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El arte de seguir avanzando: lo que me enseñó releer Nunca te pares
Hace poco volví a leer Nunca te pares, de Phil Knight. Esta vez lo leí más atento a las decisiones pequeñas que sostienen un proyecto grande.
Para mí, este libro nunca fue solo la historia de Nike. Es el relato de alguien que decide no seguir el camino que parecía lógico para su edad, su formación y su época. Knight no quería una vida marcada únicamente por horarios, estabilidad y expectativas ajenas. Quería probar otra ruta, aunque al comienzo esa ruta fuera incierta, pequeña y llena de riesgos. Cada vez que leo esa parte pienso en cuántas decisiones importantes se toman así: sin certeza, con una intuición que todavía no muestra hasta dónde puede llegar. Una idea naciente nunca revela desde el principio su tamaño futuro. Lo que empieza como una conversación o una venta desde el maletero de un auto puede convertirse, con trabajo y persistencia, en algo capaz de cambiar una industria completa.La decisión de no seguir el camino obvio
A los 25 años cuesta saber con claridad qué se quiere hacer. La universidad ayuda a conocerse, pero al salir aparece una pregunta más difícil: cómo convertir una inquietud personal en una vida propia. En el caso de Knight, esa búsqueda tomó la forma de una idea de negocio: importar zapatillas deportivas de buena calidad desde Japón y venderlas en Estados Unidos.
Lo que más rescato de esta relectura es que Knight no parte como alguien lleno de certezas. Parte como alguien que observa, viaja, aprende y se atreve a vender. Recorrer el mundo le permite entender que existen diferentes estilos de vida y que lo que en un lugar parece normal, en otro puede ser una oportunidad. Ahí está una de las claves que más me quedó dando vueltas: muchos proyectos nacen cuando alguien conecta mundos que antes estaban separados.Vender, negociar y construir confianza
El libro insiste en que emprender no consiste solo en tener una buena idea. También exige saber vender, venderse, negociar y elegir bien a los socios. Knight entendió que los negocios avanzan con relaciones de confianza, y esa idea es la que más se me quedó grabada esta vez. No basta con desear crecer: hay que convencer a proveedores, bancos, colaboradores y clientes de que vale la pena apostar por el proyecto.
Hay una frase del libro que resume esto mejor que cualquier explicación mía: «Confianza. Más que patrimonio neto, más que liquidez, eso es lo que un hombre necesita». La confianza aparece como una moneda previa al dinero. Para pedir crédito, atraer talento o sostener una alianza, primero hay que haber construido credibilidad.Crecer antes de sentirse preparado
Otro aprendizaje que releí con más atención esta vez es el del crecimiento. Knight fue pionero en una forma de empresa que hoy parece normal, pero que en los años sesenta era arriesgada: crecer usando crédito mientras la demanda lo permitiera. No se trataba de esperar a tener todo el capital en caja, sino de responder al mercado cuando el mercado pedía más producto.
Ese enfoque tiene algo incómodo y, a la vez, muy valioso: muchas veces hay que crecer antes de sentirse listo. La demanda, los pedidos y las oportunidades no siempre esperan a que uno tenga seguridad absoluta. Por eso el seguimiento de metas, la disciplina y la claridad al negociar se vuelven esenciales. Quien negocia debe saber qué quiere; de lo contrario, termina aceptando condiciones que debilitan el proyecto.Innovar donde otros creen que no hace falta
Nike creció porque no aceptó la idea de que el calzado deportivo ya estaba resuelto. Knight y su equipo vieron espacio para experimentar, mejorar el producto e incorporar tecnología en un campo donde muchos pensaban que la innovación no era necesaria. Esa es, para mí, una de las grandes lecciones del libro: siempre hay espacio para hacer algo mejor, incluso en terrenos que parecen maduros.
Hay una frase que dialoga muy bien con esta historia y que anoté de nuevo en esta lectura: el que mueve una montaña empieza por llevarse piedras pequeñas. Nike no nació como un gigante. Nació como una suma de pasos pequeños: una idea, un viaje, una importación, una venta, una negociación, una mejora de producto. La montaña se movió porque alguien aceptó cargar una piedra a la vez.Liderar una empresa pequeña
El libro también muestra algo que suelo olvidar cuando pienso en historias de éxito: una empresa nace con pocas personas y muchas carencias. Knight no pudo dedicarse por completo a la compañía desde el primer día. Mantuvo un trabajo fijo durante años, hasta que el negocio pudo sostener un sueldo para su gerente fundador. Esa espera me recuerda algo que vale la pena repetirse: emprender no siempre es abandonar todo de inmediato; a veces es construir con paciencia hasta que el proyecto pueda sostenerse por sí solo.
A medida que la empresa crece, el liderazgo también cambia. Ya no se trata solo de vender más, sino de encontrar a las personas adecuadas, motivarlas y cuidar el modo en que se trabaja con ellas. Los primeros colaboradores de Nike formaron un grupo de inconformistas y luchadores, unidos por un objetivo común y por la fe en el espíritu del deporte, y esa dimensión humana es la que más disfruto cada vez que vuelvo al libro.Una historia desordenada, honesta y útil
Nunca te pares no presenta el éxito como una línea recta. Lo muestra como algo desordenado, precario y lleno de errores, y por eso lo sigo releyendo. Knight no escribe para dar una clase de negocios, sino para contar con honestidad cómo se construyó una empresa desde la incertidumbre, los préstamos, los viajes, las tensiones y las decisiones difíciles.
Todo comenzó con 50 dólares y una idea sencilla: importar calzado deportivo económico y de calidad desde Japón. En el primer año, vendiendo zapatillas desde el maletero de su coche, Knight logró facturar 8.000 dólares. Décadas después, Nike se transformó en una marca global, con un logotipo reconocido en todo el mundo y ventas de miles de millones de dólares.
