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#oftalmologia — Public Fediverse posts

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  1. 🫟 𝑪𝒖𝒓𝒊𝒐𝒔𝒊𝒅𝒂𝒅𝒆𝒔 🫟

    A primera vista, la escena parece bastante inquietante.
    Un hombre está sentado con la cabeza completamente inmovilizada mientras un enorme tubo apunta directamente hacia su rostro.
    Podría parecer un aparato diseñado para sujetar a un prisionero.

    Pero estaba allí para intentar salvarle el ojo.

    A finales del siglo XIX y principios del XX, las heridas oculares provocadas por pequeños fragmentos de metal eran bastante habituales entre trabajadores que utilizaban martillos, tornos y otras herramientas.
    Una esquirla podía salir disparada a gran velocidad, atravesar la córnea y quedar alojada dentro del globo ocular.

    El problema no era solamente saber que había un trozo de metal dentro.
    Había que encontrarlo.

    Y eso podía ser muy complicado.
    Unos pocos milímetros de diferencia podían cambiar por completo la intervención que tenía que realizar el cirujano.

    El descubrimiento de los rayos X por Wilhelm Röntgen en 1895 abrió una posibilidad completamente nueva.
    Por primera vez, los médicos podían intentar localizar objetos metálicos que permanecían ocultos dentro del cuerpo.

    Pero las primeras radiografías tenían una limitación importante: podían mostrar el fragmento, pero no indicaban con suficiente precisión a qué profundidad se encontraba.

    Ahí entró en escena el cirujano y radiólogo escocés James Mackenzie Davidson.
    Desarrolló un procedimiento basado en tomar imágenes desde diferentes posiciones y utilizar referencias geométricas para calcular la posición del objeto en tres dimensiones.

    Dicho de una manera sencilla: ya no se trataba únicamente de saber que había metal en el ojo.
    Había que averiguar exactamente dónde estaba.

    El método tuvo tanta importancia que el Royal London Ophthalmic Hospital aprobó en noviembre de 1898 la creación de un departamento de rayos X y puso a Mackenzie Davidson al frente.
    El presupuesto inicial destinado al equipo fue de 80 libras.

    Y todavía quedaba extraer el fragmento.

    Cuando se trataba de hierro o acero, los cirujanos podían recurrir a electroimanes especialmente potentes.
    La idea era atraer la esquirla y desplazarla hasta una posición que facilitara su extracción.

    Aquello seguía siendo una intervención delicada y peligrosa, pero suponía un cambio enorme respecto a operar prácticamente a ciegas.

    Por eso esta fotografía resulta tan llamativa.
    No muestra una máquina de tortura ni un extraño instrumento de castigo.

    Muestra uno de los primeros intentos de utilizar una tecnología recién descubierta para responder a una pregunta diminuta pero decisiva:

    ¿Dónde está exactamente el fragmento de metal?

    Y, en aquella época, encontrar esos pocos milímetros podía significar conservar un ojo o perderlo.

    ▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣

    #historia #curiosidadeshistoricas #medicina #historiadelamedicina #rayosx #roentgen #jamesmackenziedavidson #oftalmologia #tecnologia #sigloxix #sigloxx #fotografiahistorica #historiareal #ecosdelpasado

  2. 🫟 𝑪𝒖𝒓𝒊𝒐𝒔𝒊𝒅𝒂𝒅𝒆𝒔 🫟

    A primera vista, la escena parece bastante inquietante.
    Un hombre está sentado con la cabeza completamente inmovilizada mientras un enorme tubo apunta directamente hacia su rostro.
    Podría parecer un aparato diseñado para sujetar a un prisionero.

    Pero estaba allí para intentar salvarle el ojo.

    A finales del siglo XIX y principios del XX, las heridas oculares provocadas por pequeños fragmentos de metal eran bastante habituales entre trabajadores que utilizaban martillos, tornos y otras herramientas.
    Una esquirla podía salir disparada a gran velocidad, atravesar la córnea y quedar alojada dentro del globo ocular.

