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🧿 𝑬𝒗𝒂𝒏 𝑶’𝑵𝒆𝒊𝒍𝒍 𝑲𝒂𝒏𝒆: 𝒆𝒍 𝒄𝒊𝒓𝒖𝒋𝒂𝒏𝒐 𝒒𝒖𝒆 𝒔𝒆 𝒐𝒑𝒆𝒓𝒐́ 𝒂 𝒔𝒊́ 𝒎𝒊𝒔𝒎𝒐 🧿
El 15 de febrero de 1921, el cirujano Evan O’Neill Kane entró en el quirófano del Kane Summit Hospital, en Kane, Pensilvania, pero aquella vez no iba a operar a nadie.
El paciente era él.Tenía una apendicitis que requería una apendicectomía y Kane decidió aprovechar la ocasión para poner a prueba una idea que llevaba años defendiendo: que determinadas operaciones podían realizarse con anestesia local y que, en algunos casos, no era necesario someter al paciente a una anestesia general.
En aquella época la anestesia general con éter o cloroformo tenía riesgos que hoy nos cuesta imaginar.
La anestesia local ya se utilizaba en cirugía, pero Kane quería demostrar hasta dónde podía llegar.Y decidió demostrarlo sobre su propio cuerpo.
Antes de comenzar recibió morfina para disminuir el dolor y la ansiedad.
Después le infiltraron la pared abdominal con una solución anestésica basada en cocaína y adrenalina.
No utilizó novocaína, como se ha contado posteriormente en algunas versiones populares del episodio.Kane no podía simplemente tumbarse y esperar a que otro cirujano hiciera el trabajo.
Tenía que encontrar una posición desde la que pudiera ver y alcanzar su propio abdomen.Elevaron la cabecera de la mesa y colocaron almohadas para mantenerlo inclinado hacia delante.
De esa manera podía mirar directamente la zona que iba a operar.Había tres asistentes quirúrgicos preparados para intervenir si algo salía mal.
Kane hizo la incisión.
Medía aproximadamente tres pulgadas y media, unos nueve centímetros, y era más larga de lo que normalmente habría utilizado en un paciente.
Él mismo explicó que había preferido hacerla mayor porque estaba operando sobre su propio cuerpo y no quería encontrarse con dificultades de acceso una vez comenzada la intervención.Fue avanzando a través de la pared abdominal hasta llegar a la cavidad abdominal.
Encontró el apéndice.
Uno de sus ayudantes lo sostuvo mientras Kane lo ligaba y lo extirpaba.
Todo mientras permanecía consciente.
Lo extraordinario del caso no fue únicamente que consiguiera retirar su propio apéndice.
Kane estaba realizando además una especie de experimento sobre la experiencia del paciente.
Al estar despierto podía describir qué movimientos producían molestias, qué zonas eran insensibles y qué parte de la intervención resultaba realmente dolorosa.La operación no fue completamente indolora, pero el dolor permaneció dentro de unos límites que Kane consideró soportables.
Cuando llegó el momento de cerrar la herida, dejó que fueran sus ayudantes quienes terminaran la intervención.
Se recuperó sin complicaciones importantes.
Después publicó su experiencia en un artículo titulado **“Autoappendectomy: A Case History”**, donde explicó con detalle cómo había realizado la operación y defendió nuevamente el uso de la anestesia local en pacientes adecuados.
Su conclusión era bastante más atrevida que la simple demostración de que un cirujano podía operarse a sí mismo.
Kane consideraba que la experiencia demostraba que determinados procedimientos abdominales podían realizarse sin anestesia general y que la cirugía local podía tener un campo mucho más amplio del que se le concedía entonces.La prensa, naturalmente, encontró la historia irresistible.
Un cirujano que se abre el abdomen, busca su propio apéndice y se lo extirpa mientras está despierto era mucho más llamativo que cualquier discusión sobre técnicas anestésicas.
Pero Kane no era un hombre que buscara únicamente notoriedad.
Había nacido en 1861 y llevaba muchos años trabajando como cirujano.
Su interés por la anestesia local estaba relacionado con una cuestión que preocupaba a muchos médicos de su época: cómo reducir los riesgos asociados a la anestesia general y conseguir que determinados pacientes pudieran tolerar intervenciones quirúrgicas importantes permaneciendo conscientes.La autoapendicectomía de 1921 tampoco fue el primer intento de este tipo.
