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#tutankamon — Public Fediverse posts

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  1. Empezamos uno de los días más intensos de nuestro viaje por #Egipto.
    Primera parada: el valle de los reyes en #Luxor.
    Un lugar espectacular donde enterraban a los faraones con todas sus reliquias.
    Todas las tumbas estaban saqueadas, menos una: la tumba de #tutankamon
    Aún no encontrando riquezas materiales en el interior, las tumbas se encuentran en bastante buen estado, conservando incluso pintura, algo que nos hace imaginar más allá cómo eran otras obras que ya carecen de ella.

  2. #datocurioso

    ¿Sabían que Howard Carter no localizó la entrada a la tumba de Tutankamón por un cálculo arqueológico directo, sino gracias al hallazgo accidental de un escalón tallado en la roca por parte de un niño que trabajaba como aguador para la expedición?

    El 4 de noviembre de 1922, el joven Hussein Abdel-Rassoul golpeó con una vara una superficie inusual mientras cavaba un hoyo para colocar sus vasijas de agua, revelando el inicio de una escalera de dieciséis peldaños que conducía a una puerta sellada con los sellos de la necrópolis real. Tras seis años de excavaciones infructuosas y ante la amenaza de Lord Carnarvon de retirar el financiamiento, este descubrimiento permitió el acceso al corredor que desembocaba en la cámara más intacta del Valle de los Reyes.

    El proceso de descubrimiento de la momia fue una operación que tomó casi tres años desde el hallazgo inicial de la antecámara, debido a que Carter documentó cada objeto con un rigor fotográfico y descriptivo sin precedentes en la época. Al abrir el tercer ataúd de oro macizo el 28 de octubre de 1925, Carter se enfrentó al problema de que los ungüentos de embalsamamiento se habían solidificado como una resina negra, pegando literalmente la momia al fondo del sarcófago. Para intentar despegarla, Carter expuso el ataúd a temperaturas superiores a los 65°C bajo el sol del desierto y utilizó cuchillos térmicos, lo que resultó en daños estructurales a los restos del faraón, incluyendo la separación de la cabeza y las extremidades del tronco para poder extraer las joyas y amuletos incrustados entre las vendas.

    #Arqueologia #Egipto #HowardCarter #Tutankamon #Historia

  3. #datocurioso

    ¿Sabían que entre los más de cinco mil objetos hallados en la tumba de Tutankamón se encontró una daga de hierro con un origen que precedía por siglos a la Edad de Hierro en Egipto?

    Tras análisis químicos y radiológicos realizados en años recientes, investigadores egipcios e italianos confirmaron que la hoja del arma, descubierta junto al muslo derecho de la momia, fue forjada a partir de un meteorito metálico. La composición de la daga presenta altas concentraciones de níquel y cobalto que coinciden con la firma química de los octaedritos, un tipo de meteorito férreo, lo cual explica por qué el metal no mostraba signos de oxidación severa tras más de tres mil años de entierro.

    Este hallazgo es especialmente relevante porque en el periodo de la XVIII dinastía (hacia el 1323 a. C.), los antiguos egipcios aún no poseían la tecnología necesaria para alcanzar los puntos de fusión requeridos para procesar el mineral de hierro terrestre. Debido a esta limitación, el hierro era considerado un material extremadamente raro y valioso, denominado en textos antiguos como "hierro del cielo". Además de la daga, la momificación de Tutankamón presentó anomalías únicas en el registro arqueológico real: es el único faraón conocido al que se le extrajo el corazón durante el proceso de embalsamamiento sin sustituirlo por un escarabeo de corazón, y su cuerpo fue cubierto con una cantidad inusual de ungüentos negros que provocaron una combustión química lenta, carbonizando parcialmente los tejidos de la momia dentro de sus ataúdes de oro.

    #Tutankamon #Egiptologia #Arqueologia #Historia #Egipto #howardcarter

  4. :stargif: 𝑲𝑽𝟔𝟐: 𝒆𝒏𝒕𝒓𝒆 𝒆𝒍 𝒐𝒓𝒐 𝒚 𝒍𝒂 𝒉𝒆𝒓𝒊𝒅𝒂 :stargif:

    4 de noviembre de 1922.
    En el Valle de los Reyes, Howard Carter abre un umbral sellado durante más de tres milenios.
    Ante él, la tumba KV62 de Tutankamón.
    Oro apilado, carros desmontados, tronos, amuletos, la máscara funeraria.
    El mundo vuelve la mirada a Egipto y nace una fiebre que mezcla ciencia, codicia y mito.

