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#clasicos — Public Fediverse posts

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  1. 🎵Earth, Wind & Fire•September🎶

    “September” de Earth, Wind & Fire nació en 1978 y acabó convirtiéndose en uno de los grandes himnos de la música disco.
    Fue escrita por Maurice White, **cantante, compositor y fundador de la banda**, junto a Al McKay y Allee Willis.

    El famoso 21 de septiembre no esconde ningún misterio: White explicó que simplemente sonaba mejor.
    Y el “ba-dee-ya” tampoco significa nada concreto… simplemente sonaba bien.

    Casi 50 años después, sigue pasando lo mismo: empieza la canción y cuesta quedarse quieto. 💃🕺✨

    🎶🎵🎶🎵

    #earthwindandfire #september #mauricewhite #musica #musicadisco #años70 #musica70s #historiadelamusica #curiosidadesmusicales #clasicos #nostalgia #cancionesinolvidables

  2. 🎵Earth, Wind & Fire•September🎶

    “September” de Earth, Wind & Fire nació en 1978 y acabó convirtiéndose en uno de los grandes himnos de la música disco.
    Fue escrita por Maurice White, **cantante, compositor y fundador de la banda**, junto a Al McKay y Allee Willis.

    El famoso 21 de septiembre no esconde ningún misterio: White explicó que simplemente sonaba mejor.
    Y el “ba-dee-ya” tampoco significa nada concreto… simplemente sonaba bien.

    Casi 50 años después, sigue pasando lo mismo: empieza la canción y cuesta quedarse quieto. 💃🕺✨

    🎶🎵🎶🎵

    #earthwindandfire #september #mauricewhite #musica #musicadisco #años70 #musica70s #historiadelamusica #curiosidadesmusicales #clasicos #nostalgia #cancionesinolvidables

  3. 🎵Earth, Wind & Fire•September🎶

    “September” de Earth, Wind & Fire nació en 1978 y acabó convirtiéndose en uno de los grandes himnos de la música disco.
    Fue escrita por Maurice White, **cantante, compositor y fundador de la banda**, junto a Al McKay y Allee Willis.

    El famoso 21 de septiembre no esconde ningún misterio: White explicó que simplemente sonaba mejor.
    Y el “ba-dee-ya” tampoco significa nada concreto… simplemente sonaba bien.

    Casi 50 años después, sigue pasando lo mismo: empieza la canción y cuesta quedarse quieto. 💃🕺✨

    🎶🎵🎶🎵

    #earthwindandfire #september #mauricewhite #musica #musicadisco #años70 #musica70s #historiadelamusica #curiosidadesmusicales #clasicos #nostalgia #cancionesinolvidables

  4. Abandonar un libro a la mitad no te hace peor lector

    Durante mucho tiempo me costó dejar un libro sin terminar. Lo empezaba, no me enganchaba, y aun así seguía, con la sensación de estar cumpliendo una especie de deber. Como si abandonarlo fuera un suspenso.

    He cambiado de opinión. Abandonar un libro a la mitad no te hace peor lector. A veces te hace mejor.

    El postureo con los clásicos

    Hay una parte de la conversación literaria que es puro postureo, y se nota sobre todo con los clásicos. Casi nadie dice en voz alta que un clásico le aburrió. Se dice que es difícil, que hay que leerlo en el momento adecuado, que uno no supo apreciarlo. Cualquier cosa antes que admitir lo evidente, que no te gustó.

    Y conviene separar dos cosas que se mezclan siempre: la calidad de un libro y lo que ese libro hace contigo. Puedes reconocer que una obra es importante, que está magníficamente escrita, que cambió la literatura de un país entero, y aun así no disfrutarla. Ese reconocimiento no te obliga a nada.

    Cien años de soledad

    Foto: Unsplash

    Lo digo sin coartadas: Cien años de soledad no me marcó. No me parece un mal libro, en absoluto, y entiendo perfectamente por qué está donde está. Pero no es de los que me removieron. Lo leí, avancé, y en ningún momento sentí eso que sí he sentido con otros libros mucho menos célebres.

