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  1. CW: Comparto texto [larguito]: «Señoros de lo no normativo: El neomachismo biomédico que coloniza la disidencia erótica y relacional», de Igor Navarro.

    Las comunidades que habitan fuera de lo normativo —las no monogamias éticas, la anarquía relacional, el BDSM, los ambientes kink— se desarrollan con la premisa de ser entornos seguros, libres del control y la coacción del sistema tradicional. Se presentan como espacios de honestidad, comunicación y diversidad. Sin embargo, nunca estamos totalmente a salvo de intentos de infiltración…

    En fechas recientes hemos conocido una figura que urge desmontar antes de que pueda colonizar alguno de estos espacios: Lo hemos denominado como “el señoro de lo no normativo". Este perfil encarna a aquellos sujetos que, amparados en sus privilegios (de género, académicos, profesionales o de trayectoria en el activismo disidente), utilizan el conocimiento experto, la experiencia y el “prestigio activista” para camuflar sus propios intereses y deseos personales.

    El riesgo es real: se trata de confundir acuerdo y libre decisión con coacción y devolver los cuerpos disidentes al redil de lo normativo y lo jerárquico.

    ‣ El supremacismo edadista-capacitista: El cuerpo envejecido como un "organismo averiado".

    El sistema productivista contemporáneo opera bajo una premisa: cuerpo que no rinde, cuerpo que no es útil. Cuando este prisma capitalista y capacitista se traslada a la vivencia de la sexualidad, los cuerpos Crip, enfermos y/o dolientes; la vejez y los procesos vitales que acompañan su proceso, (como la menopausia), se describen y consideran –tal y como dijo algún Señoro de lo no normativo– como estados de "atrofia", "deterioro" o "degeneración" que deben ser combatidos y corregidos.

    Y así, la evolución biográfica del deseo de las mujeres –al igual que del resto de su dimensión sexual– no se reconoce ni se respeta como transición vital soberana, que invita a explorar la diversidad infinita de los deseos y las expresiones eróticas, al contrario, se lee como una avería en las “cañerías” que precisa de una reparación de fontanería y ya si es posible de un abrillantamiento del alicatado...

    La respuesta del supremacismo capacitista no es el cultivo de la erótica más allá de lo estrictamente gental o coital, no es el reconocimiento compasivo del cuerpo que transita su biografía, sino la “rehabilitación funcional forzosa” a las exigencias heterofálicas. Si la mujer ya no lubrica (todo lo que el hombre cree que debe lubricar), o su cuerpo no “resiste” el ritmo de la exigencia del entorno hipercoiitolizante, el sistema —y el amante hombres penetrativo— activan la maquinaria médico-rehabilitadora para "recuperarla" como ser funcional para el disfrute (de ambas si puede se, si no pues que se le va a hacer…) y “devolver” por medios externos la fisiología, las “ganas” y el rendimiento del cuerpo “sano y apto” de antaño. En resumen, la medicalización y hormonación de las mujeres tras la menopausia a menudo se disfraza de "empoderamiento" y "retorno al placer", cuando en realidad responde a presión o coacción para que sigan estando disponibles para el consumo erótico ajeno.

    ‣ El supremacismo fálico-coitocéntrico y la trampa de la estadística.

    A pesar de presumir de mente abierta y "disidente", cuando las prácticas que no incluyen la penetración se rechazan de forma drástica e inmediata porque “no gustan", el discurso de estos señoros se desploma rápidamente y cae en el coitocentrismo más rancio. En ese momento la maquinaria se activa para relegitimar el falocentrismo normativo y el modo es recurrir al uso espurio de la investigación científica y la producción académica.

    • La falacia de la norma estadística: porcentajes sesgados que “demuestran” que "a la mayoría de las mujeres les gusta la penetración, lo que más", equiparando la frecuencia de una práctica mediada por siglos de educación patriarcal y obligación matrimonial, con el disfrute y la vivencia del placer. “Si a la mayoría es lo que más le gusta, esa debe ser la norma saludable”.

    • La obsesión por el orgasmo vaginal: estudios complejos de neurociencia y neuromedicina, instrumentalizados no para expandir las infinitas posibilidades del placer, sino con el objetivo encubierto -o no tanto- de tratar de demostrar científicamente que la anatomía de las mujeres Cis (en el discurso del señoro, otras posibilidades que se salgan de la cisnorma ni se contemplan) está diseñada primordialmente para recibir el coito.

