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#emprendimiento — Public Fediverse posts

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  1. 💪 ■ Guillermo Gaunas-Vivas, 32 años, dejó su trabajo diseñando juguetes para fabricar prótesis y sillas de ruedas en 3D: "Nunca pensé que podría vivir haciendo el bien" ■ "No queremos que vean la silla de ruedas como algo médico, sino como algo suyo".
    huffingtonpost.es/life/salud/g

    #emprendimiento #impresion3d #salud

  2. 💪 ■ Guillermo Gaunas-Vivas, 32 años, dejó su trabajo diseñando juguetes para fabricar prótesis y sillas de ruedas en 3D: "Nunca pensé que podría vivir haciendo el bien" ■ "No queremos que vean la silla de ruedas como algo médico, sino como algo suyo".
    huffingtonpost.es/life/salud/g

    #emprendimiento #impresion3d #salud

  3. 🌾 ¿Tu empresa agroindustrial tiene un modelo de negocio claro? Conoce los tipos, sus componentes y cómo aplicarlos para generar más valor en la cadena productiva. 🚜

    Lee más 👉 soloingenieria.org/ingenieria-

    Imagen creada con IA.
    #ModeloDeNegocio #Agroindustria #IngenieríaAgroindustrial #Agro #Emprendimiento

  4. Producir mucho no siempre significa ganar bien. En la agroindustria, el modelo de negocio que eliges determina cuánto valor real captures al final de la cadena. 🌾

    #ModeloDeNegocio #Agroindustria #IngenieríaAgroindustrial #Agro #Emprendimiento

  5. El sueño de vivir entre las plantas: un emprendimiento que floreció en Nicoya

    En el corazón de Nicoya, entre plantas ornamentales, macetas, hojas recién brotadas y clientes que llegan buscando vida para sus hogares, el emprendedor Eduardo Luis Venegas Obando construye todos los … Leer más
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    #BAC #Economia #Emprendimiento #Finanzas #Nicoya #Publirreportaje

    vozdeguanacaste.com/sueno-vivi

  6. Hablábamos español y él respondía en política

    No escribo esto porque Jaimito sea un hijueputa.

    Tampoco porque yo sea una víctima.

    Lo escribo porque después de cuarenta y dos años viendo gente, uno empieza a notar patrones.

    Y algunos patrones cansan.

    Conocí a Jaimito hace años.

    Trabajamos juntos.

    Compartimos proyectos.

    Favores.

    Trasteos.

    Conversaciones.

    Tiempo.

    Lo ayudé cuando pude.

    Me ayudó cuando pudo.

    Como cualquier amistad normal entre dos obreros del audiovisual intentando sobrevivir en un país donde la estabilidad laboral parece una leyenda urbana.

    El problema nunca fue la amistad.

    El problema fue que con el tiempo descubrí que hablábamos idiomas distintos.

    Yo hablaba español.

    Él respondía en política.

    Yo hablaba de una mesa hecha con una señal de PARE.

    Terminábamos hablando de presidentes.

    Yo hablaba de trabajo.

    Terminábamos hablando de gobiernos.

    Yo hablaba de clientes.

    Terminábamos hablando de reformas.

    Yo hablaba de personas.

    Terminábamos hablando de ideologías.

    Y así durante años.

    Al principio uno debate.

    Después escucha.

    Luego sonríe.

    Finalmente se cansa.

    No porque el otro piense distinto.

    Porque cualquier conversación termina secuestrada por la misma obsesión.

    Llegó un momento en que ya no importaba el tema.

    Todo desembocaba en política.

    Todo tenía un culpable.

    Todo tenía una explicación ideológica.

    Todo tenía un enemigo.

    Y yo cada vez estaba más lejos de esa película.

    La plandemia me dejó muchas cosas.

    Una de ellas fue una profunda desconfianza hacia las certezas absolutas.

    Vi expertos equivocarse.

    Vi gobiernos equivocarse.

    Vi periodistas equivocarse.

    Vi conspiranoicos equivocarse.

    Vi gente inteligente actuar como idiota.

    Y vi idiotas convencidos de ser genios.

    Después de sobrevivir a todo eso me quedó muy poco entusiasmo para volver a meterme en trincheras políticas.

    Mientras otros discutían candidatos, yo estaba intentando pagar facturas.

