#rituales — Public Fediverse posts
Live and recent posts from across the Fediverse tagged #rituales, aggregated by home.social.
-
𝑪𝒖𝒓𝒊𝒐𝒔𝒊𝒅𝒂𝒅𝒆𝒔
Durante siglos, en el sur de Italia existió una creencia que muchos consideraban tan real como cualquier enfermedad.
Se decía que una mirada podía enfermar a una persona.
En regiones como Calabria, dentro de la antigua Magna Grecia, esta idea se conocía como el mal de ojo: una fuerza invisible nacida de la envidia, el deseo o incluso de una admiración excesiva.
No hacía falta mala intención consciente.
Bastaba con “mirar demasiado”.Cuando alguien empezaba a sentirse extraño sin causa aparente, algunos no pensaban en virus ni en fatiga.
Pensaban en eso.
Cansancio repentino.
Dolores de cabeza.
Ansiedad, debilidad, una sensación difícil de explicar.Entonces no acudían a un médico.
Acudían a alguien que estaba mucho más cerca.
A una abuela.
A una madrina.
A una mujer del pueblo que conociera el antiguo ritual.El encantamiento.
El rito podía hacerse en cualquier lugar, dentro de una casa o al aire libre.
Lo único importante era el silencio y cierta concentración casi ritual.
La curandera se colocaba frente al afectado, hacía la señal de la cruz y con el pulgar dibujaba tres pequeñas cruces sobre la frente.Después empezaban las oraciones.
Pero no eran oraciones cualquiera.
Eran fórmulas transmitidas en secreto, de generación en generación, nunca escritas.
Palabras que no se enseñaban… se heredaban.Durante el ritual ocurría algo curioso.
Si la mujer bostezaba mientras recitaba el Ave María, se interpretaba que el mal venía de una mujer.
Si ocurría durante el Padre Nuestro, el origen era masculino.Para quienes creían en ello, ese gesto no era casual.
Era una pista.
Una forma de dar sentido a lo invisible.
Pero quizá lo más interesante no era el ritual en sí, sino cómo se transmitía.
Las curanderas rara vez explicaban todo.
Cada una tenía su variante, su manera de decir las palabras, su forma de hacer las cruces.
Y, según la tradición, solo podían enseñar ese conocimiento a tres personas en toda su vida.Ni una más.
Y no en cualquier momento.
Solo a medianoche, en Nochebuena.
Como si el conocimiento necesitara un instante concreto para no perder su fuerza.
Hoy, muchos lo ven como una superstición.
Pero la realidad es más compleja.
Porque estas prácticas no han desaparecido.
Siguen existiendo.
En pueblos del sur de Italia, en España, en Grecia o en América Latina, todavía hay personas que acuden a alguien “que sabe”.
No siempre lo llaman curandera.
A veces es simplemente “una mujer mayor”, alguien de confianza.Y lo curioso es que, en muchos casos, quien acude no lo hace por ignorancia.
Lo hace porque no encuentra otra explicación.
O porque necesita algo que la medicina no siempre da:
consuelo, atención, una sensación de control.Ahí está la clave.
Más allá de si el mal de ojo existe o no, estos rituales funcionaban —y en cierto modo siguen funcionando— porque daban una respuesta.
Ordenaban el miedo.
Ponían nombre a lo que no se entendía.Y eso, en cualquier época, tiene un poder enorme.
La historia demuestra que cada sociedad crea sus propias formas de explicar lo desconocido.
Algunas se apoyan en la ciencia.
Otras en la tradición.La mayoría, en una mezcla de ambas.
Porque cuando algo nos asusta de verdad… no siempre buscamos la respuesta más racional.
Buscamos la que nos deja dormir tranquilos.
Si hubieras vivido en uno de esos pueblos hace cien años, y alguien cercano empezara a sentirse mal sin explicación…
¿habrías acudido a la curandera…
o habrías mirado a otro lado, fingiendo que no creías en ello?▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣
#historia #tradiciones #maldelojo #curanderos #culturapopular #creencias #antropologia #historiaviva #rituales #curiosidadeshistoricas
-
𝑪𝒖𝒓𝒊𝒐𝒔𝒊𝒅𝒂𝒅𝒆𝒔
Durante siglos, en el sur de Italia existió una creencia que muchos consideraban tan real como cualquier enfermedad.
Se decía que una mirada podía enfermar a una persona.
En regiones como Calabria, dentro de la antigua Magna Grecia, esta idea se conocía como el mal de ojo: una fuerza invisible nacida de la envidia, el deseo o incluso de una admiración excesiva.
No hacía falta mala intención consciente.
Bastaba con “mirar demasiado”.Cuando alguien empezaba a sentirse extraño sin causa aparente, algunos no pensaban en virus ni en fatiga.
Pensaban en eso.
Cansancio repentino.
Dolores de cabeza.
Ansiedad, debilidad, una sensación difícil de explicar.Entonces no acudían a un médico.
Acudían a alguien que estaba mucho más cerca.