    Evidentemente, al reducir el orgasmo y la expresión de la erótica a una cascada de neurotransmisores (como la dopamina) medible en laboratorios, los señoros anulan la subjetividad y la diversidad. Invalidan cualquier experiencia que no encaje en el mandato de la supremacía genital, coital y orgásmica, expulsando a quienes no sitúan en el centro de sus encuentros eróticos a ninguno de esos tres elementos. Por supuesto tampoco se da visibilidad, agencia o mera existencia a quienes habitan la asexualidad, en cualquiera de sus expresiones.

    ‣ Coacción “sutil”: El empleo espurio del discurso experto.

    El verdadero peligro del "señoro de lo no normativo" no radica en la posibilidad de que ejerza violencias explícitas, sino en el ejercicio de la coacción sutil, intelectualizada pero sumamente agresiva, que le facilita su posición de poder desde la academia, la profesión o la "veteranía activista".

    En el caso de las mujeres que dejan de sentir el deseo de ser penetradas, la coacción puede manifestarse en forma de advertencia de los peligros para la continuidad de la relación.:

    Un hombre que le dice a su compañera que no realizar coitos está poniendo a la relación en una situación insostenible y le dirige hacia un tratamiento para revertir “su problema” no está ejerciendo el cuidado: está ejerciendo una tutorización patriarcal. Está utilizando su posición de privilegio para hacer que ella dude de su propio cuerpo y de sus ritmos, coaccionandola para que se someta a un tratamiento de alteración corporal (como la terapia de reemplazo hormonal) para “mantener” su estatus quo en la relación.

    Presentar el resultado de esta actuación como una victoria para su "libertad sexual", porque la mujer ahora "vuelve a tener amantes" es puro cínismo No es autodeterminación erótica; es imponer una invasión del cuerpo para que encaje en el estándar de acción y consumo que el hombre considera aceptable.

    ‣ Conclusión: Descolonizar la disidencia y defender la soberanía corporal.

    El discurso experto, cuando se separa de la ética y se pone al servicio de los deseos y privilegios individuales, se convierte en una herramienta de colonización ideológica. Los espacios críticos con la norma corren el riesgo de volverse permeables a estas narrativas si nos dejamos deslumbrar por los discursos elocuentes, los tecnicismos o por el “pedigrí” de quienes sostienen el micrófono.

    Frente a esto, la actitud crítica debe ser firme la verdadera disidencia erótica y relacional es antipatologizante, anticapacitista y soberana.

    El placer de las mujeres y de las identidades y expresiones invisibilizadas no puede ser un objeto de diseño regulado por hormonas y estadísticas para el usufructo de nadie. Defender la diversidad significa defender el derecho al descanso, al envejecimiento digno, a la mutabilidad del deseo, a la no-invasión y al "no quiero follar" sin que ello implique ser tratada como un organismo defectuoso que necesita ser reparado en el taller de la ginecología patriarcal.

    — Igor Navarro, trabajador social y sexólogo.

    #Sexualidad #Disidencias #Capacitismo #Coitocentrismo #Falocentrismo #Edadismo #Sexismo #Feminismos #Neomachismo

  2. CW: Comparto texto [larguito]: «Señoros de lo no normativo: El neomachismo biomédico que coloniza la disidencia erótica y relacional», de Igor Navarro.

    Las comunidades que habitan fuera de lo normativo —las no monogamias éticas, la anarquía relacional, el BDSM, los ambientes kink— se desarrollan con la premisa de ser entornos seguros, libres del control y la coacción del sistema tradicional. Se presentan como espacios de honestidad, comunicación y diversidad. Sin embargo, nunca estamos totalmente a salvo de intentos de infiltración…

    En fechas recientes hemos conocido una figura que urge desmontar antes de que pueda colonizar alguno de estos espacios: Lo hemos denominado como “el señoro de lo no normativo". Este perfil encarna a aquellos sujetos que, amparados en sus privilegios (de género, académicos, profesionales o de trayectoria en el activismo disidente), utilizan el conocimiento experto, la experiencia y el “prestigio activista” para camuflar sus propios intereses y deseos personales.

    El riesgo es real: se trata de confundir acuerdo y libre decisión con coacción y devolver los cuerpos disidentes al redil de lo normativo y lo jerárquico.