    Mientras otros discutían reformas, yo estaba operando cámara.

    Mientras otros discutían revoluciones, yo estaba digitalizando VHS.

    Mientras otros discutían el futuro del país, yo estaba intentando sobrevivir el presente.

    Y aquí aparece otro fenómeno.

    La distancia entre el relato y la realidad.

    Durante años escuché historias.

    Planes.

    Negocios.

    Contactos.

    Oportunidades.

    Viajes.

    Promesas.

    Emprendimientos.

    Canadá.

    México.

    La ONU.

    Fortunas futuras.

    Y con el tiempo aprendí algo maravilloso:

    La realidad siempre llega a cobrar.

    Jaimito estudió administración de algo.

    Ya ni me acuerdo exactamente de qué era la vaina.

    Lo que sí recuerdo perfectamente era la promesa.

    En aquella época parecía que estaba a semanas de convertirse en el Bill Gates de las EPS.

    Iba a dejar el audiovisual.

    Iba a forrarse.

    Iba a despegar.

    Años después seguíamos sobreviviendo en el mismo planeta.

    Luego llegaron los negocios.

    El café.

    El bar.

    Las oportunidades.

    Los emprendimientos.

    Las ideas brillantes.

    Los proyectos espectaculares.

    Siempre había algo a punto de ocurrir.

    Siempre.

    Y después aparecía una pequeña dificultad llamada realidad.

    Mi favorita sigue siendo la época de los viajes.

    Diciembre de 2021.

    Escuché que uno se iba para Canadá.

    Escuché que otro se iba para México.

    La forma en que lo contaban hacía pensar que ya tenían las maletas listas y el pasabordo en la mano.

    Estamos varios años después.

    Sigo esperando.

    Mi mamá incluso propuso una teoría más razonable.

    Que de pronto México era un barrio de Funza.

    Canadá todavía no aparece en el mapa.

    Después llegó la ONU.

    Durante una grabación en plena plandemia parecía que algunos estaban a dos llamadas de convertirse en diplomáticos internacionales.

    Años después una funcionaria me llamó para trabajar.

    Ni siquiera sabía quién era.

    No tenía guardado el contacto.

    No tenía estrategia.

    No tenía networking.

    Solo sonó el teléfono.

    Necesitaban camarógrafo.

    Acepté.

    Trabajé.

    Cobré.

    Fin de la historia.

    Cuando lo conté, apareció otra vez el relato.

    — Yo tengo a las de la ONU.

    Claro.

    Cómo no.

    El problema es que para entonces ya vivía conmigo una criatura especial.

    El mono de los platillos.

    🐒🥁🥁🥁

    No siempre estuvo ahí.

    Fue entrenado.

    Pacientemente.

    Con años de exposición a promesas, contactos, discursos, ideologías, negocios milagrosos y relatos extraordinarios.

    Al principio discutía.

    Después analizaba.

    Ahora simplemente escucha.

    Y toca.

    Cada vez que alguien anuncia una revolución personal.

    Cada vez que alguien está a punto de volverse millonario.

    Cada vez que alguien conoce a medio planeta.

    Cada vez que alguien va a cambiar su vida para siempre.

    El mono toca.

    Y espera.

    Espera seis meses.

    Un año.

    Dos años.

    Y luego revisa los resultados.

    No por maldad.

    Por método científico.

    Porque la realidad suele hablar más bajito que las promesas.

    Con el tiempo descubrí algo incómodo.

    La mayoría de las personas no miente.

    La mayoría exagera.

    Se cuentan una versión optimista de sí mismas.

    Y luego terminan creyéndola.

    Por eso dejé de discutir.

    No necesito demostrar que alguien está equivocado.

    El tiempo hace ese trabajo gratis.

    También descubrí otra cosa.

    Jamás he visto a un político pagarme una factura.

    Jamás he visto a un político cargarme una cámara.

    Jamás he visto a un político rescatarme un proyecto.

    Jamás he visto a un político digitalizarme un VHS.

    Los que han hecho eso han sido personas normales.

    Clase obrera.

    Gente que madruga.

    Gente que trabaja.

    Gente que también llega cansada a la casa.

    Por eso siempre me pareció absurdo que personas que viven prácticamente la misma vida terminaran convertidas en enemigos por defender políticos que jamás los llamarían por teléfono.

