🧿 𝑫𝒂𝒗𝒊𝒅 𝑷𝒂𝒓𝒌𝒆𝒓 𝑹𝒂𝒚: 𝒆𝒍 𝒉𝒐𝒎𝒃𝒓𝒆 𝒅𝒆 𝒍𝒂 𝑪𝒂𝒋𝒂 𝒅𝒆 𝑱𝒖𝒈𝒖𝒆𝒕𝒆𝒔 🧿
“𝙲𝚛𝚘́𝚗𝚒𝚌𝚊 𝚗𝚎𝚐𝚛𝚊”
David Parker Ray nació el 6 de noviembre de 1939 en Belen, Nuevo México.
Su infancia estuvo marcada por una familia rota.
Su padre, Cecil Leland Ray, era mecánico, alcohólico y, según los testimonios posteriores, violento.
Su madre, Nettie Opal Parker, estuvo poco presente durante buena parte de su infancia, así que David y su hermana menor, Peggie, crecieron principalmente con sus abuelos maternos, Russell y Dolly Parker, en un pequeño rancho y en una situación económica bastante precaria.
Su abuelo era extremadamente estricto y los castigos físicos formaban parte de la educación que recibió.
Su padre aparecía de vez en cuando y, además de la violencia, introdujo en la vida del muchacho algo que acabaría teniendo un peso inquietante: revistas con pornografía sadomasoquista.
No significa que aquello explique por sí solo lo que Ray haría décadas después, pero sí forma parte de los antecedentes conocidos de su historia.
En el instituto, el Mountainair High School de Nuevo México, era descrito como un muchacho tímido y con dificultades para relacionarse con las chicas.
Durante la adolescencia comenzó también a abusar del alcohol y otras drogas.
Su hermana descubrió cuando él tenía unos catorce años dibujos y fotografías relacionados con bondage y fantasías sexuales violentas.
Aquello provocó un distanciamiento entre ambos que terminaría siendo importante muchos años después.
Ray terminó el instituto y entró en el Ejército de Estados Unidos, donde trabajó como mecánico y recibió una baja honorable.
Después siguió dedicándose a la mecánica.
Trabajó en distintos lugares, incluso en Arizona, y durante años llevó una vida que, vista desde fuera, parecía bastante corriente.
Finalmente acabó trabajando como mecánico para el Departamento de Parques de Nuevo México, en la zona de Truth or Consequences y Elephant Butte.
Sus compañeros lo describían como un hombre educado, servicial y tranquilo.
Precisamente esa apariencia normal fue una de las cosas que más desconcertaron a quienes lo conocían cuando todo salió a la luz.
Se casó varias veces y tuvo hijos.
Una de sus hijas, Glenda Jean Ray, conocida como Jesse, acabaría participando en algunos de sus delitos.
Lo más extraño es que años antes había intentado advertir al FBI.
En 1986, Jesse aseguró que su padre secuestraba y torturaba mujeres e incluso que las vendía a compradores en México.
Las autoridades consideraron entonces que las acusaciones eran demasiado imprecisas para actuar contra él.
Años después, aquella misma hija terminaría siendo acusada de colaborar con su padre en uno de los secuestros.
Durante su vida adulta, las fantasías sexuales violentas de Ray fueron convirtiéndose en algo mucho más elaborado.
Él mismo afirmó que había comenzado a agredir mujeres siendo adolescente y llegó a contar a su primera esposa que en 1957 había secuestrado y asesinado a una mujer después de torturarla.
Nunca se pudo comprobar ese supuesto primer asesinato, por lo que debe considerarse una afirmación del propio Ray, no un hecho demostrado.
A principios de los años noventa se instaló en Elephant Butte.
Allí tenía una vivienda y, junto a ella, un remolque de carga que acabaría siendo conocido como la «Toy Box», la Caja de Juguetes.
No era un simple lugar para guardar herramientas.
Ray lo insonorizó y lo convirtió en una cámara destinada a secuestrar, someter y torturar mujeres.
Según la investigación, había gastado una cantidad enorme de dinero en acondicionarlo y dentro se encontraron sistemas de sujeción, instrumentos médicos, dispositivos eléctricos, cámaras, cadenas, poleas, fotografías y grabaciones.
También había anotaciones y diagramas relacionados con el trato que quería dar a sus víctimas.
Los investigadores descubrieron además varias grabaciones en las que Ray hablaba directamente a las mujeres que acababan de despertar allí.
Les explicaba que estaban secuestradas, que serían sometidas y que las drogas podían hacer que después no recordaran lo sucedido.
Los investigadores consideraron aquellas grabaciones una pieza importante para comprender cómo funcionaba el sistema que había creado.
Y aquí está una de las partes más importantes del caso: Ray no parecía buscar únicamente sexo.
Lo que aparece una y otra vez en sus propias palabras y en la evidencia encontrada es una combinación de excitación sexual, sadismo y dominio absoluto sobre otra persona.