    Durante un tiempo eso me pareció casi un defecto mío, como si existiera un carné de lector que te retiran si García Márquez no te deslumbra.

    Beloved, o leer por obligación

    Foto: Unsplash

    El otro caso es distinto, porque ahí no tenía la opción de abandonar. Beloved, de Toni Morrison, me tocó leerlo en la carrera. Morrison ganó el Premio Nobel de Literatura, el libro es un monumento reconocido en medio mundo, y a mí no me gustó. Lo terminé porque tenía que terminarlo, que es la peor manera posible de leer cualquier cosa.

    Esa es justo la lectura que no deja nada. Apenas recuerdo lo que sentí, porque no lo estaba leyendo, lo estaba cumpliendo. Y no significa que uno sea raro, ni que tenga mal gusto. Significa simplemente que hay cosas que te gustan y otras que no, y que un premio, por muy grande que sea, no vota por ti.

    El tiempo que tienes es el que es

    Aquí llega la parte práctica, que para mí es la más importante. Trabajo a jornada completa y tengo un doctorado en marcha. El tiempo que me queda para leer es el que es, y no da para mucho más.

    Con esa aritmética delante, terminar por obligación un libro que no te está dando nada deja de ser virtud y pasa a ser despilfarro. Cada hora que le regalas a un libro que no te interesa es una hora que le quitas a otro que quizá sí te habría cambiado algo. Abandonar deja de ser una rendición y pasa a ser una decisión.

    Lo que pienso ahora que yo también he publicado

    Desde que publiqué mi propio libro veo todo esto de otra manera. Si alguien empieza Nadie te espera y a las cuarenta páginas siente que no es para él, prefiero mil veces que lo cierre a que lo termine a regañadientes, mirando cuánto le queda.

    Ningún autor quiere lectores cautivos. Queremos lectores que estén ahí porque quieren estar. Un libro terminado por deber no le sirve a nadie, ni al que lo lee ni al que lo escribió.

    Entonces, ¿cuándo se abandona?

    No tengo una regla exacta y no creo que exista. Pero sí una señal bastante fiable: cuando llevas días sin coger un libro y no lo echas de menos, en realidad ya lo has abandonado. Lo único que falta es admitirlo.

    No te hace peor lector. Te hace un lector que sabe lo que quiere, que en el fondo es lo único que se le puede pedir a alguien que lee.

    ¿Y tú? ¿Qué libro dejaste a medias, y cuánto te costó reconocerlo en voz alta?

    #booklovers #bookreview #books #bookstodon #clasicos #habitosDeLectura #lectura #libros #Literatura #literaturaEnEspañol #reading
  5. Abandonar un libro a la mitad no te hace peor lector

    Durante mucho tiempo me costó dejar un libro sin terminar. Lo empezaba, no me enganchaba, y aun así seguía, con la sensación de estar cumpliendo una especie de deber. Como si abandonarlo fuera un suspenso.

    He cambiado de opinión. Abandonar un libro a la mitad no te hace peor lector. A veces te hace mejor.

    El postureo con los clásicos

    Hay una parte de la conversación literaria que es puro postureo, y se nota sobre todo con los clásicos. Casi nadie dice en voz alta que un clásico le aburrió. Se dice que es difícil, que hay que leerlo en el momento adecuado, que uno no supo apreciarlo. Cualquier cosa antes que admitir lo evidente, que no te gustó.

    Y conviene separar dos cosas que se mezclan siempre: la calidad de un libro y lo que ese libro hace contigo. Puedes reconocer que una obra es importante, que está magníficamente escrita, que cambió la literatura de un país entero, y aun así no disfrutarla. Ese reconocimiento no te obliga a nada.

    Cien años de soledad

    Foto: Unsplash

    Lo digo sin coartadas: Cien años de soledad no me marcó. No me parece un mal libro, en absoluto, y entiendo perfectamente por qué está donde está. Pero no es de los que me removieron. Lo leí, avancé, y en ningún momento sentí eso que sí he sentido con otros libros mucho menos célebres.

