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Nueve hospitales mexicanos destacan entre los mejores de América Latina en el Ranking IntelLat 2026
Nueve hospitales mexicanos aparecen en el Ranking IntelLat 2026, que evaluó 105 instituciones de América Latina. Centro Médico ABC fue el mejor ubicado de México, en el noveno lugar regional.
Por Deyanira Vázquez | Reportera
Nueve hospitales mexicanos fueron incluidos entre los mejores de América Latina en el Ranking IntelLat 2026, una medición que evaluó a 105 instituciones de 10 países y colocó al Centro Médico ABC como el hospital mejor posicionado de México, en el noveno lugar regional.
El resultado coloca a México entre los países con presencia relevante en la evaluación regional, particularmente en especialidades como oncología y cardiología, además de otras áreas de alta complejidad médica.
Centro Médico ABC encabeza a México
El liderazgo latinoamericano correspondió al Einstein Hospital Israelita, de Brasil, seguido por el Hospital Italiano, de Argentina, y la Fundación Santa Fe de Bogotá, de Colombia.
En la representación mexicana, el Centro Médico ABC ocupó el noveno puesto regional, mientras que Christus Muguerza Alta Especialidad se ubicó en el lugar 15 y Hospital Zambrano Hellion Tec Salud alcanzó la posición 21.
La edición 2026 incorporó nuevas instituciones al análisis, por lo que IntelLat advierte que la comparación con ejercicios anteriores debe considerar el crecimiento del universo evaluado y la mayor exigencia de los indicadores utilizados.
Además de la clasificación general, el estudio contempla dimensiones relacionadas con el desempeño hospitalario y ocho especialidades médicas, lo que permite observar las fortalezas específicas de cada institución.
México sobresale en oncología y cardiología
En Oncología, el Centro Médico ABC se colocó en el cuarto lugar de América Latina, mientras que Christus Muguerza Alta Especialidad alcanzó el séptimo sitio y Hospital Zambrano Hellion Tec Salud ocupó la posición 13.
La presencia mexicana también fue relevante en Cardiología. El Centro Médico ABC alcanzó el cuarto lugar regional, seguido por Hospital Zambrano Hellion Tec Salud, en el sitio 12, y Christus Muguerza Alta Especialidad, en el 13. Doctors Hospital AUNA ingresó además al Top 20, en la posición 20.
El Centro Médico ABC también logró posiciones destacadas en otras especialidades: cuarto lugar regional en Pediatría, Ginecología y Obstetricia y Neumología; tercer sitio en Endocrinología y tercera posición en Ortopedia y Traumatología.
Por su parte, Hospital Zambrano Hellion Tec Salud se ubicó en el sexto lugar regional en Neurología.
Nueve instituciones mexicanas aparecen en el ranking
Las instituciones mexicanas incluidas en la edición 2026 son:
- Centro Médico ABC
- Christus Muguerza Alta Especialidad
- Hospital Zambrano Hellion Tec Salud
- Hospital Infantil Teletón de Oncología
- Hospital Clínica Nova
- Doctors Hospital AUNA
- Hospital Galenia
- OCA Hospital AUNA
- Doctors Hospital East AUNA
La evaluación no se limita a la posición general. También permite identificar dimensiones específicas en las que los hospitales pueden compararse con instituciones de otros países de la región.
Calidad hospitalaria más allá del ranking general
En la dimensión de Personas, Hospital Zambrano Hellion Tec Salud alcanzó el cuarto lugar regional, mientras que Hospital Infantil Teletón de Oncología se ubicó en la octava posición.
En Eficiencia, Christus Muguerza Alta Especialidad obtuvo el lugar 11, seguido por OCA Hospital AUNA, en el 12, y Doctors Hospital AUNA, en el 15.
Los resultados muestran que la posición general no es el único indicador para evaluar el desempeño de un hospital. Las dimensiones analizadas permiten identificar capacidades particulares en áreas como atención clínica, tecnología, eficiencia, talento humano y experiencia del paciente. –sn–
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Nyt tauti löysi posket. Olen "saanut" naamani vipattamaan nopeammin kuin ravihevonen Vermossa laittamalla aikoinaan hajalle räjäytetyt leuan luut ns oikeaan asentoon mutta nyt nykii toinen poski jos en kiinnitä siihen huomiota
Mitä seuraavaksi?
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Localizan "freno” al crecimiento axonal después de daño a nervios periféricos y en el sistema nervioso central. Se puede inhibir con fármacos o borrar con terapia génica.
Abren la puerta a tratamientos potenciales para lesiones de médula, cerebrales y de nervio periférico.
What an exciting time to be alive!!
#Nature #SpinalCord #Paraplegics #AxonaIinjury #Neurology #Trauma #Neurología #MédulaEspinal #AhR
https://www.nature.com/articles/s41586-026-10295-z -
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🧿 𝑹𝒂𝒏𝒅𝒚 𝑮𝒂𝒓𝒅𝒏𝒆𝒓:𝟏𝟏 𝒅𝒊́𝒂𝒔 𝒔𝒊𝒏 𝒅𝒐𝒓𝒎𝒊𝒓🧿
En diciembre de 1963, Randy Gardner tenía 17 años y vivía en San Diego, California.
No era científico, militar ni paciente de un hospital.
Era un estudiante que quería conseguir algo bastante absurdo: batir el récord de tiempo permaneciendo despierto.El 28 de diciembre comenzó el intento.
La prueba terminó el 8 de enero de 1964, después de que Gardner pasara aproximadamente **264 horas sin dormir: 11 días y 24 minutos**.
Lo interesante no fue únicamente cuánto tiempo consiguió mantenerse despierto, sino lo que empezó a sucederle durante esos días.
Gardner no estuvo encerrado en una habitación ni conectado permanentemente a una cama de hospital.
Se movía, hablaba con otras personas, jugaba al baloncesto, practicaba con una máquina de pinball y procuraba mantenerse ocupado para evitar quedarse dormido.Pero estaba siendo observado.
El experimento llamó la atención del médico **John J. Ross**, de la Marina estadounidense, y del investigador del sueño **William C. Dement**, que llegó desde Stanford.
Dement sería posteriormente una de las figuras más importantes de la medicina del sueño.Los médicos realizaban controles periódicos y vigilaban especialmente sus funciones cognitivas y neurológicas.