    ‣ El supremacismo edadista-capacitista: El cuerpo envejecido como un "organismo averiado".

    El sistema productivista contemporáneo opera bajo una premisa: cuerpo que no rinde, cuerpo que no es útil. Cuando este prisma capitalista y capacitista se traslada a la vivencia de la sexualidad, los cuerpos Crip, enfermos y/o dolientes; la vejez y los procesos vitales que acompañan su proceso, (como la menopausia), se describen y consideran –tal y como dijo algún Señoro de lo no normativo– como estados de "atrofia", "deterioro" o "degeneración" que deben ser combatidos y corregidos.

    Y así, la evolución biográfica del deseo de las mujeres –al igual que del resto de su dimensión sexual– no se reconoce ni se respeta como transición vital soberana, que invita a explorar la diversidad infinita de los deseos y las expresiones eróticas, al contrario, se lee como una avería en las “cañerías” que precisa de una reparación de fontanería y ya si es posible de un abrillantamiento del alicatado...

    La respuesta del supremacismo capacitista no es el cultivo de la erótica más allá de lo estrictamente gental o coital, no es el reconocimiento compasivo del cuerpo que transita su biografía, sino la “rehabilitación funcional forzosa” a las exigencias heterofálicas. Si la mujer ya no lubrica (todo lo que el hombre cree que debe lubricar), o su cuerpo no “resiste” el ritmo de la exigencia del entorno hipercoiitolizante, el sistema —y el amante hombres penetrativo— activan la maquinaria médico-rehabilitadora para "recuperarla" como ser funcional para el disfrute (de ambas si puede se, si no pues que se le va a hacer…) y “devolver” por medios externos la fisiología, las “ganas” y el rendimiento del cuerpo “sano y apto” de antaño. En resumen, la medicalización y hormonación de las mujeres tras la menopausia a menudo se disfraza de "empoderamiento" y "retorno al placer", cuando en realidad responde a presión o coacción para que sigan estando disponibles para el consumo erótico ajeno.

    ‣ El supremacismo fálico-coitocéntrico y la trampa de la estadística.

    A pesar de presumir de mente abierta y "disidente", cuando las prácticas que no incluyen la penetración se rechazan de forma drástica e inmediata porque “no gustan", el discurso de estos señoros se desploma rápidamente y cae en el coitocentrismo más rancio. En ese momento la maquinaria se activa para relegitimar el falocentrismo normativo y el modo es recurrir al uso espurio de la investigación científica y la producción académica.

    • La falacia de la norma estadística: porcentajes sesgados que “demuestran” que "a la mayoría de las mujeres les gusta la penetración, lo que más", equiparando la frecuencia de una práctica mediada por siglos de educación patriarcal y obligación matrimonial, con el disfrute y la vivencia del placer. “Si a la mayoría es lo que más le gusta, esa debe ser la norma saludable”.

    • La obsesión por el orgasmo vaginal: estudios complejos de neurociencia y neuromedicina, instrumentalizados no para expandir las infinitas posibilidades del placer, sino con el objetivo encubierto -o no tanto- de tratar de demostrar científicamente que la anatomía de las mujeres Cis (en el discurso del señoro, otras posibilidades que se salgan de la cisnorma ni se contemplan) está diseñada primordialmente para recibir el coito.

    Evidentemente, al reducir el orgasmo y la expresión de la erótica a una cascada de neurotransmisores (como la dopamina) medible en laboratorios, los señoros anulan la subjetividad y la diversidad. Invalidan cualquier experiencia que no encaje en el mandato de la supremacía genital, coital y orgásmica, expulsando a quienes no sitúan en el centro de sus encuentros eróticos a ninguno de esos tres elementos. Por supuesto tampoco se da visibilidad, agencia o mera existencia a quienes habitan la asexualidad, en cualquiera de sus expresiones.

    ‣ Coacción “sutil”: El empleo espurio del discurso experto.

    El verdadero peligro del "señoro de lo no normativo" no radica en la posibilidad de que ejerza violencias explícitas, sino en el ejercicio de la coacción sutil, intelectualizada pero sumamente agresiva, que le facilita su posición de poder desde la academia, la profesión o la "veteranía activista".

