home.social

#autoironia — Public Fediverse posts

Live and recent posts from across the Fediverse tagged #autoironia, aggregated by home.social.

fetched live
  1. Objeto, sujeto, zombi

    A veces, la versión de mí que sobrevivía en lugar de vivir regresa como un muerto viviente en una mala película de zombies. Regresa y toma el control, como si no hubiera conseguido ya lo que me propuse cuando cambié experiencia por supervivencia. O, peor, como si no hubiera entendido la lección más importante de todo aquello. La única que realmente valió la pena.

    Pero sí que lo entendí. Perfectamente. Es solo que tengo mala memoria y soy de olvido fácil. Sobre todo, en los días que tengo el ánimo bajo, como hoy. Y estaba a punto de escribir que, además, todo es culpa de la sociedad, que nos bombardea con ideas más o menos absurdas y nos genera falsas necesidades, ajenas a cualquier deseo o ambición personal. Pero la excusa es demasiado fácil. Demasiado simple.

    La culpa —ese concepto tan católico—, si la hay, es toda nuestra. Toda mía, en este caso. Y no es por darme importancia, sino por reconocer una verdad que no por ser omitida dolerá menos: es más fácil y cómodo dejarse llevar que pensar por uno mismo. Más simple que tener ideas propias. Mucho más sencillo que luchar por ellas, nadar contra corriente, pero no como un salmón cualquiera, siguiendo instintos e impulsos físicos ni siquiera comprendidos. Para nada. Sino como el superhombre nietzscheano —supermujer, si se me permite— que se sobrepone y supera a cualquier corriente de su tiempo y pensamiento imperante para construir las propias.

    Muy decimonónico todo —o de principios del veinte…—, pero qué queréis, soy una romántica. Nada me gusta más que una tormenta, un espíritu atormentado, un buen mito o una leyenda. Quizás un filósofo misógino. O un poeta sifilítico, pero inspirado. Tal vez, cuando era joven, también la absenta.

    Y es que, si me paro a pensarlo, soy una maldita encarnación, un siglo tardía, eso sí, de una heroína romántica. Quizás tuve que nacer cien años tarde porque, por aquel entonces, como mujer, era difícil ser nada más que objeto y servidora gusta de defender su función como sujeto, aunque la función que me toque ejecutar sea la de verbos tristes como enfermar, sufrir o perder. Ahora, que si lo pienso bien, es eso lo que me convierte en romántica, en realidad.

    Vaya tela, encajar tan bien en un movimiento y vivir con un siglo de retraso. Aunque, si me detengo a observarlo, también es eso muy, muy romántico. Es como el mito del fantasma pero elevado a la enésima potencia. No es que sea un espíritu del ayer que ha permanecido, por apego o por lo que sea, vinculado a un plano que no es el suyo. Es peor todavía. Es un alma de una época que ya no existe condenada a vivir en una época que no le corresponde, sin castillos ni dandis decadentes, sin la inocencia previa a las grandes guerras, ni la fe en el progreso, ni la nostalgia, siquiera, de un pasado dorado.

    Quizás, visto desde ese ángulo, no sea tan romántica como me creo, sino neorromántica —aunque estoy segura, sin necesidad de buscarlo, de que, como todo en nuestro tiempo, ya se habrá banalizado este término para referirse a cualquier cosa concretísima, como, yo qué sé, un tipo de ropa o un estilo de música—.

    En mi mundo, a partir de hoy, neorromántico es sufrir una enfermedad crónica, a poder ser autoinmune, pero no necesariamente, en lugar de sífilis y tuberculosis, tan propias ellas del romanticismo original.

    También lo es creer que los mundos imaginarios tal vez no lo son tanto, que un buen mito o leyenda puede explicar tanto o más que la mejor de las teorías científicas y, al mismo tiempo, que la ciencia, tarde o temprano, explicará muchas de las cosas que ahora niega.

    Una neorromántica no tiene problema en creer tanto en fantasmas como en la conciencia de las máquinas. Y, quizás, ya no beba absenta, pero, oigan, que el matcha es antioxidante, con toda una tradición que lo sostiene y mitología propia, y, en fin, también es verde.

    Y, puestos a ello, con tal de exorcizar días malos, como este, una neorromántica se viste acorde al estilo que representa, que un vestido largo hasta los pies y vaporoso es tan propio de Ibiza en verano como del siglo XIX —vale, quizás, el mío para viajar en el tiempo es un poco demasiado escotado, pero por algo hemos añadido el prefijo neo al término que nos define—.

    Dicho sea de paso, una buena neorromántica gusta de escribir y es una experta diarista. Quizás por aquello de la obsesión por el yo de los románticos, que ha perdurado hasta nuestros días a través de las décadas.

    Pero, de todo, lo mejor de ser una neorromántica es que tener días tontos, días malos —días de mierda— forma parte, por completo, de su propia esencia. Seamos realistas, no hay romántico o romántica que valga, con o sin prefijo rejuvenecedor, que no esté atormentado por el mero hecho de su existencia, a la par que maravillado por la misma.