Y Gardner empezó a cambiar.
No se convirtió en un hombre delirante ni perdió completamente el contacto con la realidad.
De hecho, una de las cosas más llamativas del experimento fue precisamente que podía seguir hablando y realizando actividades mientras su rendimiento mental se deterioraba.El problema estaba en lo que ocurría entre bastidores.
Su capacidad de concentración disminuyó considerablemente.
Tenía dificultades para mantener la atención y aparecieron problemas de memoria.
También se volvió más irritable y le costaba realizar algunas tareas que normalmente habría hecho sin esfuerzo.Pero lo más extraño fueron las alteraciones de la percepción.
En algunos momentos Gardner comenzó a interpretar erróneamente lo que tenía delante.
Una de las observaciones más conocidas se produjo cuando confundió un objeto o imagen con una persona.
Su cerebro estaba recibiendo información visual, pero tenía cada vez más dificultades para interpretarla correctamente.También aparecieron fenómenos parecidos a alucinaciones.
Esto resulta importante porque durante mucho tiempo se ha contado que la falta de sueño simplemente provoca agotamiento.
No es así.
Cuando la privación se prolonga lo suficiente, el cerebro puede empezar a producir errores de percepción y experiencias que se parecen a las alucinaciones.Y Gardner llegó hasta ese punto.
Sin embargo, hubo algo que no ocurrió.
**No murió.**
Tampoco sufrió una crisis psicótica permanente, ni quedó con una lesión cerebral conocida como consecuencia directa del experimento.
El 8 de enero terminó la prueba.
Gardner fue trasladado para continuar con la observación médica.
Los investigadores estudiaron su actividad cerebral y controlaron su recuperación.La primera noche durmió unas **14 horas y 40 minutos**.
Después volvió a dormir de manera más normal.
No necesitó pasar varios días inconsciente para recuperarse y tampoco se produjo el supuesto colapso físico que muchas versiones populares de la historia han contado posteriormente.
Gardner continuó con su vida.
El caso, sin embargo, tuvo una enorme importancia para la investigación del sueño porque proporcionó una oportunidad excepcional para observar qué sucede cuando una persona sana permanece despierta durante un periodo extremo bajo vigilancia médica.
Y había una conclusión clara: **el cerebro no puede compensar indefinidamente la falta de sueño simplemente mediante voluntad.**
La parte más peligrosa ni siquiera era quedarse dormido.
Era seguir despierto creyendo que uno todavía podía funcionar con normalidad.
Una persona privada de sueño puede hablar, caminar, responder preguntas e incluso realizar determinadas actividades mientras su tiempo de reacción, atención, memoria y capacidad para tomar decisiones han empeorado considerablemente.
Esto tenía especial interés para los militares.
Durante la Guerra Fría, Estados Unidos invirtió recursos en estudiar cómo afectaba la falta de sueño al rendimiento de pilotos y soldados.
En operaciones militares, mantener a una persona despierta durante periodos prolongados podía parecer una ventaja, pero las investigaciones demostraron que el cansancio extremo reducía la precisión y la capacidad de reacción.También se estudiaron estimulantes para retrasar los efectos de la fatiga.
Pero los estimulantes tenían un límite.
Podían mantener a alguien despierto.
No podían sustituir el sueño.Y aquí aparece una de las grandes leyendas asociadas a la privación del sueño.
Internet está lleno de una historia sobre cinco prisioneros soviéticos encerrados en una cámara durante quince días y sometidos a un supuesto gas estimulante para impedirles dormir.
Según el relato, los prisioneros terminaron mutilándose, comiéndose entre ellos y muriendo de una forma monstruosa.
No ocurrió.
**El llamado “experimento ruso del sueño” es una creepypasta**, una historia de terror difundida en internet. No existe documentación histórica fiable que demuestre que aquel experimento tuviera lugar.
El caso de Randy Gardner, en cambio, sí está documentado.
Y precisamente por eso resulta mucho más interesante.
No hizo falta inventar científicos soviéticos, una cámara sellada ni cinco cadáveres.
Un adolescente de 17 años permaneció despierto durante once días delante de médicos que observaron cómo su cerebro empezaba a fallar poco a poco.
Gardner no se convirtió en un monstruo.
Lo que ocurrió fue mucho más realista y, probablemente, más inquietante: seguía siendo él mismo mientras su capacidad para percibir, recordar, concentrarse y reaccionar se iba deteriorando.
Décadas después, William Dement continuó dedicándose al estudio del sueño y se convirtió en uno de los principales responsables del desarrollo de la medicina del sueño moderna.
Randy Gardner, por su parte, llevó una vida normal después de aquel episodio.
Su experiencia tampoco demuestra que una persona pueda pasar once días sin dormir sin consecuencias.
Demuestra exactamente lo contrario.
El experimento llegó hasta un límite que hoy resultaría difícil justificar desde el punto de vista ético.
Y aunque Gardner se recuperó, nadie puede utilizar su caso como prueba de que la privación extrema del sueño sea segura.Gardner quiso batir un récord.
Terminó convirtiéndose en uno de los casos más famosos de la historia de la investigación sobre el sueño.
**264 horas despierto.**
Once días.
Y después, cuando finalmente cerró los ojos, el experimento terminó.
Su cerebro llevaba once días recordándole algo que normalmente olvidamos porque forma parte de nuestra rutina: dormir no es simplemente descansar.
Es una función biológica imprescindible.▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣
https://www.youtube.com/watch?v=Q7UU8jmfhVE
#randygardner #privaciondelsueño #sueño #williamentement #johnross #psicologia #neurologia #experimentos #experimentacionhumana #historiadelamedicina #guerrafria #sandiego #historiaoscura
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🧿 𝑹𝒂𝒏𝒅𝒚 𝑮𝒂𝒓𝒅𝒏𝒆𝒓:𝟏𝟏 𝒅𝒊́𝒂𝒔 𝒔𝒊𝒏 𝒅𝒐𝒓𝒎𝒊𝒓🧿
En diciembre de 1963, Randy Gardner tenía 17 años y vivía en San Diego, California.
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Era un estudiante que quería conseguir algo bastante absurdo: batir el récord de tiempo permaneciendo despierto.El 28 de diciembre comenzó el intento.