Pero cada vez que cierro el libro confirmo que su verdadero valor no está en el tamaño final de Nike, sino en ver cómo una idea se vuelve empresa, cómo una empresa se vuelve equipo y cómo un equipo puede cambiar los cánones de una industria. También está en entender que los negocios no son solo negocios. Como dice una de las frases que más repito de este libro: «si alguna vez se trata solo de negocios, significará que es uno muy malo».Siempre es bueno releer
Releer Nunca te pares fue, otra vez, mirar el emprendimiento desde adentro: no como una fórmula perfecta, sino como una mezcla de deseo, riesgo, confianza, ventas, innovación y resistencia. Cada relectura me deja algo distinto, y esta vez me quedo con la idea de que una idea puede empezar pequeña, incluso frágil, y crecer si se la trabaja con obsesión y paciencia. También me recuerda que un proyecto debe nacer en un campo que uno conoce y ama, porque solo así es posible sostener el esfuerzo cuando aparecen los problemas.
En el fondo, este libro no solo cuenta la historia detrás de Nike. Cuenta cómo se construye algo grande antes de saber que será grande. Y quizás por eso su título me sigue funcionando, cada vez que lo releo, como una orden y como una filosofía personal: nunca te pares.Tu voto:
#Autobiografia #Bookstagram #Confianza #Crecimientopersonal #CulturaEmprendedora #Disciplina #Emprendimiento #HistoriasDeExito #Innovacion #Lectura #Lecturas #LecturasRecomendadas #Libros #LibrosRecomendados #Liderazgo #Memorias #Motivacion #Negocios #Nike #NuncaTePares #Perseverancia #PhilKnight #Reflexiones #ReseñaDeLibros #Startups -
El arte de seguir avanzando: lo que me enseñó releer Nunca te pares
Hace poco volví a leer Nunca te pares, de Phil Knight. Esta vez lo leí más atento a las decisiones pequeñas que sostienen un proyecto grande.
Para mí, este libro nunca fue solo la historia de Nike. Es el relato de alguien que decide no seguir el camino que parecía lógico para su edad, su formación y su época. Knight no quería una vida marcada únicamente por horarios, estabilidad y expectativas ajenas. Quería probar otra ruta, aunque al comienzo esa ruta fuera incierta, pequeña y llena de riesgos. Cada vez que leo esa parte pienso en cuántas decisiones importantes se toman así: sin certeza, con una intuición que todavía no muestra hasta dónde puede llegar. Una idea naciente nunca revela desde el principio su tamaño futuro. Lo que empieza como una conversación o una venta desde el maletero de un auto puede convertirse, con trabajo y persistencia, en algo capaz de cambiar una industria completa.La decisión de no seguir el camino obvio
A los 25 años cuesta saber con claridad qué se quiere hacer. La universidad ayuda a conocerse, pero al salir aparece una pregunta más difícil: cómo convertir una inquietud personal en una vida propia. En el caso de Knight, esa búsqueda tomó la forma de una idea de negocio: importar zapatillas deportivas de buena calidad desde Japón y venderlas en Estados Unidos.
Lo que más rescato de esta relectura es que Knight no parte como alguien lleno de certezas. Parte como alguien que observa, viaja, aprende y se atreve a vender. Recorrer el mundo le permite entender que existen diferentes estilos de vida y que lo que en un lugar parece normal, en otro puede ser una oportunidad. Ahí está una de las claves que más me quedó dando vueltas: muchos proyectos nacen cuando alguien conecta mundos que antes estaban separados.Vender, negociar y construir confianza
El libro insiste en que emprender no consiste solo en tener una buena idea. También exige saber vender, venderse, negociar y elegir bien a los socios. Knight entendió que los negocios avanzan con relaciones de confianza, y esa idea es la que más se me quedó grabada esta vez. No basta con desear crecer: hay que convencer a proveedores, bancos, colaboradores y clientes de que vale la pena apostar por el proyecto.
Hay una frase del libro que resume esto mejor que cualquier explicación mía: «Confianza. Más que patrimonio neto, más que liquidez, eso es lo que un hombre necesita». La confianza aparece como una moneda previa al dinero. Para pedir crédito, atraer talento o sostener una alianza, primero hay que haber construido credibilidad.Crecer antes de sentirse preparado
Otro aprendizaje que releí con más atención esta vez es el del crecimiento. Knight fue pionero en una forma de empresa que hoy parece normal, pero que en los años sesenta era arriesgada: crecer usando crédito mientras la demanda lo permitiera. No se trataba de esperar a tener todo el capital en caja, sino de responder al mercado cuando el mercado pedía más producto.
Ese enfoque tiene algo incómodo y, a la vez, muy valioso: muchas veces hay que crecer antes de sentirse listo. La demanda, los pedidos y las oportunidades no siempre esperan a que uno tenga seguridad absoluta. Por eso el seguimiento de metas, la disciplina y la claridad al negociar se vuelven esenciales. Quien negocia debe saber qué quiere; de lo contrario, termina aceptando condiciones que debilitan el proyecto.Innovar donde otros creen que no hace falta
Nike creció porque no aceptó la idea de que el calzado deportivo ya estaba resuelto. Knight y su equipo vieron espacio para experimentar, mejorar el producto e incorporar tecnología en un campo donde muchos pensaban que la innovación no era necesaria. Esa es, para mí, una de las grandes lecciones del libro: siempre hay espacio para hacer algo mejor, incluso en terrenos que parecen maduros.
Hay una frase que dialoga muy bien con esta historia y que anoté de nuevo en esta lectura: el que mueve una montaña empieza por llevarse piedras pequeñas. Nike no nació como un gigante. Nació como una suma de pasos pequeños: una idea, un viaje, una importación, una venta, una negociación, una mejora de producto. La montaña se movió porque alguien aceptó cargar una piedra a la vez.Liderar una empresa pequeña
El libro también muestra algo que suelo olvidar cuando pienso en historias de éxito: una empresa nace con pocas personas y muchas carencias. Knight no pudo dedicarse por completo a la compañía desde el primer día. Mantuvo un trabajo fijo durante años, hasta que el negocio pudo sostener un sueldo para su gerente fundador. Esa espera me recuerda algo que vale la pena repetirse: emprender no siempre es abandonar todo de inmediato; a veces es construir con paciencia hasta que el proyecto pueda sostenerse por sí solo.
