#cocacola — Public Fediverse posts
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Draagkoord voor de #Freestyle bekers van #CocaCola overal verkrijgbaar €4,- #Efteling
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🎼 ■ Crónica: El Coca-Cola Music Experience 2026 vuelve a superarse celebrando música y show con conciertos únicos de Melendi, Milo J y Dellafuente ■
https://los40.com/2026/09/06/cronica-el-coca-cola-music-experience-2026-vuelve-a-superarse-celebrando-musica-y-show-con-conciertos-unicos-de-melendi-milo-j-y-dellafuente/?int=MASTODON_WORLD#miloj #dellafuente #violetahodar #dimitrivegas&likemike #omarmontes #melendi #ruslana #wisin&yandel #natalialacunza #ysya #deiv #musica #cocacola #conciertos
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🎼 ■ Crónica: El Coca-Cola Music Experience 2026 vuelve a superarse celebrando música y show con conciertos únicos de Melendi, Milo J y Dellafuente ■
https://los40.com/2026/09/06/cronica-el-coca-cola-music-experience-2026-vuelve-a-superarse-celebrando-musica-y-show-con-conciertos-unicos-de-melendi-milo-j-y-dellafuente/?int=MASTODON_WORLD#miloj #dellafuente #violetahodar #dimitrivegas&likemike #omarmontes #melendi #ruslana #wisin&yandel #natalialacunza #ysya #deiv #musica #cocacola #conciertos
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https://www.europesays.com/people/216699/ Coca-Cola Stock at $88: Here’s Why Investors Should Pause #CocaCola #WarrenBuffett
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Looking back at the Coca-Cola Cobot
#Cobot #CocaCola #StarWars #FanthaTracks
Meet R2-D2's cousin, the Cobot.
Read the whole story at the below link:
https://www.fanthatracks.com/news/collecting/looking-back-at-the-coca-cola-cobot/
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Looking back at the Coca-Cola Cobot
#Cobot #CocaCola #StarWars #FanthaTracks
Meet R2-D2's cousin, the Cobot.
Read the whole story at the below link:
https://www.fanthatracks.com/news/collecting/looking-back-at-the-coca-cola-cobot/
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Looking back at the Coca-Cola Cobot
#Cobot #CocaCola #StarWars #FanthaTracks
Meet R2-D2's cousin, the Cobot.
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Looking back at the Coca-Cola Cobot
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Meet R2-D2's cousin, the Cobot.
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Looking back at the Coca-Cola Cobot
#Cobot #CocaCola #StarWars #FanthaTracks
Meet R2-D2's cousin, the Cobot.
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🧿 𝑷𝒆𝒑𝒔𝒊, ¿𝑫𝒐́𝒏𝒅𝒆 𝒆𝒔𝒕𝒂́ 𝒎𝒊 𝒂𝒗𝒊𝒐́𝒏? 🧿
Lo de Pepsi y el avión militar no fue solo una anécdota absurda de los años 90.
Fue uno de esos momentos en los que una gran multinacional descubrió, demasiado tarde, que un chiste publicitario podía acabar convertido en una batalla legal muy seria.Todo empezó en 1996, en plena guerra comercial entre Pepsi y Coca-Cola.
Pepsi llevaba décadas intentando construir una imagen más joven, más rebelde y más moderna que su rival.
La marca quería que sus anuncios parecieran videoclips, películas o pequeños espectáculos de cultura pop.
Y dentro de esa estrategia nació la campaña “Pepsi Stuff”.La idea era sencilla: comprabas productos Pepsi, acumulabas puntos y luego podías canjearlos por premios.
Había camisetas, gafas de sol, chaquetas… merchandising típico de los 90.
El problema llegó con un anuncio de televisión que decidió exagerar la broma demasiado.En el spot aparecía un adolescente llegando al instituto con distintos accesorios de Pepsi.
Primero una camiseta.
Luego unas gafas.
Después una chaqueta de cuero.
Y finalmente, en el remate humorístico del anuncio, el chico aterrizaba frente al colegio pilotando un avión de combate AV-8 Harrier II.Debajo aparecía el texto:
“Harrier Fighter — 7.000.000 Pepsi Points”.Pepsi pensó que era tan ridículo que nadie lo tomaría en serio.
Pero ahí apareció John Leonard.Leonard tenía solo 20 años, pero entendió algo que a la empresa se le había escapado: las bases legales de la promoción permitían comprar puntos adicionales por 10 centavos cada uno.
Y en ningún sitio se decía expresamente que el avión fuese una broma.Así que hizo cuentas.
Comprar 7 millones de puntos costaba unos 700.000 dólares.
El problema era conseguir semejante cantidad.