    El problema no era solamente saber que había un trozo de metal dentro.
    Había que encontrarlo.

    Y eso podía ser muy complicado.
    Unos pocos milímetros de diferencia podían cambiar por completo la intervención que tenía que realizar el cirujano.

    El descubrimiento de los rayos X por Wilhelm Röntgen en 1895 abrió una posibilidad completamente nueva.
    Por primera vez, los médicos podían intentar localizar objetos metálicos que permanecían ocultos dentro del cuerpo.

    Pero las primeras radiografías tenían una limitación importante: podían mostrar el fragmento, pero no indicaban con suficiente precisión a qué profundidad se encontraba.

    Ahí entró en escena el cirujano y radiólogo escocés James Mackenzie Davidson.
    Desarrolló un procedimiento basado en tomar imágenes desde diferentes posiciones y utilizar referencias geométricas para calcular la posición del objeto en tres dimensiones.

    Dicho de una manera sencilla: ya no se trataba únicamente de saber que había metal en el ojo.
    Había que averiguar exactamente dónde estaba.

    El método tuvo tanta importancia que el Royal London Ophthalmic Hospital aprobó en noviembre de 1898 la creación de un departamento de rayos X y puso a Mackenzie Davidson al frente.
    El presupuesto inicial destinado al equipo fue de 80 libras.

    Y todavía quedaba extraer el fragmento.

    Cuando se trataba de hierro o acero, los cirujanos podían recurrir a electroimanes especialmente potentes.
    La idea era atraer la esquirla y desplazarla hasta una posición que facilitara su extracción.

    Aquello seguía siendo una intervención delicada y peligrosa, pero suponía un cambio enorme respecto a operar prácticamente a ciegas.

    Por eso esta fotografía resulta tan llamativa.
    No muestra una máquina de tortura ni un extraño instrumento de castigo.

    Muestra uno de los primeros intentos de utilizar una tecnología recién descubierta para responder a una pregunta diminuta pero decisiva:

    ¿Dónde está exactamente el fragmento de metal?

    Y, en aquella época, encontrar esos pocos milímetros podía significar conservar un ojo o perderlo.

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    #historia #curiosidadeshistoricas #medicina #historiadelamedicina #rayosx #roentgen #jamesmackenziedavidson #oftalmologia #tecnologia #sigloxix #sigloxx #fotografiahistorica #historiareal #ecosdelpasado

  3. 🫟 𝑪𝒖𝒓𝒊𝒐𝒔𝒊𝒅𝒂𝒅𝒆𝒔 🫟

    A primera vista, la escena parece bastante inquietante.
    Un hombre está sentado con la cabeza completamente inmovilizada mientras un enorme tubo apunta directamente hacia su rostro.
    Podría parecer un aparato diseñado para sujetar a un prisionero.

    Pero estaba allí para intentar salvarle el ojo.

    A finales del siglo XIX y principios del XX, las heridas oculares provocadas por pequeños fragmentos de metal eran bastante habituales entre trabajadores que utilizaban martillos, tornos y otras herramientas.
    Una esquirla podía salir disparada a gran velocidad, atravesar la córnea y quedar alojada dentro del globo ocular.

    El problema no era solamente saber que había un trozo de metal dentro.
    Había que encontrarlo.

    Y eso podía ser muy complicado.
    Unos pocos milímetros de diferencia podían cambiar por completo la intervención que tenía que realizar el cirujano.

    El descubrimiento de los rayos X por Wilhelm Röntgen en 1895 abrió una posibilidad completamente nueva.
    Por primera vez, los médicos podían intentar localizar objetos metálicos que permanecían ocultos dentro del cuerpo.

    Pero las primeras radiografías tenían una limitación importante: podían mostrar el fragmento, pero no indicaban con suficiente precisión a qué profundidad se encontraba.

