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https://www.europesays.com/es/780379/ Emiliano Monge: “Solo hay una cosa peor que el censor: el delator” #América #Cultura #Entertainment #Entretenimiento #ES #Escritores #España #Latinoamérica #Libros #literatura #LiteraturaMexicana #México #Narrativa #RandomHouse #SectorEditorial #Spain
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🧿 𝑳𝒂 𝒎𝒖𝒋𝒆𝒓 𝒒𝒖𝒆 𝒑𝒆𝒓𝒅𝒊𝒐́ 𝑨́𝒇𝒓𝒊𝒄𝒂 🧿
Karen Blixen enterró al hombre que amaba en las colinas africanas, perdió su granja, regresó enferma y arruinada a Dinamarca… y aun así terminó escribiendo una de las obras más bellas y melancólicas del siglo XX.
Su vida parece inventada por un novelista, pero ocurrió de verdad.
Karen nació en Dinamarca en 1885, dentro de una familia rica y aristocrática donde se esperaba que una mujer fuese correcta, elegante y silenciosa.
Pero ella tenía otro carácter.
Le gustaba escribir, dibujar, imaginar vidas distintas y sentía una enorme necesidad de escapar de aquel mundo tan rígido.A los 28 años se casó con el barón Bror von Blixen-Finecke y se marchó al África Oriental Británica, la actual Kenia.
Y aquí empieza una de las historias más conocidas y tristes de la literatura moderna.
Porque el matrimonio nunca fue realmente feliz.
De hecho, Karen había estado enamorada durante años del hermano gemelo de Bror.
Casarse con él fue también una forma de huir de Europa y empezar otra vida lejos de todo.En 1914 llegaron a Kenia convencidos de que una plantación de café los haría ricos.
Compraron tierras cerca de las colinas de Ngong, en un paisaje que Karen describiría después casi como un lugar mítico.Pero el sueño empezó a romperse enseguida.
La tierra no era buena para el café.
Las lluvias eran imprevisibles.
Las deudas crecían.
Y Bror desaparecía constantemente para irse de safari, de fiestas o con otras mujeres.Mientras él llevaba una vida despreocupada, Karen se quedaba gestionando absolutamente todo: trabajadores, cuentas, cosechas, animales, enfermedades y problemas económicos.
Y entonces llegó algo todavía peor.
Karen enfermó de sífilis, probablemente contagiada por su marido.
En aquella época el tratamiento era durísimo.
Le administraron mercurio y compuestos de arsénico, terapias peligrosas que dejaban secuelas físicas muy serias.Durante años sufrió dolores crónicos, debilidad y problemas de salud que nunca terminarían de desaparecer.
El matrimonio acabó destruido.
Pero ella no abandonó África.
Porque para entonces ya estaba profundamente enamorada de aquella tierra.
Y poco después apareció Denys Finch Hatton.
Ahí es donde la historia cambia por completo.
Denys era cazador, piloto, aventurero y un hombre muy distinto a Bror. Culto, refinado, amante de la literatura y de la vida salvaje africana. Karen encontró en él algo que no había tenido nunca: conexión intelectual y emocional.
Pero Denys tenía un problema imposible de resolver:
no quería pertenecer a nadie.No creía en el matrimonio, en las rutinas ni en las promesas eternas.
Desaparecía durante meses, recorría la sabana, cazaba, viajaba… y luego volvía junto a Karen como si el tiempo no hubiera pasado.Ella quería estabilidad.
Él quería libertad.Y aun así se amaron durante años.
Las escenas que Karen describió después parecen sacadas de una película romántica clásica: vuelos sobre la sabana al amanecer, lecturas de poesía bajo las estrellas, cenas improvisadas en mitad de África, conversaciones eternas mientras sonaba Mozart en un gramófono.
Y sí, toda esa historia acabaría inspirando la película “Memorias de África” de 1985, con Meryl Streep interpretando a Karen y Robert Redford a Denys Finch Hatton.
La película convirtió su historia en leyenda mundial y ganó siete premios Óscar, incluido Mejor Película.
Pero la realidad fue bastante más dura y amarga que la versión romántica de Hollywood.
A finales de los años veinte la plantación estaba prácticamente arruinada.
