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  1. 💬⚖️ #Opinión | El edadismo, otra fuente de discriminación. Eduardo Ibarra Aguirre reflexiona sobre los prejuicios y la exclusión que enfrentan las personas adultas mayores en la sociedad actual. 👴👵 #DerechosHumanos #Edadismo #Periodismo
    zurl.co/coqMZ

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  3. 💬⚖️ #Opinión | El edadismo, otra fuente de discriminación. Eduardo Ibarra Aguirre reflexiona sobre los prejuicios y la exclusión que enfrentan las personas adultas mayores en la sociedad actual. 👴👵 #DerechosHumanos #Edadismo #Periodismo
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  4. 💬⚖️ #Opinión | El edadismo, otra fuente de discriminación. Eduardo Ibarra Aguirre reflexiona sobre los prejuicios y la exclusión que enfrentan las personas adultas mayores en la sociedad actual. 👴👵 #DerechosHumanos #Edadismo #Periodismo
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  5. 💬⚖️ #Opinión | El edadismo, otra fuente de discriminación. Eduardo Ibarra Aguirre reflexiona sobre los prejuicios y la exclusión que enfrentan las personas adultas mayores en la sociedad actual. 👴👵 #DerechosHumanos #Edadismo #Periodismo
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  6. ¿Qué es el edadismo?

    El edadismo es una forma de discriminación por edad que afecta derechos, oportunidades y calidad de vida. La Organización Mundial de la Salud advierte sobre su impacto en el empleo.

    Por Deyanira Vázquez | Reportera                                        

    El edadismo es una forma de discriminación basada en la edad de una persona. Consiste en la aplicación de estereotipos, prejuicios o prácticas que limitan derechos, oportunidades o el trato igualitario debido a la edad, ya sea hacia personas mayores o jóvenes.

    El término fue acuñado en 1969 por el gerontólogo estadounidense Robert N. Butler, quien lo utilizó para describir los prejuicios dirigidos contra las personas de edad avanzada. Con el tiempo, el concepto se amplió para incluir cualquier discriminación relacionada con la edad.

    ¿Cómo define el edadismo la Organización Mundial de la Salud?

    La Organización Mundial de la Salud define el edadismo como los estereotipos (la forma de pensar), los prejuicios (la forma de sentir) y la discriminación (la forma de actuar) hacia otras personas o hacia uno mismo por motivos de edad.

    De acuerdo con la OMS, el edadismo puede afectar la salud física y mental, reducir las oportunidades laborales, limitar el acceso a servicios de salud y afectar la calidad de vida de quienes lo padecen.

    Ejemplos de edadismo

    El edadismo puede manifestarse de distintas formas, entre ellas:

    • Negar un empleo a una persona por considerarla «demasiado mayor» o «demasiado joven».
    • Excluir a trabajadores de cursos de capacitación debido a su edad.
    • Considerar que una persona mayor no puede aprender nuevas tecnologías.
    • Asumir que todos los jóvenes son irresponsables o inexpertos.
    • Negar atención médica adecuada con base únicamente en la edad del paciente.
    • Utilizar expresiones despectivas relacionadas con el envejecimiento.

    ¿Dónde ocurre?

    Esta forma de discriminación puede presentarse en diversos ámbitos:

    • Trabajo.
    • Educación.
    • Servicios de salud.
    • Instituciones públicas.
    • Medios de comunicación.
    • Entorno familiar.
    • Espacios digitales.

    El edadismo en México

    En México, la discriminación por edad está prohibida por el artículo 1 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos y por la Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación, que reconoce la edad como una categoría protegida frente a actos discriminatorios.

    Asimismo, la Ley Federal para Prevenir y Eliminar la Discriminación establece que ninguna persona puede recibir un trato desigual por motivos de edad.

    En el caso de las personas mayores, el Instituto Nacional de las Personas Adultas Mayores promueve políticas para garantizar sus derechos y fomentar un envejecimiento digno y activo.

    Impacto social

    Según la OMS, una de cada dos personas en el mundo mantiene actitudes edadistas hacia las personas mayores. El organismo advierte que esta forma de discriminación puede incrementar el aislamiento social, la depresión, el deterioro de la salud y la exclusión económica.

    Además, el edadismo puede influir en decisiones públicas y privadas relacionadas con el empleo, la atención médica, el acceso al crédito, la educación y la participación social.

    ¿Cómo combatirlo?

    La OMS y las Naciones Unidas proponen tres estrategias principales:

    • Promover leyes y políticas contra la discriminación por edad.
    • Impulsar campañas de sensibilización para eliminar estereotipos.
    • Favorecer el contacto e intercambio entre personas de diferentes generaciones para reducir prejuicios.