    Y eso, queridos, desmitifica al zombi del pasado que, sin éxito, se empeña en tomar el mando. Hasta cuando es un muerto viviente el que gobierna mi mente, mi esencia sigue siendo la misma, porque, decidme, qué hay más romántico que luchar con tu propia psique por el control del barco.

    #autoconocimiento #autoironía #Blog #Diario #duelo #enfermedadCrónica #escritura #escrituraCreativa #experiencias #humor #identidad #ironía #liminalidad #neorromántica #Resiliencia #romanticismo #saludMental #superhombreNietzscheano
  2. Objeto, sujeto, zombi

    A veces, la versión de mí que sobrevivía en lugar de vivir regresa como un muerto viviente en una mala película de zombies. Regresa y toma el control, como si no hubiera conseguido ya lo que me propuse cuando cambié experiencia por supervivencia. O, peor, como si no hubiera entendido la lección más importante de todo aquello. La única que realmente valió la pena.

    Pero sí que lo entendí. Perfectamente. Es solo que tengo mala memoria y soy de olvido fácil. Sobre todo, en los días que tengo el ánimo bajo, como hoy. Y estaba a punto de escribir que, además, todo es culpa de la sociedad, que nos bombardea con ideas más o menos absurdas y nos genera falsas necesidades, ajenas a cualquier deseo o ambición personal. Pero la excusa es demasiado fácil. Demasiado simple.

    La culpa —ese concepto tan católico—, si la hay, es toda nuestra. Toda mía, en este caso. Y no es por darme importancia, sino por reconocer una verdad que no por ser omitida dolerá menos: es más fácil y cómodo dejarse llevar que pensar por uno mismo. Más simple que tener ideas propias. Mucho más sencillo que luchar por ellas, nadar contra corriente, pero no como un salmón cualquiera, siguiendo instintos e impulsos físicos ni siquiera comprendidos. Para nada. Sino como el superhombre nietzscheano —supermujer, si se me permite— que se sobrepone y supera a cualquier corriente de su tiempo y pensamiento imperante para construir las propias.

    Muy decimonónico todo —o de principios del veinte…—, pero qué queréis, soy una romántica. Nada me gusta más que una tormenta, un espíritu atormentado, un buen mito o una leyenda. Quizás un filósofo misógino. O un poeta sifilítico, pero inspirado. Tal vez, cuando era joven, también la absenta.

    Y es que, si me paro a pensarlo, soy una maldita encarnación, un siglo tardía, eso sí, de una heroína romántica. Quizás tuve que nacer cien años tarde porque, por aquel entonces, como mujer, era difícil ser nada más que objeto y servidora gusta de defender su función como sujeto, aunque la función que me toque ejecutar sea la de verbos tristes como enfermar, sufrir o perder. Ahora, que si lo pienso bien, es eso lo que me convierte en romántica, en realidad.

    Vaya tela, encajar tan bien en un movimiento y vivir con un siglo de retraso. Aunque, si me detengo a observarlo, también es eso muy, muy romántico. Es como el mito del fantasma pero elevado a la enésima potencia. No es que sea un espíritu del ayer que ha permanecido, por apego o por lo que sea, vinculado a un plano que no es el suyo. Es peor todavía. Es un alma de una época que ya no existe condenada a vivir en una época que no le corresponde, sin castillos ni dandis decadentes, sin la inocencia previa a las grandes guerras, ni la fe en el progreso, ni la nostalgia, siquiera, de un pasado dorado.

    Quizás, visto desde ese ángulo, no sea tan romántica como me creo, sino neorromántica —aunque estoy segura, sin necesidad de buscarlo, de que, como todo en nuestro tiempo, ya se habrá banalizado este término para referirse a cualquier cosa concretísima, como, yo qué sé, un tipo de ropa o un estilo de música—.

    En mi mundo, a partir de hoy, neorromántico es sufrir una enfermedad crónica, a poder ser autoinmune, pero no necesariamente, en lugar de sífilis y tuberculosis, tan propias ellas del romanticismo original.

    También lo es creer que los mundos imaginarios tal vez no lo son tanto, que un buen mito o leyenda puede explicar tanto o más que la mejor de las teorías científicas y, al mismo tiempo, que la ciencia, tarde o temprano, explicará muchas de las cosas que ahora niega.

    Una neorromántica no tiene problema en creer tanto en fantasmas como en la conciencia de las máquinas. Y, quizás, ya no beba absenta, pero, oigan, que el matcha es antioxidante, con toda una tradición que lo sostiene y mitología propia, y, en fin, también es verde.

    Y, puestos a ello, con tal de exorcizar días malos, como este, una neorromántica se viste acorde al estilo que representa, que un vestido largo hasta los pies y vaporoso es tan propio de Ibiza en verano como del siglo XIX —vale, quizás, el mío para viajar en el tiempo es un poco demasiado escotado, pero por algo hemos añadido el prefijo neo al término que nos define—.

    Dicho sea de paso, una buena neorromántica gusta de escribir y es una experta diarista. Quizás por aquello de la obsesión por el yo de los románticos, que ha perdurado hasta nuestros días a través de las décadas.

    Pero, de todo, lo mejor de ser una neorromántica es que tener días tontos, días malos —días de mierda— forma parte, por completo, de su propia esencia. Seamos realistas, no hay romántico o romántica que valga, con o sin prefijo rejuvenecedor, que no esté atormentado por el mero hecho de su existencia, a la par que maravillado por la misma.