El precio del café cayó, las cosechas fueron malas y Karen acumulaba deudas imposibles de pagar.Intentó salvar la granja desesperadamente.
Vendió cosas.
Pidió préstamos.
Redujo gastos.
Luchó hasta el final.No sirvió de nada.
En 1931 tuvo que abandonarlo todo.
Y justo entonces llegó el golpe definitivo.
Denys murió en un accidente de avión cerca del parque de Tsavo.
Karen quedó destrozada.
Lo enterró en las colinas de Ngong, el lugar que ambos habían amado, bajo aquel paisaje africano que ya estaba a punto de perder para siempre.
Poco después regresó a Dinamarca.
Tenía 46 años.
Estaba enferma.
Había perdido su fortuna.
Había perdido África.
Había perdido al hombre que amaba.Y ahí podría haber terminado la historia.
Pero en realidad fue entonces cuando empezó la parte por la que el mundo todavía la recuerda.
Karen comenzó a escribir seriamente.
Usando el seudónimo Isak Dinesen publicó “Memorias de África” en 1937.
Y el libro no se parecía a unas memorias normales.
No era un simple diario de aventuras coloniales.Era un libro lleno de nostalgia, duelo y amor por un mundo desaparecido.
Karen escribía como alguien intentando conservar un lugar que ya no existe.
Y por eso la primera frase quedó grabada para siempre en la historia de la literatura:
“Yo tenía una granja en África, al pie de las colinas de Ngong.”
No dice “tengo”.
Dice “tenía”.Porque cuando empezó a escribirlo, ya lo había perdido todo.
Después siguió publicando relatos y cuentos que la convirtieron en una autora admirada en todo el mundo.
Incluso llegó a sonar varias veces para el Premio Nobel de Literatura.Pero nunca volvió a encontrar algo parecido a la vida que había tenido en Kenia.
Y quizá por eso “Memorias de África” sigue emocionando tanto hoy:
porque no habla solo de amor.
Habla de cómo algunas personas pasan por un lugar, por una época o por una vida concreta… sabiendo en el fondo que no podrán conservarla para siempre.▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣
https://www.youtube.com/watch?v=imkMgjgRoEI
#karenblixen #memoriasdeafrica #isakdinesen #historia #literatura #africa #kenia #cine #merylstreep #robertredford #historiasreales #sigloxx #libros #curiosidades #biografias #amor #escritores #peliculasclasicas #culturageneral
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🧿 𝑳𝒂 𝒎𝒖𝒋𝒆𝒓 𝒒𝒖𝒆 𝒑𝒆𝒓𝒅𝒊𝒐́ 𝑨́𝒇𝒓𝒊𝒄𝒂 🧿
Karen Blixen enterró al hombre que amaba en las colinas africanas, perdió su granja, regresó enferma y arruinada a Dinamarca… y aun así terminó escribiendo una de las obras más bellas y melancólicas del siglo XX.
Su vida parece inventada por un novelista, pero ocurrió de verdad.
Karen nació en Dinamarca en 1885, dentro de una familia rica y aristocrática donde se esperaba que una mujer fuese correcta, elegante y silenciosa.
Pero ella tenía otro carácter.
Le gustaba escribir, dibujar, imaginar vidas distintas y sentía una enorme necesidad de escapar de aquel mundo tan rígido.A los 28 años se casó con el barón Bror von Blixen-Finecke y se marchó al África Oriental Británica, la actual Kenia.
Y aquí empieza una de las historias más conocidas y tristes de la literatura moderna.
Porque el matrimonio nunca fue realmente feliz.
De hecho, Karen había estado enamorada durante años del hermano gemelo de Bror.
Casarse con él fue también una forma de huir de Europa y empezar otra vida lejos de todo.En 1914 llegaron a Kenia convencidos de que una plantación de café los haría ricos.
Compraron tierras cerca de las colinas de Ngong, en un paisaje que Karen describiría después casi como un lugar mítico.Pero el sueño empezó a romperse enseguida.
La tierra no era buena para el café.
Las lluvias eran imprevisibles.
Las deudas crecían.