    Una discriminación muchas veces normalizada

    A diferencia de otras formas de discriminación, el edadismo suele pasar inadvertido porque muchos de sus estereotipos se consideran socialmente aceptables. Sin embargo, especialistas coinciden en que sus efectos pueden limitar el ejercicio de derechos fundamentales y afectar el bienestar de millones de personas, independientemente de su edad. –sn–

    Adulto mayor anciano

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  7. CW: Comparto texto [larguito]: «Señoros de lo no normativo: El neomachismo biomédico que coloniza la disidencia erótica y relacional», de Igor Navarro.

    Las comunidades que habitan fuera de lo normativo —las no monogamias éticas, la anarquía relacional, el BDSM, los ambientes kink— se desarrollan con la premisa de ser entornos seguros, libres del control y la coacción del sistema tradicional. Se presentan como espacios de honestidad, comunicación y diversidad. Sin embargo, nunca estamos totalmente a salvo de intentos de infiltración…

    En fechas recientes hemos conocido una figura que urge desmontar antes de que pueda colonizar alguno de estos espacios: Lo hemos denominado como “el señoro de lo no normativo". Este perfil encarna a aquellos sujetos que, amparados en sus privilegios (de género, académicos, profesionales o de trayectoria en el activismo disidente), utilizan el conocimiento experto, la experiencia y el “prestigio activista” para camuflar sus propios intereses y deseos personales.

    El riesgo es real: se trata de confundir acuerdo y libre decisión con coacción y devolver los cuerpos disidentes al redil de lo normativo y lo jerárquico.

    ‣ El supremacismo edadista-capacitista: El cuerpo envejecido como un "organismo averiado".

    El sistema productivista contemporáneo opera bajo una premisa: cuerpo que no rinde, cuerpo que no es útil. Cuando este prisma capitalista y capacitista se traslada a la vivencia de la sexualidad, los cuerpos Crip, enfermos y/o dolientes; la vejez y los procesos vitales que acompañan su proceso, (como la menopausia), se describen y consideran –tal y como dijo algún Señoro de lo no normativo– como estados de "atrofia", "deterioro" o "degeneración" que deben ser combatidos y corregidos.

    Y así, la evolución biográfica del deseo de las mujeres –al igual que del resto de su dimensión sexual– no se reconoce ni se respeta como transición vital soberana, que invita a explorar la diversidad infinita de los deseos y las expresiones eróticas, al contrario, se lee como una avería en las “cañerías” que precisa de una reparación de fontanería y ya si es posible de un abrillantamiento del alicatado...

    La respuesta del supremacismo capacitista no es el cultivo de la erótica más allá de lo estrictamente gental o coital, no es el reconocimiento compasivo del cuerpo que transita su biografía, sino la “rehabilitación funcional forzosa” a las exigencias heterofálicas. Si la mujer ya no lubrica (todo lo que el hombre cree que debe lubricar), o su cuerpo no “resiste” el ritmo de la exigencia del entorno hipercoiitolizante, el sistema —y el amante hombres penetrativo— activan la maquinaria médico-rehabilitadora para "recuperarla" como ser funcional para el disfrute (de ambas si puede se, si no pues que se le va a hacer…) y “devolver” por medios externos la fisiología, las “ganas” y el rendimiento del cuerpo “sano y apto” de antaño. En resumen, la medicalización y hormonación de las mujeres tras la menopausia a menudo se disfraza de "empoderamiento" y "retorno al placer", cuando en realidad responde a presión o coacción para que sigan estando disponibles para el consumo erótico ajeno.

    ‣ El supremacismo fálico-coitocéntrico y la trampa de la estadística.

    A pesar de presumir de mente abierta y "disidente", cuando las prácticas que no incluyen la penetración se rechazan de forma drástica e inmediata porque “no gustan", el discurso de estos señoros se desploma rápidamente y cae en el coitocentrismo más rancio. En ese momento la maquinaria se activa para relegitimar el falocentrismo normativo y el modo es recurrir al uso espurio de la investigación científica y la producción académica.

    • La falacia de la norma estadística: porcentajes sesgados que “demuestran” que "a la mayoría de las mujeres les gusta la penetración, lo que más", equiparando la frecuencia de una práctica mediada por siglos de educación patriarcal y obligación matrimonial, con el disfrute y la vivencia del placer. “Si a la mayoría es lo que más le gusta, esa debe ser la norma saludable”.

    • La obsesión por el orgasmo vaginal: estudios complejos de neurociencia y neuromedicina, instrumentalizados no para expandir las infinitas posibilidades del placer, sino con el objetivo encubierto -o no tanto- de tratar de demostrar científicamente que la anatomía de las mujeres Cis (en el discurso del señoro, otras posibilidades que se salgan de la cisnorma ni se contemplan) está diseñada primordialmente para recibir el coito.