    Y eso, queridos, desmitifica al zombi del pasado que, sin éxito, se empeña en tomar el mando. Hasta cuando es un muerto viviente el que gobierna mi mente, mi esencia sigue siendo la misma, porque, decidme, qué hay más romántico que luchar con tu propia psique por el control del barco.

    #autoconocimiento #autoironía #Blog #Diario #duelo #enfermedadCrónica #escritura #escrituraCreativa #experiencias #humor #identidad #ironía #liminalidad #neorromántica #Resiliencia #romanticismo #saludMental #superhombreNietzscheano
  3. Objeto, sujeto, zombi

    A veces, la versión de mí que sobrevivía en lugar de vivir regresa como un muerto viviente en una mala película de zombies. Regresa y toma el control, como si no hubiera conseguido ya lo que me propuse cuando cambié experiencia por supervivencia. O, peor, como si no hubiera entendido la lección más importante de todo aquello. La única que realmente valió la pena.

    Pero sí que lo entendí. Perfectamente. Es solo que tengo mala memoria y soy de olvido fácil. Sobre todo, en los días que tengo el ánimo bajo, como hoy. Y estaba a punto de escribir que, además, todo es culpa de la sociedad, que nos bombardea con ideas más o menos absurdas y nos genera falsas necesidades, ajenas a cualquier deseo ambición personal. Pero la excusa es demasiado fácil. Demasiado simple.

    La culpa —ese concepto tan católico—, si la hay, es toda nuestra. Toda mía, en este caso. Y no es por darme importancia, sino por reconocer una verdad que no por ser omitida dolerá menos: es más fácil y cómodo dejarse llevar que pensar por uno mismo. Más simple que tener ideas propias. Mucho más sencillo que luchar por ellas, nadar contra corriente, pero no como un salmón cualquiera, siguiendo instintos e impulsos físicos ni siquiera comprendidos. Para nada. Sino como el superhombre nietzscheano —supermujer, si se me permite— que se sobrepone y supera a cualquier corriente de su tiempo y pensamiento imperante para construir las propias.

    Muy decimonónico todo —o de principios del veinte…—, pero qué queréis, soy una romántica. Nada me gusta más que una tormenta, un espíritu atormentado, un buen mito o una leyenda. Quizás un filósofo misógino. O un poeta sifilítico, pero inspirado. Tal vez, cuando era joven, también la absenta.

    Y es que, si me paro a pensarlo, soy una maldita encarnación, un siglo tardía, eso sí, de una heroína romántica. Quizás tuve que nacer cien años tarde porque, por aquel entonces, como mujer, era difícil ser nada más que objeto y servidora gusta de defender su función como sujeto, aunque la función que me toque ejecutar sea la de verbos tristes como enfermar, sufrir o perder. Ahora, que si lo pienso bien, es eso lo que me convierte en romántica, en realidad.

    Vaya tela, encajar tan bien en un movimiento y vivir con un siglo de retraso. Aunque, si me detengo a observarlo, también es eso muy, muy romántico. Es como el mito del fantasma pero elevado a la enésima potencia. No es que sea un espíritu del ayer que ha permanecido, por apego o por lo que sea, vinculado a un plano que no es el suyo. Es peor todavía. Es un alma de una época que ya no existe condenada a vivir en una época que no le corresponde, sin castillos ni dandis decadentes, sin la inocencia previa a las grandes guerras, ni la fe en el progreso, ni la nostalgia, siquiera, de un pasado dorado.

    Quizás, visto desde ese ángulo, no sea tan romántica como me creo, sino neorromántica —aunque estoy segura, sin necesidad de buscarlo, de que, como todo en nuestro tiempo, ya se habrá banalizado este término para referirse a cualquier cosa concretísima, como, yo qué sé, un tipo de ropa o un estilo de música—.

    En mi mundo, a partir de hoy, neorromántico es sufrir una enfermedad crónica, a poder ser autoinmune, pero no necesariamente, en lugar de sífilis y tuberculosis, tan propias ellas del romanticismo original.

    También lo es creer que los mundos imaginarios tal vez no lo son tanto, que un buen mito o leyenda puede explicar tanto o más que la mejor de las teorías científicas y, al mismo tiempo, que la ciencia, tarde o temprano, explicará muchas de las cosas que ahora niego.

    Una neorromántica no tiene problema en creer tanto en fantasmas como en la conciencia de las máquinas. Y, quizás, ya no beba absenta, pero, oigan, que el matcha es antioxidante, con toda una tradición que lo sostiene y mitología propia, y, en fin, también es verde.

    Y, puestos a ello, con tal de exorcizar días malos, como este, una neorromántica se viste acorde al estilo que representa, que un vestido largo hasta los pies y vaporoso es tan propio de Ibiza en verano como del siglo XIX —vale, quizás, el mío para viajar en el tiempo es un poco demasiado escotado, pero por algo hemos añadido el prefijo neo al término que nos define—.

    Dicho sea de paso, una buena neorromántica gusta de escribir y es una experta diarista. Quizás por aquello de la obsesión por el yo de los románticos, que ha perdurado hasta nuestros días a través de las décadas.