    Durante un tiempo eso me pareció casi un defecto mío, como si existiera un carné de lector que te retiran si García Márquez no te deslumbra.

    Beloved, o leer por obligación

    Foto: Unsplash

    El otro caso es distinto, porque ahí no tenía la opción de abandonar. Beloved, de Toni Morrison, me tocó leerlo en la carrera. Morrison ganó el Premio Nobel de Literatura, el libro es un monumento reconocido en medio mundo, y a mí no me gustó. Lo terminé porque tenía que terminarlo, que es la peor manera posible de leer cualquier cosa.

    Esa es justo la lectura que no deja nada. Apenas recuerdo lo que sentí, porque no lo estaba leyendo, lo estaba cumpliendo. Y no significa que uno sea raro, ni que tenga mal gusto. Significa simplemente que hay cosas que te gustan y otras que no, y que un premio, por muy grande que sea, no vota por ti.

    El tiempo que tienes es el que es

    Aquí llega la parte práctica, que para mí es la más importante. Trabajo a jornada completa y tengo un doctorado en marcha. El tiempo que me queda para leer es el que es, y no da para mucho más.

    Con esa aritmética delante, terminar por obligación un libro que no te está dando nada deja de ser virtud y pasa a ser despilfarro. Cada hora que le regalas a un libro que no te interesa es una hora que le quitas a otro que quizá sí te habría cambiado algo. Abandonar deja de ser una rendición y pasa a ser una decisión.

    Lo que pienso ahora que yo también he publicado

    Desde que publiqué mi propio libro veo todo esto de otra manera. Si alguien empieza Nadie te espera y a las cuarenta páginas siente que no es para él, prefiero mil veces que lo cierre a que lo termine a regañadientes, mirando cuánto le queda.

    Ningún autor quiere lectores cautivos. Queremos lectores que estén ahí porque quieren estar. Un libro terminado por deber no le sirve a nadie, ni al que lo lee ni al que lo escribió.

    Entonces, ¿cuándo se abandona?

    No tengo una regla exacta y no creo que exista. Pero sí una señal bastante fiable: cuando llevas días sin coger un libro y no lo echas de menos, en realidad ya lo has abandonado. Lo único que falta es admitirlo.

    No te hace peor lector. Te hace un lector que sabe lo que quiere, que en el fondo es lo único que se le puede pedir a alguien que lee.

    ¿Y tú? ¿Qué libro dejaste a medias, y cuánto te costó reconocerlo en voz alta?

    #booklovers #bookreview #books #bookstodon #clasicos #habitosDeLectura #lectura #libros #Literatura #literaturaEnEspañol #reading
  6. Abandonar un libro a la mitad no te hace peor lector

    Durante mucho tiempo me costó dejar un libro sin terminar. Lo empezaba, no me enganchaba, y aun así seguía, con la sensación de estar cumpliendo una especie de deber. Como si abandonarlo fuera un suspenso.

    He cambiado de opinión. Abandonar un libro a la mitad no te hace peor lector. A veces te hace mejor.

    El postureo con los clásicos

    Hay una parte de la conversación literaria que es puro postureo, y se nota sobre todo con los clásicos. Casi nadie dice en voz alta que un clásico le aburrió. Se dice que es difícil, que hay que leerlo en el momento adecuado, que uno no supo apreciarlo. Cualquier cosa antes que admitir lo evidente, que no te gustó.

    Y conviene separar dos cosas que se mezclan siempre: la calidad de un libro y lo que ese libro hace contigo. Puedes reconocer que una obra es importante, que está magníficamente escrita, que cambió la literatura de un país entero, y aun así no disfrutarla. Ese reconocimiento no te obliga a nada.