A medida que la empresa crece, el liderazgo también cambia. Ya no se trata solo de vender más, sino de encontrar a las personas adecuadas, motivarlas y cuidar el modo en que se trabaja con ellas. Los primeros colaboradores de Nike formaron un grupo de inconformistas y luchadores, unidos por un objetivo común y por la fe en el espíritu del deporte, y esa dimensión humana es la que más disfruto cada vez que vuelvo al libro.Una historia desordenada, honesta y útil
Nunca te pares no presenta el éxito como una línea recta. Lo muestra como algo desordenado, precario y lleno de errores, y por eso lo sigo releyendo. Knight no escribe para dar una clase de negocios, sino para contar con honestidad cómo se construyó una empresa desde la incertidumbre, los préstamos, los viajes, las tensiones y las decisiones difíciles.
Todo comenzó con 50 dólares y una idea sencilla: importar calzado deportivo económico y de calidad desde Japón. En el primer año, vendiendo zapatillas desde el maletero de su coche, Knight logró facturar 8.000 dólares. Décadas después, Nike se transformó en una marca global, con un logotipo reconocido en todo el mundo y ventas de miles de millones de dólares.
Pero cada vez que cierro el libro confirmo que su verdadero valor no está en el tamaño final de Nike, sino en ver cómo una idea se vuelve empresa, cómo una empresa se vuelve equipo y cómo un equipo puede cambiar los cánones de una industria. También está en entender que los negocios no son solo negocios. Como dice una de las frases que más repito de este libro: «si alguna vez se trata solo de negocios, significará que es uno muy malo».Siempre es bueno releer
Releer Nunca te pares fue, otra vez, mirar el emprendimiento desde adentro: no como una fórmula perfecta, sino como una mezcla de deseo, riesgo, confianza, ventas, innovación y resistencia. Cada relectura me deja algo distinto, y esta vez me quedo con la idea de que una idea puede empezar pequeña, incluso frágil, y crecer si se la trabaja con obsesión y paciencia. También me recuerda que un proyecto debe nacer en un campo que uno conoce y ama, porque solo así es posible sostener el esfuerzo cuando aparecen los problemas.
En el fondo, este libro no solo cuenta la historia detrás de Nike. Cuenta cómo se construye algo grande antes de saber que será grande. Y quizás por eso su título me sigue funcionando, cada vez que lo releo, como una orden y como una filosofía personal: nunca te pares.Tu voto:
#Autobiografia #Bookstagram #Confianza #Crecimientopersonal #CulturaEmprendedora #Disciplina #Emprendimiento #HistoriasDeExito #Innovacion #Lectura #Lecturas #LecturasRecomendadas #Libros #LibrosRecomendados #Liderazgo #Memorias #Motivacion #Negocios #Nike #NuncaTePares #Perseverancia #PhilKnight #Reflexiones #ReseñaDeLibros #Startups -
El arte de seguir avanzando: lo que me enseñó releer Nunca te pares
Hace poco volví a leer Nunca te pares, de Phil Knight. Esta vez lo leí más atento a las decisiones pequeñas que sostienen un proyecto grande.
Para mí, este libro nunca fue solo la historia de Nike. Es el relato de alguien que decide no seguir el camino que parecía lógico para su edad, su formación y su época. Knight no quería una vida marcada únicamente por horarios, estabilidad y expectativas ajenas. Quería probar otra ruta, aunque al comienzo esa ruta fuera incierta, pequeña y llena de riesgos. Cada vez que leo esa parte pienso en cuántas decisiones importantes se toman así: sin certeza, con una intuición que todavía no muestra hasta dónde puede llegar. Una idea naciente nunca revela desde el principio su tamaño futuro. Lo que empieza como una conversación o una venta desde el maletero de un auto puede convertirse, con trabajo y persistencia, en algo capaz de cambiar una industria completa.La decisión de no seguir el camino obvio
A los 25 años cuesta saber con claridad qué se quiere hacer. La universidad ayuda a conocerse, pero al salir aparece una pregunta más difícil: cómo convertir una inquietud personal en una vida propia. En el caso de Knight, esa búsqueda tomó la forma de una idea de negocio: importar zapatillas deportivas de buena calidad desde Japón y venderlas en Estados Unidos.
Lo que más rescato de esta relectura es que Knight no parte como alguien lleno de certezas. Parte como alguien que observa, viaja, aprende y se atreve a vender. Recorrer el mundo le permite entender que existen diferentes estilos de vida y que lo que en un lugar parece normal, en otro puede ser una oportunidad. Ahí está una de las claves que más me quedó dando vueltas: muchos proyectos nacen cuando alguien conecta mundos que antes estaban separados.Vender, negociar y construir confianza
El libro insiste en que emprender no consiste solo en tener una buena idea. También exige saber vender, venderse, negociar y elegir bien a los socios. Knight entendió que los negocios avanzan con relaciones de confianza, y esa idea es la que más se me quedó grabada esta vez. No basta con desear crecer: hay que convencer a proveedores, bancos, colaboradores y clientes de que vale la pena apostar por el proyecto.
Hay una frase del libro que resume esto mejor que cualquier explicación mía: «Confianza. Más que patrimonio neto, más que liquidez, eso es lo que un hombre necesita». La confianza aparece como una moneda previa al dinero. Para pedir crédito, atraer talento o sostener una alianza, primero hay que haber construido credibilidad.Crecer antes de sentirse preparado
Otro aprendizaje que releí con más atención esta vez es el del crecimiento. Knight fue pionero en una forma de empresa que hoy parece normal, pero que en los años sesenta era arriesgada: crecer usando crédito mientras la demanda lo permitiera. No se trataba de esperar a tener todo el capital en caja, sino de responder al mercado cuando el mercado pedía más producto.
Ese enfoque tiene algo incómodo y, a la vez, muy valioso: muchas veces hay que crecer antes de sentirse listo. La demanda, los pedidos y las oportunidades no siempre esperan a que uno tenga seguridad absoluta. Por eso el seguimiento de metas, la disciplina y la claridad al negociar se vuelven esenciales. Quien negocia debe saber qué quiere; de lo contrario, termina aceptando condiciones que debilitan el proyecto.Innovar donde otros creen que no hace falta
Nike creció porque no aceptó la idea de que el calzado deportivo ya estaba resuelto. Knight y su equipo vieron espacio para experimentar, mejorar el producto e incorporar tecnología en un campo donde muchos pensaban que la innovación no era necesaria. Esa es, para mí, una de las grandes lecciones del libro: siempre hay espacio para hacer algo mejor, incluso en terrenos que parecen maduros.
