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  1. Del cilindro de cera al formato libre Ogg: El viaje de la música grabada

    Un repaso por la tecnología que transformó el sonido en memoria colectiva

    Hoy nos parece lo más normal del mundo traer miles de canciones en el bolsillo o reproducirlas con un toque en la pantalla, pero la posibilidad de congelar el sonido y revivirlo cuantas veces queramos es un invento relativamente nuevo en la historia humana. Todo comenzó en 1877, cuando Thomas Edison inventó el fonógrafo. Este aparato, que parecía más un experimento de laboratorio que un reproductor musical, utilizaba un cilindro cubierto de papel de aluminio —que luego cambió por cera— y una aguja conectada a un diafragma. Al hablar por la bocina, las vibraciones de la voz hacían que la aguja grabara surcos en el cilindro. Al pasar la aguja otra vez por esos mismos surcos, el milagro ocurría: el sonido regresaba del pasado. Por primera vez, la música dejaba de ser algo efímero que solo existía mientras los músicos tocaban en vivo.

    La tecnología no se quedó quieta y pocos años después, en 1887, un inventor alemán llamado Emile Berliner revolucionó el juego con el gramófono. En lugar de usar los estorbosos cilindros de Edison, a Berliner se le ocurrió utilizar discos planos. Esto cambió la industria por completo porque los discos eran muchísimo más fáciles de reproducir en masa y de almacenar. Al principio se fabricaban con un material llamado baquelita o goma laca y giraban a 78 revoluciones por minuto. A mediados del siglo XX, la llegada del vinilo trajo los discos de 33 revoluciones, conocidos como LP, que ofrecían una calidad de audio muy superior y una duración más larga, convirtiendo al disco en una obra de arte tanto por la música como por sus portadas.

    La movilidad llegó en la década de 1960 gracias a la compañía Philips, que introdujo el casete compacto. Esta cajita de plástico con una cinta magnética en su interior democratizó la música de una forma nunca antes vista. No solo podías llevar tus canciones en el auto, sino que cualquiera podía grabar sus propias recopilaciones directamente de la radio o de un disco. Para los años 80, el formato digital tocó a la puerta con el disco compacto o CD, desarrollado por Sony y Philips. Los rayones y el siseo de la cinta quedaron atrás gracias a un lector láser que leía unos y ceros grabados en un disco de policarbonato, entregando un sonido limpio y sin ruido de fondo.

    Pero la verdadera bomba explotó en los años 90 con el internet y las computadoras caseras. El formato MP3, desarrollado en su mayoría por el Instituto Fraunhofer en Alemania, cambió las reglas de la música para siempre. El MP3 revolucionó todo porque lograba comprimir el tamaño de un archivo de audio hasta en un 90 por ciento, eliminando las frecuencias que el oído humano promedio no alcanza a percibir. Una canción que en un CD ocupaba unos 50 megabytes ahora pesaba solo 4 o 5 megabytes, lo que facilitaba su descarga a través de las conexiones lentas de la época y abrió paso a los reproductores portátiles. Sin embargo, el MP3 tenía un gran problema tras bambalinas: estaba protegido por patentes comerciales muy estrictas, lo que obligaba a los desarrolladores de software a pagar regalías por usarlo.

    Como respuesta a esas limitaciones comerciales y en defensa de la libertad digital, la fundación Xiph.Org creó en 1993 el formato Ogg, utilizando el códec de audio Vorbis. A diferencia del MP3, Ogg es un formato de contenedor de código abierto y completamente libre de patentes. Esto significa que cualquier persona, programador o creador de contenido puede usarlo, modificarlo e integrarlo en sus sistemas sin tener que pagarle un solo centavo a una corporación. Además de su filosofía libre, los ingenieros demostraron que a nivel de audio el formato Ogg Vorbis ofrece una calidad de sonido muy superior a la del MP3 a una misma tasa de transferencia de datos, distribuyendo de mejor manera las frecuencias agudas y graves. Hoy en día, aunque el MP3 sigue siendo muy popular por pura inercia histórica, el formato libre Ogg es una de las herramientas más valiosas dentro del software libre y el desarrollo independiente para garantizar que el acceso a la cultura y la tecnología no dependa de los caprichos de una patente.