    En el caso de las mujeres que dejan de sentir el deseo de ser penetradas, la coacción puede manifestarse en forma de advertencia de los peligros para la continuidad de la relación.:

    Un hombre que le dice a su compañera que no realizar coitos está poniendo a la relación en una situación insostenible y le dirige hacia un tratamiento para revertir “su problema” no está ejerciendo el cuidado: está ejerciendo una tutorización patriarcal. Está utilizando su posición de privilegio para hacer que ella dude de su propio cuerpo y de sus ritmos, coaccionandola para que se someta a un tratamiento de alteración corporal (como la terapia de reemplazo hormonal) para “mantener” su estatus quo en la relación.

    Presentar el resultado de esta actuación como una victoria para su "libertad sexual", porque la mujer ahora "vuelve a tener amantes" es puro cínismo No es autodeterminación erótica; es imponer una invasión del cuerpo para que encaje en el estándar de acción y consumo que el hombre considera aceptable.

    ‣ Conclusión: Descolonizar la disidencia y defender la soberanía corporal.

    El discurso experto, cuando se separa de la ética y se pone al servicio de los deseos y privilegios individuales, se convierte en una herramienta de colonización ideológica. Los espacios críticos con la norma corren el riesgo de volverse permeables a estas narrativas si nos dejamos deslumbrar por los discursos elocuentes, los tecnicismos o por el “pedigrí” de quienes sostienen el micrófono.

    Frente a esto, la actitud crítica debe ser firme la verdadera disidencia erótica y relacional es antipatologizante, anticapacitista y soberana.

    El placer de las mujeres y de las identidades y expresiones invisibilizadas no puede ser un objeto de diseño regulado por hormonas y estadísticas para el usufructo de nadie. Defender la diversidad significa defender el derecho al descanso, al envejecimiento digno, a la mutabilidad del deseo, a la no-invasión y al "no quiero follar" sin que ello implique ser tratada como un organismo defectuoso que necesita ser reparado en el taller de la ginecología patriarcal.

    — Igor Navarro, trabajador social y sexólogo.

    #Sexualidad #Disidencias #Capacitismo #Coitocentrismo #Falocentrismo #Edadismo #Sexismo #Feminismos #Neomachismo

  3. CW: Comparto texto [larguito]: «Señoros de lo no normativo: El neomachismo biomédico que coloniza la disidencia erótica y relacional», de Igor Navarro.

    Las comunidades que habitan fuera de lo normativo —las no monogamias éticas, la anarquía relacional, el BDSM, los ambientes kink— se desarrollan con la premisa de ser entornos seguros, libres del control y la coacción del sistema tradicional. Se presentan como espacios de honestidad, comunicación y diversidad. Sin embargo, nunca estamos totalmente a salvo de intentos de infiltración…

    En fechas recientes hemos conocido una figura que urge desmontar antes de que pueda colonizar alguno de estos espacios: Lo hemos denominado como “el señoro de lo no normativo". Este perfil encarna a aquellos sujetos que, amparados en sus privilegios (de género, académicos, profesionales o de trayectoria en el activismo disidente), utilizan el conocimiento experto, la experiencia y el “prestigio activista” para camuflar sus propios intereses y deseos personales.

    El riesgo es real: se trata de confundir acuerdo y libre decisión con coacción y devolver los cuerpos disidentes al redil de lo normativo y lo jerárquico.

    ‣ El supremacismo edadista-capacitista: El cuerpo envejecido como un "organismo averiado".

    El sistema productivista contemporáneo opera bajo una premisa: cuerpo que no rinde, cuerpo que no es útil. Cuando este prisma capitalista y capacitista se traslada a la vivencia de la sexualidad, los cuerpos Crip, enfermos y/o dolientes; la vejez y los procesos vitales que acompañan su proceso, (como la menopausia), se describen y consideran –tal y como dijo algún Señoro de lo no normativo– como estados de "atrofia", "deterioro" o "degeneración" que deben ser combatidos y corregidos.

    Y así, la evolución biográfica del deseo de las mujeres –al igual que del resto de su dimensión sexual– no se reconoce ni se respeta como transición vital soberana, que invita a explorar la diversidad infinita de los deseos y las expresiones eróticas, al contrario, se lee como una avería en las “cañerías” que precisa de una reparación de fontanería y ya si es posible de un abrillantamiento del alicatado...