Hay una frase que dialoga muy bien con esta historia y que anoté de nuevo en esta lectura: el que mueve una montaña empieza por llevarse piedras pequeñas. Nike no nació como un gigante. Nació como una suma de pasos pequeños: una idea, un viaje, una importación, una venta, una negociación, una mejora de producto. La montaña se movió porque alguien aceptó cargar una piedra a la vez.Liderar una empresa pequeña
El libro también muestra algo que suelo olvidar cuando pienso en historias de éxito: una empresa nace con pocas personas y muchas carencias. Knight no pudo dedicarse por completo a la compañía desde el primer día. Mantuvo un trabajo fijo durante años, hasta que el negocio pudo sostener un sueldo para su gerente fundador. Esa espera me recuerda algo que vale la pena repetirse: emprender no siempre es abandonar todo de inmediato; a veces es construir con paciencia hasta que el proyecto pueda sostenerse por sí solo.
A medida que la empresa crece, el liderazgo también cambia. Ya no se trata solo de vender más, sino de encontrar a las personas adecuadas, motivarlas y cuidar el modo en que se trabaja con ellas. Los primeros colaboradores de Nike formaron un grupo de inconformistas y luchadores, unidos por un objetivo común y por la fe en el espíritu del deporte, y esa dimensión humana es la que más disfruto cada vez que vuelvo al libro.Una historia desordenada, honesta y útil
Nunca te pares no presenta el éxito como una línea recta. Lo muestra como algo desordenado, precario y lleno de errores, y por eso lo sigo releyendo. Knight no escribe para dar una clase de negocios, sino para contar con honestidad cómo se construyó una empresa desde la incertidumbre, los préstamos, los viajes, las tensiones y las decisiones difíciles.
Todo comenzó con 50 dólares y una idea sencilla: importar calzado deportivo económico y de calidad desde Japón. En el primer año, vendiendo zapatillas desde el maletero de su coche, Knight logró facturar 8.000 dólares. Décadas después, Nike se transformó en una marca global, con un logotipo reconocido en todo el mundo y ventas de miles de millones de dólares.
Pero cada vez que cierro el libro confirmo que su verdadero valor no está en el tamaño final de Nike, sino en ver cómo una idea se vuelve empresa, cómo una empresa se vuelve equipo y cómo un equipo puede cambiar los cánones de una industria. También está en entender que los negocios no son solo negocios. Como dice una de las frases que más repito de este libro: «si alguna vez se trata solo de negocios, significará que es uno muy malo».Siempre es bueno releer
Releer Nunca te pares fue, otra vez, mirar el emprendimiento desde adentro: no como una fórmula perfecta, sino como una mezcla de deseo, riesgo, confianza, ventas, innovación y resistencia. Cada relectura me deja algo distinto, y esta vez me quedo con la idea de que una idea puede empezar pequeña, incluso frágil, y crecer si se la trabaja con obsesión y paciencia. También me recuerda que un proyecto debe nacer en un campo que uno conoce y ama, porque solo así es posible sostener el esfuerzo cuando aparecen los problemas.
En el fondo, este libro no solo cuenta la historia detrás de Nike. Cuenta cómo se construye algo grande antes de saber que será grande. Y quizás por eso su título me sigue funcionando, cada vez que lo releo, como una orden y como una filosofía personal: nunca te pares.Tu voto:
#Autobiografia #Bookstagram #Confianza #Crecimientopersonal #CulturaEmprendedora #Disciplina #Emprendimiento #HistoriasDeExito #Innovacion #Lectura #Lecturas #LecturasRecomendadas #Libros #LibrosRecomendados #Liderazgo #Memorias #Motivacion #Negocios #Nike #NuncaTePares #Perseverancia #PhilKnight #Reflexiones #ReseñaDeLibros #Startups -
El arte de seguir avanzando: lo que me enseñó releer Nunca te pares
Hace poco volví a leer Nunca te pares, de Phil Knight. Esta vez lo leí más atento a las decisiones pequeñas que sostienen un proyecto grande.
Para mí, este libro nunca fue solo la historia de Nike. Es el relato de alguien que decide no seguir el camino que parecía lógico para su edad, su formación y su época. Knight no quería una vida marcada únicamente por horarios, estabilidad y expectativas ajenas. Quería probar otra ruta, aunque al comienzo esa ruta fuera incierta, pequeña y llena de riesgos. Cada vez que leo esa parte pienso en cuántas decisiones importantes se toman así: sin certeza, con una intuición que todavía no muestra hasta dónde puede llegar. Una idea naciente nunca revela desde el principio su tamaño futuro. Lo que empieza como una conversación o una venta desde el maletero de un auto puede convertirse, con trabajo y persistencia, en algo capaz de cambiar una industria completa.La decisión de no seguir el camino obvio
A los 25 años cuesta saber con claridad qué se quiere hacer. La universidad ayuda a conocerse, pero al salir aparece una pregunta más difícil: cómo convertir una inquietud personal en una vida propia. En el caso de Knight, esa búsqueda tomó la forma de una idea de negocio: importar zapatillas deportivas de buena calidad desde Japón y venderlas en Estados Unidos.
Lo que más rescato de esta relectura es que Knight no parte como alguien lleno de certezas. Parte como alguien que observa, viaja, aprende y se atreve a vender. Recorrer el mundo le permite entender que existen diferentes estilos de vida y que lo que en un lugar parece normal, en otro puede ser una oportunidad. Ahí está una de las claves que más me quedó dando vueltas: muchos proyectos nacen cuando alguien conecta mundos que antes estaban separados.Vender, negociar y construir confianza
El libro insiste en que emprender no consiste solo en tener una buena idea. También exige saber vender, venderse, negociar y elegir bien a los socios. Knight entendió que los negocios avanzan con relaciones de confianza, y esa idea es la que más se me quedó grabada esta vez. No basta con desear crecer: hay que convencer a proveedores, bancos, colaboradores y clientes de que vale la pena apostar por el proyecto.