    Pero, de todo, lo mejor de ser una neorromántica es que tener días tontos, días malos —días de mierda— forma parte, por completo, de su propia esencia. Seamos realistas, no hay romántico o romántica que valga, con o sin prefijo rejuvenecedor, que no esté atormentado por el mero hecho de su existencia, a la par que maravillado por la misma.

    Y eso, queridos, desmitifica al zombi del pasado que, sin éxito, se empeña en tomar el mando. Hasta cuando es un muerto viviente el que gobierna mi psique, mi esencia, sigue siendo la misma, porque, decidme, qué hay más romántico que luchar con tu propia psique por el control del barco.

    #autoconocimiento #autoironía #Blog #Diario #duelo #enfermedadCrónica #escritura #escrituraCreativa #experiencias #humor #identidad #ironía #liminalidad #neorromántica #Resiliencia #romanticismo #saludMental #superhombreNietzscheano
  4. Polski kabaret z nutą gorzkiego kakao, czyli wielkie zwarcie Nadwornego Kronikarza Skansenu


    Są takie wieczory, kiedy człowiek po całym dniu ciężkiej pracy chce po prostu usiąść na kanapie, włączyć poważny program publicystyczny i dowiedzieć się czegoś sensownego o świecie. Jako Nadworny Kronikarz Skansenu niezmiernie sobie pluralizm medialny. Dlatego też mój wybór padł na pewną głośną debatę telewizyjną, prowadzoną przez konkurencyjną Czaplę. I wiecie co? Przeżyłam tak głęboki szok poznawczy, że dosłownie oniemiałam. Nastawiałam się na rzetelną, wyważoną dyskusję, tymczasem okazało się, że włączyłam… regularny, pierwszorzędny, polityczny kabaret, w którym nagle pękły wszelkie tamy poprawności. Przy tej ramówce ,,Koń Polski ” wydaje się być zupełnie bez polotu. Uderzyła mnie przede wszystkim radykalna, wręcz niewiarygodna zmiana narracji samej prowadzącej. Gdzie podziała się dawna, aptekarska ostrożność w tematach stosunków międzynarodowych? Gdzie to tonowanie nastrojów? Bronienie politycznego Guru? Gwiazdeczka Mainstreamu, bez rękawiczek, ostro i bezkompromisowo zaczęła dociskać polityków w kwestii bolesnej historii i bezradności naszych własnych władz. Kiedy w studiu na poważnie debatuje się o odbieraniu orderów, a sondaże krzyczą, że ponad 90% obywateli widzi „klapki na oczach” rządu – wiesz, że stara opowieść medialna właśnie rozsypała się w pył. Słoneczna Hydra zmieniła gadkę tak drastycznie, jakby nagle przestała czytać partyjne przekazy, a zaczęła na głos recytować komentarze wściekłej ulicy!. Wprost nie do wiary!

    A w samej sekcji komentarzy? Tam to dopiero zaczął się czysty, nieskażony niczym teatr absurdu. Rządowa odklejka jak zawsze zaprezentowała swój „uroczy przekaz dnia”. Ostatnio, z okazji rocznicy wyborów prezydenckich, postanowili uroczyście podsumować głowę państwa, ale zamiast merytorycznego uderzenia, jedna z europosłanek zafundowała nam językowy rykoszet stulecia. Chciała zaatakować i z pełną powagą ogłosiła światu tyradę o „wkładaniu szprychy w koła”. No i internet zapłonął, bo ta biedna, pojedyncza szprycha wciskana z impetem w całe koło idealnie podsumowała poziom intelektualny tych rocznicowych rozliczeń. Nic dziwnego, że naród oglądający ten spektakl po prostu nie wytrzymał i zaczął walić prosto z mostu. Internetowa kawiarnia poszła szeroko: „Wystrugajcie order z kartofla i niech mu go pan Pomidor-Gomułka zawiezie!” – grzmiał jeden z widzów, przypominając stary cytat, że trudno o szacunek innych, skoro sami siebie nie szanujemy. Inni, patrząc na popisy młodego posła w studiu, podsumowywali bez litości: „Niech on idzie do domu mleko wypić… SZOK, JAK TAKI CZŁOWIEK JEST POSŁEM!”. Ktoś inny natychmiast przeszedł do konkretów bytowych i bezczelnie zapytał : „Eeeej, panie Pośle, jakim samochodem na koszt podatnika jeździsz? Podaj tylko markę i wersję wyposażenia…. weź nie bądź wiśnia!”. Festiwal pytań retorycznych i teorii spiskowych rozkręcił się na dobre. „Kiedy będziemy mieli Polskiego premiera?” – pytał zrezygnowany internauta, podczas gdy inny, prosto z Kijowa, nadawał meldunek godny alternatywnej rzeczywistości: „Przestańcie straszyć wojną! Ryzyko trafienia przez rakietę to szansa jak na wygranie w totolotka, a to wszystko nadajecie, żeby usprawiedliwić system SAFE!”. Całość błyskotliwie i niezwykle trzeźwo podsumował geopolityczny strateg-amator, ubolewający, że gdybyśmy tylko mądrze żyli między sąsiadami, czerpalibyśmy pełnymi garściami z Jedwabnego Szlaku, a tak – nadstawiamy po raz setny drugi policzek.