En 1912, el cirujano estadounidense Bertram F. Alden había intentado realizarse una apendicectomía bajo anestesia espinal.
Sin embargo, no llegó a completar él mismo la intervención y finalmente tuvo que dejar que uno de sus ayudantes terminara la operación.Kane consiguió completar la suya.
Por eso la literatura médica histórica considera la intervención de 1921 la primera autoapendicectomía completa documentada.
Pero Kane no había terminado.
Once años después volvió a ponerse en el lugar del paciente.
En 1932 decidió operarse nuevamente, esta vez para reparar una hernia inguinal.
De nuevo utilizó anestesia local y volvió a participar activamente en la intervención.No era ya una demostración aislada.
Kane había convertido su propio cuerpo en una especie de laboratorio quirúrgico para defender una filosofía médica.Y eso resulta todavía más llamativo cuando se recuerda que por entonces la cirugía abdominal seguía siendo mucho más peligrosa que en la actualidad.
No existían los antibióticos modernos, la monitorización anestésica era muy limitada y los cirujanos disponían de recursos que hoy consideraríamos rudimentarios.Kane murió en 1933, poco después de haber realizado aquella segunda operación sobre sí mismo.
Su nombre quedó unido para siempre a una de las historias más extrañas de la historia de la cirugía.
Años después, otro médico llevaría la autooperación mucho más lejos.
En 1961, el cirujano soviético Leonid Rogozov se encontraba en una estación antártica cuando desarrolló una apendicitis grave.
Era el único médico de la expedición y no podía ser evacuado con rapidez.
Terminó operándose a sí mismo con anestesia local, utilizando un espejo y ayudado por varios compañeros sin formación quirúrgica.Pero esa es otra historia.
Kane tuvo quirófano, asistentes y un hospital a su alrededor.
Rogozov tenía la Antártida al otro lado de la puerta.
Lo que ambos compartieron fue algo que todavía resulta difícil de imaginar: en algún momento tuvieron que confiar en sus propios conocimientos mientras eran ellos mismos quienes estaban tumbados sobre la mesa de operaciones.
La diferencia es importante.
Kane no tuvo que hacerlo porque no hubiera otra opción.
Se convirtió voluntariamente en su propio paciente para demostrar que una cirugía podía realizarse de una manera que muchos de sus contemporáneos todavía consideraban arriesgada.
Y, más de un siglo después, aquella operación sigue siendo una de las demostraciones más insólitas de la historia de la cirugía.
No porque un hombre quisiera hacerse el héroe.
Sino porque decidió comprobar en su propia carne hasta dónde podía llegar la medicina de su tiempo.
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#historia #historiadelamedicina #cirugia #medicina #curiosidadeshistoricas #evanoneillkane #kane #apendicitis #apendicectomia #anestesia #historiadelaciencia #historiasreales #ecosdelpasado
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🧿 𝑬𝒗𝒂𝒏 𝑶’𝑵𝒆𝒊𝒍𝒍 𝑲𝒂𝒏𝒆: 𝒆𝒍 𝒄𝒊𝒓𝒖𝒋𝒂𝒏𝒐 𝒒𝒖𝒆 𝒔𝒆 𝒐𝒑𝒆𝒓𝒐́ 𝒂 𝒔𝒊́ 𝒎𝒊𝒔𝒎𝒐 🧿
El 15 de febrero de 1921, el cirujano Evan O’Neill Kane entró en el quirófano del Kane Summit Hospital, en Kane, Pensilvania, pero aquella vez no iba a operar a nadie.
El paciente era él.Tenía una apendicitis que requería una apendicectomía y Kane decidió aprovechar la ocasión para poner a prueba una idea que llevaba años defendiendo: que determinadas operaciones podían realizarse con anestesia local y que, en algunos casos, no era necesario someter al paciente a una anestesia general.
En aquella época la anestesia general con éter o cloroformo tenía riesgos que hoy nos cuesta imaginar.
La anestesia local ya se utilizaba en cirugía, pero Kane quería demostrar hasta dónde podía llegar.Y decidió demostrarlo sobre su propio cuerpo.
Antes de comenzar recibió morfina para disminuir el dolor y la ansiedad.