Hay una frase del libro que resume esto mejor que cualquier explicación mía: «Confianza. Más que patrimonio neto, más que liquidez, eso es lo que un hombre necesita». La confianza aparece como una moneda previa al dinero. Para pedir crédito, atraer talento o sostener una alianza, primero hay que haber construido credibilidad.Crecer antes de sentirse preparado
Otro aprendizaje que releí con más atención esta vez es el del crecimiento. Knight fue pionero en una forma de empresa que hoy parece normal, pero que en los años sesenta era arriesgada: crecer usando crédito mientras la demanda lo permitiera. No se trataba de esperar a tener todo el capital en caja, sino de responder al mercado cuando el mercado pedía más producto.
Ese enfoque tiene algo incómodo y, a la vez, muy valioso: muchas veces hay que crecer antes de sentirse listo. La demanda, los pedidos y las oportunidades no siempre esperan a que uno tenga seguridad absoluta. Por eso el seguimiento de metas, la disciplina y la claridad al negociar se vuelven esenciales. Quien negocia debe saber qué quiere; de lo contrario, termina aceptando condiciones que debilitan el proyecto.Innovar donde otros creen que no hace falta
Nike creció porque no aceptó la idea de que el calzado deportivo ya estaba resuelto. Knight y su equipo vieron espacio para experimentar, mejorar el producto e incorporar tecnología en un campo donde muchos pensaban que la innovación no era necesaria. Esa es, para mí, una de las grandes lecciones del libro: siempre hay espacio para hacer algo mejor, incluso en terrenos que parecen maduros.
Hay una frase que dialoga muy bien con esta historia y que anoté de nuevo en esta lectura: el que mueve una montaña empieza por llevarse piedras pequeñas. Nike no nació como un gigante. Nació como una suma de pasos pequeños: una idea, un viaje, una importación, una venta, una negociación, una mejora de producto. La montaña se movió porque alguien aceptó cargar una piedra a la vez.Liderar una empresa pequeña
El libro también muestra algo que suelo olvidar cuando pienso en historias de éxito: una empresa nace con pocas personas y muchas carencias. Knight no pudo dedicarse por completo a la compañía desde el primer día. Mantuvo un trabajo fijo durante años, hasta que el negocio pudo sostener un sueldo para su gerente fundador. Esa espera me recuerda algo que vale la pena repetirse: emprender no siempre es abandonar todo de inmediato; a veces es construir con paciencia hasta que el proyecto pueda sostenerse por sí solo.
A medida que la empresa crece, el liderazgo también cambia. Ya no se trata solo de vender más, sino de encontrar a las personas adecuadas, motivarlas y cuidar el modo en que se trabaja con ellas. Los primeros colaboradores de Nike formaron un grupo de inconformistas y luchadores, unidos por un objetivo común y por la fe en el espíritu del deporte, y esa dimensión humana es la que más disfruto cada vez que vuelvo al libro.Una historia desordenada, honesta y útil
Nunca te pares no presenta el éxito como una línea recta. Lo muestra como algo desordenado, precario y lleno de errores, y por eso lo sigo releyendo. Knight no escribe para dar una clase de negocios, sino para contar con honestidad cómo se construyó una empresa desde la incertidumbre, los préstamos, los viajes, las tensiones y las decisiones difíciles.
Todo comenzó con 50 dólares y una idea sencilla: importar calzado deportivo económico y de calidad desde Japón. En el primer año, vendiendo zapatillas desde el maletero de su coche, Knight logró facturar 8.000 dólares. Décadas después, Nike se transformó en una marca global, con un logotipo reconocido en todo el mundo y ventas de miles de millones de dólares.
Pero cada vez que cierro el libro confirmo que su verdadero valor no está en el tamaño final de Nike, sino en ver cómo una idea se vuelve empresa, cómo una empresa se vuelve equipo y cómo un equipo puede cambiar los cánones de una industria. También está en entender que los negocios no son solo negocios. Como dice una de las frases que más repito de este libro: «si alguna vez se trata solo de negocios, significará que es uno muy malo».Siempre es bueno releer
Releer Nunca te pares fue, otra vez, mirar el emprendimiento desde adentro: no como una fórmula perfecta, sino como una mezcla de deseo, riesgo, confianza, ventas, innovación y resistencia. Cada relectura me deja algo distinto, y esta vez me quedo con la idea de que una idea puede empezar pequeña, incluso frágil, y crecer si se la trabaja con obsesión y paciencia. También me recuerda que un proyecto debe nacer en un campo que uno conoce y ama, porque solo así es posible sostener el esfuerzo cuando aparecen los problemas.
En el fondo, este libro no solo cuenta la historia detrás de Nike. Cuenta cómo se construye algo grande antes de saber que será grande. Y quizás por eso su título me sigue funcionando, cada vez que lo releo, como una orden y como una filosofía personal: nunca te pares.Tu voto:
#Autobiografia #Bookstagram #Confianza #Crecimientopersonal #CulturaEmprendedora #Disciplina #Emprendimiento #HistoriasDeExito #Innovacion #Lectura #Lecturas #LecturasRecomendadas #Libros #LibrosRecomendados #Liderazgo #Memorias #Motivacion #Negocios #Nike #NuncaTePares #Perseverancia #PhilKnight #Reflexiones #ReseñaDeLibros #Startups -
El arte de seguir avanzando: lo que me enseñó releer Nunca te pares
Hace poco volví a leer Nunca te pares, de Phil Knight. Esta vez lo leí más atento a las decisiones pequeñas que sostienen un proyecto grande.
Para mí, este libro nunca fue solo la historia de Nike. Es el relato de alguien que decide no seguir el camino que parecía lógico para su edad, su formación y su época. Knight no quería una vida marcada únicamente por horarios, estabilidad y expectativas ajenas. Quería probar otra ruta, aunque al comienzo esa ruta fuera incierta, pequeña y llena de riesgos. Cada vez que leo esa parte pienso en cuántas decisiones importantes se toman así: sin certeza, con una intuición que todavía no muestra hasta dónde puede llegar. Una idea naciente nunca revela desde el principio su tamaño futuro. Lo que empieza como una conversación o una venta desde el maletero de un auto puede convertirse, con trabajo y persistencia, en algo capaz de cambiar una industria completa.La decisión de no seguir el camino obvio
A los 25 años cuesta saber con claridad qué se quiere hacer. La universidad ayuda a conocerse, pero al salir aparece una pregunta más difícil: cómo convertir una inquietud personal en una vida propia. En el caso de Knight, esa búsqueda tomó la forma de una idea de negocio: importar zapatillas deportivas de buena calidad desde Japón y venderlas en Estados Unidos.