    La respuesta del supremacismo capacitista no es el cultivo de la erótica más allá de lo estrictamente gental o coital, no es el reconocimiento compasivo del cuerpo que transita su biografía, sino la “rehabilitación funcional forzosa” a las exigencias heterofálicas. Si la mujer ya no lubrica (todo lo que el hombre cree que debe lubricar), o su cuerpo no “resiste” el ritmo de la exigencia del entorno hipercoiitolizante, el sistema —y el amante hombres penetrativo— activan la maquinaria médico-rehabilitadora para "recuperarla" como ser funcional para el disfrute (de ambas si puede se, si no pues que se le va a hacer…) y “devolver” por medios externos la fisiología, las “ganas” y el rendimiento del cuerpo “sano y apto” de antaño. En resumen, la medicalización y hormonación de las mujeres tras la menopausia a menudo se disfraza de "empoderamiento" y "retorno al placer", cuando en realidad responde a presión o coacción para que sigan estando disponibles para el consumo erótico ajeno.

    ‣ El supremacismo fálico-coitocéntrico y la trampa de la estadística.

    A pesar de presumir de mente abierta y "disidente", cuando las prácticas que no incluyen la penetración se rechazan de forma drástica e inmediata porque “no gustan", el discurso de estos señoros se desploma rápidamente y cae en el coitocentrismo más rancio. En ese momento la maquinaria se activa para relegitimar el falocentrismo normativo y el modo es recurrir al uso espurio de la investigación científica y la producción académica.

    • La falacia de la norma estadística: porcentajes sesgados que “demuestran” que "a la mayoría de las mujeres les gusta la penetración, lo que más", equiparando la frecuencia de una práctica mediada por siglos de educación patriarcal y obligación matrimonial, con el disfrute y la vivencia del placer. “Si a la mayoría es lo que más le gusta, esa debe ser la norma saludable”.

    • La obsesión por el orgasmo vaginal: estudios complejos de neurociencia y neuromedicina, instrumentalizados no para expandir las infinitas posibilidades del placer, sino con el objetivo encubierto -o no tanto- de tratar de demostrar científicamente que la anatomía de las mujeres Cis (en el discurso del señoro, otras posibilidades que se salgan de la cisnorma ni se contemplan) está diseñada primordialmente para recibir el coito.

    Evidentemente, al reducir el orgasmo y la expresión de la erótica a una cascada de neurotransmisores (como la dopamina) medible en laboratorios, los señoros anulan la subjetividad y la diversidad. Invalidan cualquier experiencia que no encaje en el mandato de la supremacía genital, coital y orgásmica, expulsando a quienes no sitúan en el centro de sus encuentros eróticos a ninguno de esos tres elementos. Por supuesto tampoco se da visibilidad, agencia o mera existencia a quienes habitan la asexualidad, en cualquiera de sus expresiones.

    ‣ Coacción “sutil”: El empleo espurio del discurso experto.

    El verdadero peligro del "señoro de lo no normativo" no radica en la posibilidad de que ejerza violencias explícitas, sino en el ejercicio de la coacción sutil, intelectualizada pero sumamente agresiva, que le facilita su posición de poder desde la academia, la profesión o la "veteranía activista".

    En el caso de las mujeres que dejan de sentir el deseo de ser penetradas, la coacción puede manifestarse en forma de advertencia de los peligros para la continuidad de la relación.:

    Un hombre que le dice a su compañera que no realizar coitos está poniendo a la relación en una situación insostenible y le dirige hacia un tratamiento para revertir “su problema” no está ejerciendo el cuidado: está ejerciendo una tutorización patriarcal. Está utilizando su posición de privilegio para hacer que ella dude de su propio cuerpo y de sus ritmos, coaccionandola para que se someta a un tratamiento de alteración corporal (como la terapia de reemplazo hormonal) para “mantener” su estatus quo en la relación.

    Presentar el resultado de esta actuación como una victoria para su "libertad sexual", porque la mujer ahora "vuelve a tener amantes" es puro cínismo No es autodeterminación erótica; es imponer una invasión del cuerpo para que encaje en el estándar de acción y consumo que el hombre considera aceptable.

    ‣ Conclusión: Descolonizar la disidencia y defender la soberanía corporal.

