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  1. #ArabiaSaudita, #Turquía y #Pakistán han formalizado un pacto de #defensa que estipula la asistencia mutua ante agresiones externas. El acuerdo busca fortalecer la seguridad regional frente a la creciente inestabilidad que atraviesa el #OrienteMedio y su impacto #geopolítico

    Más info: nbes.blog/arabia-saudita-turqu

  2. La geopolítica detrás del Tratado entre Estados Unidos, México y Canadá (T-MEC)


    Por: Lic. Alejandro Marcó del Pont

    La interdependencia destructiva, la paradoja del costo (El Tábano Economista)

    La revisión del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC) en 2026 constituye el momento más delicado para la integración económica norteamericana desde la renegociación impulsada por Donald Trump entre 2017 y 2020. Lo que inicialmente fue concebido como un mecanismo técnico de evaluación se ha transformado en una negociación estratégica donde convergen disputas comerciales, rivalidades tecnológicas, seguridad fronteriza, política industrial y competencia geopolítica global.

    Es decir, la revisión ya no trata solamente de aranceles o exportaciones. Lo que está en juego es quién controlará las cadenas productivas críticas del continente, cómo se distribuirán los beneficios del nearshoring y si México logrará transformar su extraordinaria integración manufacturera en un verdadero proyecto de desarrollo nacional. La disputa fundamental no es comercial; es una disputa por el modelo de desarrollo de América del Norte y la capacidad que esta unidad tiene para enfrentar a China desde el punto de vista económico y geopolítico. Si América del Norte no se integra, la probabilidad que EE.UU. compita con China es inexistente

    La pregunta que domina las discusiones en Washington ya no es cuánto exporta México o cuántos automóviles cruzan diariamente la frontera. La pregunta es mucho más inquietante: ¿puede Estados Unidos competir con China durante las próximas décadas sin integración completa de América del Norte?

    La respuesta, que se abre paso entre republicanos y demócratas, es la misma: no puede hacerlo solo. Durante treinta años, Estados Unidos organizó la globalización bajo la premisa de que la producción podía dispersarse por el mundo sin consecuencias estratégicas. El resultado fue una extraordinaria reducción de costos para las empresas estadounidenses, pero también una creciente dependencia de Asia en sectores críticos. La pandemia, las interrupciones logísticas y la guerra tecnológica con Pekín terminaron por revelar una realidad incómoda. La primera economía del planeta había perdido parte del control sobre las cadenas productivas que sostienen su prosperidad.

    China no solamente se convirtió en la fábrica del mundo. Se convirtió en el centro gravitacional de . Controla una parte sustancial del procesamiento mundial de minerales críticos, domina la producción de baterías para vehículos eléctricos, lidera el mercado de paneles solares y ocupa posiciones centrales en numerosas cadenas de suministro industriales. Incluso en aquellos sectores donde Estados Unidos conserva ventajas tecnológicas, como los semiconductores avanzados, la dependencia de insumos, materiales y procesos distribuidos por Asia sigue siendo enorme.

    Desde la perspectiva estadounidense, la conclusión es evidente. La competencia con China ya no puede librarse únicamente mediante aranceles o restricciones comerciales. Requiere reconstruir una base industrial continental. Por eso la revisión del T-MEC ha adquirido una importancia estratégica sin precedentes. Lo que está en juego es la construcción de una América del Norte capaz de funcionar como una plataforma integrada de producción, innovación y seguridad económica. Sin esa integración, Washington corre el riesgo de enfrentar a China con una estructura productiva fragmentada y dependiente.

    La paradoja es que el país indispensable para ese proyecto es precisamente México. Estados Unidos necesita a México porque ninguna estrategia seria de reindustrialización puede funcionar sin aprovechar la capacidad manufacturera, la ubicación geográfica y la integración logística que el país ha desarrollado durante tres décadas. Los semiconductores requieren plantas de ensamblaje y prueba. Las baterías requieren una enorme red de proveedores industriales. Los minerales críticos necesitan capacidad de procesamiento y manufactura. La industria farmacéutica demanda cadenas regionales resilientes. Ninguna de estas actividades puede escalarse exclusivamente dentro del territorio estadounidense sin disparar costos y perder competitividad.