Lo que más rescato de esta relectura es que Knight no parte como alguien lleno de certezas. Parte como alguien que observa, viaja, aprende y se atreve a vender. Recorrer el mundo le permite entender que existen diferentes estilos de vida y que lo que en un lugar parece normal, en otro puede ser una oportunidad. Ahí está una de las claves que más me quedó dando vueltas: muchos proyectos nacen cuando alguien conecta mundos que antes estaban separados.Vender, negociar y construir confianza
El libro insiste en que emprender no consiste solo en tener una buena idea. También exige saber vender, venderse, negociar y elegir bien a los socios. Knight entendió que los negocios avanzan con relaciones de confianza, y esa idea es la que más se me quedó grabada esta vez. No basta con desear crecer: hay que convencer a proveedores, bancos, colaboradores y clientes de que vale la pena apostar por el proyecto.
Hay una frase del libro que resume esto mejor que cualquier explicación mía: «Confianza. Más que patrimonio neto, más que liquidez, eso es lo que un hombre necesita». La confianza aparece como una moneda previa al dinero. Para pedir crédito, atraer talento o sostener una alianza, primero hay que haber construido credibilidad.Crecer antes de sentirse preparado
Otro aprendizaje que releí con más atención esta vez es el del crecimiento. Knight fue pionero en una forma de empresa que hoy parece normal, pero que en los años sesenta era arriesgada: crecer usando crédito mientras la demanda lo permitiera. No se trataba de esperar a tener todo el capital en caja, sino de responder al mercado cuando el mercado pedía más producto.
Ese enfoque tiene algo incómodo y, a la vez, muy valioso: muchas veces hay que crecer antes de sentirse listo. La demanda, los pedidos y las oportunidades no siempre esperan a que uno tenga seguridad absoluta. Por eso el seguimiento de metas, la disciplina y la claridad al negociar se vuelven esenciales. Quien negocia debe saber qué quiere; de lo contrario, termina aceptando condiciones que debilitan el proyecto.Innovar donde otros creen que no hace falta
Nike creció porque no aceptó la idea de que el calzado deportivo ya estaba resuelto. Knight y su equipo vieron espacio para experimentar, mejorar el producto e incorporar tecnología en un campo donde muchos pensaban que la innovación no era necesaria. Esa es, para mí, una de las grandes lecciones del libro: siempre hay espacio para hacer algo mejor, incluso en terrenos que parecen maduros.
Hay una frase que dialoga muy bien con esta historia y que anoté de nuevo en esta lectura: el que mueve una montaña empieza por llevarse piedras pequeñas. Nike no nació como un gigante. Nació como una suma de pasos pequeños: una idea, un viaje, una importación, una venta, una negociación, una mejora de producto. La montaña se movió porque alguien aceptó cargar una piedra a la vez.Liderar una empresa pequeña
El libro también muestra algo que suelo olvidar cuando pienso en historias de éxito: una empresa nace con pocas personas y muchas carencias. Knight no pudo dedicarse por completo a la compañía desde el primer día. Mantuvo un trabajo fijo durante años, hasta que el negocio pudo sostener un sueldo para su gerente fundador. Esa espera me recuerda algo que vale la pena repetirse: emprender no siempre es abandonar todo de inmediato; a veces es construir con paciencia hasta que el proyecto pueda sostenerse por sí solo.
A medida que la empresa crece, el liderazgo también cambia. Ya no se trata solo de vender más, sino de encontrar a las personas adecuadas, motivarlas y cuidar el modo en que se trabaja con ellas. Los primeros colaboradores de Nike formaron un grupo de inconformistas y luchadores, unidos por un objetivo común y por la fe en el espíritu del deporte, y esa dimensión humana es la que más disfruto cada vez que vuelvo al libro.Una historia desordenada, honesta y útil
Nunca te pares no presenta el éxito como una línea recta. Lo muestra como algo desordenado, precario y lleno de errores, y por eso lo sigo releyendo. Knight no escribe para dar una clase de negocios, sino para contar con honestidad cómo se construyó una empresa desde la incertidumbre, los préstamos, los viajes, las tensiones y las decisiones difíciles.
Todo comenzó con 50 dólares y una idea sencilla: importar calzado deportivo económico y de calidad desde Japón. En el primer año, vendiendo zapatillas desde el maletero de su coche, Knight logró facturar 8.000 dólares. Décadas después, Nike se transformó en una marca global, con un logotipo reconocido en todo el mundo y ventas de miles de millones de dólares.
Pero cada vez que cierro el libro confirmo que su verdadero valor no está en el tamaño final de Nike, sino en ver cómo una idea se vuelve empresa, cómo una empresa se vuelve equipo y cómo un equipo puede cambiar los cánones de una industria. También está en entender que los negocios no son solo negocios. Como dice una de las frases que más repito de este libro: «si alguna vez se trata solo de negocios, significará que es uno muy malo».Siempre es bueno releer
Releer Nunca te pares fue, otra vez, mirar el emprendimiento desde adentro: no como una fórmula perfecta, sino como una mezcla de deseo, riesgo, confianza, ventas, innovación y resistencia. Cada relectura me deja algo distinto, y esta vez me quedo con la idea de que una idea puede empezar pequeña, incluso frágil, y crecer si se la trabaja con obsesión y paciencia. También me recuerda que un proyecto debe nacer en un campo que uno conoce y ama, porque solo así es posible sostener el esfuerzo cuando aparecen los problemas.
En el fondo, este libro no solo cuenta la historia detrás de Nike. Cuenta cómo se construye algo grande antes de saber que será grande. Y quizás por eso su título me sigue funcionando, cada vez que lo releo, como una orden y como una filosofía personal: nunca te pares.Tu voto:
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💟 Ella había aprendido a no esperar.
No porque hubiera dejado de creer en el amor, sino porque estaba cansada de esos hombres que aparecen a medias.
Los que dejan una puerta entreabierta para que tú te quedes mirando, pero nunca terminan de invitarte a entrar.Y entonces apareció él.
No hizo nada espectacular.
No llegó con flores, promesas ni frases de película.
Simplemente estaba.
Si decía que llamaría, llamaba.