    Evidentemente, al reducir el orgasmo y la expresión de la erótica a una cascada de neurotransmisores (como la dopamina) medible en laboratorios, los señoros anulan la subjetividad y la diversidad. Invalidan cualquier experiencia que no encaje en el mandato de la supremacía genital, coital y orgásmica, expulsando a quienes no sitúan en el centro de sus encuentros eróticos a ninguno de esos tres elementos. Por supuesto tampoco se da visibilidad, agencia o mera existencia a quienes habitan la asexualidad, en cualquiera de sus expresiones.

    ‣ Coacción “sutil”: El empleo espurio del discurso experto.

    El verdadero peligro del "señoro de lo no normativo" no radica en la posibilidad de que ejerza violencias explícitas, sino en el ejercicio de la coacción sutil, intelectualizada pero sumamente agresiva, que le facilita su posición de poder desde la academia, la profesión o la "veteranía activista".

    En el caso de las mujeres que dejan de sentir el deseo de ser penetradas, la coacción puede manifestarse en forma de advertencia de los peligros para la continuidad de la relación.:

    Un hombre que le dice a su compañera que no realizar coitos está poniendo a la relación en una situación insostenible y le dirige hacia un tratamiento para revertir “su problema” no está ejerciendo el cuidado: está ejerciendo una tutorización patriarcal. Está utilizando su posición de privilegio para hacer que ella dude de su propio cuerpo y de sus ritmos, coaccionandola para que se someta a un tratamiento de alteración corporal (como la terapia de reemplazo hormonal) para “mantener” su estatus quo en la relación.

    Presentar el resultado de esta actuación como una victoria para su "libertad sexual", porque la mujer ahora "vuelve a tener amantes" es puro cínismo No es autodeterminación erótica; es imponer una invasión del cuerpo para que encaje en el estándar de acción y consumo que el hombre considera aceptable.

    ‣ Conclusión: Descolonizar la disidencia y defender la soberanía corporal.

    El discurso experto, cuando se separa de la ética y se pone al servicio de los deseos y privilegios individuales, se convierte en una herramienta de colonización ideológica. Los espacios críticos con la norma corren el riesgo de volverse permeables a estas narrativas si nos dejamos deslumbrar por los discursos elocuentes, los tecnicismos o por el “pedigrí” de quienes sostienen el micrófono.

    Frente a esto, la actitud crítica debe ser firme la verdadera disidencia erótica y relacional es antipatologizante, anticapacitista y soberana.

    El placer de las mujeres y de las identidades y expresiones invisibilizadas no puede ser un objeto de diseño regulado por hormonas y estadísticas para el usufructo de nadie. Defender la diversidad significa defender el derecho al descanso, al envejecimiento digno, a la mutabilidad del deseo, a la no-invasión y al "no quiero follar" sin que ello implique ser tratada como un organismo defectuoso que necesita ser reparado en el taller de la ginecología patriarcal.

    — Igor Navarro, trabajador social y sexólogo.

    #Sexualidad #Disidencias #Capacitismo #Coitocentrismo #Falocentrismo #Edadismo #Sexismo #Feminismos #Neomachismo

  8. CW: Comparto texto [larguito]: «Señoros de lo no normativo: El neomachismo biomédico que coloniza la disidencia erótica y relacional», de Igor Navarro.

    Las comunidades que habitan fuera de lo normativo —las no monogamias éticas, la anarquía relacional, el BDSM, los ambientes kink— se desarrollan con la premisa de ser entornos seguros, libres del control y la coacción del sistema tradicional. Se presentan como espacios de honestidad, comunicación y diversidad. Sin embargo, nunca estamos totalmente a salvo de intentos de infiltración…

    En fechas recientes hemos conocido una figura que urge desmontar antes de que pueda colonizar alguno de estos espacios: Lo hemos denominado como “el señoro de lo no normativo". Este perfil encarna a aquellos sujetos que, amparados en sus privilegios (de género, académicos, profesionales o de trayectoria en el activismo disidente), utilizan el conocimiento experto, la experiencia y el “prestigio activista” para camuflar sus propios intereses y deseos personales.

    El riesgo es real: se trata de confundir acuerdo y libre decisión con coacción y devolver los cuerpos disidentes al redil de lo normativo y lo jerárquico.

    ‣ El supremacismo edadista-capacitista: El cuerpo envejecido como un "organismo averiado".

    El sistema productivista contemporáneo opera bajo una premisa: cuerpo que no rinde, cuerpo que no es útil. Cuando este prisma capitalista y capacitista se traslada a la vivencia de la sexualidad, los cuerpos Crip, enfermos y/o dolientes; la vejez y los procesos vitales que acompañan su proceso, (como la menopausia), se describen y consideran –tal y como dijo algún Señoro de lo no normativo– como estados de "atrofia", "deterioro" o "degeneración" que deben ser combatidos y corregidos.

