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  1. 🧿 𝑻𝒓𝒆𝒔 𝒉𝒐𝒓𝒂𝒔 𝒄𝒐𝒏 𝒖𝒏 𝒐𝒓𝒂𝒏𝒈𝒖𝒕𝒂́𝒏 🧿

    En lo profundo de la selva de Borneo, el conservacionista Willie Smits vivió uno de esos momentos en los que todo depende de mantener la cabeza fría.

    Un orangután macho, enorme, lo sujetó del brazo.
    No hubo gritos, ni ataques directos.
    Solo fuerza.
    Una fuerza abrumadora.
    Durante tres horas.

    Smits sabía perfectamente dónde estaba metido.
    Un orangután puede tener la fuerza de cinco o siete hombres adultos.
    Si el animal hubiera querido, habría terminado todo en segundos.
    Pero no lo hizo.
    Lo mantuvo inmovilizado, en una especie de pulso silencioso.

    Y ahí es donde entra lo que realmente le salvó: la psicología.

    No lo miró a los ojos.
    No se resistió.
    No intentó zafarse con brusquedad.
    En el mundo de los grandes simios, una mirada directa es un desafío.
    Un gesto mal interpretado puede encender la agresividad.
    Smits, con sangre fría, decidió no jugar a ese juego.

    Aguantó.

    Tres horas después, el animal lo soltó.
    Sin más.
    Se dio la vuelta y se alejó.

    No fue un “ataque” como solemos imaginar.
    Fue otra cosa.
    Una demostración de poder, de control, quizá incluso de curiosidad o desconfianza.
    Y también una prueba de algo que a menudo olvidamos: estos animales no son máquinas de reaccionar, tienen una complejidad emocional y conductual enorme.

    Smits no estaba allí por casualidad.
    Llevaba años luchando contra la destrucción de la selva por la industria del aceite de palma.
    Rescatando orangutanes, rehabilitándolos, devolviéndolos a un entorno que, en muchos casos, ya no existía.

    Su trabajo va mucho más allá de ese episodio.

    Fundó la Borneo Orangutan Survival Foundation en 1991, una de las mayores organizaciones de rescate de primates del mundo.
    También creó la Fundación Masarang, centrada en trabajar con comunidades locales para ofrecer alternativas económicas sostenibles.

    Pero su proyecto más conocido es Samboja Lestari.
    Allí consiguió algo que parecía imposible: transformar un terreno devastado, prácticamente un desierto de pasto quemado, en una selva tropical viva.
    No solo plantó árboles.
    Cambió el microclima.
    Volvió la lluvia.
    Regresaron los animales.

    Eso no se hace en un laboratorio.
    Se hace sobre el terreno, enfrentándote a todo: clima, enfermedades, intereses económicos… y a veces, como en ese caso, a animales salvajes que no olvidan lo que les han hecho los humanos.

    Su vida no ha sido precisamente cómoda.
    Ha recibido amenazas de muerte por enfrentarse a la tala ilegal y al negocio del aceite de palma.
    Ha enfermado gravemente, incluso necesitando quimioterapia por infecciones parasitarias contraídas durante rescates.

    Y aun así, sigue.

    A sus casi 70 años, continúa trabajando desde Sulawesi, colaborando con tecnología satelital para vigilar la deforestación, asesorando al gobierno indonesio y ampliando proyectos que ya abarcan millones de acres.

    Hay una comparación que encaja bien aquí: su relación con los orangutanes recuerda, en cierto modo, a la de Jane Goodall con los chimpancés o Dian Fossey con los gorilas.
    Personas que entendieron algo básico: cuando entras en ese mundo, eres tú el que tiene que adaptarse.

    Y quizá ese momento, con el brazo atrapado y sin margen de error, resume todo su trabajo mejor que cualquier premio.

    No ganó por ser más fuerte.
    Ganó por entender dónde estaba.

    ▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣

    #historiareal #naturaleza #orangutanes #borneo #conservacion #medioambiente #supervivencia #curiosidades #ecologia

  2. 🧿 𝑻𝒓𝒆𝒔 𝒉𝒐𝒓𝒂𝒔 𝒄𝒐𝒏 𝒖𝒏 𝒐𝒓𝒂𝒏𝒈𝒖𝒕𝒂́𝒏 🧿

    En lo profundo de la selva de Borneo, el conservacionista Willie Smits vivió uno de esos momentos en los que todo depende de mantener la cabeza fría.