Después le infiltraron la pared abdominal con una solución anestésica basada en cocaína y adrenalina.
No utilizó novocaína, como se ha contado posteriormente en algunas versiones populares del episodio.Kane no podía simplemente tumbarse y esperar a que otro cirujano hiciera el trabajo.
Tenía que encontrar una posición desde la que pudiera ver y alcanzar su propio abdomen.Elevaron la cabecera de la mesa y colocaron almohadas para mantenerlo inclinado hacia delante.
De esa manera podía mirar directamente la zona que iba a operar.Había tres asistentes quirúrgicos preparados para intervenir si algo salía mal.
Kane hizo la incisión.
Medía aproximadamente tres pulgadas y media, unos nueve centímetros, y era más larga de lo que normalmente habría utilizado en un paciente.
Él mismo explicó que había preferido hacerla mayor porque estaba operando sobre su propio cuerpo y no quería encontrarse con dificultades de acceso una vez comenzada la intervención.Fue avanzando a través de la pared abdominal hasta llegar a la cavidad abdominal.
Encontró el apéndice.
Uno de sus ayudantes lo sostuvo mientras Kane lo ligaba y lo extirpaba.
Todo mientras permanecía consciente.
Lo extraordinario del caso no fue únicamente que consiguiera retirar su propio apéndice.
Kane estaba realizando además una especie de experimento sobre la experiencia del paciente.
Al estar despierto podía describir qué movimientos producían molestias, qué zonas eran insensibles y qué parte de la intervención resultaba realmente dolorosa.La operación no fue completamente indolora, pero el dolor permaneció dentro de unos límites que Kane consideró soportables.
Cuando llegó el momento de cerrar la herida, dejó que fueran sus ayudantes quienes terminaran la intervención.
Se recuperó sin complicaciones importantes.
Después publicó su experiencia en un artículo titulado **“Autoappendectomy: A Case History”**, donde explicó con detalle cómo había realizado la operación y defendió nuevamente el uso de la anestesia local en pacientes adecuados.
Su conclusión era bastante más atrevida que la simple demostración de que un cirujano podía operarse a sí mismo.
Kane consideraba que la experiencia demostraba que determinados procedimientos abdominales podían realizarse sin anestesia general y que la cirugía local podía tener un campo mucho más amplio del que se le concedía entonces.La prensa, naturalmente, encontró la historia irresistible.
Un cirujano que se abre el abdomen, busca su propio apéndice y se lo extirpa mientras está despierto era mucho más llamativo que cualquier discusión sobre técnicas anestésicas.
Pero Kane no era un hombre que buscara únicamente notoriedad.
Había nacido en 1861 y llevaba muchos años trabajando como cirujano.
Su interés por la anestesia local estaba relacionado con una cuestión que preocupaba a muchos médicos de su época: cómo reducir los riesgos asociados a la anestesia general y conseguir que determinados pacientes pudieran tolerar intervenciones quirúrgicas importantes permaneciendo conscientes.La autoapendicectomía de 1921 tampoco fue el primer intento de este tipo.
En 1912, el cirujano estadounidense Bertram F. Alden había intentado realizarse una apendicectomía bajo anestesia espinal.
Sin embargo, no llegó a completar él mismo la intervención y finalmente tuvo que dejar que uno de sus ayudantes terminara la operación.Kane consiguió completar la suya.
Por eso la literatura médica histórica considera la intervención de 1921 la primera autoapendicectomía completa documentada.
Pero Kane no había terminado.
Once años después volvió a ponerse en el lugar del paciente.
En 1932 decidió operarse nuevamente, esta vez para reparar una hernia inguinal.
De nuevo utilizó anestesia local y volvió a participar activamente en la intervención.No era ya una demostración aislada.
Kane había convertido su propio cuerpo en una especie de laboratorio quirúrgico para defender una filosofía médica.Y eso resulta todavía más llamativo cuando se recuerda que por entonces la cirugía abdominal seguía siendo mucho más peligrosa que en la actualidad.
No existían los antibióticos modernos, la monitorización anestésica era muy limitada y los cirujanos disponían de recursos que hoy consideraríamos rudimentarios.Kane murió en 1933, poco después de haber realizado aquella segunda operación sobre sí mismo.
Su nombre quedó unido para siempre a una de las historias más extrañas de la historia de la cirugía.