    El discurso experto, cuando se separa de la ética y se pone al servicio de los deseos y privilegios individuales, se convierte en una herramienta de colonización ideológica. Los espacios críticos con la norma corren el riesgo de volverse permeables a estas narrativas si nos dejamos deslumbrar por los discursos elocuentes, los tecnicismos o por el “pedigrí” de quienes sostienen el micrófono.

    Frente a esto, la actitud crítica debe ser firme la verdadera disidencia erótica y relacional es antipatologizante, anticapacitista y soberana.

    El placer de las mujeres y de las identidades y expresiones invisibilizadas no puede ser un objeto de diseño regulado por hormonas y estadísticas para el usufructo de nadie. Defender la diversidad significa defender el derecho al descanso, al envejecimiento digno, a la mutabilidad del deseo, a la no-invasión y al "no quiero follar" sin que ello implique ser tratada como un organismo defectuoso que necesita ser reparado en el taller de la ginecología patriarcal.

    — Igor Navarro, trabajador social y sexólogo.

    #Sexualidad #Disidencias #Capacitismo #Coitocentrismo #Falocentrismo #Edadismo #Sexismo #Feminismos #Neomachismo

  4. CW: Comparto texto [larguito]: «Señoros de lo no normativo: El neomachismo biomédico que coloniza la disidencia erótica y relacional», de Igor Navarro.

    Las comunidades que habitan fuera de lo normativo —las no monogamias éticas, la anarquía relacional, el BDSM, los ambientes kink— se desarrollan con la premisa de ser entornos seguros, libres del control y la coacción del sistema tradicional. Se presentan como espacios de honestidad, comunicación y diversidad. Sin embargo, nunca estamos totalmente a salvo de intentos de infiltración…

    En fechas recientes hemos conocido una figura que urge desmontar antes de que pueda colonizar alguno de estos espacios: Lo hemos denominado como “el señoro de lo no normativo". Este perfil encarna a aquellos sujetos que, amparados en sus privilegios (de género, académicos, profesionales o de trayectoria en el activismo disidente), utilizan el conocimiento experto, la experiencia y el “prestigio activista” para camuflar sus propios intereses y deseos personales.

    El riesgo es real: se trata de confundir acuerdo y libre decisión con coacción y devolver los cuerpos disidentes al redil de lo normativo y lo jerárquico.

    ‣ El supremacismo edadista-capacitista: El cuerpo envejecido como un "organismo averiado".

    El sistema productivista contemporáneo opera bajo una premisa: cuerpo que no rinde, cuerpo que no es útil. Cuando este prisma capitalista y capacitista se traslada a la vivencia de la sexualidad, los cuerpos Crip, enfermos y/o dolientes; la vejez y los procesos vitales que acompañan su proceso, (como la menopausia), se describen y consideran –tal y como dijo algún Señoro de lo no normativo– como estados de "atrofia", "deterioro" o "degeneración" que deben ser combatidos y corregidos.

    Y así, la evolución biográfica del deseo de las mujeres –al igual que del resto de su dimensión sexual– no se reconoce ni se respeta como transición vital soberana, que invita a explorar la diversidad infinita de los deseos y las expresiones eróticas, al contrario, se lee como una avería en las “cañerías” que precisa de una reparación de fontanería y ya si es posible de un abrillantamiento del alicatado...

    La respuesta del supremacismo capacitista no es el cultivo de la erótica más allá de lo estrictamente gental o coital, no es el reconocimiento compasivo del cuerpo que transita su biografía, sino la “rehabilitación funcional forzosa” a las exigencias heterofálicas. Si la mujer ya no lubrica (todo lo que el hombre cree que debe lubricar), o su cuerpo no “resiste” el ritmo de la exigencia del entorno hipercoiitolizante, el sistema —y el amante hombres penetrativo— activan la maquinaria médico-rehabilitadora para "recuperarla" como ser funcional para el disfrute (de ambas si puede se, si no pues que se le va a hacer…) y “devolver” por medios externos la fisiología, las “ganas” y el rendimiento del cuerpo “sano y apto” de antaño. En resumen, la medicalización y hormonación de las mujeres tras la menopausia a menudo se disfraza de "empoderamiento" y "retorno al placer", cuando en realidad responde a presión o coacción para que sigan estando disponibles para el consumo erótico ajeno.

    ‣ El supremacismo fálico-coitocéntrico y la trampa de la estadística.