    Nunca entendí esa necesidad.

    Y mientras más años pasan, menos la entiendo.

    Jamás pondría un presidente por encima de una amistad.

    Jamás pondría una campaña por encima de una persona.

    Jamás.

    Porque después de las elecciones la vida sigue.

    Las facturas siguen.

    Los trabajos siguen.

    Los problemas siguen.

    Y la clase obrera sigue siendo clase obrera.

    Lo más curioso es que muchos de los que me trataban como exagerado terminaron haciendo cosas parecidas a las mías.

    Cerrar redes.

    Reducir ruido.

    Alejarse de discusiones inútiles.

    Buscar tranquilidad.

    No porque yo tuviera razón.

    Porque el agotamiento eventualmente alcanza a todo el mundo.

    Y quizá ahí está el centro de esta historia.

    No me cansé de Jaimito.

    Me cansé del ruido.

    Me cansé de las campañas eternas.

    Me cansé de las promesas recicladas.

    Me cansé de los relatos imposibles.

    Me cansé de los vendehumos.

    Me cansé de los algoritmos.

    Me cansé de la competencia imaginaria.

    Me cansé de la necesidad permanente de aparentar.

    Y cuando uno se cansa de todo eso, empieza a valorar algo muy simple.

    Los hechos.

    El cliente llamó o no llamó.

    El proyecto salió o no salió.

    El pago llegó o no llegó.

    El avión despegó o no despegó.

    Todo lo demás es conversación.

    Y a mis cuarenta y dos años ya escuché suficiente conversación para varias vidas.

    Por eso observo más de lo que discuto.

    Porque descubrí algo que me habría ahorrado muchos dolores de cabeza:

    La realidad no necesita que uno la defienda.

    La realidad siempre termina hablando sola.

    ¡Jaimito y Diegote nunca volverán a verse!

    @elmandelacamara

    Operario de cámara. Cansado, obsoleto, observador y guardando silencio.

    Después de cuarenta y dos años, el mono de los platillos tenía razón.

    Nota del autor:

    El nombre de los personajes ha sido cambiado para proteger a las víctimas.

    #amistades #audiovisual #Bogotá #camarógrafo #claseObrera #Colombia #crónicas #crónicasDeUnObservador #desencanto #Diegote #elMonoDeLosPlatillos #emprendimiento #ensayos #freelance #humorNegro #ironía #Jaimito #memorias #observaciónSocial #operadorDeCámara #pandemia #polarización #politica #postpandemia #promesas #realidad #redesSociales #trabajoIndependiente #vendehumos
  7. Corfo suma a Banco de Chile a su programa de financiamiento para startups
    La inclusión de la entidad bancaria amplía las opciones de crédito para emprendimientos y pymes innovadoras, sumando al ecosistema que

    laopiniononline.cl/corfo-suma-

    #BancoDeChile #Corfo #Emprendimiento #Financiamiento #Innovación #Pymes #startups

  8. Corfo suma a Banco de Chile a su programa de financiamiento para startups
    La inclusión de la entidad bancaria amplía las opciones de crédito para emprendimientos y pymes innovadoras, sumando al ecosistema que

    laopiniononline.cl/corfo-suma-

    #BancoDeChile #Corfo #Emprendimiento #Financiamiento #Innovación #Pymes #startups

  9. El crochet de mi mamá y la mentira del algoritmo

    Hace unos días desactivé una cuenta de Instagram.

    No era mi cuenta.

    Era una que había creado para mi mamá.

    Se llamaba El Ganchillo de Gloria.

    Durante años pensé que internet podía ayudarla a vender los tejidos en crochet que hace con sus manos. Le tomé fotografías. Diseñé publicaciones. Subí contenido. Hice lo que se supone que uno debe hacer cuando le dicen que las redes sociales son una herramienta para emprender.

    No funcionó.

    Y eso me obligó a aceptar algo que durante mucho tiempo no quise ver.

    Instagram nunca vendió un solo tejido.

    Ni uno.

    Los que sí compraron fueron los vecinos.

    Los amigos.

    Los amigos de los amigos.

    La gente que conocía a mi mamá.

    La gente que había visto su trabajo en persona.

    La gente real.