Y Bror desaparecía constantemente para irse de safari, de fiestas o con otras mujeres.Mientras él llevaba una vida despreocupada, Karen se quedaba gestionando absolutamente todo: trabajadores, cuentas, cosechas, animales, enfermedades y problemas económicos.
Y entonces llegó algo todavía peor.
Karen enfermó de sífilis, probablemente contagiada por su marido.
En aquella época el tratamiento era durísimo.
Le administraron mercurio y compuestos de arsénico, terapias peligrosas que dejaban secuelas físicas muy serias.Durante años sufrió dolores crónicos, debilidad y problemas de salud que nunca terminarían de desaparecer.
El matrimonio acabó destruido.
Pero ella no abandonó África.
Porque para entonces ya estaba profundamente enamorada de aquella tierra.
Y poco después apareció Denys Finch Hatton.
Ahí es donde la historia cambia por completo.
Denys era cazador, piloto, aventurero y un hombre muy distinto a Bror. Culto, refinado, amante de la literatura y de la vida salvaje africana. Karen encontró en él algo que no había tenido nunca: conexión intelectual y emocional.
Pero Denys tenía un problema imposible de resolver:
no quería pertenecer a nadie.No creía en el matrimonio, en las rutinas ni en las promesas eternas.
Desaparecía durante meses, recorría la sabana, cazaba, viajaba… y luego volvía junto a Karen como si el tiempo no hubiera pasado.Ella quería estabilidad.
Él quería libertad.Y aun así se amaron durante años.
Las escenas que Karen describió después parecen sacadas de una película romántica clásica: vuelos sobre la sabana al amanecer, lecturas de poesía bajo las estrellas, cenas improvisadas en mitad de África, conversaciones eternas mientras sonaba Mozart en un gramófono.
Y sí, toda esa historia acabaría inspirando la película “Memorias de África” de 1985, con Meryl Streep interpretando a Karen y Robert Redford a Denys Finch Hatton.
La película convirtió su historia en leyenda mundial y ganó siete premios Óscar, incluido Mejor Película.
Pero la realidad fue bastante más dura y amarga que la versión romántica de Hollywood.
A finales de los años veinte la plantación estaba prácticamente arruinada.
El precio del café cayó, las cosechas fueron malas y Karen acumulaba deudas imposibles de pagar.Intentó salvar la granja desesperadamente.
Vendió cosas.
Pidió préstamos.
Redujo gastos.
Luchó hasta el final.No sirvió de nada.
En 1931 tuvo que abandonarlo todo.
Y justo entonces llegó el golpe definitivo.
Denys murió en un accidente de avión cerca del parque de Tsavo.
Karen quedó destrozada.
Lo enterró en las colinas de Ngong, el lugar que ambos habían amado, bajo aquel paisaje africano que ya estaba a punto de perder para siempre.
Poco después regresó a Dinamarca.
Tenía 46 años.
Estaba enferma.
Había perdido su fortuna.
Había perdido África.
Había perdido al hombre que amaba.Y ahí podría haber terminado la historia.
Pero en realidad fue entonces cuando empezó la parte por la que el mundo todavía la recuerda.
Karen comenzó a escribir seriamente.
Usando el seudónimo Isak Dinesen publicó “Memorias de África” en 1937.
Y el libro no se parecía a unas memorias normales.
No era un simple diario de aventuras coloniales.Era un libro lleno de nostalgia, duelo y amor por un mundo desaparecido.
Karen escribía como alguien intentando conservar un lugar que ya no existe.
Y por eso la primera frase quedó grabada para siempre en la historia de la literatura:
“Yo tenía una granja en África, al pie de las colinas de Ngong.”
No dice “tengo”.
Dice “tenía”.Porque cuando empezó a escribirlo, ya lo había perdido todo.
Después siguió publicando relatos y cuentos que la convirtieron en una autora admirada en todo el mundo.
Incluso llegó a sonar varias veces para el Premio Nobel de Literatura.Pero nunca volvió a encontrar algo parecido a la vida que había tenido en Kenia.
Y quizá por eso “Memorias de África” sigue emocionando tanto hoy:
porque no habla solo de amor.
