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🧿 𝑬𝒍 𝒕𝒓𝒆𝒏 𝒔𝒆𝒄𝒖𝒆𝒔𝒕𝒓𝒂𝒅𝒐 𝒒𝒖𝒆 𝒂𝒄𝒂𝒃𝒐́ 𝒃𝒂𝒋𝒐 𝒆𝒍 𝒗𝒖𝒆𝒍𝒐 𝒅𝒆 𝒔𝒆𝒊𝒔 𝒄𝒂𝒛𝒂𝒔 🧿
Durante veinte días, un tren permaneció inmóvil en medio de los campos neerlandeses con decenas de personas atrapadas en su interior.
La madrugada del rescate, seis aviones de combate descendieron sobre él.
El 23 de mayo de 1977, nueve jóvenes armados partidarios de la independencia de las Molucas del Sur tomaron el control de un tren cerca de De Punt, en el noreste de los Países Bajos.
Accionaron el freno de emergencia y obligaron a más de cincuenta pasajeros a permanecer como rehenes.
Cubrieron las ventanas con periódicos para impedir que la policía pudiera observar el interior y exigieron la liberación de militantes moluqueños encarcelados, apoyo para su causa independentista y un avión que les permitiera abandonar el país.Al mismo tiempo, otro grupo armado ocupó una escuela primaria cercana en Bovensmilde y retuvo a más de cien niños y varios docentes.
Aquello obligó al Gobierno neerlandés a dividir sus recursos y convirtió la crisis en una auténtica emergencia nacional.
Durante días, millones de personas siguieron las noticias prácticamente hora a hora.La crisis tenía raíces en el pasado colonial neerlandés.
Después de la independencia de Indonesia, miles de soldados originarios de las Molucas y sus familias fueron trasladados a los Países Bajos en 1951.
Habían servido en el antiguo ejército colonial neerlandés y creían que su estancia sería temporal.
Sin embargo, nunca pudieron regresar para establecer la República independiente de las Molucas del Sur que defendían.
Muchos fueron alojados durante años en antiguos campos militares y barracones, sintiéndose olvidados por el Estado neerlandés.Décadas después, parte de la segunda generación se radicalizó, convencida de que el Gobierno había abandonado las promesas hechas a sus familias.
No era la primera vez que recurrían a acciones violentas: durante la década de 1970 ya se habían producido otros secuestros de trenes y ocupaciones de edificios para llamar la atención sobre su causa.En De Punt, las negociaciones se prolongaron sin producir una salida.
Dentro del tren, los pasajeros dormían, comían y esperaban bajo vigilancia.
Algunos enfermos y dos mujeres embarazadas fueron liberados, pero la mayoría continuó retenida.
Los rehenes apenas podían moverse y vivían pendientes de cualquier reacción de sus captores.
La tensión aumentó todavía más cuando uno de los pasajeros fue ejecutado y otro murió poco después tras resultar gravemente herido, una señal de que la situación podía terminar en tragedia.Al llegar el vigésimo día, el Gobierno decidió intervenir.
Poco antes de las cinco de la mañana del 11 de junio, seis cazas F-104 Starfighter de la Fuerza Aérea neerlandesa volaron repetidamente a muy baja altura sobre el tren con sus motores rugiendo.
Los aviones también lanzaron bombas de humo para cubrir el avance de las fuerzas especiales.
El estruendo tenía un segundo propósito: desorientar a los secuestradores y hacer que los rehenes se arrojaran instintivamente al suelo antes de que comenzaran los disparos.
Mientras los aviones pasaban sobre los vagones, tiradores situados en el exterior abrieron fuego contra las zonas donde, según la vigilancia previa, dormían los hombres armados.
Después, grupos de infantes de marina avanzaron por los campos, volaron las puertas y entraron en el tren.
La operación duró apenas unos minutos, aunque fue de una violencia enorme.
En total se dispararon miles de proyectiles contra el convoy.