    Y así, la evolución biográfica del deseo de las mujeres –al igual que del resto de su dimensión sexual– no se reconoce ni se respeta como transición vital soberana, que invita a explorar la diversidad infinita de los deseos y las expresiones eróticas, al contrario, se lee como una avería en las “cañerías” que precisa de una reparación de fontanería y ya si es posible de un abrillantamiento del alicatado...

    La respuesta del supremacismo capacitista no es el cultivo de la erótica más allá de lo estrictamente gental o coital, no es el reconocimiento compasivo del cuerpo que transita su biografía, sino la “rehabilitación funcional forzosa” a las exigencias heterofálicas. Si la mujer ya no lubrica (todo lo que el hombre cree que debe lubricar), o su cuerpo no “resiste” el ritmo de la exigencia del entorno hipercoiitolizante, el sistema —y el amante hombres penetrativo— activan la maquinaria médico-rehabilitadora para "recuperarla" como ser funcional para el disfrute (de ambas si puede se, si no pues que se le va a hacer…) y “devolver” por medios externos la fisiología, las “ganas” y el rendimiento del cuerpo “sano y apto” de antaño. En resumen, la medicalización y hormonación de las mujeres tras la menopausia a menudo se disfraza de "empoderamiento" y "retorno al placer", cuando en realidad responde a presión o coacción para que sigan estando disponibles para el consumo erótico ajeno.

    ‣ El supremacismo fálico-coitocéntrico y la trampa de la estadística.

    A pesar de presumir de mente abierta y "disidente", cuando las prácticas que no incluyen la penetración se rechazan de forma drástica e inmediata porque “no gustan", el discurso de estos señoros se desploma rápidamente y cae en el coitocentrismo más rancio. En ese momento la maquinaria se activa para relegitimar el falocentrismo normativo y el modo es recurrir al uso espurio de la investigación científica y la producción académica.

    • La falacia de la norma estadística: porcentajes sesgados que “demuestran” que "a la mayoría de las mujeres les gusta la penetración, lo que más", equiparando la frecuencia de una práctica mediada por siglos de educación patriarcal y obligación matrimonial, con el disfrute y la vivencia del placer. “Si a la mayoría es lo que más le gusta, esa debe ser la norma saludable”.

    • La obsesión por el orgasmo vaginal: estudios complejos de neurociencia y neuromedicina, instrumentalizados no para expandir las infinitas posibilidades del placer, sino con el objetivo encubierto -o no tanto- de tratar de demostrar científicamente que la anatomía de las mujeres Cis (en el discurso del señoro, otras posibilidades que se salgan de la cisnorma ni se contemplan) está diseñada primordialmente para recibir el coito.

    Evidentemente, al reducir el orgasmo y la expresión de la erótica a una cascada de neurotransmisores (como la dopamina) medible en laboratorios, los señoros anulan la subjetividad y la diversidad. Invalidan cualquier experiencia que no encaje en el mandato de la supremacía genital, coital y orgásmica, expulsando a quienes no sitúan en el centro de sus encuentros eróticos a ninguno de esos tres elementos. Por supuesto tampoco se da visibilidad, agencia o mera existencia a quienes habitan la asexualidad, en cualquiera de sus expresiones.

    ‣ Coacción “sutil”: El empleo espurio del discurso experto.

    El verdadero peligro del "señoro de lo no normativo" no radica en la posibilidad de que ejerza violencias explícitas, sino en el ejercicio de la coacción sutil, intelectualizada pero sumamente agresiva, que le facilita su posición de poder desde la academia, la profesión o la "veteranía activista".

    En el caso de las mujeres que dejan de sentir el deseo de ser penetradas, la coacción puede manifestarse en forma de advertencia de los peligros para la continuidad de la relación.:

    Un hombre que le dice a su compañera que no realizar coitos está poniendo a la relación en una situación insostenible y le dirige hacia un tratamiento para revertir “su problema” no está ejerciendo el cuidado: está ejerciendo una tutorización patriarcal. Está utilizando su posición de privilegio para hacer que ella dude de su propio cuerpo y de sus ritmos, coaccionandola para que se someta a un tratamiento de alteración corporal (como la terapia de reemplazo hormonal) para “mantener” su estatus quo en la relación.

    Presentar el resultado de esta actuación como una victoria para su "libertad sexual", porque la mujer ahora "vuelve a tener amantes" es puro cínismo No es autodeterminación erótica; es imponer una invasión del cuerpo para que encaje en el estándar de acción y consumo que el hombre considera aceptable.

    ‣ Conclusión: Descolonizar la disidencia y defender la soberanía corporal.

    El discurso experto, cuando se separa de la ética y se pone al servicio de los deseos y privilegios individuales, se convierte en una herramienta de colonización ideológica. Los espacios críticos con la norma corren el riesgo de volverse permeables a estas narrativas si nos dejamos deslumbrar por los discursos elocuentes, los tecnicismos o por el “pedigrí” de quienes sostienen el micrófono.