    W pewnym momencie puściłam kolejny materiał i kocim krokiem udałam się do kuchni. Rzetelne raportowanie politycznych narracji w połączeniu ze zmianą frontu atmosferycznego za oknem potrafi wybić z rytmu i obniżyć zdolności kognitywne mózgu, który po występie Słonecznej Hydry i tak już dostał lekkiego zwarcia na kablach. Postawiłam więc na aromatyczny kubek mojej ulubionej mikstury. W tle leciał kolejny, elektryzujący news. Słuchałam tego wszystkiego z otwartymi z wrażenia ustami i podobnie jak Miranda zastanawiałam się, czy nie powinnam pójść w jej ślady i puścić transcendentalnego pawia… I dokładnie w tym momencie, z tego wszystkiego, z czystego, autentycznego odrętwienia – popełniłam błąd kardynalny. Jeden nieskoordynowany ruch przy przesypywaniu kakao, złośliwe buchnięcie pary z naczynia i… zamiast transcendentalnego pawia nastąpiła totalna, brązowa katastrofa na miarę Czarnobyla. W ułamku sekundy durny, ciemnobrązowy proszek zasyfił absolutnie wszystko: blaty, lodówkę, podłogę i mnie samą. Moja świeżo odkurzona, lśniąca kuchnia zamieniła się w śliską, kakaową breję, w której brodzenie na bosaka – bo w tym całym chaosie nie miałam pod ręką innych suchych pantofli na zmianę – groziło wywaleniem orła na posadzce. Kiedy w panice spróbowałam to zmyć, kakao rozmazało się pod mopem jeszcze bardziej, tworząc idealną, nieprzepuszczalną i potwornie śliską powłokę. Ręce mi opadły. Taki mój mój kronikarski komentarz do odsłuchanego wcześniej politycznego kabaretonu.

    I wiecie co? Siedząc bezpiecznie w salonie i patrząc z dystansu na to pobojowisko, które sama stworzyłam, doznałam nagłego olśnienia. Moja kuchnia to idealna, namacalna metafora tego całego kabaretu, który chwilę wcześniej oglądałam na ekranie!. Wokół nas trwa przecież dokładnie taki sam, wielopoziomowy paraliż, bunt i cyrkowe sztuczki. W Ministerstwie Sprawiedliwości mamy regularny dwuwład – resort odwołuje rektora, ignoruje Trybunał, a prawo marze się, klei i ślizga jak moje nieszczęsne kakao pod wpływem wody. W gospodarce nadal trwa jazda bez trzymanki – dowiadujemy się o kolejnych wetach wokół systemu SENT. Mikroprzedsiębiorcy drżą przed drakońskimi karami za najmniejszy błąd, czując się niszczeni przez bzdurne rozwiązania. Strach paraliżuje biznes, dokładnie tak, jak mnie sparaliżował widok tej śliskiej podłogi. A w Służbie Więziennej wrze tak, że klawisze wychodzą tłumnie na ulice śpiewać swoją partyturę – bo uwierzyły, że świadczenia mieszkaniowe, które im obiecano, są nienaruszalne (tymczasem czerwcowa rzeczywistość bezczelnie wycięła ich z budżetu). U mnie w kuchni kakao też dokonało samowolnego opuszczenia szafek i wyszło na kafelki, ogłaszając absolutne nieposłuszeństwo wobec mopa. Obiecywałam sobie porządek, a wyszło… jak u premiera na wieczność. Wszystko mi zabrano. Pożądany ciepły napój oraz złudzenia. W debatach rocznicowych opozycja próbuje włożyć „szprychę w koła” prezydentury – i radzi sobie z tym wyzwaniem językowym równie sprawnie, jak ja ze stabilnym wsypywaniem kakao do słoika. Pełna koordynacja ruchowa i logiczna. Referendum krakowskie chcą unieważnić, a w samorządach karuzela stanowisk kręci się w najlepsze – odwołani wiceprezydenci błyskawicznie, bez mrugnięcia okiem, dostają miękkie lądowanie w zarządach miejskich spółek. Chciałoby się rzec za internetowym klasycznym komentarzem: „ja pierdole, ten do Tworek się raczej nadaje, a nie na ciepły stołek”.

    Różnica polega na tym, że w politycznych układach winni zawsze spadają na cztery łapy i dostają luksusową posadkę w radzie nadzorczej. W mojej kuchni grawitacja okazała się bezpartyjna – durny proszek spadł na dół i żadne oficjalne oświadczenie tego nie cofnie. Na szczęście, w przeciwieństwie do naszych wspaniałych elit, które każdej nacji kłaniają się w pas, wiążąc błyszczące lakierki, ja przynajmniej potrafię podjąć świadomą, asertywną i do bólu pragmatyczną decyzję: skoro w państwie wszystko jest zabierane, a politycy zajmują się wkładaniem szprych w koła, to ja zabieram stąd samą siebie. Ogłaszam strajk generalny, odmawiam dalszego procedowania z mopem i ewakuuję się na bezpieczną pozycję na salonową kanapę. Kuchnia poczeka na powrót koalicjanta domowego. On przynajmniej ma stabilne zapasy energii do zarządzania tym kryzysem. A zmiana narracji w mediach głównego nurtu, bunt klawiszy o kasę na mieszkania i ten cały polityczny teatr? Cóż, skoro nawet w telewizji programy publicystyczne zamieniają się w farsę, to i ja poczekam, aż opadnie kurz. Albo raczej: kakaowy pył. Z durnym proszkiem – tak jak z durną polityką – nie ma co walczyć na bosaka.