    Ahí entró en escena el cirujano y radiólogo escocés James Mackenzie Davidson.
    Desarrolló un procedimiento basado en tomar imágenes desde diferentes posiciones y utilizar referencias geométricas para calcular la posición del objeto en tres dimensiones.

    Dicho de una manera sencilla: ya no se trataba únicamente de saber que había metal en el ojo.
    Había que averiguar exactamente dónde estaba.

    El método tuvo tanta importancia que el Royal London Ophthalmic Hospital aprobó en noviembre de 1898 la creación de un departamento de rayos X y puso a Mackenzie Davidson al frente.
    El presupuesto inicial destinado al equipo fue de 80 libras.

    Y todavía quedaba extraer el fragmento.

    Cuando se trataba de hierro o acero, los cirujanos podían recurrir a electroimanes especialmente potentes.
    La idea era atraer la esquirla y desplazarla hasta una posición que facilitara su extracción.

    Aquello seguía siendo una intervención delicada y peligrosa, pero suponía un cambio enorme respecto a operar prácticamente a ciegas.

    Por eso esta fotografía resulta tan llamativa.
    No muestra una máquina de tortura ni un extraño instrumento de castigo.

    Muestra uno de los primeros intentos de utilizar una tecnología recién descubierta para responder a una pregunta diminuta pero decisiva:

    ¿Dónde está exactamente el fragmento de metal?

    Y, en aquella época, encontrar esos pocos milímetros podía significar conservar un ojo o perderlo.

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    #historia #curiosidadeshistoricas #medicina #historiadelamedicina #rayosx #roentgen #jamesmackenziedavidson #oftalmologia #tecnologia #sigloxix #sigloxx #fotografiahistorica #historiareal #ecosdelpasado

  4. 🫟 𝑪𝒖𝒓𝒊𝒐𝒔𝒊𝒅𝒂𝒅𝒆𝒔 🫟

    A primera vista, la escena parece bastante inquietante.
    Un hombre está sentado con la cabeza completamente inmovilizada mientras un enorme tubo apunta directamente hacia su rostro.
    Podría parecer un aparato diseñado para sujetar a un prisionero.

    Pero estaba allí para intentar salvarle el ojo.

    A finales del siglo XIX y principios del XX, las heridas oculares provocadas por pequeños fragmentos de metal eran bastante habituales entre trabajadores que utilizaban martillos, tornos y otras herramientas.
    Una esquirla podía salir disparada a gran velocidad, atravesar la córnea y quedar alojada dentro del globo ocular.

    El problema no era solamente saber que había un trozo de metal dentro.
    Había que encontrarlo.

    Y eso podía ser muy complicado.
    Unos pocos milímetros de diferencia podían cambiar por completo la intervención que tenía que realizar el cirujano.

    El descubrimiento de los rayos X por Wilhelm Röntgen en 1895 abrió una posibilidad completamente nueva.
    Por primera vez, los médicos podían intentar localizar objetos metálicos que permanecían ocultos dentro del cuerpo.

    Pero las primeras radiografías tenían una limitación importante: podían mostrar el fragmento, pero no indicaban con suficiente precisión a qué profundidad se encontraba.

    Ahí entró en escena el cirujano y radiólogo escocés James Mackenzie Davidson.
    Desarrolló un procedimiento basado en tomar imágenes desde diferentes posiciones y utilizar referencias geométricas para calcular la posición del objeto en tres dimensiones.

    Dicho de una manera sencilla: ya no se trataba únicamente de saber que había metal en el ojo.
    Había que averiguar exactamente dónde estaba.

    El método tuvo tanta importancia que el Royal London Ophthalmic Hospital aprobó en noviembre de 1898 la creación de un departamento de rayos X y puso a Mackenzie Davidson al frente.
    El presupuesto inicial destinado al equipo fue de 80 libras.

    Y todavía quedaba extraer el fragmento.

    Cuando se trataba de hierro o acero, los cirujanos podían recurrir a electroimanes especialmente potentes.
    La idea era atraer la esquirla y desplazarla hasta una posición que facilitara su extracción.