    Un orangután macho, enorme, lo sujetó del brazo.
    No hubo gritos, ni ataques directos.
    Solo fuerza.
    Una fuerza abrumadora.
    Durante tres horas.

    Smits sabía perfectamente dónde estaba metido.
    Un orangután puede tener la fuerza de cinco o siete hombres adultos.
    Si el animal hubiera querido, habría terminado todo en segundos.
    Pero no lo hizo.
    Lo mantuvo inmovilizado, en una especie de pulso silencioso.

    Y ahí es donde entra lo que realmente le salvó: la psicología.

    No lo miró a los ojos.
    No se resistió.
    No intentó zafarse con brusquedad.
    En el mundo de los grandes simios, una mirada directa es un desafío.
    Un gesto mal interpretado puede encender la agresividad.
    Smits, con sangre fría, decidió no jugar a ese juego.

    Aguantó.

    Tres horas después, el animal lo soltó.
    Sin más.
    Se dio la vuelta y se alejó.

    No fue un “ataque” como solemos imaginar.
    Fue otra cosa.
    Una demostración de poder, de control, quizá incluso de curiosidad o desconfianza.
    Y también una prueba de algo que a menudo olvidamos: estos animales no son máquinas de reaccionar, tienen una complejidad emocional y conductual enorme.

    Smits no estaba allí por casualidad.
    Llevaba años luchando contra la destrucción de la selva por la industria del aceite de palma.
    Rescatando orangutanes, rehabilitándolos, devolviéndolos a un entorno que, en muchos casos, ya no existía.

    Su trabajo va mucho más allá de ese episodio.

    Fundó la Borneo Orangutan Survival Foundation en 1991, una de las mayores organizaciones de rescate de primates del mundo.
    También creó la Fundación Masarang, centrada en trabajar con comunidades locales para ofrecer alternativas económicas sostenibles.

    Pero su proyecto más conocido es Samboja Lestari.
    Allí consiguió algo que parecía imposible: transformar un terreno devastado, prácticamente un desierto de pasto quemado, en una selva tropical viva.
    No solo plantó árboles.
    Cambió el microclima.
    Volvió la lluvia.
    Regresaron los animales.

    Eso no se hace en un laboratorio.
    Se hace sobre el terreno, enfrentándote a todo: clima, enfermedades, intereses económicos… y a veces, como en ese caso, a animales salvajes que no olvidan lo que les han hecho los humanos.

    Su vida no ha sido precisamente cómoda.
    Ha recibido amenazas de muerte por enfrentarse a la tala ilegal y al negocio del aceite de palma.
    Ha enfermado gravemente, incluso necesitando quimioterapia por infecciones parasitarias contraídas durante rescates.

    Y aun así, sigue.

    A sus casi 70 años, continúa trabajando desde Sulawesi, colaborando con tecnología satelital para vigilar la deforestación, asesorando al gobierno indonesio y ampliando proyectos que ya abarcan millones de acres.

    Hay una comparación que encaja bien aquí: su relación con los orangutanes recuerda, en cierto modo, a la de Jane Goodall con los chimpancés o Dian Fossey con los gorilas.
    Personas que entendieron algo básico: cuando entras en ese mundo, eres tú el que tiene que adaptarse.

    Y quizá ese momento, con el brazo atrapado y sin margen de error, resume todo su trabajo mejor que cualquier premio.

    No ganó por ser más fuerte.
    Ganó por entender dónde estaba.

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    #historiareal #naturaleza #orangutanes #borneo #conservacion #medioambiente #supervivencia #curiosidades #ecologia

  3. 🧿 𝑻𝒓𝒆𝒔 𝒉𝒐𝒓𝒂𝒔 𝒄𝒐𝒏 𝒖𝒏 𝒐𝒓𝒂𝒏𝒈𝒖𝒕𝒂́𝒏 🧿

    En lo profundo de la selva de Borneo, el conservacionista Willie Smits vivió uno de esos momentos en los que todo depende de mantener la cabeza fría.

    Un orangután macho, enorme, lo sujetó del brazo.
    No hubo gritos, ni ataques directos.
    Solo fuerza.
    Una fuerza abrumadora.
    Durante tres horas.