La prueba terminó el 8 de enero de 1964, después de que Gardner pasara aproximadamente **264 horas sin dormir: 11 días y 24 minutos**.
Lo interesante no fue únicamente cuánto tiempo consiguió mantenerse despierto, sino lo que empezó a sucederle durante esos días.
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No es así.
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Gardner fue trasladado para continuar con la observación médica.
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Gardner continuó con su vida.
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No ocurrió.
**El llamado “experimento ruso del sueño” es una creepypasta**, una historia de terror difundida en internet. No existe documentación histórica fiable que demuestre que aquel experimento tuviera lugar.
El caso de Randy Gardner, en cambio, sí está documentado.
Y precisamente por eso resulta mucho más interesante.
No hizo falta inventar científicos soviéticos, una cámara sellada ni cinco cadáveres.
Un adolescente de 17 años permaneció despierto durante once días delante de médicos que observaron cómo su cerebro empezaba a fallar poco a poco.
Gardner no se convirtió en un monstruo.
Lo que ocurrió fue mucho más realista y, probablemente, más inquietante: seguía siendo él mismo mientras su capacidad para percibir, recordar, concentrarse y reaccionar se iba deteriorando.
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Randy Gardner, por su parte, llevó una vida normal después de aquel episodio.
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Se movía, hablaba con otras personas, jugaba al baloncesto, practicaba con una máquina de pinball y procuraba mantenerse ocupado para evitar quedarse dormido.Pero estaba siendo observado.
El experimento llamó la atención del médico **John J. Ross**, de la Marina estadounidense, y del investigador del sueño **William C. Dement**, que llegó desde Stanford.
Dement sería posteriormente una de las figuras más importantes de la medicina del sueño.Los médicos realizaban controles periódicos y vigilaban especialmente sus funciones cognitivas y neurológicas.
Y Gardner empezó a cambiar.
No se convirtió en un hombre delirante ni perdió completamente el contacto con la realidad.
De hecho, una de las cosas más llamativas del experimento fue precisamente que podía seguir hablando y realizando actividades mientras su rendimiento mental se deterioraba.El problema estaba en lo que ocurría entre bastidores.
Su capacidad de concentración disminuyó considerablemente.
Tenía dificultades para mantener la atención y aparecieron problemas de memoria.
También se volvió más irritable y le costaba realizar algunas tareas que normalmente habría hecho sin esfuerzo.Pero lo más extraño fueron las alteraciones de la percepción.
En algunos momentos Gardner comenzó a interpretar erróneamente lo que tenía delante.
Una de las observaciones más conocidas se produjo cuando confundió un objeto o imagen con una persona.
Su cerebro estaba recibiendo información visual, pero tenía cada vez más dificultades para interpretarla correctamente.También aparecieron fenómenos parecidos a alucinaciones.
Esto resulta importante porque durante mucho tiempo se ha contado que la falta de sueño simplemente provoca agotamiento.
No es así.
Cuando la privación se prolonga lo suficiente, el cerebro puede empezar a producir errores de percepción y experiencias que se parecen a las alucinaciones.Y Gardner llegó hasta ese punto.
Sin embargo, hubo algo que no ocurrió.
**No murió.**
Tampoco sufrió una crisis psicótica permanente, ni quedó con una lesión cerebral conocida como consecuencia directa del experimento.
El 8 de enero terminó la prueba.
Gardner fue trasladado para continuar con la observación médica.
Los investigadores estudiaron su actividad cerebral y controlaron su recuperación.La primera noche durmió unas **14 horas y 40 minutos**.
Después volvió a dormir de manera más normal.
No necesitó pasar varios días inconsciente para recuperarse y tampoco se produjo el supuesto colapso físico que muchas versiones populares de la historia han contado posteriormente.
Gardner continuó con su vida.
El caso, sin embargo, tuvo una enorme importancia para la investigación del sueño porque proporcionó una oportunidad excepcional para observar qué sucede cuando una persona sana permanece despierta durante un periodo extremo bajo vigilancia médica.
Y había una conclusión clara: **el cerebro no puede compensar indefinidamente la falta de sueño simplemente mediante voluntad.**
La parte más peligrosa ni siquiera era quedarse dormido.
Era seguir despierto creyendo que uno todavía podía funcionar con normalidad.
Una persona privada de sueño puede hablar, caminar, responder preguntas e incluso realizar determinadas actividades mientras su tiempo de reacción, atención, memoria y capacidad para tomar decisiones han empeorado considerablemente.
Esto tenía especial interés para los militares.
Durante la Guerra Fría, Estados Unidos invirtió recursos en estudiar cómo afectaba la falta de sueño al rendimiento de pilotos y soldados.
En operaciones militares, mantener a una persona despierta durante periodos prolongados podía parecer una ventaja, pero las investigaciones demostraron que el cansancio extremo reducía la precisión y la capacidad de reacción.También se estudiaron estimulantes para retrasar los efectos de la fatiga.
Pero los estimulantes tenían un límite.
Podían mantener a alguien despierto.
No podían sustituir el sueño.Y aquí aparece una de las grandes leyendas asociadas a la privación del sueño.
Internet está lleno de una historia sobre cinco prisioneros soviéticos encerrados en una cámara durante quince días y sometidos a un supuesto gas estimulante para impedirles dormir.
Según el relato, los prisioneros terminaron mutilándose, comiéndose entre ellos y muriendo de una forma monstruosa.
No ocurrió.
**El llamado “experimento ruso del sueño” es una creepypasta**, una historia de terror difundida en internet. No existe documentación histórica fiable que demuestre que aquel experimento tuviera lugar.
El caso de Randy Gardner, en cambio, sí está documentado.
Y precisamente por eso resulta mucho más interesante.
No hizo falta inventar científicos soviéticos, una cámara sellada ni cinco cadáveres.
Un adolescente de 17 años permaneció despierto durante once días delante de médicos que observaron cómo su cerebro empezaba a fallar poco a poco.
Gardner no se convirtió en un monstruo.
Lo que ocurrió fue mucho más realista y, probablemente, más inquietante: seguía siendo él mismo mientras su capacidad para percibir, recordar, concentrarse y reaccionar se iba deteriorando.