    Frente a esto, la actitud crítica debe ser firme la verdadera disidencia erótica y relacional es antipatologizante, anticapacitista y soberana.

    El placer de las mujeres y de las identidades y expresiones invisibilizadas no puede ser un objeto de diseño regulado por hormonas y estadísticas para el usufructo de nadie. Defender la diversidad significa defender el derecho al descanso, al envejecimiento digno, a la mutabilidad del deseo, a la no-invasión y al "no quiero follar" sin que ello implique ser tratada como un organismo defectuoso que necesita ser reparado en el taller de la ginecología patriarcal.

    — Igor Navarro, trabajador social y sexólogo.

    #Sexualidad #Disidencias #Capacitismo #Coitocentrismo #Falocentrismo #Edadismo #Sexismo #Feminismos #Neomachismo

  9. CW: Comparto texto [larguito]: «Señoros de lo no normativo: El neomachismo biomédico que coloniza la disidencia erótica y relacional», de Igor Navarro.

    Las comunidades que habitan fuera de lo normativo —las no monogamias éticas, la anarquía relacional, el BDSM, los ambientes kink— se desarrollan con la premisa de ser entornos seguros, libres del control y la coacción del sistema tradicional. Se presentan como espacios de honestidad, comunicación y diversidad. Sin embargo, nunca estamos totalmente a salvo de intentos de infiltración…

    En fechas recientes hemos conocido una figura que urge desmontar antes de que pueda colonizar alguno de estos espacios: Lo hemos denominado como “el señoro de lo no normativo". Este perfil encarna a aquellos sujetos que, amparados en sus privilegios (de género, académicos, profesionales o de trayectoria en el activismo disidente), utilizan el conocimiento experto, la experiencia y el “prestigio activista” para camuflar sus propios intereses y deseos personales.

    El riesgo es real: se trata de confundir acuerdo y libre decisión con coacción y devolver los cuerpos disidentes al redil de lo normativo y lo jerárquico.

    ‣ El supremacismo edadista-capacitista: El cuerpo envejecido como un "organismo averiado".

    El sistema productivista contemporáneo opera bajo una premisa: cuerpo que no rinde, cuerpo que no es útil. Cuando este prisma capitalista y capacitista se traslada a la vivencia de la sexualidad, los cuerpos Crip, enfermos y/o dolientes; la vejez y los procesos vitales que acompañan su proceso, (como la menopausia), se describen y consideran –tal y como dijo algún Señoro de lo no normativo– como estados de "atrofia", "deterioro" o "degeneración" que deben ser combatidos y corregidos.

    Y así, la evolución biográfica del deseo de las mujeres –al igual que del resto de su dimensión sexual– no se reconoce ni se respeta como transición vital soberana, que invita a explorar la diversidad infinita de los deseos y las expresiones eróticas, al contrario, se lee como una avería en las “cañerías” que precisa de una reparación de fontanería y ya si es posible de un abrillantamiento del alicatado...

    La respuesta del supremacismo capacitista no es el cultivo de la erótica más allá de lo estrictamente gental o coital, no es el reconocimiento compasivo del cuerpo que transita su biografía, sino la “rehabilitación funcional forzosa” a las exigencias heterofálicas. Si la mujer ya no lubrica (todo lo que el hombre cree que debe lubricar), o su cuerpo no “resiste” el ritmo de la exigencia del entorno hipercoiitolizante, el sistema —y el amante hombres penetrativo— activan la maquinaria médico-rehabilitadora para "recuperarla" como ser funcional para el disfrute (de ambas si puede se, si no pues que se le va a hacer…) y “devolver” por medios externos la fisiología, las “ganas” y el rendimiento del cuerpo “sano y apto” de antaño. En resumen, la medicalización y hormonación de las mujeres tras la menopausia a menudo se disfraza de "empoderamiento" y "retorno al placer", cuando en realidad responde a presión o coacción para que sigan estando disponibles para el consumo erótico ajeno.

    ‣ El supremacismo fálico-coitocéntrico y la trampa de la estadística.

    A pesar de presumir de mente abierta y "disidente", cuando las prácticas que no incluyen la penetración se rechazan de forma drástica e inmediata porque “no gustan", el discurso de estos señoros se desploma rápidamente y cae en el coitocentrismo más rancio. En ese momento la maquinaria se activa para relegitimar el falocentrismo normativo y el modo es recurrir al uso espurio de la investigación científica y la producción académica.

    • La falacia de la norma estadística: porcentajes sesgados que “demuestran” que "a la mayoría de las mujeres les gusta la penetración, lo que más", equiparando la frecuencia de una práctica mediada por siglos de educación patriarcal y obligación matrimonial, con el disfrute y la vivencia del placer. “Si a la mayoría es lo que más le gusta, esa debe ser la norma saludable”.