Años después surgiría una intensa polémica cuando varias investigaciones y testimonios cuestionaron si algunos secuestradores habían recibido disparos cuando ya estaban heridos o incapaces de responder.
El debate llegó incluso a los tribunales, aunque la actuación del Estado terminó considerándose legal.Seis secuestradores y dos rehenes murieron.
Los tres integrantes restantes del grupo fueron capturados y los demás pasajeros recuperaron la libertad.Ese mismo día, la escuela ocupada también fue liberada y todos los niños sobrevivieron, poniendo fin a una de las jornadas más tensas de la historia reciente del país.
La intervención terminó una de las crisis de rehenes más largas de la historia neerlandesa, pero dejó heridas que nunca desaparecieron por completo.
Para los supervivientes, fue el final de veinte días de miedo.
Para muchas familias moluqueñas, se convirtió en otro episodio doloroso de una historia marcada por el colonialismo, el desplazamiento y unas aspiraciones políticas que nunca llegaron a cumplirse.
Aquella madrugada, un tren detenido en medio del campo fue rodeado por aviones, humo y fuerzas especiales.
Durante unos minutos, los Países Bajos parecieron un escenario de guerra.
Casi medio siglo después, el secuestro del tren de De Punt sigue siendo uno de los episodios más controvertidos de la historia contemporánea neerlandesa.
Para unos fue una operación necesaria para salvar decenas de vidas; para otros, el símbolo de un conflicto nacido décadas antes, cuando las promesas hechas a miles de familias moluqueñas quedaron sin cumplir.▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣
https://www.youtube.com/watch?v=i7Tjw8CPDQ4
#historia #historiacontemporánea #paísesbajos #tren #depunt #molucas #indonesia #colonialismo #rehenes #f104 #aviaciónmilitar #curiosidades
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🧿 𝑬𝒍 𝒕𝒓𝒆𝒏 𝒔𝒆𝒄𝒖𝒆𝒔𝒕𝒓𝒂𝒅𝒐 𝒒𝒖𝒆 𝒂𝒄𝒂𝒃𝒐́ 𝒃𝒂𝒋𝒐 𝒆𝒍 𝒗𝒖𝒆𝒍𝒐 𝒅𝒆 𝒔𝒆𝒊𝒔 𝒄𝒂𝒛𝒂𝒔 🧿
Durante veinte días, un tren permaneció inmóvil en medio de los campos neerlandeses con decenas de personas atrapadas en su interior.
La madrugada del rescate, seis aviones de combate descendieron sobre él.
El 23 de mayo de 1977, nueve jóvenes armados partidarios de la independencia de las Molucas del Sur tomaron el control de un tren cerca de De Punt, en el noreste de los Países Bajos.
Accionaron el freno de emergencia y obligaron a más de cincuenta pasajeros a permanecer como rehenes.
Cubrieron las ventanas con periódicos para impedir que la policía pudiera observar el interior y exigieron la liberación de militantes moluqueños encarcelados, apoyo para su causa independentista y un avión que les permitiera abandonar el país.Al mismo tiempo, otro grupo armado ocupó una escuela primaria cercana en Bovensmilde y retuvo a más de cien niños y varios docentes.
Aquello obligó al Gobierno neerlandés a dividir sus recursos y convirtió la crisis en una auténtica emergencia nacional.
Durante días, millones de personas siguieron las noticias prácticamente hora a hora.La crisis tenía raíces en el pasado colonial neerlandés.
Después de la independencia de Indonesia, miles de soldados originarios de las Molucas y sus familias fueron trasladados a los Países Bajos en 1951.
Habían servido en el antiguo ejército colonial neerlandés y creían que su estancia sería temporal.
Sin embargo, nunca pudieron regresar para establecer la República independiente de las Molucas del Sur que defendían.
Muchos fueron alojados durante años en antiguos campos militares y barracones, sintiéndose olvidados por el Estado neerlandés.Décadas después, parte de la segunda generación se radicalizó, convencida de que el Gobierno había abandonado las promesas hechas a sus familias.