    Pero el esplendor tuvo un reverso áspero.
    Los aceites y resinas del embalsamamiento habían soldado el cuerpo al ataúd de oro.
    Sin tomografías ni escáneres, Carter y el anatomista Douglas Derry trabajaron como podían: cuchillos calentados al fuego para reblandecer la masa negra, intentos de usar el sol del valle —más de 60 grados— para despegar el cadáver.
    No bastó.
    La momia fue desarticulada: brazos y piernas separados, la cabeza desprendida para liberar la máscara.
    Hoy lo llamaríamos inaceptable; en 1925 era práctica habitual en una arqueología que priorizaba el objeto sobre el cuerpo.

    Aquel examen determinó que el faraón murió con 18 o 19 años.
    Durante décadas se habló de asesinato por un golpe en la cabeza.
    Las tomografías y análisis genéticos del siglo XXI matizaron el relato: salud frágil, necrosis ósea en el pie (probable enfermedad de Köhler), dependencia de bastones —se hallaron más de un centenar en la tumba— y una combinación letal de malaria y fractura infectada tras una caída.
    El “rey niño” no era el atleta idealizado por sus estatuas, sino un joven marcado por la endogamia dinástica.

    Su vida fue breve y política.
    Hijo o yerno de Akenatón, heredó el terremoto religioso del monoteísmo atoniano.
    Cambió su nombre de Tutankatón a Tutankamón, restauró el culto tradicional y devolvió la capital a Tebas.
    Su tumba, pequeña y apresurada, sugiere una muerte inesperada y un entierro de urgencia.
    Ironía cruel: esa modestia la salvó de los saqueadores y la convirtió en el hallazgo más célebre de la egiptología.

    Dentro de la KV62 también se hallaron inscripciones funerarias y relieves cuidadosamente grabados en las paredes y sarcófagos.
    Eran fórmulas del Libro de los Muertos y advertencias rituales para proteger al faraón:

    “Yo soy el que ahuyenta a los saqueadores con la llama del desierto”.

    “Quien entre aquí con malas intenciones será juzgado por el Gran Dios”.

    No eran maldiciones mágicas, sino declaraciones que aseguraban el respeto y la seguridad de la tumba.
    Además, se encontraban textos religiosos que guiaban al rey en la vida después de la muerte, nombres y títulos reales, referencias a los dioses restaurados tras
    Akenatón y escenas de rituales funerarios.
    Estas inscripciones muestran la profunda conexión entre poder, religión y protección del más allá en el Antiguo Egipto.

    Luego vino la “maldición”.
    La muerte de Lord Carnarvon, mecenas de la expedición, cinco meses después, encendió la imaginación popular.
    La frase más citada nunca apareció en la tumba; fue amplificada por la prensa y novelistas como Marie Corelli.
    De 58 personas presentes en la apertura, solo ocho murieron en los doce años siguientes.
    El propio Carter vivió hasta 1939.
    ¿Hongos como Aspergillus en cámaras selladas?
    ¿Radón natural?
    Hipótesis plausibles.
    Maldición, no.

    Lord Carnarvon murió cinco meses después por septicemia tras un corte con una cuchilla de afeitar sobre una picadura de mosquito.
    George Jay Gould falleció poco después de visitar la tumba, víctima de una neumonía.
    Aubrey Herbert murió tras una infección derivada de una operación dental.
    Incluso Sir Archibald Douglas Reid, radiólogo de la expedición, murió en circunstancias misteriosas tras regresar a Londres.
    La mayoría fueron causas naturales o coincidencias, aunque el sensacionalismo las convirtió en “maldición”.

    Entre los tesoros, un objeto desafía el tiempo: el puñal de hierro hallado entre los vendajes.
    En 2016 se confirmó su origen meteórico por su alto contenido en níquel y cobalto.
    Para los egipcios era “metal del cielo”.
    Más que exotismo, habla de pericia técnica: forjar un material rarísimo sin que se oxide exige manos expertas y conocimiento empírico refinado.

    La KV62 es una paradoja.
    Fue una irrupción brutal sobre un cuerpo sagrado y, al mismo tiempo, el punto de partida de una arqueología que aprendió —a golpes— a ser más respetuosa y científica.
    Hoy, Tutankamón descansa en su tumba original, fragmentado y reensamblado.
    No es solo un icono dorado; es la memoria de cómo miramos el pasado y de cuánto hemos cambiado al hacerlo.
    Y esa lección, más que el oro, es lo que realmente perdura.

    ▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣

    #tutankamon #kv62 #valledelosreyes #howardcarter #egiptologia #antiguoegipto #arqueologia #maldiciondelosfaraones #historiaantigua #reynino

  5. :stargif: 𝑲𝑽𝟔𝟐: 𝒆𝒏𝒕𝒓𝒆 𝒆𝒍 𝒐𝒓𝒐 𝒚 𝒍𝒂 𝒉𝒆𝒓𝒊𝒅𝒂 :stargif:

    4 de noviembre de 1922.
    En el Valle de los Reyes, Howard Carter abre un umbral sellado durante más de tres milenios.
    Ante él, la tumba KV62 de Tutankamón.
    Oro apilado, carros desmontados, tronos, amuletos, la máscara funeraria.
    El mundo vuelve la mirada a Egipto y nace una fiebre que mezcla ciencia, codicia y mito.

    Pero el esplendor tuvo un reverso áspero.
    Los aceites y resinas del embalsamamiento habían soldado el cuerpo al ataúd de oro.
    Sin tomografías ni escáneres, Carter y el anatomista Douglas Derry trabajaron como podían: cuchillos calentados al fuego para reblandecer la masa negra, intentos de usar el sol del valle —más de 60 grados— para despegar el cadáver.
    No bastó.
    La momia fue desarticulada: brazos y piernas separados, la cabeza desprendida para liberar la máscara.
    Hoy lo llamaríamos inaceptable; en 1925 era práctica habitual en una arqueología que priorizaba el objeto sobre el cuerpo.

    Aquel examen determinó que el faraón murió con 18 o 19 años.
    Durante décadas se habló de asesinato por un golpe en la cabeza.
    Las tomografías y análisis genéticos del siglo XXI matizaron el relato: salud frágil, necrosis ósea en el pie (probable enfermedad de Köhler), dependencia de bastones —se hallaron más de un centenar en la tumba— y una combinación letal de malaria y fractura infectada tras una caída.
    El “rey niño” no era el atleta idealizado por sus estatuas, sino un joven marcado por la endogamia dinástica.

    Su vida fue breve y política.
    Hijo o yerno de Akenatón, heredó el terremoto religioso del monoteísmo atoniano.
    Cambió su nombre de Tutankatón a Tutankamón, restauró el culto tradicional y devolvió la capital a Tebas.
    Su tumba, pequeña y apresurada, sugiere una muerte inesperada y un entierro de urgencia.
    Ironía cruel: esa modestia la salvó de los saqueadores y la convirtió en el hallazgo más célebre de la egiptología.

    Dentro de la KV62 también se hallaron inscripciones funerarias y relieves cuidadosamente grabados en las paredes y sarcófagos.
    Eran fórmulas del Libro de los Muertos y advertencias rituales para proteger al faraón:

    “Yo soy el que ahuyenta a los saqueadores con la llama del desierto”.

    “Quien entre aquí con malas intenciones será juzgado por el Gran Dios”.

    No eran maldiciones mágicas, sino declaraciones que aseguraban el respeto y la seguridad de la tumba.
    Además, se encontraban textos religiosos que guiaban al rey en la vida después de la muerte, nombres y títulos reales, referencias a los dioses restaurados tras
    Akenatón y escenas de rituales funerarios.
    Estas inscripciones muestran la profunda conexión entre poder, religión y protección del más allá en el Antiguo Egipto.

    Luego vino la “maldición”.
    La muerte de Lord Carnarvon, mecenas de la expedición, cinco meses después, encendió la imaginación popular.
    La frase más citada nunca apareció en la tumba; fue amplificada por la prensa y novelistas como Marie Corelli.
    De 58 personas presentes en la apertura, solo ocho murieron en los doce años siguientes.
    El propio Carter vivió hasta 1939.
    ¿Hongos como Aspergillus en cámaras selladas?
    ¿Radón natural?
    Hipótesis plausibles.
    Maldición, no.

    Lord Carnarvon murió cinco meses después por septicemia tras un corte con una cuchilla de afeitar sobre una picadura de mosquito.
    George Jay Gould falleció poco después de visitar la tumba, víctima de una neumonía.
    Aubrey Herbert murió tras una infección derivada de una operación dental.
    Incluso Sir Archibald Douglas Reid, radiólogo de la expedición, murió en circunstancias misteriosas tras regresar a Londres.
    La mayoría fueron causas naturales o coincidencias, aunque el sensacionalismo las convirtió en “maldición”.

    Entre los tesoros, un objeto desafía el tiempo: el puñal de hierro hallado entre los vendajes.
    En 2016 se confirmó su origen meteórico por su alto contenido en níquel y cobalto.
    Para los egipcios era “metal del cielo”.
    Más que exotismo, habla de pericia técnica: forjar un material rarísimo sin que se oxide exige manos expertas y conocimiento empírico refinado.

