¿Sabías que el perfume nació gracias al humo del incienso?
Hoy en día encendemos una varita de incienso para meditar, relajarnos o aromatizar la habitación, pero el origen de esta práctica cambió la historia de la higiene y la lengua. La palabra perfume viene directamente del latín per fumum, que significa literalmente a través del humo. En la antigüedad, antes de que existieran los líquidos aromáticos con alcohol que usamos hoy en día, la única forma de impregnar un espacio o el cuerpo con un olor agradable era quemando resinas aromáticas, maderas y plantas medicinales. Los antiguos egipcios, mesopotámicos y romanos descubrieron que al arrojar estos materiales al fuego, el humo resultante no solo enmascaraba los malos olores del ambiente, sino que dejaba una fragancia persistente en la ropa y la piel.
El incienso era un producto tan valioso y codiciado que las rutas comerciales creadas para transportarlo, como la famosa Ruta del Incienso que conectaba a Egipto y el Mediterráneo con la península arábiga, movían fortunas equivalentes a las del oro o las piedras preciosas. De hecho, los arqueólogos descubrieron contenedores sellados con resinas aromáticas en la tumba del faraón Tutankamón que, después de pasar más de 3000 años bajo tierra, todavía conservaban su aroma al ser abiertos.
— Amber Luna, Bruja y Antropóloga