    La Matrix no compró una mierda.

    Durante años nos vendieron una historia muy seductora.

    Que cualquiera podía abrir una cuenta.

    Que cualquiera podía construir una audiencia.

    Que cualquiera podía convertir su oficio en un negocio.

    Que el algoritmo conectaría mágicamente a los creadores con los compradores.

    Pero la realidad fue mucho menos romántica.

    La gente da likes.

    La gente comenta.

    La gente comparte.

    La gente dice que ama lo artesanal.

    Pero cuando llega la hora de sacar la billetera, descubre que ama mucho más las cosas baratas.

    Un tejido en crochet puede tomar días o semanas de trabajo.

    Horas y horas de una persona sentada construyendo algo punto por punto.

    Sin embargo, mucha gente ve el resultado final y calcula el precio como si hubiera aparecido por generación espontánea.

    Recuerdo haber visto en París chales tejidos vendidos por cientos de euros.

    No estaban vendiendo lana.

    Estaban vendiendo tiempo.

    Experiencia.

    Paciencia.

    Trabajo humano.

    Aquí muchas veces la conversación empieza al revés.

    No preguntan cuánto demoró hacerlo.

    Preguntan cuánto descuento les van a hacer.

    Y si son amigos, esperan un descuento.

    Y si son amigos cercanos, esperan otro.

    Y si además existe algún parentesco, amistad o historia familiar, el descuento se vuelve parte de la negociación nacional permanente.

    El problema nunca fue el crochet.

    El problema fue creer que Instagram era la solución.

    Yo también compré esa fantasía.

    Creí que estar en redes significaba vender.

    Creí que la visibilidad era lo mismo que el valor.

    Creí que el algoritmo podía crear clientes.

    Y estaba equivocado.

    Lo más extraño es que, al desactivar la cuenta, no sentí que estuviera cerrando un negocio.

    Sentí que estaba enterrando una ilusión.

    La ilusión de que las plataformas digitales premian automáticamente el trabajo bien hecho.

    No lo hacen.

    Premian muchas otras cosas.

    La atención.

    La repetición.

    La publicidad.

    La suerte.

    A veces el escándalo.

    A veces el humo.

    Pero no necesariamente el trabajo bien hecho.

    Sin embargo, hay algo hermoso en todo esto.

    Porque mientras la cuenta fue incapaz de vender casi nada, los tejidos siguen existiendo.

    Tengo diez cubrecamas hechos a mano por mi mamá.

    Diez.

    Y los amo.

    Quizá Instagram desaparezca algún día.

    Quizá Meta termine siendo otro fósil digital.

    Quizá dentro de veinte años nadie recuerde qué era un reel.

    Pero esos cubrecamas seguirán existiendo.

    Seguirán contando una historia.

    La de una mujer que pasó miles de horas tejiendo.

    La de un hijo que creyó que internet podía ayudarla.

    Y la de una lección incómoda que tardé años en aprender:

    el valor de una cosa y la capacidad de venderla en redes sociales no son la misma cosa.

    La cuenta fue desactivada.

    La fantasía murió.

    Pero los tejidos sobrevivieron.

    Y, honestamente, creo que eso es lo más importante.

    @elmandelacamara

    Operador de cámara.

    Viejo.

    Cansado.

    Obsoleto.

    Hijo de una mujer que teje mejor de lo que vende Instagram.

    Amante del crochet de mamá.

    Desilusionado de eso que llaman amistad.

    Cansado de nadar contra la corriente.

    Solo la mayor parte del tiempo.

    Libre de la Matrix casi siempre.

    Y cada día más lejos de la fantasía del algoritmo.

    #algoritmo #artesanía #autobiografía #Bogotá #Cali #Caliwood #Colombia #crochet #crochetDeMamá #crochetHechoAMano #culturaDigital #desilusiónDigital #economíaDigital #elmandelacamara #emprendimiento #Ensayo #familia #fantasíaDelAlgoritmo #filmmaker #fueraDelAlgoritmo #hechoAMano #hijoDeUnaMujerQueTeje #historiaPersonal #instagram #laFantasíaDelAlgoritmo #laMatrixNoCompróUnaMierda #losTejidosSobrevivieron #mamá #memoria #obsoletoPeroFuncional #operadorDeCámara #paleontologíaDigital #redes #redesSociales #Reflexiones #trabajoInvisible #trabajoManual #vidaDigital #vidaReal #Zoociedad
  10. El crochet de mi mamá y la mentira del algoritmo

    Hace unos días desactivé una cuenta de Instagram.