Pero Leonard no era un adolescente improvisando en un garaje.
Convenció a varios inversores, entre ellos un empresario llamado Michael Hoffman, que quedó fascinado por el vacío legal.El plan era brillante por lo simple que resultaba.
Leonard reunió 15 puntos reales de Pepsi —porque las normas exigían al menos algunos originales— y envió junto a ellos un cheque por 700.008,50 dólares para comprar el resto.
Legalmente estaba intentando aceptar una oferta comercial exactamente como aparecía en la promoción.
Y entonces Pepsi entró en pánico.
La empresa respondió devolviendo el cheque y afirmando que el anuncio era “obviamente humorístico”.
Pero Leonard no se echó atrás.
Demandó a Pepsi por incumplimiento de contrato.Aquello convirtió una campaña publicitaria en un caso jurídico histórico.
El juicio, Leonard v. Pepsico, terminó llegando a un tribunal federal de Nueva York en 1999.
Y lo fascinante es que durante el proceso no se discutía si Pepsi tenía un avión o no.
La cuestión real era otra:¿Puede un anuncio televisivo considerarse una oferta contractual válida?
La jueza Kimba Wood concluyó que no.
Dictaminó que ninguna persona razonable podría creer seriamente que una empresa de refrescos estaba ofreciendo un avión militar valorado en decenas de millones de dólares.Y ahí Pepsi ganó.
Pero aunque vencieran en los tribunales, la compañía quedó bastante avergonzada.
Porque el caso había demostrado que su promoción estaba redactada de forma descuidada.Después del juicio modificaron el anuncio.
Cambiaron la cifra del Harrier a 700 millones de puntos y añadieron algo que antes no existía:
“Just kidding”.
“Es una broma”.Básicamente tuvieron que explicar oficialmente el chiste porque un estudiante universitario estuvo peligrosamente cerca de convertirlo en un problema real.
Lo más curioso es que, aunque todo parezca una locura, el avión jamás habría terminado en manos de Leonard incluso si hubiese ganado.
El Harrier no es un coche deportivo ni una avioneta privada.
Es un avión de ataque militar con sistemas de combate, radar y tecnología restringida.
El gobierno estadounidense jamás habría permitido entregar un aparato operativo a un civil.Además, el anuncio mostraba al joven aterrizando verticalmente en el patio del instituto, algo que en la vida real habría sido un desastre absoluto.
Los motores de un Harrier generan una potencia brutal.
El calor y la presión habrían destrozado el suelo y reventado ventanas alrededor.Pero el caso se hizo tan famoso porque tocaba algo muy humano:
la sensación de que una gran empresa había prometido algo y luego intentaba escabullirse diciendo que era “solo humor”.Décadas después, Netflix convirtió toda la historia en el documental “Pepsi, ¿dónde está mi avión?”, y ahí mucha gente descubrió que John Leonard nunca fue un oportunista caricaturesco.
De hecho, hoy trabaja como guardabosques en Alaska, en el Parque Nacional Denali, viviendo una vida bastante tranquila y alejada del mundo corporativo.
Y lo más llamativo es que tanto él como antiguos ejecutivos de Pepsi hablan ahora del asunto con bastante sentido del humor.Pero el caso del Harrier solo fue una pieza más dentro de la guerra salvaje entre Pepsi y Coca-Cola.
Porque durante décadas ambas compañías protagonizaron probablemente la rivalidad comercial más agresiva del planeta.
Uno de los movimientos más importantes fue el famoso “Pepsi Challenge” de 1975.
Pepsi instalaba puestos en centros comerciales y hacía pruebas a ciegas.
La gente probaba dos vasos sin saber cuál era cuál.
Y muchísimos elegían Pepsi.¿Por qué?
Porque Pepsi es ligeramente más dulce que Coca-Cola.
En un simple sorbo rápido, el cerebro suele reaccionar mejor al sabor más dulce.Aquello fue un golpe psicológico enorme para Coca-Cola.
Tanto que en 1985 la empresa cometió uno de los mayores errores de marketing de todos los tiempos: lanzó la “New Coke”, una fórmula más dulce diseñada para competir directamente con Pepsi.
El público la odió.
Y no porque supiera mal necesariamente, sino porque Coca-Cola había tocado algo emocional.
La marca estaba ligada a recuerdos, costumbres y nostalgia.
La gente sintió que les habían cambiado parte de su identidad cultural.La reacción fue tan brutal que Coca-Cola tuvo que recuperar la fórmula clásica solo tres meses después.
Y ahí se entendió algo importantísimo:
la gente no compra solo sabor.
Compra recuerdos, símbolos y emociones.Pepsi, mientras tanto, apostó por otro camino: las celebridades.
