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  5. PIONEROS

    Diseño editorial infantil · Argentina — nota especial

    Billiken y Anteojito: dos escuelas de diseño q no sabían q lo eran

    Las revistas q le enseñaron tipografía, infografía y narrativa visual a generaciones enteras de diseñadores argentinos antes de q existiera la carrera

    Billiken, 1919 · Anteojito, 1964

    Esta serie viene siendo sobre personas —diseñadores, tipógrafos, profesores. Hoy hacemos otra excepción, como con Paula Scher, pero en sentido distinto: no es una persona la q se gana el lugar, son dos publicaciones. Billiken y Anteojito no enseñaron diseño gráfico en ningún aula. Lo enseñaron en la mesa de la cocina, en el recreo, en la lámina desplegable q terminaba pegada en la pared del living. Fueron, sin proponérselo, la primera escuela de diseño editorial de varias generaciones de argentinos y latinoamericanos —incluidos muchos q después sí estudiaron la carrera formalmente y hoy no siempre se acuerdan de dónde vino el primer impulso.

    Billiken

    La más antigua de habla hispana

    Billiken salió a los kioscos el 17 de noviembre de 1919, creada x el periodista uruguayo-argentino Constancio C. Vigil para Editorial Atlántida —la misma editorial q ese mismo año lanzó también El Gráfico. El nombre viene de un muñeco de la suerte diseñado en Estados Unidos en 1908 x la ilustradora Florence Pretz, «argentinizado» x Vigil para bautizar una revista q terminaría siendo, hasta su cierre en formato papel en 2019, la publicación infantil en español más longeva del mundo.

    Entre 1937 y 1967, las tapas estuvieron a cargo de Lino Palacio, cuyas ilustraciones se volvieron parte de la identidad visual de la revista y hoy se exhiben en museos de dibujo e ilustración. Pero Palacio no estuvo solo: Guillermo Divito —el creador de Rico Tipo y de las célebres «chicas» del humor gráfico argentino— también colaboró con Billiken, y Raúl Manteola, ilustrador chileno afincado en Argentina y director de arte de la revista Ecran, realizó tapas y láminas didácticas para la publicación además de su trabajo, mucho más extenso, para la revista Para Ti.

    Lo q hizo a Billiken un caso de estudio para el diseño editorial no fue solo la calidad de sus ilustradores, sino la estructura: la revista organizó sistemáticamente sus contenidos para dialogar con la escuela, con secciones fijas y láminas temáticas pensadas para q los chicos las usaran directamente en sus tareas. Eso obligó a resolver, año tras año, un problema de diseño de información q hoy tiene nombre propio —infografía— pero q en 1920 se resolvía a pura intuición gráfica.

    Anteojito

    La revista q rompía el papel

    Cuarenta y cinco años después de Billiken, el 8 de octubre de 1964, Manuel García Ferré —dibujante español radicado en Argentina desde los diecisiete años, hoy recordado como «el Walt Disney argentino»— lanzó Anteojito. La tapa del primer número ya anticipaba el espíritu de la publicación: el personaje aparecía literalmente rompiendo el papel de la portada. Se publicaron 1925 números ininterrumpidos hasta su cierre en 2002.

    García Ferré venía del mundo de la publicidad y el dibujo animado —debutó, de hecho, como dibujante en la propia Billiken, con un personaje llamado Pi-Pío—, y esa genealogía audiovisual se nota en toda la construcción de Anteojito: personajes con voz propia (Hijitus, Petete, Calculín, Trapito, Larguirucho), bocadillos de historieta integrados a la diagramación, y una paleta saturada y contrastante muy distinta a la sobriedad ilustrada de Billiken.

    El recurso más recordado, y el más interesante desde el diseño, fueron los «pifusios» —obsequios semanales adjuntos, troquelados, juegos armables, maquetas de cartón— q convirtieron a la revista en un objeto tridimensional antes q en un simple soporte de lectura. La idea, tomada originalmente de una revista europea (Piff), disparó las ventas hasta superar el millón de copias en algunas ediciones navideñas, aunq generó fricciones internas: los dibujantes veteranos se quejaban de q los chicos iban directo al juguete y descartaban el resto.

    Datos q sorprenden

    Lo q quizás no sabías de las dos revistas

    García Ferré empezó en Billiken

    Antes de crear su propia revista, García Ferré debutó como dibujante nada menos q en Billiken, con un personaje llamado Pi-Pío. Cuarenta y cinco años más tarde, su propia publicación le haría sombra a la q lo formó.

    Un nombre importado de Chicago

    «Billiken» no es una palabra argentina ni inventada x Vigil: viene de un muñeco de la suerte patentado en Estados Unidos en 1908 x la ilustradora Florence Pretz, producido comercialmente x varias firmas, entre ellas The Billiken Company de Chicago.

    Un director de arte chileno para lo más argentino

    Raúl Manteola, uno de los ilustradores q trabajó tapas y láminas para Billiken, había nacido en Chile en 1905 y arrancó su carrera en la mítica revista chilena El Peneca antes de instalarse definitivamente en Argentina.

    La tapa q se rompía a propósito

    El primer número de Anteojito, en 1964, mostraba al personaje literalmente atravesando el papel de la portada —un recurso de diseño q anticipaba, desde el día uno, la vocación tridimensional q la revista sostendría durante casi cuarenta años.

    Legado creativo común

    Dos estilos distintos, el mismo público formándose

    Billiken y Anteojito representan dos maneras casi opuestas de resolver el mismo problema: cómo comunicarle algo a un chico sin aburrirlo ni subestimarlo. Billiken lo resolvió desde la ilustración narrativa detallada y la estructura editorial ordenada, más cercana al libro escolar. Anteojito lo resolvió desde el dibujo animado, el personaje con voz propia y el objeto interactivo. Pero ambas, cada una a su manera, terminaron entrenando el mismo músculo en sus lectores: la jerarquización de texto e imagen, con tipografías display manuales para los títulos conviviendo con bloques de texto pensados específicamente para q un chico los leyera sin esfuerzo.

    Las láminas desplegables de ambas revistas —de historia, de botánica, de ciencia— funcionaron durante décadas como la primera exposición al diseño de información q tuvieron generaciones enteras, mucho antes de q la palabra «infografía» formara parte del vocabulario de ningún estudio. Y las dos, cada una con su método —el recorte y pegado de Billiken, los pifusios troquelados de Anteojito—, transformaron a la revista de un objeto de lectura pasiva en un artefacto para intervenir con las manos.

    Nunca se propusieron formar diseñadores. Pero durante casi un siglo, entre las dos, le dieron a varias generaciones de chicos argentinos y latinoamericanos su primer contacto con algo q, sin saberlo todavía, era exactamente eso.

    «Se hace Billiken más con el corazón q con las manos.»

    — Constancio C. Vigil

    Billiken · Buenos Aires, 17 de noviembre de 1919
    Anteojito · Buenos Aires, 8 de octubre de 1964

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