    Sin México no existe una verdadera estrategia norteamericana de nearshoring. Sin México no existe una alternativa regional a las cadenas asiáticas y tampoco existe una masa crítica suficiente para competir con China.

    Sin embargo, esa necesidad convive con una creciente desconfianza. Washington observa con preocupación cómo las inversiones chinas aumentan en territorio mexicano. Para muchos funcionarios estadounidenses, el riesgo no consiste solamente en la presencia de capital chino. El temor es que México termine funcionando como una plataforma indirecta para que empresas chinas accedan al mercado norteamericano aprovechando los beneficios del tratado.

    La inversión china en México representa un dilema geopolítico fundamental para América del Norte. Aunque cuantitativamente modesta (menos del 2% del total de IED en México), su impacto cualitativo en sectores estratégicos (automotriz, electrónica, baterías, minerales críticos) amenaza con convertir a México en una plataforma para evadir los aranceles estadounidenses a China.

    Los datos revelan una concentración sectorial alarmante desde la perspectiva de Washington: el 72% de la inversión china anunciada en 2023 se destinó al sector automotriz, mientras que las ventas de vehículos chinos en el mercado mexicano pasaron del 0.5% al 11.2% en apenas tres años. Esta penetración acelerada, combinada con el dominio chino en la cadena de suministro de vehículos eléctricos (baterías, motores, minerales críticos), ha provocado una respuesta regulatoria sin precedentes por parte de EE.UU., incluyendo aranceles del 57.6% a importaciones chinas y restricciones a las reglas de origen del T-MEC.

    Si EE. UU. bloquea agresivamente la IED china en México bajo el pretexto de seguridad nacional, encarecerá drásticamente la transición energética en América del Norte. China controla actualmente más del 60% de la extracción y el 85% del procesamiento de minerales críticos globales, y domina el 80% de la producción de celdas de baterías y paneles solares. Sin las baterías y paneles solares chinos, Norteamérica no será competitiva globalmente.

    La palabra que resume esa preocupación es triangulación. Desde la perspectiva estadounidense, una fábrica china instalada en México que exporta hacia Estados Unidos puede convertirse en una vulnerabilidad estratégica si mantiene dependencias tecnológicas, financieras o de suministros provenientes de China. Lo que está en discusión no es el origen geográfico de una planta, sino quién controla realmente la cadena de valor.

    Por eso las reglas de origen se han convertido en el verdadero campo de batalla de la revisión de 2026. Detrás de los porcentajes de contenido regional y de los requisitos técnicos se esconde una disputa geopolítica de enormes dimensiones. Washington pretende utilizar esas reglas para reducir progresivamente la presencia de insumos y componentes chinos dentro de las cadenas productivas norteamericanas. Cada punto adicional de contenido regional representa un intento de desplazar producción desde Asia hacia América del Norte.

    Las reglas de origen son el mecanismo que determina qué porcentaje de un producto debe ser producido dentro de Norteamérica para acceder a arancel cero. Bajo el NAFTA, un automóvil necesitaba aproximadamente 62,5% de contenido regional. Con el T-MEC: el 75% de contenido debe ser regional, el 70% del acero y aluminio debe provenir de Norteamérica y entre 40% y 45% del vehículo debe producirse en plantas con salarios superiores a US$16 por hora.

    Ante la presión de la Casa Blanca por cerrar las puertas al capital de Beijing, México no puede permitirse una ruptura total con China, pero tampoco una confrontación abierta con su principal socio comercial. El gobierno mexicano está implementando una estrategia de «Pragmatismo Defensivo y Compartimentación». Es decir, sacrificio de sectores de los autos eléctricos y el acero. En las industrias donde EE. UU. considera la presencia china como una amenaza existencial (como las plantas de ensamblaje final de vehículos eléctricos de BYD o la fundición de acero), México aplicará restricciones severas. El gobierno ya ha establecido aranceles de hasta el 50% a más de 1,400 productos asiáticos para frenar la triangulación y mitigar las quejas de Washington.