    • La obsesión por el orgasmo vaginal: estudios complejos de neurociencia y neuromedicina, instrumentalizados no para expandir las infinitas posibilidades del placer, sino con el objetivo encubierto -o no tanto- de tratar de demostrar científicamente que la anatomía de las mujeres Cis (en el discurso del señoro, otras posibilidades que se salgan de la cisnorma ni se contemplan) está diseñada primordialmente para recibir el coito.

    Evidentemente, al reducir el orgasmo y la expresión de la erótica a una cascada de neurotransmisores (como la dopamina) medible en laboratorios, los señoros anulan la subjetividad y la diversidad. Invalidan cualquier experiencia que no encaje en el mandato de la supremacía genital, coital y orgásmica, expulsando a quienes no sitúan en el centro de sus encuentros eróticos a ninguno de esos tres elementos. Por supuesto tampoco se da visibilidad, agencia o mera existencia a quienes habitan la asexualidad, en cualquiera de sus expresiones.

    ‣ Coacción “sutil”: El empleo espurio del discurso experto.

    El verdadero peligro del "señoro de lo no normativo" no radica en la posibilidad de que ejerza violencias explícitas, sino en el ejercicio de la coacción sutil, intelectualizada pero sumamente agresiva, que le facilita su posición de poder desde la academia, la profesión o la "veteranía activista".

    En el caso de las mujeres que dejan de sentir el deseo de ser penetradas, la coacción puede manifestarse en forma de advertencia de los peligros para la continuidad de la relación.:

    Un hombre que le dice a su compañera que no realizar coitos está poniendo a la relación en una situación insostenible y le dirige hacia un tratamiento para revertir “su problema” no está ejerciendo el cuidado: está ejerciendo una tutorización patriarcal. Está utilizando su posición de privilegio para hacer que ella dude de su propio cuerpo y de sus ritmos, coaccionandola para que se someta a un tratamiento de alteración corporal (como la terapia de reemplazo hormonal) para “mantener” su estatus quo en la relación.

    Presentar el resultado de esta actuación como una victoria para su "libertad sexual", porque la mujer ahora "vuelve a tener amantes" es puro cínismo No es autodeterminación erótica; es imponer una invasión del cuerpo para que encaje en el estándar de acción y consumo que el hombre considera aceptable.

    ‣ Conclusión: Descolonizar la disidencia y defender la soberanía corporal.

    El discurso experto, cuando se separa de la ética y se pone al servicio de los deseos y privilegios individuales, se convierte en una herramienta de colonización ideológica. Los espacios críticos con la norma corren el riesgo de volverse permeables a estas narrativas si nos dejamos deslumbrar por los discursos elocuentes, los tecnicismos o por el “pedigrí” de quienes sostienen el micrófono.

    Frente a esto, la actitud crítica debe ser firme la verdadera disidencia erótica y relacional es antipatologizante, anticapacitista y soberana.

    El placer de las mujeres y de las identidades y expresiones invisibilizadas no puede ser un objeto de diseño regulado por hormonas y estadísticas para el usufructo de nadie. Defender la diversidad significa defender el derecho al descanso, al envejecimiento digno, a la mutabilidad del deseo, a la no-invasión y al "no quiero follar" sin que ello implique ser tratada como un organismo defectuoso que necesita ser reparado en el taller de la ginecología patriarcal.

    — Igor Navarro, trabajador social y sexólogo.

    #Sexualidad #Disidencias #Capacitismo #Coitocentrismo #Falocentrismo #Edadismo #Sexismo #Feminismos #Neomachismo

  10. CW: Comparto texto [larguito]: «Señoros de lo no normativo: El neomachismo biomédico que coloniza la disidencia erótica y relacional», de Igor Navarro.

    Las comunidades que habitan fuera de lo normativo —las no monogamias éticas, la anarquía relacional, el BDSM, los ambientes kink— se desarrollan con la premisa de ser entornos seguros, libres del control y la coacción del sistema tradicional. Se presentan como espacios de honestidad, comunicación y diversidad. Sin embargo, nunca estamos totalmente a salvo de intentos de infiltración…

    En fechas recientes hemos conocido una figura que urge desmontar antes de que pueda colonizar alguno de estos espacios: Lo hemos denominado como “el señoro de lo no normativo". Este perfil encarna a aquellos sujetos que, amparados en sus privilegios (de género, académicos, profesionales o de trayectoria en el activismo disidente), utilizan el conocimiento experto, la experiencia y el “prestigio activista” para camuflar sus propios intereses y deseos personales.

    El riesgo es real: se trata de confundir acuerdo y libre decisión con coacción y devolver los cuerpos disidentes al redil de lo normativo y lo jerárquico.