Y ahí fue donde empezó a gastar cifras completamente desorbitadas.
En 1984 firmaron con Michael Jackson el contrato publicitario más caro jamás visto hasta entonces: 5 millones de dólares.
Pero el rodaje terminó mal.
Durante una grabación, los fuegos artificiales explotaron antes de tiempo y el pelo de Michael se incendió delante de las cámaras.
Sufrió quemaduras importantes en el cuero cabelludo.Pepsi acabó pagándole una indemnización de 1,5 millones de dólares, que él donó a un centro médico especializado en quemaduras.
Años después llegó Madonna.
Le pagaron otros 5 millones para usar “Like a Prayer” en un anuncio elegante y aparentemente inocente.
Pero cuando salió el videoclip oficial, lleno de cruces ardiendo y referencias religiosas, estalló el escándalo.El Vaticano pidió boicots.
Pepsi retiró la campaña inmediatamente.
Madonna se quedó el dinero.
Y probablemente aprendieron que contratar estrellas gigantes también significa heredar sus polémicas.
Luego llegaron Britney Spears, Beyoncé, Pink, Cindy Crawford, David Beckham, Shaquille O’Neal…
Pepsi quería parecer moderna constantemente.
Coca-Cola buscaba parecer eterna.Esa diferencia explica casi toda su rivalidad.
Y luego está una de las historias más surrealistas de todas:
el momento en que Pepsi tuvo una flota militar soviética.Sí, ocurrió de verdad.
Durante la Guerra Fría, Pepsi logró entrar en la URSS, convirtiéndose en uno de los primeros productos estadounidenses vendidos allí.
El problema era que el rublo soviético no podía intercambiarse libremente por dólares.Así que hicieron trueques.
Al principio, Pepsi recibía vodka Stolichnaya como pago.
Pero el negocio creció tanto que el vodka ya no bastaba para compensar la deuda.
Entonces la Unión Soviética ofreció algo completamente absurdo:
submarinos, destructores y barcos militares antiguos.Durante unos días, Pepsi técnicamente tuvo una de las mayores flotas navales del mundo.
Por supuesto, no iban a bombardear a Coca-Cola con submarinos soviéticos.
Los barcos fueron vendidos rápidamente como chatarra a una empresa noruega para reciclar el metal.Pero la imagen quedó para la historia:
una marca de refrescos “desarmando” indirectamente a la URSS.Y quizá lo más increíble de toda esta historia es que muchas de las campañas de Pepsi funcionaban precisamente porque parecían excesivas, ridículas y gigantescas.
Hasta que un día alguien decidió leer la letra pequeña.
▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣
https://www.youtube.com/watch?v=iTkmrAHbwKA
#pepsi #cocacola #historia #marketing #publicidad #años90 #netflix #michaeljackson #madonna #kendalljenner #guerrafría #curiosidades #documental #empresas #historiacuriosa #cultura_pop #pepsistuff #johnleonard #economia #viral
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🧿 𝑷𝒆𝒑𝒔𝒊, ¿𝑫𝒐́𝒏𝒅𝒆 𝒆𝒔𝒕𝒂́ 𝒎𝒊 𝒂𝒗𝒊𝒐́𝒏? 🧿
Lo de Pepsi y el avión militar no fue solo una anécdota absurda de los años 90.
Fue uno de esos momentos en los que una gran multinacional descubrió, demasiado tarde, que un chiste publicitario podía acabar convertido en una batalla legal muy seria.Todo empezó en 1996, en plena guerra comercial entre Pepsi y Coca-Cola.
Pepsi llevaba décadas intentando construir una imagen más joven, más rebelde y más moderna que su rival.
La marca quería que sus anuncios parecieran videoclips, películas o pequeños espectáculos de cultura pop.
Y dentro de esa estrategia nació la campaña “Pepsi Stuff”.La idea era sencilla: comprabas productos Pepsi, acumulabas puntos y luego podías canjearlos por premios.
Había camisetas, gafas de sol, chaquetas… merchandising típico de los 90.
El problema llegó con un anuncio de televisión que decidió exagerar la broma demasiado.En el spot aparecía un adolescente llegando al instituto con distintos accesorios de Pepsi.
Primero una camiseta.
Luego unas gafas.
Después una chaqueta de cuero.
Y finalmente, en el remate humorístico del anuncio, el chico aterrizaba frente al colegio pilotando un avión de combate AV-8 Harrier II.Debajo aparecía el texto:
“Harrier Fighter — 7.000.000 Pepsi Points”.Pepsi pensó que era tan ridículo que nadie lo tomaría en serio.
Pero ahí apareció John Leonard.Leonard tenía solo 20 años, pero entendió algo que a la empresa se le había escapado: las bases legales de la promoción permitían comprar puntos adicionales por 10 centavos cada uno.