    — A. Eldritch, Periodista, Locutor, podcaster y bloger del fediverso

    Alt text via @altbot y @TeLoDescribot

    #Historia #Música #Tecnología #Fonógrafo #MP3 #OggVorbis #SoftwareLibre #CulturaDigital

  2. Del cilindro de cera al formato libre Ogg: El viaje de la música grabada

    Un repaso por la tecnología que transformó el sonido en memoria colectiva

    Hoy nos parece lo más normal del mundo traer miles de canciones en el bolsillo o reproducirlas con un toque en la pantalla, pero la posibilidad de congelar el sonido y revivirlo cuantas veces queramos es un invento relativamente nuevo en la historia humana. Todo comenzó en 1877, cuando Thomas Edison inventó el fonógrafo. Este aparato, que parecía más un experimento de laboratorio que un reproductor musical, utilizaba un cilindro cubierto de papel de aluminio —que luego cambió por cera— y una aguja conectada a un diafragma. Al hablar por la bocina, las vibraciones de la voz hacían que la aguja grabara surcos en el cilindro. Al pasar la aguja otra vez por esos mismos surcos, el milagro ocurría: el sonido regresaba del pasado. Por primera vez, la música dejaba de ser algo efímero que solo existía mientras los músicos tocaban en vivo.

    La tecnología no se quedó quieta y pocos años después, en 1887, un inventor alemán llamado Emile Berliner revolucionó el juego con el gramófono. En lugar de usar los estorbosos cilindros de Edison, a Berliner se le ocurrió utilizar discos planos. Esto cambió la industria por completo porque los discos eran muchísimo más fáciles de reproducir en masa y de almacenar. Al principio se fabricaban con un material llamado baquelita o goma laca y giraban a 78 revoluciones por minuto. A mediados del siglo XX, la llegada del vinilo trajo los discos de 33 revoluciones, conocidos como LP, que ofrecían una calidad de audio muy superior y una duración más larga, convirtiendo al disco en una obra de arte tanto por la música como por sus portadas.

    La movilidad llegó en la década de 1960 gracias a la compañía Philips, que introdujo el casete compacto. Esta cajita de plástico con una cinta magnética en su interior democratizó la música de una forma nunca antes vista. No solo podías llevar tus canciones en el auto, sino que cualquiera podía grabar sus propias recopilaciones directamente de la radio o de un disco. Para los años 80, el formato digital tocó a la puerta con el disco compacto o CD, desarrollado por Sony y Philips. Los rayones y el siseo de la cinta quedaron atrás gracias a un lector láser que leía unos y ceros grabados en un disco de policarbonato, entregando un sonido limpio y sin ruido de fondo.

    Pero la verdadera bomba explotó en los años 90 con el internet y las computadoras caseras. El formato MP3, desarrollado en su mayoría por el Instituto Fraunhofer en Alemania, cambió las reglas de la música para siempre. El MP3 revolucionó todo porque lograba comprimir el tamaño de un archivo de audio hasta en un 90 por ciento, eliminando las frecuencias que el oído humano promedio no alcanza a percibir. Una canción que en un CD ocupaba unos 50 megabytes ahora pesaba solo 4 o 5 megabytes, lo que facilitaba su descarga a través de las conexiones lentas de la época y abrió paso a los reproductores portátiles. Sin embargo, el MP3 tenía un gran problema tras bambalinas: estaba protegido por patentes comerciales muy estrictas, lo que obligaba a los desarrolladores de software a pagar regalías por usarlo.

    Como respuesta a esas limitaciones comerciales y en defensa de la libertad digital, la fundación Xiph.Org creó en 1993 el formato Ogg, utilizando el códec de audio Vorbis. A diferencia del MP3, Ogg es un formato de contenedor de código abierto y completamente libre de patentes. Esto significa que cualquier persona, programador o creador de contenido puede usarlo, modificarlo e integrarlo en sus sistemas sin tener que pagarle un solo centavo a una corporación. Además de su filosofía libre, los ingenieros demostraron que a nivel de audio el formato Ogg Vorbis ofrece una calidad de sonido muy superior a la del MP3 a una misma tasa de transferencia de datos, distribuyendo de mejor manera las frecuencias agudas y graves. Hoy en día, aunque el MP3 sigue siendo muy popular por pura inercia histórica, el formato libre Ogg es una de las herramientas más valiosas dentro del software libre y el desarrollo independiente para garantizar que el acceso a la cultura y la tecnología no dependa de los caprichos de una patente.