    La KV62 es una paradoja.
    Fue una irrupción brutal sobre un cuerpo sagrado y, al mismo tiempo, el punto de partida de una arqueología que aprendió —a golpes— a ser más respetuosa y científica.
    Hoy, Tutankamón descansa en su tumba original, fragmentado y reensamblado.
    No es solo un icono dorado; es la memoria de cómo miramos el pasado y de cuánto hemos cambiado al hacerlo.
    Y esa lección, más que el oro, es lo que realmente perdura.

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    #tutankamon #kv62 #valledelosreyes #howardcarter #egiptologia #antiguoegipto #arqueologia #maldiciondelosfaraones #historiaantigua #reynino

  6. :stargif: 𝑲𝑽𝟔𝟐: 𝒆𝒏𝒕𝒓𝒆 𝒆𝒍 𝒐𝒓𝒐 𝒚 𝒍𝒂 𝒉𝒆𝒓𝒊𝒅𝒂 :stargif:

    4 de noviembre de 1922.
    En el Valle de los Reyes, Howard Carter abre un umbral sellado durante más de tres milenios.
    Ante él, la tumba KV62 de Tutankamón.
    Oro apilado, carros desmontados, tronos, amuletos, la máscara funeraria.
    El mundo vuelve la mirada a Egipto y nace una fiebre que mezcla ciencia, codicia y mito.

    Pero el esplendor tuvo un reverso áspero.
    Los aceites y resinas del embalsamamiento habían soldado el cuerpo al ataúd de oro.
    Sin tomografías ni escáneres, Carter y el anatomista Douglas Derry trabajaron como podían: cuchillos calentados al fuego para reblandecer la masa negra, intentos de usar el sol del valle —más de 60 grados— para despegar el cadáver.
    No bastó.
    La momia fue desarticulada: brazos y piernas separados, la cabeza desprendida para liberar la máscara.
    Hoy lo llamaríamos inaceptable; en 1925 era práctica habitual en una arqueología que priorizaba el objeto sobre el cuerpo.

    Aquel examen determinó que el faraón murió con 18 o 19 años.
    Durante décadas se habló de asesinato por un golpe en la cabeza.
    Las tomografías y análisis genéticos del siglo XXI matizaron el relato: salud frágil, necrosis ósea en el pie (probable enfermedad de Köhler), dependencia de bastones —se hallaron más de un centenar en la tumba— y una combinación letal de malaria y fractura infectada tras una caída.
    El “rey niño” no era el atleta idealizado por sus estatuas, sino un joven marcado por la endogamia dinástica.

    Su vida fue breve y política.
    Hijo o yerno de Akenatón, heredó el terremoto religioso del monoteísmo atoniano.
    Cambió su nombre de Tutankatón a Tutankamón, restauró el culto tradicional y devolvió la capital a Tebas.
    Su tumba, pequeña y apresurada, sugiere una muerte inesperada y un entierro de urgencia.
    Ironía cruel: esa modestia la salvó de los saqueadores y la convirtió en el hallazgo más célebre de la egiptología.

    Dentro de la KV62 también se hallaron inscripciones funerarias y relieves cuidadosamente grabados en las paredes y sarcófagos.
    Eran fórmulas del Libro de los Muertos y advertencias rituales para proteger al faraón:

    “Yo soy el que ahuyenta a los saqueadores con la llama del desierto”.

    “Quien entre aquí con malas intenciones será juzgado por el Gran Dios”.

    No eran maldiciones mágicas, sino declaraciones que aseguraban el respeto y la seguridad de la tumba.
    Además, se encontraban textos religiosos que guiaban al rey en la vida después de la muerte, nombres y títulos reales, referencias a los dioses restaurados tras
    Akenatón y escenas de rituales funerarios.
    Estas inscripciones muestran la profunda conexión entre poder, religión y protección del más allá en el Antiguo Egipto.

    Luego vino la “maldición”.
    La muerte de Lord Carnarvon, mecenas de la expedición, cinco meses después, encendió la imaginación popular.
    La frase más citada nunca apareció en la tumba; fue amplificada por la prensa y novelistas como Marie Corelli.
    De 58 personas presentes en la apertura, solo ocho murieron en los doce años siguientes.
    El propio Carter vivió hasta 1939.
    ¿Hongos como Aspergillus en cámaras selladas?
    ¿Radón natural?
    Hipótesis plausibles.
    Maldición, no.