Y en ningún sitio se decía expresamente que el avión fuese una broma.Así que hizo cuentas.
Comprar 7 millones de puntos costaba unos 700.000 dólares.
El problema era conseguir semejante cantidad.
Pero Leonard no era un adolescente improvisando en un garaje.
Convenció a varios inversores, entre ellos un empresario llamado Michael Hoffman, que quedó fascinado por el vacío legal.El plan era brillante por lo simple que resultaba.
Leonard reunió 15 puntos reales de Pepsi —porque las normas exigían al menos algunos originales— y envió junto a ellos un cheque por 700.008,50 dólares para comprar el resto.
Legalmente estaba intentando aceptar una oferta comercial exactamente como aparecía en la promoción.
Y entonces Pepsi entró en pánico.
La empresa respondió devolviendo el cheque y afirmando que el anuncio era “obviamente humorístico”.
Pero Leonard no se echó atrás.
Demandó a Pepsi por incumplimiento de contrato.Aquello convirtió una campaña publicitaria en un caso jurídico histórico.
El juicio, Leonard v. Pepsico, terminó llegando a un tribunal federal de Nueva York en 1999.
Y lo fascinante es que durante el proceso no se discutía si Pepsi tenía un avión o no.
La cuestión real era otra:¿Puede un anuncio televisivo considerarse una oferta contractual válida?
La jueza Kimba Wood concluyó que no.
Dictaminó que ninguna persona razonable podría creer seriamente que una empresa de refrescos estaba ofreciendo un avión militar valorado en decenas de millones de dólares.Y ahí Pepsi ganó.
Pero aunque vencieran en los tribunales, la compañía quedó bastante avergonzada.
Porque el caso había demostrado que su promoción estaba redactada de forma descuidada.Después del juicio modificaron el anuncio.
Cambiaron la cifra del Harrier a 700 millones de puntos y añadieron algo que antes no existía:
“Just kidding”.
“Es una broma”.Básicamente tuvieron que explicar oficialmente el chiste porque un estudiante universitario estuvo peligrosamente cerca de convertirlo en un problema real.
Lo más curioso es que, aunque todo parezca una locura, el avión jamás habría terminado en manos de Leonard incluso si hubiese ganado.
El Harrier no es un coche deportivo ni una avioneta privada.
Es un avión de ataque militar con sistemas de combate, radar y tecnología restringida.
El gobierno estadounidense jamás habría permitido entregar un aparato operativo a un civil.Además, el anuncio mostraba al joven aterrizando verticalmente en el patio del instituto, algo que en la vida real habría sido un desastre absoluto.
Los motores de un Harrier generan una potencia brutal.
El calor y la presión habrían destrozado el suelo y reventado ventanas alrededor.Pero el caso se hizo tan famoso porque tocaba algo muy humano:
la sensación de que una gran empresa había prometido algo y luego intentaba escabullirse diciendo que era “solo humor”.Décadas después, Netflix convirtió toda la historia en el documental “Pepsi, ¿dónde está mi avión?”, y ahí mucha gente descubrió que John Leonard nunca fue un oportunista caricaturesco.
De hecho, hoy trabaja como guardabosques en Alaska, en el Parque Nacional Denali, viviendo una vida bastante tranquila y alejada del mundo corporativo.
Y lo más llamativo es que tanto él como antiguos ejecutivos de Pepsi hablan ahora del asunto con bastante sentido del humor.Pero el caso del Harrier solo fue una pieza más dentro de la guerra salvaje entre Pepsi y Coca-Cola.
Porque durante décadas ambas compañías protagonizaron probablemente la rivalidad comercial más agresiva del planeta.
Uno de los movimientos más importantes fue el famoso “Pepsi Challenge” de 1975.
Pepsi instalaba puestos en centros comerciales y hacía pruebas a ciegas.
La gente probaba dos vasos sin saber cuál era cuál.
Y muchísimos elegían Pepsi.¿Por qué?
Porque Pepsi es ligeramente más dulce que Coca-Cola.
En un simple sorbo rápido, el cerebro suele reaccionar mejor al sabor más dulce.Aquello fue un golpe psicológico enorme para Coca-Cola.
Tanto que en 1985 la empresa cometió uno de los mayores errores de marketing de todos los tiempos: lanzó la “New Coke”, una fórmula más dulce diseñada para competir directamente con Pepsi.
El público la odió.
Y no porque supiera mal necesariamente, sino porque Coca-Cola había tocado algo emocional.
La marca estaba ligada a recuerdos, costumbres y nostalgia.
La gente sintió que les habían cambiado parte de su identidad cultural.La reacción fue tan brutal que Coca-Cola tuvo que recuperar la fórmula clásica solo tres meses después.
