¿Sabían que la postura de la flor de loto no es solo para verse bien en las fotos de yoga, sino que fue diseñada hace miles de años como una herramienta física para mantener el cuerpo despierto durante horas?
Esta posición sentada con las piernas cruzadas y los pies apoyados sobre los muslos opuestos se conoce formalmente en el idioma sánscrito con el nombre de padmasana. En las tradiciones antiguas de la India, como el hinduismo y el budismo, esta postura se ocupa principalmente para la meditación profunda porque ofrece una base física sumamente firme y segura. Al asegurar las piernas de esta manera, el cuerpo bloquea el flujo de sangre en las extremidades inferiores y la manda directo hacia la columna y la cabeza, manteniendo la espalda recta de forma totalmente natural sin que la persona tenga que hacer un esfuerzo muscular exagerado que la termine cansando o distrayendo del ejercicio mental.
Más allá de su gran utilidad práctica para no quedarse dormido ni perder el equilibrio, la postura tiene un significado muy bonito que representa la pureza espiritual y la superación de los problemas diarios. La flor de loto tiene la curiosa característica de nacer y crecer en el fondo de lagos pantanosos, abriéndose paso entre el lodo y el agua sucia hasta llegar a la superficie para florecer completamente limpia y perfecta. Al imitar esta forma con el cuerpo, los antiguos practicantes querían demostrar que cualquier ser humano tiene la capacidad de elevarse por encima de los sufrimientos, las pasiones y las dificultades del mundo material, logrando mantener una mente clara, serena y en paz sin importar qué tan complicado o caótico sea el entorno que lo rodea.
— A. Eldritch, Periodista, Locutor, podcaster y bloger del fediverso
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