    Cien años de soledad

    Foto: Unsplash

    Lo digo sin coartadas: Cien años de soledad no me marcó. No me parece un mal libro, en absoluto, y entiendo perfectamente por qué está donde está. Pero no es de los que me removieron. Lo leí, avancé, y en ningún momento sentí eso que sí he sentido con otros libros mucho menos célebres.

    Durante un tiempo eso me pareció casi un defecto mío, como si existiera un carné de lector que te retiran si García Márquez no te deslumbra.

    Beloved, o leer por obligación

    Foto: Unsplash

    El otro caso es distinto, porque ahí no tenía la opción de abandonar. Beloved, de Toni Morrison, me tocó leerlo en la carrera. Morrison ganó el Premio Nobel de Literatura, el libro es un monumento reconocido en medio mundo, y a mí no me gustó. Lo terminé porque tenía que terminarlo, que es la peor manera posible de leer cualquier cosa.

    Esa es justo la lectura que no deja nada. Apenas recuerdo lo que sentí, porque no lo estaba leyendo, lo estaba cumpliendo. Y no significa que uno sea raro, ni que tenga mal gusto. Significa simplemente que hay cosas que te gustan y otras que no, y que un premio, por muy grande que sea, no vota por ti.

    El tiempo que tienes es el que es

    Aquí llega la parte práctica, que para mí es la más importante. Trabajo a jornada completa y tengo un doctorado en marcha. El tiempo que me queda para leer es el que es, y no da para mucho más.

    Con esa aritmética delante, terminar por obligación un libro que no te está dando nada deja de ser virtud y pasa a ser despilfarro. Cada hora que le regalas a un libro que no te interesa es una hora que le quitas a otro que quizá sí te habría cambiado algo. Abandonar deja de ser una rendición y pasa a ser una decisión.

    Lo que pienso ahora que yo también he publicado

    Desde que publiqué mi propio libro veo todo esto de otra manera. Si alguien empieza Nadie te espera y a las cuarenta páginas siente que no es para él, prefiero mil veces que lo cierre a que lo termine a regañadientes, mirando cuánto le queda.

    Ningún autor quiere lectores cautivos. Queremos lectores que estén ahí porque quieren estar. Un libro terminado por deber no le sirve a nadie, ni al que lo lee ni al que lo escribió.

    Entonces, ¿cuándo se abandona?

    No tengo una regla exacta y no creo que exista. Pero sí una señal bastante fiable: cuando llevas días sin coger un libro y no lo echas de menos, en realidad ya lo has abandonado. Lo único que falta es admitirlo.

    No te hace peor lector. Te hace un lector que sabe lo que quiere, que en el fondo es lo único que se le puede pedir a alguien que lee.

    ¿Y tú? ¿Qué libro dejaste a medias, y cuánto te costó reconocerlo en voz alta?

    #booklovers #bookreview #books #bookstodon #clasicos #habitosDeLectura #lectura #libros #Literatura #literaturaEnEspañol #reading
  7. Abandonar un libro a la mitad no te hace peor lector

    Durante mucho tiempo me costó dejar un libro sin terminar. Lo empezaba, no me enganchaba, y aun así seguía, con la sensación de estar cumpliendo una especie de deber. Como si abandonarlo fuera un suspenso.

    He cambiado de opinión. Abandonar un libro a la mitad no te hace peor lector. A veces te hace mejor.

    El postureo con los clásicos

    Hay una parte de la conversación literaria que es puro postureo, y se nota sobre todo con los clásicos. Casi nadie dice en voz alta que un clásico le aburrió. Se dice que es difícil, que hay que leerlo en el momento adecuado, que uno no supo apreciarlo. Cualquier cosa antes que admitir lo evidente, que no te gustó.

    Y conviene separar dos cosas que se mezclan siempre: la calidad de un libro y lo que ese libro hace contigo. Puedes reconocer que una obra es importante, que está magníficamente escrita, que cambió la literatura de un país entero, y aun así no disfrutarla. Ese reconocimiento no te obliga a nada.