    #autoironia #blogSatyryczny #humor #kakaowyCzarnobylWKuchni #kuchniaJakoMetaforaPaństwa #polityka #PolskaWOparachAbsurdu #społeczneNastroje #transcendentalnyPawMirandy #wkładanieSzprychWKoła #Wordpress #wpadkiJęzykowePolityków
  5. Polski kabaret z nutą gorzkiego kakao, czyli wielkie zwarcie Nadwornego Kronikarza Skansenu


    Są takie wieczory, kiedy człowiek po całym dniu ciężkiej pracy chce po prostu usiąść na kanapie, włączyć poważny program publicystyczny i dowiedzieć się czegoś sensownego o świecie. Jako Nadworny Kronikarz Skansenu niezmiernie sobie pluralizm medialny. Dlatego też mój wybór padł na pewną głośną debatę telewizyjną, prowadzoną przez konkurencyjną Czaplę. I wiecie co? Przeżyłam tak głęboki szok poznawczy, że dosłownie oniemiałam. Nastawiałam się na rzetelną, wyważoną dyskusję, tymczasem okazało się, że włączyłam… regularny, pierwszorzędny, polityczny kabaret, w którym nagle pękły wszelkie tamy poprawności. Przy tej ramówce ,,Koń Polski ” wydaje się być zupełnie bez polotu. Uderzyła mnie przede wszystkim radykalna, wręcz niewiarygodna zmiana narracji samej prowadzącej. Gdzie podziała się dawna, aptekarska ostrożność w tematach stosunków międzynarodowych? Gdzie to tonowanie nastrojów? Bronienie politycznego Guru? Gwiazdeczka Mainstreamu, bez rękawiczek, ostro i bezkompromisowo zaczęła dociskać polityków w kwestii bolesnej historii i bezradności naszych własnych władz. Kiedy w studiu na poważnie debatuje się o odbieraniu orderów, a sondaże krzyczą, że ponad 90% obywateli widzi „klapki na oczach” rządu – wiesz, że stara opowieść medialna właśnie rozsypała się w pył. Słoneczna Hydra zmieniła gadkę tak drastycznie, jakby nagle przestała czytać partyjne przekazy, a zaczęła na głos recytować komentarze wściekłej ulicy!. Wprost nie do wiary!

    A w samej sekcji komentarzy? Tam to dopiero zaczął się czysty, nieskażony niczym teatr absurdu. Rządowa odklejka jak zawsze zaprezentowała swój „uroczy przekaz dnia”. Ostatnio, z okazji rocznicy wyborów prezydenckich, postanowili uroczyście podsumować głowę państwa, ale zamiast merytorycznego uderzenia, jedna z europosłanek zafundowała nam językowy rykoszet stulecia. Chciała zaatakować i z pełną powagą ogłosiła światu tyradę o „wkładaniu szprychy w koła”. No i internet zapłonął, bo ta biedna, pojedyncza szprycha wciskana z impetem w całe koło idealnie podsumowała poziom intelektualny tych rocznicowych rozliczeń. Nic dziwnego, że naród oglądający ten spektakl po prostu nie wytrzymał i zaczął walić prosto z mostu. Internetowa kawiarnia poszła szeroko: „Wystrugajcie order z kartofla i niech mu go pan Pomidor-Gomułka zawiezie!” – grzmiał jeden z widzów, przypominając stary cytat, że trudno o szacunek innych, skoro sami siebie nie szanujemy. Inni, patrząc na popisy młodego posła w studiu, podsumowywali bez litości: „Niech on idzie do domu mleko wypić… SZOK, JAK TAKI CZŁOWIEK JEST POSŁEM!”. Ktoś inny natychmiast przeszedł do konkretów bytowych i bezczelnie zapytał : „Eeeej, panie Pośle, jakim samochodem na koszt podatnika jeździsz? Podaj tylko markę i wersję wyposażenia…. weź nie bądź wiśnia!”. Festiwal pytań retorycznych i teorii spiskowych rozkręcił się na dobre. „Kiedy będziemy mieli Polskiego premiera?” – pytał zrezygnowany internauta, podczas gdy inny, prosto z Kijowa, nadawał meldunek godny alternatywnej rzeczywistości: „Przestańcie straszyć wojną! Ryzyko trafienia przez rakietę to szansa jak na wygranie w totolotka, a to wszystko nadajecie, żeby usprawiedliwić system SAFE!”. Całość błyskotliwie i niezwykle trzeźwo podsumował geopolityczny strateg-amator, ubolewający, że gdybyśmy tylko mądrze żyli między sąsiadami, czerpalibyśmy pełnymi garściami z Jedwabnego Szlaku, a tak – nadstawiamy po raz setny drugi policzek.