    No era mi cuenta.

    Era una que había creado para mi mamá.

    Se llamaba El Ganchillo de Gloria.

    Durante años pensé que internet podía ayudarla a vender los tejidos en crochet que hace con sus manos. Le tomé fotografías. Diseñé publicaciones. Subí contenido. Hice lo que se supone que uno debe hacer cuando le dicen que las redes sociales son una herramienta para emprender.

    No funcionó.

    Y eso me obligó a aceptar algo que durante mucho tiempo no quise ver.

    Instagram nunca vendió un solo tejido.

    Ni uno.

    Los que sí compraron fueron los vecinos.

    Los amigos.

    Los amigos de los amigos.

    La gente que conocía a mi mamá.

    La gente que había visto su trabajo en persona.

    La gente real.

    La Matrix no compró una mierda.

    Durante años nos vendieron una historia muy seductora.

    Que cualquiera podía abrir una cuenta.

    Que cualquiera podía construir una audiencia.

    Que cualquiera podía convertir su oficio en un negocio.

    Que el algoritmo conectaría mágicamente a los creadores con los compradores.

    Pero la realidad fue mucho menos romántica.

    La gente da likes.

    La gente comenta.

    La gente comparte.

    La gente dice que ama lo artesanal.

    Pero cuando llega la hora de sacar la billetera, descubre que ama mucho más las cosas baratas.

    Un tejido en crochet puede tomar días o semanas de trabajo.

    Horas y horas de una persona sentada construyendo algo punto por punto.

    Sin embargo, mucha gente ve el resultado final y calcula el precio como si hubiera aparecido por generación espontánea.

    Recuerdo haber visto en París chales tejidos vendidos por cientos de euros.

    No estaban vendiendo lana.

    Estaban vendiendo tiempo.

    Experiencia.

    Paciencia.

    Trabajo humano.

    Aquí muchas veces la conversación empieza al revés.

    No preguntan cuánto demoró hacerlo.

    Preguntan cuánto descuento les van a hacer.

    Y si son amigos, esperan un descuento.

    Y si son amigos cercanos, esperan otro.

    Y si además existe algún parentesco, amistad o historia familiar, el descuento se vuelve parte de la negociación nacional permanente.

    El problema nunca fue el crochet.

    El problema fue creer que Instagram era la solución.

    Yo también compré esa fantasía.

    Creí que estar en redes significaba vender.

    Creí que la visibilidad era lo mismo que el valor.

    Creí que el algoritmo podía crear clientes.

    Y estaba equivocado.

    Lo más extraño es que, al desactivar la cuenta, no sentí que estuviera cerrando un negocio.

    Sentí que estaba enterrando una ilusión.

    La ilusión de que las plataformas digitales premian automáticamente el trabajo bien hecho.

    No lo hacen.

    Premian muchas otras cosas.

    La atención.

    La repetición.

    La publicidad.

    La suerte.

    A veces el escándalo.

    A veces el humo.

    Pero no necesariamente el trabajo bien hecho.

    Sin embargo, hay algo hermoso en todo esto.

    Porque mientras la cuenta fue incapaz de vender casi nada, los tejidos siguen existiendo.

    Tengo diez cubrecamas hechos a mano por mi mamá.

    Diez.

    Y los amo.

    Quizá Instagram desaparezca algún día.

    Quizá Meta termine siendo otro fósil digital.

    Quizá dentro de veinte años nadie recuerde qué era un reel.

    Pero esos cubrecamas seguirán existiendo.

    Seguirán contando una historia.

    La de una mujer que pasó miles de horas tejiendo.

    La de un hijo que creyó que internet podía ayudarla.

    Y la de una lección incómoda que tardé años en aprender:

    el valor de una cosa y la capacidad de venderla en redes sociales no son la misma cosa.

    La cuenta fue desactivada.

    La fantasía murió.

    Pero los tejidos sobrevivieron.

    Y, honestamente, creo que eso es lo más importante.

    @elmandelacamara

    Operador de cámara.

    Viejo.