Habla de cómo algunas personas pasan por un lugar, por una época o por una vida concreta… sabiendo en el fondo que no podrán conservarla para siempre.▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣
https://www.youtube.com/watch?v=imkMgjgRoEI
#karenblixen #memoriasdeafrica #isakdinesen #historia #literatura #africa #kenia #cine #merylstreep #robertredford #historiasreales #sigloxx #libros #curiosidades #biografias #amor #escritores #peliculasclasicas #culturageneral
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🧿 𝑳𝒂 𝒎𝒖𝒋𝒆𝒓 𝒒𝒖𝒆 𝒑𝒆𝒓𝒅𝒊𝒐́ 𝑨́𝒇𝒓𝒊𝒄𝒂 🧿
Karen Blixen enterró al hombre que amaba en las colinas africanas, perdió su granja, regresó enferma y arruinada a Dinamarca… y aun así terminó escribiendo una de las obras más bellas y melancólicas del siglo XX.
Su vida parece inventada por un novelista, pero ocurrió de verdad.
Karen nació en Dinamarca en 1885, dentro de una familia rica y aristocrática donde se esperaba que una mujer fuese correcta, elegante y silenciosa.
Pero ella tenía otro carácter.
Le gustaba escribir, dibujar, imaginar vidas distintas y sentía una enorme necesidad de escapar de aquel mundo tan rígido.A los 28 años se casó con el barón Bror von Blixen-Finecke y se marchó al África Oriental Británica, la actual Kenia.
Y aquí empieza una de las historias más conocidas y tristes de la literatura moderna.
Porque el matrimonio nunca fue realmente feliz.
De hecho, Karen había estado enamorada durante años del hermano gemelo de Bror.
Casarse con él fue también una forma de huir de Europa y empezar otra vida lejos de todo.En 1914 llegaron a Kenia convencidos de que una plantación de café los haría ricos.
Compraron tierras cerca de las colinas de Ngong, en un paisaje que Karen describiría después casi como un lugar mítico.Pero el sueño empezó a romperse enseguida.
La tierra no era buena para el café.
Las lluvias eran imprevisibles.
Las deudas crecían.
Y Bror desaparecía constantemente para irse de safari, de fiestas o con otras mujeres.Mientras él llevaba una vida despreocupada, Karen se quedaba gestionando absolutamente todo: trabajadores, cuentas, cosechas, animales, enfermedades y problemas económicos.
Y entonces llegó algo todavía peor.
Karen enfermó de sífilis, probablemente contagiada por su marido.
En aquella época el tratamiento era durísimo.
Le administraron mercurio y compuestos de arsénico, terapias peligrosas que dejaban secuelas físicas muy serias.Durante años sufrió dolores crónicos, debilidad y problemas de salud que nunca terminarían de desaparecer.
El matrimonio acabó destruido.
Pero ella no abandonó África.
Porque para entonces ya estaba profundamente enamorada de aquella tierra.
Y poco después apareció Denys Finch Hatton.
Ahí es donde la historia cambia por completo.
Denys era cazador, piloto, aventurero y un hombre muy distinto a Bror. Culto, refinado, amante de la literatura y de la vida salvaje africana. Karen encontró en él algo que no había tenido nunca: conexión intelectual y emocional.
Pero Denys tenía un problema imposible de resolver:
no quería pertenecer a nadie.No creía en el matrimonio, en las rutinas ni en las promesas eternas.
Desaparecía durante meses, recorría la sabana, cazaba, viajaba… y luego volvía junto a Karen como si el tiempo no hubiera pasado.Ella quería estabilidad.
Él quería libertad.Y aun así se amaron durante años.
Las escenas que Karen describió después parecen sacadas de una película romántica clásica: vuelos sobre la sabana al amanecer, lecturas de poesía bajo las estrellas, cenas improvisadas en mitad de África, conversaciones eternas mientras sonaba Mozart en un gramófono.
Y sí, toda esa historia acabaría inspirando la película “Memorias de África” de 1985, con Meryl Streep interpretando a Karen y Robert Redford a Denys Finch Hatton.
La película convirtió su historia en leyenda mundial y ganó siete premios Óscar, incluido Mejor Película.
Pero la realidad fue bastante más dura y amarga que la versión romántica de Hollywood.
A finales de los años veinte la plantación estaba prácticamente arruinada.