    ‣ El supremacismo edadista-capacitista: El cuerpo envejecido como un "organismo averiado".

    El sistema productivista contemporáneo opera bajo una premisa: cuerpo que no rinde, cuerpo que no es útil. Cuando este prisma capitalista y capacitista se traslada a la vivencia de la sexualidad, los cuerpos Crip, enfermos y/o dolientes; la vejez y los procesos vitales que acompañan su proceso, (como la menopausia), se describen y consideran –tal y como dijo algún Señoro de lo no normativo– como estados de "atrofia", "deterioro" o "degeneración" que deben ser combatidos y corregidos.

    Y así, la evolución biográfica del deseo de las mujeres –al igual que del resto de su dimensión sexual– no se reconoce ni se respeta como transición vital soberana, que invita a explorar la diversidad infinita de los deseos y las expresiones eróticas, al contrario, se lee como una avería en las “cañerías” que precisa de una reparación de fontanería y ya si es posible de un abrillantamiento del alicatado...

    La respuesta del supremacismo capacitista no es el cultivo de la erótica más allá de lo estrictamente gental o coital, no es el reconocimiento compasivo del cuerpo que transita su biografía, sino la “rehabilitación funcional forzosa” a las exigencias heterofálicas. Si la mujer ya no lubrica (todo lo que el hombre cree que debe lubricar), o su cuerpo no “resiste” el ritmo de la exigencia del entorno hipercoiitolizante, el sistema —y el amante hombres penetrativo— activan la maquinaria médico-rehabilitadora para "recuperarla" como ser funcional para el disfrute (de ambas si puede se, si no pues que se le va a hacer…) y “devolver” por medios externos la fisiología, las “ganas” y el rendimiento del cuerpo “sano y apto” de antaño. En resumen, la medicalización y hormonación de las mujeres tras la menopausia a menudo se disfraza de "empoderamiento" y "retorno al placer", cuando en realidad responde a presión o coacción para que sigan estando disponibles para el consumo erótico ajeno.

    ‣ El supremacismo fálico-coitocéntrico y la trampa de la estadística.

    A pesar de presumir de mente abierta y "disidente", cuando las prácticas que no incluyen la penetración se rechazan de forma drástica e inmediata porque “no gustan", el discurso de estos señoros se desploma rápidamente y cae en el coitocentrismo más rancio. En ese momento la maquinaria se activa para relegitimar el falocentrismo normativo y el modo es recurrir al uso espurio de la investigación científica y la producción académica.

    • La falacia de la norma estadística: porcentajes sesgados que “demuestran” que "a la mayoría de las mujeres les gusta la penetración, lo que más", equiparando la frecuencia de una práctica mediada por siglos de educación patriarcal y obligación matrimonial, con el disfrute y la vivencia del placer. “Si a la mayoría es lo que más le gusta, esa debe ser la norma saludable”.

    • La obsesión por el orgasmo vaginal: estudios complejos de neurociencia y neuromedicina, instrumentalizados no para expandir las infinitas posibilidades del placer, sino con el objetivo encubierto -o no tanto- de tratar de demostrar científicamente que la anatomía de las mujeres Cis (en el discurso del señoro, otras posibilidades que se salgan de la cisnorma ni se contemplan) está diseñada primordialmente para recibir el coito.

    Evidentemente, al reducir el orgasmo y la expresión de la erótica a una cascada de neurotransmisores (como la dopamina) medible en laboratorios, los señoros anulan la subjetividad y la diversidad. Invalidan cualquier experiencia que no encaje en el mandato de la supremacía genital, coital y orgásmica, expulsando a quienes no sitúan en el centro de sus encuentros eróticos a ninguno de esos tres elementos. Por supuesto tampoco se da visibilidad, agencia o mera existencia a quienes habitan la asexualidad, en cualquiera de sus expresiones.

    ‣ Coacción “sutil”: El empleo espurio del discurso experto.

    El verdadero peligro del "señoro de lo no normativo" no radica en la posibilidad de que ejerza violencias explícitas, sino en el ejercicio de la coacción sutil, intelectualizada pero sumamente agresiva, que le facilita su posición de poder desde la academia, la profesión o la "veteranía activista".

    En el caso de las mujeres que dejan de sentir el deseo de ser penetradas, la coacción puede manifestarse en forma de advertencia de los peligros para la continuidad de la relación.:

    Un hombre que le dice a su compañera que no realizar coitos está poniendo a la relación en una situación insostenible y le dirige hacia un tratamiento para revertir “su problema” no está ejerciendo el cuidado: está ejerciendo una tutorización patriarcal. Está utilizando su posición de privilegio para hacer que ella dude de su propio cuerpo y de sus ritmos, coaccionandola para que se someta a un tratamiento de alteración corporal (como la terapia de reemplazo hormonal) para “mantener” su estatus quo en la relación.

