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#cerebrohumano — Public Fediverse posts

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  1. #datocurioso

    ¿Sabían que la primera máquina para medir las ondas cerebrales se inventó por una obsesión personal con la telepatía?

    El nacimiento del electroencefalograma es una de las historias más extrañas de la medicina. En el año 1893, un joven psiquiatra alemán llamado Hans Berger sufrió un grave accidente mientras montaba a caballo durante sus prácticas militares y estuvo a punto de ser aplastado por un cañón de artillería. Lo increíble fue que ese mismo día, su hermana, que estaba a muchísimos kilómetros de distancia y no sabía nada de lo ocurrido, sintió un miedo terrible y le rogó a su padre que le telegrafiara para saber si estaba bien. Berger quedó tan impactado por esta coincidencia que se obsesionó con encontrar la base física de la telepatía, convenciéndose de que el cerebro humano debía emitir algún tipo de energía u onda eléctrica capaz de viajar por el espacio.

    Para intentar demostrar su teoría, Berger pasó años metido en su laboratorio de la Universidad de Jena buscando la manera de atrapar esa escurridiza señal mental. El gran momento llegó el 6 de julio de 1924, cuando logró realizar el primer registro de la actividad eléctrica en un paciente humano. El aparato que armó era un verdadero monstruo mecánico para la época: utilizaba hilos de plata que introducía debajo del cuero cabelludo de los pacientes —aunque después mejoró el sistema usando láminas de plata sujetas con bandas de goma— conectados a unos amplificadores muy delicados y a un galvanómetro, que era un dispositivo que movía una aguja con tinta para dibujar las ondas sobre un rollo de papel en movimiento.

    Al ver los primeros trazos impresos, Berger descubrió un ritmo constante que bautizó como ondas alfa, las cuales hoy conocemos en el mundo de la ciencia como el ritmo de Berger en su honor. A pesar de lo revolucionario de su invento, la comunidad científica de los años 20 pensó que estaba loco, ignoró sus publicaciones durante una década entera y afirmaba que sus máquinas solo registraban el parpadeo de los ojos o los latidos del corazón. No fue sino hasta el año 1934 cuando otros investigadores ingleses repitieron el experimento y confirmaron que el psiquiatra tenía toda la razón, transformando un aparato nacido para buscar la telepatía en la herramienta médica más importante de la historia para estudiar el cerebro y diagnosticar la epilepsia.

    — A. Eldritch, Periodista, Locutor, podcaster y blogger del fediverso

    Alt text via @altbot y @TeLoDescribot

    #Electroencefalograma #HistoriaMedicina #HansBerger #Ciencia #DatosCuriosos #CerebroHumano

  2. #datocurioso

    ¿Sabían que la primera máquina para medir las ondas cerebrales se inventó por una obsesión personal con la telepatía?

    El nacimiento del electroencefalograma es una de las historias más extrañas de la medicina. En el año 1893, un joven psiquiatra alemán llamado Hans Berger sufrió un grave accidente mientras montaba a caballo durante sus prácticas militares y estuvo a punto de ser aplastado por un cañón de artillería. Lo increíble fue que ese mismo día, su hermana, que estaba a muchísimos kilómetros de distancia y no sabía nada de lo ocurrido, sintió un miedo terrible y le rogó a su padre que le telegrafiara para saber si estaba bien. Berger quedó tan impactado por esta coincidencia que se obsesionó con encontrar la base física de la telepatía, convenciéndose de que el cerebro humano debía emitir algún tipo de energía u onda eléctrica capaz de viajar por el espacio.

    Para intentar demostrar su teoría, Berger pasó años metido en su laboratorio de la Universidad de Jena buscando la manera de atrapar esa escurridiza señal mental. El gran momento llegó el 6 de julio de 1924, cuando logró realizar el primer registro de la actividad eléctrica en un paciente humano. El aparato que armó era un verdadero monstruo mecánico para la época: utilizaba hilos de plata que introducía debajo del cuero cabelludo de los pacientes —aunque después mejoró el sistema usando láminas de plata sujetas con bandas de goma— conectados a unos amplificadores muy delicados y a un galvanómetro, que era un dispositivo que movía una aguja con tinta para dibujar las ondas sobre un rollo de papel en movimiento.