El precio del café cayó, las cosechas fueron malas y Karen acumulaba deudas imposibles de pagar.Intentó salvar la granja desesperadamente.
Vendió cosas.
Pidió préstamos.
Redujo gastos.
Luchó hasta el final.No sirvió de nada.
En 1931 tuvo que abandonarlo todo.
Y justo entonces llegó el golpe definitivo.
Denys murió en un accidente de avión cerca del parque de Tsavo.
Karen quedó destrozada.
Lo enterró en las colinas de Ngong, el lugar que ambos habían amado, bajo aquel paisaje africano que ya estaba a punto de perder para siempre.
Poco después regresó a Dinamarca.
Tenía 46 años.
Estaba enferma.
Había perdido su fortuna.
Había perdido África.
Había perdido al hombre que amaba.Y ahí podría haber terminado la historia.
Pero en realidad fue entonces cuando empezó la parte por la que el mundo todavía la recuerda.
Karen comenzó a escribir seriamente.
Usando el seudónimo Isak Dinesen publicó “Memorias de África” en 1937.
Y el libro no se parecía a unas memorias normales.
No era un simple diario de aventuras coloniales.Era un libro lleno de nostalgia, duelo y amor por un mundo desaparecido.
Karen escribía como alguien intentando conservar un lugar que ya no existe.
Y por eso la primera frase quedó grabada para siempre en la historia de la literatura:
“Yo tenía una granja en África, al pie de las colinas de Ngong.”
No dice “tengo”.
Dice “tenía”.Porque cuando empezó a escribirlo, ya lo había perdido todo.
Después siguió publicando relatos y cuentos que la convirtieron en una autora admirada en todo el mundo.
Incluso llegó a sonar varias veces para el Premio Nobel de Literatura.Pero nunca volvió a encontrar algo parecido a la vida que había tenido en Kenia.
Y quizá por eso “Memorias de África” sigue emocionando tanto hoy:
porque no habla solo de amor.
Habla de cómo algunas personas pasan por un lugar, por una época o por una vida concreta… sabiendo en el fondo que no podrán conservarla para siempre.▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣
https://www.youtube.com/watch?v=imkMgjgRoEI
#karenblixen #memoriasdeafrica #isakdinesen #historia #literatura #africa #kenia #cine #merylstreep #robertredford #historiasreales #sigloxx #libros #curiosidades #biografias #amor #escritores #peliculasclasicas #culturageneral
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🧿 𝑳𝒂 𝒎𝒖𝒋𝒆𝒓 𝒒𝒖𝒆 𝒑𝒆𝒓𝒅𝒊𝒐́ 𝑨́𝒇𝒓𝒊𝒄𝒂 🧿
Karen Blixen enterró al hombre que amaba en las colinas africanas, perdió su granja, regresó enferma y arruinada a Dinamarca… y aun así terminó escribiendo una de las obras más bellas y melancólicas del siglo XX.
Su vida parece inventada por un novelista, pero ocurrió de verdad.
Karen nació en Dinamarca en 1885, dentro de una familia rica y aristocrática donde se esperaba que una mujer fuese correcta, elegante y silenciosa.
Pero ella tenía otro carácter.
Le gustaba escribir, dibujar, imaginar vidas distintas y sentía una enorme necesidad de escapar de aquel mundo tan rígido.A los 28 años se casó con el barón Bror von Blixen-Finecke y se marchó al África Oriental Británica, la actual Kenia.
Y aquí empieza una de las historias más conocidas y tristes de la literatura moderna.
Porque el matrimonio nunca fue realmente feliz.
De hecho, Karen había estado enamorada durante años del hermano gemelo de Bror.
Casarse con él fue también una forma de huir de Europa y empezar otra vida lejos de todo.En 1914 llegaron a Kenia convencidos de que una plantación de café los haría ricos.
Compraron tierras cerca de las colinas de Ngong, en un paisaje que Karen describiría después casi como un lugar mítico.Pero el sueño empezó a romperse enseguida.
La tierra no era buena para el café.
Las lluvias eran imprevisibles.
Las deudas crecían.
Y Bror desaparecía constantemente para irse de safari, de fiestas o con otras mujeres.Mientras él llevaba una vida despreocupada, Karen se quedaba gestionando absolutamente todo: trabajadores, cuentas, cosechas, animales, enfermedades y problemas económicos.