Y ahí se entendió algo importantísimo:
la gente no compra solo sabor.
Compra recuerdos, símbolos y emociones.Pepsi, mientras tanto, apostó por otro camino: las celebridades.
Y ahí fue donde empezó a gastar cifras completamente desorbitadas.
En 1984 firmaron con Michael Jackson el contrato publicitario más caro jamás visto hasta entonces: 5 millones de dólares.
Pero el rodaje terminó mal.
Durante una grabación, los fuegos artificiales explotaron antes de tiempo y el pelo de Michael se incendió delante de las cámaras.
Sufrió quemaduras importantes en el cuero cabelludo.Pepsi acabó pagándole una indemnización de 1,5 millones de dólares, que él donó a un centro médico especializado en quemaduras.
Años después llegó Madonna.
Le pagaron otros 5 millones para usar “Like a Prayer” en un anuncio elegante y aparentemente inocente.
Pero cuando salió el videoclip oficial, lleno de cruces ardiendo y referencias religiosas, estalló el escándalo.El Vaticano pidió boicots.
Pepsi retiró la campaña inmediatamente.
Madonna se quedó el dinero.
Y probablemente aprendieron que contratar estrellas gigantes también significa heredar sus polémicas.
Luego llegaron Britney Spears, Beyoncé, Pink, Cindy Crawford, David Beckham, Shaquille O’Neal…
Pepsi quería parecer moderna constantemente.
Coca-Cola buscaba parecer eterna.Esa diferencia explica casi toda su rivalidad.
Y luego está una de las historias más surrealistas de todas:
el momento en que Pepsi tuvo una flota militar soviética.Sí, ocurrió de verdad.
Durante la Guerra Fría, Pepsi logró entrar en la URSS, convirtiéndose en uno de los primeros productos estadounidenses vendidos allí.
El problema era que el rublo soviético no podía intercambiarse libremente por dólares.Así que hicieron trueques.
Al principio, Pepsi recibía vodka Stolichnaya como pago.
Pero el negocio creció tanto que el vodka ya no bastaba para compensar la deuda.
Entonces la Unión Soviética ofreció algo completamente absurdo:
submarinos, destructores y barcos militares antiguos.Durante unos días, Pepsi técnicamente tuvo una de las mayores flotas navales del mundo.
Por supuesto, no iban a bombardear a Coca-Cola con submarinos soviéticos.
Los barcos fueron vendidos rápidamente como chatarra a una empresa noruega para reciclar el metal.Pero la imagen quedó para la historia:
una marca de refrescos “desarmando” indirectamente a la URSS.Y quizá lo más increíble de toda esta historia es que muchas de las campañas de Pepsi funcionaban precisamente porque parecían excesivas, ridículas y gigantescas.
Hasta que un día alguien decidió leer la letra pequeña.
▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣
https://www.youtube.com/watch?v=iTkmrAHbwKA
#pepsi #cocacola #historia #marketing #publicidad #años90 #netflix #michaeljackson #madonna #kendalljenner #guerrafría #curiosidades #documental #empresas #historiacuriosa #cultura_pop #pepsistuff #johnleonard #economia #viral
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🧿 𝑷𝒆𝒑𝒔𝒊, ¿𝑫𝒐́𝒏𝒅𝒆 𝒆𝒔𝒕𝒂́ 𝒎𝒊 𝒂𝒗𝒊𝒐́𝒏? 🧿
Lo de Pepsi y el avión militar no fue solo una anécdota absurda de los años 90.
Fue uno de esos momentos en los que una gran multinacional descubrió, demasiado tarde, que un chiste publicitario podía acabar convertido en una batalla legal muy seria.Todo empezó en 1996, en plena guerra comercial entre Pepsi y Coca-Cola.
Pepsi llevaba décadas intentando construir una imagen más joven, más rebelde y más moderna que su rival.
La marca quería que sus anuncios parecieran videoclips, películas o pequeños espectáculos de cultura pop.
Y dentro de esa estrategia nació la campaña “Pepsi Stuff”.La idea era sencilla: comprabas productos Pepsi, acumulabas puntos y luego podías canjearlos por premios.
Había camisetas, gafas de sol, chaquetas… merchandising típico de los 90.
El problema llegó con un anuncio de televisión que decidió exagerar la broma demasiado.En el spot aparecía un adolescente llegando al instituto con distintos accesorios de Pepsi.
Primero una camiseta.
Luego unas gafas.
Después una chaqueta de cuero.