    Pero aquí aparece otra contradicción. Estados Unidos necesita integrar a México para competir con China. México necesita mantener cierto margen de maniobra para aprovechar inversiones provenientes de China. Para el gobierno mexicano, las inversiones chinas representan una fuente potencial de capital, empleo, infraestructura y transferencia tecnológica. En un contexto internacional caracterizado por la desaceleración económica y la incertidumbre global, renunciar completamente a esos flujos de inversión sería una decisión extremadamente costosa.

    México se encuentra así en una posición delicada. Debe demostrar a Washington que no será una puerta trasera para China, pero al mismo tiempo busca beneficiarse de la rivalidad entre las dos mayores economías del mundo. Esta tensión revela un problema más profundo. Estados Unidos imagina una integración regional orientada a fortalecer la seguridad económica norteamericana. México aspira a una integración que impulse su propio desarrollo.

    No necesariamente son los mismos objetivos. La experiencia del NAFTA, y posteriormente del T-MEC, alimenta ese debate. Los defensores del modelo destacan que México multiplicó sus exportaciones, se convirtió en una potencia manufacturera y consolidó una industria automotriz de escala global. Sus críticos responden que el crecimiento económico fue decepcionante, que la productividad avanzó lentamente y que buena parte de los beneficios fueron capturados por corporaciones multinacionales y élites empresariales a ambos lados de la frontera. La pregunta sigue abierta: ¿la integración generó desarrollo o simplemente integración?

    Específicamente la crítica estructuralista sostiene que México logró integrarse exitosamente a las cadenas globales de valor, pero sin capturar una proporción equivalente del valor agregado generado por ellas. El ejemplo más evidente es la industria automotriz, pocas actividades ilustran mejor las virtudes y limitaciones del modelo. México es uno de los principales exportadores de vehículos del mundo. Produce millones de automóviles al año. Alberga plantas de prácticamente todos los grandes fabricantes globales. Sin embargo, gran parte de las decisiones estratégicas continúan tomándose fuera del país. Las patentes se registran fuera del país. Los centros de investigación más importantes permanecen fuera del país. La ingeniería de mayor complejidad suele desarrollarse fuera del país.  México fabrica, otros diseñan. México ensambla. Otros controlan la propiedad intelectual.

    La revisión de 2026 podría comenzar a responderla. Si la nueva arquitectura norteamericana incorpora a México como socio tecnológico, como participante en la producción de semiconductores, baterías, minerales críticos y productos farmacéuticos avanzados, el país podría ascender dentro de la cadena de valor. En ese escenario, la competencia con China podría transformarse en una oportunidad histórica para la industrialización mexicana.

    Pero existe otro camino. Si la revisión del tratado se limita a endurecer reglas de origen para excluir a China y proteger industrias estadounidenses, México corre el riesgo de quedar atrapado en un papel conocido. Ensamblar productos diseñados en otro lugar, producir componentes desarrollados en otro lugar y capturar apenas una fracción del valor generado.

    Ese es el verdadero dilema del nuevo T-MEC. Estados Unidos necesita una América del Norte integrada porque ya no posee por sí solo la capacidad industrial suficiente para enfrentar el desafío chino. México necesita que esa integración se traduzca en desarrollo tecnológico propio y no únicamente en más fábricas.

    La revisión de 2026 no decidirá solamente el futuro de un tratado comercial. Decidirá si América del Norte puede convertirse en un bloque económico capaz de competir con China y, al mismo tiempo, determinará si México logra finalmente dejar atrás su condición de plataforma manufacturera para transformarse en un protagonista pleno de la nueva revolución industrial.