Y entonces llegó algo todavía peor.
Karen enfermó de sífilis, probablemente contagiada por su marido.
En aquella época el tratamiento era durísimo.
Le administraron mercurio y compuestos de arsénico, terapias peligrosas que dejaban secuelas físicas muy serias.Durante años sufrió dolores crónicos, debilidad y problemas de salud que nunca terminarían de desaparecer.
El matrimonio acabó destruido.
Pero ella no abandonó África.
Porque para entonces ya estaba profundamente enamorada de aquella tierra.
Y poco después apareció Denys Finch Hatton.
Ahí es donde la historia cambia por completo.
Denys era cazador, piloto, aventurero y un hombre muy distinto a Bror. Culto, refinado, amante de la literatura y de la vida salvaje africana. Karen encontró en él algo que no había tenido nunca: conexión intelectual y emocional.
Pero Denys tenía un problema imposible de resolver:
no quería pertenecer a nadie.No creía en el matrimonio, en las rutinas ni en las promesas eternas.
Desaparecía durante meses, recorría la sabana, cazaba, viajaba… y luego volvía junto a Karen como si el tiempo no hubiera pasado.Ella quería estabilidad.
Él quería libertad.Y aun así se amaron durante años.
Las escenas que Karen describió después parecen sacadas de una película romántica clásica: vuelos sobre la sabana al amanecer, lecturas de poesía bajo las estrellas, cenas improvisadas en mitad de África, conversaciones eternas mientras sonaba Mozart en un gramófono.
Y sí, toda esa historia acabaría inspirando la película “Memorias de África” de 1985, con Meryl Streep interpretando a Karen y Robert Redford a Denys Finch Hatton.
La película convirtió su historia en leyenda mundial y ganó siete premios Óscar, incluido Mejor Película.
Pero la realidad fue bastante más dura y amarga que la versión romántica de Hollywood.
A finales de los años veinte la plantación estaba prácticamente arruinada.
El precio del café cayó, las cosechas fueron malas y Karen acumulaba deudas imposibles de pagar.Intentó salvar la granja desesperadamente.
Vendió cosas.
Pidió préstamos.
Redujo gastos.
Luchó hasta el final.No sirvió de nada.
En 1931 tuvo que abandonarlo todo.
Y justo entonces llegó el golpe definitivo.
Denys murió en un accidente de avión cerca del parque de Tsavo.
Karen quedó destrozada.
Lo enterró en las colinas de Ngong, el lugar que ambos habían amado, bajo aquel paisaje africano que ya estaba a punto de perder para siempre.
Poco después regresó a Dinamarca.
Tenía 46 años.
Estaba enferma.
Había perdido su fortuna.
Había perdido África.
Había perdido al hombre que amaba.Y ahí podría haber terminado la historia.
Pero en realidad fue entonces cuando empezó la parte por la que el mundo todavía la recuerda.
Karen comenzó a escribir seriamente.
Usando el seudónimo Isak Dinesen publicó “Memorias de África” en 1937.
Y el libro no se parecía a unas memorias normales.
No era un simple diario de aventuras coloniales.Era un libro lleno de nostalgia, duelo y amor por un mundo desaparecido.
Karen escribía como alguien intentando conservar un lugar que ya no existe.
Y por eso la primera frase quedó grabada para siempre en la historia de la literatura:
“Yo tenía una granja en África, al pie de las colinas de Ngong.”
No dice “tengo”.
Dice “tenía”.Porque cuando empezó a escribirlo, ya lo había perdido todo.
Después siguió publicando relatos y cuentos que la convirtieron en una autora admirada en todo el mundo.
Incluso llegó a sonar varias veces para el Premio Nobel de Literatura.Pero nunca volvió a encontrar algo parecido a la vida que había tenido en Kenia.
Y quizá por eso “Memorias de África” sigue emocionando tanto hoy:
porque no habla solo de amor.
Habla de cómo algunas personas pasan por un lugar, por una época o por una vida concreta… sabiendo en el fondo que no podrán conservarla para siempre.▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣
https://www.youtube.com/watch?v=imkMgjgRoEI
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