    Lord Carnarvon murió cinco meses después por septicemia tras un corte con una cuchilla de afeitar sobre una picadura de mosquito.
    George Jay Gould falleció poco después de visitar la tumba, víctima de una neumonía.
    Aubrey Herbert murió tras una infección derivada de una operación dental.
    Incluso Sir Archibald Douglas Reid, radiólogo de la expedición, murió en circunstancias misteriosas tras regresar a Londres.
    La mayoría fueron causas naturales o coincidencias, aunque el sensacionalismo las convirtió en “maldición”.

    Entre los tesoros, un objeto desafía el tiempo: el puñal de hierro hallado entre los vendajes.
    En 2016 se confirmó su origen meteórico por su alto contenido en níquel y cobalto.
    Para los egipcios era “metal del cielo”.
    Más que exotismo, habla de pericia técnica: forjar un material rarísimo sin que se oxide exige manos expertas y conocimiento empírico refinado.

    La KV62 es una paradoja.
    Fue una irrupción brutal sobre un cuerpo sagrado y, al mismo tiempo, el punto de partida de una arqueología que aprendió —a golpes— a ser más respetuosa y científica.
    Hoy, Tutankamón descansa en su tumba original, fragmentado y reensamblado.
    No es solo un icono dorado; es la memoria de cómo miramos el pasado y de cuánto hemos cambiado al hacerlo.
    Y esa lección, más que el oro, es lo que realmente perdura.

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    #tutankamon #kv62 #valledelosreyes #howardcarter #egiptologia #antiguoegipto #arqueologia #maldiciondelosfaraones #historiaantigua #reynino

  7. :stargif: 𝑲𝑽𝟔𝟐: 𝒆𝒏𝒕𝒓𝒆 𝒆𝒍 𝒐𝒓𝒐 𝒚 𝒍𝒂 𝒉𝒆𝒓𝒊𝒅𝒂 :stargif:

    4 de noviembre de 1922.
    En el Valle de los Reyes, Howard Carter abre un umbral sellado durante más de tres milenios.
    Ante él, la tumba KV62 de Tutankamón.
    Oro apilado, carros desmontados, tronos, amuletos, la máscara funeraria.
    El mundo vuelve la mirada a Egipto y nace una fiebre que mezcla ciencia, codicia y mito.

    Pero el esplendor tuvo un reverso áspero.
    Los aceites y resinas del embalsamamiento habían soldado el cuerpo al ataúd de oro.
    Sin tomografías ni escáneres, Carter y el anatomista Douglas Derry trabajaron como podían: cuchillos calentados al fuego para reblandecer la masa negra, intentos de usar el sol del valle —más de 60 grados— para despegar el cadáver.
    No bastó.
    La momia fue desarticulada: brazos y piernas separados, la cabeza desprendida para liberar la máscara.
    Hoy lo llamaríamos inaceptable; en 1925 era práctica habitual en una arqueología que priorizaba el objeto sobre el cuerpo.

    Aquel examen determinó que el faraón murió con 18 o 19 años.
    Durante décadas se habló de asesinato por un golpe en la cabeza.
    Las tomografías y análisis genéticos del siglo XXI matizaron el relato: salud frágil, necrosis ósea en el pie (probable enfermedad de Köhler), dependencia de bastones —se hallaron más de un centenar en la tumba— y una combinación letal de malaria y fractura infectada tras una caída.
    El “rey niño” no era el atleta idealizado por sus estatuas, sino un joven marcado por la endogamia dinástica.

    Su vida fue breve y política.
    Hijo o yerno de Akenatón, heredó el terremoto religioso del monoteísmo atoniano.
    Cambió su nombre de Tutankatón a Tutankamón, restauró el culto tradicional y devolvió la capital a Tebas.
    Su tumba, pequeña y apresurada, sugiere una muerte inesperada y un entierro de urgencia.
    Ironía cruel: esa modestia la salvó de los saqueadores y la convirtió en el hallazgo más célebre de la egiptología.

    Dentro de la KV62 también se hallaron inscripciones funerarias y relieves cuidadosamente grabados en las paredes y sarcófagos.
    Eran fórmulas del Libro de los Muertos y advertencias rituales para proteger al faraón:

    “Yo soy el que ahuyenta a los saqueadores con la llama del desierto”.

    “Quien entre aquí con malas intenciones será juzgado por el Gran Dios”.

    No eran maldiciones mágicas, sino declaraciones que aseguraban el respeto y la seguridad de la tumba.
    Además, se encontraban textos religiosos que guiaban al rey en la vida después de la muerte, nombres y títulos reales, referencias a los dioses restaurados tras
    Akenatón y escenas de rituales funerarios.
    Estas inscripciones muestran la profunda conexión entre poder, religión y protección del más allá en el Antiguo Egipto.