    A pesar de presumir de mente abierta y "disidente", cuando las prácticas que no incluyen la penetración se rechazan de forma drástica e inmediata porque “no gustan", el discurso de estos señoros se desploma rápidamente y cae en el coitocentrismo más rancio. En ese momento la maquinaria se activa para relegitimar el falocentrismo normativo y el modo es recurrir al uso espurio de la investigación científica y la producción académica.

    • La falacia de la norma estadística: porcentajes sesgados que “demuestran” que "a la mayoría de las mujeres les gusta la penetración, lo que más", equiparando la frecuencia de una práctica mediada por siglos de educación patriarcal y obligación matrimonial, con el disfrute y la vivencia del placer. “Si a la mayoría es lo que más le gusta, esa debe ser la norma saludable”.

    • La obsesión por el orgasmo vaginal: estudios complejos de neurociencia y neuromedicina, instrumentalizados no para expandir las infinitas posibilidades del placer, sino con el objetivo encubierto -o no tanto- de tratar de demostrar científicamente que la anatomía de las mujeres Cis (en el discurso del señoro, otras posibilidades que se salgan de la cisnorma ni se contemplan) está diseñada primordialmente para recibir el coito.

    Evidentemente, al reducir el orgasmo y la expresión de la erótica a una cascada de neurotransmisores (como la dopamina) medible en laboratorios, los señoros anulan la subjetividad y la diversidad. Invalidan cualquier experiencia que no encaje en el mandato de la supremacía genital, coital y orgásmica, expulsando a quienes no sitúan en el centro de sus encuentros eróticos a ninguno de esos tres elementos. Por supuesto tampoco se da visibilidad, agencia o mera existencia a quienes habitan la asexualidad, en cualquiera de sus expresiones.

    ‣ Coacción “sutil”: El empleo espurio del discurso experto.

    El verdadero peligro del "señoro de lo no normativo" no radica en la posibilidad de que ejerza violencias explícitas, sino en el ejercicio de la coacción sutil, intelectualizada pero sumamente agresiva, que le facilita su posición de poder desde la academia, la profesión o la "veteranía activista".

    En el caso de las mujeres que dejan de sentir el deseo de ser penetradas, la coacción puede manifestarse en forma de advertencia de los peligros para la continuidad de la relación.:

    Un hombre que le dice a su compañera que no realizar coitos está poniendo a la relación en una situación insostenible y le dirige hacia un tratamiento para revertir “su problema” no está ejerciendo el cuidado: está ejerciendo una tutorización patriarcal. Está utilizando su posición de privilegio para hacer que ella dude de su propio cuerpo y de sus ritmos, coaccionandola para que se someta a un tratamiento de alteración corporal (como la terapia de reemplazo hormonal) para “mantener” su estatus quo en la relación.

    Presentar el resultado de esta actuación como una victoria para su "libertad sexual", porque la mujer ahora "vuelve a tener amantes" es puro cínismo No es autodeterminación erótica; es imponer una invasión del cuerpo para que encaje en el estándar de acción y consumo que el hombre considera aceptable.

    ‣ Conclusión: Descolonizar la disidencia y defender la soberanía corporal.

    El discurso experto, cuando se separa de la ética y se pone al servicio de los deseos y privilegios individuales, se convierte en una herramienta de colonización ideológica. Los espacios críticos con la norma corren el riesgo de volverse permeables a estas narrativas si nos dejamos deslumbrar por los discursos elocuentes, los tecnicismos o por el “pedigrí” de quienes sostienen el micrófono.

    Frente a esto, la actitud crítica debe ser firme la verdadera disidencia erótica y relacional es antipatologizante, anticapacitista y soberana.

    El placer de las mujeres y de las identidades y expresiones invisibilizadas no puede ser un objeto de diseño regulado por hormonas y estadísticas para el usufructo de nadie. Defender la diversidad significa defender el derecho al descanso, al envejecimiento digno, a la mutabilidad del deseo, a la no-invasión y al "no quiero follar" sin que ello implique ser tratada como un organismo defectuoso que necesita ser reparado en el taller de la ginecología patriarcal.

    — Igor Navarro, trabajador social y sexólogo.

    #Sexualidad #Disidencias #Capacitismo #Coitocentrismo #Falocentrismo #Edadismo #Sexismo #Feminismos #Neomachismo