No era la primera vez que recurrían a acciones violentas: durante la década de 1970 ya se habían producido otros secuestros de trenes y ocupaciones de edificios para llamar la atención sobre su causa.En De Punt, las negociaciones se prolongaron sin producir una salida.
Dentro del tren, los pasajeros dormían, comían y esperaban bajo vigilancia.
Algunos enfermos y dos mujeres embarazadas fueron liberados, pero la mayoría continuó retenida.
Los rehenes apenas podían moverse y vivían pendientes de cualquier reacción de sus captores.
La tensión aumentó todavía más cuando uno de los pasajeros fue ejecutado y otro murió poco después tras resultar gravemente herido, una señal de que la situación podía terminar en tragedia.Al llegar el vigésimo día, el Gobierno decidió intervenir.
Poco antes de las cinco de la mañana del 11 de junio, seis cazas F-104 Starfighter de la Fuerza Aérea neerlandesa volaron repetidamente a muy baja altura sobre el tren con sus motores rugiendo.
Los aviones también lanzaron bombas de humo para cubrir el avance de las fuerzas especiales.
El estruendo tenía un segundo propósito: desorientar a los secuestradores y hacer que los rehenes se arrojaran instintivamente al suelo antes de que comenzaran los disparos.
Mientras los aviones pasaban sobre los vagones, tiradores situados en el exterior abrieron fuego contra las zonas donde, según la vigilancia previa, dormían los hombres armados.
Después, grupos de infantes de marina avanzaron por los campos, volaron las puertas y entraron en el tren.
La operación duró apenas unos minutos, aunque fue de una violencia enorme.
En total se dispararon miles de proyectiles contra el convoy.
Años después surgiría una intensa polémica cuando varias investigaciones y testimonios cuestionaron si algunos secuestradores habían recibido disparos cuando ya estaban heridos o incapaces de responder.
El debate llegó incluso a los tribunales, aunque la actuación del Estado terminó considerándose legal.Seis secuestradores y dos rehenes murieron.
Los tres integrantes restantes del grupo fueron capturados y los demás pasajeros recuperaron la libertad.Ese mismo día, la escuela ocupada también fue liberada y todos los niños sobrevivieron, poniendo fin a una de las jornadas más tensas de la historia reciente del país.
La intervención terminó una de las crisis de rehenes más largas de la historia neerlandesa, pero dejó heridas que nunca desaparecieron por completo.
Para los supervivientes, fue el final de veinte días de miedo.
Para muchas familias moluqueñas, se convirtió en otro episodio doloroso de una historia marcada por el colonialismo, el desplazamiento y unas aspiraciones políticas que nunca llegaron a cumplirse.
Aquella madrugada, un tren detenido en medio del campo fue rodeado por aviones, humo y fuerzas especiales.
Durante unos minutos, los Países Bajos parecieron un escenario de guerra.
Casi medio siglo después, el secuestro del tren de De Punt sigue siendo uno de los episodios más controvertidos de la historia contemporánea neerlandesa.
Para unos fue una operación necesaria para salvar decenas de vidas; para otros, el símbolo de un conflicto nacido décadas antes, cuando las promesas hechas a miles de familias moluqueñas quedaron sin cumplir.▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣
https://www.youtube.com/watch?v=i7Tjw8CPDQ4
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Durante veinte días, un tren permaneció inmóvil en medio de los campos neerlandeses con decenas de personas atrapadas en su interior.
La madrugada del rescate, seis aviones de combate descendieron sobre él.
El 23 de mayo de 1977, nueve jóvenes armados partidarios de la independencia de las Molucas del Sur tomaron el control de un tren cerca de De Punt, en el noreste de los Países Bajos.
Accionaron el freno de emergencia y obligaron a más de cincuenta pasajeros a permanecer como rehenes.