Décadas después, William Dement continuó dedicándose al estudio del sueño y se convirtió en uno de los principales responsables del desarrollo de la medicina del sueño moderna.
Randy Gardner, por su parte, llevó una vida normal después de aquel episodio.
Su experiencia tampoco demuestra que una persona pueda pasar once días sin dormir sin consecuencias.
Demuestra exactamente lo contrario.
El experimento llegó hasta un límite que hoy resultaría difícil justificar desde el punto de vista ético.
Y aunque Gardner se recuperó, nadie puede utilizar su caso como prueba de que la privación extrema del sueño sea segura.Gardner quiso batir un récord.
Terminó convirtiéndose en uno de los casos más famosos de la historia de la investigación sobre el sueño.
**264 horas despierto.**
Once días.
Y después, cuando finalmente cerró los ojos, el experimento terminó.
Su cerebro llevaba once días recordándole algo que normalmente olvidamos porque forma parte de nuestra rutina: dormir no es simplemente descansar.
Es una función biológica imprescindible.▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣
https://www.youtube.com/watch?v=Q7UU8jmfhVE
#randygardner #privaciondelsueño #sueño #williamentement #johnross #psicologia #neurologia #experimentos #experimentacionhumana #historiadelamedicina #guerrafria #sandiego #historiaoscura
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No todo el ejercicio protege el cerebro: solo el que se hace por ocio resulta beneficioso frente a la demencia
https://fed.brid.gy/r/https://www.elmundo.es/salud/2026/08/19/6a8479e5e4d4d8ab148b4575.html
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No necesitó pasar varios días inconsciente para recuperarse y tampoco se produjo el supuesto colapso físico que muchas versiones populares de la historia han contado posteriormente.
Gardner continuó con su vida.
El caso, sin embargo, tuvo una enorme importancia para la investigación del sueño porque proporcionó una oportunidad excepcional para observar qué sucede cuando una persona sana permanece despierta durante un periodo extremo bajo vigilancia médica.
Y había una conclusión clara: **el cerebro no puede compensar indefinidamente la falta de sueño simplemente mediante voluntad.**
La parte más peligrosa ni siquiera era quedarse dormido.
Era seguir despierto creyendo que uno todavía podía funcionar con normalidad.
Una persona privada de sueño puede hablar, caminar, responder preguntas e incluso realizar determinadas actividades mientras su tiempo de reacción, atención, memoria y capacidad para tomar decisiones han empeorado considerablemente.
Esto tenía especial interés para los militares.
Durante la Guerra Fría, Estados Unidos invirtió recursos en estudiar cómo afectaba la falta de sueño al rendimiento de pilotos y soldados.
En operaciones militares, mantener a una persona despierta durante periodos prolongados podía parecer una ventaja, pero las investigaciones demostraron que el cansancio extremo reducía la precisión y la capacidad de reacción.También se estudiaron estimulantes para retrasar los efectos de la fatiga.
Pero los estimulantes tenían un límite.
Podían mantener a alguien despierto.
No podían sustituir el sueño.Y aquí aparece una de las grandes leyendas asociadas a la privación del sueño.
Internet está lleno de una historia sobre cinco prisioneros soviéticos encerrados en una cámara durante quince días y sometidos a un supuesto gas estimulante para impedirles dormir.
Según el relato, los prisioneros terminaron mutilándose, comiéndose entre ellos y muriendo de una forma monstruosa.
No ocurrió.
**El llamado “experimento ruso del sueño” es una creepypasta**, una historia de terror difundida en internet. No existe documentación histórica fiable que demuestre que aquel experimento tuviera lugar.
El caso de Randy Gardner, en cambio, sí está documentado.
Y precisamente por eso resulta mucho más interesante.
No hizo falta inventar científicos soviéticos, una cámara sellada ni cinco cadáveres.
Un adolescente de 17 años permaneció despierto durante once días delante de médicos que observaron cómo su cerebro empezaba a fallar poco a poco.
Gardner no se convirtió en un monstruo.
Lo que ocurrió fue mucho más realista y, probablemente, más inquietante: seguía siendo él mismo mientras su capacidad para percibir, recordar, concentrarse y reaccionar se iba deteriorando.
Décadas después, William Dement continuó dedicándose al estudio del sueño y se convirtió en uno de los principales responsables del desarrollo de la medicina del sueño moderna.
Randy Gardner, por su parte, llevó una vida normal después de aquel episodio.
Su experiencia tampoco demuestra que una persona pueda pasar once días sin dormir sin consecuencias.
Demuestra exactamente lo contrario.
El experimento llegó hasta un límite que hoy resultaría difícil justificar desde el punto de vista ético.
Y aunque Gardner se recuperó, nadie puede utilizar su caso como prueba de que la privación extrema del sueño sea segura.Gardner quiso batir un récord.
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Once días.
Y después, cuando finalmente cerró los ojos, el experimento terminó.
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El caso de Randy Gardner, en cambio, sí está documentado.
Y precisamente por eso resulta mucho más interesante.
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Un adolescente de 17 años permaneció despierto durante once días delante de médicos que observaron cómo su cerebro empezaba a fallar poco a poco.
Gardner no se convirtió en un monstruo.
Lo que ocurrió fue mucho más realista y, probablemente, más inquietante: seguía siendo él mismo mientras su capacidad para percibir, recordar, concentrarse y reaccionar se iba deteriorando.
Décadas después, William Dement continuó dedicándose al estudio del sueño y se convirtió en uno de los principales responsables del desarrollo de la medicina del sueño moderna.
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Desmontando un mito sobre el dolor, nuestro guardaespaldas biológico: "No ocurre en el lugar donde nos lesionamos, sino en el cerebro"
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https://www.europesays.com/fi/321511/ WHO päivitti kognitiivisen heikentymisen ja dementian ehkäisyn suosituksia #dementia #FI #Finland #Finnish #Health #Muistisairaus #Neurologia #Suomi #Terveys #who
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On tämä yks s*atana. Jos keskiviikkona vähän enemmän touhuaa niin torstaina pitää näköjään vaan istua... Mikään jumppa ei auta vaikka kuukausikaupalla koittaa kuntoilla
#terveys #neurologia #kipu #kipukroonikonelämää -
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On tämä yks s*atana. Jos keskiviikkona vähän enemmän touhuaa niin torstaina pitää näköjään vaan istua... Mikään jumppa ei auta vaikka kuukausikaupalla koittaa kuntoilla
#terveys #neurologia #kipu #kipukroonikonelämää -
¿Por qué somos (casi todos) diestros? Dos millones de años de misterio evolutivo
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:stargif: 𝑳𝒂 𝒆𝒑𝒊𝒅𝒆𝒎𝒊𝒂 𝒒𝒖𝒆 𝒅𝒐𝒓𝒎𝒊́𝒂 𝒂 𝒍𝒂 𝒈𝒆𝒏𝒕𝒆 :stargif:
Entre 1916 y finales de la década de 1920, el mundo se enfrentó a una enfermedad tan extraña que todavía hoy sigue siendo uno de los grandes misterios de la medicina.