    Presentar el resultado de esta actuación como una victoria para su "libertad sexual", porque la mujer ahora "vuelve a tener amantes" es puro cínismo No es autodeterminación erótica; es imponer una invasión del cuerpo para que encaje en el estándar de acción y consumo que el hombre considera aceptable.

    ‣ Conclusión: Descolonizar la disidencia y defender la soberanía corporal.

    El discurso experto, cuando se separa de la ética y se pone al servicio de los deseos y privilegios individuales, se convierte en una herramienta de colonización ideológica. Los espacios críticos con la norma corren el riesgo de volverse permeables a estas narrativas si nos dejamos deslumbrar por los discursos elocuentes, los tecnicismos o por el “pedigrí” de quienes sostienen el micrófono.

    Frente a esto, la actitud crítica debe ser firme la verdadera disidencia erótica y relacional es antipatologizante, anticapacitista y soberana.

    El placer de las mujeres y de las identidades y expresiones invisibilizadas no puede ser un objeto de diseño regulado por hormonas y estadísticas para el usufructo de nadie. Defender la diversidad significa defender el derecho al descanso, al envejecimiento digno, a la mutabilidad del deseo, a la no-invasión y al "no quiero follar" sin que ello implique ser tratada como un organismo defectuoso que necesita ser reparado en el taller de la ginecología patriarcal.

    — Igor Navarro, trabajador social y sexólogo.

    #Sexualidad #Disidencias #Capacitismo #Coitocentrismo #Falocentrismo #Edadismo #Sexismo #Feminismos #Neomachismo

  11. Vivimos en sociedades donde conviven hasta siete generaciones, pero seguimos separándonos por etiquetas de edad.

    El edadismo —ese prejuicio silencioso que todos sufrimos o reproducimos alguna vez— nos impide crear comunidades verdaderamente inclusivas.

    📖 “En busca de espacios compartidos: el edadismo como reto multigeneracional”, por Elena del Barrio en #Euskonews.
    🔗 euskonews.eus/zbk/792/en-busca

    #Intergeneracionalidad #Edadismo
    #AsmoztaJakitez #euskoikaskuntza

  12. 📸 #EnvejecerConDerechos ya está en marcha. Una exposición que mira el futuro con dignidad, derechos y participación. 15 fotos finalistas de 9 países para romper el edadismo.
    👉 Con @amnistiamadrid
    #DerechosEnElObjetivo #DerechosHumanos #Edadismo blogs.es.amnesty.org/madrid/20 file:///private/var/mobile/Containers/Data/Application/C69013F5-C9A9-4654-B845-84A618F25DE1/tmp/documents/B843F884-CA60-4020-831F-02304CD603A0/PHOTO-2026-01-08-10-16-20.jpg

  13. 🔥 ■ Una mujer de 52 años deja de teñirse el pelo y se le cierran puertas: "Eres demasiado madura para este puesto de trabajo" ■ Tras su decisión empezó a sufrir edadismo laboral, con entrevistas despectivas, prejuicios y un mercado que penaliza la experiencia visible.
    huffingtonpost.es/virales/una-

    #virales #discriminacion #derechoslaborales #edadismo

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  18. 🩺 ■ Una técnica en nutrición responde al 'milagro' real detrás de los botes de colágeno ■ Esta experta detalla el tipo de vida que tienes que hacer y los casos en los que estos suplementos pueden suponer un apoyo más.
    huffingtonpost.es/life/salud/u

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  23. Envejecer con #derechos
    Últimos días para participar en el concurso fotográfico de Amnistía Internacional
    📸 Derechos en el objetivo

    Una buena ocasión para romper los estereotipos y prejuicios del #edadismo

    🗓 Hasta el 15 de agosto
    Toda la información 👉 blogs.es.amnesty.org/madrid/de

    #DerechosHumanos

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  25. «La violencia no tiene edad. El derecho a vivir sin miedo, tampoco. Escuchar a las mujeres mayores y acompañarlas, es una deuda que la #sociedad no puede seguir postergando», HelpAge International España.

    El #envejecimiento puede aumentar el riesgo de que la violencia de género quede invisibilizada - Geriatricarea
    geriatricarea.com/2025/07/21/e
    #ViolenciaDeGenero #VdG #maltrato #ViolenciaMachista #mujeres #mujer #MujeresMayores #PersonasMayores #edadismo #maltratador #maltratadores

  26. «La violencia no tiene edad. El derecho a vivir sin miedo, tampoco. Escuchar a las mujeres mayores y acompañarlas, es una deuda que la #sociedad no puede seguir postergando», HelpAge International España.

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  27. «La violencia no tiene edad. El derecho a vivir sin miedo, tampoco. Escuchar a las mujeres mayores y acompañarlas, es una deuda que la #sociedad no puede seguir postergando», HelpAge International España.

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