A una abuela.
A una madrina.
A una mujer del pueblo que conociera el antiguo ritual.El encantamiento.
El rito podía hacerse en cualquier lugar, dentro de una casa o al aire libre.
Lo único importante era el silencio y cierta concentración casi ritual.
La curandera se colocaba frente al afectado, hacía la señal de la cruz y con el pulgar dibujaba tres pequeñas cruces sobre la frente.Después empezaban las oraciones.
Pero no eran oraciones cualquiera.
Eran fórmulas transmitidas en secreto, de generación en generación, nunca escritas.
Palabras que no se enseñaban… se heredaban.Durante el ritual ocurría algo curioso.
Si la mujer bostezaba mientras recitaba el Ave María, se interpretaba que el mal venía de una mujer.
Si ocurría durante el Padre Nuestro, el origen era masculino.Para quienes creían en ello, ese gesto no era casual.
Era una pista.
Una forma de dar sentido a lo invisible.
Pero quizá lo más interesante no era el ritual en sí, sino cómo se transmitía.
Las curanderas rara vez explicaban todo.
Cada una tenía su variante, su manera de decir las palabras, su forma de hacer las cruces.
Y, según la tradición, solo podían enseñar ese conocimiento a tres personas en toda su vida.Ni una más.
Y no en cualquier momento.
Solo a medianoche, en Nochebuena.
Como si el conocimiento necesitara un instante concreto para no perder su fuerza.
Hoy, muchos lo ven como una superstición.
Pero la realidad es más compleja.
Porque estas prácticas no han desaparecido.
Siguen existiendo.
En pueblos del sur de Italia, en España, en Grecia o en América Latina, todavía hay personas que acuden a alguien “que sabe”.
No siempre lo llaman curandera.
A veces es simplemente “una mujer mayor”, alguien de confianza.Y lo curioso es que, en muchos casos, quien acude no lo hace por ignorancia.
Lo hace porque no encuentra otra explicación.
O porque necesita algo que la medicina no siempre da:
consuelo, atención, una sensación de control.Ahí está la clave.
Más allá de si el mal de ojo existe o no, estos rituales funcionaban —y en cierto modo siguen funcionando— porque daban una respuesta.
Ordenaban el miedo.
Ponían nombre a lo que no se entendía.Y eso, en cualquier época, tiene un poder enorme.
La historia demuestra que cada sociedad crea sus propias formas de explicar lo desconocido.
Algunas se apoyan en la ciencia.
Otras en la tradición.La mayoría, en una mezcla de ambas.
Porque cuando algo nos asusta de verdad… no siempre buscamos la respuesta más racional.
Buscamos la que nos deja dormir tranquilos.
Si hubieras vivido en uno de esos pueblos hace cien años, y alguien cercano empezara a sentirse mal sin explicación…
¿habrías acudido a la curandera…
o habrías mirado a otro lado, fingiendo que no creías en ello?▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣
#historia #tradiciones #maldelojo #curanderos #culturapopular #creencias #antropologia #historiaviva #rituales #curiosidadeshistoricas
-
#visualart #photography #Photo #fotografie #fotografia #NoToWar #couleur #colors #color #artberlin #artlondon #artparis #artmontreal #artbasel #artnewyork #arthamburg #ficciones #fictions #poesia #poetics #rituales #rituals #rituels ##obon #お盆 #DiaDeMuertos #灯籠流し#OctavaDeMuertos #TōrōNagashi
https://pablomartinezcalleja.blogspot.com/2026/08/la-octava-de-muertos-toro-nagashi.html -
#visualart #artevisual #video #photography #Photo #fotografie #fotografia #NoToWar #couleur #colors #color #artberlin #artlondon #artparis #artmontreal #artbasel #artnewyork #arthamburg #ficciones #fictions #poesia #poetics #rituales #rituals #rituels ##obon #お盆 #SemanaSanta #baslerfasnacht
https://pablomartinezcalleja.blogspot.com/2026/08/video-obon-la-levanta.html -
:stargif: 𝑳𝒂𝒔 𝒕𝒖𝒎𝒃𝒂𝒔 𝒔𝒖𝒔𝒑𝒆𝒏𝒅𝒊𝒅𝒂𝒔 𝒅𝒆 𝒍𝒂𝒔 𝑮𝒓𝒂𝒏𝒅𝒆𝒔 𝑳𝒍𝒂𝒏𝒖𝒓𝒂𝒔 :stargif:
Desde la distancia podía parecer una cama de madera elevada sobre cuatro postes.
Para un viajero europeo era una imagen extraña, incluso inquietante.
Pero para quienes la habían construido no era un espectáculo ni una forma de abandonar a sus muertos.
Era un lugar sagrado, un espacio donde el recuerdo seguía vivo y donde la muerte no rompía del todo el vínculo con la familia.Durante siglos, distintos pueblos indígenas de las Grandes Llanuras practicaron un tipo de enterramiento que sorprendió a los primeros exploradores occidentales.