Algunos enfermos podían pasarse días enteros dormidos, casi imposibles de despertar.
Otros, en cambio, sufrían justo lo contrario: un insomnio extremo, acompañado de movimientos involuntarios, cambios de personalidad o una rigidez que acababa apoderándose de todo el cuerpo.Aquella enfermedad recibió varios nombres, pero pasó a la historia como encefalitis letárgica o enfermedad de von Economo, en honor al neurólogo austríaco Constantin von Economo, que la describió por primera vez en 1917.
Los primeros síntomas parecían los de muchas otras enfermedades de la época: fiebre, dolor de cabeza y malestar general.
Pero pronto aparecían problemas mucho más inquietantes.
Algunos pacientes apenas podían mover los ojos.
Otros caían en un sueño profundo del que costaba muchísimo despertarlos.
También había quienes sufrían temblores, espasmos, alteraciones del comportamiento o episodios de gran agitación.Cada enfermo parecía vivir una enfermedad distinta.
Eso hizo que durante años muchos casos fueran diagnosticados como gripe, meningitis, trastornos psiquiátricos o incluso intoxicaciones.
La fase más grave podía acabar con la muerte.
No existen cifras exactas porque los registros médicos de la época eran incompletos y coincidió con años especialmente difíciles para los sistemas sanitarios.
Aun así, las estimaciones más aceptadas hablan de más de un millón de personas afectadas y alrededor de medio millón de fallecidos.Pero sobrevivir tampoco significaba que todo hubiera terminado.
Muchos pacientes parecían recuperarse por completo.
Volvían a casa, retomaban su vida y durante meses, o incluso años, todo parecía normal.Hasta que la enfermedad regresaba.
Poco a poco comenzaban a moverse con una lentitud desesperante.
El rostro perdía expresión, los músculos se volvían rígidos y acciones tan sencillas como levantarse de una silla, caminar o hablar requerían un esfuerzo enorme.Era el llamado parkinsonismo posencefalítico.
Lo más duro es que muchas de esas personas seguían siendo plenamente conscientes.
Pensaban, entendían lo que ocurría a su alrededor e intentaban comunicarse, pero su cuerpo apenas respondía.Algunos sufrían además las llamadas crisis oculógiras, episodios en los que los ojos se desviaban de forma involuntaria durante minutos o incluso horas.
Otros desarrollaban depresión, impulsividad o profundos cambios de personalidad.La epidemia coincidió en el tiempo con la devastadora gripe de 1918, y durante mucho tiempo se creyó que ambas enfermedades estaban relacionadas.
Sin embargo, nunca se consiguió demostrar esa teoría.
Los investigadores buscaron el virus de la gripe en los cerebros de los pacientes, pero no lo encontraron.
Después surgieron otras hipótesis: bacterias desconocidas, toxinas ambientales o una reacción autoinmune desencadenada por alguna infección.Más de un siglo después, ninguna ha logrado explicar definitivamente qué provocó la enfermedad.
Y lo más extraño de todo llegó al final.
Hacia finales de los años veinte, la epidemia empezó a desaparecer.
No hubo una vacuna.
No apareció un tratamiento milagroso.
Simplemente dejó de extenderse con la misma intensidad con la que había surgido.
Desde entonces se han descrito casos aislados y enfermedades parecidas, pero los especialistas siguen debatiendo si realmente pertenecen al mismo trastorno que sembró el miedo hace más de cien años.
La encefalitis letárgica no fue una epidemia de personas que simplemente se quedaban dormidas.
Fue una enfermedad capaz de alterar el sueño, el movimiento, la personalidad y la voluntad, dejando a muchos supervivientes atrapados durante décadas dentro de un cuerpo que apenas podían controlar.
La medicina ha aprendido mucho sobre las secuelas que dejó.
Lo que todavía nadie ha conseguido explicar es por qué apareció... ni por qué, un día, desapareció casi tan misteriosamente como había llegado.
▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣▣
#historia #medicina #encefalitisletárgica #voneconomo #epidemias #neurología #curiosidadeshistóricas #ciencia #misterios #ecosdelpasado
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:stargif: 𝑳𝒂 𝒆𝒑𝒊𝒅𝒆𝒎𝒊𝒂 𝒒𝒖𝒆 𝒅𝒐𝒓𝒎𝒊́𝒂 𝒂 𝒍𝒂 𝒈𝒆𝒏𝒕𝒆 :stargif:
Entre 1916 y finales de la década de 1920, el mundo se enfrentó a una enfermedad tan extraña que todavía hoy sigue siendo uno de los grandes misterios de la medicina.
Algunos enfermos podían pasarse días enteros dormidos, casi imposibles de despertar.
Otros, en cambio, sufrían justo lo contrario: un insomnio extremo, acompañado de movimientos involuntarios, cambios de personalidad o una rigidez que acababa apoderándose de todo el cuerpo.Aquella enfermedad recibió varios nombres, pero pasó a la historia como encefalitis letárgica o enfermedad de von Economo, en honor al neurólogo austríaco Constantin von Economo, que la describió por primera vez en 1917.
Los primeros síntomas parecían los de muchas otras enfermedades de la época: fiebre, dolor de cabeza y malestar general.
Pero pronto aparecían problemas mucho más inquietantes.
Algunos pacientes apenas podían mover los ojos.
Otros caían en un sueño profundo del que costaba muchísimo despertarlos.
También había quienes sufrían temblores, espasmos, alteraciones del comportamiento o episodios de gran agitación.Cada enfermo parecía vivir una enfermedad distinta.
