Hoy el mar está en calma.
Busco calmar mis pensamientos mientras las pequeñas olas rompen en la orilla.
Y me pregunto cómo algo tan pequeño puede llegar a hacer tanto daño.
Porque a veces no hace falta un gran golpe para rompernos. Basta con algo pequeño que golpee una y otra vez, día tras día, hasta desgastarnos por dentro.
Porque incluso la ola más pequeña, cuando nunca deja de golpear, puede terminar erosionando hasta la roca más firme.