Y finalmente, en el remate humorístico del anuncio, el chico aterrizaba frente al colegio pilotando un avión de combate AV-8 Harrier II.Debajo aparecía el texto:
“Harrier Fighter — 7.000.000 Pepsi Points”.Pepsi pensó que era tan ridículo que nadie lo tomaría en serio.
Pero ahí apareció John Leonard.Leonard tenía solo 20 años, pero entendió algo que a la empresa se le había escapado: las bases legales de la promoción permitían comprar puntos adicionales por 10 centavos cada uno.
Y en ningún sitio se decía expresamente que el avión fuese una broma.Así que hizo cuentas.
Comprar 7 millones de puntos costaba unos 700.000 dólares.
El problema era conseguir semejante cantidad.
Pero Leonard no era un adolescente improvisando en un garaje.
Convenció a varios inversores, entre ellos un empresario llamado Michael Hoffman, que quedó fascinado por el vacío legal.El plan era brillante por lo simple que resultaba.
Leonard reunió 15 puntos reales de Pepsi —porque las normas exigían al menos algunos originales— y envió junto a ellos un cheque por 700.008,50 dólares para comprar el resto.
Legalmente estaba intentando aceptar una oferta comercial exactamente como aparecía en la promoción.
Y entonces Pepsi entró en pánico.
La empresa respondió devolviendo el cheque y afirmando que el anuncio era “obviamente humorístico”.
Pero Leonard no se echó atrás.
Demandó a Pepsi por incumplimiento de contrato.Aquello convirtió una campaña publicitaria en un caso jurídico histórico.
El juicio, Leonard v. Pepsico, terminó llegando a un tribunal federal de Nueva York en 1999.
Y lo fascinante es que durante el proceso no se discutía si Pepsi tenía un avión o no.
La cuestión real era otra:¿Puede un anuncio televisivo considerarse una oferta contractual válida?
La jueza Kimba Wood concluyó que no.
Dictaminó que ninguna persona razonable podría creer seriamente que una empresa de refrescos estaba ofreciendo un avión militar valorado en decenas de millones de dólares.Y ahí Pepsi ganó.
Pero aunque vencieran en los tribunales, la compañía quedó bastante avergonzada.
Porque el caso había demostrado que su promoción estaba redactada de forma descuidada.Después del juicio modificaron el anuncio.
Cambiaron la cifra del Harrier a 700 millones de puntos y añadieron algo que antes no existía:
“Just kidding”.
“Es una broma”.Básicamente tuvieron que explicar oficialmente el chiste porque un estudiante universitario estuvo peligrosamente cerca de convertirlo en un problema real.
Lo más curioso es que, aunque todo parezca una locura, el avión jamás habría terminado en manos de Leonard incluso si hubiese ganado.
El Harrier no es un coche deportivo ni una avioneta privada.
Es un avión de ataque militar con sistemas de combate, radar y tecnología restringida.
El gobierno estadounidense jamás habría permitido entregar un aparato operativo a un civil.Además, el anuncio mostraba al joven aterrizando verticalmente en el patio del instituto, algo que en la vida real habría sido un desastre absoluto.
Los motores de un Harrier generan una potencia brutal.
El calor y la presión habrían destrozado el suelo y reventado ventanas alrededor.Pero el caso se hizo tan famoso porque tocaba algo muy humano:
la sensación de que una gran empresa había prometido algo y luego intentaba escabullirse diciendo que era “solo humor”.Décadas después, Netflix convirtió toda la historia en el documental “Pepsi, ¿dónde está mi avión?”, y ahí mucha gente descubrió que John Leonard nunca fue un oportunista caricaturesco.
De hecho, hoy trabaja como guardabosques en Alaska, en el Parque Nacional Denali, viviendo una vida bastante tranquila y alejada del mundo corporativo.
Y lo más llamativo es que tanto él como antiguos ejecutivos de Pepsi hablan ahora del asunto con bastante sentido del humor.Pero el caso del Harrier solo fue una pieza más dentro de la guerra salvaje entre Pepsi y Coca-Cola.
Porque durante décadas ambas compañías protagonizaron probablemente la rivalidad comercial más agresiva del planeta.
Uno de los movimientos más importantes fue el famoso “Pepsi Challenge” de 1975.
Pepsi instalaba puestos en centros comerciales y hacía pruebas a ciegas.
La gente probaba dos vasos sin saber cuál era cuál.
Y muchísimos elegían Pepsi.¿Por qué?
Porque Pepsi es ligeramente más dulce que Coca-Cola.
En un simple sorbo rápido, el cerebro suele reaccionar mejor al sabor más dulce.Aquello fue un golpe psicológico enorme para Coca-Cola.
Tanto que en 1985 la empresa cometió uno de los mayores errores de marketing de todos los tiempos: lanzó la “New Coke”, una fórmula más dulce diseñada para competir directamente con Pepsi.
