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#masalla — Public Fediverse posts

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  1. 𝑪𝒖𝒆𝒏𝒕𝒐 𝒅𝒆 𝑴𝒊𝒆𝒅𝒐
    𖤐 𝑬𝒍 𝒆𝒄𝒐 𝒎𝒖𝒅𝒐 𝒅𝒆 𝒖𝒏 𝒈𝒓𝒊𝒕𝒐 𖤐

    El pitido.
    Ese pitido agudo, monocorde, lo era todo y nada a la vez.
    El fin de mi mundo.
    Recuerdo el frío metálico bajo mis manos, la alarma, la prisa absurda… y luego, la nada.
    Por un instante, solo una oscuridad profunda, sin peso, sin pensamiento.
    Una paz que, ahora lo sé, era un espejismo cruel.
    Porque después de esa calma, llegó el otro pitido.
    No en mis oídos, sino en la médula de mi existencia.
    Un zumbido constante, grave, que vibra en cada fibra de lo que soy.

    Esto no es lo que contaban.
    No hay fuego, no hay demonios con tridentes, ni lagos de azufre hirviendo.
    Al menos, no de la forma en que lo imaginé.
    Aquí hay un color que lo domina todo: un óxido viejo, una pátina de sangre seca que se adhiere a la vista.
    El aire no es fuego, es un aliento estancado, denso, cargado con el metal de la angustia de mil millones de almas. Y el sonido... es una cacofonía orquestada por el lamento.
    No gritos individuales, no.
    Es un coro ahogado, una masa de lamentos que se funde en un único murmullo constante, como el rumor de un océano de agonía.

    Intento moverme, mis piernas apenas responden.
    Mis manos se sienten pesadas, como si estuvieran hechas de plomo.
    Ya no siento mi cuerpo, pero aún tengo la sensación de tenerlo.
    Es una paradoja, ¿verdad? No tengo pulmones, pero busco aire.
    No tengo ojos, pero veo esta extensión interminable de paisajes desolados.
    Colinas de ceniza que se extienden hasta un horizonte que nunca llega, bajo un cielo que sangra ese color óxido.
    Y las figuras.
    Hay figuras a lo lejos, arrastrándose, chocando entre sí sin verse.
    Intento convencerme de que soy una víctima más, un error administrativo del más allá.
    Repaso mis pecados buscando una lógica: ¿el egoísmo?, ¿las mentiras?, ¿aquel rencor?
    No puede ser que este vacío sea la respuesta a una vida corriente.
    Pero el vacío empieza a agrietarse.

    De repente, la bruma de óxido se rompe con fogonazos de una nitidez que duele.
    No son recuerdos, son puñaladas de realidad que me obligan a mirar.
    Una carretera secundaria, el olor a asfalto mojado y el rítmico movimiento del limpiaparabrisas.
    Ella está ahí, bajo la lluvia, con el brazo extendido.
    Es joven, con una belleza que me golpea como una ola de calor sucio.
    Recuerdo la invitación, el clic del cierre centralizado... el silencio dentro del coche que empieza a cargarse de una electricidad violenta.
    Mi mente fantasea, saborea el control absoluto que estoy a punto de ejercer.

    Entonces llega el forcejeo.
    El sonido de la tela al rasgarse es más fuerte aquí que el zumbido eterno.
    Siento mis dedos, reales y vivos, hundiéndose con una fuerza animal en la suavidad de su garganta.
    El miedo en sus ojos, ese brillo de terror puro, es mi único combustible.
    Tiro de su ropa, ignoro sus súplicas, me alimento de su asfixia.
    Pero el azul y el rojo cortan la noche.
    Luces de policía que barren el arcén.
    Ya lo sabían.
    Ya me buscaban.
    El pánico me nubla; hay otro forcejeo, un grito que no es mío, y un calor súbito, líquido y asfixiante que me inunda el pecho.
    Siento la sangre mancharme la camisa mientras el mundo se desvanece tras un cristal roto.
    Me han pegado un tiro.

    Mientras aquí sigo atrapado, la imagen cambia.
    A lo lejos, como a través de una ventana empañada, veo una pantalla de televisión en un salón cualquiera.
    Un informativo de mediodía.
    Mi cara ocupa toda la pantalla.
    El locutor habla con una frialdad que me congela lo poco que me queda de alma: "Abatido el asesino en serie responsable de la desaparición de 12 adolescentes.
    El terror ha terminado".

    No hay errores.
    El porqué está escrito en cada gramo de esta ceniza que piso.
    No estoy aquí por un descuido, sino porque este lugar es el único molde que encaja con mi monstruosidad.
    El vacío que siento es la presencia exacta de lo que hice, repetida en bucle por los siglos de los siglos.
    Intento gritar que no es justo, que quiero otra oportunidad, pero mis cuerdas vocales son solo parte del coro de la desesperación.
    Es el Infierno.
    Y ahora, finalmente, lo entiendo todo.
    🜂─────🜃─────🜂

    /imagen generada/
    #terror #infierno #masalla #horror #miedo #justicia

  2. 🎵 Más allá.

    Alicia Arias Acuyo nos trae una historia donde el fin del mundo se mezcla con la esperanza, los lazos familiares y la música que sobrevive cuando lo demás se apaga.

    ✨ Distopía medioambiental
    ✨ Lazos familiares
    ✨ Vida más allá (en muchos sentidos)
    ✨ Plan de fuga
    ✨ Música como lenguaje universal

    👀 La ilustración evoca resiliencia y ternura: una mujer mayor con un bastón en la mano saluda en medio de un paisaje árido con árboles secos a su alrededor. En su gesto hay una despedida, pero también un inicio. ¿Es un adiós o una promesa de que aún queda algo más allá?

    ¡DATO CURIOSO!: no es el único relato que tiene relación con la música.

    #Discatopía #MásAllá #AliciaAriasAcuYo #DistopíaMedioambiental #LazosFamiliares #VidaMásAllá #PlanDeFuga #MúsicaComoLenguajeUniversal

  3. El mundo hoy 🤣🤣🤣🤦‍♂️
    Tengo #manises vibes ahora mismo. 🤣🤣🤣Mi adolescéncia, verano en el pueblo (casualidad? 🤔😜) y revista #masalla.