    Cien años de soledad

    Foto: Unsplash

    Lo digo sin coartadas: Cien años de soledad no me marcó. No me parece un mal libro, en absoluto, y entiendo perfectamente por qué está donde está. Pero no es de los que me removieron. Lo leí, avancé, y en ningún momento sentí eso que sí he sentido con otros libros mucho menos célebres.

    Durante un tiempo eso me pareció casi un defecto mío, como si existiera un carné de lector que te retiran si García Márquez no te deslumbra.

    Beloved, o leer por obligación

    Foto: Unsplash

    El otro caso es distinto, porque ahí no tenía la opción de abandonar. Beloved, de Toni Morrison, me tocó leerlo en la carrera. Morrison ganó el Premio Nobel de Literatura, el libro es un monumento reconocido en medio mundo, y a mí no me gustó. Lo terminé porque tenía que terminarlo, que es la peor manera posible de leer cualquier cosa.

    Esa es justo la lectura que no deja nada. Apenas recuerdo lo que sentí, porque no lo estaba leyendo, lo estaba cumpliendo. Y no significa que uno sea raro, ni que tenga mal gusto. Significa simplemente que hay cosas que te gustan y otras que no, y que un premio, por muy grande que sea, no vota por ti.

    El tiempo que tienes es el que es

    Aquí llega la parte práctica, que para mí es la más importante. Trabajo a jornada completa y tengo un doctorado en marcha. El tiempo que me queda para leer es el que es, y no da para mucho más.

    Con esa aritmética delante, terminar por obligación un libro que no te está dando nada deja de ser virtud y pasa a ser despilfarro. Cada hora que le regalas a un libro que no te interesa es una hora que le quitas a otro que quizá sí te habría cambiado algo. Abandonar deja de ser una rendición y pasa a ser una decisión.

    Lo que pienso ahora que yo también he publicado

    Desde que publiqué mi propio libro veo todo esto de otra manera. Si alguien empieza Nadie te espera y a las cuarenta páginas siente que no es para él, prefiero mil veces que lo cierre a que lo termine a regañadientes, mirando cuánto le queda.

    Ningún autor quiere lectores cautivos. Queremos lectores que estén ahí porque quieren estar. Un libro terminado por deber no le sirve a nadie, ni al que lo lee ni al que lo escribió.

    Entonces, ¿cuándo se abandona?

    No tengo una regla exacta y no creo que exista. Pero sí una señal bastante fiable: cuando llevas días sin coger un libro y no lo echas de menos, en realidad ya lo has abandonado. Lo único que falta es admitirlo.

    No te hace peor lector. Te hace un lector que sabe lo que quiere, que en el fondo es lo único que se le puede pedir a alguien que lee.

    ¿Y tú? ¿Qué libro dejaste a medias, y cuánto te costó reconocerlo en voz alta?

    #booklovers #bookreview #books #bookstodon #clasicos #habitosDeLectura #lectura #libros #Literatura #literaturaEnEspañol #reading
  8. Abandonar un libro a la mitad no te hace peor lector

    Durante mucho tiempo me costó dejar un libro sin terminar. Lo empezaba, no me enganchaba, y aun así seguía, con la sensación de estar cumpliendo una especie de deber. Como si abandonarlo fuera un suspenso.

    He cambiado de opinión. Abandonar un libro a la mitad no te hace peor lector. A veces te hace mejor.

    El postureo con los clásicos

    Hay una parte de la conversación literaria que es puro postureo, y se nota sobre todo con los clásicos. Casi nadie dice en voz alta que un clásico le aburrió. Se dice que es difícil, que hay que leerlo en el momento adecuado, que uno no supo apreciarlo. Cualquier cosa antes que admitir lo evidente, que no te gustó.

    Y conviene separar dos cosas que se mezclan siempre: la calidad de un libro y lo que ese libro hace contigo. Puedes reconocer que una obra es importante, que está magníficamente escrita, que cambió la literatura de un país entero, y aun así no disfrutarla. Ese reconocimiento no te obliga a nada.