El público la odió.
Y no porque supiera mal necesariamente, sino porque Coca-Cola había tocado algo emocional.
La marca estaba ligada a recuerdos, costumbres y nostalgia.
La gente sintió que les habían cambiado parte de su identidad cultural.La reacción fue tan brutal que Coca-Cola tuvo que recuperar la fórmula clásica solo tres meses después.
Y ahí se entendió algo importantísimo:
la gente no compra solo sabor.
Compra recuerdos, símbolos y emociones.Pepsi, mientras tanto, apostó por otro camino: las celebridades.
Y ahí fue donde empezó a gastar cifras completamente desorbitadas.
En 1984 firmaron con Michael Jackson el contrato publicitario más caro jamás visto hasta entonces: 5 millones de dólares.
Pero el rodaje terminó mal.
Durante una grabación, los fuegos artificiales explotaron antes de tiempo y el pelo de Michael se incendió delante de las cámaras.
Sufrió quemaduras importantes en el cuero cabelludo.Pepsi acabó pagándole una indemnización de 1,5 millones de dólares, que él donó a un centro médico especializado en quemaduras.
Años después llegó Madonna.
Le pagaron otros 5 millones para usar “Like a Prayer” en un anuncio elegante y aparentemente inocente.
Pero cuando salió el videoclip oficial, lleno de cruces ardiendo y referencias religiosas, estalló el escándalo.El Vaticano pidió boicots.
Pepsi retiró la campaña inmediatamente.
Madonna se quedó el dinero.
Y probablemente aprendieron que contratar estrellas gigantes también significa heredar sus polémicas.
Luego llegaron Britney Spears, Beyoncé, Pink, Cindy Crawford, David Beckham, Shaquille O’Neal…
Pepsi quería parecer moderna constantemente.
Coca-Cola buscaba parecer eterna.Esa diferencia explica casi toda su rivalidad.
Y luego está una de las historias más surrealistas de todas:
el momento en que Pepsi tuvo una flota militar soviética.Sí, ocurrió de verdad.
Durante la Guerra Fría, Pepsi logró entrar en la URSS, convirtiéndose en uno de los primeros productos estadounidenses vendidos allí.
El problema era que el rublo soviético no podía intercambiarse libremente por dólares.Así que hicieron trueques.
Al principio, Pepsi recibía vodka Stolichnaya como pago.
Pero el negocio creció tanto que el vodka ya no bastaba para compensar la deuda.
Entonces la Unión Soviética ofreció algo completamente absurdo:
submarinos, destructores y barcos militares antiguos.Durante unos días, Pepsi técnicamente tuvo una de las mayores flotas navales del mundo.
Por supuesto, no iban a bombardear a Coca-Cola con submarinos soviéticos.
Los barcos fueron vendidos rápidamente como chatarra a una empresa noruega para reciclar el metal.Pero la imagen quedó para la historia:
una marca de refrescos “desarmando” indirectamente a la URSS.Y quizá lo más increíble de toda esta historia es que muchas de las campañas de Pepsi funcionaban precisamente porque parecían excesivas, ridículas y gigantescas.
Hasta que un día alguien decidió leer la letra pequeña.
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#pepsi #cocacola #historia #marketing #publicidad #años90 #netflix #michaeljackson #madonna #kendalljenner #guerrafría #curiosidades #documental #empresas #historiacuriosa #cultura_pop #pepsistuff #johnleonard #economia #viral
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CW: Food colonialism - Nestle wants a say in how India labels food
Nestle wants India to consult with companies when drafting rules for front-of-pack health labelling on food and drinks to ensure it is done "scientifically," its chief executive said, amid a public debate on the lack of such measures in the country.
(...)
A can of Fanta sold in London has 63 calories, but the same-sized product in India contains three times as much sugar and 185 calories.
Nestle is already one of the most evil companies in the world. Now they want to have their say in health labeling in India. Western companies like Coca-Cola (another top evil company) owned Fanta are shoving as much as 3x more sugar into supposedly identical products for the Indian market but Nestle should have a say in what labeling standards are applied in India.
I don't have a lot of faith in the world's most populous democracy right now but I hope they tell Nestle to take a flying leap.
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The Food Safety and Standards Authority of India abandoned a push for colorful warnings on packaged foods after meeting with industry executives, who argued such labels were confusing and ineffective, recordings show. https://www.japantimes.co.jp/business/2026/08/25/companies/india-red-flags-chips-soda-big-food/?utm_medium=Social&utm_source=mastodon #business #companies #india #health #food #nestle #cocacola #pepsico
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Snippet from Culture Cancer - tromsite.com/2026/07/culture-c…
How many people celebrate the holy-days today in the same way that people celebrated them 50-100 years ago?