Si quería verla, la buscaba.
Si sabía que había tenido un mal día, preguntaba.
Y cuando ella hablaba, la escuchaba de verdad.No desaparecía para hacerse el interesante.
No la dejaba esperando una respuesta para que se pasara el día preguntándose qué había hecho mal.
No tenía que interpretar cada silencio ni convertirse en detective para saber si le gustaba.Y aquello, que desde fuera podía parecer tan sencillo, para ella era casi nuevo.
Porque después de tanto tiempo confundiendo incertidumbre con emoción, descubrió que la tranquilidad también podía hacer mariposas.
Una tarde le preguntó:
—¿Por qué haces todo esto?
Él la miró extrañado.
—Porque te quiero.
Y ya está.
A veces el amor no necesita estrategias, ni juegos, ni hacerse de rogar.
Cuando alguien quiere estar, se nota.
No tienes que perseguirlo, ni convencerlo, ni vivir pendiente de sus migajas.Ella tardó en entenderlo, pero cuando lo hizo decidió cuidar aquello con la misma atención con la que cuidaba su casa y su vida.
Porque después de haber vivido tantas veces sintiéndose fuera de lugar, encontrar a alguien con quien poder bajar la guardia era algo que no pensaba volver a tratar como si fuera poco.
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💟 Ella había aprendido a no esperar.
No porque hubiera dejado de creer en el amor, sino porque estaba cansada de esos hombres que aparecen a medias.
Los que dejan una puerta entreabierta para que tú te quedes mirando, pero nunca terminan de invitarte a entrar.Y entonces apareció él.
No hizo nada espectacular.
No llegó con flores, promesas ni frases de película.
Simplemente estaba.
Si decía que llamaría, llamaba.
Si quería verla, la buscaba.
Si sabía que había tenido un mal día, preguntaba.
Y cuando ella hablaba, la escuchaba de verdad.No desaparecía para hacerse el interesante.
No la dejaba esperando una respuesta para que se pasara el día preguntándose qué había hecho mal.
No tenía que interpretar cada silencio ni convertirse en detective para saber si le gustaba.Y aquello, que desde fuera podía parecer tan sencillo, para ella era casi nuevo.
Porque después de tanto tiempo confundiendo incertidumbre con emoción, descubrió que la tranquilidad también podía hacer mariposas.
Una tarde le preguntó:
—¿Por qué haces todo esto?
Él la miró extrañado.
—Porque te quiero.
Y ya está.
A veces el amor no necesita estrategias, ni juegos, ni hacerse de rogar.
Cuando alguien quiere estar, se nota.
No tienes que perseguirlo, ni convencerlo, ni vivir pendiente de sus migajas.Ella tardó en entenderlo, pero cuando lo hizo decidió cuidar aquello con la misma atención con la que cuidaba su casa y su vida.
Porque después de haber vivido tantas veces sintiéndose fuera de lugar, encontrar a alguien con quien poder bajar la guardia era algo que no pensaba volver a tratar como si fuera poco.
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💟 Ella había aprendido a no esperar.
No porque hubiera dejado de creer en el amor, sino porque estaba cansada de esos hombres que aparecen a medias.
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No hizo nada espectacular.
No llegó con flores, promesas ni frases de película.
Simplemente estaba.
Si decía que llamaría, llamaba.
Si quería verla, la buscaba.
Si sabía que había tenido un mal día, preguntaba.
Y cuando ella hablaba, la escuchaba de verdad.No desaparecía para hacerse el interesante.
No la dejaba esperando una respuesta para que se pasara el día preguntándose qué había hecho mal.
No tenía que interpretar cada silencio ni convertirse en detective para saber si le gustaba.Y aquello, que desde fuera podía parecer tan sencillo, para ella era casi nuevo.
Porque después de tanto tiempo confundiendo incertidumbre con emoción, descubrió que la tranquilidad también podía hacer mariposas.
Una tarde le preguntó:
—¿Por qué haces todo esto?
Él la miró extrañado.
—Porque te quiero.
Y ya está.
A veces el amor no necesita estrategias, ni juegos, ni hacerse de rogar.
Cuando alguien quiere estar, se nota.
No tienes que perseguirlo, ni convencerlo, ni vivir pendiente de sus migajas.Ella tardó en entenderlo, pero cuando lo hizo decidió cuidar aquello con la misma atención con la que cuidaba su casa y su vida.
Porque después de haber vivido tantas veces sintiéndose fuera de lugar, encontrar a alguien con quien poder bajar la guardia era algo que no pensaba volver a tratar como si fuera poco.
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Escucha ‘La Monda ft Ryan Castro’, el nuevo sencillo de De La Rose | #RollingStoneES
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Hay un momento en el que no pierdes la confianza en alguien.
La pierdes en general.No porque el mundo haya cambiado, sino porque una persona cruzó una línea que no debía.
Y a partir de ahí todo se mira distinto, con más cuidado, con menos ilusión.No es frialdad.
Es aprendizaje.Aprendes a medir las palabras, a no contar de más, a proteger lo que antes entregabas sin pensar.
La confianza, cuando se rompe, no se recompone igual. Se transforma.No es que ya no confíes en nadie.
Es que ahora eliges mejor a quién sí.❈ ❈ ❈
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No puedes construir una relación sólida sobre mentiras.
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La confianza se construye poco a poco, pero se destruye de golpe.
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"No quiero" es una razón suficiente. Y es un límite perfectamente válido, pero recuerda que un límite no siempre es un muro. También es "no a esto, sí a ti" Puedes enfocarte en validar ese "no" y explorar alternativas desde la necesidad de ambas personas. ¿Suena raro? Claro. No es lo que haces normalmente, pero ¿te sirve lo que haces normalmente? ¿Pudes enfocarte en convencer a la otra persona? Sí, sí puedes... Pero, ¿quieres? #gotitasdepoliamor #amemoseticamente #responsabilidadafectiva #limites #confianza by @amemoseticamente | TikViewer
https://tikviewer.com/video/7553673681415785784 -
Los caramelos de mi frasco
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Yo confiaba mucho en la gente. Muchísimo. Repartía mi confianza a troche y moche sin ser consciente del valor que esta tenía. La repartía como caramelos. Caramelos que iban saliendo de un frasco que al parecer, no era ilimitado.