    Luego vino la “maldición”.
    La muerte de Lord Carnarvon, mecenas de la expedición, cinco meses después, encendió la imaginación popular.
    La frase más citada nunca apareció en la tumba; fue amplificada por la prensa y novelistas como Marie Corelli.
    De 58 personas presentes en la apertura, solo ocho murieron en los doce años siguientes.
    El propio Carter vivió hasta 1939.
    ¿Hongos como Aspergillus en cámaras selladas?
    ¿Radón natural?
    Hipótesis plausibles.
    Maldición, no.

    Lord Carnarvon murió cinco meses después por septicemia tras un corte con una cuchilla de afeitar sobre una picadura de mosquito.
    George Jay Gould falleció poco después de visitar la tumba, víctima de una neumonía.
    Aubrey Herbert murió tras una infección derivada de una operación dental.
    Incluso Sir Archibald Douglas Reid, radiólogo de la expedición, murió en circunstancias misteriosas tras regresar a Londres.
    La mayoría fueron causas naturales o coincidencias, aunque el sensacionalismo las convirtió en “maldición”.

    Entre los tesoros, un objeto desafía el tiempo: el puñal de hierro hallado entre los vendajes.
    En 2016 se confirmó su origen meteórico por su alto contenido en níquel y cobalto.
    Para los egipcios era “metal del cielo”.
    Más que exotismo, habla de pericia técnica: forjar un material rarísimo sin que se oxide exige manos expertas y conocimiento empírico refinado.

    La KV62 es una paradoja.
    Fue una irrupción brutal sobre un cuerpo sagrado y, al mismo tiempo, el punto de partida de una arqueología que aprendió —a golpes— a ser más respetuosa y científica.
    Hoy, Tutankamón descansa en su tumba original, fragmentado y reensamblado.
    No es solo un icono dorado; es la memoria de cómo miramos el pasado y de cuánto hemos cambiado al hacerlo.
    Y esa lección, más que el oro, es lo que realmente perdura.

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    #tutankamon #kv62 #valledelosreyes #howardcarter #egiptologia #antiguoegipto #arqueologia #maldiciondelosfaraones #historiaantigua #reynino

  8. :stargif: 𝑲𝑽𝟔𝟐: 𝒆𝒏𝒕𝒓𝒆 𝒆𝒍 𝒐𝒓𝒐 𝒚 𝒍𝒂 𝒉𝒆𝒓𝒊𝒅𝒂 :stargif:

    4 de noviembre de 1922.
    En el Valle de los Reyes, Howard Carter abre un umbral sellado durante más de tres milenios.
    Ante él, la tumba KV62 de Tutankamón.
    Oro apilado, carros desmontados, tronos, amuletos, la máscara funeraria.
    El mundo vuelve la mirada a Egipto y nace una fiebre que mezcla ciencia, codicia y mito.

    Pero el esplendor tuvo un reverso áspero.
    Los aceites y resinas del embalsamamiento habían soldado el cuerpo al ataúd de oro.
    Sin tomografías ni escáneres, Carter y el anatomista Douglas Derry trabajaron como podían: cuchillos calentados al fuego para reblandecer la masa negra, intentos de usar el sol del valle —más de 60 grados— para despegar el cadáver.
    No bastó.
    La momia fue desarticulada: brazos y piernas separados, la cabeza desprendida para liberar la máscara.
    Hoy lo llamaríamos inaceptable; en 1925 era práctica habitual en una arqueología que priorizaba el objeto sobre el cuerpo.

    Aquel examen determinó que el faraón murió con 18 o 19 años.
    Durante décadas se habló de asesinato por un golpe en la cabeza.
    Las tomografías y análisis genéticos del siglo XXI matizaron el relato: salud frágil, necrosis ósea en el pie (probable enfermedad de Köhler), dependencia de bastones —se hallaron más de un centenar en la tumba— y una combinación letal de malaria y fractura infectada tras una caída.
    El “rey niño” no era el atleta idealizado por sus estatuas, sino un joven marcado por la endogamia dinástica.

    Su vida fue breve y política.
    Hijo o yerno de Akenatón, heredó el terremoto religioso del monoteísmo atoniano.
    Cambió su nombre de Tutankatón a Tutankamón, restauró el culto tradicional y devolvió la capital a Tebas.
    Su tumba, pequeña y apresurada, sugiere una muerte inesperada y un entierro de urgencia.
    Ironía cruel: esa modestia la salvó de los saqueadores y la convirtió en el hallazgo más célebre de la egiptología.