Años después, otro médico llevaría la autooperación mucho más lejos.
En 1961, el cirujano soviético Leonid Rogozov se encontraba en una estación antártica cuando desarrolló una apendicitis grave.
Era el único médico de la expedición y no podía ser evacuado con rapidez.
Terminó operándose a sí mismo con anestesia local, utilizando un espejo y ayudado por varios compañeros sin formación quirúrgica.Pero esa es otra historia.
Kane tuvo quirófano, asistentes y un hospital a su alrededor.
Rogozov tenía la Antártida al otro lado de la puerta.
Lo que ambos compartieron fue algo que todavía resulta difícil de imaginar: en algún momento tuvieron que confiar en sus propios conocimientos mientras eran ellos mismos quienes estaban tumbados sobre la mesa de operaciones.
La diferencia es importante.
Kane no tuvo que hacerlo porque no hubiera otra opción.
Se convirtió voluntariamente en su propio paciente para demostrar que una cirugía podía realizarse de una manera que muchos de sus contemporáneos todavía consideraban arriesgada.
Y, más de un siglo después, aquella operación sigue siendo una de las demostraciones más insólitas de la historia de la cirugía.
No porque un hombre quisiera hacerse el héroe.
Sino porque decidió comprobar en su propia carne hasta dónde podía llegar la medicina de su tiempo.
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#historia #historiadelamedicina #cirugia #medicina #curiosidadeshistoricas #evanoneillkane #kane #apendicitis #apendicectomia #anestesia #historiadelaciencia #historiasreales #ecosdelpasado
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🧿 𝑬𝒗𝒂𝒏 𝑶’𝑵𝒆𝒊𝒍𝒍 𝑲𝒂𝒏𝒆: 𝒆𝒍 𝒄𝒊𝒓𝒖𝒋𝒂𝒏𝒐 𝒒𝒖𝒆 𝒔𝒆 𝒐𝒑𝒆𝒓𝒐́ 𝒂 𝒔𝒊́ 𝒎𝒊𝒔𝒎𝒐 🧿
El 15 de febrero de 1921, el cirujano Evan O’Neill Kane entró en el quirófano del Kane Summit Hospital, en Kane, Pensilvania, pero aquella vez no iba a operar a nadie.
El paciente era él.Tenía una apendicitis que requería una apendicectomía y Kane decidió aprovechar la ocasión para poner a prueba una idea que llevaba años defendiendo: que determinadas operaciones podían realizarse con anestesia local y que, en algunos casos, no era necesario someter al paciente a una anestesia general.
En aquella época la anestesia general con éter o cloroformo tenía riesgos que hoy nos cuesta imaginar.
La anestesia local ya se utilizaba en cirugía, pero Kane quería demostrar hasta dónde podía llegar.Y decidió demostrarlo sobre su propio cuerpo.
Antes de comenzar recibió morfina para disminuir el dolor y la ansiedad.
Después le infiltraron la pared abdominal con una solución anestésica basada en cocaína y adrenalina.
No utilizó novocaína, como se ha contado posteriormente en algunas versiones populares del episodio.Kane no podía simplemente tumbarse y esperar a que otro cirujano hiciera el trabajo.
Tenía que encontrar una posición desde la que pudiera ver y alcanzar su propio abdomen.Elevaron la cabecera de la mesa y colocaron almohadas para mantenerlo inclinado hacia delante.
De esa manera podía mirar directamente la zona que iba a operar.Había tres asistentes quirúrgicos preparados para intervenir si algo salía mal.
Kane hizo la incisión.
Medía aproximadamente tres pulgadas y media, unos nueve centímetros, y era más larga de lo que normalmente habría utilizado en un paciente.
Él mismo explicó que había preferido hacerla mayor porque estaba operando sobre su propio cuerpo y no quería encontrarse con dificultades de acceso una vez comenzada la intervención.Fue avanzando a través de la pared abdominal hasta llegar a la cavidad abdominal.
Encontró el apéndice.
Uno de sus ayudantes lo sostuvo mientras Kane lo ligaba y lo extirpaba.
Todo mientras permanecía consciente.
Lo extraordinario del caso no fue únicamente que consiguiera retirar su propio apéndice.
Kane estaba realizando además una especie de experimento sobre la experiencia del paciente.