    — A. Eldritch, Periodista, Locutor, podcaster y bloger del fediverso

    Alt text via @altbot y @TeLoDescribot

    #Historia #Música #Tecnología #Fonógrafo #MP3 #OggVorbis #SoftwareLibre #CulturaDigital

  3. Del cilindro de cera al formato libre Ogg: El viaje de la música grabada

    Un repaso por la tecnología que transformó el sonido en memoria colectiva

    Hoy nos parece lo más normal del mundo traer miles de canciones en el bolsillo o reproducirlas con un toque en la pantalla, pero la posibilidad de congelar el sonido y revivirlo cuantas veces queramos es un invento relativamente nuevo en la historia humana. Todo comenzó en 1877, cuando Thomas Edison inventó el fonógrafo. Este aparato, que parecía más un experimento de laboratorio que un reproductor musical, utilizaba un cilindro cubierto de papel de aluminio —que luego cambió por cera— y una aguja conectada a un diafragma. Al hablar por la bocina, las vibraciones de la voz hacían que la aguja grabara surcos en el cilindro. Al pasar la aguja otra vez por esos mismos surcos, el milagro ocurría: el sonido regresaba del pasado. Por primera vez, la música dejaba de ser algo efímero que solo existía mientras los músicos tocaban en vivo.

    La tecnología no se quedó quieta y pocos años después, en 1887, un inventor alemán llamado Emile Berliner revolucionó el juego con el gramófono. En lugar de usar los estorbosos cilindros de Edison, a Berliner se le ocurrió utilizar discos planos. Esto cambió la industria por completo porque los discos eran muchísimo más fáciles de reproducir en masa y de almacenar. Al principio se fabricaban con un material llamado baquelita o goma laca y giraban a 78 revoluciones por minuto. A mediados del siglo XX, la llegada del vinilo trajo los discos de 33 revoluciones, conocidos como LP, que ofrecían una calidad de audio muy superior y una duración más larga, convirtiendo al disco en una obra de arte tanto por la música como por sus portadas.

    La movilidad llegó en la década de 1960 gracias a la compañía Philips, que introdujo el casete compacto. Esta cajita de plástico con una cinta magnética en su interior democratizó la música de una forma nunca antes vista. No solo podías llevar tus canciones en el auto, sino que cualquiera podía grabar sus propias recopilaciones directamente de la radio o de un disco. Para los años 80, el formato digital tocó a la puerta con el disco compacto o CD, desarrollado por Sony y Philips. Los rayones y el siseo de la cinta quedaron atrás gracias a un lector láser que leía unos y ceros grabados en un disco de policarbonato, entregando un sonido limpio y sin ruido de fondo.

    Pero la verdadera bomba explotó en los años 90 con el internet y las computadoras caseras. El formato MP3, desarrollado en su mayoría por el Instituto Fraunhofer en Alemania, cambió las reglas de la música para siempre. El MP3 revolucionó todo porque lograba comprimir el tamaño de un archivo de audio hasta en un 90 por ciento, eliminando las frecuencias que el oído humano promedio no alcanza a percibir. Una canción que en un CD ocupaba unos 50 megabytes ahora pesaba solo 4 o 5 megabytes, lo que facilitaba su descarga a través de las conexiones lentas de la época y abrió paso a los reproductores portátiles. Sin embargo, el MP3 tenía un gran problema tras bambalinas: estaba protegido por patentes comerciales muy estrictas, lo que obligaba a los desarrolladores de software a pagar regalías por usarlo.

    Como respuesta a esas limitaciones comerciales y en defensa de la libertad digital, la fundación Xiph.Org creó en 1993 el formato Ogg, utilizando el códec de audio Vorbis. A diferencia del MP3, Ogg es un formato de contenedor de código abierto y completamente libre de patentes. Esto significa que cualquier persona, programador o creador de contenido puede usarlo, modificarlo e integrarlo en sus sistemas sin tener que pagarle un solo centavo a una corporación. Además de su filosofía libre, los ingenieros demostraron que a nivel de audio el formato Ogg Vorbis ofrece una calidad de sonido muy superior a la del MP3 a una misma tasa de transferencia de datos, distribuyendo de mejor manera las frecuencias agudas y graves. Hoy en día, aunque el MP3 sigue siendo muy popular por pura inercia histórica, el formato libre Ogg es una de las herramientas más valiosas dentro del software libre y el desarrollo independiente para garantizar que el acceso a la cultura y la tecnología no dependa de los caprichos de una patente.