    Smits sabía perfectamente dónde estaba metido.
    Un orangután puede tener la fuerza de cinco o siete hombres adultos.
    Si el animal hubiera querido, habría terminado todo en segundos.
    Pero no lo hizo.
    Lo mantuvo inmovilizado, en una especie de pulso silencioso.

    Y ahí es donde entra lo que realmente le salvó: la psicología.

    No lo miró a los ojos.
    No se resistió.
    No intentó zafarse con brusquedad.
    En el mundo de los grandes simios, una mirada directa es un desafío.
    Un gesto mal interpretado puede encender la agresividad.
    Smits, con sangre fría, decidió no jugar a ese juego.

    Aguantó.

    Tres horas después, el animal lo soltó.
    Sin más.
    Se dio la vuelta y se alejó.

    No fue un “ataque” como solemos imaginar.
    Fue otra cosa.
    Una demostración de poder, de control, quizá incluso de curiosidad o desconfianza.
    Y también una prueba de algo que a menudo olvidamos: estos animales no son máquinas de reaccionar, tienen una complejidad emocional y conductual enorme.

    Smits no estaba allí por casualidad.
    Llevaba años luchando contra la destrucción de la selva por la industria del aceite de palma.
    Rescatando orangutanes, rehabilitándolos, devolviéndolos a un entorno que, en muchos casos, ya no existía.

    Su trabajo va mucho más allá de ese episodio.

    Fundó la Borneo Orangutan Survival Foundation en 1991, una de las mayores organizaciones de rescate de primates del mundo.
    También creó la Fundación Masarang, centrada en trabajar con comunidades locales para ofrecer alternativas económicas sostenibles.

    Pero su proyecto más conocido es Samboja Lestari.
    Allí consiguió algo que parecía imposible: transformar un terreno devastado, prácticamente un desierto de pasto quemado, en una selva tropical viva.
    No solo plantó árboles.
    Cambió el microclima.
    Volvió la lluvia.
    Regresaron los animales.

    Eso no se hace en un laboratorio.
    Se hace sobre el terreno, enfrentándote a todo: clima, enfermedades, intereses económicos… y a veces, como en ese caso, a animales salvajes que no olvidan lo que les han hecho los humanos.

    Su vida no ha sido precisamente cómoda.
    Ha recibido amenazas de muerte por enfrentarse a la tala ilegal y al negocio del aceite de palma.
    Ha enfermado gravemente, incluso necesitando quimioterapia por infecciones parasitarias contraídas durante rescates.

    Y aun así, sigue.

    A sus casi 70 años, continúa trabajando desde Sulawesi, colaborando con tecnología satelital para vigilar la deforestación, asesorando al gobierno indonesio y ampliando proyectos que ya abarcan millones de acres.

    Hay una comparación que encaja bien aquí: su relación con los orangutanes recuerda, en cierto modo, a la de Jane Goodall con los chimpancés o Dian Fossey con los gorilas.
    Personas que entendieron algo básico: cuando entras en ese mundo, eres tú el que tiene que adaptarse.

    Y quizá ese momento, con el brazo atrapado y sin margen de error, resume todo su trabajo mejor que cualquier premio.

    No ganó por ser más fuerte.
    Ganó por entender dónde estaba.

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    #historiareal #naturaleza #orangutanes #borneo #conservacion #medioambiente #supervivencia #curiosidades #ecologia

  4. 🧿 𝑻𝒓𝒆𝒔 𝒉𝒐𝒓𝒂𝒔 𝒄𝒐𝒏 𝒖𝒏 𝒐𝒓𝒂𝒏𝒈𝒖𝒕𝒂́𝒏 🧿

    En lo profundo de la selva de Borneo, el conservacionista Willie Smits vivió uno de esos momentos en los que todo depende de mantener la cabeza fría.

    Un orangután macho, enorme, lo sujetó del brazo.
    No hubo gritos, ni ataques directos.
    Solo fuerza.
    Una fuerza abrumadora.
    Durante tres horas.

    Smits sabía perfectamente dónde estaba metido.
    Un orangután puede tener la fuerza de cinco o siete hombres adultos.
    Si el animal hubiera querido, habría terminado todo en segundos.
    Pero no lo hizo.
    Lo mantuvo inmovilizado, en una especie de pulso silencioso.

    Y ahí es donde entra lo que realmente le salvó: la psicología.

    No lo miró a los ojos.
    No se resistió.
    No intentó zafarse con brusquedad.
    En el mundo de los grandes simios, una mirada directa es un desafío.
    Un gesto mal interpretado puede encender la agresividad.
    Smits, con sangre fría, decidió no jugar a ese juego.