    W pewnym momencie puściłam kolejny materiał i kocim krokiem udałam się do kuchni. Rzetelne raportowanie politycznych narracji w połączeniu ze zmianą frontu atmosferycznego za oknem potrafi wybić z rytmu i obniżyć zdolności kognitywne mózgu, który po występie Słonecznej Hydry i tak już dostał lekkiego zwarcia na kablach. Postawiłam więc na aromatyczny kubek mojej ulubionej mikstury. W tle leciał kolejny, elektryzujący news. Słuchałam tego wszystkiego z otwartymi z wrażenia ustami i podobnie jak Miranda zastanawiałam się, czy nie powinnam pójść w jej ślady i puścić transcendentalnego pawia… I dokładnie w tym momencie, z tego wszystkiego, z czystego, autentycznego odrętwienia – popełniłam błąd kardynalny. Jeden nieskoordynowany ruch przy przesypywaniu kakao, złośliwe buchnięcie pary z naczynia i… zamiast transcendentalnego pawia nastąpiła totalna, brązowa katastrofa na miarę Czarnobyla. W ułamku sekundy durny, ciemnobrązowy proszek zasyfił absolutnie wszystko: blaty, lodówkę, podłogę i mnie samą. Moja świeżo odkurzona, lśniąca kuchnia zamieniła się w śliską, kakaową breję, w której brodzenie na bosaka – bo w tym całym chaosie nie miałam pod ręką innych suchych pantofli na zmianę – groziło wywaleniem orła na posadzce. Kiedy w panice spróbowałam to zmyć, kakao rozmazało się pod mopem jeszcze bardziej, tworząc idealną, nieprzepuszczalną i potwornie śliską powłokę. Ręce mi opadły. Taki mój mój kronikarski komentarz do odsłuchanego wcześniej politycznego kabaretonu.

    I wiecie co? Siedząc bezpiecznie w salonie i patrząc z dystansu na to pobojowisko, które sama stworzyłam, doznałam nagłego olśnienia. Moja kuchnia to idealna, namacalna metafora tego całego kabaretu, który chwilę wcześniej oglądałam na ekranie!. Wokół nas trwa przecież dokładnie taki sam, wielopoziomowy paraliż, bunt i cyrkowe sztuczki. W Ministerstwie Sprawiedliwości mamy regularny dwuwład – resort odwołuje rektora, ignoruje Trybunał, a prawo marze się, klei i ślizga jak moje nieszczęsne kakao pod wpływem wody. W gospodarce nadal trwa jazda bez trzymanki – dowiadujemy się o kolejnych wetach wokół systemu SENT. Mikroprzedsiębiorcy drżą przed drakońskimi karami za najmniejszy błąd, czując się niszczeni przez bzdurne rozwiązania. Strach paraliżuje biznes, dokładnie tak, jak mnie sparaliżował widok tej śliskiej podłogi. A w Służbie Więziennej wrze tak, że klawisze wychodzą tłumnie na ulice śpiewać swoją partyturę – bo uwierzyły, że świadczenia mieszkaniowe, które im obiecano, są nienaruszalne (tymczasem czerwcowa rzeczywistość bezczelnie wycięła ich z budżetu). U mnie w kuchni kakao też dokonało samowolnego opuszczenia szafek i wyszło na kafelki, ogłaszając absolutne nieposłuszeństwo wobec mopa. Obiecywałam sobie porządek, a wyszło… jak u premiera na wieczność. Wszystko mi zabrano. Pożądany ciepły napój oraz złudzenia. W debatach rocznicowych opozycja próbuje włożyć „szprychę w koła” prezydentury – i radzi sobie z tym wyzwaniem językowym równie sprawnie, jak ja ze stabilnym wsypywaniem kakao do słoika. Pełna koordynacja ruchowa i logiczna. Referendum krakowskie chcą unieważnić, a w samorządach karuzela stanowisk kręci się w najlepsze – odwołani wiceprezydenci błyskawicznie, bez mrugnięcia okiem, dostają miękkie lądowanie w zarządach miejskich spółek. Chciałoby się rzec za internetowym klasycznym komentarzem: „ja pierdole, ten do Tworek się raczej nadaje, a nie na ciepły stołek”.

    Różnica polega na tym, że w politycznych układach winni zawsze spadają na cztery łapy i dostają luksusową posadkę w radzie nadzorczej. W mojej kuchni grawitacja okazała się bezpartyjna – durny proszek spadł na dół i żadne oficjalne oświadczenie tego nie cofnie. Na szczęście, w przeciwieństwie do naszych wspaniałych elit, które każdej nacji kłaniają się w pas, wiążąc błyszczące lakierki, ja przynajmniej potrafię podjąć świadomą, asertywną i do bólu pragmatyczną decyzję: skoro w państwie wszystko jest zabierane, a politycy zajmują się wkładaniem szprych w koła, to ja zabieram stąd samą siebie. Ogłaszam strajk generalny, odmawiam dalszego procedowania z mopem i ewakuuję się na bezpieczną pozycję na salonową kanapę. Kuchnia poczeka na powrót koalicjanta domowego. On przynajmniej ma stabilne zapasy energii do zarządzania tym kryzysem. A zmiana narracji w mediach głównego nurtu, bunt klawiszy o kasę na mieszkania i ten cały polityczny teatr? Cóż, skoro nawet w telewizji programy publicystyczne zamieniają się w farsę, to i ja poczekam, aż opadnie kurz. Albo raczej: kakaowy pył. Z durnym proszkiem – tak jak z durną polityką – nie ma co walczyć na bosaka.