Eso hizo que durante años muchos casos fueran diagnosticados como gripe, meningitis, trastornos psiquiátricos o incluso intoxicaciones.
La fase más grave podía acabar con la muerte.
No existen cifras exactas porque los registros médicos de la época eran incompletos y coincidió con años especialmente difíciles para los sistemas sanitarios.
Aun así, las estimaciones más aceptadas hablan de más de un millón de personas afectadas y alrededor de medio millón de fallecidos.Pero sobrevivir tampoco significaba que todo hubiera terminado.
Muchos pacientes parecían recuperarse por completo.
Volvían a casa, retomaban su vida y durante meses, o incluso años, todo parecía normal.Hasta que la enfermedad regresaba.
Poco a poco comenzaban a moverse con una lentitud desesperante.
El rostro perdía expresión, los músculos se volvían rígidos y acciones tan sencillas como levantarse de una silla, caminar o hablar requerían un esfuerzo enorme.Era el llamado parkinsonismo posencefalítico.
Lo más duro es que muchas de esas personas seguían siendo plenamente conscientes.
Pensaban, entendían lo que ocurría a su alrededor e intentaban comunicarse, pero su cuerpo apenas respondía.Algunos sufrían además las llamadas crisis oculógiras, episodios en los que los ojos se desviaban de forma involuntaria durante minutos o incluso horas.
Otros desarrollaban depresión, impulsividad o profundos cambios de personalidad.La epidemia coincidió en el tiempo con la devastadora gripe de 1918, y durante mucho tiempo se creyó que ambas enfermedades estaban relacionadas.
Sin embargo, nunca se consiguió demostrar esa teoría.
Los investigadores buscaron el virus de la gripe en los cerebros de los pacientes, pero no lo encontraron.
Después surgieron otras hipótesis: bacterias desconocidas, toxinas ambientales o una reacción autoinmune desencadenada por alguna infección.Más de un siglo después, ninguna ha logrado explicar definitivamente qué provocó la enfermedad.
Y lo más extraño de todo llegó al final.
Hacia finales de los años veinte, la epidemia empezó a desaparecer.
No hubo una vacuna.
No apareció un tratamiento milagroso.
Simplemente dejó de extenderse con la misma intensidad con la que había surgido.
Desde entonces se han descrito casos aislados y enfermedades parecidas, pero los especialistas siguen debatiendo si realmente pertenecen al mismo trastorno que sembró el miedo hace más de cien años.
La encefalitis letárgica no fue una epidemia de personas que simplemente se quedaban dormidas.
Fue una enfermedad capaz de alterar el sueño, el movimiento, la personalidad y la voluntad, dejando a muchos supervivientes atrapados durante décadas dentro de un cuerpo que apenas podían controlar.
La medicina ha aprendido mucho sobre las secuelas que dejó.
Lo que todavía nadie ha conseguido explicar es por qué apareció... ni por qué, un día, desapareció casi tan misteriosamente como había llegado.
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Entre 1916 y finales de la década de 1920, el mundo se enfrentó a una enfermedad tan extraña que todavía hoy sigue siendo uno de los grandes misterios de la medicina.
Algunos enfermos podían pasarse días enteros dormidos, casi imposibles de despertar.
Otros, en cambio, sufrían justo lo contrario: un insomnio extremo, acompañado de movimientos involuntarios, cambios de personalidad o una rigidez que acababa apoderándose de todo el cuerpo.Aquella enfermedad recibió varios nombres, pero pasó a la historia como encefalitis letárgica o enfermedad de von Economo, en honor al neurólogo austríaco Constantin von Economo, que la describió por primera vez en 1917.
Los primeros síntomas parecían los de muchas otras enfermedades de la época: fiebre, dolor de cabeza y malestar general.
Pero pronto aparecían problemas mucho más inquietantes.
Algunos pacientes apenas podían mover los ojos.
Otros caían en un sueño profundo del que costaba muchísimo despertarlos.
También había quienes sufrían temblores, espasmos, alteraciones del comportamiento o episodios de gran agitación.Cada enfermo parecía vivir una enfermedad distinta.
Eso hizo que durante años muchos casos fueran diagnosticados como gripe, meningitis, trastornos psiquiátricos o incluso intoxicaciones.
La fase más grave podía acabar con la muerte.
No existen cifras exactas porque los registros médicos de la época eran incompletos y coincidió con años especialmente difíciles para los sistemas sanitarios.
Aun así, las estimaciones más aceptadas hablan de más de un millón de personas afectadas y alrededor de medio millón de fallecidos.Pero sobrevivir tampoco significaba que todo hubiera terminado.
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Lo más duro es que muchas de esas personas seguían siendo plenamente conscientes.
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Otros desarrollaban depresión, impulsividad o profundos cambios de personalidad.La epidemia coincidió en el tiempo con la devastadora gripe de 1918, y durante mucho tiempo se creyó que ambas enfermedades estaban relacionadas.
Sin embargo, nunca se consiguió demostrar esa teoría.
Los investigadores buscaron el virus de la gripe en los cerebros de los pacientes, pero no lo encontraron.
Después surgieron otras hipótesis: bacterias desconocidas, toxinas ambientales o una reacción autoinmune desencadenada por alguna infección.Más de un siglo después, ninguna ha logrado explicar definitivamente qué provocó la enfermedad.
Y lo más extraño de todo llegó al final.
Hacia finales de los años veinte, la epidemia empezó a desaparecer.
No hubo una vacuna.
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Simplemente dejó de extenderse con la misma intensidad con la que había surgido.
Desde entonces se han descrito casos aislados y enfermedades parecidas, pero los especialistas siguen debatiendo si realmente pertenecen al mismo trastorno que sembró el miedo hace más de cien años.
La encefalitis letárgica no fue una epidemia de personas que simplemente se quedaban dormidas.
Fue una enfermedad capaz de alterar el sueño, el movimiento, la personalidad y la voluntad, dejando a muchos supervivientes atrapados durante décadas dentro de un cuerpo que apenas podían controlar.
La medicina ha aprendido mucho sobre las secuelas que dejó.
Lo que todavía nadie ha conseguido explicar es por qué apareció... ni por qué, un día, desapareció casi tan misteriosamente como había llegado.