Cubrieron las ventanas con periódicos para impedir que la policía pudiera observar el interior y exigieron la liberación de militantes moluqueños encarcelados, apoyo para su causa independentista y un avión que les permitiera abandonar el país.Al mismo tiempo, otro grupo armado ocupó una escuela primaria cercana en Bovensmilde y retuvo a más de cien niños y varios docentes.
Aquello obligó al Gobierno neerlandés a dividir sus recursos y convirtió la crisis en una auténtica emergencia nacional.
Durante días, millones de personas siguieron las noticias prácticamente hora a hora.La crisis tenía raíces en el pasado colonial neerlandés.
Después de la independencia de Indonesia, miles de soldados originarios de las Molucas y sus familias fueron trasladados a los Países Bajos en 1951.
Habían servido en el antiguo ejército colonial neerlandés y creían que su estancia sería temporal.
Sin embargo, nunca pudieron regresar para establecer la República independiente de las Molucas del Sur que defendían.
Muchos fueron alojados durante años en antiguos campos militares y barracones, sintiéndose olvidados por el Estado neerlandés.Décadas después, parte de la segunda generación se radicalizó, convencida de que el Gobierno había abandonado las promesas hechas a sus familias.
No era la primera vez que recurrían a acciones violentas: durante la década de 1970 ya se habían producido otros secuestros de trenes y ocupaciones de edificios para llamar la atención sobre su causa.En De Punt, las negociaciones se prolongaron sin producir una salida.
Dentro del tren, los pasajeros dormían, comían y esperaban bajo vigilancia.
Algunos enfermos y dos mujeres embarazadas fueron liberados, pero la mayoría continuó retenida.
Los rehenes apenas podían moverse y vivían pendientes de cualquier reacción de sus captores.
La tensión aumentó todavía más cuando uno de los pasajeros fue ejecutado y otro murió poco después tras resultar gravemente herido, una señal de que la situación podía terminar en tragedia.Al llegar el vigésimo día, el Gobierno decidió intervenir.
Poco antes de las cinco de la mañana del 11 de junio, seis cazas F-104 Starfighter de la Fuerza Aérea neerlandesa volaron repetidamente a muy baja altura sobre el tren con sus motores rugiendo.
Los aviones también lanzaron bombas de humo para cubrir el avance de las fuerzas especiales.
El estruendo tenía un segundo propósito: desorientar a los secuestradores y hacer que los rehenes se arrojaran instintivamente al suelo antes de que comenzaran los disparos.
Mientras los aviones pasaban sobre los vagones, tiradores situados en el exterior abrieron fuego contra las zonas donde, según la vigilancia previa, dormían los hombres armados.
Después, grupos de infantes de marina avanzaron por los campos, volaron las puertas y entraron en el tren.
La operación duró apenas unos minutos, aunque fue de una violencia enorme.
En total se dispararon miles de proyectiles contra el convoy.
Años después surgiría una intensa polémica cuando varias investigaciones y testimonios cuestionaron si algunos secuestradores habían recibido disparos cuando ya estaban heridos o incapaces de responder.
El debate llegó incluso a los tribunales, aunque la actuación del Estado terminó considerándose legal.Seis secuestradores y dos rehenes murieron.
Los tres integrantes restantes del grupo fueron capturados y los demás pasajeros recuperaron la libertad.Ese mismo día, la escuela ocupada también fue liberada y todos los niños sobrevivieron, poniendo fin a una de las jornadas más tensas de la historia reciente del país.
La intervención terminó una de las crisis de rehenes más largas de la historia neerlandesa, pero dejó heridas que nunca desaparecieron por completo.
Para los supervivientes, fue el final de veinte días de miedo.
Para muchas familias moluqueñas, se convirtió en otro episodio doloroso de una historia marcada por el colonialismo, el desplazamiento y unas aspiraciones políticas que nunca llegaron a cumplirse.
Aquella madrugada, un tren detenido en medio del campo fue rodeado por aviones, humo y fuerzas especiales.
Durante unos minutos, los Países Bajos parecieron un escenario de guerra.