    — A. Eldritch, Periodista, Locutor, podcaster y bloger del fediverso

    Alt text via @altbot y @TeLoDescribot

    #Historia #Música #Tecnología #Fonógrafo #MP3 #OggVorbis #SoftwareLibre #CulturaDigital

  4. Del cilindro de cera al formato libre Ogg: El viaje de la música grabada

    Un repaso por la tecnología que transformó el sonido en memoria colectiva

    Hoy nos parece lo más normal del mundo traer miles de canciones en el bolsillo o reproducirlas con un toque en la pantalla, pero la posibilidad de congelar el sonido y revivirlo cuantas veces queramos es un invento relativamente nuevo en la historia humana. Todo comenzó en 1877, cuando Thomas Edison inventó el fonógrafo. Este aparato, que parecía más un experimento de laboratorio que un reproductor musical, utilizaba un cilindro cubierto de papel de aluminio —que luego cambió por cera— y una aguja conectada a un diafragma. Al hablar por la bocina, las vibraciones de la voz hacían que la aguja grabara surcos en el cilindro. Al pasar la aguja otra vez por esos mismos surcos, el milagro ocurría: el sonido regresaba del pasado. Por primera vez, la música dejaba de ser algo efímero que solo existía mientras los músicos tocaban en vivo.

    La tecnología no se quedó quieta y pocos años después, en 1887, un inventor alemán llamado Emile Berliner revolucionó el juego con el gramófono. En lugar de usar los estorbosos cilindros de Edison, a Berliner se le ocurrió utilizar discos planos. Esto cambió la industria por completo porque los discos eran muchísimo más fáciles de reproducir en masa y de almacenar. Al principio se fabricaban con un material llamado baquelita o goma laca y giraban a 78 revoluciones por minuto. A mediados del siglo XX, la llegada del vinilo trajo los discos de 33 revoluciones, conocidos como LP, que ofrecían una calidad de audio muy superior y una duración más larga, convirtiendo al disco en una obra de arte tanto por la música como por sus portadas.

    La movilidad llegó en la década de 1960 gracias a la compañía Philips, que introdujo el casete compacto. Esta cajita de plástico con una cinta magnética en su interior democratizó la música de una forma nunca antes vista. No solo podías llevar tus canciones en el auto, sino que cualquiera podía grabar sus propias recopilaciones directamente de la radio o de un disco. Para los años 80, el formato digital tocó a la puerta con el disco compacto o CD, desarrollado por Sony y Philips. Los rayones y el siseo de la cinta quedaron atrás gracias a un lector láser que leía unos y ceros grabados en un disco de policarbonato, entregando un sonido limpio y sin ruido de fondo.

    Pero la verdadera bomba explotó en los años 90 con el internet y las computadoras caseras. El formato MP3, desarrollado en su mayoría por el Instituto Fraunhofer en Alemania, cambió las reglas de la música para siempre. El MP3 revolucionó todo porque lograba comprimir el tamaño de un archivo de audio hasta en un 90 por ciento, eliminando las frecuencias que el oído humano promedio no alcanza a percibir. Una canción que en un CD ocupaba unos 50 megabytes ahora pesaba solo 4 o 5 megabytes, lo que facilitaba su descarga a través de las conexiones lentas de la época y abrió paso a los reproductores portátiles. Sin embargo, el MP3 tenía un gran problema tras bambalinas: estaba protegido por patentes comerciales muy estrictas, lo que obligaba a los desarrolladores de software a pagar regalías por usarlo.

    Como respuesta a esas limitaciones comerciales y en defensa de la libertad digital, la fundación Xiph.Org creó en 1993 el formato Ogg, utilizando el códec de audio Vorbis. A diferencia del MP3, Ogg es un formato de contenedor de código abierto y completamente libre de patentes. Esto significa que cualquier persona, programador o creador de contenido puede usarlo, modificarlo e integrarlo en sus sistemas sin tener que pagarle un solo centavo a una corporación. Además de su filosofía libre, los ingenieros demostraron que a nivel de audio el formato Ogg Vorbis ofrece una calidad de sonido muy superior a la del MP3 a una misma tasa de transferencia de datos, distribuyendo de mejor manera las frecuencias agudas y graves. Hoy en día, aunque el MP3 sigue siendo muy popular por pura inercia histórica, el formato libre Ogg es una de las herramientas más valiosas dentro del software libre y el desarrollo independiente para garantizar que el acceso a la cultura y la tecnología no dependa de los caprichos de una patente.