    Dentro de la KV62 también se hallaron inscripciones funerarias y relieves cuidadosamente grabados en las paredes y sarcófagos.
    Eran fórmulas del Libro de los Muertos y advertencias rituales para proteger al faraón:

    “Yo soy el que ahuyenta a los saqueadores con la llama del desierto”.

    “Quien entre aquí con malas intenciones será juzgado por el Gran Dios”.

    No eran maldiciones mágicas, sino declaraciones que aseguraban el respeto y la seguridad de la tumba.
    Además, se encontraban textos religiosos que guiaban al rey en la vida después de la muerte, nombres y títulos reales, referencias a los dioses restaurados tras
    Akenatón y escenas de rituales funerarios.
    Estas inscripciones muestran la profunda conexión entre poder, religión y protección del más allá en el Antiguo Egipto.

    Luego vino la “maldición”.
    La muerte de Lord Carnarvon, mecenas de la expedición, cinco meses después, encendió la imaginación popular.
    La frase más citada nunca apareció en la tumba; fue amplificada por la prensa y novelistas como Marie Corelli.
    De 58 personas presentes en la apertura, solo ocho murieron en los doce años siguientes.
    El propio Carter vivió hasta 1939.
    ¿Hongos como Aspergillus en cámaras selladas?
    ¿Radón natural?
    Hipótesis plausibles.
    Maldición, no.

    Lord Carnarvon murió cinco meses después por septicemia tras un corte con una cuchilla de afeitar sobre una picadura de mosquito.
    George Jay Gould falleció poco después de visitar la tumba, víctima de una neumonía.
    Aubrey Herbert murió tras una infección derivada de una operación dental.
    Incluso Sir Archibald Douglas Reid, radiólogo de la expedición, murió en circunstancias misteriosas tras regresar a Londres.
    La mayoría fueron causas naturales o coincidencias, aunque el sensacionalismo las convirtió en “maldición”.

    Entre los tesoros, un objeto desafía el tiempo: el puñal de hierro hallado entre los vendajes.
    En 2016 se confirmó su origen meteórico por su alto contenido en níquel y cobalto.
    Para los egipcios era “metal del cielo”.
    Más que exotismo, habla de pericia técnica: forjar un material rarísimo sin que se oxide exige manos expertas y conocimiento empírico refinado.

    La KV62 es una paradoja.
    Fue una irrupción brutal sobre un cuerpo sagrado y, al mismo tiempo, el punto de partida de una arqueología que aprendió —a golpes— a ser más respetuosa y científica.
    Hoy, Tutankamón descansa en su tumba original, fragmentado y reensamblado.
    No es solo un icono dorado; es la memoria de cómo miramos el pasado y de cuánto hemos cambiado al hacerlo.
    Y esa lección, más que el oro, es lo que realmente perdura.

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    #tutankamon #kv62 #valledelosreyes #howardcarter #egiptologia #antiguoegipto #arqueologia #maldiciondelosfaraones #historiaantigua #reynino

  9. La máscara de Tutankamón

    Casi todo el mundo coincide en afirmar que la máscara funeraria de Tutankamón, una pieza magnífica que cubría los hombros y el rostro de la momia del faraón.

    #mascara #faraon #tutankamon #reyniño #HowardCarter #arteegipcio

    digitalsaber30.blogspot.com/20

  10. La máscara de Tutankamón

    Casi todo el mundo coincide en afirmar que la máscara funeraria de Tutankamón, una pieza magnífica que cubría los hombros y el rostro de la momia del faraón.

    #mascara #faraon #tutankamon #reyniño #HowardCarter #arteegipcio

    digitalsaber30.blogspot.com/20

  11. 🗓 Efeméride : 16 de febrero de 1923.

    🏺 El arqueólogo británico Howard Carter abrió la puerta sellada de la tumba de Tutankamón en el Valle de los Reyes, con lo que se reveló un tesoro intacto que asombró al mundo y revolucionó la egiptología.

    #ahEfeméride #Tutankamón #HowardCarter #Egipto #Historia

  12. 🗓 Efeméride : 16 de febrero de 1923.

    🏺 El arqueólogo británico Howard Carter abrió la puerta sellada de la tumba de Tutankamón en el Valle de los Reyes, con lo que se reveló un tesoro intacto que asombró al mundo y revolucionó la egiptología.

    #ahEfeméride #Tutankamón #HowardCarter #Egipto #Historia

  13. 🗓 Efeméride : 16 de febrero de 1923.