    Cansado.

    Obsoleto.

    Hijo de una mujer que teje mejor de lo que vende Instagram.

    Amante del crochet de mamá.

    Desilusionado de eso que llaman amistad.

    Cansado de nadar contra la corriente.

    Solo la mayor parte del tiempo.

    Libre de la Matrix casi siempre.

    Y cada día más lejos de la fantasía del algoritmo.

    #algoritmo #artesanía #autobiografía #Bogotá #Cali #Caliwood #Colombia #crochet #crochetDeMamá #crochetHechoAMano #culturaDigital #desilusiónDigital #economíaDigital #elmandelacamara #emprendimiento #Ensayo #familia #fantasíaDelAlgoritmo #filmmaker #fueraDelAlgoritmo #hechoAMano #hijoDeUnaMujerQueTeje #historiaPersonal #instagram #laFantasíaDelAlgoritmo #laMatrixNoCompróUnaMierda #losTejidosSobrevivieron #mamá #memoria #obsoletoPeroFuncional #operadorDeCámara #paleontologíaDigital #redes #redesSociales #Reflexiones #trabajoInvisible #trabajoManual #vidaDigital #vidaReal #Zoociedad
  11. ¿Quieres expandir tu negocio a España? 🇪🇸

    Establecer una empresa siendo extranjero requiere más que papeleo: implica una estrategia legal, fiscal y laboral sólida para asegurar el éxito. 💼

    Descubre los pasos clave y cómo elegir la estructura societaria adecuada en nuestro nuevo artículo:
    adlanter.com/blog/establecer-e

    #Emprendimiento #España #Negocios #Inversion #Fiscalidad #Empresa

  12. :stargif: 𝑬𝒍 𝒄𝒖𝒆𝒓𝒐 𝒉𝒆𝒄𝒉𝒐 𝒄𝒐𝒏 𝒄𝒂𝒄𝒕𝒖𝒔 :stargif:

    Durante años, el cuero fue símbolo de lujo, resistencia y calidad.
    Pero también arrastraba un problema enorme detrás: contaminación, uso masivo de agua, químicos tóxicos y millones de animales sacrificados cada año.
    Mucha gente intentó buscar alternativas, aunque casi todas terminaban dependiendo del plástico.
    Cambiaban una contaminación por otra.

    Entonces aparecieron dos mexicanos con una idea que al principio sonaba extraña: hacer cuero usando nopales.

    Adrián López Velarde había trabajado en sectores como el automóvil y el mobiliario.
    Marte Cázarez venía del mundo de la moda.
    Los dos veían el mismo problema desde lugares distintos: la industria producía demasiado desperdicio y seguía funcionando como si el planeta fuera infinito.

    Así que dejaron sus trabajos y decidieron empezar de cero.

    No eligieron una planta exótica ni importada.
    Apostaron por algo profundamente mexicano: el nopal, la misma planta que aparece en el escudo nacional y en la bandera de México, creciendo sobre la piedra donde, según la tradición mexica, debía fundarse Tenochtitlán.

    El nopal está tan integrado en la vida cotidiana mexicana que mucha gente ni siquiera lo mira dos veces.
    Está en la comida, en los mercados, en los remedios tradicionales y creciendo en terrenos donde casi nada más sobrevive.
    Precisamente ahí vieron una oportunidad.

    Pasaron cerca de dos años investigando fórmulas, texturas y procesos hasta desarrollar un material flexible y resistente que pudiera competir con el cuero tradicional sin intentar parecer un simple plástico disfrazado.

    En 2019 presentaron el resultado en Milán, durante Lineapelle, una de las ferias internacionales más importantes del mundo dedicadas al cuero y sus alternativas.
    Y sorprendieron bastante más de lo esperado.

    El material tenía suavidad, elasticidad y un aspecto muy parecido al cuero animal.
    Mucha gente ni siquiera notaba la diferencia al tocarlo.

    Pero lo realmente llamativo era cómo se producía.

    Para obtener el material no arrancaban la planta completa.
    Solo cortaban las hojas maduras del nopal y la planta seguía viva, creciendo otra vez.
    Además, el cultivo necesitaba muchísima menos agua que la ganadería tradicional porque el nopal puede sobrevivir prácticamente con agua de lluvia y climas duros donde otros cultivos fracasarían.