    Aguantó.

    Tres horas después, el animal lo soltó.
    Sin más.
    Se dio la vuelta y se alejó.

    No fue un “ataque” como solemos imaginar.
    Fue otra cosa.
    Una demostración de poder, de control, quizá incluso de curiosidad o desconfianza.
    Y también una prueba de algo que a menudo olvidamos: estos animales no son máquinas de reaccionar, tienen una complejidad emocional y conductual enorme.

    Smits no estaba allí por casualidad.
    Llevaba años luchando contra la destrucción de la selva por la industria del aceite de palma.
    Rescatando orangutanes, rehabilitándolos, devolviéndolos a un entorno que, en muchos casos, ya no existía.

    Su trabajo va mucho más allá de ese episodio.

    Fundó la Borneo Orangutan Survival Foundation en 1991, una de las mayores organizaciones de rescate de primates del mundo.
    También creó la Fundación Masarang, centrada en trabajar con comunidades locales para ofrecer alternativas económicas sostenibles.

    Pero su proyecto más conocido es Samboja Lestari.
    Allí consiguió algo que parecía imposible: transformar un terreno devastado, prácticamente un desierto de pasto quemado, en una selva tropical viva.
    No solo plantó árboles.
    Cambió el microclima.
    Volvió la lluvia.
    Regresaron los animales.

    Eso no se hace en un laboratorio.
    Se hace sobre el terreno, enfrentándote a todo: clima, enfermedades, intereses económicos… y a veces, como en ese caso, a animales salvajes que no olvidan lo que les han hecho los humanos.

    Su vida no ha sido precisamente cómoda.
    Ha recibido amenazas de muerte por enfrentarse a la tala ilegal y al negocio del aceite de palma.
    Ha enfermado gravemente, incluso necesitando quimioterapia por infecciones parasitarias contraídas durante rescates.

    Y aun así, sigue.

    A sus casi 70 años, continúa trabajando desde Sulawesi, colaborando con tecnología satelital para vigilar la deforestación, asesorando al gobierno indonesio y ampliando proyectos que ya abarcan millones de acres.

    Hay una comparación que encaja bien aquí: su relación con los orangutanes recuerda, en cierto modo, a la de Jane Goodall con los chimpancés o Dian Fossey con los gorilas.
    Personas que entendieron algo básico: cuando entras en ese mundo, eres tú el que tiene que adaptarse.

    Y quizá ese momento, con el brazo atrapado y sin margen de error, resume todo su trabajo mejor que cualquier premio.

    No ganó por ser más fuerte.
    Ganó por entender dónde estaba.

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    #historiareal #naturaleza #orangutanes #borneo #conservacion #medioambiente #supervivencia #curiosidades #ecologia

  5. 🧿 𝑻𝒓𝒆𝒔 𝒉𝒐𝒓𝒂𝒔 𝒄𝒐𝒏 𝒖𝒏 𝒐𝒓𝒂𝒏𝒈𝒖𝒕𝒂́𝒏 🧿

    En lo profundo de la selva de Borneo, el conservacionista Willie Smits vivió uno de esos momentos en los que todo depende de mantener la cabeza fría.

    Un orangután macho, enorme, lo sujetó del brazo.
    No hubo gritos, ni ataques directos.
    Solo fuerza.
    Una fuerza abrumadora.
    Durante tres horas.

    Smits sabía perfectamente dónde estaba metido.
    Un orangután puede tener la fuerza de cinco o siete hombres adultos.
    Si el animal hubiera querido, habría terminado todo en segundos.
    Pero no lo hizo.
    Lo mantuvo inmovilizado, en una especie de pulso silencioso.

    Y ahí es donde entra lo que realmente le salvó: la psicología.

    No lo miró a los ojos.
    No se resistió.
    No intentó zafarse con brusquedad.
    En el mundo de los grandes simios, una mirada directa es un desafío.
    Un gesto mal interpretado puede encender la agresividad.
    Smits, con sangre fría, decidió no jugar a ese juego.

    Aguantó.

    Tres horas después, el animal lo soltó.
    Sin más.
    Se dio la vuelta y se alejó.