    🏺 El arqueólogo británico Howard Carter abrió la puerta sellada de la tumba de Tutankamón en el Valle de los Reyes, con lo que se reveló un tesoro intacto que asombró al mundo y revolucionó la egiptología.

    #ahEfeméride #Tutankamón #HowardCarter #Egipto #Historia

  14. «𝐓𝐔𝐓𝐀𝐍𝐊𝐀𝐌Ó𝐍. 𝐅𝐀𝐑𝐀Ó𝐍. 𝐈𝐂𝐎𝐍𝐎. 𝐄𝐍𝐈𝐆𝐌𝐀»

    [𝙰𝚁𝚃Í𝙲𝚄𝙻𝙾]

    17 de febrero de 1923. Ese día, el arqueólogo británico Howard Carter rompió el sello de su tumba acompañado de su mecenas, Lord Carnavon. En un país donde casi todos los enterramientos habían sido desvalijados, su tesoro compuesto por 5.398 objetos entró en la Historia.

    agenciasinc.es/Opinion/Tutanka

    El nombre de #Tutankamón figura, junto con los de Alejandro Magno, Julio César, Cleopatra y Pericles, entre los primeros que nuestra memoria asocia automáticamente a la Antigüedad. Pero ¿qué méritos hizo para entrar el club VIP de las personalidades de antaño? ¿La maldición que perseguía a sus profanadores? ¿Las riquezas inauditas de su tumba? ¿Las hazañas de su reinado? Colocar al rey Tut en su justo sitio en la historia es el cometido que se ha fijado el actualizado libro firmado por una especialista, la profesora de Egiptología de Oxford, Joyce Tyldesley.

    #Cultura #Historia #Egipto #Faraón #Efeméride
    #Egypt #History #Culture #Pharaoh

  15. «𝐓𝐔𝐓𝐀𝐍𝐊𝐀𝐌Ó𝐍. 𝐅𝐀𝐑𝐀Ó𝐍. 𝐈𝐂𝐎𝐍𝐎. 𝐄𝐍𝐈𝐆𝐌𝐀»

    [𝙰𝚁𝚃Í𝙲𝚄𝙻𝙾]

    17 de febrero de 1923. Ese día, el arqueólogo británico Howard Carter rompió el sello de su tumba acompañado de su mecenas, Lord Carnavon. En un país donde casi todos los enterramientos habían sido desvalijados, su tesoro compuesto por 5.398 objetos entró en la Historia.

    agenciasinc.es/Opinion/Tutanka

    El nombre de #Tutankamón figura, junto con los de Alejandro Magno, Julio César, Cleopatra y Pericles, entre los primeros que nuestra memoria asocia automáticamente a la Antigüedad. Pero ¿qué méritos hizo para entrar el club VIP de las personalidades de antaño? ¿La maldición que perseguía a sus profanadores? ¿Las riquezas inauditas de su tumba? ¿Las hazañas de su reinado? Colocar al rey Tut en su justo sitio en la historia es el cometido que se ha fijado el actualizado libro firmado por una especialista, la profesora de Egiptología de Oxford, Joyce Tyldesley.

    #Cultura #Historia #Egipto #Faraón #Efeméride
    #Egypt #History #Culture #Pharaoh

  16. «𝐓𝐔𝐓𝐀𝐍𝐊𝐀𝐌Ó𝐍. 𝐅𝐀𝐑𝐀Ó𝐍. 𝐈𝐂𝐎𝐍𝐎. 𝐄𝐍𝐈𝐆𝐌𝐀»

    [𝙰𝚁𝚃Í𝙲𝚄𝙻𝙾]

    17 de febrero de 1923. Ese día, el arqueólogo británico Howard Carter rompió el sello de su tumba acompañado de su mecenas, Lord Carnavon. En un país donde casi todos los enterramientos habían sido desvalijados, su tesoro compuesto por 5.398 objetos entró en la Historia.

    agenciasinc.es/Opinion/Tutanka

    El nombre de #Tutankamón figura, junto con los de Alejandro Magno, Julio César, Cleopatra y Pericles, entre los primeros que nuestra memoria asocia automáticamente a la Antigüedad. Pero ¿qué méritos hizo para entrar el club VIP de las personalidades de antaño? ¿La maldición que perseguía a sus profanadores? ¿Las riquezas inauditas de su tumba? ¿Las hazañas de su reinado? Colocar al rey Tut en su justo sitio en la historia es el cometido que se ha fijado el actualizado libro firmado por una especialista, la profesora de Egiptología de Oxford, Joyce Tyldesley.

    #Cultura #Historia #Egipto #Faraón #Efeméride
    #Egypt #History #Culture #Pharaoh