    — A. Eldritch, Periodista, Locutor, podcaster y bloger del fediverso

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    #Historia #Música #Tecnología #Fonógrafo #MP3 #OggVorbis #SoftwareLibre #CulturaDigital

  5. Del cilindro de cera al formato libre Ogg: El viaje de la música grabada

    Un repaso por la tecnología que transformó el sonido en memoria colectiva

    Hoy nos parece lo más normal del mundo traer miles de canciones en el bolsillo o reproducirlas con un toque en la pantalla, pero la posibilidad de congelar el sonido y revivirlo cuantas veces queramos es un invento relativamente nuevo en la historia humana. Todo comenzó en 1877, cuando Thomas Edison inventó el fonógrafo. Este aparato, que parecía más un experimento de laboratorio que un reproductor musical, utilizaba un cilindro cubierto de papel de aluminio —que luego cambió por cera— y una aguja conectada a un diafragma. Al hablar por la bocina, las vibraciones de la voz hacían que la aguja grabara surcos en el cilindro. Al pasar la aguja otra vez por esos mismos surcos, el milagro ocurría: el sonido regresaba del pasado. Por primera vez, la música dejaba de ser algo efímero que solo existía mientras los músicos tocaban en vivo.

    La tecnología no se quedó quieta y pocos años después, en 1887, un inventor alemán llamado Emile Berliner revolucionó el juego con el gramófono. En lugar de usar los estorbosos cilindros de Edison, a Berliner se le ocurrió utilizar discos planos. Esto cambió la industria por completo porque los discos eran muchísimo más fáciles de reproducir en masa y de almacenar. Al principio se fabricaban con un material llamado baquelita o goma laca y giraban a 78 revoluciones por minuto. A mediados del siglo XX, la llegada del vinilo trajo los discos de 33 revoluciones, conocidos como LP, que ofrecían una calidad de audio muy superior y una duración más larga, convirtiendo al disco en una obra de arte tanto por la música como por sus portadas.

    La movilidad llegó en la década de 1960 gracias a la compañía Philips, que introdujo el casete compacto. Esta cajita de plástico con una cinta magnética en su interior democratizó la música de una forma nunca antes vista. No solo podías llevar tus canciones en el auto, sino que cualquiera podía grabar sus propias recopilaciones directamente de la radio o de un disco. Para los años 80, el formato digital tocó a la puerta con el disco compacto o CD, desarrollado por Sony y Philips. Los rayones y el siseo de la cinta quedaron atrás gracias a un lector láser que leía unos y ceros grabados en un disco de policarbonato, entregando un sonido limpio y sin ruido de fondo.

    Pero la verdadera bomba explotó en los años 90 con el internet y las computadoras caseras. El formato MP3, desarrollado en su mayoría por el Instituto Fraunhofer en Alemania, cambió las reglas de la música para siempre. El MP3 revolucionó todo porque lograba comprimir el tamaño de un archivo de audio hasta en un 90 por ciento, eliminando las frecuencias que el oído humano promedio no alcanza a percibir. Una canción que en un CD ocupaba unos 50 megabytes ahora pesaba solo 4 o 5 megabytes, lo que facilitaba su descarga a través de las conexiones lentas de la época y abrió paso a los reproductores portátiles. Sin embargo, el MP3 tenía un gran problema tras bambalinas: estaba protegido por patentes comerciales muy estrictas, lo que obligaba a los desarrolladores de software a pagar regalías por usarlo.

    Como respuesta a esas limitaciones comerciales y en defensa de la libertad digital, la fundación Xiph.Org creó en 1993 el formato Ogg, utilizando el códec de audio Vorbis. A diferencia del MP3, Ogg es un formato de contenedor de código abierto y completamente libre de patentes. Esto significa que cualquier persona, programador o creador de contenido puede usarlo, modificarlo e integrarlo en sus sistemas sin tener que pagarle un solo centavo a una corporación. Además de su filosofía libre, los ingenieros demostraron que a nivel de audio el formato Ogg Vorbis ofrece una calidad de sonido muy superior a la del MP3 a una misma tasa de transferencia de datos, distribuyendo de mejor manera las frecuencias agudas y graves. Hoy en día, aunque el MP3 sigue siendo muy popular por pura inercia histórica, el formato libre Ogg es una de las herramientas más valiosas dentro del software libre y el desarrollo independiente para garantizar que el acceso a la cultura y la tecnología no dependa de los caprichos de una patente.

    — A. Eldritch, Periodista, Locutor, podcaster y bloger del fediverso

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    #Historia #Música #Tecnología #Fonógrafo #MP3 #OggVorbis #SoftwareLibre #CulturaDigital