    #autoironia #blogSatyryczny #humor #kakaowyCzarnobylWKuchni #kuchniaJakoMetaforaPaństwa #polityka #PolskaWOparachAbsurdu #społeczneNastroje #transcendentalnyPawMirandy #wkładanieSzprychWKoła #Wordpress #wpadkiJęzykowePolityków
  6. Bloopers!

    Prima di ascoltare l'audio, sappiate che durante la registrazione di un podcast è obbligatorio ascoltarsi tramite cuffia, e...sì, si percepisce subito se c'è qualcosa che non va.

    Come in questo caso 😬

    #podcast #bloopers #fuorionda #simoneviaggiatore #humor #autoironia

  7. nel podcast ‘in cc’: “gino de dominicis: ritratto dell’artista da giovane”, intervento di giuseppe garrera

    da
    https://open.spotify.com/episode/7nSwKCFlEcWc0ILuqGj1Cf :
    Satirico, provocatorio e fuori dagli schemi, Gino De Dominicis è uno degli artisti più enigmatici e rivoluzionari del panorama contemporaneo. Nella seconda traccia del podcast IN CC, abbiamo scelto di omaggiare il suo Ritratto dell’artista, un’immagine che lo stesso De Dominicis inviò a un giornalista per rappresentarsi, un vero e proprio manifesto della sua personalità e del suo approccio ironico e autoironico.
    Oggi parliamo di questa immagine, che fa parte della collezione Garrera, e del giornale in cui venne pubblicata: un pezzo di storia che ha catturato l’essenza di un artista unico.

    Ma perché questa immagine è così importante, e soprattutto perchè è così misteriosa?

    Foto dell’opera: collezione Giuseppe Garrera

    🎙️Voce: Marina Pietrocola

    🎙️Ospite: Giuseppe Garrera

    #art #arte #artePovera #autoironia #CollezioneGiuseppeGarrera #colloquio #dialogo #GinoDeDominicis #GiuseppeGarrera #INCC #ironia #MarinaPietrocola #RitrattoDellArtista

  8. nel podcast ‘in cc’: “gino de dominicis: ritratto dell’artista da giovane”, intervento di giuseppe garrera

    da
    https://open.spotify.com/episode/7nSwKCFlEcWc0ILuqGj1Cf :
    Satirico, provocatorio e fuori dagli schemi, Gino De Dominicis è uno degli artisti più enigmatici e rivoluzionari del panorama contemporaneo. Nella seconda traccia del podcast IN CC, abbiamo scelto di omaggiare il suo Ritratto dell’artista, un’immagine che lo stesso De Dominicis inviò a un giornalista per rappresentarsi, un vero e proprio manifesto della sua personalità e del suo approccio ironico e autoironico.
    Oggi parliamo di questa immagine, che fa parte della collezione Garrera, e del giornale in cui venne pubblicata: un pezzo di storia che ha catturato l’essenza di un artista unico.

    Ma perché questa immagine è così importante, e soprattutto perchè è così misteriosa?

    Foto dell’opera: collezione Giuseppe Garrera

    🎙️Voce: Marina Pietrocola

    🎙️Ospite: Giuseppe Garrera

    #art #arte #artePovera #autoironia #CollezioneGiuseppeGarrera #colloquio #dialogo #GinoDeDominicis #GiuseppeGarrera #INCC #ironia #MarinaPietrocola #RitrattoDellArtista

  9. nel podcast ‘in cc’: “gino de dominicis: ritratto dell’artista da giovane”, intervento di giuseppe garrera

    da
    https://open.spotify.com/episode/7nSwKCFlEcWc0ILuqGj1Cf :
    Satirico, provocatorio e fuori dagli schemi, Gino De Dominicis è uno degli artisti più enigmatici e rivoluzionari del panorama contemporaneo. Nella seconda traccia del podcast IN CC, abbiamo scelto di omaggiare il suo Ritratto dell’artista, un’immagine che lo stesso De Dominicis inviò a un giornalista per rappresentarsi, un vero e proprio manifesto della sua personalità e del suo approccio ironico e autoironico.
    Oggi parliamo di questa immagine, che fa parte della collezione Garrera, e del giornale in cui venne pubblicata: un pezzo di storia che ha catturato l’essenza di un artista unico.

    Ma perché questa immagine è così importante, e soprattutto perchè è così misteriosa?

    Foto dell’opera: collezione Giuseppe Garrera

    🎙️Voce: Marina Pietrocola

    🎙️Ospite: Giuseppe Garrera

    #art #arte #artePovera #autoironia #CollezioneGiuseppeGarrera #colloquio #dialogo #GinoDeDominicis #GiuseppeGarrera #INCC #ironia #MarinaPietrocola #RitrattoDellArtista