    Según la propia empresa, en su finca de alrededor de 14 acres logran absorber miles de toneladas de CO₂ cada año.
    También sostienen que la huella de carbono del proceso es mucho menor que la del cuero animal y bastante más baja que muchos materiales sintéticos derivados del petróleo.

    La empresa terminó llamándose Desserto.

    Y poco a poco dejó de ser una curiosidad ecológica para convertirse en un negocio real.
    Marcas de moda, diseñadores de interiores y fabricantes empezaron a interesarse por aquel “cuero de cactus”.
    Hoy se utiliza en bolsos, carteras, calzado, tapicerías, muebles y partes interiores de automóviles.

    Lo curioso es que la idea apareció en un momento donde la industria de la moda estaba empezando a recibir críticas muy fuertes.
    Durante años se habló mucho del “fast fashion”: ropa barata, producida rápido y desechada todavía más rápido.
    Toneladas de residuos textiles terminaban acumuladas en vertederos mientras la contaminación seguía creciendo.

    En medio de todo eso, un cactus mexicano terminó entrando en conversaciones internacionales sobre el futuro de los materiales sostenibles.

    Y hay algo casi simbólico en toda esta historia.

    El nopal siempre fue visto como una planta resistente, áspera y común.
    Capaz de crecer en terrenos difíciles donde otras especies se secan.
    Durante siglos estuvo ahí, formando parte del paisaje cotidiano, sin glamour.

    Hasta que alguien decidió mirarlo de otra manera.

    Porque a veces las soluciones nuevas no aparecen en laboratorios futuristas ni en Silicon Valley.

    A veces llevan siglos creciendo delante de todos.

    ▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣

    #mexico #nopal #desserto #historiasreales #curiosidades #ecologia #cuerovegano #medioambiente #innovacion #cactus #modasostenible #historiashumanas #emprendimiento #sustentabilidad

  13. @galactus no, yo llené unos de caballeros del zodiaco y súper campeones.

    Tan fue así que yo era el que movía todas las láminas en el colegio.

    #Emprendimiento

  14. 🌍Un día para mirar un poco más allá de lo cotidiano… porque mientras seguimos con lo nuestro, hay realidades, luchas y talentos que también merecen foco.

    🎤 Día Mundial de la Voz: ese instrumento invisible que usamos a diario sin pensar… hasta que nos falta.
    Hoy toca cuidarla, pero también usarla para decir lo que importa.

    ⛓️ Día Internacional contra la Esclavitud Infantil: incómodo, sí.
    Pero necesario.
    Aún hay millones de niños sin infancia, atrapados en algo que no eligieron.
    Mirar hacia otro lado también es una decisión.

    💡 Día Mundial del Emprendimiento: ideas que nacen en pequeño y acaban cambiando vidas.
    Emprender no es solo negocio, es atreverse cuando nadie te asegura nada.

    🧬 Día Internacional del Síndrome de Wolf-Hirschhorn: visibilizar para comprender.
    Detrás de cada diagnóstico hay personas, familias y una lucha silenciosa que merece respeto y apoyo.

    Hoy no es solo un día más… es una oportunidad para mirar, entender y, si se puede, hacer algo.

    🌍🌍🌍🌍

    #diasinternacionales #conciencia #voz #emprendimiento #infancia #visibilizar #sociedad #humanidad #aprendizaje #16deabril

  15. Quien te envidia… también te observa.

    youtube.com/shorts/pW-r7pwjVxE

    #Instagram #viral #tiktok #twitter #facebook #españa #reels #motivacion #exito #mentalidad #disciplina #crecimientopersonal #liderazgo #superacion #emprendimiento #desarrollopersonal #envidia

    “Si llegaste hasta aquí… es porque estás listo para el siguiente nivel”

    “Guarda este video y míralo cada vez que dudes de ti”

    “Comenta ‘VOY CON TODO’ si decides avanzar sin mirar atrás”

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  16. 🔥 ■ Xavi Abat, abogado: "No firmaría ni 10.000 euros al mes de sueldo fijo: prefiero ganar poco a veces y mucho otras porque la adrenalina de montar cosas no tiene precio" ■ El abogado explicó su punto de vista en una entrevista en el canal de Youtube de Eric Ponce.
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