I know that for us, coming from a very religious tribe called Romania, Christmas was more about the Christmas tree, presents, food and Coca-Cola. Oh and watching Home Alone on repeat. Nothing to do with the original Christmas “holy” day. Or anything Romanian specific either.
And so it was the case for everyone I knew. And that’s one of the many “holy” days that today have become mostly about consuming.
The forces of our trade-based society with its marketing tentacles, are transforming the culture more than any dictators and philosophers do. That you should keep in mind.
#culture #culturecancer #trom #tromsite #holiday #holidays #romania #homealone #christmas #cocacola #money #TradeRuinsEverything
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Gewinne einen Coca Cola jahresvorrat + Mini Kühlschrank
Gut, die Spam mit dem angeblichen Gewinnspiel ist Standard, aber "Coca-Cola" hatte ich nicht mit dieser Masche. Die sponsorn doch lieber eine Fußball-Weltmeisterschaft der maFIFA und haben überhaupt keine Spam nötig. Man macht schon gute Geschäfte, wenn man es schafft, den Menschen im Wesentlichen Wasser mit Zucker und Koffein zu verkaufen. Die Herstellung ist billig, der Preis hoch. Von: Coca Cola Wie man schon an der Absenderadresse sieht, hat die […]https://spam.tamagothi.de/2026/07/16/gewinne-einen-coca-cola-jahresvorrat-mini-kuehlschrank/
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Falsas ofertas laborales para robar datos personales: ESET
Los delincuentes utilizan correos electrónicos con falsas ofertas laborales de Coca-Cola, Red Bull, L’Oréal y Adidas para robar datos personales y credenciales mediante phishing.
Por Deyanira Vázquez | Reportera
La búsqueda de una nueva oportunidad profesional puede ser un momento de expectativa y entusiasmo. Sin embargo, los ciberdelincuentes aprovechan este contexto para llevar adelante estafas cada vez más sofisticadas.
Recientemente, el equipo de investigación de ESET, compañía líder en detección proactiva de amenazas, identificó una campaña de correos electrónicos falsos que usan el nombre de reconocidas empresas como L’Oréal, Coca-Cola y Red Bull, que ofrecen supuestas oportunidades de empleo como anzuelo para captar datos personales.
Es importante señalar que las empresas afectadas son también víctimas de los ciberdelincuentes ya que son utilizadas como parte de la estafa. Los atacantes aprovechan el reconocimiento de estas marcas para intentar legitimar el engaño y mediante el uso de su imagen aumentar la probabilidad de éxito del fraude.
“Esta estafa no es nueva, y varios usuarios llevan advirtiendo sobre este mismo fraude desde al menos 2025. En algunos casos, los delincuentes también usaron el nombre de otras empresas, como Meta, y otras compañías para dar credibilidad al esquema”, advierte Mario Micucci, Investigador de ESET Latinoamérica.
Correos falsos que suplantan grandes marcas
La estrategia comienza de forma relativamente sencilla: los delincuentes envían correos electrónicos que parecen haber sido enviados desde alguna oficina de recursos humanos de las empresas suplantadas o por supuestos reclutadores, con una oferta concreta, dirigida a nombre del remitente, para ofrecerle participar en un proceso de selección de personal.
El mensaje suele presentar una vacante atractiva e incluye un enlace para que la parte interesada avance en las siguientes fases de la solicitud. –sn–
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“Coca-Cola anuncia edición conmemorativa por el centenario del Colo-Colo”: #Falso | vía #FastCheckCL
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🔥 ■ Un reputado experto internacional prueba el kalimotxo y deja este aviso al mundo ■ O "calimoto", como lo llama él.
https://www.huffingtonpost.es/virales/un-reputado-experto-internacional-prueba-kalimotxo-deja-aviso-mundo.html?int=MASTODON_WORLD -
Today marks the victory of the #Haitian #Revolution on #January 1st, #1804 after thirteen years of struggle to take back their sovereignty from the #French #imperialists . ✊🏽 ✨ ❤️ 🇭🇹
Long Live the Haitian revolution and the continued struggle of the Haitian people to fulfill the promise of 1804! 🔥 🛠️ 🌹
"Imperialism's Thorn: Haiti Beyond the Breaking News w Mamyrah Dougé-Prosper"
https://www.youtube.com/live/qHt8Bwlk_SU?feature=shared
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…a #cultura da #CocaCola? Cultura da #destruiçāo, da #ignorância
“A Usina dos italianos de #PortoReal” Roberto Anderson, Diário do #RiodeJaneiro
https://diariodorio.com/roberto-anderson-a-usina-dos-italianos-de-porto-real/
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@crunklord420
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