Repartía mis caramelos casi que en cualquier parte. Eventos, plazas, calles, completos desconocidos, o gente a la que apenas si conocía. Y no me importaba. O bueno, en realidad sí. Pero no me daba cuenta de cuánto hasta que no era demasiado tarde. Mi gran problema fue que no logré dimensionar que esos caramelos, esa confianza, no solo eran limitados, sino que era una edición especial. Que podía salir 1, 2 o hasta 3 veces. Pero que mientras más ediciones salían, y sobre todo si eran para una misma persona, más se iba gastando, destruyendo, transformando.
Además, había otro gran problema. Y era lo que pasa siempre. Mientras más das de vos, más habla el resto. Y con mis caramelos no fue la excepción. Todo lo contrario: que si era muy dulce, que si muy amargo, que si muy ácido, que si la textura del caramelo, del envoltorio, que si el color, que si muy grande, que si muy pequeño. Hasta se llegó a cuestionar el olor. Sí. El olor de un caramelo. Ah, y ni hablar de si venía con chicle, que si no, que si venía muy pegoteado, que si no, que si era muy duro o muy blando. Al final, la gente solo aceptaba mis caramelos para poder hablar de ellos sin importarles lo que a mí me sucediera con tales comentarios. Imagínense que hasta revisaban el envoltorio de pies a cabeza para ver si eran libres de gluten, bajos en sodio, sin lactosa, sin exceso en azúcares. En realidad, nada de eso les importaba. Solo querían tener una razón más para hablar y opinar libremente. Como si mantener un frasco de caramelos funcional fuese tan fácil.
Cuando la gente empezó a utilizar mis propios caramelos en mi contra no solo criticándolos, sino además repartiéndolos aún más de lo que yo lo hacía, dando la posibilidad de que gente que yo ni conocía hable de ellos, fue cuando empecé a darme cuenta de que quizás, haber repartido tantos caramelos no había sido una buena idea después de todo. Y es que, si das demasiado, sos vos la que luego se queda sin nada.
Muchos vendieron mis caramelos cuando yo los daba gratis. Me robaron caramelos del frasco sin pedirme permiso, por favor, perdón ni gracias. Simplemente los tomaban y se iban. Los repartían, los vendían, los revendían y hasta creaban suscripciones cual plataformas digitales para tener de primera mano mi más reciente sabor de caramelo y en exclusiva para sus propios clientes. Pero hubieron algunas personas que robaron enormes cantidades. Fueron pocas. Pero el robo fue tan grande que ni el seguro que había contratado para mantener el frasco sirvió para cubrir los daños. Y es que como ya sabemos, los seguros suelen ser más una trampa que una ayuda real. Es más. A seguro se lo llevaron preso. Sin embargo, varios de esos ladrones siguen libres, y estoy casi segura que siguen robándoles caramelos a alguien más.
Claro que fue también responsabilidad mía en cierta forma. Debí haberme dado cuenta de que no todos iban a valorar el tesoro tan grande que les estaba obsequiando. Y es lógico. Al final de cuentas, era un caramelo. Y no necesito ser experta en economía para entender cómo funciona la oferta y demanda de un producto. La gran diferencia era que en este caso, el precio no se lo ponía el mercado, porque no lo tenía. Se podría decir que tuve que convertirme en una fría empresaria capitalista con poquísimos escrúpulos y aún más poquito corazón para hacer que mi producto tuviera el valor que se merecía.
Poco a poco fui repartiendo cada vez menos. A medida que sufría un pequeño robo u otro más grande, no solo me quedaban menos, sino que empezaban a ser tan escasos que tuve que ponerles un precio y el impuesto al valor agregado para que el gobierno de las emociones me deje seguir manteniendo el negocio abierto. Y aún así, llegó la crisis. Mi «2001.» El corralito mental retuvo todos mis ahorros y el negocio quebró.
Hoy en día es poca la gente que me da el préstamo en caramelos que puede para que yo pueda a su vez retribuirla. Y es que ahora se transformó en una moneda de intercambio cuyo valor ya no depende de la oferta y la demanda. Sino del que yo decida darle. Es más. En ocasiones ni siquiera puedo ya dar caramelos enteros. Un cuarto, una mitad, o más chico incluso. Pero esa gente a la que le doy ese caramelo debería valorarlo como un tesoro. Porque si me lo roban, me están traicionando. Y es muy difícil que yo quiera volver a darte caramelos de nuevo una vez me traicionaste. De hecho, hay gente a la que no se los voy a volver a dar nunca. Sin embargo, hay quienes aún tienen la posibilidad de volver a recibirlos. Pero es como todo en la vida. Nada es gratis. Todo se paga. Y tanto con los caramelos como con la confianza, se ganan.
Ya no confío en cualquiera. Es tan poca la gente en la que confío que me cuesta muchísimo que gente nueva entre en mi vida. En tantas personas tuve que dejar de confiar que me pasó lo peor que podía pasarme. Dejar de confiar incluso en mí misma. Y hasta que no pueda recuperar esa confianza, que es la esencial para cualquier persona, pensar siquiera recuperar la de alguien más, me resulta cuanto menos, muy difícil.
No siento tanto apego hacia las personas como antes. Quienes están hoy se pueden ir y quienes se fueron podrían volver. No todos, claro. Hubo una sola persona en estos últimos 2 años que se ganó mi confianza total y absoluta. Una persona a la que le debo gran parte de lo que intento ser. Pero fue la última. Quizás el día de mañana pueda volver a creer en mí, y por ende en el resto de la gente. Por ahora este es un proceso que apenas está iniciando, y que requiere de un gran trabajo. Pero bueno. Supongo que ponerlo en palabras improvisadas es un primer paso, aunque sea chiquito.
Hacía muchísimo que no escribía nada sobre mí específicamente y no sé cuándo volveré a hacerlo. Eso sí. Antes este era un sitio en el que compartía muchas de mis vivencias y experiencias. Pero ya no. Y es que entendí que no tengo porqué, ni debo contar cada detalle de mi vida privada a todo el mundo. A veces las cosas tanto buenas como malas están mejor ahí, siendo privadas. Porque no vale la pena contar todo para que luego, se aprovechen de mí, robándome los caramelos de mi frasco.
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