    Al ver los primeros trazos impresos, Berger descubrió un ritmo constante que bautizó como ondas alfa, las cuales hoy conocemos en el mundo de la ciencia como el ritmo de Berger en su honor. A pesar de lo revolucionario de su invento, la comunidad científica de los años 20 pensó que estaba loco, ignoró sus publicaciones durante una década entera y afirmaba que sus máquinas solo registraban el parpadeo de los ojos o los latidos del corazón. No fue sino hasta el año 1934 cuando otros investigadores ingleses repitieron el experimento y confirmaron que el psiquiatra tenía toda la razón, transformando un aparato nacido para buscar la telepatía en la herramienta médica más importante de la historia para estudiar el cerebro y diagnosticar la epilepsia.

    — A. Eldritch, Periodista, Locutor, podcaster y blogger del fediverso

    Alt text via @altbot y @TeLoDescribot

    #Electroencefalograma #HistoriaMedicina #HansBerger #Ciencia #DatosCuriosos #CerebroHumano

  3. #datocurioso

    ¿Sabían que la primera máquina para medir las ondas cerebrales se inventó por una obsesión personal con la telepatía?

    El nacimiento del electroencefalograma es una de las historias más extrañas de la medicina. En el año 1893, un joven psiquiatra alemán llamado Hans Berger sufrió un grave accidente mientras montaba a caballo durante sus prácticas militares y estuvo a punto de ser aplastado por un cañón de artillería. Lo increíble fue que ese mismo día, su hermana, que estaba a muchísimos kilómetros de distancia y no sabía nada de lo ocurrido, sintió un miedo terrible y le rogó a su padre que le telegrafiara para saber si estaba bien. Berger quedó tan impactado por esta coincidencia que se obsesionó con encontrar la base física de la telepatía, convenciéndose de que el cerebro humano debía emitir algún tipo de energía u onda eléctrica capaz de viajar por el espacio.

    Para intentar demostrar su teoría, Berger pasó años metido en su laboratorio de la Universidad de Jena buscando la manera de atrapar esa escurridiza señal mental. El gran momento llegó el 6 de julio de 1924, cuando logró realizar el primer registro de la actividad eléctrica en un paciente humano. El aparato que armó era un verdadero monstruo mecánico para la época: utilizaba hilos de plata que introducía debajo del cuero cabelludo de los pacientes —aunque después mejoró el sistema usando láminas de plata sujetas con bandas de goma— conectados a unos amplificadores muy delicados y a un galvanómetro, que era un dispositivo que movía una aguja con tinta para dibujar las ondas sobre un rollo de papel en movimiento.

    Al ver los primeros trazos impresos, Berger descubrió un ritmo constante que bautizó como ondas alfa, las cuales hoy conocemos en el mundo de la ciencia como el ritmo de Berger en su honor. A pesar de lo revolucionario de su invento, la comunidad científica de los años 20 pensó que estaba loco, ignoró sus publicaciones durante una década entera y afirmaba que sus máquinas solo registraban el parpadeo de los ojos o los latidos del corazón. No fue sino hasta el año 1934 cuando otros investigadores ingleses repitieron el experimento y confirmaron que el psiquiatra tenía toda la razón, transformando un aparato nacido para buscar la telepatía en la herramienta médica más importante de la historia para estudiar el cerebro y diagnosticar la epilepsia.

    — A. Eldritch, Periodista, Locutor, podcaster y blogger del fediverso

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    #Electroencefalograma #HistoriaMedicina #HansBerger #Ciencia #DatosCuriosos #CerebroHumano

  4. #datocurioso

    ¿Sabían que la primera máquina para medir las ondas cerebrales se inventó por una obsesión personal con la telepatía?

    El nacimiento del electroencefalograma es una de las historias más extrañas de la medicina. En el año 1893, un joven psiquiatra alemán llamado Hans Berger sufrió un grave accidente mientras montaba a caballo durante sus prácticas militares y estuvo a punto de ser aplastado por un cañón de artillería. Lo increíble fue que ese mismo día, su hermana, que estaba a muchísimos kilómetros de distancia y no sabía nada de lo ocurrido, sintió un miedo terrible y le rogó a su padre que le telegrafiara para saber si estaba bien. Berger quedó tan impactado por esta coincidencia que se obsesionó con encontrar la base física de la telepatía, convenciéndose de que el cerebro humano debía emitir algún tipo de energía u onda eléctrica capaz de viajar por el espacio.

