sociedad.

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  5. El último gran escape de las mentiras del más allá

    La intensa batalla de Harry Houdini para proteger al público del engaño de las sesiones espiritistas

    Durante los años posteriores a la Primera Guerra Mundial, una enorme ola de tristeza invadió a miles de hogares en todo el mundo debido a las pérdidas humanas, lo que provocó que el movimiento del espiritismo cobrara una fuerza nunca antes vista. En medio de este escenario, una gran cantidad de personas comenzó a acudir a supuestos médiums y psíquicos que aseguraban tener la capacidad de hablar con los muertos a cambio de dinero. Sin embargo, en la década de 1920, el hombre más famoso en el arte de escaparse de cadenas y candados decidió que su última gran misión no sería un truco de magia, sino una cruzada periodística y de investigación para desenmascarar a todos los charlatanes que lucraban de forma deshonesta con el luto de la gente.

    Harry Houdini conocía a la perfección el funcionamiento de la ilusión, los juegos de luces y los cables ocultos, ya que él mismo había usado esas herramientas en sus espectáculos para entretener al público de forma honesta. Al asistir a las famosas sesiones de espiritismo, Houdini descubrió de inmediato que los supuestos milagros del más allá —como mesas que flotaban, ruidos extraños o escrituras fantasmales en pizarras— no eran más que trucos baratos de feria. Decidido a frenar este abuso, empezó a viajar por diferentes ciudades utilizando disfraces ingeniosos, barbas postizas y nombres falsos para entrar a los salones sin ser reconocido; en el momento exacto en que el médium realizaba su engaño, Houdini encendía una linterna, se quitaba el disfraz y exclamaba ante los presentes que todo era un completo fraude.

    Uno de los episodios más recordados de esta etapa ocurrió en 1924, cuando la revista Scientific American ofreció un premio en efectivo de 5,000 dólares a cualquier persona que pudiera demostrar un poder sobrenatural real ante un comité de científicos y expertos. La médium más famosa de la época, una mujer llamada Mina Crandon a quien todos conocían en los periódicos como Margery, estuvo a punto de ganar el concurso engañando a los investigadores con vestuarios llamativos y artilugios ocultos en la habitación. Houdini se unió al jurado, asistió a las sesiones en Boston y descubrió de forma innegable que la mujer utilizaba los pies descalzos para hacer sonar campanas y mover objetos en la oscuridad, tirando por la borda la reputación de la supuesta psíquica y salvando la integridad de la investigación científica.

    El compromiso del ilusionista con la verdad lo llevó a publicar en 1924 su libro Un mago entre los espíritus, donde desmenuzó paso a paso los métodos de manipulación psicológica que usaban estos personajes. Su labor llegó a su punto más alto en mayo de 1926, apenas unos meses antes de su muerte, cuando se presentó ante el Congreso de los Estados Unidos para testificar a favor de una ley que buscaba multar y encarcelar a los adivinadores y falsos profetas en la capital del país. Aunque los espiritistas se defendieron alegando motivos religiosos, la intervención del artista logró sembrar una enorme duda en la sociedad de la época, no cabe duda que, el pensamiento crítico y la búsqueda de pruebas reales son las mejores herramientas para defendernos de quienes intentan comerciar con las emociones, inquietudes y temores de la sociedad.

    — A. Eldritch, Periodista, Locutor, podcaster y blogger del fediverso

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  6. :stargif: 𝑳𝒂 𝑶𝒖𝒊𝒋𝒂: 𝒅𝒆 𝒋𝒖𝒆𝒈𝒐 𝒅𝒆 𝒔𝒂𝒍𝒐́𝒏 𝒂 𝒍𝒆𝒚𝒆𝒏𝒅𝒂 𝒐𝒔𝒄𝒖𝒓𝒂 :stargif:

    La historia de la tabla Ouija no empieza con espíritus ni posesiones, sino con algo mucho más terrenal: el negocio.
    A finales del siglo XIX, en plena fiebre del espiritismo, había una demanda enorme de cualquier cosa que prometiera contacto con “el más allá”.
    Ahí es donde entra Elijah Jefferson Bond, un abogado estadounidense que en 1890 registró la patente de este curioso tablero junto a Charles Kennard.

    La idea no era nueva, ni mucho menos.
    Ya existían las llamadas “tablas parlantes”, pero eran lentas y algo tediosas.
    La Ouija fue, básicamente, una versión optimizada: más rápida, más vistosa y, sobre todo, más vendible.
    El nombre, según contaban, salió del propio tablero cuando preguntaron cómo debía llamarse.
    Respondió “Ouija”, que supuestamente significaba “buena suerte” en egipcio antiguo.
    Bonita historia… pero completamente falsa.

    Durante sus primeros años, lejos de cualquier connotación siniestra, se vendía como lo que era: un entretenimiento.
    Un juego de salón para animar reuniones, algo así como el trivial de la época pero con un toque “místico”.
    En la era victoriana, hablar con los muertos no era raro, era casi una moda social.

    Su popularidad se disparó especialmente en momentos duros.
    Durante la Primera Guerra Mundial y la Segunda Guerra Mundial, muchas familias destrozadas por las pérdidas buscaban consuelo donde fuera.
    La Ouija ofrecía una ilusión: la posibilidad de decir una última palabra.

    El gran salto comercial llegó en los años 60, cuando Parker Brothers compró los derechos.
    Durante un tiempo, la Ouija llegó a vender más que el Monopoly.
    Sí, más que comprar calles y hoteles.

    Pero todo cambió en 1973.

    El estreno de "El Exorcista" lo transformó todo.
    La imagen de una niña poseída tras usar la tabla quedó grabada en la cultura popular.
    Desde ese momento, la Ouija dejó de ser un juego curioso para convertirse en un objeto maldito.
    El cine hizo el resto.

    Y aquí viene la parte menos mágica: la ciencia.

    El movimiento del puntero (la famosa planchette) tiene una explicación bastante clara: el efecto ideomotor.
    Es un fenómeno por el cual hacemos pequeños movimientos musculares sin darnos cuenta, influenciados por nuestras expectativas.
    No hay espíritus moviendo nada; somos nosotros.
    De hecho, en experimentos donde los participantes juegan con los ojos vendados, el tablero deja de tener sentido.
    Las palabras se vuelven incoherentes.

    Eso no quita que la experiencia pueda ser inquietante.
    La sugestión hace mucho.
    Si varias personas creen que algo va a pasar, el cerebro rellena los huecos.

    Entre las anécdotas más surrealistas está el caso de Juicio de Stephen Young.
    Un jurado utilizó una Ouija en un hotel para “consultar” el veredicto.
    Cuando el juez se enteró, anuló todo el proceso.
    No es difícil imaginar por qué.

    Otra historia famosa cuenta que, para aprobar la patente, un funcionario pidió una prueba: que el tablero deletreara su nombre.
    Lo hizo correctamente… y la patente fue concedida.
    Suena increíble, pero no hay pruebas sólidas de que ocurriera así.
    Probablemente es parte del mito que se construyó después.

    Al final, la Ouija es un buen ejemplo de cómo algo puede cambiar completamente de significado con el tiempo.
    Nació como producto comercial, pasó a ser fenómeno social, luego juguete familiar… y acabó convertida en símbolo del terror.

    No hay misterio sobrenatural en su funcionamiento, pero sí hay algo interesante en lo que revela: nuestra necesidad de creer, de buscar respuestas y de no aceptar del todo el silencio.

    ▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣

    #ouija #historiareal #misterios #espiritismo #curiosidades #culturapopular