Casi medio siglo después, el secuestro del tren de De Punt sigue siendo uno de los episodios más controvertidos de la historia contemporánea neerlandesa.
Para unos fue una operación necesaria para salvar decenas de vidas; para otros, el símbolo de un conflicto nacido décadas antes, cuando las promesas hechas a miles de familias moluqueñas quedaron sin cumplir.▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣
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#Trump propone #acabar con el #alto #el #fuego si #Hamás no entrega a #todos los #rehenes el #sábado y amenaza con #retirar la #ayuda a #Egipto y #Jordania si no aceptan a los #desplazados y #niega el #derecho de #retorno para los #palestinos
https://elpais.com/internacional/2025-02-10/el-alto-el-fuego-en-gaza-en-directo.html
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Amnistía Internacional documenta y demuestra el «genocidio» que Israel está perpetrando en Gaza
Catorce meses después de los salvajes atentados de Hamás del 7 de octubre de 2023 en Israel que desencadenaron una sangrienta y despiadada reacción por parte de las Fuerzas de Defensa de Israel en la franja de Gaza, Amnistía Internacional (AI) ha publicado un documentado informe que concluye que «Israel ha cometido y continúa cometiendo genocidio contra la población palestina de la Franja de Gaza ocupada» y hace un llamamiento a la comunidad internacional para que dejen «de fingir que son impotentes para poner fin a este genocidio, que ha sido posible cometer gracias a decenios de impunidad de las violaciones israelíes del derecho internacional».
“Los crímenes atroces cometidos el 7 de octubre de 2023 por Hamás y otros grupos armados contra israelíes y víctimas de otras nacionalidades, entre ellos homicidios masivos deliberados y toma de rehenes, no pueden justificar jamás el genocidio de Israel contra la población palestina gazatí”, afirmó en rueda de prensa Agnès Callamard, secretaria general de Amnistía Internacional. La ONG pide también que se libere sin condiciones a todas las personas civiles tomadas como rehenes y se haga rendir cuentas a Hamás y los demás grupos armados palestinos responsables de los crímenes cometidos el mencionado 7 de octubre.
Pese a los esfuerzos de Israel por impedir el trabajo de la prensa en las zonas bombardeadas y sometidas a aislamiento y privación de alimentos, agua, energía eléctrica, hospitales y cobijo, lo que ha causado hasta el pasado mes de octubre más de 42.000 personas palestinas muertas, entre ellas más de 13.300 niños y niñas, y herido a más de 97.000, AI ha realizado una investigación «sin precedentes» entre el 7 de octubre de 2023 y principios de julio de 2024 de casi 300 páginas, en la que ha entrevistado a 212 personas y ha analizado una amplia variedad de datos visuales y digitales. Analizó también declaraciones de altos cargos gubernamentales y militares, y órganos oficiales israelíes. En múltiples ocasiones, Amnistía Internacional compartió sus conclusiones con las autoridades israelíes, pero en el momento de la publicación del informe no había recibido ninguna respuesta sustantiva.
Para hacerse una idea de las extremas condiciones de inseguridad en las que AI ha hecho el trabajo de campo es preciso recordar que, según cifras del Comité para la Protección de Periodistas, hasta el 26 de noviembre habían fallecido 137 periodistas y otros trabajadores de medios de comunicación en la Franja, de los cuales 129 eran periodistas palestinos, dos israelíes y seis libaneses. A estas cifras hay que añadir 49 periodistas heridos, dos desaparecidos y 64 detenidos por el Ejército israelí.
«Los crímenes atroces cometidos el 7 de octubre de 2023 por Hamás no pueden justificar jamás el genocidio»
Callamard señaló que “Israel ha sostenido reiteradamente que sus acciones en Gaza son legítimas y están justificadas por su objetivo militar de erradicar a Hamás. Pero la intención genocida pude coexistir con los fines militares y no tiene por qué ser la única intención de Israel”.