Un estudio criminológico que analiza el caso recoge una declaración de Ray en la que explicaba que no podía obtener excitación sexual sin causar dolor.
Los investigadores que trabajaron en el caso lo describieron como un sádico sexual.
Ray tampoco actuaba siempre solo.
Una de sus principales cómplices fue Cindy Hendy, con quien mantenía una relación.
También participó su hija Jesse en al menos uno de los secuestros por los que posteriormente fue procesada.
Otro hombre relacionado con el círculo, Dennis Roy Yancy, terminó condenado por el asesinato de Marie Parker, una joven de 22 años.
Yancy declaró que había ayudado a llevarla hasta Ray y que este le ordenó estrangularla.
Ray y su hija no fueron acusados por ese asesinato concreto.
Durante años hubo mujeres que desaparecieron o que aparecieron después contando historias difíciles de creer.
Algunas habían sido drogadas y abandonadas posteriormente, lo que complicaba todavía más que pudieran reconstruir lo sucedido.
La policía llegó a sospechar que Ray podía estar relacionado con muchas más desapariciones de las que inicialmente podían demostrar.
La caída llegó el 22 de marzo de 1999.
Cynthia Vigil, de 22 años, había sido secuestrada en Albuquerque por Ray y Hendy y trasladada a Elephant Butte.
Después de tres días consiguió escapar.
Esperó a que Ray se marchara a trabajar, consiguió acceder a las llaves que habían dejado cerca y logró liberarse.
Durante el forcejeo con Hendy, la hirió con un picahielos y salió a la calle buscando ayuda.
Llegó hasta una vivienda cercana y pidió que llamaran a la policía.
Aquella huida abrió la puerta que llevaba años cerrada.
Cuando los investigadores entraron en la propiedad encontraron el remolque, los dispositivos, fotografías, grabaciones y una enorme cantidad de pruebas.
Otras mujeres comenzaron a aparecer y a contar historias similares.
Una de ellas era Kelli Garrett, que había sido secuestrada junto a la hija de Ray en 1996.
Otra era Angelica Montano.
El caso empezó a crecer hasta convertirse en una investigación mucho mayor de lo que nadie había imaginado.
Llegaron a trabajar en la investigación cerca de un centenar de agentes estatales y federales.
Registraron la propiedad, excavaron terrenos, utilizaron perros entrenados para localizar restos humanos y buscaron posibles enterramientos en los alrededores y en el lago Elephant Butte.
Pero nunca encontraron restos humanos que pudieran vincularse de forma concluyente a Ray.
Y ahí está la gran incógnita del caso.
Ray fue condenado por secuestro, violación, tortura y otros delitos, pero nunca fue condenado por asesinato.
Una de sus cómplices afirmó que había admitido haber matado hasta catorce personas.
Las autoridades llegaron a sospechar que podía haber asesinado a muchas más, incluso alrededor de sesenta, pero esa cifra nunca pudo demostrarse.
No hay una lista oficial de sesenta víctimas asesinadas por Ray ni cuerpos que permitan confirmar semejante número.
Su primer proceso importante terminó con una condena por doce cargos.
Posteriormente Ray aceptó un acuerdo con la Fiscalía y en 2001 fue condenado a 224 años de prisión por los delitos relacionados con los secuestros y la tortura de varias mujeres.
El acuerdo también permitió reducir la situación penal de su hija Jesse, que recibió una condena de 30 meses y cinco años de libertad condicional.
Cindy Hendy, por su parte, fue condenada a 36 años.
Ray no llegó a pasar mucho tiempo en prisión.
El 28 de mayo de 2002, cuando tenía 62 años, fue trasladado al Lea County Correctional Facility de Hobbs, Nuevo México, para ser interrogado por la policía sobre posibles víctimas y enterramientos.
Antes de que pudiera comenzar el interrogatorio sufrió un ataque cardíaco y murió.
Murió sin revelar dónde podían estar los restos que los investigadores buscaban.
Y esa es quizá la parte más inquietante de toda la historia: David Parker Ray fue condenado por los crímenes que pudieron demostrarse, pero murió antes de que la investigación pudiera responder a la pregunta que todavía permanece abierta: cuántas mujeres pasaron realmente por aquella Caja de Juguetes y cuántas de ellas nunca regresaron a casa.
Por eso llamarlo simplemente «asesino en serie» puede resultar engañoso si se habla en términos estrictamente judiciales.
Fue un secuestrador, violador y torturador condenado, mientras que los asesinatos que se le atribuyen permanecen, en su mayoría, sin una prueba judicial definitiva.
El apodo de «Toy Box Killer» quedó asociado para siempre a un hombre que construyó cuidadosamente un lugar para ocultar sus crímenes y que murió antes de contar todo lo que sabía.
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https://www.youtube.com/watch?v=tbdDpE5lMSE&t=190s ➡️𝐷𝑜𝑐𝑢𝑚𝑒𝑛𝑡𝑎𝑙
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