    No fue un “ataque” como solemos imaginar.
    Fue otra cosa.
    Una demostración de poder, de control, quizá incluso de curiosidad o desconfianza.
    Y también una prueba de algo que a menudo olvidamos: estos animales no son máquinas de reaccionar, tienen una complejidad emocional y conductual enorme.

    Smits no estaba allí por casualidad.
    Llevaba años luchando contra la destrucción de la selva por la industria del aceite de palma.
    Rescatando orangutanes, rehabilitándolos, devolviéndolos a un entorno que, en muchos casos, ya no existía.

    Su trabajo va mucho más allá de ese episodio.

    Fundó la Borneo Orangutan Survival Foundation en 1991, una de las mayores organizaciones de rescate de primates del mundo.
    También creó la Fundación Masarang, centrada en trabajar con comunidades locales para ofrecer alternativas económicas sostenibles.

    Pero su proyecto más conocido es Samboja Lestari.
    Allí consiguió algo que parecía imposible: transformar un terreno devastado, prácticamente un desierto de pasto quemado, en una selva tropical viva.
    No solo plantó árboles.
    Cambió el microclima.
    Volvió la lluvia.
    Regresaron los animales.

    Eso no se hace en un laboratorio.
    Se hace sobre el terreno, enfrentándote a todo: clima, enfermedades, intereses económicos… y a veces, como en ese caso, a animales salvajes que no olvidan lo que les han hecho los humanos.

    Su vida no ha sido precisamente cómoda.
    Ha recibido amenazas de muerte por enfrentarse a la tala ilegal y al negocio del aceite de palma.
    Ha enfermado gravemente, incluso necesitando quimioterapia por infecciones parasitarias contraídas durante rescates.

    Y aun así, sigue.

    A sus casi 70 años, continúa trabajando desde Sulawesi, colaborando con tecnología satelital para vigilar la deforestación, asesorando al gobierno indonesio y ampliando proyectos que ya abarcan millones de acres.

    Hay una comparación que encaja bien aquí: su relación con los orangutanes recuerda, en cierto modo, a la de Jane Goodall con los chimpancés o Dian Fossey con los gorilas.
    Personas que entendieron algo básico: cuando entras en ese mundo, eres tú el que tiene que adaptarse.

    Y quizá ese momento, con el brazo atrapado y sin margen de error, resume todo su trabajo mejor que cualquier premio.

    No ganó por ser más fuerte.
    Ganó por entender dónde estaba.

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    #historiareal #naturaleza #orangutanes #borneo #conservacion #medioambiente #supervivencia #curiosidades #ecologia

  6. De potreros a bosques: ganaderos de Guanacaste se adentran en el negocio de los bonos de carbono

    (Unite a nuestro canal de WhatsApp y recibí las noticias directo en tu cel). Un grupo de mujeres trabaja desde muy temprano en un vivero en Hojancha, entre el calor … Leer más
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    #BonosDeCarbono #Ciencia #Conservación #Ganadería #Hojancha #MedioAmbiente #Reforestacion

    vozdeguanacaste.com/de-potrero

  7. Interview with Alejandro Beneit, General Manager of BIOPARC Aquarium of Gijón
    “Zoos and aquariums (…) we must lead in animal welfare and conservation.”

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    🐠 #zoo #animalparc #bioparc #aquarium #gijón #animalwelfare #conservation #tourism #leisure #parcanimalier #bienêtreanimal #tourisme #loisirs #zoologico #acuario #bienestaranimal #conservación #turismo #ocio

  8. Sí, hay más cocodrilos que antes (y somos más responsables de lo que pensás)

    Conversamos con tres personas expertas en cocodrilos para despejar algunas dudas sobre estos reptiles en la provincia
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    #Ciencia #Cocodrilos #Conservación #FaunaSilvestre #MedioAmbiente #RefugioCipancí #RioTempisque #ÁreaConservaciónTempisque

    vozdeguanacaste.com/hay-mas-co

  9. Lagunas para la época seca: así planea el ACG combatir la muerte de animales por calor

    En 2016 varios vecinos, desde playa Sámara en Nicoya hasta playa Negra en Santa Cruz reportaron monos al costado del camino con síntomas de deshidratación
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    #ACG #CambioClimático #Ciencia #Conservación #FaunaSilvestre #MedioAmbiente #Regional #SistemaNacionalDeÁreasDeConservación #VidaSilvestre #ÁreaDeConservaciónGuanacaste

    vozdeguanacaste.com/laguna-epo