    Para intentar demostrar su teoría, Berger pasó años metido en su laboratorio de la Universidad de Jena buscando la manera de atrapar esa escurridiza señal mental. El gran momento llegó el 6 de julio de 1924, cuando logró realizar el primer registro de la actividad eléctrica en un paciente humano. El aparato que armó era un verdadero monstruo mecánico para la época: utilizaba hilos de plata que introducía debajo del cuero cabelludo de los pacientes —aunque después mejoró el sistema usando láminas de plata sujetas con bandas de goma— conectados a unos amplificadores muy delicados y a un galvanómetro, que era un dispositivo que movía una aguja con tinta para dibujar las ondas sobre un rollo de papel en movimiento.

    Al ver los primeros trazos impresos, Berger descubrió un ritmo constante que bautizó como ondas alfa, las cuales hoy conocemos en el mundo de la ciencia como el ritmo de Berger en su honor. A pesar de lo revolucionario de su invento, la comunidad científica de los años 20 pensó que estaba loco, ignoró sus publicaciones durante una década entera y afirmaba que sus máquinas solo registraban el parpadeo de los ojos o los latidos del corazón. No fue sino hasta el año 1934 cuando otros investigadores ingleses repitieron el experimento y confirmaron que el psiquiatra tenía toda la razón, transformando un aparato nacido para buscar la telepatía en la herramienta médica más importante de la historia para estudiar el cerebro y diagnosticar la epilepsia.

    — A. Eldritch, Periodista, Locutor, podcaster y blogger del fediverso

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    #Electroencefalograma #HistoriaMedicina #HansBerger #Ciencia #DatosCuriosos #CerebroHumano

  5. #datocurioso

    ¿Sabían que la primera máquina para medir las ondas cerebrales se inventó por una obsesión personal con la telepatía?

    El nacimiento del electroencefalograma es una de las historias más extrañas de la medicina. En el año 1893, un joven psiquiatra alemán llamado Hans Berger sufrió un grave accidente mientras montaba a caballo durante sus prácticas militares y estuvo a punto de ser aplastado por un cañón de artillería. Lo increíble fue que ese mismo día, su hermana, que estaba a muchísimos kilómetros de distancia y no sabía nada de lo ocurrido, sintió un miedo terrible y le rogó a su padre que le telegrafiara para saber si estaba bien. Berger quedó tan impactado por esta coincidencia que se obsesionó con encontrar la base física de la telepatía, convenciéndose de que el cerebro humano debía emitir algún tipo de energía u onda eléctrica capaz de viajar por el espacio.

    Para intentar demostrar su teoría, Berger pasó años metido en su laboratorio de la Universidad de Jena buscando la manera de atrapar esa escurridiza señal mental. El gran momento llegó el 6 de julio de 1924, cuando logró realizar el primer registro de la actividad eléctrica en un paciente humano. El aparato que armó era un verdadero monstruo mecánico para la época: utilizaba hilos de plata que introducía debajo del cuero cabelludo de los pacientes —aunque después mejoró el sistema usando láminas de plata sujetas con bandas de goma— conectados a unos amplificadores muy delicados y a un galvanómetro, que era un dispositivo que movía una aguja con tinta para dibujar las ondas sobre un rollo de papel en movimiento.

    Al ver los primeros trazos impresos, Berger descubrió un ritmo constante que bautizó como ondas alfa, las cuales hoy conocemos en el mundo de la ciencia como el ritmo de Berger en su honor. A pesar de lo revolucionario de su invento, la comunidad científica de los años 20 pensó que estaba loco, ignoró sus publicaciones durante una década entera y afirmaba que sus máquinas solo registraban el parpadeo de los ojos o los latidos del corazón. No fue sino hasta el año 1934 cuando otros investigadores ingleses repitieron el experimento y confirmaron que el psiquiatra tenía toda la razón, transformando un aparato nacido para buscar la telepatía en la herramienta médica más importante de la historia para estudiar el cerebro y diagnosticar la epilepsia.

    — A. Eldritch, Periodista, Locutor, podcaster y blogger del fediverso

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