    Aquello seguía siendo una intervención delicada y peligrosa, pero suponía un cambio enorme respecto a operar prácticamente a ciegas.

    Por eso esta fotografía resulta tan llamativa.
    No muestra una máquina de tortura ni un extraño instrumento de castigo.

    Muestra uno de los primeros intentos de utilizar una tecnología recién descubierta para responder a una pregunta diminuta pero decisiva:

    ¿Dónde está exactamente el fragmento de metal?

    Y, en aquella época, encontrar esos pocos milímetros podía significar conservar un ojo o perderlo.

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    #historia #curiosidadeshistoricas #medicina #historiadelamedicina #rayosx #roentgen #jamesmackenziedavidson #oftalmologia #tecnologia #sigloxix #sigloxx #fotografiahistorica #historiareal #ecosdelpasado

  5. 🫟 𝑪𝒖𝒓𝒊𝒐𝒔𝒊𝒅𝒂𝒅𝒆𝒔 🫟

    A primera vista, la escena parece bastante inquietante.
    Un hombre está sentado con la cabeza completamente inmovilizada mientras un enorme tubo apunta directamente hacia su rostro.
    Podría parecer un aparato diseñado para sujetar a un prisionero.

    Pero estaba allí para intentar salvarle el ojo.

    A finales del siglo XIX y principios del XX, las heridas oculares provocadas por pequeños fragmentos de metal eran bastante habituales entre trabajadores que utilizaban martillos, tornos y otras herramientas.
    Una esquirla podía salir disparada a gran velocidad, atravesar la córnea y quedar alojada dentro del globo ocular.

    El problema no era solamente saber que había un trozo de metal dentro.
    Había que encontrarlo.

    Y eso podía ser muy complicado.
    Unos pocos milímetros de diferencia podían cambiar por completo la intervención que tenía que realizar el cirujano.

    El descubrimiento de los rayos X por Wilhelm Röntgen en 1895 abrió una posibilidad completamente nueva.
    Por primera vez, los médicos podían intentar localizar objetos metálicos que permanecían ocultos dentro del cuerpo.

    Pero las primeras radiografías tenían una limitación importante: podían mostrar el fragmento, pero no indicaban con suficiente precisión a qué profundidad se encontraba.

    Ahí entró en escena el cirujano y radiólogo escocés James Mackenzie Davidson.
    Desarrolló un procedimiento basado en tomar imágenes desde diferentes posiciones y utilizar referencias geométricas para calcular la posición del objeto en tres dimensiones.

    Dicho de una manera sencilla: ya no se trataba únicamente de saber que había metal en el ojo.
    Había que averiguar exactamente dónde estaba.

    El método tuvo tanta importancia que el Royal London Ophthalmic Hospital aprobó en noviembre de 1898 la creación de un departamento de rayos X y puso a Mackenzie Davidson al frente.
    El presupuesto inicial destinado al equipo fue de 80 libras.

    Y todavía quedaba extraer el fragmento.

    Cuando se trataba de hierro o acero, los cirujanos podían recurrir a electroimanes especialmente potentes.
    La idea era atraer la esquirla y desplazarla hasta una posición que facilitara su extracción.

    Aquello seguía siendo una intervención delicada y peligrosa, pero suponía un cambio enorme respecto a operar prácticamente a ciegas.

    Por eso esta fotografía resulta tan llamativa.
    No muestra una máquina de tortura ni un extraño instrumento de castigo.

    Muestra uno de los primeros intentos de utilizar una tecnología recién descubierta para responder a una pregunta diminuta pero decisiva:

    ¿Dónde está exactamente el fragmento de metal?

    Y, en aquella época, encontrar esos pocos milímetros podía significar conservar un ojo o perderlo.

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    #historia #curiosidadeshistoricas #medicina #historiadelamedicina #rayosx #roentgen #jamesmackenziedavidson #oftalmologia #tecnologia #sigloxix #sigloxx #fotografiahistorica #historiareal #ecosdelpasado