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Entre 1916 y finales de la década de 1920, el mundo se enfrentó a una enfermedad tan extraña que todavía hoy sigue siendo uno de los grandes misterios de la medicina.
Algunos enfermos podían pasarse días enteros dormidos, casi imposibles de despertar.
Otros, en cambio, sufrían justo lo contrario: un insomnio extremo, acompañado de movimientos involuntarios, cambios de personalidad o una rigidez que acababa apoderándose de todo el cuerpo.Aquella enfermedad recibió varios nombres, pero pasó a la historia como encefalitis letárgica o enfermedad de von Economo, en honor al neurólogo austríaco Constantin von Economo, que la describió por primera vez en 1917.
Los primeros síntomas parecían los de muchas otras enfermedades de la época: fiebre, dolor de cabeza y malestar general.
Pero pronto aparecían problemas mucho más inquietantes.
Algunos pacientes apenas podían mover los ojos.
Otros caían en un sueño profundo del que costaba muchísimo despertarlos.
También había quienes sufrían temblores, espasmos, alteraciones del comportamiento o episodios de gran agitación.Cada enfermo parecía vivir una enfermedad distinta.
Eso hizo que durante años muchos casos fueran diagnosticados como gripe, meningitis, trastornos psiquiátricos o incluso intoxicaciones.
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Volvían a casa, retomaban su vida y durante meses, o incluso años, todo parecía normal.Hasta que la enfermedad regresaba.
Poco a poco comenzaban a moverse con una lentitud desesperante.
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Lo más duro es que muchas de esas personas seguían siendo plenamente conscientes.
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Otros desarrollaban depresión, impulsividad o profundos cambios de personalidad.La epidemia coincidió en el tiempo con la devastadora gripe de 1918, y durante mucho tiempo se creyó que ambas enfermedades estaban relacionadas.
Sin embargo, nunca se consiguió demostrar esa teoría.
Los investigadores buscaron el virus de la gripe en los cerebros de los pacientes, pero no lo encontraron.
Después surgieron otras hipótesis: bacterias desconocidas, toxinas ambientales o una reacción autoinmune desencadenada por alguna infección.Más de un siglo después, ninguna ha logrado explicar definitivamente qué provocó la enfermedad.
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Simplemente dejó de extenderse con la misma intensidad con la que había surgido.
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La encefalitis letárgica no fue una epidemia de personas que simplemente se quedaban dormidas.
Fue una enfermedad capaz de alterar el sueño, el movimiento, la personalidad y la voluntad, dejando a muchos supervivientes atrapados durante décadas dentro de un cuerpo que apenas podían controlar.
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IMSS reconstruye el rostro de joven que sufrió lesiones graves en accidente de motocicleta en Veracruz
Especialistas del Hospital de Especialidades No. 14 del IMSS Veracruz Norte realizaron una compleja reconstrucción facial a una joven de 24 años que perdió cerca del 40% de la piel del rostro tras un accidente en motocicleta.
Por Gabriela Díaz | Reportera
Una joven de 24 años recuperó la funcionalidad de su rostro tras ser sometida a una compleja reconstrucción facial en el Hospital de Especialidades No. 14 de la Unidad Médica de Alta Especialidad (UMAE) del Centro Médico Nacional «Adolfo Ruiz Cortines» del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), luego de sufrir lesiones severas en un accidente de motocicleta.
La paciente, identificada como Katia, presentó una pérdida de aproximadamente el 40 por ciento de la piel del rostro, además de una destrucción total de la nariz, por lo que requirió una intervención multidisciplinaria en la que participaron especialistas en Traumatología, Otorrinolaringología, Neurología y Cirugía Plástica.
Gracias al procedimiento, la joven recuperó la respiración por la nariz y continúa con una evolución favorable, informaron especialistas del IMSS.
Reconstrucción facial de alta complejidad
El doctor Andrés Torres Zamudio, especialista en Cirugía Plástica y Reconstructiva adscrito al Hospital de Especialidades No. 14, explicó que la gravedad de las lesiones obligó a realizar una reconstrucción integral del rostro.
Precisó que la paciente presentaba una pérdida importante de tejido cutáneo y una destrucción completa de la estructura nasal, por lo que fue necesario reconstruirla para devolverle tanto la funcionalidad como parte de la anatomía facial.
Como parte del tratamiento, el equipo médico practicó una rotación de colgajo, técnica quirúrgica que consiste en movilizar tejido sano conservando su irrigación sanguínea para cubrir áreas con pérdida de piel y tejido.
De acuerdo con el especialista, este procedimiento permitió cubrir la extensión de las lesiones y favorecer una adecuada cicatrización.
Atención coordinada entre varias especialidades
La intervención requirió la participación coordinada de diversas especialidades médicas, lo que permitió atender tanto las lesiones traumáticas como las necesidades reconstructivas de la paciente.
El manejo integral incluyó la estabilización inicial, la valoración neurológica, la atención de lesiones traumatológicas y la reconstrucción facial, con el propósito de recuperar funciones esenciales y mejorar la calidad de vida de la joven.
Paciente reconoce labor del personal médico
Tras la cirugía, Katia expresó su agradecimiento al equipo médico que participó en su atención.
«Le doy gracias al doctor, porque para mí fue un héroe. El que haya llegado a operarme, a reconstruirme la cara, la nariz y todo. Más que nada muchas gracias, porque creo que sin él no estuviera aquí», manifestó.
Por su parte, Yasmín, madre de la paciente, reconoció el trabajo coordinado del personal del Seguro Social.
Agradeció el respaldo brindado por médicos, enfermeras y directivos durante el proceso de atención, y afirmó que la intervención realizada permitió devolverle a su hija la oportunidad de continuar con su recuperación.
Actualmente, Katia mantiene una evolución favorable y continúa con su proceso de recuperación bajo seguimiento de especialistas del IMSS. –sn–
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Demencia senil, qué es y por qué aumenta la preocupación en México
Demencia senil: conoce qué es, sus síntomas, cómo se detecta, tratamientos disponibles, situación en México y dónde recibir atención médica especializada para adultos mayores.