En lugar de depositar el cuerpo bajo tierra, lo colocaban sobre plataformas de madera o entre las ramas de un árbol, cuidadosamente envuelto en pieles de bisonte, mantas o túnicas.
La altura protegía los restos de los animales carroñeros, pero también tenía un profundo significado espiritual.No fue una costumbre exclusiva de un solo pueblo.
Lakotas, dakotas, nakotas, cheyennes, crow, assiniboine, blackfeet, mandan y otras naciones indígenas desarrollaron variantes propias.
Cada comunidad tenía sus ceremonias, sus creencias y su manera de despedir a los difuntos.
No existía un único ritual, sino muchas formas diferentes de entender el viaje hacia la otra vida.Cuando el paisaje ofrecía árboles resistentes, el cuerpo podía colocarse entre sus ramas.
En las inmensas praderas, donde apenas había bosques, se levantaban plataformas con postes y travesaños.
Algunas eran sencillas; otras estaban cuidadosamente construidas y podían verse desde bastante distancia.Junto al fallecido era habitual dejar objetos personales.
Un arco, una pipa ceremonial, un cuchillo, herramientas, alimentos, tabaco o incluso el caballo del difunto en algunos casos.
No eran simples ofrendas.
Aquellos objetos representaban su vida, su identidad y, según las creencias de cada pueblo, podían acompañarlo en el camino que iniciaba tras la muerte.Lo más llamativo es que, para algunas comunidades, aquella plataforma no era el destino definitivo.
Entre los mandan, por ejemplo, cuando el paso del tiempo había dejado los huesos limpios, estos se recogían para un nuevo ritual.
Los cráneos de algunos familiares se colocaban cerca de la aldea y los parientes acudían a visitarlos.
Les hablaban, les contaban lo que ocurría en la comunidad e incluso les pedían consejo.
La muerte no significaba una separación absoluta; el vínculo con los antepasados seguía formando parte de la vida cotidiana.Una de las imágenes más famosas de esta costumbre fue realizada en 1834 por el pintor suizo Karl Bodmer, que acompañaba al naturalista alemán Maximilian de Wied-Neuwied durante su expedición por el río Misuri.
Cerca de Fort Pierre, Bodmer dibujó la plataforma funeraria de un importante jefe sioux.
El cuerpo descansaba dentro de un travois, la estructura de madera que normalmente se utilizaba para transportar cargas.
Debajo continuaba la vida: tipis, niños jugando, humo saliendo de las hogueras y familias realizando sus tareas diarias.
Para ellos, el difunto seguía formando parte de la comunidad.Décadas más tarde llegaron las cámaras fotográficas.
Algunas de aquellas imágenes muestran plataformas funerarias todavía en uso a finales del siglo XIX, poco antes de que muchas de estas tradiciones comenzaran a desaparecer.Pero esas fotografías también deben interpretarse con cuidado.
La mayoría fueron tomadas por militares, exploradores, comerciantes o antropólogos europeos y estadounidenses.
Muchos describieron estas prácticas desde su propia visión del mundo, sin comprender el significado espiritual que tenían para las comunidades indígenas.
Lo que para ellos era una simple forma de evitar que los lobos desenterraran un cadáver, para las familias representaba un complejo ritual lleno de simbolismo.A finales del siglo XIX, la creación de reservas, las políticas de asimilación forzosa y la presión de los misioneros cristianos transformaron profundamente las costumbres funerarias de numerosos pueblos indígenas.
Poco a poco, las plataformas fueron sustituidas por cementerios convencionales o enterramientos adaptados a las nuevas circunstancias.Sin embargo, muchas creencias sobrevivieron.
El respeto por los antepasados, la importancia de la memoria y la idea de que los muertos siguen formando parte de la comunidad continúan presentes en numerosas naciones indígenas de Norteamérica.
Quizá por eso aquellas estructuras de madera impresionaban tanto a quienes llegaban desde Europa.
No eran tumbas construidas para ocultar a los muertos.
Eran lugares levantados para que nunca dejaran de formar parte del paisaje... ni del corazón de quienes regresaban una y otra vez a hablar con ellos.
▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣
#historia #curiosidadeshistóricas #indígenas #nativosamericanos #grandesllanuras #lakota #sioux #mandan #antropología #rituales #arqueología #tradiciones #culturanativa #ecosdelpasado
-
A mí, no sé, antes de ir a salvar #mujeres del #machismo de otros paises, o decir que no sé quién no puede llevar velo (que las tocas no no nos tocan los #cojones, por lo que sea) me plantearía no financiar a #OpusDei con colegios concertados. Y otras movidas de #favor. Se me ocurre, no sé, llámame #radical. Y mira que no hablo de #religion. Que no se financie, que cada quien se pague sus #rituales. Y que se investigue a esta como una #secta.
https://www.eldiario.es/sociedad/opus-dei-14-anos-no-ponen-pistola-cabeza-manipulacion-constante_1_13128197.html