“Teniendo en cuenta el contexto preexistente de desposesión, apartheid y ocupación militar ilícita en que se cometieron tales actos, sólo podíamos extraer una conclusión razonable, a saber: La intención de Israel es la destrucción física de la población palestina de Gaza, ya sea paralelamente a la consecución del objetivo militar de eliminar a Hamás o como medio para lograrlo”, afirmó Callamard.
Antes de llegar a su conclusión, Amnistía Internacional examinó la afirmación de Israel de que, en toda Gaza, su ejército había atacado a Hamás y otros grupos armados de manera legítima y de que la destrucción sin precedentes y la negación de ayuda humanitaria consiguientes eran el resultado de conductas ilícitas de Hamás y otros grupos armados, como ubicar a combatientes entre la población civil o desviar la ayuda. Amnistía Internacional concluyó que esta afirmación no es creíble. La presencia de Hamás cerca o dentro de zonas densamente pobladas no exime a Israel de su obligación de tomar todas las precauciones posibles para no dañar a civiles y de evitar los ataques indiscriminados o desproporcionados. Su investigación determinó que Israel había incumplido reiteradamente tal obligación y cometido numerosos crímenes de derecho internacional para los que no puede haber ninguna justificación basada en las acciones de Hamás.
AI documentó los actos de genocidio de matanza de miembros de la población palestina de Gaza y lesión grave a su integridad física o mental, examinando los resultados de investigaciones sobre 15 ataques aéreos efectuados entre el 7 de octubre de 2023 y el 20 de abril de 2024 y que mataron al menos a 334 civiles, entre ellos 141 niños y niñas, e hirieron a centenares más. La organización no encontró elementos que indicaran que alguno de estos ataques estuviera dirigido contra un objetivo militar.
La organización clama contra la «inacción absoluta y vergonzosa» de la comunidad internacional
En un caso ilustrativo del 20 de abril de 2024, un ataque aéreo israelí destruyó la casa de la familia palestina Abdelal en el barrio de Al Jneinah del este de Rafá y mató a miembros de ella de tres generaciones, incluidos 16 niños y niñas, mientras dormían.
El informe de Amnistía Internacional documenta cómo Israel sometió deliberadamente a la población palestina de Gaza a condiciones de existencia que tenían por objeto causar con el tiempo su destrucción. Estas condiciones se impusieron por medio de tres patrones de actuación simultáneos, cada uno de los cuales agravó reiteradamente los devastadores efectos de los demás. Consistían en: causar daños y destrucción en infraestructuras vitales y otros bienes indispensables para la supervivencia de la población civil; dictar reiteradamente órdenes de “evacuación” de aplicación general, arbitrarias y equívocas para someter a desplazamiento forzado a casi toda la población gazatí, y no autorizar y obstaculizar la entrada y la distribución de servicios esenciales, asistencia humanitaria y otros suministros vitales en Gaza.
“La inacción absoluta y vergonzosa de que ha dado muestras la comunidad internacional durante más de un año a la hora de presionar a Israel para que ponga fin a sus atrocidades en Gaza —primeramente, con su tardanza en pedir un alto el fuego, y después, con las continuas transferencias de armas— es y seguirá siendo una mancha que empaña nuestra conciencia colectiva”, lamentó Callamard.
“Las órdenes de detención que la Corte Penal Internacional dictó el mes pasado contra el primer ministro, Benjamin Netanyahu, y el exministro de Defensa, Yoav Gallant, de Israel por crímenes de guerra y crímenes de lesa humanidad ofrecen verdaderas esperanzas de hacer por fin justicia a las víctimas. Los Estados deben demostrar su respeto por la decisión de la Corte Penal Internacional y por los principios universales del derecho internacional deteniendo y entregando a las personas requeridas por la Corte», instó Amnistía Internacional.
Vídeo: Amnistía Internacional
Foto destacada: Saeed Jaras / Middle East Images/ AFP vía GettyEntradas relacionadas
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