Por Martín García | Reportero
La pérdida progresiva de memoria, los cambios de conducta y las dificultades para realizar actividades cotidianas pueden ser señales de un deterioro cognitivo asociado con la edad. Aunque popularmente se utiliza el término “demencia senil”, los especialistas actualmente prefieren hablar de demencia o trastornos neurocognitivos mayores, ya que el envejecimiento por sí mismo no provoca una pérdida grave de las capacidades mentales.
La demencia es un síndrome que afecta funciones como la memoria, el lenguaje, la orientación, el razonamiento y la capacidad para tomar decisiones. Su forma más frecuente es la enfermedad de Alzheimer, aunque también existen otros tipos como la demencia vascular, la demencia con cuerpos de Lewy y la asociada con la enfermedad de Parkinson.
En México, el crecimiento de la población adulta mayor representa un desafío creciente para el sistema de salud. El aumento de la esperanza de vida implica que más personas pueden llegar a edades donde aumenta el riesgo de desarrollar enfermedades neurodegenerativas que requieren atención médica, acompañamiento familiar y cuidados especializados.
¿Cuáles son las características de la demencia?
La demencia no aparece de la misma manera en todas las personas. Los primeros cambios pueden ser leves y avanzar con el tiempo. Entre las principales señales se encuentran:
- Pérdida frecuente de memoria que afecta actividades diarias.
- Dificultad para recordar fechas, conversaciones o información reciente.
- Problemas para encontrar palabras o mantener una conversación.
- Desorientación en lugares conocidos.
- Cambios repentinos de personalidad, humor o comportamiento.
- Dificultad para organizar actividades habituales.
- Problemas para administrar dinero, medicamentos o realizar trámites.
- Pérdida progresiva de independencia.
Un olvido ocasional no significa necesariamente demencia. Es normal que con la edad algunas personas tengan pequeñas dificultades para recordar información, pero cuando los cambios interfieren con la vida cotidiana es recomendable solicitar una evaluación médica.
¿Cuál es la situación de la demencia en México?
México enfrenta un proceso acelerado de envejecimiento poblacional. De acuerdo con proyecciones demográficas, la proporción de adultos mayores continuará aumentando durante las próximas décadas, lo que incrementará la necesidad de servicios de neurología, geriatría, psicología, rehabilitación y apoyo social.
La demencia representa un reto no solamente médico, sino también familiar y económico, debido a que muchas personas requieren cuidados permanentes conforme avanza la enfermedad.
Uno de los principales desafíos es el diagnóstico oportuno. Muchas familias consideran que la pérdida de memoria forma parte normal del envejecimiento y retrasan la búsqueda de atención, lo que puede limitar las posibilidades de intervención temprana.
¿Cómo se detecta la demencia?
El diagnóstico no depende de una sola prueba. Los especialistas realizan una evaluación integral que puede incluir:
- Historia clínica del paciente.
- Entrevistas con familiares o cuidadores.
- Pruebas de memoria, lenguaje y razonamiento.
- Evaluaciones neurológicas.
- Estudios de imagen cerebral, como tomografía o resonancia magnética, cuando son necesarios.
- Análisis para descartar otras enfermedades que pueden provocar síntomas similares.
La detección temprana permite identificar causas tratables de algunos problemas cognitivos y establecer estrategias para conservar la autonomía durante el mayor tiempo posible.
¿Cómo se combate y qué tratamientos existen?
Actualmente no existe una cura definitiva para la mayoría de los tipos de demencia, pero existen tratamientos que pueden ayudar a controlar síntomas, retrasar el deterioro funcional en algunos casos y mejorar la calidad de vida.
Las estrategias incluyen:
Tratamiento médico
Los especialistas pueden utilizar medicamentos específicos para determinados tipos de demencia, además de tratar enfermedades relacionadas como hipertensión, diabetes, problemas cardiovasculares o trastornos del sueño.
Estimulación cognitiva
Ejercicios de memoria, lectura, actividades sociales y aprendizaje continuo pueden ayudar a mantener activas algunas funciones cerebrales.
Actividad física
La movilidad regular, de acuerdo con las condiciones de cada persona, contribuye al bienestar general y puede favorecer la salud cardiovascular y cerebral.
Alimentación saludable
Una dieta equilibrada, con consumo adecuado de frutas, verduras, proteínas y reducción de factores de riesgo metabólico, forma parte del cuidado integral.
Acompañamiento familiar
El apoyo de familiares y cuidadores es fundamental para prevenir aislamiento, detectar cambios y garantizar seguridad en las actividades diarias.
Factores que pueden aumentar el riesgo
Entre los factores asociados con un mayor riesgo de desarrollar demencia se encuentran:
- Edad avanzada.
- Antecedentes familiares.
- Enfermedades cardiovasculares.
- Hipertensión arterial.
- Diabetes.
- Sedentarismo.
- Tabaquismo.
- Aislamiento social.
- Baja estimulación cognitiva.
No todos los factores pueden modificarse, pero mantener hábitos saludables puede contribuir a reducir riesgos asociados al deterioro cognitivo.
¿Dónde pueden recibir atención médica las personas con sospecha de demencia en México?
Las personas que presentan cambios importantes de memoria o conducta pueden acudir inicialmente a servicios de atención primaria para una valoración médica.
En México existen instituciones públicas que pueden orientar y canalizar casos hacia especialistas:
- Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS): brinda atención médica, evaluación especializada y seguimiento para derechohabientes.
- Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado (ISSSTE): ofrece atención médica integral para sus afiliados.
- Instituto Nacional de Neurología y Neurocirugía Manuel Velasco Suárez: centro especializado para diagnóstico y tratamiento de enfermedades neurológicas.
- Hospitales generales y servicios estatales de salud con áreas de geriatría, neurología y salud mental.
También existen asociaciones civiles y grupos de apoyo para familiares de personas con Alzheimer y otros tipos de demencia, que ofrecen orientación sobre cuidados y acompañamiento.
La importancia de buscar ayuda a tiempo
La demencia no debe considerarse una consecuencia inevitable del envejecimiento. Identificar cambios tempranos permite iniciar evaluaciones médicas, planificar cuidados y mejorar la calidad de vida de la persona afectada y su familia.
Ante señales como pérdida frecuente de memoria, desorientación o cambios de comportamiento que afectan la vida diaria, la recomendación de los especialistas es buscar atención médica para determinar la causa y recibir orientación adecuada. –sn–
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