    Cien años de soledad

    Foto: Unsplash

    Lo digo sin coartadas: Cien años de soledad no me marcó. No me parece un mal libro, en absoluto, y entiendo perfectamente por qué está donde está. Pero no es de los que me removieron. Lo leí, avancé, y en ningún momento sentí eso que sí he sentido con otros libros mucho menos célebres.

    Durante un tiempo eso me pareció casi un defecto mío, como si existiera un carné de lector que te retiran si García Márquez no te deslumbra.

    Beloved, o leer por obligación

    Foto: Unsplash

    El otro caso es distinto, porque ahí no tenía la opción de abandonar. Beloved, de Toni Morrison, me tocó leerlo en la carrera. Morrison ganó el Premio Nobel de Literatura, el libro es un monumento reconocido en medio mundo, y a mí no me gustó. Lo terminé porque tenía que terminarlo, que es la peor manera posible de leer cualquier cosa.

    Esa es justo la lectura que no deja nada. Apenas recuerdo lo que sentí, porque no lo estaba leyendo, lo estaba cumpliendo. Y no significa que uno sea raro, ni que tenga mal gusto. Significa simplemente que hay cosas que te gustan y otras que no, y que un premio, por muy grande que sea, no vota por ti.

    El tiempo que tienes es el que es

    Aquí llega la parte práctica, que para mí es la más importante. Trabajo a jornada completa y tengo un doctorado en marcha. El tiempo que me queda para leer es el que es, y no da para mucho más.

    Con esa aritmética delante, terminar por obligación un libro que no te está dando nada deja de ser virtud y pasa a ser despilfarro. Cada hora que le regalas a un libro que no te interesa es una hora que le quitas a otro que quizá sí te habría cambiado algo. Abandonar deja de ser una rendición y pasa a ser una decisión.

    Lo que pienso ahora que yo también he publicado

    Desde que publiqué mi propio libro veo todo esto de otra manera. Si alguien empieza Nadie te espera y a las cuarenta páginas siente que no es para él, prefiero mil veces que lo cierre a que lo termine a regañadientes, mirando cuánto le queda.

    Ningún autor quiere lectores cautivos. Queremos lectores que estén ahí porque quieren estar. Un libro terminado por deber no le sirve a nadie, ni al que lo lee ni al que lo escribió.

    Entonces, ¿cuándo se abandona?

    No tengo una regla exacta y no creo que exista. Pero sí una señal bastante fiable: cuando llevas días sin coger un libro y no lo echas de menos, en realidad ya lo has abandonado. Lo único que falta es admitirlo.

    No te hace peor lector. Te hace un lector que sabe lo que quiere, que en el fondo es lo único que se le puede pedir a alguien que lee.

    ¿Y tú? ¿Qué libro dejaste a medias, y cuánto te costó reconocerlo en voz alta?

    #booklovers #bookreview #books #bookstodon #clasicos #habitosDeLectura #lectura #libros #Literatura #literaturaEnEspañol #reading
  9. 🎸Esa guitarra que arranca con fuerza, el sombrero de ala ancha que oculta la mirada y una puntería letal que no falla un tiro.
    Antonio Banderas en Desperado definió toda una época a base de carisma, pólvora y esa "Canción del Mariachi" que se te graba en la cabeza y te entran ganas de pedir un tequila al momento.
    Un clásico absoluto donde la música y la acción se mezclan con pura chulería. 🎸🤠🔥

    🎶🎵🎶🎵

    #desperado #mariachi #banderas #cine #clasicos

    youtube.com/watch?v=w5fLGWrHou

  10. El Ferrari 750 Monza (1954) es una joya: motor 4 cilindros de 3.0L, más de 250 CV y un diseño que combina potencia y elegancia.

    No solo corrió, dejó una huella imborrable en la historia de la automoción.

    ¿Prefieres esta obra clásica o los Ferrari modernos con motor V12? ¡Abro debate!

    #Ferrari #Clásicos #Automoción #Diseño #Historia