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  3. #Macron scuote il #G7: la #Francia vuole un’#Europa che non faccia la comparsa nella #guerratecnologica e #commerciale, capace di difendere i propri interessi anche con un po’ di #protezionismo, senza dipendere solo da #StatiUniti e #Cina. Rumore #geopolitico, volatilità sui mercati, rifugio in #assetsicuri. La sfida resta: un’Europa unita o più isolata che mai?
    @attualita

  4. RE: zirk.us/@JazzyKindaFella/11601

    Es muy fácil hablar de "sadismo" desde fuera. No quiero bloqueos ni guerras, pero culpar solo a lo externo es ignorar el fracaso de un sistema que nos asfixia por dentro. Los cubanos de a pie sufrimos el bloqueo externo, sí, pero sobre todo el bloqueo interno de un régimen que nos quita derechos básicos. No somos fichas de ajedrez #geopolítico, solo queremos vivir en libertad y paz sin amos de ningún lado. 🇨🇺 #Cuba #SOSCuba #Paz #Politica

  5. In un mercato e in un contesto #geopolitico sempre più instabili, l’#oro torna al centro dell’attenzione.
    Ma cosa significa oggi produrre e commercializzare oro in modo responsabile, trasparente e certificato?

    Ne parliamo con Nino Andreini #CEO della #HoldingFinanziaria #PrimeCompagnieStrategicheBV, che racconta il valore di una filiera controllata, sostenibile e orientata alla qualità.

    corrierepl.it/2026/01/21/loro-

  6. #newissue
    È ora completo il nuovo fascicolo di #NAD, che raccoglie contributi dedicati, tra gli altri temi, alla lotta al #terrorismo come strumento di normalizzazione nella #politica estera, ai poteri di #guerra nell’ordinamento britannico, alla questione delle elezioni presidenziali in #Romania e alle relazioni algerino-italiane in un contesto #geopolitico sempre più turbolento.

    Disponibile qui in #OpenAccess: riviste.unimi.it/index.php/NAD

    @cultura

  7. Rechazar la guerra no significa aceptar el status quo que nos asfixia. Buscamos una solución civilista y democrática nacida de nosotros, no un tablero #geopolítico . Queremos paz, pero con derechos. #Cuba #Libertad #Cambio #DDHH #SociedadCivil #Politica

  8. RE: mastodon.social/@theemptypress

    Entiendo el escepticismo por el historial de intervenciones; nadie quiere una guerra en su casa. Pero como cubano que se opone al sistema actual, mi deseo de cambio no es pedir una invasión, sino el derecho a decidir nuestro futuro en libertad. Rechazar la guerra no significa aceptar el status quo que nos asfixia. Buscamos una solución civilista y democrática nacida de nosotros, no un tablero #geopolítico. Queremos paz, pero con derechos.
    #Cuba #Libertad #Cambio #DDHH #SociedadCivil #Politica

  9. youtu.be/JMXNXxiJ-D8
    Se analiza el panorama #geopolítico actual, centrado en el auge de la ultraderecha en América Latina tras la victoria de José Antonio #Kast en #Chile. Los ponentes explican cómo esta tendencia responde a la frustración social con la izquierda sistémica y a una estrategia de injerencia de Estados Unidos para asegurar el control de materias primas críticas. El diálogo deriva en denunciar la vulneración del derecho internacional, citando el #secuestro de #petroleros venezolanos y la inmovilización de #activos #rusos en Europa. Finalmente, critican la sumisión de las élites europeas a #Washington y cómo la financiación militar de #Ucrania con fondos públicos contrasta con las políticas de austeridad impuestas al sur de Europa.

  10. Respeto tu análisis #geopolítico, pero como cubano que vive las consecuencias de ese sistema, es difícil ver ese apoyo de Lula como algo positivo. Mientras él aplica un pragmatismo envidiable para negociar con potencias como China o EE.UU. buscando el bienestar de Brasil, el modelo que ha 🧵1/2

    RE: https://bsky.app/profile/did:plc:2dbwv56f5omwleewmkogkjfw/post/3majyf7hy7c2p

  11. Este asunto del #maíz #transgénico es, al final, un tema de #soberanía nacional 🇲🇽 frente al control #geopolitico del #imperio gringo 🇺🇸, que busca subyugar a los pueblos para sus intereses coloniales

    x.com/lhan55/status/1870242892

    Artículo del periodista Luis Hernández Navarro: jornada.com.mx/2024/11/19/opin

  12. In un momento in cui il predominio #economico e #geopolitico degli #StatiUniti è messo in discussione dalle potenze emergenti, gli #USA hanno rafforzato il loro ruolo globale come fornitori di armi, un aspetto importante della loro #politicaestera

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