Raíces de la medicina: El legado científico de las brujas y el chamanismo
El conocimiento botánico y psicológico del mundo antiguo que da forma a los tratamientos clínicos del siglo XXI
El pensamiento popular contemporáneo mantiene un fuerte prejuicio que relega a las brujas, magos, chamanes y hechiceros al terreno exclusivo de los cuentos de hadas, la literatura de ficción o los catalogan de forma directa como charlatanes y timadores que engañan a las personas. Sin embargo, cuando se analiza el pasado con rigor histórico alejado de los mitos, se descubre que una bruja, un mago o un chamán, entendidos en el término original y correcto de sus funciones comunitarias, eran en muchos sentidos los científicos y los médicos primitivos de la humanidad. En épocas donde no existían los laboratorios farmacéuticos, los hospitales ni los microscopios, estas personas se encargaban de observar de forma minuciosa la naturaleza, experimentando con aciertos y errores para catalogar qué elementos de su entorno podían salvar vidas o calmar el dolor de los enfermos de sus tribus y pueblos.
La medicina moderna y la industria farmacéutica actual le deben una cantidad infinita de descubrimientos a este viejo conocimiento acumulado por las brujas y curanderas a lo largo de los siglos. Una parte muy grande de las pastillas, jarabes y tratamientos que compramos hoy en las farmacias están basados directamente en los extractos de plantas medicinales que estas mujeres hervían en sus calderos. Por ejemplo, el uso de la corteza del sauce para bajar la fiebre y calmar dolores de cabeza, algo que las curanderas recomendaban de forma común, se transformó con los años en el ácido acetilsalicílico, conocido a nivel mundial como aspirina. De igual manera, plantas altamente potentes como la digitalis o dedalera, que las brujas manejaban con un cuidado extremo para regular los latidos del corazón de los ancianos, dieron origen a la digoxina, un medicamento que los cardiólogos siguen recetando en los hospitales modernos para tratar las fallas cardíacas.
Esta deuda histórica no se limita únicamente al cuerpo físico, sino que se extiende también a la salud mental. Disciplinas médicas como la psicología, la psiquiatría y la neurociencia apenas están redescubriendo en estos tiempos viejos saberes, tratamientos y remedios que los magos y los chamanes de distintas culturas conocían y aplicaban desde hace milenios. Los rituales de sanación que la antropología clásica miraba con desdén eran en realidad terapias psicológicas colectivas muy avanzadas que lograban reducir los niveles de estrés, curar traumas comunitarios y equilibrar el estado de ánimo de los individuos mediante el uso de la sugestión, la música, el aislamiento y el contacto directo con la naturaleza. Hoy en día, la neurociencia estudia con asombro cómo ciertos extractos de plantas sagradas y hongos que los chamanes manejaban con un respeto absoluto tienen la capacidad real de modificar la química del cerebro, abriendo nuevas puertas para curar la depresión severa o la ansiedad crónica, demostrando que aquellos médicos de la antigüedad no jugaban a la magia, sino que dominaban una ciencia práctica que el mundo actual apenas está logrando comprender por completo.
— A. Eldritch, Periodista, Locutor, podcaster y bloger del fediverso
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