Al estar despierto podía describir qué movimientos producían molestias, qué zonas eran insensibles y qué parte de la intervención resultaba realmente dolorosa.La operación no fue completamente indolora, pero el dolor permaneció dentro de unos límites que Kane consideró soportables.
Cuando llegó el momento de cerrar la herida, dejó que fueran sus ayudantes quienes terminaran la intervención.
Se recuperó sin complicaciones importantes.
Después publicó su experiencia en un artículo titulado **“Autoappendectomy: A Case History”**, donde explicó con detalle cómo había realizado la operación y defendió nuevamente el uso de la anestesia local en pacientes adecuados.
Su conclusión era bastante más atrevida que la simple demostración de que un cirujano podía operarse a sí mismo.
Kane consideraba que la experiencia demostraba que determinados procedimientos abdominales podían realizarse sin anestesia general y que la cirugía local podía tener un campo mucho más amplio del que se le concedía entonces.La prensa, naturalmente, encontró la historia irresistible.
Un cirujano que se abre el abdomen, busca su propio apéndice y se lo extirpa mientras está despierto era mucho más llamativo que cualquier discusión sobre técnicas anestésicas.
Pero Kane no era un hombre que buscara únicamente notoriedad.
Había nacido en 1861 y llevaba muchos años trabajando como cirujano.
Su interés por la anestesia local estaba relacionado con una cuestión que preocupaba a muchos médicos de su época: cómo reducir los riesgos asociados a la anestesia general y conseguir que determinados pacientes pudieran tolerar intervenciones quirúrgicas importantes permaneciendo conscientes.La autoapendicectomía de 1921 tampoco fue el primer intento de este tipo.
En 1912, el cirujano estadounidense Bertram F. Alden había intentado realizarse una apendicectomía bajo anestesia espinal.
Sin embargo, no llegó a completar él mismo la intervención y finalmente tuvo que dejar que uno de sus ayudantes terminara la operación.Kane consiguió completar la suya.
Por eso la literatura médica histórica considera la intervención de 1921 la primera autoapendicectomía completa documentada.
Pero Kane no había terminado.
Once años después volvió a ponerse en el lugar del paciente.
En 1932 decidió operarse nuevamente, esta vez para reparar una hernia inguinal.
De nuevo utilizó anestesia local y volvió a participar activamente en la intervención.No era ya una demostración aislada.
Kane había convertido su propio cuerpo en una especie de laboratorio quirúrgico para defender una filosofía médica.Y eso resulta todavía más llamativo cuando se recuerda que por entonces la cirugía abdominal seguía siendo mucho más peligrosa que en la actualidad.
No existían los antibióticos modernos, la monitorización anestésica era muy limitada y los cirujanos disponían de recursos que hoy consideraríamos rudimentarios.Kane murió en 1933, poco después de haber realizado aquella segunda operación sobre sí mismo.
Su nombre quedó unido para siempre a una de las historias más extrañas de la historia de la cirugía.
Años después, otro médico llevaría la autooperación mucho más lejos.
En 1961, el cirujano soviético Leonid Rogozov se encontraba en una estación antártica cuando desarrolló una apendicitis grave.
Era el único médico de la expedición y no podía ser evacuado con rapidez.
Terminó operándose a sí mismo con anestesia local, utilizando un espejo y ayudado por varios compañeros sin formación quirúrgica.Pero esa es otra historia.
Kane tuvo quirófano, asistentes y un hospital a su alrededor.
Rogozov tenía la Antártida al otro lado de la puerta.
Lo que ambos compartieron fue algo que todavía resulta difícil de imaginar: en algún momento tuvieron que confiar en sus propios conocimientos mientras eran ellos mismos quienes estaban tumbados sobre la mesa de operaciones.
La diferencia es importante.
Kane no tuvo que hacerlo porque no hubiera otra opción.
Se convirtió voluntariamente en su propio paciente para demostrar que una cirugía podía realizarse de una manera que muchos de sus contemporáneos todavía consideraban arriesgada.
Y, más de un siglo después, aquella operación sigue siendo una de las demostraciones más insólitas de la historia de la cirugía.
No porque un hombre quisiera hacerse el héroe.
Sino porque decidió comprobar en su propia carne hasta dónde podía llegar la medicina de su tiempo.
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